Supermodel
La vida de un supermodelo es sencilla en bastantes cosas, ir de allí para allá y lucir como un dios, sin contonearse, sin sonreír, simplemente pararse orgulloso, vanidoso, comerse el mundo con la mirada y el andar tan imponente. No tienes idea si crees que una mujer debe tener pechos prominentes y una cintura diminuta para ser una modelo, también que un hombre tiene que tener músculos. Los modelos de verdad, aquellos que lucen la ropa y no el cuerpo, que son contratados por su hermosura, que llevan sobre la piel lo mejor de los diseñadores más reconocidos, el único requisito quizá… sea ser hermoso, tener la cara de un ángel y también ser esbelto y cuidarse mucho.
Lo que te lleva a pensar en las cosas malas, en este mundo el fisco es lo más importante como podrás darte cuenta, no puedes tener grasa extra, debes lucir perfecto a donde vallas y cuidar estar perfecto siempre. Aunque en este mundo… esa es la parte más fácil de lo difícil.
Lo que te hace renunciar es la competencia, siempre habrá alguien más bello, siempre habrá alguien más esbelto, así como habrá más gordos y más feos. Siempre hay que mantener la belleza, la piel perfecta, el mejor maquillaje y la mejor presencia. Muchos terminaban acostándose con aquel que pudiera hacerlos subir.
Y… eso Philip Pirrup lo sabía muy bien.
…
En un apartamento en pleno Londres el nuevo rostro de la marca Christian Dior. Ese pequeño apartamento vivía un hermoso chico, tan fino, de piel cremosa y labios rosados. Era todo un ángel, claro que sí, sobre todo con ese perfecto y sedoso cabello rubio como el sol y esos ojos tan azules. Aunque no era nada parecido, el chico en sus escasos veinte años era una perra en potencia. Su actitud tan maldita sea corrosiva, con una cara tan fría y esos pensamientos mordaces con cualquiera que intentara tener algo con él. Era como el modelo perfecto de diva sarcástica y mordaz. Era increíble saber que una persona como esta pudiera saber que era algo parecido a la amistad. Fuera por supuesto de todas aquellas compañías obligatorias por el trabajo.
Pero si, en efecto, este chiquillo tiene solo dos amigos, son un chico rubio de hermosas facciones como el, pero con la diferencia de que el pequeño es más amable, es un trozo de cielo, atento, amable y sobre todo paciente para soportar a su amigo modelo. El segundo era un chico castaño temperamental y cascarrabias, el sin embargo a pesar de muchas diferencias que tuvieran entre ellos apreciaba al rubio modelo por lo que fue.
El nombre de tan hermoso chico era Philip Pirrup, el nuevo y bello rostro de las revistas de moda. Posaba para las mejores marcas de ropa y joyería. Vivía solo, en su ciudad natal, en un apartamento, en el edificio alto y lujoso. Philip disfrutaba mucho de su vida y no se consideraba un desgraciado por no tener amigos. Él era un chico enamorado de su trabajo.
Hoy tenía una reunión para acabar con los últimos detalles de peinado y maquillaje para la pasarela de la siguiente semana. Philip tomaba su té sin azúcar mientras desayunaba solo claras de huevo, sonaba pretencioso, digno de una perra que se "cuidaba" para que si hermoso cuerpo no engordara ni un gramo y claro que lo era. Era regularmente su rutina y la disfrutaba mucho, solo con su té, sus libros y la hermosa Londres alzándose detrás de la ventana.
Todo estaba bien hasta que escucho el fuerte golpe de la puerta, alguien golpeaba furiosamente desesperado por entrar al apartamento. Philip suspira frustrado, solo había alguien que tocaba de esa manera a esa hora de la mañana.
-¡Ábreme, porcelana!- si era esa misma persona.
-Ya voy…-
Philip abrió la puerta y en efecto, allí estaba. Christophe DeLorne, su amigo, aunque la mayor parte del tiempo parecieran no soportarse. Los ingleses y los franceses no se llevaban nada bien desde hace un promedio de trecientos años, ellos eran lo más cercano a un estereotipo. Aunque cuando ambos se encontraban en América eran confundidos con la nacionalidad del otro lo cual los hacia enojar.
-¿Qué necesitas Christopher? – pregunto de la manera más británica posible, solo para que el chico castaño lo mirara con odio.
-Vine a saludar porcelana… y mi nombre es Christophe… está en francés… británico amante de la reina- Chris se sentó a la mesa junto al británico.
-¿Solo a eso? – Philip le dio un trago a su té dudoso
-En realidad digamos que vine a saludar por una temporada-
-Otra vez te están persiguiendo, querido te he dicho muchas veces que no te juntes con la mafia equivocada- siempre que estaba el francés presente intentaba remarcar su acento para molestarlo.
-Dime querido y me quedare contigo más tiempo, diva-
-Cielos querido, no tienes que ser tan grosero y por favor baja los pies de mi silla, esa posición no es digna de un caballero- dijo de nuevo
-Ahg un día te matare mientras duermes. Querido.- remarco las palabras con desagrado. Miro las claras de huevo y el té del rubio sobre la mesa- ¿Cómo puedes comer toda esa porquería? Es como comer papel-
-Ser hermoso lo vale- dijo vanidoso mientras se pasaba su hermoso cabello dorado detrás de la oreja.
-Recuerdo que cuando éramos niños comías pastelillos con mermelada y tobabas tu asqueroso té con azúcar y crema. No te matabas de hambre- dijo sin pensarlo
-Ha. Deberías superar el pasado Christopher… han pasado muchas cosas desde eso- recogió los trastes de su desayuno y camino con ellos a la cocina, depositándolos en el lavavajillas
-Sí. Desde que eras un rayito de sol… no está perrita vanidosa. – Chris se levantó y camino a la ventana donde miro a las bellas calles limpias y frías.
-¿Por qué siempre que estamos solos me recuerdas eso?- Pregunto Philip de espalda al castaño
-No lo sé, princesa, tal vez… tengo la esperanza de que Pip regrese…- Chris encendió un cigarrillo
Porque claro, el rubio no dejo desde hace muchos años que sus amigos lo volverán a llamar "Pip" ese nombre que no era digno ya del nuevo Philip, del hombre con la belleza de un ángel, con el corazón de hielo.
-No me llames así por favor- esos fríos modales eran una puñalada.
-Si lo sé reinita… tú preguntaste. Pero bueno. Philip… ¿Qué harás hoy?- Chris exhaló el humo de sus pulmones
-Voy a mi sesión de maquillaje, peinado y ropa… el desfile es el siguiente sábado. –Philip camino a la sala
-¿Qué diseñador esta vez?-
-Trabajo para Christian… aunque me han estado invitaciones para una nueva colección-
-¿Cuánto te pagan?-
-Oh eso es un secreto Christopher.- Philip tomo su abrigo y se lo coloco con elegancia.
-¿Ya te vas?- pregunto
-Sí, tengo que estar en el estudio en una hora… tengo que caminar… puedes dormir en el sofá y el refrigerador está abierto, fuma solo por el balcón y ya sabes el resto. Nos vemos.-
Philip dejo su apartamento sin problemas, no era la primera vez que Chris se venía a esconder con él, no le importaba mucho tenerlo por allí, no tenía nada que ocultarle y tenía la confianza de que Chris estaría bien. Cuando salió a la calle el golpe de viento helado de pleno invierno le golpeo, le encantaba sentirlo, era fresco, hacía que su piel se sonrojara un poco. Como Philip no tenía automóvil no tenía otro medio de trasporte más que el trasporte público convencional, él no tenía ningún problema con ello, era tranquilizante no tener que estar detrás de un volante. Subió al autobús para ir al centro de Londres, tomo asiento junto a la ventana en la última fila. Londres era muy hermoso, con calles llenas de historias y edificios con muchos detalles. Le encantaba su ciudad. Sin que nadie se diera cuenta, saco de su bolso un pequeño libro. Puede que sea un modelo pero los libros son y siempre serán su pasión. En especial los clásicos de su natal país. William Shakespeare era un genio y sus palabras calmaban su hambre de compañía.
-Hola- era la voz de un niño, su madre estaba justo a su lado pero estaba ocupada hablando por celular
-Hola… - le contesto no muy a gusto de que lo interrumpieran
-Eres muy bonito- dijo el chiquillo de cabello castaño y ojos marrón, no era la primera vez que le daban cumplidos por eso. Pero si era la primera vez que lo hacía un niño.
-Gracias… tú también eres lindo- mentía, si, pero no puede ser vanidoso con los niños que no comprenderían la mitad de su sarcasmo.
-Te vi en una fotografía… usabas ropa muy linda- Continuo el niño. Philip se sorprendió mucho, miro a su madre, también al pequeño y no lucían muy fashonistas.
-Sí. Mi trabajo es usar ropa de gente importante- dijo con una sonrisa forzada intentando por todos los medios no insultar a un pobre niño
-¿Gente importante?- preguntó-¿Por qué?
-Porque… esa gente diseña ropa hermosa e innovadora.-
-¿Y… por eso es más especial que las demás ropas? Si sirven para lo mismo- dijo confundido
-Porque lucen mucho mejor- trato de defender el rubio
-¿Mejor para quién? –
-… para…-
La madre del pequeño lo llamo y ambos bajaron del autobús. Philip se quedó pensando un momento "¿Mejor para quién?" había preguntado el pequeño. Philip suspiro y moro de regreso la ventana, no tenía ánimos, no ese día, tenía que lucir más hermoso que nunca para que siguiera siendo el rostro de la nueva temporada. No contaba con ese niño ni con Chris vinieran a hacerlo pensar, en las cosas que vivió, no quería hacerlo, afrontar los traumas de una niñez dura y como paso de tener una sonrisa brillante a una perra sarcástica y distante. Esa historia no era digna de mencionarse, era pasado y en el pasado se debería quedar, el dolor ya fue, pero las cicatrices se quedan y la más grande le duele al tocarla incluso con el más delicado rozar, esa le borro la sonrisa. Suspiro fuertemente y negó con la cabeza, regresando a su preciado libro, él era un buen refugio.
Pasaron algunos momentos antes de que el autobús llegara a su parada, al bajar y sentir el golpe frio que le erizo la piel, hoy igual que ayer llovería al atardecer. Debía darse prisa, porque, por atender a Chris, no llevó un paraguas.
Al subir por el bonito edificio de cristales saludo a todos quienes le sonreían l entrar, aunque era solo mera cortesía, no recordaba la mitad de los nombres de esas personas, pero tampoco es como si le importara. Al llegar por fin al estudio de inmediato fue recibido por los maquillistas, peinadores y claro los asistentes del diseñador. Tomándole medidas, probando maquillaje en su suave piel y cepillando sus bellos cabellos dorados. Un día normal siendo el centro de atención. Aunque no era el único modelo allí, había más compañeros que lo veían, algunos con admiración, otros con odio tremendo, porque claro, no faltaban los rumores que aseguraban que vendió su culo al diseñador. Entonces llego al tocador, lleno de luces donde las peinadoras comenzaron con su trabajo asignado. A su lado estaba uno de los más recientes y suertudos modelos, un chico americano, raro. Su nombre era Joseph, pero todos lo apodaban Tweek, el chico obviamente era adicto a algunas cosas. Entre ellas y la que menos disimulaba era la cafeína, siempre tenía una taza o un termo cerca.
-¡B-Buenos días!- grito el muchacho, una peinadora se las arregló para que todo su cabello estuviera acomodado, como siempre con un toque característico de Tweek. Philip sentía un poco de lástima porque había muchas modelos con ese tipo de adicciones.
Tweek era un chico bello con su pálida piel y su cabello rubio también, con esas pequeñas marcas de ojeras debajo de sus ojos, el chico no dormía muy bien por las noches.
-Buenos días Joseph… te ves bien- era medio cierto, aun no lo maquillaban para disimular las ojeras y resaltar sus ojos verdosos.
-Gra-Gracias.- Tweek era un novato impresionable, el admiraba mucho a Philip, pues con más o menos la misma edad el rubio inglés era más famoso y respetado.
-¿No te da vergüenza mentirle así a las personas, Philip?- rezongó otra voz.
-Stanley… mi americano favorito, veo que ya estás listo, querido te ves espectacular- Philip era una perra sarcástica, aunque esto último era pero por supuesto la pura verdad, solo que lo dijo con un sutil toque a veneno en sus palabras.
Stanley Marsh, un modelo entre comillas nuevo, con bellos rasgos puramente americanos, lucia exactamente como lo que fue, la estrella del equipo, el quarterback, con esos bien tonificados músculos y esa sonrisa al más puro estilo americano, confiado, seguro, risueño. Quizá es por eso que lo odiaba tanto, porque era una buena persona, porque era guapo, fuerte, amigable, amable… todo lo que… lo hirió en el pasado.
-No tienes que hablarme así todo el tiempo Pirrup. La hipocresía que desprendes es radioactiva- le dijo el moreno, pasando a un lado de ellos y sobando el hombro de Joseph. El cual se sonrojo un poco.
-Ahg, americanos…- Philip suspiro y regreso su vista al espejo, admirándose, era lo único que lo distraía cuando lo molestaban. Solo importo yo.
Tweek lo miro con un poco de lastima. Philip parecía muy triste, un hombre infeliz, que se refugiaba dentro de sí mismo y usaba su belleza como un escudo y protección.
Cuando por fin terminaron de ver los detalles del peinado y corroboraron que sus medidas no habían cambiado eran libres de irse. Philip hablo agradablemente con el diseñador que hablaba sobre las fotografías promocionales.
Le encantaba ser el centro de atención de su diseñador en turno. Es más fue un momento a un estudio para que Christian le mostrara como se trabajaría su sesión, aunque en un momento Christian se tuvo que retirar por una llamada y le informo que se adelantara al estudio, en ese momento al doblar la esquina choco con alguien, o mejor dicho esta persona lo empujo. Era un hombre de traje.
-Wow… ¿Qué es esto? Lo siento querida no recuerdo que hubieran solicitado ninguna tomboy para mi sesión. –había dicho en tono de burla
-¡¿Tomboy?!- grito indignado el rubio.
-Oh lo siento nena, ¿Cómo te debo llamar entonces?- pregunto el hombre con un sonrisa
-En primera, cariño, te lo diré lento porque se nota que sufres de algún tipo de retraso. Yo soy un chico, me llamo Philip y en segunda ¿Quién te crees tú para hablarme así?- Philip se quitó pelusa inexistente de su ropa y tenía su mejor mirada de "Bitch".
Si bien Philip podría ser bello había que admitir que sus facciones eran delicadas, su piel pálida y ojos enmarcados por largas pestañas, podría ser una mujer con rasgos masculinos o un hombre muy delicado, en este caso era lo segundo. Le molestaba mucho que lo compararan con una mujer, no es que las despreciara, pero por un carajo que él era un hombre y se identificaba como tal.
-Oh… espera, hora lo veo, eres un chico, es cierto, lo siento cariño- el hombre de nuevo con una falsa disculpa.
Philip escaneo al hombre. Era bien parecido, no vestía nada mal, pues era un modelo muy reciente de Alexander Mcqueen. Lo reconocía, era guapo y se vestía con una elegancia que en otras circunstancias le derretiría. Pero dado que este hombre de bella cabellera y ojos penetrantes lo empujo y arrugo su ropa merecía ser un objeto de desprecio.
-Que no se repita por favor- de nuevo acomodo su melena rubia detrás de su oreja en un gesto de arrogancia
-Eres muy bello para hablar así-
-Todos dicen eso, cariño, deja de sorprenderte yo soy más que una cara bonita-
-Uy si, eres una cara bonita con un pésimo genio-
-Damien, muchacho que bueno verte- Christian se acercó al moreno y lo empezó a saludar como si fueran amigos de toda la vida.
Philip lo miro con más rencor que antes. Era tan idiota, era frustrante simplemente esa sonrisa blanca y es mirada de confianza.
-Veo que conociste al próximo rostro de mi colección, Philip. Philip él es Damien Thorn- presento el diseñador.
Thorn. Ese apellido, resulto muy familiar, era el… Pero si era él ¿Qué demonios estaba haciendo una persona como ella en ese lugar? ¿Haciendo campaña?
-Como sabrás es el hijo del embajador Thorn y heredero de las empresas Thorn.- recordó el hombre mayor.
Ya recordaba. El estúpido hijo del embajador norteamericano en Londres. Como el hermano del embajador no tenía más familia que su hermano y su adorado sobrino heredaría Industrias Thorn al hijo de su hermano. Haciendo a Damien Thorn uno de los jóvenes con más jodida suerte en el puto mundo. Todo con 27 años. Aunque eso no le respondía la pregunta ¿Qué hacia el hijo de un embajador en un estudio de fotos?
-Ah, acompañando de nuevo a McCormick ¿eh? Ese chico siempre anda en todo- comento con alegría el hombre mayor
-Es muy buen amigo, además me envía algunos diseños exclusivos-
McCormick, Kenneth McCormick. Era el nuevo diseñador ascendiendo en la lista de popularidad, joven, con éxito y al parecer con amigos igualmente influyentes. Aunque… Philip tenía que admitir que tenía una que otra prenda con la etiqueta McCormik en su ropero.
-Ah que bueno verte, es más muchacho, como eres un fiel amante del buen gusto te daré esto.- el diseñador le entrego una invitación. Philip casi cae de espaldas, esas invitaciones eran tan exclusivas, eran para su siguiente desfile, donde Philip cerraría con broche de oro la pasarela. –Espero verte allí muchacho-
-Sin falta, sería un honor ver su trabajo-
-De nada muchacho. Bueno Philip, hubo un pequeño problema con unas telas y me tengo que ir rápidamente, nos vemos en el desfile hermoso- Christian se fue y Philip se quedó allí unos momentos.
-Entonces supongo que podemos salir tú y yo, hermoso.- Damien le tomo la mano
-Ah… - Philip estaba algo tentado, un hombre así de exitoso era conveniente. Pero por otro lado.- No tan rápido querido, eres un niño rico, mimado y me llamaste chica tomboy, así que… será otro día.
-Oh. El nene no aguanta que haya gente más perra que él, no soportas que tu actitud de niño rudo se venga abajo con alguien que puede ver tu alma… pequeño rayo de sol-
Damien se acercó, intimidando un poco por su altura. Tomo la barbilla del rubio y lo beso con rudeza, hambriento, disfrutando del shock de su acompañante y mordiendo los labios con picardía. Philip lo empujo rápidamente, lo miro con desprecio.
-Ah ¿Qué crees que haces? ¿Eres gay?-
-En realidad no… pero me gusta apreciar la belleza cuando la veo. Me gusta tu rostro, es bonito-
-Ha. No en esta vida, idiota.-
Philip giro en sus pasos y se fue contoneándose como un pavo real, Damien solo soltó una carcajada, esos niños modelo eran tan… especiales, le hacían reír un poco. Todos se hacían los muy dignos pero al final caían ante el apellido Thorn. A Damien no le preocupaba si caían por su dinero y posición o solo por su buen aspecto físico. Solo quería acostarse y disfrutar un poco de esos bonitos niños.
-Ya caerás… todos lo han hecho-
…
-¡Christophe! ¿Qué has hecho?- Exclamo horrorizado al ver que el francés había usado su cocina y al parecer cocinaba algo.
-Se le llama cocinar Philip. Mucho mejor que la basura de papel que tu comes a diario-
-¡Pero! Eso tiene muchas calorías y yo… -
-¡No empieces con tus pendejadas de calorías, te lo vas a comer maldito niño modelo o te lo hare tragar a la fuerza-
-Pe… pero, Chris… mi figura-
-Además hoy tenemos visitas… -
-¿Quién? Algún amigo tuyo mercenario-
-Al contrario… un pequeño rayo de sol como tu… Leopold está aquí en Londres.-
-Leopold… Butters… -Philip sonrió emocionado, hace años que no veía a su amigo, tenía tantas cosas que contarle y decirle…
-Aha… y como Butters es un niño normal no quiero que coma tu asquerosa comida vegana o vegetariana o dietética. La cosa que sea es asquerosamente insípida-
-No empieces, es suficiente niño modelo ya hay muchos idiotas que me molestaron el día de hoy.-
-Si para que el idiota de tu amigo te joda más, si, si, bla, bla.-
El sonido de la puerta los distrajo, Philip no se contuvo, no tenía a quien impresionar, corrió y con entusiasmo abrió la puerta, estaba allí, Butters estaba allí. Lo abrazo con gran alegría, como lo que siempre han sido, mejores amigos.
-¡Butters! Que alegría verte. Cuanto tiempo, te he extrañado amigo mío-
-Y yo a ustedes… Chris.- Butters fue con el castaño ahora.
Los tres sonrieron, eran casi 3 años desde que todos estaban juntos. Mantenían contacto mínimo, pero no era lo mismo que estar todos juntos. Butters Stoch, estudiante de letras clásicas en la universidad de Colorado, si, al otro lado del océano, él era un estudiante muy trabajador y contaba con ya un libro publicado que tuvo mucho éxito en América, era un libro extenso, como un diario personal del mismo Butters, durante sus años como niño en su hogar, como fue el mundo a sus ojos y como cambio todo al crecer, la magia de la niñez que aun ve en todo. Butters era un niño aún muy dulce, amable, moldeable.
-¡Pip! Que gusto, bonito apartamento.-Philip frunció un poco el seño, odiaba como sonaba eso.
-Oh si… lo lamento- Butters se dio cuenta de su error y bajo la mirada.
-No le hagas caso a este idiota, vamos Butters tenemos de que hablar amigo, ¿Cómo es la universidad?- Chris negó con la cabeza al rubio de cabello largo. Philip solo levanto la mirada orgulloso
-Oh pues ha estado bien. Mi segundo libro está en proceso…. Además que soy popular entre las chicas, creen que soy inquietante- Butters sonrió como un sol
-Oh… Que suerte… ¿Ya has visto alguna hembra que llame tu atención?-
-No, aun no, pero supongo que vendrá… - Butters miro a Phip que le traía un vaso con jugo y una cerveza Chris
-¿Cuánto tiempo te quedaras?- pregunto Philip
-La editorial me arreglo para estar alrededor de 15 días. ¡Podría ver un desfile tuyo!- Butters estaba tan esperanzado, Philip y el iban a la universidad juntos hasta que Philip decidió dedicarse por completo al modelaje.
-Ah… si, es el siguiente sábado, le pediré boletos a Christian, seguro que me los da… pero no será nada cerca de la pasarela, lo siento- dijo
-Nunca te he visto ahora que lo recuerdo, debe ser interesante ¿No?, siempre te vestías muy elegante a donde ibas y…- Butters calló ante la mirada de Philip, otra vez.
-Agh… eres imposible Philip, eres un jodido gruñón- Chris tomo de su cerveza completamente agobiado, ese rubio ya era un caso perdido.
-Bien… lo siento Butters, estoy un poco… no sé, hoy no ha sido el mejor día, perdóname-
-Ah… no te preocupes Philip-
…
Los días con sus amigos le aliviaron tanto, no modelaje y no soledad, eran solo Philip, Chris, Leopold como fue hace años. Los amigos vivieron en el apartamento de Philip, todos recordaron lo divertido que era pasar tiempo juntos de calidad, incluso un día conocieron a Tweek, el modelo amigo de Philip, fue una completa casualidad y a Philip le agradaba Tweek. Pero en definitiva fue una buena semana, era necesaria, para hacerlo sonreír. Inevitablemente llego el día donde Philip iría a su hermoso desfile. Chris y Butters tenían unas exclusivas invitaciones y gracias a Philip consiguieron la ropa indicada para asistir.
Claro que para eso Pip tenía que estar allí desde temprano para que lo arreglaran. Dejando a sus invitados en el campamento que montaron en su bella sala de muebles importados. Llego al lugar donde se llevaría a cabo el desfile. Ya estaba todo listo para modelar, solo faltaban los invitados. El enorme escenario tenía cuatro pasarelas todas perpendiculares a una principal, recta y aún más grande que las demás. Pip se emocionó de inmediato, caminar por una de ellas es como un sueño hecho realidad.
-¡Pip! Cariño tenemos que arreglarte en una hora así que ven rápido- llamo una de sus maquillistas.
El rubio fue corriendo. Todo fue de lo más común, hasta el preciso momento, esos asquerosos treinta segundos justo antes de que tú salieras a modelar, eso asustaba. Las luces, la música y todas esas personas juzgándote. Sabes que es a la ropa pero ¿Quién hace lucir a la ropa? Quien la trae puesta. No hay lugar para caídas. No hoy.
-Sigues tu Philip. ¡Ahora!- el director le grito
-Esas modelando en casa, no hay nadie alrededor, eres hermoso, te ves bien, no mires a nadie, todos son inferiores- se recordó a sí mismo para o fallar, sonaba muy pretencioso pero eso hacía para convencerse a sí mismo.
Salió con su cara al frente, sin contonear la cadera, sin detenerse a pensar, solo caminar, derecho, orgulloso, luciendo e impresionando. Las luces, el escenario, todos a su alrededor, ni siquiera se molestó en buscar a sus amigos, eso lo haría después, este es su trabajo. Cuando por fin acabo con el desfile de cada modelo y su respectiva ropa se sintió muy aliviado. El diseñador reunió a odas los modelos y los felicito por el buen trabajo, eran libres de irse o quedarse a la fiesta.
Philip vestido con su elegante y moderno traje salió de los vestidores y fue a buscar a sus amigos, pero el universo confabulo para hacerlo chocar otra vez con el desgraciado de Thorn, ¿Cuáles son las posibilidades? Esto es tan improbable, a veces creía que este mundo era inventado por una adolescente que ha visto demasiados clichés románticos.
-Oh que casualidad.- aunque en realidad era una mentira, el hombre se colocó ahí para que el modelo chocara con él- te viste hermoso hoy en la pasarela
-¿Esperabas otra cosa de mí, Thorn?-
-Para nada, hermoso, solo era una observación. No me decepcionaste- Damien coloco una mano en el hombro del rubio el cual la aparto sin mucho cuidado.
-Y ya que lo has disfrutado puedes ir a masturbarte porque será lo más cercano que estés de mí.-
-Ouch, eres muy mordaz cariño, solo quería felicitarte, pero veo que estas aun molesto por nuestro desafortunado primer encuentro, dejare que te vayas con tus… amiguitos y nos volveremos a ver después, chica tomboy- dijo antes de irse por allí por otras modelos y diseñadores
-Grandísimo bastardo- gruño el rubio
Después de esa mala pasada fue con sus amigos, los cuales veían impresionados esas fiestas llenas de gente con vestidos extravagantes, colores extraños, maquillaje no muy discreto. Chris seguía pensando que era algo pretensioso e inútil, mientras Butters admiraba la expresión artística de los diseñadores mediante la confección de atuendos innovadores o alguna mierda así dijo.
La fiesta fue un poco estirada para el gusto de todos, no había música bailable sino clásica, no tragos sino bocadillos rebuscados, la gente no gritaba de emoción, más bien se hablaba entre cuchicheos y rumores, sinceramente, era una mierda de fiesta, pero a Philip le embelesaba la gracia que tenía esa reunión, todo tan callado, ordenado, aristócratas. Más temprano que tarde sus dos amigos estaban más que aburridos y desearon largarse de una jodida vez.
-vámonos Philip, debe de haber un nightclub cerca.- dijo el castaño
-Ah… pero- Philip estaba a punto de ir con un nuevo promotor de siguiente agencia- Yo, chicos, no… una hora más.
-Eso dijiste hace tres horas, diva, tres jodidas horas, ya es de madrugada, ¿Sabes?-
-¡Perdón! Pensé que sabias que este es mi trabajo, la oportunidad para promoverme con la gente más influyente, no tengo tiempo para ustedes.- dijo fríamente, era cierto.
-Oh…. De acuerdo pequeña princesa, cálmate-
-No soy ninguna princesa, francés de porra. Si no quieres estar aquí… allí está la puerta-
Escupía veneno con cada palabra, Chris podría presumir que sabía que eso era solo una máscara para que nadie volviera a abusar de él, lo sabía porque fue espectador de cada pedrada que recibió ese pequeño rayo de sol, podría ser que de hecho esa mascara, al traerla durante tantos años se la ha tatuado en la cara, por más hermosa que esta fuera.
-Pip, cálmate… somos tus amigos, estamos aquí para apoyarte- dijo el otro rubio
-Pues no parece, Leopold y por favor te he repetido que odio ese jodido y denigrante nombre. Tal vez ustedes se quieran quedar donde están pero yo no, he llegado muy lejos sin ustedes en estos años-
Butters bajo la mirada, dolido de que su mejor amigo hablara de esa manera tan hiriente, más a el que soportaron juntos el odio y rechazo durante toda su niñez y adolescencia.
-¡Entonces piérdete, rayito de sol! Si es así ya no nos requieres para retrasarte con tus futuros jefes… me sorprende que digas que no le has vendido el culo a nadie-
El puño del modelo se enterró muy bien en la quijada del francés que retrocedió tres pasos. Por suerte se habían apartado de los otros para no hacer escandalo frente a nadie. Después del golpe fue la peor pelea en años, fue un golpe bajo para todos. Philip salió de allí y fue corriendo al baño, entrando al cubículo más cercano y reprimiendo todo, otra vez.
-¿En serio creíste que te amaba? ¿De verdad estas tan desesperado? ¡Patético!-
Un pequeño Pip de escasos diecinueve años con las manos en el pecho intentaba no llorar, a toda costa. No quiso creer que este amor que creyó lo salvaría de la desgracia fuera solo una trampa, un engaño, una apuesta.
-Vamos Pirrup, solo quería ganar el dinero, créeme que esos 300 dólares que gane por todo estos meses de desperdicio no serán en vano, aunque no fue la gran mierda, lloraste como Magdalena-
-Pero… yo creí
-Por dios Pirrup, con lo simplón y aburrido que eres, deberías agradecerme que por fin alguien te desflorara. Espero que lo hayas disfrutado-
-¡Ahg! Cállate… cierra la maldita boca- gimió el rubio encerrado aun en el baño, sudando en frio. –Nos vengamos, Philip, lo callamos, no lo olvides.-se cubrió los oídos intentando inútilmente callar esos fantasmas del pasado.
Romper a alguien tan delicado como Pip fue un golpe muy duro, fue arrojarle en la cara sus sueños y esperanzas de que todo podría mejorar, de que quizá si había alguien allá afuera a quien pudiera llamar si apoyo. Para un huérfano es lo único que se le ha negado y a veces en su pequeño mundo es lo más importante. Después de aquella horrible experiencia cambio todo en su pequeña burbuja rota.
-¿Qué te parece? Una total tragedia. Normalmente es el hombre pero tu madre disfruta mucho siéndole infiel a tu padre.-
Philip, como ahora se hacía llamar reía al ver como ese maldito infeliz se escondía por las fotos de su madre teniendo sexo con un hombre que en definitiva no era el padre del joven. Philip las consiguió siguiéndola solo una noche, ahora había cientos de copias pegadas por toda la escuela.
-¡Tu maldito!
-¿Yo? Si yo no hice nada, fue la zorra de tu madre.-
-¡Te odio! Destruiste a mi familia- al borde de las lágrimas y agobiado por las burlas nada discretas de sus amigos, arrodillado, avergonzado, triste, miserable.
-Que no te quede duda ¿Creíste que te saldrías con la tuya? Tú, patético cerdo, te reíste de mi cuando yo lloraba por mi corazón roto, ahora yo veré como tu zorra madre y tu pelele padre son la comidilla del pueblo. Pero no llores más, cariño, aquí tengo… 300 dólares.
Philip le lanzo el dinero a la cara con un desprecio increíble. Todos se callaron pues tampoco era un secreto que la virginidad del rubio valía solo eso para la estrella del equipo.
-Mírate, amor, lloras como… ¿Cuál era la palabra? ¡Ah! Si… Lloras como Magdalena-
-Eres un..-
-¡Oh por Dios cariño! Con lo zorra que es tu madre y lo idiota que es tu padre, deberías agradecerme que yo la desenmascarara antes de que pasara a mayores…- Philip soltó una risilla y dio media vuelta- ¡Disfruta de tu dinero!
Philip salió del baño dispuesto a asegurar su lugar como modelo de esa prestigiosa agencia. Pero después de hablar con aquellos hombres y mujeres noto esa clara frase, cliché y que en el mundo de la moda era un educado "Vete de aquí niño feo". Ellos no lo querían a él, por alguna extraña razón, pusieron sus ojos en su compañero Tweek, el adicto a quien sabe cuánto fármaco y cafeína había sido el elegido por esos idiotas de publicidad. "Él es un modelo excelente" dijo antes de educadamente irse al carajo. Era parte de su frustración, pero había que saber lidiar con eso, a veces te aceptan y eres el rostro principal del mejor diseñador, a veces prefieren al adicto. Casi al borde del llanto de la frustración el rubio decidió que lo mejor era irse, a un apartamento seguro vacío por todo eso que le grito a sus amigos, si es que aún podría considerárseles así, nunca quiso hacerles daño, no cuando fueron sus hermanos durante esos momentos de soledad y frustración.
-¿Solo?- Oh no más, ¿Por qué? Pensó el rubio
-Si… creo que si- suspiro ya sin ganas de usar sarcasmo
-¿Qué pasa Philip? ¿Cansado?-
-No tienes idea Thorn-
-Me imagino-
El moreno noto que en efecto no era el mejor momento para su interrupción, el motivo para molestar a Philip era que siempre estaba a la defensiva y así podía molestarlo un poco pero ahora se veía muy mal. Bueno, se veía deprimido, cansado.
-¿Te llevo a tu casa?-pregunto sin saber que más hacer
-Como gustes… no creo que haya bus a esta hora-
-¿Tomas el bus? ¿Tú la reina del drama?-
-No me gusta conducir, me gusta más ver siempre por la ventana o caminar… aunque ahora… solo quiero dormir.- dijo tomándose la cabeza con ambas manos
-Vamos-
Cuando ambos estaban en el auto en un silencio incomodo, era un trayecto un poco largo antes de llegar a la zona residencial donde Philip tenía su apartamento, el rubio miraba por la ventana distraído, ni el hermoso auto del moreno lo distrajo. Tenía la angustia en sus facciones, pelear y los asquerosos recuerdos de dolor agotan su mente. El viejo Pip en su corazón quería correr a disculparse con sus amigos, era lo que más odiaba, siempre este nuevo Philip escupía veneno y sarcasmo a donde fuera.
-Philip… oye. ¿Qué paso?-
-No te interesa, Thorn, tu solo llévame a casa.-
-Oh no me parece- en la primera oportunidad que vio, orillo el auto y detuvo el motor- no soy tu chofer Pirrup.
-¡Bien! ¡Caminare!- Antes de si quiera tocar la manija del auto, Damien pone los seguros, no hay salida.
-Bien, ahora dime ¿Qué te paso?-
-Tuve una discusión con mis amigos ¿sí? No es nada que te importe, no te interesa nada Damien-
-¿Tu, amigos? Qué raro, no te imagino, deben ver que eres un rayito de sol-
-¡Cállate! ¿Qué te importa a ti lo que fui? Tu solo quieres follar conmigo- grito también ya enojado
-Exacto Philip, me gusta tu cuerpo, me gusta tu rostro, son bonitos para follar… Además no me has dado razones para creer que te gustaría solo salir por un café-
-¡No me acostare contigo!-
-¿Ves? Eres un chico de una noche, no creo que valgas una cita… -
-Eres un idiota ¡Yo no lo digo por eso! No voy a salir contigo, ni con nadie, pueden morirse todos. Ya he visto como son, la mierda que siempre han sido y no me gusta. No más, nadie volverá a abusar del pequeño Pip-
-¿Pip?-
-Oh no, mierda- se cubrió la boca esperando que no haya escuchado eso
-Oh… creo que ya entendí… el verdadero nombre de este pequeño es Pip, un dulce e inocente rayo de sol.-
-¡Conduce de una vez! ¡Cállate! No sabes una mierda, no te interesa mi vida, si tanto quieres llevare a la cama te dejare follarme, pero ya no más preguntas ¡Cállate! ¿Qué no ves que solo quiero desaparecer? No quiero recordar.- El rubio lloro, lagrimas gruesas y continuas salían de los ojos azules
Damien no es la persona más empática del mundo, es reservado, calculador, cruel y hasta monstruoso. Eso era claramente su naturaleza. Incluso ver a ese pequeño ángel llorando con las mejillas rojas, gimoteando. No le llegaba nada de lastima, no sabiendo cómo era ese modelo, obstinado, grosero, sarcástico y narcisista. Es más fingía ser todo eso solo para protegerse.
-Eres un muy buen actor Philip, años con el mismo personaje. Esta noche el personaje de Philip lo interpretara un tal Pip- su burlo con ganas
-No me llames así… Si no vas a follar conmigo llévame a casa.- No, risas, burlas..
-¿Sabes, no sé si reírme o sentir lastima por ti?- dijo con un tono de decepción y burla.
-¿Qué quieres decir?-
-Eres un mocoso inmaduro que pretende ser el más rudo del barrio porque abusaron de ti en el pasado. Eres patético Pip. Entiende que por eso ahora serás alguien con quien no se puede confiar, alguien que solo sirve para una noche, alguien que no merece lo que no da.-
-Me ha funcionado, tengo mi reputación y mi carrera-
-Sí, yo no digo que no, eres un buen modelo Pirrup, tienes un carácter atractivamente insoportable para mí. Una carrera exitosa, un rostro precioso. Tienes lo que quieres… perdiste lo demás.-
Damien no dijo más y condujo nuevamente sin prestarle atención al ahora impactado rubio. Al llegar a su edificio solo se quedó sentado en el lugar del copiloto, con lágrimas aun, sin saber que decir. Las palabras de Damien resonaban una y otra vez ¿Qué es esto? Jamás se había arrepentido de ninguna de sus decisiones y ahora un maldito político malcriado le viene a dar un discurso moralista sobre su forma de ser, haciéndolo ver como un maldito ermitaño, encerrado en su pequeño cascaron, todo era una mentira.
- No llores Pirrup… eso no te va. – Damien se encendía un cigarrillo sin dirigirle la mirada, a Damien no le afectaba ni lo más mínimo ese pequeño rubio. Solo le había dicho la jodida verdad, el resto no era asunto suyo.
El rubio se limpió con su mano las lágrimas y aspiro cansado. Bajo del auto el cual arranco inmediatamente al cerrarse la puerta. Al llegar como lo supuso no estaba nadie, las cosas de sus amigos habían desaparecido, incluso el desastre de su sala, estaba solo, como lo quería, allí en su pequeño mundo, nadie podría dañarlo. ¿Qué bien, no? Los días pasaron, después de todo, ninguna propuesta de nadie nuevo, el viejo Pip estaba en esa transición de aburrimiento, de calma antes de regresar a posar para una cámara. Aunque ahora le agregabas una pisca de arrepentimiento pues seguramente sus amigos están en Londres aun haciendo quien sabe qué cosa. Chris era de las personas que después de una pelea lo bloqueaba e intentaba hacer otras cosas, Butters debería ser su preocupación. Ahora era la noche del tercer día, se sentía tan cansado de su casa que salió a dar un paseo por la ciudad, algo que no hacía desde hace tiempo, con su abrigo e increíblemente una pequeña boina café salió, aunque no le fue mucho mejor que en casa. El cuerpo refleja cómo se siente uno, al mirar todos esos enormes edificios hermosos y llenos de color, esos espectaculares donde había modelos posando, letras enormes de algún perfume, de alguna marca, lo hacían bajar la mirada. Esos modelos y miradas tan profundas, lo hacían sentir diminuto. Camino un poco más hasta sentarse en una banca en medio de la calle, mirando a la gene ir de un lado a otro.
-¿No aguantas mucho tiempo solo? Que novedad Pirrup-
-¿Cómo te las arreglas para encontrarme siempre Thorn?-
-Casualidades pequeño rubio. Veo que no ha mejorado nada desde la última vez que nos encontramos. Asumo que querrás estar solo- El moreno no quería insistir, todo este drama no era lo suyo.
-No… esta vez, me vendría bien alguien como tú…- la voz del rubio era suave y melodiosa, Damien se asustó un poco quizá se equivocó de rubio
-¿Qué te paso Pirrup?-
-Bueno, pensé lo que me dijiste, aunque… estoy muy orgulloso de quien soy y de lo que hice… hay algunas cosas que podría mejorar. En parte se debe a ti Damien, has sido alguien peculiar, desde el inicio-
-¿Yo? ¿De qué, pequeño rayo de sol? –
-No crees que yo sea una mala persona- Damien lo miro un momento, con los ojos completamente abiertos, impresionado.
-Eres un niño asustado, eso es lo que eres, tu mascara no funciona conmigo, yo sé cuándo la gente miente, casi todo el tiempo lo hacen-
-Pero tú nunca me mentiste a mí… Damien a pesar de todo siempre creíste que era un niño, que era solo una máscara e incluso me dijiste que solo me hablabas porque querías acostarte conmigo y nada más-
-Te he dicho que se cuándo mienten, lo veo en su mirada. Aunque… no sé si considerar que este chico junto a mi sea Pip o Philip.- Damien le quito la boina con un movimiento rápido.
-Supongo que puedo dejar que Pip salga un momento. Me hizo falta alguien como tú, con todo lo que sabes y como hablas. –
-Bueno Pip parece un niño de diez años atrapado en el cuerpo de un supermodelo.-
-Buen punto.- Pip rio con ganas antes de mirar al fondo de la calle, justo allí, cruzando el semáforo, un castaño fumando como locomotora y un rubio que intentaba llamar su atención frotándose las manos del frio. Damien los miro también, entendiendo que al parecer no habían resuelto sus problemas.
-Espero que esto te haya hecho notar a alguien como yo… Pip. Y si no me vas a dejar acostarme contigo… conozco un pequeño restaurante cerca de tu departamento ¿Quisieras acompañarme por un café mañana?- pregunto fingiendo desinterés. Philip regreso a esa mueca de superioridad y sin más soltó con burla.
-No- Damien lo mal miro y considero seriamente la posibilidad de golpearlo- odio el café pero me gusta mucho el té verde ¿Mañana a las seis treinta?
-Sí, claro como gustes pequeña diva.- Pip rio y se inclinó para besar la pálida mejilla del moreno.
-Hasta entonces, tengo que pedir perdón a mis mejores amigos-
Pip sonrió como solo él sabía hacerlo antes de correr en dirección a los otros casi llorando sus disculpas. Damien miro por un segundo la escena antes de levantarse y alejarse de ese drama. Con las mejillas rojas por el "frio".
-Bonita sonrisa. Chica tomboy-
…
…
…
Dedicación especial a ElisaM2331
(Porque soy su fan #1)
Hola gente… hace muchos ayeres que no me paseaba por aquí. Solo vine a dejarles este pequeño fic, las cosas aquí no han estado tan tranquilas como a mí me gustaría. Pero como siempre recuerden que este es mi pasatiempo, mi regalo para ustedes que a pesar de que consume tiempo yo lo hago con todo el esfuerzo y el cariño del mundo para quienes leen estas simples palabras.
Los amo chicos son… increíbles. Si les ha encantado o no por favor dilo en la cajita de abajo, me gustaría saberlo a ser posible. Recuerda que yo soy Cereal Pascual y aquí me despido.
Adiós.
