Te He Estado Buscando, Extraño

La habitación estaba cerrada desde hace ya dos días, la luz se colaba por orificios en las oscuras cortinas. El lugar era un nido de ratas, o en este caso un nido de persona, la persona que vivía en semejante condición tan deplorable de suciedad y desorden era un desgraciado que las últimas 48 horas se las ha pasado en un estado de emoción y alucine provocado por la droga que había consumido y de la cual aún quedaba suficiente para una última aspirada antes de volver a caer en un abismo de alcohol, cigarrillos y comida doble procesada.

Ahora estaba dormido sobre una montaña de una extraña mezcla de ropa sucia y colillas de cigarrillos. Sus profundos estados de sueño eran prolongados, podía dormir todo el día si así lo deseaba, ya lo había hecho muchas veces anteriormente, eran las diez de la mañana según el reloj tirado en la esquina junto al bote de "Basura" repleto de latas de cerveza.

Habría seguido en su imperturbable sueño de no ser por ese asqueroso sonido, el timbre de la puerta, que molestia, pensó que esa mierda había dejado de funcionar hace años o eso pensaba porque nunca se tomó la molestia de saber si funcionaba y nadie lo visitaba. El sonido penetraba su cabeza con fuerza y dolía como el infierno.

Más vale que el edificio estuviera en llamas o que el mundo estuviera en una guerra nuclear y la bomba estuviera camino a aquí para atreverse a tocar su estúpida puerta.

Se levantó maldiciendo a todo, en especial al dolor en su cabeza, esquivó no muy bien la basura y ropa tirada del suelo y arrastró los pies hasta la condenada puerta.

-Hola.- fue lo primero que escuchó de una voz joven y cantarina.

Era un niño… bueno no exactamente, era un muchacho. Este muchacho estaba vestido muy elegantemente, cabello rubio, ojos azules y piel de porcelana. Si, en definitiva no era el fin del mundo porque el pequeño le sonreía como si fueran amigos de toda la vida.

-Tú debes ser Damien Thorn.-

Si, él sabía quién era, no estaba perdido. ¿Qué hacia este niño aquí? Era claro que no iba a uno de los barrios más peligrosos solo para saludar a un extraño.

-¿Quién eres, niño? Parece que este bastante perdido.- tenía toda la intención de cerrar la puerta.

Por las vestimentas del rubio parecía uno de esos muñecos de porcelana. El muchacho detuvo la puerta antes de que el otro la cerrara.

-Me llamo Philip Pirrup.- dijo haciendo que el otro suspirara frustrado y regresara la vista.

-Aha, oye creo que no te ha quedado claro, quiero que te vayas de aquí, niño molesto.-

-Tú eres Damien ¿Verdad? – dijo aun sonriendo como si no hubiera escuchado lo que el otro dijo.- No te pareces a la foto.- Tomó al niño y lo estrelló contra la puerta fuertemente.

-¿Qué crees que haces? Parece que no te has fijado bien en donde estas ni quien soy.-

El sujeto no lucía tan intimidante, camiseta, pantalones y botas negras. No se había bañado en bastantes días, su cabello estaba desordenado y tenía barba. Sí, no se parecía a la imagen que el pequeño había obtenido, pero claro, la foto había sido tomada hace ya muchos años, no esperaba que se pareciera en nada y tampoco le sorprendía donde vivía.

-Yo solo quería conocerte, desde hace mucho.- su voz era suave y no se mostraba asustado por las amenazas de este extraño.

-Mejor vete antes de que decida que me estorbas.- nuevamente iba a entrar a su nido de basura.

-Oye, espera, no te enojes, de verdad que solo quería conocerte, quiero conocerte.-

-¿Por qué? Hace cinco minutos no tenía la menor idea de tu existencia ¿Por qué sugieres que si vienes aquí yo te dejaría entrar a mi casa?-

-Es que de verdad necesito hablar contigo. Quiero hablar contigo.- insistió nuevamente.

Damien cerró la puerta de un portazo, ese niño era raro. Seguía gritando desde el otro lado con insistencia. Que cosa más molesta.

-Está bien, me voy pero… tienes que venir a almorzar conmigo.- dijo la voz al otro lado de la puerta. Damien casi suelta una carcajada, suena como una cita.

Por el buzón entraron algunos papeles extraños y una tarjeta.

-La dirección está escrita, yo estaré esperándote el día que quieras, desde las doce hasta las cuatro estaré esperando, Damien.- arrojó algo más por el buzón y entonces los pasos volvieron a escucharse, como de alguien alejándose.

El hombre de cabello negro intrigado aun por el hecho de que ese muñeco aparentemente lo conocía de algún lugar se acercó a dar un vistazo a esos papeles. Pero qué cosa más extraña, los papeles eran: una tarjeta de un restaurante en el centro de Nueva York, un folleto de hospital y… ¡Ese Bastardo!

5 años antes

"Ultimas noticias, reportamos que en punto de las 12 de este día un auto atravesó las vías de tren a máxima velocidad con el objetivo de cruzarlas, desgraciadamente el tren fue más rápido y el choque fue inminente. La tragedia comenzó cuando causa de este choque el tren se descarriló, lo que fue una carnicería por colisión de vagones."

"Nos llegan reportes de desaparecidos, amputaciones, decapitaciones, muertos y muchos heridos de gravedad, los cuales serán transferidos a todos los hospitales posibles."

No le tomó mucho tiempo decidir que ese niño sabía algo y necesitaba saber quién o cómo obtuvo esa información. Al día siguiente de ese extraño encuentro, como el pequeño muñeco dijo fue directo al restaurante que le había indicado, con el reloj marcando las 13 horas con 24 min.

Como le habían prometido allí estaba, sentado en una de las mesas afuera del restaurante, el perfecto lugar junto al árbol que daba una sombra agradable y cuyo follaje verde daba un brillo especial por la luz que pasaba entre las ramas y hojas.

-Bien. Lo conseguiste, llamaste mi atención y ahora yo quiero respuestas.-

-Hola Damien, que alegría que hayas decidido atenderme.-

-Sí, si como sea. Necesito que me digas con exactitud quien y cuando te dio esta foto.-

La foto que había dejado en su buzón junto a los otros papeles extraños. Era nada más ni menos que la foto de un joven Damien, de tan solo doce años. Luciendo su impecable uniforme militar de gala y posando en una expresión soberbia para la cámara.

-Te ves muy bien. Adorable diría yo.-

-Es en serio ¿De dónde la sacaste?- a Damien no le hacía gracia alguna.

-Esa estaba en el expediente militar tuyo. Fue bastante difícil encontrarlo.-

-¿Expediente?-

-Sí, tardaron bastantes meses en dármelo, incluso ellos mismos dudaron en que alguien con ese nombre fue a esa escuela.-

-Doctor, estos pacientes acaban de llegar, necesitan ayuda de urgencia.

-¿Quiénes son?-

-Dos jóvenes caucásicos, uno de dieciocho años y el mayor de veinte. Iban en el segundo vagón del tren. Ambos jóvenes están conscientes y no presentan contusiones.

-¿Están conscientes todavía?-

-Si doctor. Debemos hallar una forma de operar inmediatamente sin matarlos.-

El doctor no dijo nada simplemente se dedicó a observar la gravedad de la situación. Ambos muchachos estaban atravesados con la misma barra de metal, viéndose cara a cara.

-Entonces… por lo que entiendo tú me estás buscando ¿No?-

-Así es, desde hace años que he querido conocerte.-

-Muñeco, sé que soy muy atractivo y todo lo que quieras pero no lo he hecho con un hombre desde…-

-¡No! ¡No es por eso que te he buscado!- grito inmediatamente con la cara totalmente teñida de rojo. – Es que… tú.-

-Las heridas del muchacho más joven son más graves.-

-El mayor definitivamente tiene más posibilidades.-

Ya tenían la radiografía de este delicado caso. No podían solo remover esa barra de metal sin hacer que ambos murieran por la hemorragia, bien o mal este extraño objeto era el que tapaba la herida para que no sangrara y al removerlo de cualquiera de los dos iniciarían una herida que deberían cerrar inmediatamente.

-No podemos salvar a los dos.-

Mientras tanto ambos muchachos estaban perfectamente despiertos, un poco adoloridos pero despiertos.

-Oye, que extraña manera de conocernos fue esta.- dijo uno con una mueca de dolor por el esfuerzo de respirar.

-He conocido a personas en situaciones más raras.- respondió el otro tratando de no moverse mucho.

-¿Crees que ambos salgamos de esta?-

-Confiemos en que sí. Saldremos de esta, no te preocupes mucho.-

-Me agradas. Haha, espero no preocupar mucho a nadie, se suponía que debía reunirme con unos amigos, ellos ya debían estar allá.-

-Se supone que llamaron a tus familiares cuando llegaste, ya deben de estar en camino.-

-Si… ¿A quién llamaron para ti?-

-Uh… no tengo a quien llamar, amigo, estoy solo en esto.-

-Que mal, se ve que eres alguien muy agradable. ¿Sabes? Cuando mis amigos vengan… te los presentaré, ellos son increíbles, te agradarán.-

-Suena bien, me vendría bien tener amigos nuevos.-

Cuando los doctores llegaron a explicarles la situación a ambos jóvenes no hubo más sonrisas, ni bromas entre ellos. Era difícil explicarle al paciente que había gran posibilidad de que mueras en una operación.

-No quiero morir… mis amigos… mi… ellos están camino a aquí, no puedo morir.-

-Tiene razón, deberían salvarlo.- apoyó en mayor de los jóvenes atrapados.

-Jovencito, tú tienes más posibilidades, no puedes sacrificarte, como médicos no lo permitiremos.-

-Pero… él.-

-Está bien… creo, creo que lo entiendo.- dijo el más joven con una mirada llena de tristeza.

-Haremos todo lo que esté en nuestras manos para salvar a ambos.-

Estaban mintiendo, el mayor lo sabía, pero no podía decir nada. Tampoco quería morir a pesar de que posiblemente lo mereciera. Su compañero hizo que un doctor se acercara y le susurró algo al oído mientras intentaba no llorar.

-Sí, lo haremos, hijo.-

-No dolerá ¿Verdad?-

-No, estarás dormido, el anestesiólogo vendrá en un momento para iniciar de inmediato con la intervención.-

Cuando el anestesiólogo llegó ambos jóvenes se miraron a los ojos, analizando la idea de que esta persona enfrente de ellos y sus conversaciones, serían las ultimas, uno de los dos moriría allí y ahora.

-Entonces… esto fue todo. Que increíble fue conocerte mi amigo.- dijo el menor.

-También me alegro de haberte conocido. Fue divertido.-

-Espero que mis amigos te agraden mucho, ellos son geniales y… seguramente… les caerás… muy bien, en especial a… P… p-

El muchacho más joven lentamente cerró los ojos y también el mayor se quedó dormido en pocos segundos más, entonces los médicos comenzaron con el corte de aquel objeto para separarlos.

En medio del quirófano los cirujanos intentaron todo para salvar al muchacho más joven pero no fue posible, sus heridas eran muchas y había perdido demasiada sangre, no había nada que hacer, así que tuvieron que dejarlo, esperar a que su corazón dejara de latir.

Por otro lado, cuando dejaron de trabajar en el más joven, se cambiaron los guantes y comenzaron a trabajar en salvar al mayor.

Lo hicieron, el viviría.

-Fuiste el ultimo que vio a… Stan con vida.- dijo con lágrimas en los ojos.

-Stan…- repitió el moreno.

De repente todo regreso a su cabeza como un flashback. Entonces este chico, seguramente era uno de sus amigos que tanto pregonaba que eran las mejores personas del mundo. Pero ¿Por qué lo buscaba? ¿Qué podría decir el de consuelo? O incluso ¿Qué podía hacer para que el luto desapareciera? Ese día fue un total desastre y… fue solo un accidente.

-Ya veo.- Damien se tranquilizó un poco, no era ningún policía o algo por el estilo, solo era un niño que buscaba al chico que vio a su amigo antes de la operación donde murió. Sonaba raro pero de algún modo lo entendía. – Entonces ya me encontraste.-

-Gracias, te he buscado desde que eso pasó. Pero desapareciste y… no había quien me diera una pista tuya.-

-No esperaba que alguien me buscara después de lo que pasó.-

-Lo comprendo. Llegamos al hospital al día siguiente y… Stan ya no estaba. Tú estabas tan delicado que solo parientes cercanos podían verte. Cuando regresé a conocerte… tú te habías ido.-

-No podía pagar un hospital.-

-Oh no te preocupes, yo pagué tu cuenta. Pero ni así pudieron encontrarte.-

-Sé que debe ser duro perder a un amigo pero…-

-Stan era más que un amigo, él era mi novio… mi prometido.-

-Oh… lo lamento.-

Pip se veía muy decaído, hablar de Stan era una mezcla dura entre felicidad y profunda pena. Stan debió ser el novio perfecto si este muchacho seguía sufriendo por la perdida, siendo que eran cinco años del accidente de tren.

-No te preocupes. Pasó hace mucho. –

-Pero aún no lo entiendo. ¿Por qué me buscaste?-

-Quisiera saber… si no es mucha molestia. ¿Cómo pasó todo?-

-¿A qué te refieres?-

-¿Qué recuerdas del accidente?-

Damien Thorn no era conocido por su calidez ni su empatía, no era psicólogo ni mucho menos pero imaginaba, en la parte más olvidada de su subconsciente que quizá contarle como todo pasó no era una buena idea.

-Escucha, se nota que eres una persona delicada. Amabas a tu novio pero ¿En serio quieres saberlo?-

-Quisiera saber… hace años quiero saberlo, hace años quise verte y que me hablaras de cómo paso… ¡Ah! Pero si es doloroso para ti contarlo… yo…-

-No es doloroso. Puedo contártelo si es que quieres saberlo todo.-

-Claro que… ¡Oh, no!-

El condenado reloj marcaba las 15 horas con 55 minutos, no había tiempo suficiente para hablar del accidente. Pip tenía que irse. Miró suplicante al moreno, como si temiera que el desapareciera y nuevamente tendría que iniciar la búsqueda.

-Por favor, reúnete conmigo mañana a la misma hora que te indiqué. – sonaba como si estuviera desesperado.

Damien miró su celular para encontrarse con una desagradable noticia, mañana tenia un trabajo que atender. Que mierda. Pero desgraciadamente, trabajo era trabajo, lo mantendría ocupado toda la mañana.

-Bien, muñeco, tengo trabajo, pero si todo sale bien, tendrás otra cita mañana.-

-Gracias, Gracias.- Pip sacó un billete de su cartera y lo dejó en la mesa, era un billete de cien dólares.- Pide lo que quieras, yo invito.-

-Oye eso no es…-

-Por favor acepta, te has encontrado conmigo a pesar de todo, te debo mucho más que un almuerzo.- Aceptó la comida gratis a pesar de que no quisiera.

Al día siguiente Damien llegó al mismo café, su ropa a diferencia del día anterior estaba un poco más elocuente, no era nada elegante, pero ya no era esa ropa fachosa y poco cuidada que llevó el día anterior. Con esa camiseta blanca, esa chaqueta de cuero negro y botas. Pip sonrió al verlo acercarse y sentarse a su lado.

-Damien, que alegría verte.- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

-Dijiste que viniera y pues… aquí estoy, muñeco.- Damien se rascó la barba que comenzaba a crecer bastante.

-¿Quisieras algo de comer o beber?- ofreció el rubio. Damien asintió y le pidió a la mesera un café negro. Cuando la humeante taza estuvo frente a él pudo dar un gran trago y suspirar del alivio.

-Ah, Damien, sino es una indiscreción me preguntaba ¿Cuál es tu trabajo?- preguntó el rubio

-Es algo complicado de explicar. Soy un trabajador independiente y soy lo que el cliente quiera que yo sea.-

-Eso es bastante curioso.- por no decir que no era una respuesta, no contestaba a nada.

-No espero que lo entiendas.-

-Espero que algún día me lo expliques.- dijo antes de darle un sorbo a su té verde.- Quisiera saber un poco de ti.-

Pip lucia como todo un señorito, con ese trajecito con un corbatín como si fuera un niño hípster, su cabello era lacio y un poco largo. No era del tipo de persona que frecuentaba, si es que deseaba o tenía la desgracia de frecuentar personas. No tenía muchos amigos y a estas alturas no deseaba ninguno, solo estaba con este pequeño espécimen porque las circunstancias lo obligaban a responder.

-No sé si sea conveniente. Lo mejor es solo… responda tus preguntas y-

-N-No quiero ser una molestia para ti.- dijo rápidamente- Quiero ser tu amigo.-

-Nos conocemos hace menos de un día, no sabes nada de mí, muñeco, no finjamos que somos amigos casuales o que compartimos algún gusto en común. El único motivo que nos mantiene en la misma mesa es tu ex prometido muerto que estaba atravesado junto conmigo por una maldita barra de metal.-

Pip se quedó callado, estaba siendo molesto, lo comprendía bastante. Lo que Pip desconocía aún es que el hombre frente a él era un bastardo con nombre y apellido. Damien Thorn.

-Entonces… habla, quiero saberlo ¿Qué recuerdas del accidente?- preguntó con una mirada triste por el rechazo.

-Lo que recuerdo, fue haber comprado un boleto a cualquier lugar, no me importó a donde exactamente se dirigía ese tren, lo supe después del accidente. Entré en un vagón cerca de la cabina del conductor, recuerdo que no había lugares disponibles, había mucha gente parada. Recuerdo haber visto a Stan, solo fue un vistazo, ni siquiera recuerdo lo que estaba haciendo, solo vi su cara un segundo.- dijo tratando de recordar pero sin éxito.- Después de unas cuantas paradas… solo puedo recordar el tren sonando desesperadamente, como si algún estuviera mal. Después hubo una sacudida y todos se tambalearon o cayeron. Avanzamos unos metros más y… todo dio vueltas y parecía que volamos. Intenté aferrarme a algo pero no pude, yo y otros pasajeros chocamos, golpeábamos las paredes del vagón.-

Hizo una pequeña pausa cerrando los ojos. Bien o mal había sido un golpe muy duro, uno de esos desastres que nadie espera que le sucedan y cuando pasan no tienen una idea de lo que hacer.

-El vagón se estaba rompiendo y… supongo que otro le cayó encima porque fue completamente aplastado. Ni siquiera sé en qué parte del vagón estaba yo o qué mierda pasaba a mí alrededor. Me gustaría decir que me desmayé o algo pero no, estuve consiente todo ese tiempo, todo ese infierno. Cuando todo se detuvo, cuando nos dejamos de mover, cuando el zumbido en mis oídos se detuvo pude oír esos gritos y quejidos de todos. El polvo me impidió abrir los ojos inmediatamente y el dolor me impedía moverme. No sé cuánto tiempo pasó pero cuando pude abrir los ojos lo vi… Tenía la cara cubierta de sangre y muchos golpes… vi esa cosa enterrada en mí, en nosotros, pensé que estaba clavado a un cadáver y que moriría pronto. Con todas esas personas muertas o desmembradas. El olor a sangre a quemado, era repugnante.-

Pip miraba las expresiones faciales de Damien. No parecía un recuerdo específicamente doloroso o algo así pero si uno que significaba mucho.

-Stan despertó no sé cuánto tiempo después. Nos miramos a los ojos un segundo y… no pudimos decir nada, ni si quiera moverlos, dolía como el carajo si quiera intentarlo. El tiempo pasa tan lento ¿Sabes? Se notaba que estaba en pánico por lo que pasaba a su alrededor. Creo que habló un poco, diciendo algo que no entendí. Cuando por fin escuche ruido… no pudimos resistir la desesperación de gritar. Eran los rescatistas, nos vieron y de inmediato corrieron por algo para cortar el trozo de metal que nos atravesaba. No recuerdo nada del viaje en ambulancia, los idiotas paramédicos me abrumaron con tantas luces y preguntas y…-

-Damien.- era un susurro, imperceptible e inaudible, Pip era alguien sensible al dolor ajeno y sabía que Damien sufrió en ese accidente aunque no lo demostrara.

-Llegamos el hospital, estaba lleno de todos los heridos del accidente. Había heridos por todos lados y los médicos solo se nos quedaron viendo como si fuéramos unos fenómenos. Dolía como el carajo hablar o respirar. Stan estaba preocupado de que algo le pasara, podría jurar que mojó sus pantalones pero… siempre sonrió. Estaba seguro de que saldría vivo y hablamos de muchas cosas durante los estudios previos a la cirugía.-

-¿Qué te dijo?- Pip parecía desesperado por saberlo.

-Hola, u-un placer conocerte.-

El moreno mayor solo se limitó a observar en silencio como el otro sonreía cordialmente a lo que posiblemente es el encuentro más incómodo e irreal de todos.

-Hola, no te esfuerces por… fingir que esto es un encuentro casual.-

-No lo es pero puede que estemos así un buen tiempo y… Mi nombre es Stanley Marsh.-

-Damien Thorn.-

Stan sonrió como pudo, mostrando todos los dientes de una manera amigable. Damien lo recordó como el chico que estaba lejos de el en el vagón del tren.

-Iba a reunirme con mis amigos en… Boston. Íbamos a… hacer una fiesta por mi compromiso.-

-¿Te vas a casar? Eres muy joven para eso.-

-No, no me iba a casar, me prometí con alguien para casarme cuando… tuviéramos la edad.-

-¿Por qué no fuiste con ellos?

-Soy voluntario en el Zoológico de Central Park y… quería quedarme un día más para cuidar al nuevo espécimen de… león que llegó.-

-Ah, debes estarte arrepintiendo de eso en este momento.-

-Claro que no, los animales son mi vida. Quiero ser Veterinario para poder ayudarlos.-

-Pero esto arruinó tus planes de fiesta ¿No?-

-Para nada, solo los retrasó un poco, en cuanto mis amigos sepan que estoy aquí vendrán de inmediato.-

-¿Tus amigos?-

-Claro, ellos son mi familia entera, hemos cuidado de nosotros durante mucho tiempo.-

-Ya veo.- No era buen conversador casual.

Cuando Damien hablaba con algún ser humano no era una simple casualidad. Sabía que era exactamente lo que quería conseguir de esa conversación, cómo hablar y qué gestos usar dependiendo de con quien hablaba pero ahora estaba perdido.

-Se nota que no eres muy conversador ¿Eh?-

-No, la verdad no se me ocurre un buen tema de conversación en este momento.-

-Pues… ¿Qué te parece si me dice s cómo llegaste al tren? ¿A dónde ibas?-

-Era un buen conversador- dijo sinceramente Pip con una sonrisa al recordar a Stan

-Sí, era un buen chico-

-¿Y?-

-¿Y qué?- preguntó el moreno

-Pues ¿Qué hacías en el tren? Aun no has contado toda la historia.-

-Eso no te importa.- una respuesta bastante descortés.

Pip asintió un poco dolido por esas palabras duras. Hace tiempo que nadie lo trataba de esa manera. Era duro aceptarlo de nuevo.

-Entiendo, lo siento Damien.-

-Te diré el resto mañana, me tengo que ir ahora.-

-Oh… de acuerdo, nuevamente gracias por reunirte conmigo y… siento ser tan idiota, tienes razón, no debería de meterme en lo que no me importa.-

-Recuérdalo y muy bien Philip.-

Damien colocó un billete en la mesa y se levantó para marcharse sin mirar de nuevo al pequeño rubio. Pip tomó el dinero y lo metió en su cartera, mirando a la dirección donde había ido el moreno. Era una persona curiosa.

El sonido de su propio celular lo sacó de su pequeño mundo. Contestó la llamada con un poco de miedo por el nombre que marcaba la pantalla.

-¡Pip! ¿Dónde mierda estas? Te estamos esperando.-

-Aun no es la hora.-

-Dijimos que estaríamos aquí una hora antes para practicar, genio. Mueve tu trasero aquí ahora mismo.-

-Sí, perdóname, ya voy.-

Pip pagó sus bebidas y rápidamente tomó un taxi al lugar previamente citado. Al llegar un par de ojos molestos lo recibieron pero en comparación con las caras sonrientes no le importó. Sus amigos estaban allí.

-Por fin llegas, no suena igual sin el tecladista.- Craig, el protector.

-De verdad lo siento.- se disculpó sinceramente Pip.

-Ponte en tu lugar rubio.-

-¿Qué es lo que haces, Pip? Has estado ocupado últimamente.- Nichole, la benévola.

-Seguramente se trata de una cita.- Kenny el leal. Sin mencionar que es el payaso.

-¡Cielos! Pip eso suena maravilloso.- Leopold el generoso.

-Dejen de molestarlo, lo que haga en su tiempo libre no siempre nos incumbe.- Kyle el sabio.

-Es cierto, lo estábamos esperando y ya ha llegado es todo lo que necesitábamos.- Wendy la justa.

-Seria fabuloso saberlo de todos modos ¿No?- Bebe la diva.

-¿A quién le importa?- Erick el idiota.

-¿Podrimos dejar de hablar de mi por un minuto?- Pip era el soñador.

Stan era el líder. Todos se conocieron gracias a él y por muchos años fue el alma del grupo, haciendo que todos se llevaran bien. Que Erick, Wendy y Kyle no se asesinaran, que Kenny no se pasara de mujeriego, hacer que Craig fuera un poco más abierto con los demás, que Nichole dejara de sentirse extraña por ser la única chica negra y que Bebe no fuera tan presuntuosa.

Pero en definitiva su mayor logro fue hacer que Pip se sintiera parte de algo, parte de una familia, disfuncional y nada perfecta como cualquiera pero ese grupo de personas lo querían. Así dejó de sentirse solo.

-Tiene razón. Vamos chicos que solo podemos hacer esto una vez a la semana.- Wendy les indicó donde y que deberían de tocar para la presentación de hoy.

Kenny, Pip, Leopold, Nichole, Bebe y Craig eran una pequeña banda, no era nada profesional, al contrario, ninguno de ellos tenía la más mínima intención de dedicarse a la música o algo remotamente parecido. Cada uno tenía sus propios intereses y objetivos.

Cada jueves se reunían en un punto específico de un pequeño parque donde tocaban solamente una canción.

La asignación de instrumentos era simple. Kenny tocaba la guitarra eléctrica, Leopold la batería, Nichole la guitarra, Craig el bajo, Bebe en cualquier instrumento que no necesitase de mucho talento como las maracas o el pandero y por ultimo Pip era el tecladista o tocaba cualquier instrumento de cuerdas.

Tanto Kyle como Wendy eran apoyo presencial pues no tenían mucho talento musical, Erick después de ser rechazado por ser un idiota como siempre tiene que llevar los instrumentos grandes como la batería, el teclado y de vez en cuando un chelo.

Tocaban en una pequeña área libre de la calle específica, no era una coincidencia, siempre era en ese lugar, siempre todos los jueves, solo una canción, solo eso era necesario. Se volvió costumbre desde hace ya casi cinco años, solo una simple acción para mantener su amistad viva y creciente pues a los diecisiete todos estaban juntos ahora ya en la universidad no era fácil verse.

La alegre melodía resaltaba entre el sonido de los autos y el escándalo de la ciudad…

Damien miró curioso por el gran ventanal, la vista agrandaba su ego al estar en un piso tan alto. Siempre gustaba de observar por la ventana para encontrar algún tipo de desgracia o simplemente mirar con desdén a algún desafortunado oficinista del edificio vecino.

-Señor Thorn, que apartamento tan lujoso, le queda bastante bien.-

-Ya lo sé.- dijo con poca modestia.- Pero mi amigo, no estamos aquí para ver la decoración de mi apartamento, estamos aquí para cobrar viejas deudas ¿No?-

El hombre frente a él se dejó de sonrisas y miro asustado al muchacho frente a él, como si fuera el mismísimo demonio. Estaba asustado de lo que un hombre como Thorn puede hacer con solo desearlo.

-No puedo pagarle la deuda señor, es imposible hacerlo en la fecha pre establecida.-

-Bien, Smith, no te asustes, solo tenías que decírmelo y yo me haré personalmente cargo de tu problema.-

El hombre lo miró mal, eso no sonaba como un consuelo, al contrario, era una condena, era la señal para la huida.

-Ahora lo que haré es entregarte este sobre rojo con la fecha de embargo y pues… yo que tú me declaraba en banca rota lo más rápido posible.-

-¿Qué pasará con mi empresa? ¿Mis empleados?-

-Pues… despediremos a la mayoría obviamente y empezaremos la transformación de la misma como una de mis afiliaciones a H.E.L.L.-

H.E.L.L. por supuesto, la empresa de este miserable muchacho, increíblemente exitosa y en crecimiento, con cada nueva adquisición y negocio como este. Hacerse de una fortuna a base del trabajo de otras personas, eso era, llegar con dinero y salir con la empresa entera.

-No intentes si quiera iniciar un proceso legal contra mí, todo lo que hice estuvo reglamentado, lo que paso es que tú fuiste muy idiota. Eso es todo.- el moreno ni siquiera lo miró.- Puedes retirarte voluntariamente o yo mismo te guio, escoge.-

-Eres un bastardo ¡Traidor!-

-Sí, lo soy, no sé si no te has dado cuenta antes Smith pero yo no soy una buena persona.-

-De esto te vas a arrepentir.-

-Esto no es una película ni una caricatura, sabes bien que no hay nada que hacer contra mí, ahora vete de una vez.-

El hombre se fue hecho una fiera y el muchacho más joven sonrió con gusto, esto era el poder, le encantaba, su instinto era ser un déspota, le encantaba, le daba increíble seguridad. Esto era para lo que había nacido.

Cuando estuvo por fin solo se fue al baño, porque este bonito loft era suyo, era lo mejor que su dinero podía pagar y allí con gusto vivía cuando tenía que ser un noble hombre de negocios. Su cuarto en los barrios bajos era su nido de huida, cuando quería escapar del mundo y perderse durante días. Una vez en los baños se dio una larga ducha y se rasuró esa molesta barba que había crecido ese mes de olvido total.

Se miró al espejo y admiró su figura y porte, era perfecto, era todo lo que debía de ser, se enorgullecía de sí mismo, "Damien, lo estás haciendo bien". Cuando salió del baño se vistió con su mejor traje, totalmente negro, como le gustaba.

Ya que su último negocio había terminado era hora de ir en busca de otro.

Al final de la canción los amigos guardan los instrumentos y sonrieron alegremente al pequeño público que como siempre se agrupaba su alrededor, para los que ya conocían esa vieja rutina siempre pedían otra, que repitieran aquella otra canción que les gustó. Pero no se podía o mejor dicho no se lo permitían, no estaban allí para entretener a las masas ni mucho menos hacerse de un club de fans. Como cada jueves tenían que alejar a los demás muchachos que les encantó su presentación.

-Entonces ¿Qué te tiene tan ocupado, Pip?- Bebe era algo chismosa.

-Oh no es nada importante Bebe.-

-Pero aún es muy curioso, tú no te desapareces así, siempre nos dices a donde y con quien vas, eres un libro abierto.- Y cuando Bebe era chismosa Nichole se unía.

-Chicas, no sean así con él, también puede guardar su vida personal como quiera.- Gracias Wendy.

-Pero su vida personal somos nosotros ¡Sabemos todo de él!-

-Chicas, por favor, no es nada importante, de veras.- decía el rubio buscando apoyo con los hombres que estaban igualmente curiosos de saber.

-Bien, si no quiere decirnos donde ha ido esta en todo su derecho, así que ¡Vamos a un Bar!- Kyle ofreció con gusto a lo cual todos gritaron de emoción.

Todos sabían que ese era el pretexto para hacerlo escupir la verdad. Desgraciadamente así eran de sobre protectores y entrometidos con el pequeño Pip, no había secretos que pudiera guardar, para ellos Pip era un libro abierto a la fuerza. Desde la muerte de Stan se habían encargado de protegerlo, suponiendo que su naturaleza frágil le impedía que pudiera sobrevivir a un choque tan grande como perder a la persona amada. Después de todo ¿Por qué habrías de ocultarles algo a tus mejores amigos?

Pip pensaba que era cariño protector y se repetía a si mismo que estaba bien, el hecho de perder el derecho a la privacidad. Mentir a sus amigos no era bueno, ocultar cosas no era bueno, entonces estaba bien decirlo todo.

El miedo de Pip radicaba en que… Damien era parte de un pasado doloroso, incluso si nunca lo había visto, incluso si solo ha cruzado pocas palabras con él y sean completos desconocidos.

-De verdad que no puedo hoy, lo siento, debo ponerme al corriente con los libros.- excusas, sabía que si iba con ellos terminaría hablando sobre Damien, se conocía a si mismo lo suficiente como para saber eso.

-¿Qué? Pero siempre salimos todos los jueves después de la presentación ¡Todos juntos!- se quejó la rubia

-No exactamente, casi siempre uno de nosotros no puede quedarse, esta vez es mi turno, de verdad que tengo que leer, mucho.-

Tanto Wendy como Kyle se miraron seriamente, estos dos eran los padres extremistas y conservadores, Nichole era la tía linda, Craig el tío amargado y sarcástico, Cartman el tío molesto e idiota, mientras que Kenny, Leopold y Bebe eran los primos locos. Cada quien tenía su respectivo en el grupo y su papel de "sobrino señorito" lo convertía en el de menor categoría.

Que el hijo prodigo trate de evitar el tema de conversación era la señal para el catástrofe ¡Esto no podía ser!

-¡Pero Pip!-

-¡Oh lo siento allí va mi transporte! ¡Nos mandamos un mensaje más tarde, adiós chicos!-

Pip se abalanzó sobre un taxi sin pensarlo dos veces, dejando a los demás con una cara seria o mejor dicho solo a la pelinegra y al pelirrojo.

-Ustedes, hippies tienen un jodido problema de obsesión, dejen al marica ser.-

-¡Tú sabes que no podemos!- Kyle le gritó con mal humor

-Erick tiene razón, Pip no es un niño, ya no, dejen de sobrestimarlo tanto, si quiere tener su vida.- Leopold entendía muy bien a Pip, durante varios años fueron prácticamente la misma persona.

-Cállate Butters.- Wendy se adelantó a los chicos.

-Nosotros votamos por la independencia de Pip- Kenny sonrió con burla.

Nichole y Bebe se acercaron cuchicheando miles de teorías amorosas sobre la cita de Pip. Kenny, Catman, Wendy, Kyle y Butters discutían de la ahora llamada "independencia para Pip". Sin embargo Craig se limitaba a observarlo todo, no se le daba ni la política ni los chismes, él era un buen espectador del desastre porque podía guardar la calma si todo se volvía más loco.

Pip llegó a su hogar rápidamente y corrió a su habitación, encerrándose como si temiera que alguien lo estuviera siguiendo o que alguien lo atraparía en cualquier momento, sus mejillas estaban rojas y sudaba por el repentino ejercicio.

Si ellos se enteraban del origen de su relación con Damien seria todo aun peor, se volverían locos y creerían que él está loco, que aún no superaba lo ocurrido, solo arruinaría todo, Damien debía ser un secreto.

Entonces en su cabeza se formó una idea bastante increíble. Estaba mintiéndole a sus amigos por Damien, Damien lo guio a la mentira, pero que tontería. Dejó de pensar en eso y se dedicó a sus amados libros, tenía tantos que leer, le relajaba tanto y le ayudaba pensar.

Damien se quedó un momento mirando la ciudad, vestido con sus mejores ropas no regresaría a su madriguera de escape por un tiempo sino hasta que su ahora nuevo trato terminara correctamente. Para haber terminado su última estafa esa mañana y haber encontrado otra en menos de veinticuatro horas era casi un record.

Ya en su loft bellamente decorado se mantenía sentado en la pequeña terraza con una copa de vino en una mano y un cigarrillo en la otra. Lo único que faltaba en esta perfecta postal era un buen libro.

Hasta que el sonido de su Smartphone lo sacó de contexto y tuvo que postergar la idea de su libro.

"Ven de inmediato"

Vaya, eso era bastante directo. Sonrió para sí mismo, no era de sorprender, su padre nunca fue alguien a quien llamarías un hombre dedicado y cariñoso apoyo paternal. Se levantó de su asiento, no había que hacer esperar al diablo.

Pero antes de salir, se dedicó una mirada al espejo, viéndose perfecto, como siempre debía de ser, bien rasurado, el traje bien planchado, la mirada penetrante y la postura erguida. Orgulloso, siempre, había que recordarlo.

Le tomó alrededor de una hora llegar al enorme rascacielos, la modestia no era una característica de la familia, no cuando el apellido estaba escrito en letras doradas justo en el último piso, donde era la oficina de su querido padre.

-Llegas tarde.- dijo el hombre a partir de su entrada a la lujosa oficina.

-No hay excusa, señor.- dijo con seriedad y mirada en alto. Mientras que el hombre no despegaba su vista de los papeles en sus manos.

-Al grano, vero que tus números han crecido en la bolsa.-

-Sí, he agregado más capital a mi empresa.-

-Debo decir que me impresionas, muchacho, parece que estás haciéndolo bastante rápido para tu edad ¿Cuántos años dices que tienes?-

-Veintiséis.-

-Joven e idiota, debí suponerlo.- suspiró con cansancio.- Tus acciones crecieron demasiado, imbécil, estas anunciando al mundo que eres un estafador. ¿Crees que no se darán cuenta?-

-Todos los documentos son legales, no tienen nada contra mí.-

-Te harás de una reputación, sabes que lo mejor es ser un hombre justo ante el ojo público. Si no quieres verte en embrollos legales debes de bajar esos números y hacerte de otro método de fortuna.- una negativa no era una opción.

-Lo entiendo, lo haré inmediatamente, señor.-

-Te lo advierto, no hagas nada estúpido.-

-No, señor.-

-Vete de una vez, entonces, me quitas el tiempo.-

"Tú me llamaste en primer lugar, viejo" Entonces ambos pares de ojos azules fríos se encontraron en una lucha de superioridad, ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarse vencer. Era increíble, su parecido físico era innegable, su relación se resumía en una competencia constante. Damien odiaba y admiraba a su padre en igual porcentaje. Lo odiaba tanto, deseaba destronarlo de las empresas Thorn pero al mismo tiempo, deseaba tanto su aprobación, desesperadamente.

-Hasta luego, señor Thorn.- dijo sin despegar la mirada de la contraria.

A pesar de que ese hombre ha hecho su vida una miseria desde su inocente infancia, este desgraciado puede estar seguro de que Damien Thorn no era solo su hijo, era un ser que ha jugado sus cartas para arruinar a Belial* Thorn, todo estaba saliendo conforme a su plan si ahora este hombre le reconocía como un ser humano, si estaba hablando con él, siendo que hace apenas tres años ni siquiera lo reconocía abiertamente como su hijo. Cuando tenía esperanza todavía en su hermano mayor. Pobre Adam.

-Y Damien.-

-¿Si, señor?-

-No mal interpretes nada de estas citas improvisadas, tú sigues siendo un bastardo ¿Lo recuerdas?-

-…-

¿Cómo contestar a eso sin dejarse llevar por la rabia? Mejor no contestar a nada. Se alejó de aquella oficina con el ánimo de un perro rabioso. Al parecer su querido padre sigue creyendo en el idiota de su hermano. Maldijo una y mil veces en silencio, manteniéndose sereno hasta que salió del umbral del edificio. ¡Mal nacido, hijo de perra! No quería llamar a su auto, no tenía ganas de ser un hombre respetable, necesitaba un buen culo, una línea de coca y el whisky más fuerte disponible.

Cuando estaba en la contra esquina del gran edificio de apartamentos, estúpida luz roja, dura una eternidad.

Lo vio solo por un segundo, un estúpido niño que no debería estar en la calle a esta estúpida hora. El imbécil estaba corriendo tras su estúpida pelota y no se detuvo en la luz roja. El auto estaba a punto de aplastarle la cabeza cuando Damien inconscientemente lo tomo del cuello de su camiseta ahorcándolo, obviamente, pero lo jaló de regreso a la banqueta.

-¡Mi pelota!- el juguete explotó al ser aplastado por un automóvil.

-Esta pudo haber sido tu cabeza, pequeño moco.- dijo con un tono de regaño

-Oh. No vi la luz, gracias por salvarme, señor.-

-Argh, vete a tu casa, moco, que es tarde para que andes jugando con tu estúpida pelota.-

Fue un acto tan irrelevante en la mente ocupada y llena del moreno, paso como algo que seguramente quedaría olvidado, pero había salvado a un niño de un terrible accidente. Algo que para un Damien atento y consiente del mundo a su alrededor no le importaría en lo más mínimo "Un moco menos, un moco más, no me importa" era lo que hubiera dicho.

*Belial: Es el nombre de un ángel caído. Según algunos autores significa "El de ganancias corruptas".

¡Un año sin actualizar! ¿Cómo me dejaron hacer eso? ¿Por qué no me avisan? De verdad si me estoy tardando demasiado con una actualización mándenme un PM diciendo "A ver a qué hora la siguiente actualización, floja! " Por favor no me dejen hacer eso otra vez.

Pasando a otro tema esta historia fue dividida en secciones (no pregunten cuantas) debido a la longitud. Así que esperen ver como continua este peculiar Dip, cómo se desarrolla su relación y cómo reaccionan los mundos de ambos.

Una vez más, espero que les haya encantado, que me dejen su ingeniosa opinión y observaciones en la caja de aquí abajo.

Yo soy CerealPascual y aquí me despido.

Adiós. :D