Bienvenido a Tu Vida.

Era la primera semana del mes, octubre, el frio aire comenzaba a soplar y llevarse las hojas amarillas y ocres de los árboles. En Nueva York no había lugar mejor para apreciar este encantador suceso que Central Park, en la zona donde las familias se reunían y pasaban tranquilamente un domingo alegre y divertido.

Sin embargo Damien no estaba allí para jugar con su familia, al contrario, estaba allí para torturarse a sí mismo. Estaba amargado, seriamente amargado, no tenía por qué mentir. Su mirada seguía los movimientos de las familias reunidas, donde los pequeñines jugaban con pelotas, los padres los vigilaban desde una distancia prudente y discretamente cada cierto tiempo se daban un tierno beso. Fingía leer uno de los tantos libros que tenia, pero estando allí el libro era lo menos interesante.

Se la pasaba sentado en la misma banca desde el mediodía hasta las cuatro y media de la tarde, el primer domingo de cada mes. A veces llevaba un libro, otras el periódico, otras su ipod o su ipad y pasaba horas de mirada en mirada a las familias, sin embargo…

-¡Eh! ¡Señor!- una niña de cinco años se acercó a su banca, buscando la pelota que había rodado a pocos metros de él.

Sin prestarle mucha atención se puso de pie y caminó cinco pasos hasta donde la pelota se había detenido. La tomó y regresó a la dulce familia que venía por el camino acompañando a la pequeña de largos y bien peinados cabellos chocolate.

-Aquí esta.- dijo educadamente. Entregándole la pelota rosada y plástica a la niña.

-Di gracias, Elena.- dijo su madre. Una bella mujer de largo cabello negro, manchada grácilmente por pequeñas pecas en sus mejillas y piel cremosa. Una mujer hermosa, verdaderamente hermosa. Debía rondar los cincuenta años pero no era algo tan obvio a la vista.

-Gracias señor.-

-De nada, linda.- era un alago pequeño. La niña sonrió y salió corriendo con la pelota en las manos.

-¡Espera, Elena!- el padre barbado y de cabello chocolate salió corriendo tras ella, un hombre alto y de sonrisa blanca.

-¡Mamá!- Un joven de quizá veinte años se acercó a la bella mujer, este muchacho tenía el cabello negro y ojos grises iguales a los de su padre.

-Vámonos Daniel. – la mujer tomó el hombro del adolescente y ambos voltearon a verle.

-Gracias, joven.- agradeció nuevamente la mujer y comenzó a caminar alejándose por el camino.

-Adiós… mamá.-

Katherine Black*, su madre. La razón por la que venía a Central Park, esa familia iba el primer domingo de cada mes a almorzar sobre el pasto verde.

Desde que pudo, pagó a un investigador privado para que supiera el paradero de Katherine; sabía todo de ella, sabía dónde vivía, el nombre de su esposo, el nombre de sus medios hermanos. Sabía en dónde trabajaba, cuanto ganaba, su cumpleaños, su edad exacta, su talla de vestido, su color favorito, su libro preferido. Sabía todo de ella y de su familia. Era tan molesto.

Le molestaba tanto el hecho de que siendo él su hijo tuviera que averiguar todo esto por un investigador privado, le molestaba que él supiera todo de ella y Katherine ni siquiera se molestó en buscarlo, nunca supo nada de él, incluso había llegado a pensar que ella había olvidado su nombre, siendo este el único regalo que Katherine le dio, su nombre, Damien.

No le importó una mierda abandonarlo con el desgraciado de Belial, emancipándose de la responsabilidad de un hijo, porque claro ¿Quién quiere un hijo a los veinte? Un hijo resultado de una aventura con un hombre desconocido, un hijo así no valía la pena. Lo entendía, lo comprendía perfectamente, de verdad que en otras circunstancias no le guardaría ningún rencor a esa mujer.

Belial era un hijo de perra que vio solo una vez y accidentalmente se embarazó, Damien era un adulto cuando se enteró de todo el drama que armaron sus padres. La infidelidad de Belial Thorn a su perfecta esposa y su pequeño Adam, con una mujer mucho más joven. Es un error que no es ni el primero ni el ultimo, estaba bien, sabía que seguramente Katherine era joven, inexperta y estaba seguramente muy avergonzada de haber estado con Thorn.

Pero… tan solo dos años después, se embarazó nuevamente de un desconocido, esta vez de un cocinero igualmente casado que conoció una noche de fiesta. Sin embargo esta vez sí se hizo cargo del bebé. Eso era lo que de verdad lo había amargado, que su madre no lo hubiera aceptado a él pero si aceptara a ese otro hijo. Aceptó a ese bebé, convenció al cocinero para que dejara a su esposa, hizo una familia feliz. ¿Por qué a él no? ¿Por qué no quedarse con Damien?

Era una pregunta que no tenía respuesta agradable, pensaba algunas noches en las infinitas posibilidades, en cómo hubiera sido su vida si alguno de sus dos padres de verdad se hubiera hecho cargo de él o por el contrario, si lo hubieran dado en adopción, si lo hubiera adoptado una familia. Cosas increíbles, una pérdida total de tiempo y energía, porque soñar con lo que pudo ser no cambia lo que ya es. A estas alturas de su vida no necesitaba a una madre, había vivido sin una, había crecido por si solo y había aprendido todo lo que necesitaba saber. Se había convertido en un hombre de éxito, de poder, de influencia y respeto, era todo lo que quería ser. No necesitaba a Katherine.

Pero no necesitar no era lo mismo que perdonar y ese rencor lo guardaba muy dentro, lo alimentaba, dolía, solo a veces, de verdad moría de envidia y de rabia, queriendo a veces gritarle a Katherine que era su hijo, a veces queriendo hacerle daño a esa familia y otras veces, la mayoría de ellas, tan solo sentándose a fingir leer, siempre el primer domingo de cada mes.

Pip arrugaba nuevamente la hoja, despreciándola, no, no, no, todo estaba mal, tenía un severo bloqueo, simplemente nada de lo que escribía funcionaba, al releer todo no sentía nada, como si todo fuera una emoción de plástico, como si su personaje no estuviera viviendo el momento más excitante de su vida. Dejó su borrador por la paz y regresó a sus miles de notas, donde tenía escritos los personajes, sus principales características y personalidades, mientras en otros cuadernos estaban las líneas de tiempo y lugares donde se desarrollaba la historia.

-Esto está mal.-

Se puso de pie y dejó su preciada máquina de escribir a un lado, si, una máquina de escribir, esas cosas que ya ni siquiera se fabrican. Había sido un regalo y por supuesto al ser única y hecha solo para él, tenía grabadas sus iniciales en uno de los bordes. Era su bebé, la perfecta para hacer todos sus borradores.

Salió del estudio y bajó a la cocina, las blancas paredes, los bellos cuadros y los techos altos. Era a veces incomodo caminar tanto para ir a su propia cocina, pero por suerte estaba necesitado de despejar su mente y tomando en cuenta que el desayuno había sido hace ya varias horas quería un aperitivo.

-Joven, que gusto.- la señora Rose Williams era su ama de llaves y vivía en la casa, era a veces su única compañía, no se sentía solo en realidad, pero a veces si se aburría al no tener a alguien con quien hablar.

-Hola.- Pip abrió el refrigerador y buscó lo que necesitaba para hacerse un sándwich. La señora Williams era una mujer tranquila, que debido a que la casa era limpiada por un servicio especial y la comida era casi su único trabajo además de dirigir el mantenimiento mensual de la casa.

-El señor estuvo aquí esta mañana mientras usted había salido.-

-¿En serio? ¿Vendrá en la noche?- El señor era un hombre ocupado que vivía en Washington, pero de vez en cuando lo visitaba.

-No, lo siento joven, fue un viaje de emergencia. Pero no vino solo, trajo algo para usted. Quería dárselo antes pero apenas se metió en el estudio supe que no debía molestarlo, se veía muy inspirado.-

-Lo estaba, pero… me acabo de bloquear y sinceramente no tengo ánimos de continuar por hoy.-

-Bien, entonces tenga. El señor sabía que tampoco le agradan los regalos pero creyó necesario que en esta casa hubiera algo más de vida.-

-¿Qué es?-

Era una caja grande, pero apenas y la toco, esta caja comenzó a moverse, por intuición supo que era una clase de animal. Pip rápidamente abrió la caja y vio un perro corgi de simpático lomo negro, movía la cola con alegría de salir de esa caja.

-Oh, pero que pequeño tan lindo.- Pip tomó al perrito, no era un cachorro, al contrario, tenía un buen tamaño.

El perrito al tocar el suelo comenzó a correr con desesperación y mucha torpeza, golpeándose cada tres por dos con algún mueble. Philip sonreía tan aliviado y relajado de repente, el bamboleo del perro al caminar le resultaba tan divertido de ver.

-Qué bueno que le haya gustado, no tiene nombre, el señor esperaba que usted lo nombrara y me informó que el vendría a visitarlo dentro de un mes.-

-¿En serio? Que alegría.-

El pequeño rubio acariciaba sin piedad al animalito que jadeaba y daba la panza peluda al aire para que lo siguieran mimando, la señora de edad fue a una de las barras donde tomó otro paquete y se lo alargó al rubio para que lo viera.

-Dejó esto también.-

En paquete tenía un collar con una placa que solo estaba grabada con la dirección de la casa y una correa para pasear. Sin embargo había una carta.

Para Pip

Querido Pip, sé que ha pasado tiempo desde nuestra última visita, las llamadas telefónicas y las cartas no reemplazan mi presencia. Sé que la casa es enorme para ti y aunque tus amigos y la universidad te tienen ocupado, sé cómo se siente al final del día llegar a una casa vacía.

Por eso a pesar de no poder quedarme y deber regresar a Washington decidí dejarte un amigo que si estará para ti cuando regreses a casa, cuídalo bien. Puedes ponerle el nombre que desees.

No deseo dejarte solo por más tiempo, por lo tanto, prometo que dentro de un mes te haré una visita y viviré contigo, espero con ansias leer la mejoría de tu maravillosa novela y ver a tus agradables amigos.

Hasta entonces, querido hijo.

Atentamente y con amor.

Abel Magwitch(*)

Abel era el nombre de su "padrino" un hombre amable que lo adopto cuando sus padres y su hermana murieron, le dio todo para seguir su sueños, no solo en lo económico sino también en lo sentimental, se notaba que lo amaba mucho. A pesar de que el hombre estaba casado y también tenía un hijo propio, esa familia le abrió los brazos, la señora Magwitch era una madre cariñosa y tan amable, durante mucho tiempo le tejía bufandas y sombreros. El hijo de ahora unos treinta años era su hermano mayor, era un hombre soltero y con un carácter tan bonachón, la viva imagen de su padre.

Ellos eran su familia a pesar de que la suya estaba aún enterrada en Londres, en un cementerio muy humilde y el cual visitaba una vez al año. Los había perdido a los siete años, en un desastre, un incendio mientras él estaba en la escuela y su hermana enferma en casa. Tres casas habían sido consumidas totalmente, incluyendo la suya, ocho personas habían muerto.

Abel lo encontró vendiendo flores, el orfanato no es el lugar ideal, simplemente es donde vives y esperas aquel alguien quiera adoptarte o esperar a que crezcas, lo que pase primero. Vender flores daba un poco de dinero para darse el lujo de comprar comida extra y compartirla con sus amigos.

Ese día aun le quedaba un ramo y había ganado lo suficiente para tres biscochos para sus amigos, uno para él, otro para Estella y otro para Poket. Abel había tenido un mal día, como un simple oficinista mal pagado, había tenido un día terrible, sentándose en una banca que daba la vista a las aguas del río Thames.

Perdido su tiempo pensando en qué hacer, era un bueno en su trabajo pero no era el que siempre soñó, muchas veces que sus acciones de su propia empresa fueran de las más valiosas entre todo London Stock Exchange. Un sueño bastante lejano, pero ya acercándose a los treinta y estando tan lejos la esperanza se habían perdido.

Hasta que un ramo de lirios del campo andante se paseó frente a él, Pip se había sentado a su lado, balanceando sus pies a la orilla de la banca, sus lirios fueron abandonados a su lado. Pip cerró los ojos e imaginó a personajes increíbles a su alrededor, siempre hacia eso, inventaba historias para los más jóvenes del orfanato, con sirenas y dragones. Claro hasta que se dio cuenta de que el hombre a un lado suyo le estaba mirando fijamente.

-Hola.- saludó educadamente y sonriendo.

Abel no respondió, al contrario, solo lo siguió observando, era un niño raro, su cabello era largo y lacio, su ropa era aún más rara, era vieja pero sus pantalones le quedaban grandes, mientras que su pequeño suéter era muy ajustado.

-¿Estas triste?- Pip reconocía esa mirada, muchos niños tenían esa mirada.- Mis amigos siempre tienen esa mirada cuando están tristes.- agarró la bolsa de papel que tenía junto a sus flores.- Esto siempre los hace sonreír.- le entregó el biscocho.-Es de vainilla.-

-No, gracias, tenlo.- Abel estiró el biscocho para que lo tomara de regreso.

-No, tenlo tú, las personas tristes necesitan más el dulce.-

-A tus padres no les gustaría saber que regalas las cosas a los extraños.-

-Ellos están en el cielo, además el biscocho es mío y quiero compartirlo contigo.-

Abel supo que el pequeño huérfano era un niño tan alegre, ajeno a su mala fortuna, le dejó conservar el biscocho y los lirios a pesar de que era obvio que le había quitado la oportunidad de ganar más dinero que le hacía más falta al pequeño.

-Toma tus flores.-

-Llévaselas a tu esposa y explícale las cosas, todo saldrá bien, la madre superiora dice que no hay que pensar las cosas que salieron mal, sino en cómo solucionarlas y aprender para que no vuelan a pasar.-

-Ella tiene razón.-

-¿Verdad? Bueno, ya es muy tarde, debo regresar al orfanato.-

-Adiós, Pip.-

-Adiós.-

La siguiente vez que vio a Abel fue dos años después, cuando él y su familia fueron al orfanato buscándolo específicamente a él, querían adoptarlo. Siempre es raro que se adopte a niños tan grandes pero así fue y la familia aceptó al pequeño rubio como uno más de los suyos. En ese entonces la familia se había recuperado de su crisis, al contrario a partir de que él se unió a la familia simplemente no pudieron con lo que vino, oportunidad tras oportunidad, creciendo desde lo más bajo, hasta que Abel fue uno de los hombres más ricos de Londres, dándole a su familia la vida muy acomodada. Mudándose a América y quedándose en Colorado por bastantes años. Abel se asoció antiguos amigos suyos del colegio, ellos a su vez hicieron un trato con ingenieros asociados con los petroleros, en Europa y América. La industria de los hidrocarburos era sumamente lucrativa, eso y muchas inversiones y acciones de gran valor en la bolsa, lograron darle una vida lejos de las carencias. No hacía falta decir lo agradecido que estaba.

El pequeño corgi ladraba y corría alrededor suyo. Le colocó su collar y su correa. Cargó al animalito y despidió con un beso a la señora Williams, su hogar quedaba a una calle de Central Park y era un muy bello domingo, a pesar de que comenzara a soplar el viento frio.

Increíblemente el miércoles por la noche, el celular del pequeño rubio sonó, pensando que era uno de esos acosadores que llamaba amigos miró la pantalla con cansancio, pero el nombre de esta no era otro que el de Damien. Sin poder creerlo contestó con mucho entusiasmo.

-¿Hola, Damien?-

-Pequeño rayo de sol, sabía que habías guardado mi número. –

-Lo pusiste en mi bolsillo, lo que me preocupa es saber cómo conseguiste el mío.-

-Nada es un secreto en el internet y tu perfil de Facebook delató muchas cosas. –

-¿Me stalkeaste?-

-No solo a ti, sino que a todos tus amigos, interesante vida la de ustedes, no se parecen en nada.-

-No somos amigos por nuestros gustos personales, Damien.- Pip paseaba por su cuarto mientras hablaba con el moreno.- Nos conocimos cuando éramos niños y crecimos.-

-Tenía la esperanza de encontrar al menos un nude de alguno de ellos.-

-¡Damien!- eso era muy grosero.

-Oh, tranquilo. No me puedes culpar por lo menos intentarlo. –

-¿Mañana irás?- aventuró a preguntar.

-¿Quieres verme?- sonaba tan coqueto.

-Que egocéntrico eres. Claro que no, solo pensé que tal vez te habíamos agradado, bueno, a las chicas les agradaste, no paran de preguntar por ti.-

-¿Celoso?-

-¿Podrías parar de sentirte el centro del mundo? – El pequeño corgi aún sin nombre saltaba para llamar la atención de su amo, necesitaba mimos.- Es molesto tener que responder sus dudas, ni siquiera yo sé la mitad de las cosas que preguntan sobre ti.- Pip se agachó a mimar a su perro.

-¿Te gustaría conocerlas? – su tono de voz era muy sensual, como si de verdad las respuestas fueran a ser satisfactorias.

- Estoy seguro de que es solo un juego tuyo para hacerte el interesante.-

-¿No crees que sea alguien interesante?- fingía un tono herido. La verdad era que si, Damien era un hombre muy interesante, bastante encantador en ocasiones, con lo culto y educado que era.

-No me hagas contestarte, querido.-

-Tomaré eso como un sí, hablaremos en otro momento.-

-¡No! Espera, quería preguntarte…- muy tarde, Damien colgó la llamada. – si… si te esperaba mañana.- completó rendido.

Pip colgó la llamada también y tomó a su perro con una media sonrisa, dentro de su cabeza sabía que Damien era así. Si alguien debía tener la última palabra, siempre debía ser el primero en hablar, las decisiones más importantes las tomaba él. Había desarrollado sin quererlo un interés por el personaje Damien Thorn, independientemente de las razones que lo llevaron a buscarlo, ya había obtenido la mayoría de las respuestas que necesitaba, pero ahora se preguntaba tantas otras. Sería interesante conocer la vida de un hombre tan atrevido.

Jueves. Damien llegó al sitio, la verdad no le sorprendía mucho, estaban tocando junto al hospital donde hace años había sido internado, en aquel accidente. Suponía a que esto había sido una idea bastante ñoña de alguno de esos santurrones. Tampoco le tomo demasiado tiempo encontrar el lugar donde estaban, había muchas personas reunidas alrededor de un claro sonido de instrumentos, se acercó lo suficiente solo para colocarse justo detrás del grupo. Viendo y escuchando pero sin ser visto por los integrantes.

Parece que ha llegado justo a tiempo, porque apenas se acomodó comenzaron a tocar, una melodía rápida, divertida. Llena de vida, y una letra que acompañaba como guante. Kenny era aparentemente el vocalista y sonreía mientras alentaba al pequeño público a seguirlos, aunque sinceramente él no había escuchado la canción antes, Butters mantenía el ritmo de la batería, constante, enérgico, similar al trote de un caballo. El trabajo de bajo era divertido, Craig no se movía, parecía bastante concentrado, pero si tuviera que apostar, sabía que estaba sonriendo. Nichole seguía con la guitarra, moviéndose alrededor y con habilidad creando sonidos que sonaban irreconocibles para una guitarra eléctrica. Incontinentemente no pudo apartar la vista de quien mantenía todo funcionando, Pip y sus teclados, con sus largos dedos, presionando las teclas al compás, quizá el sonido no era ni cerca algo como Beethoven, pero le encantó, es el sonido repetitivo que le da forma a la canción.

- Somos Jóvenes! ¡Somos Uno! ¡Déjanos Brillar Por Lo Que Vale! (*)- Que letra tan encantadora, era una clásica canción feliz, se notaba en los movimientos de cada integrante y de la audiencia que estaban disfrutando de lo que hacían. Bailaban y gritaban emocionados. – ¡Y Todo El Mundo Aplaude Y Grita! ¡Oh No! ¡Ellos Gritan! (*)- comenzó a palmear con el ritmo necesario para que lo siguiera el público quien a la orden comenzó a gritar y palmear.

Podía verse que estas cosas eran muy improvisadas. Kenny aunque cantaba bien, había mejores y los demás estaban bien pero sinceramente no eran más que una banda de garaje. Recordaba que alguna vez Pip mencionó que ninguno de los chicos era un músico profesional y de igual manera ninguno planeaba llegar a nada con estos pequeños conciertos.

- Abrázame Fuerte, Estamos Perdiendo Tiempo, Abrázame Fuerte, Estamos Cayendo Al Suelo.(*) - esa última estrofa pareció más calmada y los instrumentos hace tiempo dejaron de sonar a la misma velocidad para finalmente detenerse.

Todos estallaron en risas, en aplausos de apoyo, parecían una especie de "fans" algunos rostros pedían a gritos otra canción, sin embargo Kenny agradeció el apoyo y la atención. Solo una, habían sido sus exactas palabras. Todos comenzaron a guardar los instrumentos en sus respectivos estuches, hablando y riendo de lo divertido que había sido esa vez.

Damien se quedó apartado hasta que las multitudes se fueron disipando, lo suficiente como para que se acercara cuidadosamente al pequeño rubio que acomodaba una extensión de corriente entre sus manos. Tocándole el hombro con una mano y susurrando directamente a su oído con un aliento cálido y con olor a menta.

-Ha estado fantástico.- mentía, pero ese no era el punto. Sino disfrutar del pequeño salto que dio Pip por el susto y la cercanía del hombre mayor.

-¡Damien!- gritó sin quererlo

Todos inmediatamente voltearon por la mención tan esperada. Las chicas ahogaron un grito de emoción ante la nueva visión de un hombre en casuales y muy finos abrigos oscuros por el invierno. Craig sonrió como un gato y estiró sus manos esperando que Kenny y Erick pagaran los cincuenta dólares cada uno que apostaron por la presencia del señor Thorn. Kyle frunció en seño sin ocultar su molestia y deseando que el susodicho no estuviera aquí.

-Oh que maravilloso verte, sabía que vendrías.- Pip tomó la mano del moreno en un amistoso apretón, quizá demasiado amistoso para el gusto del otro.

-No te confundas, ese pelirrojo no me invitó, me desafió a venir y no le daría el gusto de creerse digno de retarme.- susurró aprovechando que los otros estaban relativamente lejos, aun acercándose.

Pip negó con la cabeza y sonrió, sabía que Damien no era un hombre simple. Kyle se acercó cambiando su mueca por un semblante serio. Thorn dejó de lado al rubio por un momento y se acercó a Kyle.

-¡Kyle, es un fastidio volver a verte!- dijo con una sonrisa y un tono muy convincente de falsa felicidad, mientras estrechaba la mano del otro.

-Querrás decir un placer.- corrigió el judío.

-No.- respondió Thorn aun con la sonrisa en el rostro.

Craig, Kenny y en especial Erick soltaron una risa cínica, Damien les agradaba, inevitablemente era el héroe que venía a bajar de su pedestal al judío pelirrojo auto proclamada voz de la razón que hasta para ellos resultaba fastidiosa y aburrida de escuchar.

-Caballeros, señoritas.- prosiguió asintiendo en forma de saludo al resto de los chicos y chicas que a diferencia de Kyle, estaban cayendo más y más en el encanto Thorn que desprendía.

-No pensé que encontraras espacio para visitarnos.- Kyle habló.- ¿No estabas ocupado?-

-¿Y perderme la oportunidad de conocer a los amigos de Pip? De los que tanto he oídio hablar.-

Pip trataba de no reír, nunca había hablado de sus amigos, evitaba el tema constantemente porque estaba seguro de que eran personas bastante comunes, además Damien no parecía tampoco interesado en ellos. Simplemente le parecía divertido como decía tantas mentiras como si fueran la pura verdad. Sabía que no debería reírse, que esto no estaba bien, estaba permitiendo que un hombre extraño engañara a sus amigos. Debería detenerlo, decirle a Damien que se fuera pero simplemente no podía, era una sensación de pertenencia muy extraña, era obvio que Damien y Pip eran seres de mundos diferentes y Pip quería conocer el mundo de Damien, uno que parecía más glamoroso, donde las personas hacen lo que quieren, donde son reyes de su propio palacio y tienen millones de súbditos.

-¿Qué ha dicho de nosotros?-interrogó Erick

-Cosas buenas, amigo, cosas buenas.- calmó el moreno.- como que eres el primero de la generación en tu facultad.- halagos, funcionan con cualquiera.- Serás un increíble senador algún día, quizá vote por ti.-

Erick no ocultó su asombro, ni siquiera sus propios amigos le decían cosas así, inconscientemente relajó su postura y su mirada, detalles que no pasó por alto el moreno, el robusto castaño había caído.

-Así que Pip te contó ¿Eh?- Craig conocía al rubio y ese pequeño no hablaba de su vida privada con cualquiera que no llevara tiempo conociendo.

-Craig, de ti no oí mucho de Pip, pero leo bastante y me he enterado de esos increíbles proyectos de la NASA, tu nombre estaba en uno bastante interesante sobre la superficie de Jupiter.-

Craig no relajó ni un solo musculo, era extraño que alguien leyera, en palabras de sus propios amigos, revistas de astronomía para ñoños del espacio. Por lo que sabía, Damien era un hombre de negocios, no era normal que alguien así leyera esas revistas, nadie que no este interesado en ellas las lee. Estaba seguro de que Damien solo quería agradar, era un hombre extraño.

-¿Lees eso? ¿Tú?- no se mordía la lengua para fingir cortesía.- Mentiroso.-

- No tengo porque mentirte, soy alguien de gustos muy variados, puedes preguntarme acerca de cualquier tema. La ciencia es solo una de mis tantos intereses.-

-Es verdad eso.- Pip inconscientemente quería apoyar a Damien para que fuera aceptado, además era verdad que Damien dominaba muchos temas. No estaba mintiendo.

-Estaré más que encantado en debatir contigo en algún momento, aunque lamentablemente a diferencia de la literatura, la astronomía requiere mucho conocimiento y… entre tú y yo, está claro quién es el experto.- Craig era hueso difícil de roer, aunque sabía que podía ganarse a Tucker de muchísimas maneras, no era necesario que su carrera fuera el gancho.

Dejando de lado que Craig no confiara en él y que Kyle lo odiara por haberlo humillado una vez más, el resto de chicos eran bastante fáciles.

Bebe era bailarina profesional en Broadway, Butters era psicólogo y estaba estudiando su especialidad en psicología infantil, Nichole, Kyle y Wendy eran abogados y trabajaban en el mismo despacho, Erick trabajaba para el alcalde de la ciudad, esperando meterse en la política muy pronto, Kenny era pasante en el hospital junto al que tocaron, Craig era astro físico con delirios de astronauta, trabajaba para el centro de investigación astronómica en New York, Pip como el más joven aun estudiaba literatura en la universidad de NY.

-¿Eres soltero?- Bebe era coqueta.

-Sí, lo soy. Lamentablemente soy un chico ocupado, nadie ha podido soportar mis horarios de trabajo, ni siquiera yo mismo los soporto.-

-Oh que pena.- Bebe se lamentó por ese comentario.

-Vaya una pena.- Pip negó con el sarcasmo del pelirrojo. Pero de todos modos ninguno era tan retrasado como para creer esos pretextos.

-Entonces ¿Qué se supone que hacen después?- Damien se encendió un cigarrillo con desinterés en las caras de desaprobación de Kyle y Wendy.

-Normalmente vamos a beber a un bar.- dijo Kenny con una sonrisa.- Normalmente pedimos uber.- Hablando de eso Kenny sacó su teléfono y comenzó a pedir los mencionados taxis.

-¿Cómo se llama el bar?- Damien sacó su propio Smartphone.

- Se llama Clover.- Erick tomó la mano de Wendy sin mirarla sonrojándose un poco.

-¿Clover? ¿Clover Club?-

-Sí, ese mismo, queda un poco lejos pero vale la pena. Los tragos son simplemente increíbles.- Butters se le hacía agua la boca.

-Claro, sé dónde queda. He estado allí un par de veces.-

-¿Tienes auto, Damien?- preguntó Nichole.

-Claro que tengo, pero cuando salgo a pasear, prefiero algo más… rápido.-

-Una motocicleta seguramente ¿Harley?- A Erick le molestaba mucho el sonido de esas cosas.

-¿Eh? Por supuesto que no son horrorosamente molestas.- El moreno hizo un gesto de desprecio. Exhalando el humo de su cigarrillo.

-¿Entonces?- Kyle hizo una mueca por el humo en su cara.

-Vengan, está justo aquí.- a pocos metros podían ver el vehículo colocado en la calle.

-¡Una MV AGUSTA!- Kenny no pudo evitar gritar.- Esa motocicleta cuesta más de 120 mil dólares.-

-Si.- dijo el moreno regocijándose de todos los lujos que podía pagar. Se acercó a la motocicleta y desaseguró el casco negro brillante que hacia juego con la moto, posteriormente ofreciéndole el objeto al rubio más joven.- Vámonos.-

Todos se quedaron impresionados, la expresión de pequeño Pip era de pánico, en su vida había subido a algo parecido. Pero era gracioso porque Damien ni siquiera preguntó si estaba invitado o si el rubio quería acompañarlo en lugar de tomar un completamente seguro taxi.

Damien se subió en la moto y arranco en un rugido potente del motor. Esperando a que el rubio subiera con una sonrisa de superioridad, esa expresión de miedo era una de sus favoritas en las personas.

-Y-Yo, te lo agradezco Da-Damien, pero.-

-Sube.-

-Damien, no puedo.-

-Sube.-

-Damien.-

-¡Él dijo que no quería subir!- Wendy salió en su defensa.- Tiene miedo ¿No lo ves?-

-Oh, lo siento, sí tienes miedo, pequeño rayo de sol.- Apagó el cigarrillo en la suela de su zapato y miró retadoramente al rubio.- Dame el casco y nos vemos allá.-estiró su brazo esperando que le regresaran el objeto.

Pip se quedó de piedra, era un reto, lo había humillado otra vez, si, tenía miedo pero no le gustó para nada que tuvieran que salir a decirlo, como si fuera un debilucho, puede que sea el menor de todos ellos pero la humillación que constantemente recibía, lo hacía sentir débil y como una niña que necesitaba protección.

Se puso el casco con rabia y rápidamente se subió a la motocicleta detrás del mayor, dejando con la boca abierta a todos sus amigos, sin embargo la sonrisa maliciosa de Damien no se ocultó.

-Lo hiciste a propósito.- susurró a través del incomodo casco.

-Aprende a decir que no y a defenderte solo, sino personas como yo o como el pendejo de Kyle te manipulan con facilidad.-

Arrancó la motocicleta en un movimiento bastante violento y rápido, Pip se sostuvo como pudo del asiento y trato de resistir la fuerza del aire y la aceleración. Para ser la primera vez, no estaba tan mal, es decir, Damien no era un loco al volante, después de todo estabas en NY y aunque si era más rápida una motocicleta, el tráfico era algo imposible.

El trayecto fue relativamente rápido y Pip pudo disfrutarlo, era diferente, era casi como volar en algunas ocasiones, no lograba apreciar el camino tanto como en un automóvil, todos los objetos se distorsionaban y a través del casco los colores se matizaban en la misma gama.

Al llegar al club, pudo sentir como su centro de gravedad tardaba en acomodarse nuevamente. Damien sonreía como un niño pequeño. Pip se quitó el casco y lo miro de manera desaprobatoria todavía estaba molesto.

-La próxima vez, no te avergüences y aférrate a mi cintura, precioso, te sentirás más seguro.-

-No habrá segunda vez, Damien.- su voz era de pura seriedad.- Y para ser sinceros, no me agrada como es que estas tratando a mis amigos. Sé que no te importan ¿Por qué quieres estar aquí?-

-Te había dicho antes, me parecen interesantes y… por si se te olvidó, fue Kyle quien me retó a venir y yo no dejo que nadie haga eso.-

-Eres tan infantil y estúpido niño malcriado.-

-Oh, pequeño, eso no es ni la mitad de lo que soy, porque soy muchas cosas desagradables.-

-Por favor, abstente de ser un desconsiderado con ellos.-

-Está bien, porcelana, no intentaré nada desagradable otra vez.- promesas que fácilmente rompería cuando Pip dejara de estar molesto.

Al entrar al local, pidieron que reunieran un par de mesas para la cantidad de personas necesaria, y mientras la compañía llegaba, Damien en un raro ataque de aburrimiento, decidió preguntar, solo por curiosidad.

-Entonces ¿Cuándo conociste a esos chicos?-

-En secundaria. Todos eran ¿Recuerdas que ayudé a Stan con sus exámenes?- el moreno asintió con la cabeza.- Después de eso, no nos volvimos amigos ni nada… pero estaba muy agradecido conmigo, pasó sus exámenes y podría inscribirse sin problemas el siguiente año.-

-Tuviste suerte.- dijo el castaño gordo al mirar la calificación de su amigo en la hoja de papel, B- no era una A+ pero era más que suficiente para pasar y sinceramente con su poca comprensión lectora nunca creyó que pudiera pasar el examen extraordinario.

-¡Felicitaciones Stan!- Butters lo abrazó con fuerza, orgulloso de su amigo.

-No lo hubiera logrado sin ti amigo y también se lo debo a Pip.-

-De nada.-

-Hablando de eso. ¿Dónde está? Necesito agradecerle.-

-Pues… sino me equivoco, tiene clase de español en el piso de abajo, puedes ir a verlo en diez minutos, en su casillero, está en el siguiente pasillo.-

-Gracias, los veo después.-

Caminó todo el pasillo y se quedó observando la hilera de casilleros, esperando que pasara el rubio para poder agradecerle. Sin falta, cuatro minutos más tarde estaba el pequeño rubio caminando con su bolso en mano y buscando en el las llaves de su casillero.

-¡Pip!- llamó alegremente yendo junto al más joven.

-Hola.-

-Quería decirte, gracias por la ayuda, pasé los exámenes, el siguiente año no tendré problemas.-

-Oh que alegría, felicitaciones.-

-De verdad gracias amigo, te debo una grande.-

-No me debes nada Stan.-

-Encontrare una forma de pagarte.-

-Pensé que sería una historia de amor.- Damien estaba esperando el momento donde el rubio y el moreno consagraron su cariño.

-Ah, eso fue la forma en la que quiso pagarme el favor y… y ahora pienso que me pagó con mucho más de lo que merecía por haberlo ayudado.-

-Ven con nosotros, te prometo que te la vas a pasar muy bien.-

-Stan, no es necesario, de verdad, no sería cómodo.-

-Yo quiero invitarte, estaremos Butters y yo, podrás conocer a todos mis amigos.-

-No sé si eso es una buena idea. Ellos…-

-Son mis amigos y… si te llegas a sentir incomodo yo, personalmente te regresaré a tu casa, cuando quieras, pero por favor, acompáñanos.-

-De acuerdo, pediré permiso a mis padres.-

-¡Genial! Si quieres yo puedo acompañarte para que…-

-No, está bien, no creo que se nieguen.-

-Mis padres sabían que… no tenía amigos, bueno, amigos reales, nunca he sido bueno socializando. Así que cuando pedir permiso para ir al campamento con todos esos chicos… ellos simplemente saltaron de gusto y se ofrecieron a ayudarme en todo lo que pudieran.-

-Un campamento en el lago, suena a fantasía adolescente y a una película de terror de los 80's.-

-No tenía miedo que un loco asesino nos cazara de uno en uno.- sin darse cuenta, Pip soltó una tímida risilla por la broma tan tonta.

-Entonces ¿A qué le tenías miedo?- Damien lo miró con esos intensos ojos azules, Pip se sintió incomodo de repente, muy avergonzado.

-A que me humillaran.-

-¿Humillarte? ¿De qué forma?-

-Dime si no suena sospechoso que un grupo de adolescentes mayores inviten solamente a un chico con ellos, delgado, pálido y sumiso. Suena a que ellos abusaran de ti y… serás la próxima burla.- Pip jugó con su vaso de whisky entre sus dedos.- Sé que piensas que soy un sumiso ahora pero… créeme que antes lo era más, hablaba muy poco con las personas y era sumamente retraído, no me gustaba la compañía.-

- Pero hablaste con Stan y estoy seguro de que no tenías miedo de hablar con las personas extrañas.-

-Stan fue un favor que le hice al único chico con el que compartía más de unas simples frases y… nunca temí hablar con adultos.-

- Te intimidan las personas de tu edad, ¿Verdad?-

-Siempre.- dio un trago profundo a su vaso y desvió la mirada a un punto de la habitación, ni siquiera sabía porque se habría de esta manera ante un extraño. Mas alguien como Damien, se notaba que el moreno jamás tuvo ese tipo de problemas, él era un chico al que siempre se le respetaba.

-Hola ¿Cómo te llamas?- Wendy notaba lo incomodo de la situación para el nuevo invitado.

-Pip.- esto lo dijo tan rápido y tan quedamente que nadie logro descifrar lo que dijo.

-¿Cómo?- pregunto un poco frustrada por la timidez del rubio

-¿Pee? ¿Qué mierda de nombre es Pee?- Erick era una bola de grasa grosera, Pip ante el nuevo apodo denigrante tembló y retrocedió un paso.

-¡Cállate barril de grasa! ¡Siempre tienes que joderlo!- Stan defendió a su nuevo amigo.

-Eso fue muy grosero.- Butters también conocía al rubio más joven y sabía que era alguien delicado.

-Philip.- hablo un poco más fuerte.-Me llamo Philip. Pero... pueden decirme Pip.-

-Yo creo que… aun te dejas llevar por ellos porque los aprecias, han pasado años y ahora sientes que son lo único.-

-Sí, algo parecido.- admitió

-Lo comprendo, lamento si en algún momento ofendí a tus amigos.- sonaba sincero, pero tratándose de Damien era difícil de descifrar.

-No hay cuidado, en muchas ocasiones sé que ellos son muy molestos, crueles y poco empáticos, pero son mis amigos y ellos… me quieren.- sonrió.- así son los amigos, supongo.-

- Supongo que sí, pero también soy un hombre de pocos amigos, es algo que tenemos en común.-

-No creí que tuviéramos tanto en común.- bromeo esta vez el rubio.

-Tienes que preguntar más si quieres averiguar qué tan parecidos pueden ser el lobo y oveja.-

-Entonces yo quisiera saber ¿Qué…?-

-¡Pip! ¡Damien!-

-Esto ya parece hecho a propósito, tus amigos siempre llegan cuando me toca hablar a mi.- se burló Damien pues el rostro del rubio mostraba frustración por las respuestas arruinadas nuevamente por sus amigos.

-Deberás contestarme en algún momento.-

-Entonces la próxima vez debes ser el primero en preguntar.-

-Así será.-

Cuando todos los jóvenes estuvieron en la mesa, inmediatamente pidieron sus tragos, comenzando nuevamente a crear el ambiente, entre risas y bromas de lo que había ocurrido en sus trabajos, recordando viejas anécdotas, entre tragos y tragos el ambiente fue tan cálido, como si fueran tan cercanos todos, como si Damien fuera uno más, escuchando lo que tenía que decir. Riendo incluso con él.

-¡Oh Kyle cállate!-

-Te juro Thorn ¡No sabes de lo que estás hablando!-

-Sé más que tú, eso es suficiente.-

-Por favor.-

-Deja de ser tan judío.-

-El hombre blanco cristiano me va a sermonear.-

Todos se miraban esperando que en cualquier momento alguno de los dos se pusiera de pie para golpear al otro. Específicamente Erick disfrutaba que alguien más enfrentaba a Kyle. Solo Pip notaba las leves sonrisas entre el moreno y el pelirrojo, disfrutaban de esta pelea, era divertida, estos dos se agradaban y odiaban, al igual que Erick y Kyle.

-¿De verdad? Pero eso significaría que…-

-Que la gravedad es una fuerza que se está debilitando con el pasar de los años.- explicó finalmente el astrofísico.

-Increíble, no puedo imaginarlo.-

-Así es como funciona nuestro universo, supongo.-

-Y todas estas investigaciones están…-Comenzó nuevamente Damien.

Erick y Wendy observaban como ambos hablaban y hablaban de cosas que pocos comprendían. El castaño se acercó al oído de ella y con una voz molesta le susurró: "Ñoños" a lo que la morena soltó una risilla y golpeo amistosamente el hombro del castaño. Ellos dos llevaban mucho tiempo en esa relación de coquetería.

-Hable con ella solo una vez, no presumiré que la conozco ni que somos amigos cuando no es así, pero es una mujer muy bella, propia, elegante. Exquisita.-

-¡No puedo creer que hayas conocido a la diseñadora principal!-

-Fue una coincidencia, pedí un traje a la medida, nunca hable directamente con ella, ya saben, en el mundo de la moda, todos se creen dioses.-

-Que increíble debe ser ir a esos desfiles.-

-Siempre me ha gustado la ropa de buena calidad, aunque las nuevas modas extravagantes no son nada para mí, yo tengo un estilo más clásico.- dio un trago de su bebida.- el negro, nunca pasa de moda.-

Pip miraba de reojo de vez en cuando a Kenny, Butters y Bebe, se ponían un poco locos cuando alguien hablaba de moda o de la música de ahora, son unos grandes apasionados. Además se notaba que Damien le había robado el aliento a esos rubios, le causaba un poco de gracia.

-No estoy de acuerdo, la base se supone que debe ser la igualdad de derecho y está claro que en esta propuesta de ley lo único que hacen es hacer ver a todas las mujeres como unas victimas.- Damien era un hombre de palabra dura.

-¡Son las victimas!-

-Claro que sí, pero admite que los criterios son ridículos, dan un favoritismo injusto, quiero decir -prácticamente la única prueba que se necesita para culpar a alguien es su palabra.-

-Es suficiente.-

-En caso de presunta inocencia, pero con las leyes actuales eres culpable hasta que se demuestre lo contrario y en lo que eso sucede mandas a un presunto inocente a la cárcel.-

-Yo estoy de acuerdo.- Soltó Erick

-¡Erick!- chillo ella indignada.

-Lo siento, pero tiene razón.-

-No puedo creerlo.-

Entre las discusiones político culturales que manejaban Erick y Wendy no quería meterse, así que el pequeño Pip se dedicó a conversar tranquilamente con Nichole, aparentemente la única chica del grupo de amigos que gustaba de la literatura clásica, no tanto como él, por su puesto y los libros leídos no eran la basta biblioteca privada de Pip pero era aun así divertido.

Finalmente, la velada se apagaba de a poco, todos habían decidido parar de beber y relajarse para que el alcohol fuera pasando dentro de sus sistemas sanguíneos. La noche se hizo presente y como trabajadores que todos eran, había sido un día bastante largo y necesitaban descansar.

-Vamos, te llevo. - invitó Damien ofreciéndole nuevamente el casco, pero esta vez, simplemente como un amigo y no como un intimidador.

-Nadie nos está escuchando. -

-Sí, solo creí que tu padre me sacará la escopeta si no regreso a su hijo a casa. -

-Vivo solo.- informó, ignorando la mala broma.

-¿Entonces podré manosearte en tu cuarto?-

-Eres increíble, no me has invitado a cenar, no me has dado flores.-

-Bien, supongo que no podre meter mi mano en tus pantalones… todavía. - hizo una pose dramática.

-Supongo que no.- Pip sonrío con picardía.

-Venga, sube que está haciendo frio. -

-Déjame despedirme de mis amigos y enseguida nos vamos.-

Fue una sorpresa que decidiera también regresar con Damien, después de la afrenta de esta misma tarde, no estaban del todo conformes, había opiniones encontradas en cuanto a Damien, porque era un desgraciado y sin embargo era bastante agradable, sonaba totalmente ilógico, cuando lo conocieron a penas la semana pasada había dejado un mal sabor de boca que en pocas horas lograron tragar. Quizá no era malo que Pip hiciera amistad con él, quizá.

La segunda vez en la motocicleta no fue tan mala como la primera, culpen al alcohol si quieren pero por dios que incluso la ciudad parecía cada vez más brillante y llena de vida en las noches, pasando por Brodway y Time Square, dejándose enceguecer por el flash y el glamur. Pip aferrado a su asiento y sonriendo por el paseo no se dio cuenta de un pequeño detalle: Damien nunca preguntó su dirección, lo estaba llevando a dar una vuelta por diversión. Culpen al alcohol si quieren, pero Damien había cambiado de opinión y Pip quizá si sería un buen amigo.

Cuando la noche comenzaba a acabar y la luz comenzaba a aclarar el negro del cielo, Pip se dio cuenta de las horas que había perdido con el moreno, simplemente dando la vuelta, conversando de cosas tan triviales.

-Damien, es hora de irme a casa. - interrumpió la conversación abruptamente.

-Oh, ya es tarde o, mejor dicho, es muy temprano. - se acomodó nuevamente su casco. - ¿Me repites tu dirección? –

-Nunca te la dije. –

-Eso explica porque tardamos tanto en llegar. - Pip soltó una risilla.

-7 East 76th Street Upper East Side. – nombro su dirección.

-Oh, zona de ricos ¿Eh? Lo sabía. - Pip se acomodó nuevamente en la moto. - llegaremos en diez minutos. –

Eran las cinco de la mañana, la luz del sol estaba a punto de inundar las calles de la ciudad. Al llegar a la elegante fachada de la mansión neoyorquina Damien paró la moto y el rubio pudo bajar y quitarse el casco, acomodando nuevamente sus aplastados mechones rubios.

-Gracias, fue una linda noche, espero que mis amigos no fueran tan groseros. –

-Para nada, Kyle es un judío de la vieja escuela y es divertido molestarlo. –

- Espero que nos veamos pronto. –

-Quizá, adiós. -

Damien se colocó el casco y arrancó, siendo una despedida bastante cortante. Pip entró por fin a su casa, mansión. El pequeño perro estaba dormido en la cocina, demasiado cansado de su vida de perro para saludar a su amo. Pip entró a su habitación y cayó desplomado en su cama, durmiéndose al instante.

Pasaron aproximadamente dos semanas desde que salió con Damien a beber, el moreno como parecía ya costumbre no daba señales de vida sino hasta que una mañana de viernes, el moreno se sentó a su lado en el café, pidiendo su clásico café negro.

-Buenos días, Damien.-

-Buenos días, saludó, dando un sorbo a su taza y suspirando, aparentemente aliviado al saborear el amargo contenido. –

- ¿Cansado? – preguntó el rubio, dejando el libro donde escribía sobre la mesa.

-Bastante, pero no te preocupes, es bastante normal. – Damien le quito importancia. – pero por fin puedo escaparme, por más que me guste mi trabajo es bastante desgastante. –

- Lo entiendo. – Pip intentó averiguar algo. - ¿Dónde trabajabas? –

-Nunca lo dije con exactitud, rayo de sol, no me sacas esa información tan fácil. –

-Diablos, esperaba que no te dieras cuenta. -

-Aun eres un novato. –

-Entonces puedo preguntar por fin ¿Qué estabas haciendo en el tren, hace tantos años? –

-Oh, sí. - Por fin era el momento de hablar. - Pues, llegué sin un objetivo realmente ¿Sabes? Solo quería irme de Nueva York, así que compre un boleto a donde sea, no sabía que estábamos yendo a Boston hasta que lo leí en el boleto. –

-Puedo preguntar ¿Por qué? –

-Digamos que tuve una… pelea con mi padre. –

¡Soy tu hijo! Yo también merezco la misma oportunidad. -

¡Tú no eres mi hijo! Eres solo un error Damien, un triste error que por piedad y orgullo mío tuve que cargar hasta ahora. –

Tu engañaste a tu esposa, eso no es culpa mía. –

No lo es Damien, pero entiende que tampoco puedo simplemente reconocerte ahora, eres un bastardo. Adam y Alexandra son mi familia, tu nunca perteneciste a ella. –

No busco ser llamado tu hijo, tampoco quiero a tu familia, solo quiero que me des una oportunidad aquí, yo también estoy estudiando y quería que…-

No, es no. Adam se encargará. –

Adam es un lisiado. –

Ante la osadía de remarcar lo obvio recibió un duro golpe justo en su cara, rompiéndole un labio que rápidamente comenzó a sangrar. Belial no era un hombre paciente, no odiaba por completo a su hijo, lo había mantenido después de todo y al verlo a los ojos no podía evitar verse a sí mismo años en el pasado, a veces cuando deseaba por fin darle la espalda al caprichoso y ambicioso joven solo lo veía e inevitablemente no lo hacía.

¿Estaba arrepentido de engañar a su esposa? En realidad, no, Alexandra era maravillosa pero desgraciadamente los años se llevaron su juventud y hermosura, una mujer joven apareció y como hombre hizo lo que se le dio la gana y a decir verdad lo seguía haciendo, solo que ahora tuvo la ingeniosa idea de hacerse la vasectomía para que casos como el de Katherine no se repitieran.

Damien era el triste resultado de un descuido, desgraciadamente el joven consiente de su desdichado origen quería impresionar a su padre, pidiéndole que lo aceptara como empleado, queriendo ganarse su respeto y con la esperanza ciega de algún día hacerse de la compañía en lugar de su medio hermano mayor, condenado a una silla de ruedas.

-Nunca serás reconocido como mi hijo, nunca serás el responsable de esta compañía y ten por seguro que nunca serás nada más que mi bastardo. –

-Yo puedo. –

-No, nunca serás digno de nada mío. - rugió Belial. – No te odio, no te culpo por haber nacido, simplemente hago lo que debo y aceptarte aquí sería una cosa totalmente perjudicial para mi honor como hombre. –

- ¿Cuál honor? – al decir esto recibió otro fuerte golpe que lo derrumbó.

- Pequeño insolente. –

- Si yo quisiera puedo ir con tu preciosa esposa a decirle las linduras de su maridito. –

-Oh por favor, niño, piensa. - dijo. - ¿Crees que ella no lo sabe? Claro, solo sabe que me he acostado con algunas empresarias por trabajo. -

- Y un hijo con otra ¿lo sabe? –

-¿Sabes porque estoy casado con ella? Porque sabe lo que le conviene y un divorcio es más un escándalo que un beneficio. -

-Me pregunto quién de los dos es el verdadero bastardo. –

-Di lo que quieras de mí, hijo. – remarcó a propósito la palabra. - aun después de todo lo que hago, sigo siendo un hombre de éxito y créeme que tú no eres parte de mi mundo, solo vives al margen porque yo lo permito. –

- Yo no soy un maldito paria. –

Damien estaba con los puños apretados y con la quijada tensa, toda su vida supo su origen y creció viviendo a la sombra de Belial, viviendo de las migajas, viviendo de lo que le sobraba, esto alimentaba un odio todos los días en el joven. Creciendo con solo una idea en la cabeza, ver a Belial y su precioso imperio caer. A pesar de eso, no podía negar que Belial era un jugador experto y sabia como ganar sin correr peligro, era astuto, calculador, elegante y muy cautivador, no quería solo derrocarlo, quería superarlo, quería ser como él.

No soportaba el rechazo, no cuando había trabajado duro para seguir los pasos correctos, había estudiado, se había preparado y aprendido todo lo que creía saber, incluso creyó haberse deshecho de los estorbos en su camino, pero ni eso fue suficiente. No lo soportaba.

-Te vas a arrepentir de esto. –

-Sin mí no eres nada, muchacho, yo te he dado todo y puedo quitártelo. -

-Entonces quédatelo ¡Maldita sea! ¡No te necesito! Yo he crecido solo y ahora no descansaré hasta verte acabado, a ti y a tu podrida familia. –

-En ese caso, puedes retirarte de una vez, joven Thorn. –

Salió hecho una fiera de la oficina y camino lo más rápido posible lejos del jodido edificio, sus ojos estaban inconscientemente llenándose de lágrimas y cuando contó la décima calle recorrida, detuvo su andar y se recargó en la pared más cercana, temblando del coraje y reprimiendo el llanto.

A veces simplemente se desmoronaba. Se sentía un verdadero miserable, solo quería ser alguien, quería que reconocieran que Damien Thorn no había sido un error, que merecía todo aquello que se le fue negado, a veces… parecía una pelea perdida... A veces… quería desaparecer.

Quizá esta era la oportunidad de desaparecer.

- ¿Solo decidiste irte? – Pip parecía un poco alterado por la expresión del moreno, una mueca que no sabía descifrar, parecía algo agobiado. - ¿Pudiste arreglar las cosas con él? –

-No, él y yo seguimos… peleando. –

-Siento mucho escuchar eso, ojalá todo se resuelva pronto. –

-Sí, también espero que se resuelva de una vez. –

-Parece que no fue un recuerdo muy grato, perdona haber preguntado. –

-Para nada, tu querías saberlo y… creo que no afecta que lo sepas, aunque mis razones para estar en ese tren fueron los impulsos de un joven enojado con la vida. –

- Y… ¿Por qué te fuiste del hospital? –

-Pues porque… ese accidente me hizo darme cuenta de algo. –

- ¿De qué cosa? –

- ¿Murió? –

-Así es, desgraciadamente no pudimos salvar al muchacho, pero usted está vivo, joven, usted sobrevivió. –

-Sobreviví. - se dijo a sí mismo, tocando su pecho vendado, acababa de despertar y dolía horrores moverse y respirar.

-Esta delicado, en un momento la enfermera vendrá a atenderlo y lo mantendremos en terapia intensiva unos días más, luego lo trasladaremos a una habitación. –

-Gracias, Doctor. –

-No fue nada, jovencito. –

Damien se quedó pensando mientras la enfermera atendía los sueros a los que lo tenían conectado. Él, un joven caprichoso y mal nacido había sobrevivido a un accidente fatal, había sobrevivido a la cirugía donde su compañero más joven y con una vida más feliz había muerto. Había sobrevivido.

Damien Thorn habia sobrevivido para ver la luz de otro día, Dios le había dado la oportunidad y esta vez no lo iba a desperdiciar en sentir lastima por sí mismo. Si, él era un hombre con defectos y que había cometido errores, era un joven rechazado por ambos padres, sin familia, sin trabajo, sin futuro cierto. Solo sabía que podía seguir respirando y que el sol saldría mañana, esas eran sus dos grandes verdades ahora.

Si la vida era tan fácil de arrebatar entonces no perdería un segundo más preocupándose por otros, el nombre de Damien no sería tan fácilmente borrado, el dejaría marca, no se rendiría y haría que Belial y Katherine se arrepintieran de sus pecados, que vieran que su hijo se transformó en un rey y gobernaría sobre toda esta ciudad. No importa lo que tenga que hacer ni sobre quien pasar para obtener lo que quería.

-Que nada ni nadie va hacerme caer. –

-Que maravilloso suena eso. – Felicitó Pip en su ignorancia. Sin saber que ese accidente no fue el renacimiento de un hombre, sino el momento en donde el monstruo que dormía en Damien fue liberado.

- ¿Satisfecho? – preguntó el moreno, encendiendo un cigarrillo.

-En realidad tenía más preguntas que hacerte. –

-Siempre y cuando pueda responderlas. –

El mundo conspiraba en contra de la sana curiosidad del pequeño rubio pues una vez más fue interrumpido por el sonido de su teléfono, Pip casi queriendo reventar el maldito aparato contra la mesa, lo saco de su bolsillo con odio, pero al ver el nombre que ponía en la pantalla su expresión se iluminó. Damien admiró la enorme sonrisa infantil de su acompañante.

- ¿Hola? Si, que felicidad escucharte. ¿Qué? ¿Justo ahora estas allí? ¿Por qué no me lo dijiste antes? Oh Dios ¿Están todos? ¿Si? ¿De verdad? Ahora mismo voy para allá, de inmediato, si, adiós, nos vemos pronto. – Pip colgó la llamada y no disimulo la enorme sonrisa en sus labios.

- ¿Buenas noticias? – preguntó el moreno.

- ¡Mi familia está aquí! Vinieron a visitarme, que feliz estoy, lo siento Damien, nos veremos otro día, pero muchas gracias por compartir esos recuerdos conmigo, gracias. –

-De nada, gracias a ti por escuchar. –

Con esto Pip tomó su maletín y dejando un billete en la mesa, salió prácticamente corriendo a buscar un taxi. Damien se quedó sentado fumando y recordando por al menos veinte minutos más hasta que volteo la vista a la mesa, vio el cuaderno donde Pip estaba escribiendo anteriormente. Sin ningún conflicto en violar la privacidad de su nuevo amigo, tomó el libro y lo abrió en una página al azar.

Al comenzar a leer se dio cuenta que este era claramente el borrador de un libro, escrito con la pulcra caligrafía del rubio inglés. Decidido a completar la lectura desde un inicio, se llevó consigo el preciado objeto.

Le tomó el resto de la tarde completar la novela, cada palabra fue leída y pensada, la historia era en esencia muy simple, no era de un mundo fantástico, pero tampoco era una tragedia con un protagonista miserable. Estaba claramente influenciada por autores con un estilo narrativo muy peculiar, la claridad de las situaciones, pero la profundidad del mensaje que quería transmitir, cautivaban al moreno, comprendiendo todo y a la vez nada. Siendo el protagonista aquello que atrapó totalmente su mente y la transportó directamente a las situaciones que este vivía. Sin embargo, el texto no estaba completo, había sido interrumpido en el momento exacto en donde los protagonistas tienen un conflicto, donde se sentía perdido.

"Decidió caminar solo, aunque todos se preguntaran porque, se negaba a mirar al frente y miró hacia arriba, hacia el cielo. No tenía compañía y no necesitaba nada saludable, solo quería libertad de lo que sentía eran cuerdas de marioneta."

Cada palabra parecía intensa, conforme la leía, la desesperación, la frustración y el cansancio que sentía, eran tangibles. El muchacho protagonista agotado, sintiendo como el tiempo a su alrededor pasaba y el seguía estático.

"Algunos dicen que, hacia mucho, otros que por mucho tiempo y un día de otoño despertamos para descubrir que él se fue. Los arboles dicen que fueron testigos, el cielo se niega a hablar, pero alguien que si lo vio dijo que todo salió bien."

Damien se tomó un tiempo antes de voltear la página para descubrir un último párrafo, debió ser el que estaba escribiendo antes de que él llegara esta tarde.

"Él extendió sus brazos, respiró al amanecer, renuncio a todo lo que tenía y luego se fue."

Era lo último, Damien cerro cuidadosamente el libro y lo colocó en su regazo, viendo por la ventana de su apartamento como el sol se ocultaba y el cielo se oscurecía. Entonces lo sintió, estiró su mano y toco aquella única gota solitaria que había resbalado desde sus ojos.

Katherine. En la película es el nombre de la "madre" pero obviamente al estar casada con el señor Thorn, su nombre es Katherine Thorn. Aquí ella no está casada con él, así que le puse otro apellido. (Nunca se menciona el apellido de soltera de ella)

Abel Magwitch. En "Grandes Esperanzas" es el nombre del prisionero al que Pip ayudó. En la serie nunca es mencionado el nombre del anciano, pero ya que es una parodia directa del libro, supongo que el nombre es el mismo.

"On Our Way" by The Royal Concept. Es la canción que presentaron, solo por si alguien la quiere oír. (Obviamente esta traducida al español en el fic para que la letra sea más entendible)

Puff, la universidad no es un lugar divertido. En parte es mi culpa por escoger una carrera tan estadísticamente estresante y pesada. Gracias al todo lo bueno sobreviví otro semestre.

Pero bueno, mushashos, como ven es otro capítulo muy largo, pero espero que lo hayan disfrutado tanto como yo al escribirlo, este AU ya tomó suficiente forma y conocemos el background de nuestra pareja favorita y por la cual todos estamos aquí. El Dip es amor.

Bueno amigos, eso es todo por lo menos por hoy. Recuerden que si les gusto o quieren compartir su ingeniosa observación en el espacio de aquí abajo. Háganlo, es gratis. Yo soy CerealPascual y aquí me despido.

Adiós :D

PD. La dirección de la casa de Pip si existe y la casa está en venta actualmente, por si les interesa y les sobran un par de millones de dólares.