El Escuchado por Dios
Esa tarde Pip no se molestó por nada en el mundo, simplemente sonreía hasta que las mejillas le dolieran. Abel estaba en casa y sin poder evitarlo se había abrazado a él y su esposa Mary, bien o mal ellos eran sus padres. Los amaba tanto como a Philip y Georgina Pirrup. Sin embargo el único que pudo corresponder con la jovialidad suficiente como para tomarlo y alzarlo era el hijo biológico del matrimonio Magwitch, Oliver.
La familia pasó toda la tarde platicando con una abundante cena. Había muchas cosas que comentar y relatar. Bien dice que aunque la mona se viste de seda, mona se queda y esta familia pudo haber adquirido dinero e importancia, pero su espíritu sigue siendo hogareño.
-Es increíble que no hayas acabado aun tu libro.- dijo Oliver, impaciente por leer la obra.
Era verdad que Pip guardaba celosamente su manuscrito lejos de cualquier par de ojos curiosos. Nadie había leído o si quiera atrevido a suponer de que trataba. Los Magwitch estaban totalmente intrigados por esto, consientes del talento de Pip para la escritura deseaban conocer la maravilla que pudiera crear. Más si consideras que la historia que Pip estaba trabajando comenzó a escribirse desde que tenía quince. Y con el paso de los años fue escribiéndose una y otra vez, puliéndose.
-Más vale que cuando ganes el Nobel de Literatura me agradezcas a mí por haberte esperado tanto.-
-No te invitaré a mi fiesta de agradecimiento si sigues molestando.-
-Querido, no molestes a tu hermano, sabes que se está esforzando.- Mary era tan paciente.
-Muchacho.- llamó Abel al rubio.- No quiero parecer un disco rayado al insistir pero. ¿Estás seguro que no quieres vivir con nosotros en Washington? Estarías mas cómodo, allí están todas tus cosas y…-
-Papá, está bien, no me siento solo y me gusta, tengo a mis amigos y "Mr. Muffin" estamos bien.-
-Insisto en que ese nombre es muy extraño para tu perro.- atacó otra vez Oliver
-Su trasero luce como un muffin, le queda perfecto. – defendió el único rubio a su nueva mascota.
-Qué bueno que te haya gustado tu mascota Pip. Tu madre pensó que sería lo mejor, yo voté por otro libro para tu colección pero ella insistió.-
-Debe aprender a salir más seguido y a tener más responsabilidades Abel.-
-Él tiene amigos, sale a la universidad.- defendió el hombre
-Siempre que puede se la pasa encerrado con sus libros, no es muy saludable. Es demasiado joven y bello como para pasar su tiempo pegado a su escritorio.-
-No hablen de mí como si no estuviera aquí.-
-Lo siento cielo, pero me gustaría que aceptaras la propuesta de trabajar en la oficina de tu padre por un tiempo.-
-No me imagino en la oficina, sería igual que estar en mi escritorio ¿No lo crees?-
-Desarrollarías mejor tus habilidades sociales.-
-Lo… pensaré.-
-Dejen de presionarlo, él está bien.- Oliver le giño el ojo.
Pip sabía que tenía problemas para relacionarse con demás personas, toda su familia le preocupaba un poco sobre todo tomando en cuenta el cuadro de depresión después de la muerte de Stan. Durante los años de secundaria había crecido mucho y había salido de su zona de confort, ahora se había estancado en el punto donde no estaba ni dentro ni fuera de su expresividad. Se balanceaba débilmente entre lo seguro, lo que conocía y lo nuevo.
No es un crimen mortal ser un introvertido y ahora que lo notaban, Pip ha estado más participativo desde la última vez. Antes, permanecería callado y escuchando atentamente las indicaciones de Mary, dudando de vez en cuando en sus oraciones y evitando a toda costa el contacto visual a los ojos por un tiempo prolongado.
-Esa mirada.- Oliver le dijo en la última noche juntos antes de que la familia volviera a Washington
-¿Mirada?-
-Bueno, pequeño hermano, tal vez mamá y papá están algo mayores para notarlo pero… tú has cambiado.-
-¿Cambiado?-
-Pareces un poco más… decidido.-
-Para nada.- negó el rubio.- soy el mismo.-
-Mmm- indagó el mayor sin mirarle.- Tal vez.- se encogió de hombros.- Y… ¿Qué tal la búsqueda? La última vez que nos vimos dijiste que habías conseguido la dirección.-
Pip se descolocó, Oliver estaba enterado de esa investigación tan ardua que realizó desde hace ya años. No la comprendía, porque para él, el asunto con Stan debía ser dejado atrás, había muerto de una manera horrible, no había porque torturarse yendo a buscar a la persona que sobrevivió a la cirugía, era despiadado. No lo entendía, estaba totalmente en contra pero para Pip era importante y solo por eso no lo detuvo o les dijo a sus padres sobre esto.
-Lo encontré y me ha dicho casi todo lo que necesitaba saber.-
-¿Lo encontraste? ¿Aceptó hablar contigo?- se notaba claramente sorprendido.
-Sí, lo sé, no puedo compartirlo contigo, es desgarrador. Pero ahora, entiendo mejor lo que pasó y… ahora sé que me amó hasta el último momento, eso me hace tan feliz. – lagrimas se acumularon y se le quebró la voz, maldita sea su sensibilidad.
-Entiendo.-
-Pero… es un buen hombre, es algo difícil pero me agrada mucho, espero que pueda aceptarme como amigo.-
Oliver miró a su hermano con una mueca de preocupación. No, no lo aceptaba, era una mala idea pero no iba a ser la niñera de Pip, él ya tenía sus buenos años para saber lo que está haciendo y aún más para aceptar cualquier consecuencia que pueda traerle. Solo quedaba sentarse a esperar y ojala que estuviera equivocado con lo que pensaba.
…
Las despedidas con esta familia eran tan dramáticas, sobre todo con Mary al borde del llanto por su pobre niño rubio de grandes e inocentes ojitos azules. Abel solo negaba con la cabeza, Pip irradiaba bondad e inocencia por su aspecto delicado y aniñado pero su padre no se dejaba convencer, Pip dejó de ser un niño hace ya muchos años y ahora lo trataba con madurez y respeto, tal como lo hizo cuando Oliver cumplió veinte.
-Mamá, ya es tarde, nos veremos en unos meses, prometo que iré a verlos, por favor.-
Pip luchaba contra la mujer para que lo soltara, siendo una mujer de baja estatura arrastraba en el abrazo a su alto, en comparación, hijo menor, haciendo que su espalda se doblara muy incómodamente y comenzaba a doler.
-Mujer, perderemos el vuelo, andando.-
-Oh, te extrañare mi niño.-
-Y yo a ustedes, hasta pronto.- Abel le dio un formal apretón de manos y Oliver le puso una mano en el hombro, mientras le guiñaba el ojo derecho.
-Adiós hermanito, cuídate.- sin poder evitarlo le revolvió sus cabellos rubios.
-Adiós, hermano mayor.-
Pip los vio desaparecer tras la puerta de abordaje y sonrió con tristeza. Recordaba a Philip y a Georgina, ellos eran muy diferentes, no eran malos padres pero la pobreza era dura, no todos los días eran brillantes ni felices, Georgina era cariñosa pero… no lo demostraba abiertamente, solo con acciones sutiles, Philip, su padre, no lo recordaba bien, trabajaba tiempo completo y solo volvía a casa en la noche. Lamentaba no guardar ningún recuerdo grato de su hermana biológica, solo recordaba que era una mandona y grosera señorita que pasaba casi todo el día con su novio Joe y… cuando se encontraban casi siempre terminaba golpeado y sangrando.
Era triste decir que estaba olvidando su antigua familia antes del incendio, no se comparaba, el calor se había ido y el dinero era poco, en la pequeña casa donde vivía. Es muy cruel decir que su vida fue mucho mejor después de que… su verdadera familia muriera.
…
Cabizbajo regresó a su casa en la ciudad y se dirigió a su habitación, seguido fielmente por su perro, sentado y frente a su máquina respiró hondo y desde su Smart Phone puso algo de música en su bocina, buscó dentro de su maletín su preciado libro borrador. Sin embargo…
-¡No esta!-
Sufrió un paro al corazón y comenzó con el ataque de pánico, buscando dentro de su habitación, por todos los rincones, incluso aquellos en los que era imposible que su preciado cuaderno estuviera, como debajo de las sabanas o dentro de los cajones de su ropa. Confirmar lo evidente es horrible, no estaba. Hizo memoria, la última vez que escribió algo fue…
-¡Damien!-
Tomó su celular y marcó desesperadamente, con tanto miedo pues está la posibilidad de que el moreno no lo tuviera y en realidad alguien más del restaurante lo hubiera tomado y peor aún lo hubiera leído. Esperó pero no, la maldita voz robótica le contestaba que su llamada había sido ignorada. Trato y trato de nuevo pero nada, no contestaba.
Pip estaba desesperado y asustado, ante la negativa bajó las escaleras y comenzó a revisar cada rincón de la gran casa, dando vueltas en círculos y de regreso a su habitación, maldiciendo a los cielos su mala suerte y a si mismo su torpeza al olvidar algo tan preciado.
-¡¿Dónde podrá estar?!-
…
Damien se sobó por tercera vez esa tarde su cabeza. Su espalda dolía y se sentía tan tensa, ser el jefe suena mejor en las películas, donde solo recibía el dinero y los demás trabajaban para él ¡Oh! Dulce Hollywood, tú haces que todo luzca fácil. Si fuera una película estaría inhalando cocaína de los senos de la prostituta más caliente de la ciudad con un billete de mil dólares.
Ahora solo tenía un cansancio horrible, su cabeza no soporta ni una junta ni un estúpido documento más. Su cuerpo demandaba comida pues su triste desayuno fue hace más de doce horas. Miró su ventanal, ya era entrada la noche, por hoy era suficiente, volvería mañana y seguiría con los pendientes. Cuando entró a su auto y saludó a su chofer con un simple movimiento de cabeza.
Solo sobrevivía a esta demandante carga de trabajo enfocado en sus objetivos, si no lo hacía nunca lograría superar a Belial y eso era algo que no podía permitirse. La fiesta de ese bastardo seria pronto y debía llegar presumiendo de lo bien que H.E.L.L. estaba, creciendo y solo creciendo, necesitaba más inversión, más publicidad. Si lograba captar la atención de alguien importante entonces podría cerrarle la boca al jodido lisiado de Adam. Podría ser un maldito, pero no bromeaba con su trabajo, legal o no, el hacia todo y daba todo por su empresa, para hacerla la mejor y más eficiente, eso nadie se lo podía negar.
Miró su teléfono personal por primera vez en el día y encontró al menos diez llamadas perdidas. Todas de ese pequeño rayo de sol. Tuvo que primero llegar a su lujoso loft, quitarse esa corbata que lo ahorcaba y comer algo, justo cuando llevaba la mitad de su plato de pasta ya tenía un mejor humor y marcó de regreso.
-Damien.- su voz era una mezcla entre alivio y llanto.
-¿Pip? ¿Está todo bien?- el llanto era mala señal
-No.- sollozo.- Por favor, dime que tú, recogiste el libro que tenía, la última vez que nos vimos, por favor. Es de piel, negro y…- se escuchaba desesperado.
-Sí, yo lo tengo.- trato de calmarlo.
El silencio del otro lado de la línea indicaba a dos posibles casos o Pip estaba más aliviado y trataba de calmarse o se había desmayado.
-¡Oh Dios! ¡Gracias al cielo!- ahora si sonaba como Pip.- qué alivio, gracias por tomarlo.- un suspiro profundo.- ¿Podríamos vernos mañana? Lo necesito.-
-No.-
-¿Qué? Damien lo necesito, por favor. Es muy preciado para mí.-
-Sí, lo entiendo, pero sucede que estoy hasta el cuello de trabajo y no puedo atenderte.- más silencio.
-¿Cuándo podrás liberarte?-
-Al menos dos semanas.-
-Es demasiado tiempo.-
-Lo lamento, pero no puedo salir para verte, a menos que quieras venir por él.-
Damien dio un trago a su copa y comió un poco más, esperando que esta llamada terminara para poder ir a su cama y dormir un poco.
-Iré.- sentencio con voz firme.
-Son las cuatro de la puta mañana.- negó el moreno.- no voy a esperarte, tengo que estar en cinco horas en la oficina, al menos quería dormir un poco.-
-Pero.-
-No, hoy no.- Si Pip tenía destellos de valentía no eran nada contra Damien.
-Por favor.- rogó con esa voz quebrada.
-Mañana a las doce de la noche, 252 East 57th, apartamento 3, treintaidosavo piso.-
-Si.- si tuviera que apostar diría que estaba sonriendo.- Muchas gracias Damien, no te molesto más, buenas noches.-
Damien colgó inmediatamente sin decir nada, se puso de pie y caminó a la sala, tomando el cuaderno del rubio, abriéndolo en la última página escrita y volviendo a leer cada palabra con sumo cuidado. Dejo los trastes en la lava vajillas y se llevó el libro a su habitación para leerlo una vez más antes de dormir.
…
A la noche siguiente no se encontraba con más energías, su estúpido asistente revolvió las estúpidas carpetas, eso solo logró empeorar su mal humor, para la media noche, a regañadientes dejó su trabajo a medio hacer y fue a casa, donde puntual a la cita, escuchó la llamada de recepción.
-Buenas noches, Damien.-
-Hola, rayo de sol, ha pasado tiempo.-
-Lo lamento, mi familia vino de visita y…-
-Imagino que por eso no notaste la ausencia de tu preciado libro durante semanas.-
-No, lo…- se quedó callado y su pobre corazón sufrió otro mini infarto, sus mejillas enrojecieron completamente.- Tú… no lo leíste ¿Verdad?-
-Sí, lo leí.-
Pip se llevó las manos a la cara para ocultar su vergüenza, nadie, nunca ha leído su preciado borrador, aun no estaba listo, faltaban muchas cosas y debía prepararlo para la rehacerlo y… Damien.
-¡Damien! Eso era privado.-
-Oh, no lo tomes así, lo olvidaste en la mesa, fue culpa tuya, además no puedes culparme por mi sana curiosidad.- Thorn se introdujo en el loft y lo guío a su preciada biblioteca, llenaba dos estantes enteros de libros, invitó a que Pip se sentara en el sillón. Sin embargo Pip estaba más curioso por ver los lomos de los libros.
-En comparación a la que imagino debes de tener, es bastante más pequeña.- Damien se acercó al otro.
-Damien, me sorprendes, la calidad de los libros leídos vale mucho más que la cantidad y lo que es más importante es aprender algo de cada uno de ellos.- Pip tomó uno de esos libros con curiosidad.- pero sí, mi biblioteca es más grande.- mumuró.
-Oh, he aprendido bastante de estos libros.- dijo.- son mi colección más preciada.-
-Te creo… eres un hombre bastante sabio a veces.-
-¿Solo a veces?-
-Eres algo déspota y malcriado.- dijo con miedo.- y algo soberbio también.-
-Oh gracias, eso suena bien.- era cierto, pero la verdad no peca, solo ofende.
-Pero eres ambicioso, decidido, trabajador y perseverante.- Pip se alejó para revisar el otro estante.- Eso me agrada, eres un hombre fuerte.-
-Es un cumplido entonces ¿No?-
-Sí, lo es, te admiro por eso.- tomó un libro de la repisa más alta.- Aunque… - "Eres muy solitario" no pudo decirlo, eso ofendería a Damien, aunque fuera cierto.
-¿Aunque?-
-¿Dónde está mi libro?- cambio de tema, Damien lo notó inmediatamente pero no quiso insistir, presentía que lo que iba a decir no era grato de oír.
-Sí, espera aquí, iré por él.-
¿No está en la biblioteca? Pip lo vio desaparecer por un pasillo, supuso que se dirigía a la habitación principal. No quería saber porque Damien guardó el libro en su habitación. Sin embargo cuando tuvo el libro de nuevo en sus manos no escondió un segundo su gran sonrisa. Abrazándolo como primer instinto. Damien le sonrió de vuelta sin percatarse.
-Gracias, de verdad.- pudo jurar que vio una inclinación de respeto en ese gesto, Damien sintió que su ego crecía al verse alagado.
-No tienes que agradecerme.-
Pip abrió su precioso libro, todo estaba allí, sus notas, sus tachones. Damien le dio la espalda para ir a la cocina y sacar dos vasos, llenándolos de un jugo color ámbar.
-Es bueno.- dijo mientras le alargaba el vaso.
-¿Eh?-
-Dije que es bueno.- repitió sentándose en el sillón más cómodo. – la premisa es interesante y… el desarrollo también.-
-¿De-De verdad?-
Como nadie había leído nunca su libro, no había recibido ningún comentario ni bueno ni malo, así que después de todo a un lector estricto y crítico como Damien, que le haya gustado fue simplemente tan halagador.
-Ah, tiene sus fallos, no es perfecto, pero… es bueno, el protagonista él…- se detuvo a pensar lo que quería expresar.- ¿Lo… inventaste?-
Pip sonrió, negó con lentitud, sus mejillas se sonrojaron. Miro las desgastadas páginas del libro.
-No, él está basado en Stan.- su voz era queda y tranquila, sus mejillas se sonrojaron al solo recordar.
-¿Stan?-
Damien frunció el ceño en señal de molestia, confundible quizá con extrañeza. Un personaje como el descrito en el libro, no le sonaba ni parecido a la imagen que él tenía de Stan. Un hombre como el del libro, con esos demonios, que luchaba bajo sus ideales y sus objetivos, un hombre que lloraba por aquello que perdió y se le fue negado, un hombre con una personalidad seria y fría. Ese hombre no es Stan.
-Sí. Aunque no lo parezca.-
-Pero él era-
-Un chico simple, con necesidades simples. Alguien alegre y sonriente.-
-No suena como… tu protagonista.-
-No, no al principio.- suspiró.- Stan era tan feliz a veces, me gustaba por eso, siempre se le veía positivo, por afuera.-
-¿De qué hablas?-
-Sus padres se divorciaron.-
-Muchas parejas se separan.- "algunas incluso antes de estar juntas" se rio con amargura.
-No era solo eso, aparentemente su familia siempre tuvo problemas, su padre era el principal causante, peleaban y… bueno, Stan se enteró de que la única razón por la cual estaban juntos en primer lugar fue porque su madre quedo embarazada.-
-Adivino que… eran un par de adultos frustrados.-
-Sí, no pudieron cumplir sus sueños por tener ahora que cuidar de sus hijos, digamos que… al principio fingieron que no importaba pero… cuando llegas a esa edad y te miras a ti mismo, con una lista aun de cosas que hubieras deseado hacer.-
-Es decepcionante saber eso.- el moreno miró su vaso, lo entendía, de alguna manera.- pero sus padres estuvieron allí, al menos.-
-No eran perfectos pero en definitiva fueron padres buenos.- explicó Pip.- pero Stan se volvió… alguien tan diferente, era tan frio, tan cínico y sarcástico. Simplemente apartó a todos como, estaba tan furioso, tan cansado y lo vi volverse… alcohólico.-
Damien asintió, Pip recordaba todo con una mueca, era la peor etapa en la que pudo ver a su amado Stan, quedándose solo, en la mugre del callejón detrás de la secundaria, con la botella en la mano, perdido de tan borracho que estaba. Quería vomitar de tan solo recordarlo.
-Vaya, pero… el protagonista no suena como un alcohólico, ni nada similar.-
-No. Supongo que no.- se lamentó.- Es solo mi imaginación, queriendo que mi novio hubiera tomado las cosas de otra manera, si tan solo hubiera tomado ese dolor y odio y… aprender.- se encogió de hombros.- Es todo lo que Stan pudo ser con un poco más de… valor.- dijo con calma.- y aun así no ser un héroe.-
Damien se sorprendido de esas palabras, Pip, hizo a este… ser, a este hombre, dentro de su novela, un hombre que si existiera en la vida real, definitivamente querría conocer y hablar con él, que le intentara explicar por qué hizo todo lo que hizo, quizá se den pistas y descripciones por todo el libro y Damien pudo inferir porque ese hombre era ahora un sobreviviente pero… ¡Carajo! ¡Stan! No, se negaba a creerlo, no, el hombre del libro no era un patético borracho, no, era alguien mejor, ahora todo tenía sentido. Dios, Pip era brillante en esto.
-Entonces… quisiera que me explicaras el resto de la historia. Sé que no puede ser ahora pero quisiera saberlo.-
-Me alegra mucho saber que te gustó, llevo años escribiendo esta historia, ha sufrido muchos cambios, pero en esencia es... ¡Si! Me gustaría hablar en otro momento.- qué pena. "Te está pidiendo una cita, idiota"
-Por favor.- era una risa sincera, esperaba.
-Gracias por cuidarlo Damien, no sé qué hubiera hecho si…-
-No me agradezcas por eso.- Damien se puso de pie.- Déjame ser yo el que te felicite y espero sinceramente ver el desenlace.-
Pip se quedó helado, sus rodillas temblaron de la pura emoción, de verdad que eso no se lo esperaba y ahora no cabía dentro de su propia felicidad. ¡ERA BUENO! En definitiva haría su mejor esfuerzo para terminarlo. Una brillante sonrisa se plasmó en su semblante, de mejillas rosadas y ojitos llorosos eran reflejo poco exacto de lo extasiado que estaba.
-De corazón, muchas gracias por… el interés.-
-No hay de qué, nos veremos pronto.-
Damien abrió la puerta y Pip se despidió moviendo una mano, desapareciendo en el pasillo hasta el ascensor, abrazando su preciado cuaderno negro. Damien sin perder más el tiempo se fue a su propia habitación y se recostó en la cama, realmente cansado de trabajar, aunque admitía que no tan de mal humor.
Por otra parte Pip revisaba de nuevo su libro para poder volver a escribir con la misma intensidad, había dejado todo en un momento bastante importante. Al llegar a la última página se quedó observando algo extraño. Parte del texto había sido… manchado, había escrito esa página con su pluma fuente y ahora la tinta estaba corrida. Como si una gota de agua hubiera caído sobre el papel y se había llevado las palabras con ella. Qué raro.
…
Los días en la oficina por fin estaban calmándose, no más estrés y migrañas que lo ponían de un pésimo humor. Viernes, eran las siete de la noche y podía presumir que estaba de regreso en su departamento, miró un momento la televisión, escuchó un poco la radio y leyó un capítulo de su libro, era extraño pero, de pronto se vio a si mismo aburrido dentro de su precioso apartamento.
Tomó sus llaves y su abrigo, pues el invierno estaba ya entrando. Curiosamente en NY a la gente le importaba poco el frio y aun siendo las diez y media la calle estaba abarrotada. El capitalismo se te metía por cada cavidad que poseyeras llenándote de luces y aunque faltara un mes para Navidad todo había sido adornado hace un mes atrás.
No paso mucho tiempo hasta que llego a la zona de bares, pubs y clubs, podía escuchar claramente la música fuerte donde se tocaban los éxitos del verano pasado. Canciones tal vez sin mucho contenido pero el ritmo era tan energizante, solo querías bailar y beber hasta que la noche se acabase. Conocía la zona, era raro que quisiera pero de vez en cuando solía salir como cualquier joven adulto de su edad y elegía siempre el mismo club, obviamente era amigo del dueño y conocía a la crema y nata de NY que iban allí siempre a festejar que sus riñones seguían funcionando.
Era relativamente temprano cuando llegó, al último piso de ese edificio, lleno de personas esperando pasar, se sentía bien avanzar entre ellos y que el gorila cadenero solo al verlo bajara la vista y cediera el paso. La música, las luces, el alcohol quizá drogas ¿Por qué no? Era perfecto.
A sabiendas de no conocer a la mayoría simplemente iba por un trago a la barra, un shot de tequila y a la pista. Viendo entre la variedad cual sería ¿Negro, moreno, bronceado, blanco? ¿Cabello largo, corto, pintado, rizado, lacio? ¿Hombre o mujer? Una mirada y lo encontró.
El menú de esta noche seria hombre, rubio, lacio, blanco. Un poco más alto y musculoso de lo que le hubiera gustado, su piel se ponía rojiza en su nariz y orejas, ojos… avellana, que lastima, azules hubiera compensado ese cabello algo corto para su gusto.
Al acercarse y comenzar a bailar junto a él, por atrás, tomarle la cadera y rozarlo, el chico de ¿25, quizá? hizo su cabeza hacia atrás y escucho esa risilla, había caído. Rápido, si hubiera al menos tratado de huir hubiera sido más interesante pero… ya que.
No era de llevar a su apartamento, así que fueron al de él, hablaron de cosas sin importancia, para fingir que de verdad importaba con quién demonios iban a tener sexo, le había dicho su nombre hace diez segundos y no lo recordaba… algo con S, ¿Samuel, Stiven, S…? en fin, no era lo importante, lo que de verdad quería era someter a ese trasero sobre la cama.
-¿Vamos?-
-Cuando quieras, guapo.- que perra, esa mirada, se moría porque se lo cogieran. No es que se quejara.
La noche fue… placentera, fue lo que debía ser y vaya que le hacía falta, aunque hace ya tiempo que el sexo dejó de ser relevante, digamos que no le causaba tanto placer como por ejemplo ver que su negocio crecía en la bolsa de valores, dios que eso era un fruto de un esfuerzo y le causaba tanta satisfacción que no se comparaba con el sexo, cosa que siempre se le facilitó por ser bien parecido.
Solo esperó a que "el rubio" se durmiera para poder vestirse y largarse, mientras lo hacía se daba cuenta de que ese maldito usaba maquillaje en la cara, ahora podía ver mejor que su cara era bastante rojiza, que lastima, hubiera deseado más la lechosa piel de esa chica plana en el club, pero de verdad hoy ganó un jugoso trasero a un par de senos.
Era un viento helado, maldito invierno del demonio, aun peor era temprano en la madrugada pero lo increíble es que no estaban tan vacías las calles, eran las horas donde los clubes cierran y todos los jóvenes que siguieron allí hasta tarde celebran el after party en algún otro lado.
Entonces…
-¡Hace mucho frio!- grito una voz muy molesta pero conocida.
-Tienes la grasa de una morsa en el cuerpo, sobrevivirás otras 10 calles, gordo.- ¿Kyle?
-No me digas gordo, judío, debí haber tomado el taxi junto con las chicas.- se quejó de nuevo.
-No cabías es el taxi, además no tienes efectivo, se lo bebieron todo.- Craig no se quejaba solo caminaba sin prisa
-Calma, mejor apúrense, las chicas y Butters llegarán pronto y no quiero que esperen mucho.- esa voz. Pip…
-¿Por qué Butters puede ir con las chicas?- Kenny se sobaba la cara pues la sentía congelada.
-Porque es bisexual y le ha tocado los senos a todas para comparar cual está mejor.- Cartman.- Cuando le tocas el busto a una mujer y ella no te demanda por acoso sexual se desarrolla una relación más cercana.-
-Hablas mierda otra vez, gordo.- Kyle, judío moralista.
-¿Ah sí? Entonces Pip debió ir con ellas, a él le gustan los penes, es más seguro un homosexual borracho con un montón de chicas, que un bisexual amanerado con un montón de chicas.- eso ofende. ¿Qué dirá Pip?
-¿Todavía estas molesto porque Butters y yo le tocamos el pecho a Wen antes que tú?- el rubio se encogió de hombros con una sonrisa.- Si te hace sentir mejor puedo decirte que entiendo porque te gustan, son bonitas y firmes.- levantó su dedo meñique.- palabra de loca.- juró.
Todos, a excepción del castaño gordo, soltaron un sonoro "¡OOOOH!" Mientras agitaban las manos y se reían a carcajadas. "Pirrup, bastardo homosexual" "Si que esta borracho" Cartman solo refunfuñaba para si mismo mientras sus amigos seguían superando esa increíble respuesta.
Damien estaba lejos y seguramente no era tan reconocible, pero podía ver como Pip sonreía y sus amigos chocaban puños con él. Admiraba ese tipo de relaciones, se veía natural, todos esos chicos que rondaban su edad, se divertían y aunque fueran tan diferentes, podían salir todos juntos como amigos. Pip era feliz. Eso es lo que vio hasta que desaparecieron tras caminar un par de calles y su voz se hacía cada vez más lejana y queda. Ahora que lo notaba… es cierto que Pip vivía en esa zona, esos amigos eran solo otros más que se iban a seguir la fiesta a otro lado.
En cambio… Damien caminó en dirección opuesta, quizá debía pedir un taxi para ir a casa, el frio empeoraba.
…
Ese fin de semana no fue como lo esperaba, antes disfrutaba tanto de ese tiempo para él, de verdad, incluso dormir hasta tarde por fin, ir al gimnasio por un poco más de tiempo, comer algo en algún lugar de la ciudad, leer sus libros ¡Incluso ver la tv! Pero simplemente ese Domingo se vio a si mismo paseando de aquí a allá por su apartamento, aburrido.
NO tenía nada que hacer, de verdad, esperaba que el maldito reloj girara más rápido ¿En qué momento pasó a tener esta ansiedad? Trabajo, trabajo, como si fuera un vulgar oficinista, por favor, debía haber algo que hacer afuera.
Era media tarde, solo las cuatro de la tarde, sin embargo la luz del sol no penetraba entre las nubes del invierno, se acomodó su abrigo sobre su cuello de tortuga negro, debería de despejarse un poco, Central Park quedaba relativamente cerca, veinte minutos y llegaba a la zona sur del parque.
Si había algo que le gustaba a Damien era el invierno, el frio y las hojas cayendo, el viendo, las luces y la comida de invierno era tan relajante y acogedor, no como ese bochornoso calor de verano, haciéndolo sudar y todo ese sol que quemaba su pálida piel. Jugar en la nieve era uno de los buenos recuerdos, las nanas aceptaban sacar al pequeño Damien a hacer un muñeco, aunque le tomara toda la tarde. Le hacían una gran merienda caliente junto con ponche y le arreglaban las bufandas. Era más memorable que sus veranos en el campamento militar.
Cuando estaba a pocos metros de la entrada al zoológico pudo ver una cara familiar, diría que parecía una enorme coincidencia de libro romántico, pero la verdad es que ambos vivían en la misma zona y no era difícil suponer que frecuentaran lugares en común. Su cabello ha crecido y ahora la fría brisa lo mueve con facilidad, mechones largos y brillantes, dorados como…
-¡Rayo de sol! Que sorpresa.- saludó con media sonrisa.
-¡Damien!- entre sus brazos cargaba a un perro corgi de lomo negro.-Hola, buenas tardes, es un gusto siempre poder verte.- el perro estaba emocionado por esta persona nueva.
-¿Tienes perro?-
-Mr. Muffin.-perro giró la cabeza al escuchar su nombre.
-Me gustan los perros.- dijo sin pensar, se sorprendió mucho de decir eso, Pip no parecía extrañado pero, nadie sabía lo que le gustaba solo lo que le hacía enojar.- ¿Puedo?
-Por supuesto, le agradan las personas, no te morderá.- puso al perro en el suelo con su correa.
Era suave su pelaje, bonito, un perro pequeño y de ojos grandes, igual al dueño, el perro se dejó acariciar, tumbándose en el suelo y mostrando su vientre al aire, esperando que lo mimaran más.
-Qué lindo.- "¿Quién dijo eso?"
-Sí, lo es, nunca había tenido un perro pero este pequeño me ha acompañado por unos meses y ahora no puedo vivir sin él.- Damien dejó al perro y trato de calmarse.
-¿A ti te gustan más los gatos?-
-¿Qué?- "¿Qué?"
-¿Gatos? ¿Te gustan?-
-Ah…- que pregunta tan difícil.- No, en realidad, prefiero a los perros, creo.-
-¿Crees?- Pip soltó una risilla.- El gran Damien Thor está dudando.- siguió riéndose. Damien frunció el ceño.- Es extraño oírte titubear al hablar.-
-No titubee.- "Si lo hiciste."
-Bueno, entonces ¿Qué te trae por aquí?- preguntó volviendo a cargar a su mascota.
-Estaba aburrido.- no tenía por qué mentirle a él.
-¿Aburrido? Haha.- se cubrió la boca ahogando una carcajada.- Debiste llamarme, el viernes salimos a beber un poco y nos las pasamos muy bien, las chicas preguntaron por ti.-
-El viernes no estuvo mal, me entretuve unas horas.-
-Entonces debo suponer que te aburriste en casa y viniste al zoológico ¿En serio?-
-En realidad solo vine a caminar, el invierno ya está aquí y solo espero ver la primera nevada.-
-El invierno es bellísimo ¿Verdad? Es mi estación favorita.-
¿Es en serio que estaban teniendo esta conversación? Digo, perros, estaciones, clima, no es como si fuera algo importante o relevante, eran trivialidades. Era una conversación vacía considerando los interesantes debates que han tenido, horas de argumento tras argumento. Véanlos ahora.
-¿Tú también estas aburrido?-
-No, el perro pasea todos los días, así que aquí estoy, los domingos son libres.- se encogió de hombros.- pero… ya que los dos no tenemos mucho que hacer, quizá podríamos aburrirnos un rato por aquí. En el pronóstico decían que quizá hoy sea la primera nevada.-
-¿Me estas invitando a salir?-
-Ya estamos afuera, Damien.- Pip negó con la cabeza, sabiendo de ese falso tono seductor.- Cerca del lago hay un puesto de hot dogs son muy buenos. ¿Quieres, yo invito?-
-De acuerdo.- no tenía nada mejor que hacer.- Oh y… bueno ¿Cómo vas con tu libro?-
-La verdad no he avanzado tanto como quisiera, también voy a la universidad, trabajo en mi tesis, la verdad es que… ese manuscrito es solo un proyecto personal.-
- Por eso llevas años en esto.-
-Sí, comencé a los quince y… bueno ha cambiado bastante, sobre todo en la narración. Cada cierto tiempo lo reescribo.-
- ¿Es un proyecto para publicar?-
-Quisiera, aunque a veces me gana la inseguridad ¿Sabes?-
-Entiendo, pero bueno, yo creo que vale la pena publicarlo, es… interesante.- Damien se distraía observando el bamboleo del pequeño perro al caminar.- Y ya que no tenemos con qué aburrirnos hasta el lago ¿Podrías explicarme a tu personaje? –
-No puedo decirte más de lo que ya sabes de él.-
-Quisiera saber más sobre ¿Cómo lo creaste?-
-Pues… la idea me llegó en secundaria, una vez más Stan tuvo mucho que ver.-
Damien no pudo evitar fruncir de nuevo el ceño ¡Stan! ¡Stan! Todo tenía que ver con ese, comenzaba a entender la obsesión de este niño con su exnovio, al punto en el que lo llevo a buscar durante cinco años a un completo desconocido solo para saber cómo su querido novio murió.
-Sé ve que lo querías mucho.-
-Fue muy importante, sé que ya es molesto siempre traerlo a colación pero… me iba a casar con él después de todo, lo amaba.-
-Lo entiendo.- "La verdad no" – Si por él fue que nos conocimos. Pero, quiero saber sobre tu historia.-
Con esto, de verdad no tenía ya más interés en saber la romántica historia de cómo estos dos terminaron enamorándose, de verdad, Stan, no quería decir nada malo de él, lo conoció poco y la verdad es que se desnudó frente a él, mostro su parte débil y aterrada de morir, no quería pensar mal de alguien cuyas últimas palabras fueron dichas con seguridad y esperanza. Pero ahora viendo que Pip siempre lo recordaba, lo bueno y especial que fue, lo felices que fueron, todo lo que vivieron juntos. Tal vez no lo veía pero hacía sentir mal a Damien, como si el que debió morir en el quirófano debió ser otro.
-Pues para decirlo fácilmente fue en su último año de secundaria, había superado parcialmente lo de sus padres y… parecía más decidido a mejorar su vida. Tenía una meta.- se encogió de hombros.- quería ser veterinario y aunque estaba asustado de dejar el pueblo, a sus padres, sus amigos y a mi… Tuvo la esperanza de que eso no sería suficiente para destruir nada de lo que le quedaba.-
-Eres un poco exagerado si tomas eso como base para la historia de un hombre adulto.-
-Bueno, fue la inspiración, alimentada también por un poco de mi propia historia y cosas que yo veía o sentía.-
-¿Tú historia?-
-Es obvio que soy inglés.- Damien asintió.- llegué a este país porque soy adoptado, mi familia… murió.-
En ese momento Damien detuvo su andar, viendo a Pip sorprendido, era la primera persona que conocía que de verdad era huérfano. Pip sabía que eso sorprendía a las personas, la mayoría se compadecía de él, le decían que lo sentían y que era muy triste oír eso, pero Pip no estaba triste, quizá melancólico pero no deprimido.
-Está bien, la gente se sorprende de oír eso, no estoy triste, pasó cuando era un niño pequeño, además no estuve solo por mucho tiempo, me adoptaron.-
-Adoptado.-
-Sí, no sientas que debes tratarme o decirme algo especial.-
-No lo iba a hacer, es solo que me sorprende oírlo, no conocía a nadie huérfano.-
- Ahora sabes porque la historia se siente un poco más real, porque mi protagonista no es el héroe del mesías.-
-Entonces es por eso.-
Pip peleo un poco con su perro quien quería salir a correr por las planicies de pasto seco, ya podía ver el lago a lo lejos, Damien pensaba en lo afortunado que era Pip, huérfano y sonriente, un talentoso muchacho que parecía un chiquillo jugando con su perro mascota. Parecía sacado de un libro clásico, el clásico caso de un optimista a pesar de lo perra que ha sido su vida. Hasta él debía admitir que era tierno.
-¡Oh mierda, esto esta rico!- el moreno exclamaba.
Eran los mejores hot dogs en todo maldito NY. Pip sonrió, de verdad para ser una salchicha y pan estaban increíbles, placeres de la vida, por solo un dólar y cincuenta puede tener este momento.
-Sí, Cartman me lo recomendó, "Son los mejores hot dogs de todo Manhatan"- imitaba su voz tan molesta.
-Seguramente probó todos los puestos de la ciudad para decir eso-
-Sí, lo hizo, lleno un álbum con mapa de la ciudad, precio y una calificación de cinco estrellas. Le tomó tres años.- le dio una mordida a su almuerzo.
-No te creo, ¿En serio?-
- Cuando se trata de comida no debes joder con Erik Cartman.- otra vez esa sonrisa.
- Vaya, el gordo tiene otros talentos.- comiéndose lo que quedaba de su bocadillo de un solo bocado.
- ¡Oh! ¡Está pasando!-
-¿Eh?-
Desde el cielo comenzaba a caer la nieve, Pip miró embelesado su parte favorita del invierno, Damien le siguió la mirada, no se había dado cuenta de lo tarde que era, las luces se habían encendido, el cielo estaba lleno de nubes y el viento había dejado de soplar, la primera nevada de invierno, de esa que se acumula como sabanas y es suave. Entonces escucho una autentica carcajada, llena de emoción, inocente.
Pip se había puesto de pie para ver si podía atrapar un copo con la mano. Su perro no muy lejos daba mordidas al aire también. En poco tiempo la nieve caía y caía, Damien solo observaba desde su asiento en la banca del parque. El lago era bello por la noche, las luces, la nieve, todo era tan idílico, sacado de sus mejores novelas.
-Damien, debo regresar a casa.- Debió pasar al menos una hora desde que empezó a nevar, el perro lucia agotado.
-Ah, sí, nos vemos otro día, Pip.- el más alzó su mano agitándola a modo de despedida.- Por cierto, linda boina.- con eso el moreno se dio la vuelta y comenzó a caminar, su casa estaba más lejos que la del chico.
Pip se llevó la mano a la cabeza, la famosa boina por la que le hacían burla.
…
-Esa boina te hace ver extraño.-
-Es un regalo de mi madre, Stan, no podía decirle que no, además… me ayuda.-
Pip tenía ya quince años y su novio Stan lo acompañaba de regreso a casa después de la escuela, era invierno, bueno, donde estaba siempre hacia frio de todos modos. Pero el gran problema con la nieve era que caía en grandes cantidades sobre su largo cabello, mojándolo.
-Deberías usar un gorro de lana como todos los demás.-
-Eso me aplasta el cabello.-
-Entonces córtalo un poco.-
-No, está bien así.-
-Pareces una chica con eso de tu cabello.- le quitó la boina marrón y le revolvió su cabello largo.
-¡Oye! No.- Pip como respuesta lo empujó a la nieve.- Con mi cabello no te metas.-
-¿Tienes crepas?-
-¿Qué dijiste, estúpido?- Pip inflo las mejillas y frunció el ceño.- Vas a morir.-
…
No, no, no, nada estaba bien, ¿Cómo se bloqueaba en este momento? Hace días lo estaba haciendo de maravilla y ahora… nada estaba fluyendo como debería, maldito protagonista, maldito seas tú y tu personalidad.
-Me estas causando muchos problemas, Samuel, por favor.-
El hombre que nada en contra de sus propios instintos, intentando no hundirse en el lado oscuro, ha encontrado un obstáculo y desea por todos los medios no caer en la solución más rápida, que es quitarlo de un golpe. No es tan fácil, estamos hablando del hombre que puede hacer lo impredecible, tal cual un humano real… impredecible.
El claro tono de su celular lo sacó de contexto.
-Salvado por la campana, Samuel.-
Pip tomó su teléfono y se alejó del escritorio, dispuesto, ya que fue interrumpido a poder comer un bocadillo.
-¿Si?-
-Pip, ¿Dónde has estado? No te vimos ayer en el hospital.- Butters.
-Tuve que ir a la universidad para mi revisión de tesis, lo siento, estuve atrasado con eso y trabajé dos días enteros, no pude avisarles que iba a faltar.-
-Tesis ¿Eh? Esperaba que fuera algo más interesante.- apostaba a su perro que Butters estaba inflando las mejillas.- Digamos… ¿Tú nuevo amigo?-
-¿Damien? Oh… no, ya les había dicho que no puedo pasarles su número, dile a Bebe que deje de insistir.-
-Mi querida y perra amiga rubia no tiene nada que ver con mi pregunta.-
-Butters, deja de juntarte tanto con ella y con Kenny, se te está pegando lo zorra al hablar.-
-Oh vamos, no seas tan conservador y vive tu homosexualidad ¡¿Cómo puedes tener tu propio Christian Grey y no querer ser su sumisa, eh?!-
-Haré de cuenta que no hiciste esa referencia.- bajando las escaleras y caminando por el pasillo principal.- No se me olvida que tú y los otros solo quieren verme con alguien.-
-Ya pasaron cinco años.- A ninguno de los amigos le gustaba hablar del tema.
-Lo sé y de verdad que no estoy aferrado a él, lo extraño a veces, como todos pero es todo.-
- Nunca has tenido otro novio ni siquiera te has acostado con alguien.-
-Eso es simple, nadie me atraía lo suficiente.- admitió.- todos esos chicos eran… aburridos.-
- ¿Atraía? ¿En copretérito? Entonces… ¿Te atrae alguien? ¿No quieres nada con el señor pantalones elegantes?- maldito Butters.- el guapo y adinerado Damien Grey.- otra vez.- Admítelo.-
-¿Utilizas la conjugación de mis verbos en mi contra?- que molesto.- Es condenadamente sexy ¿Si? Admito que desde hace tiempo… no me fijaba en esto, tendría sexo con él sin problema.- -
-¡Lo sabía! ¡Lo sabía!- chillaba del otro lado de la línea.- Ese ardiente moreno pudo hacer que el casi asexual Philip Pirrup deseara tener a alguien en su cama.-
-Por favor Leopold, calma tus senos, solo estoy diciendo lo que cualquiera desearía con verlo, no estoy ciego y nunca negué que Damien fuera un sueño.-
-Necesitas tener sexo, de veras te urge.-
-Cállate, Damien es guapo pero lo prefiero como amigo.-
-No lo dijiste.-
-Lo siento, tocan a la puerta, nos vemos el jueves.- colgó sin que Butters pudiera contestarle.
Hablando del diablo, se asoma. Pip no esperaba esa visita, en especial sin previo anuncio, era ya muy tarde, casi la media noche de viernes. Damien no era así, hacía poco más de una semana que no se veían y ahora, sentía un extraño sentimiento, como si hablar de él lo hubiera invocado. Sin embargo, esa mirada azul, algo andaba mal, no era de los que andaba taciturno. Con la mirada algo perdida, sabía en donde estaba pero le costaba hablar.
-Damien ¿Pasó algo malo?- preguntar si estaba bien sería estúpido si veías ese rostro.
-Tu libro.- sonaba ¿Triste?
-¿Eh?-
-¿Puedo leerlo? ¿Por favor?-
-¿Ahora?-
-Por favor.-
-Ah, sí, desde luego, por favor pasa.- se apartó un poco para que pudiera entrar a la casa.
Damien no habló ni una palabra, Pip comenzó a preocuparse mientras subía a su estudio por su manuscrito, se veía algo perturbado, no le agradaba esa expresión en su mirada, ni siquiera quería negarse a darle lo que pedía. Algo malo pasó, no era buena idea preguntar ahora, debería tomar el camino más sensato y no cuestionar nada, al menos no hasta que Damien se viera más dispuesto.
-Aquí tienes.- le entregó el cuaderno sin saber exactamente qué hacer.
-Gracias.-
-Voy a prepararte algo de té ¿Si?- cualquier excusa era buena para irse.
Damien no presto la mínima atención al otro, pero agradeció que entendiera que quería estar solo. Abrió el cuaderno y comenzó a leer, página tras página, recordaba todo, Samuel, fiel amigo, alguien que podía escuchar para siempre, aunque no existiera el saber que había un hombre mínimamente parecido a como él era… le hacía pensar que no estaba tan loco y solo como pensaba.
Entre párrafos y pensamientos de Samuel su maldita cabeza lo traiciono una vez más, llegando al punto que había leído hace semanas, el punto donde sentía un nudo en su garganta, queriendo gritarle al libro. "Oh, Dami, has vivido tanto y aun no aprendes nada" palabras taladraban en su memoria, derrotando su orgullo, volviendo atrás en el tiempo atascado en reversa. "Pobrecito" malditos sean todos ellos, esto no será el fin, puede estar humillado pero esto lo cobrará. Todo este dolor…
Las paginas nuevas habladas por el protagonista, queriendo simplemente acabar con todo, recordaba situaciones parecidas del pasado, ahora, más sabio y viejo, no haría de esto el fin de su camino, ha llegado muy lejos para detenerse ahora, incluso si el camino era el equivocado.
Cerró el cuaderno con cuidado y lo colocó sobre sus piernas, perdido en la nada de la sala, sintiendo su corazón aun latir, sin habla y con el nudo de su garganta creciendo con cada segundo, comenzando a doler. Apretó los puños con fuerza de puro coraje e impotencia, tristeza, ira.
Pip por el marco de la entrada pudo verlo claramente… Damien estaba llorando.
…
…
…
¡Hola! :D
Si… Hace tiempo que no había actualización de este fic, lo entiendo, pero pasamos por finales de semestre, crisis existencial, mini depresión y bloqueo mental. Es cada vez más difícil escribir.
Eso explica también porque el capítulo de hoy es un poco más corto. Sé que mis capítulos son muy largos, para así avanzar la historia. Si escribiera capítulos cortos y actualizara como lo hago actualmente nunca acabaríamos. Me temo que esto signifique la ida de CerealPascual del fandom, hace tiempo dejé de ser miembro constante y todos los amigos que hice aquí se fueron.
En Fin, eso lo dejaremos para que al menos termine esta historia y Seventeen Forever, después… no tengo un plan. Hasta entonces.
Eso ha sido todo por lo menos por hoy. Si les ha gustado la historia por favor déjame tu ingeniosa observación aquí abajo. Yo soy CerealPascual y aquí me despido.
Adiós.
