Solo Para Recordarme lo Bien Que Se Siente
O Sentía…
Por algún motivo este tipo de eventos le recordaban un poco a la secundaria. Donde los chicos más populares eran los que organizaban las fiestas con alcohol y drogas para todos. Todos estábamos invitados a su gran casa con mil habitaciones y dos piscinas. Lo importante siempre era presumir de todos modos. Ahora no era muy diferente.
La fiesta lo tenía todo, comida gourmet, música en vivo, luces, todo bajo las finas losas de El Lotte New York Palace(*), sinceramente detrás de toda esta parafernalia lo único que de verdad le impresionaba y le encantaba era el enorme pino decorado que reposaba en la recepción del hotel, con todas esas luces y color, las esferas grandes y rojas brillaban con el reflejo de las luces que parecían estrellas, con un aire de cuento de hadas, le recordaba el que él y sus nanas ponían en la estancia de la casa, lleno de colores. Las esferas rojas eran sus favoritas, clásicas y elegantes.
Ahora avanzaba con la barbilla alzada, como siempre, saludando cortésmente a toda dama o caballero que encontraba y sobre todo a quienes reconocía inmediatamente. La gran mayoría, accionistas e inversores bastante pesados, estos hombres nadaban en dinero. Damien podía presumir de su fortuna pero no podía negar que en comparación él se quedaba corto, muy corto.
-Muchacho.-
-Señor Hunt. Un placer verlo de nuevo.- un formal y fuerte apretón de manos, una mirada cálida y directa a los ojos, una pequeña sonrisa y un tono amigable y juvenil. Lo tenía bien medido.
-Herbert. Puedes llamarme Herbert.-
-Por favor no podría señor Hunt.-
-Insisto, jovencito, has demostrado ser un buen elemento, espero que los siguientes años hagas crecer el negocio, más que ese viejo de Duncan.-
-Oh, gracias señor, quiero decir Herbert. El señor Duncan fue quien hizo todo, yo solo continuo su trabajo.- Oh, Damien deberían darte un premio por mejor actuación.
-Pero admitamos que has crecido mucho más en estos años, hijo, espero que algún día llegues aún más lejos.-
-Cuente con ello, señor Herbert.- Eso Planeo.
-¿Sabes de casualidad cual es la gran noticia que nos querrá dar el tirano de Thorn?-
-No, lo lamento, no me he enterado.- ¿Noticia? ¿Qué planea?
-Nos vemos después entonces, jovencito.-
-Un gusto, señor.-
¿Noticia? ¿De qué mierda estaba hablando? Ese desgraciado de Belial va a dar un golpe esta noche. Su mente empezó a imaginar los peores escenarios, siempre para estar preparado. Claro que no esperaba que su querido papi le diera el reconocimiento que tanto añoraba. Miraba con recelo al maldito de Adam. Siempre era lo mismo con su hermano rueditas. Todas las esposas le miraban al pobre hombre discapacitado, como alguna tragedia. Pobre, pobre Adam. Sus miradas se cruzaron, solo un segundo y fue suficiente para destilar odio de esos ojos, puro rencor. Damien sonrió mostrando esa dentadura perfecta.
La noche siguió con relativa tranquilidad, todos los invitados charlaban tranquilamente de negocios y política, como esas charlas finísimas donde todos tenían que apoyar a algún estúpido partido político, republicanos y demócratas, cualquiera que pudiera prometer mantener las comodidades que les permitieran seguir con sus negocios. Algunos otros hablaban de sus equipos de futbol, literalmente suyos pues al ser sus dueños quien fuera que ganara el Super Bowl se llevaría el premio gordo. Oh, claro, como olvidar la política internacional, todos amaban esos temas tan políticos que interferían directo en la cámara de comercio, esos bastardos de Wall Street no paraban de intentar predecir lo mejor para el siguiente año.
Damien entendía y daba su opinión de todos y cada uno de estos temas, le apasionaba mucho la política internacional y la bolsa. Sin embargo cuando la cena terminó tenía solo cabeza para pensar en qué demonios planeaba anunciar Belial. Por su mente solo pasaba el peor de los escenarios, donde anunciaba a su pequeño e inválido hijo Adam como ahora dueño legal y su retiro. Eso era imposible, Adam no era un candidato para nada.
Sonara horrible y lo que fuera pero estos trabajos no eran para gente con ese tipo de problemas, no cuando se debe viajar, subir, bajar, mandar, analizar y negociar con gente de mucho poder. No puedes negociar con nadie en silla de ruedas. Sería fácil ponerlo en desventaja.
Sin embargo tampoco era una posibilidad reconocerlo, simplemente anunciarles que Damien seria ahora su nuevo heredero, aunque sonara maravilloso para él, las cosas no funcionaban así. Dentro de sí mismo sabía que Belial nunca diría nada sobre su bastardo, nunca le daría su lugar dentro de su compañía y cualquier cosa que Damien quisiera lograr debería hacerlo por cuenta propia. Como lo ha estado haciendo toda su vida, solo que no podía evitar desear esa aprobación, ese deseo irracional de reconocimiento, sin darse cuenta apretó los puños.
-Por favor, preciados invitados.- Esa voz.- Espero que se la estén pasando muy bien viejos amigos, parece que todos aún tenemos las energías para llegar hasta aquí.-
Ante este comentario la mayoría de los presentes soltó una risilla pues en efecto la mayoría podría decirse que los sacaron de un sarcófago para hacerlos asistir a esta reunión. Damien sonrió maliciosamente por sus propios pensamientos, estas momias vivientes. Belial era un buen anfitrión, alegre, gracioso, carismático, de tal padre, tal hijo.
-Pero yo sé que ya los estoy aburriendo con todo este palabrerío inútil, mejor les digo lo que todo el mundo quiere oír, eso los trajo aquí.- soltó una risa mostrando sus dientes.- Pasa, por favor, hijo-
Damien giró su mirada expectante a su medio hermano mayor que seguía sentado en la mesa junto a la silla vacía de Belial, parecía tranquilo, pero Damien lo notó de inmediato, estaba rabiando de pura ira y frustración. Lenta y orgullosamente caminaba un hombre rubio, más o menos de la edad de su hermano, subiendo las escaleras laterales y acercándose a Belial con una sonrisa triunfante.
-Sé que algunos ya lo conocen pero para los que aún no, los presento. Este hombre ha estado trabajando para mí los últimos cinco años y déjenme decirles que no hay mente más brillante en mi equipo que él. Damas y Caballeros, Gregory Fields.-
Alto, rubio, guapo, ojos grises como tormenta y sonrisa que hace derretir a las mujeres que sonreían completamente embelesadas por la visión de hombre que estaban teniendo. Damien frunció el ceño inmediatamente. Así que este es el nuevo heredero de todo ¿Eh? Este remedo de príncipe inglés, patético.
-Siento informar, mis amigos, que he estado sintiendo el peso de mi edad y ahora quisiera que conocieran todos a Greg porque él se encargará de todo algún día.-
El público aplaudió, algunos hombres gritaban que Belial aún tenía mucho que dar, Gregory los apoyaba mientras políticamente colocaba una mano sobre el hombro del hombre mayor, sonriendo y saludando como si fuera una puta conferencia de prensa.
Damien estaba severamente confundido, había sido un golpe, esperaba que algo así pasara, pues Adam era un inútil y el un bastardo, no quedaba nadie para que Belieal pudiera moldear a su imagen y semejanza. Pero como dijo antes, su corazón estaba desesperado por impresionar a Belial, ahora estaba confirmado, nunca, seria parte de su reino y tendría que vivir en la sombra. Con esa decepción tuvo que soportar todo el resto del discurso, bajo la mirada matadora de su medio hermano, sabía que vendría a reclamarle algo, lo presentía. Adam no es de los que se queda sin hacer nada, a pesar de no poder caminar no era un dulce angelito.
Acabado el discurso, el brindis y al ser invitados a pasar de nuevo al salón de baile, decidió que era hora de largarse. Pero tal y como dijo, escucho el rodar de la silla de su hermano acercándose. Muy bien, al mal paso darle buena cara, suficientes malas noticias como para todavía soportar los reclamos de in lisiado con mal carácter.
-Damien.- el mencionado tomó una profunda bocanada y rogó a dios esto fuera rápido.
-Adam, buenas noches.- que político.- Oye ¡Wow! Quien diría que papá es de esa clase de hijos de puta que ni siquiera considero la posibilidad de dejarte a ti como heredero, que hombre tan imbécil.-
Adam no dijo nada pero su mirada era suficiente para ver la ira contenida.
-Ven conmigo, ni a ti ni a mi nos gusta esta mierda. Solo quería hablarte sinceramente, no me agradas pero ahora ninguno de los dos será el consentido de papá, ya no tenemos nada que perder.-
-No querrás que te empiece a llamar hermano mayor o algo como eso ¿Verdad?-
-Déjate de estupideces y sígueme, hermanito, hay cosas importantes que discutir, pedí una habitación en el primer piso, hablemos allí.-
Damien resignado a seguirlo y perder más su tiempo comenzó a caminar donde fuera que lo guiaran, por el ascensor. Adam no hablaba y su mirada se mantenía serena, vaya que hacía gala de ser el hermano mayor. Maduro y un hombre frio.
-Es aquí, Damien.- la puerta fue abierta con la tarjeta que sacó el castaño de su saco.- Entra tú primero por favor.-
Sin pensarlo mucho Damien hizo caso y entró a la habitación. Era relativamente grande, caminó hasta la pequeña salita pero notó demasiado tarde todo. Las luces estaban encendidas y había alguien ya sentado en el sillón. ¡Es una trampa! ¿Cómo pudo ser tan idiota? No debió confiar en ese bastardo rueditas. Volteo a la puerta pero esta se cerró de golpe ¡Ese maldito! Asustado de que quien fuera el que estuviera esperándolo intento regresar a la puerta para derribarla si era necesario.
-Damien…- paró en seco.- Oh por Dios… si eres tú.-
Su corazón se paró justo allí, su mente se puso en blanco y su boca se selló, imposible pronunciar nada. Reuniendo el valor que no creyó tener nunca regresó la mirada a la voz tan suave y tan conocida.
-¡Damien! ¡Damien! ¡Hijo!-
La emocionada mujer se abalanzó sobre él, comenzando a llorar con desesperación, alegría y entusiasmo al ver a su pequeño, llorando con más intensidad al ver esos ojos, ese parecido tan claro con ella y con Belial. Su corazón de madre saltaba y saltaba de emoción.
-Oh Jesús, has crecido tanto, eres tan alto y tan guapo, no puedo creerlo.-
Damien estaba en shock, ese maldito, había traído a su madre. Todo su odio se le acumuló en la garganta. Pero aun así no pudo decir o hacer nada, solo se quedó viendo a esa bellísima mujer, que le acariciaba la cara y le besaba las mejillas, completamente feliz. Parecía que verlo era su mejor regalo de navidad.
-¿Estas bien, cariño?-
Esa fue la gota que derramó el vaso. Tomó las manos de esa mujer fuera de su cara, mirándola con esos ojos azules como el hielo, esa mirada severa que mataba ilusiones justo como la de Belial.
-¿Qué haces?- Su voz sonaba como un gruñido, parecía que ahora Damien era un animal a punto de atacar.- ¿Quién te crees que eres?-
-¿Qué?-
-No me vengas a vender el cuento de madre sufridora, Katherine, no te queda.-
-Sé que debe ser extraño verme… después de estos años.-
-¿Extraño? ¿Estos años? Katherine, dime ¿Por qué has venido? No me digas que después de veintiséis años te acordaste del pequeño Dami.-
-Damien, hay cosas que necesito hablar contigo.-
-Oh, por favor, no. No empecemos ahora con esto, escucha, hoy no tengo ganas de estar aquí en tu burbuja de reencuentro sentimental. No voy a formar parte de tu terapia de "cierre de ciclo" o lo qué sea que quieras discutir conmigo. Como podrás darte cuenta tu hijito ha hecho una puta vida y hoy no ha tenido más que malas noticias, no tengo el tiempo ni energías para lidiar contigo ahora.-
-Por favor Damien, no pensé que te pusieras así, el e-mail decía que…- ¡Oh así que por eso estas aquí!
-Un e-mail, que entérate, yo no envié. No sé porque o con qué mentira te hayan traído aquí, pero lamento desilusionarte y decirte que yo no tenía ni idea de que mi querido medio hermano mayor planeo esta incomoda reunión familiar.-
La mujer retrocedió ahora intimidada, avergonzada y confundida por todo lo que su hijo decía. Era verdad que no tenía derecho a actuar así. Damien era un chico que creció sin una familia, pero en su corazón quería creer que estaba haciendo lo correcto, que su vida con Belial obviamente sería de la mejor. El hombre podía darle todo lo que necesitara y más. Claro que desde un inicio dejó en claro que no dejaría ni a su esposa ni a su hijo, ser un bastardo era el precio que Damien tuvo que pagar para conseguir siempre lo mejor, cosas que ella ni aun ahora podría darle.
-Damien, sé que debes estar muy molesto conmigo pero… lo hice por ti, cariño. Belial podría darte todo lo que necesitaras.-
-Oh, no te preocupes por papi Belial, madre. Tuviste razón, me dio todo, crecí rodeado de lujos y ahora aún conservo ese estilo de vida. Pero no gracias a papi. Todo lo que tengo es mío y me lo he ganado con puto esfuerzo. De haber si quiera mantenido contacto conmigo, sabrías al menos eso.-
-Damien, debes de saber que las cosas conmigo no habrían sido mejores, era joven y no podía mantenerte.-
-¿En serio? Vaya historia desgarradora.-
-Estoy aquí porque tienes derecho a conocer la verdad, quiero conocerte, quiero hablar contigo de lo que pasó.-
-Katherine…-
Damien negó suavemente con la cabeza, su sonrisa cínica creció aún más junto con su cólera, luchaba de verdad para no estallar en ese momento, los instintos de maltratar a esta mujer, con justa razón, a ella y al imbécil de Adam que apostaba toda su fortuna en que estaba en el pasillo regocijándose por su jodido plan. Bien, esto acababa aquí, no más, suficiente, fue suficiente.
-Mamá.- Katherine a tembló al oírlo llamarla así.- ¿No has considerado la idea de… que yo sepa que fue lo que pasó?-
-¿Eh? Tu padre… él.-
-No, querida, cuando tuve la oportunidad busque respuestas y me enteré de todo. Admito que te entendí tu postura. Una mujer joven e inexperta. Sin dinero ni familia en esta gran ciudad, criar un hijo era una decisión complicada, la mejor opción era obvia, dejarlo a cargo de su padre que se pudría en dinero. Si, tiene sentido.-
-Eso no fue.-
-Pero, después explícame exactamente ¿Por qué te embarazaste un año y medio después?-
-¡Damien!-
-Joshua Brown, casado con una mujer llamada Christina y según entiendo también tenían un hijo.- se encogió de hombros.- Dime Katherine ¿Cuántas familias costó tu final feliz?-
-Las cosas no fueron así. Tú no sabes lo que pasó y por favor no hables de mi familia así.-
-Miente si quieres, podrás engañarte a ti misma y podrás toda culpa negar. Pero Joshua debe pagar una manutención cada mes. Me pregunto si mi querido hermanito Daniel lo sabe. Elena es una niña hermosa, Katherine, se decepcionaría si descubriera que de hecho su papi tiene otra princesa con otra mujer que no es su mami.-
-Lo sabes…- Katherine se cubrió la boca completamente impactada. Se arrepentía de haber aceptado esta cita, nunca pensó que volver a ver a su primer hijo significara esto. Este hombre hablaba con odio, sus penetrantes ojos azules y su postura orgullosa… era Belial. Era igual de cruel.
-Eso no es nada, Katy. Te dije que lo sabía todo y lo decía en serio, sé sobre ti, sobre tu querida familia. – Soltó una risilla.- Katherine Brown, Katy Black si recuerdas tu apellido de soltera. Casada veintitrés años con Joshua Brown, cocinero. El feliz matrimonio tiene dos hijos. Daniel Brown de veintidós años que cursa su segundo año en City University of New York.(*)- No es la NYU(*) a la que yo fui pero supongo que está bien.-Está estudiando la carrera de administración y su cumpleaños es el diez de abril. Elena tiene ocho años y su cumpleaños es el quince de octubre. Viven todos juntos en una pequeña y miserable casa en el Queens. El dinero no es algo que puedas desperdiciar. Con un salario de dos mil dólares al mes tuyos y dos mil de Joshua… bueno, mil quinientos. No creo que te tenga que recordar la deuda de la universidad de Daniel ni la hipoteca de la casa.-
-Y si lo sabes entonces ¿Por qué nunca viniste conmigo? ¿Por qué sabes todo eso y no has hecho nada? – Estaba llorando. Esos preciosos ojos avellana estaban rojos tratando de reprimir el dolor de esas palabras.
-¿Por qué, dices? Eso es fácil, madre. Déjame ilustrártelo. – Haciendo gala de su altura y de su pulcro andar comenzó a rodear a Katherine como si fuera un lobo.- Katherine Black, segunda hija del matrimonio. Tienes una hermana mayor que vive en tu natal Washington. Estudiaste administración y estabas haciendo tu pasantía en las empresas Thorn. Tienes tres hijos, pero estas casada con el padre de los últimos dos. Tu cumpleaños es el cinco de febrero. Trabajas en como asistente de contaduría en una sucursal bancaria. Ganas exactamente dos mil ciento nueve dólares al mes. Mides uno sesenta, calzas del cinco y medio, tu taya de vestido es siete. Eres alérgica a las fresas, tu madre era diabética, eres surda, eres católica. Tu color favorito es el violeta, te dan miedo las serpientes, no te gusta el invierno, no te gusta el pescado, amas la playa, amas a tu pequeña familia. Todos los primeros domingos del mes vas a Central Park con ellos a un lindo almuerzo.-
-¡Basta!- chillo la asustada mujer, no podía creer que Damien supiera tanto y de una manera tan especifica. Estaba aterrada de todo lo que sabía y de donde saco toda esa información.
-Ahora dime Katherine ¿Qué sabes tú de mí?-
La mujer retrocedió tres pasos, chocando con una mesilla en el proceso, sus ojos no podían apartarse de los orbes azules fríos y calculadores. A su mente regresaban los recuerdos de su juventud, de cómo Belial se acercaba a ella como un predador. Analizándola de pies a cabeza, penetrándola con la mirada y siempre un paso adelante.
Era cierto todo ¿Qué podía decir ella? Así que simplemente se quedó callada, acorralada solo podía esperar a que el joven hiciera su siguiente movimiento.
-¿Nada? Me sorprendes, al menos recuerdas mi puto nombre, porque tú me lo pusiste ¿Eh? ¿No te habrás olvidado de mi cumpleaños o sí?
-Seis de junio…- susurró con timidez, evitando la mirada y bajando la cabeza.
-¡Bien! ¿Qué más? ¿Qué estudie? ¿Dónde trabajo? ¿Cuánto gano? ¿Dónde vivo? ¿Tengo novia? ¿Pasatiempos? ¿Talentos? ¿Amigos? ¿Consumo de drogas? ¿Estoy enfermo de algo? ¿Sabrás acaso que yo estaba en el tren el día del gran descarrilamiento hace cinco años? ¿Sabías que estuve a punto de morir? ¿Sabrás que papi me mando a una escuela militarizada apenas pudo? ¿Sabrás que nunca me vio cómo su hijo? ¿Sabrás que tuve que hacer para llegar a donde estoy ahora? ¡¿Sabes una puta mierda de mí?!-
De un golpe seco derrumbó un bello jarrón de la habitación. Katherine soltó un grito completamente asustada. Damien había explotado, en su mente poco importaba que fuera su madre, dentro de él solo crecía un rencor tan grande, le dolía, dolía mucho recordar cuanto sufrió de pequeño, sabiéndose un bastardo desde que tuvo conciencia, sabiendo que sus padres lo dejaron atrás, en un limbo. Papi y mami tenían sus propias familias con otros hijos y el solo estaba en medio. Aprender la diferencia entre estar solo y sentirse solo… la línea que lo divide era tan delgada.
-¿Entiendes ahora porque, Katy? ¿Por qué debería yo acercarme a tu maldita familia feliz? ¿Por qué soy yo el que sabe tanto de ti y tú te quedas callada? ¿Por qué tuve que yo saber todo por un investigador privado? ¿Por qué nunca ni siquiera la más mínima muestra de interés en años? – su voz sonaba más y más quebrada, llena de genuino rencor.
-Perdóname…- ¿Qué más podía decir? Las excusas no la salvarían de la cruel verdad. Ella abandonó a Damien. Incluso si pensó en él todos los días de su vida después de dejarlo eso no cambia el hecho de que Damien tenía razón, ella nunca movió un dedo para buscarlo. ¿Por qué si lo amaba? Si lo extrañaba tanto a si primer bebe. ¿Por qué? No podía explicarlo.
-No puedo perdonarte Katherine…-
No quería, de verdad no quería decir todo lo que se acumulaba en su garganta, gritos, gritos de odio y rencor contra ella. Ella y su preciosa vida miserable. Quería gritarle que le hizo falta, al niño inocente de sueños inalcanzables, donde mamá regresaba por él y vivían los dos juntos en una pequeña cabaña como en las coloridas ilustraciones de sus libros. Ese niño creció para darse cuenta que mami no volvería y un Damien de catorce años espiando de lejos a tan bella mujer, que almorzaba en el parque con otro niño en sus brazos. Al Damien que lloró toda la noche, con el corazón roto y sintiéndose menos, insuficiente, imperfecto, abandonado y muy solo. Al adulto vengativo que observaba de lejos y planeaba bien sus movimientos.
-Sé que te lastimó enterarte, cariño. Has crecido todos estos años lejos pero nunca te he olvidado, tu eres mi hijo, Damien. Llevas mi sangre.-
-¿Tu hijo? ¿Sangre? La sangre no significa nada para mí, así como a ti no te importó abandonar a tu sangre con un desconocido, así como a Belial no le importó que yo también fuera su hijo. ¡A mí tampoco me importas! ¡No te necesito! ¡Debiste pensarlo antes de abrir las putas piernas!-
Una bofetada calló su ira, Katherine lloraba pero su semblante era ahora más serio, no permitiría que se le faltar al respeto de esa manera. Lo que hizo estuvo mal, nunca se podrá perdonar, su cuerpo era empapado con esa ola de culpa. Ese pedazo de vida suya, que dejó ir voluntariamente. Un susurro, un adiós, una tonta despedida. Una carta que pedía disculpas a quien fuera que encontrara la casa vacía y al bebe durmiente. Ese día también lloró en el colchón desgastado del pequeño apartamento que se caía a pedazos y apestaba a humedad. Lo único que podía pagar un estudiante foráneo a tan grande ciudad.
Cuando le llego ese e-mail pudo por fin abrir ese cajón olvidado, con una miserable foto en el fondo debajo de todos esos objetos inútiles, desempolvando el retrato de un pequeño bebe de grandes ojitos azules ¿Cómo llegamos aquí? ¿Por qué dejó que esto pasara? ¿Por qué ahora solo quedaba odio? Este hombre…
-Eres igual a Belial.-
-Es todo, me voy. Que pase buena noche Sra. Brown, sus hijos deben estar preguntándose que hace tan tarde afuera.-
-¡Damien! Lo siento… solo quería verte, porque te extrañaba, quería verte después de estos años lejos.-
-¡Tú así lo quisiste! Lamento decirlo, querida, pero tu tiempo ya pasó.- suspiró.- No eres más que un crudo recuerdo. Pude ser tu pequeño Dami, pero decidiste tirarlo todo a la basura. Tú no sabes nada de mí, ha sido terrible dar contigo. ¡No sabes lo que he hecho para alejarme de ti! ¡No sabes lo que me costó arrancarme el corazón de golpe! ¡No sabes, no tienes una idea y no podrías darte una idea!
-¿Podríamos intentarlo? ¿Podría entrar a tu vida?-
-…-
No dijo nada. Estaba molesto y muy herido, no dejó que esas palabras lo dañaran o le hicieran dudar de nada. Trago el nudo de su garganta, caminó a la puerta, justo quien esperaba quien siguiera allí, escuchando el espectáculo, con una sonrisa de satisfacción. Esto fue solo un pretexto para hacerlo sufrir, lamentaba decir que lo habían conseguido. Estaba cansado, estresado y las emociones a flor de piel.
-¿Qué tal mi pequeña sorpresa, Dami?-
-Guárdatelo, imbécil, tú y los tuyos pueden pudrirse en el maldito infierno. ¿Qué buscas? ¿Venganza? ¿Por la decisión de papi? Ese tal Greg ahora será quien se quede con todo el botín, eso nos deja como unos perdedores a ambos.-
-Ya sabía que lo escogería. Desde hace casi un año era más que obvio y me lo confirmó hace dos noches.-
-Entonces.-
-Tómalo como un pequeño trago amargo, Damien. Que fue culpa tuya, tú me dejaste así y ahora por tu insensatez quedé atrapado en esta puta silla. Ver a la perra que se metió con mi padre y a la que sé que tú adorabas… - Damien lo fulminó con la mirada.- Es solo una pequeña diversión verte tan afectado y al borde del llanto.-
-¿Te estas divirtiendo? ¿Gracioso? ¿Eh?- soltó una risilla- Oh hermano mayor…- Haciendo uso de su altura se agachó para chocar miradas con su hermano invalido.- No tienes ni idea… si crees que yo fui capaz de dejarte en esta sillita, piensa en un poco más en tu seguridad… a las personas como tú les suelen pasar muchos accidentes.-
Le quitó el seguro a la silla y sin cuidado lo empujó, levantando la silla y arrojándola lejos, el pesado cuerpo del hombre mayor cayó sin gracia sobre el pasillo alfombrado. Damien puso un pie sobre las piernas insensibles de Adam e hizo presión innecesaria. Adam sufrió por el golpe pero no iba a gritar por ayuda. Claro que no esperaba sentir una patada en su rostro, rompiéndole el labio y derrumbándolo por completo.
-No te metas conmigo, imbécil, la próxima cumpliré mi promesa y me aseguraré de que pierdas también tus putos brazos.-
-Oh, Dami has vivido tanto y todavía no aprendes nada.- una risilla idiota.- Pobrecito.-
Damien sentía el peso de todo aquello sobre su pecho, había sido todo demasiado. En su cabeza pasaban una y otra vez las palabras de todos y todo. Frente al volante era complicado, quería concentrarse en el camino a casa, pero en la nieve fría, sus emociones lo estaban traicionando descaradamente, él no era así, ya no. No quería hacerlo porque entonces volvería al punto cero, los años retrocederían y volvería a ser el pequeño Dami de quince años.
"Cuando el mundo me puso donde quería, yo terminaría siendo el malo del cuento, había sufrido, renacido, triunfado y reinado. Yo hice siempre mi deber, quería ser feliz y sentirme completo, llenar el vacío. Muchas veces pensé en dejarlo todo por ya no querer luchar, ella sabía justamente donde golpearme para hacerme caer."
Esas palabras sonaban en su mente, eran solo versos sin contexto para un extraño. Samuel era el protagonista de esa historia, él… él comprendería como se sentía. Comprendía lo que se sentía este hoyo en el pecho, sentirse como un miserable, intentando que lo que paso no lo afectara pero era imposible olvidar quien eres. Necesitaba leerlo de nuevo, sus palabras necesitaba… ¡Pip! Pisó a fondo el freno del auto, imbécil, no prestaba atención a la puta luz roja, necesitaba ir con el rubio, pedirle el libro, estaba casi cerca de la calle, solo necesitaba dar vuelta en la siguiente esquina. Detuvo el auto en un oportuno espacio vacío frente a la entrada del muchacho, era muy tarde pero esperaba no molestar. Se arregló el peinado, el traje, esperando lucir normal. Bajó sin un abrigo y el frio le coló los huesos, a pasos rápidos tocó el timbre insistentemente. La puerta se abrió y fue deslumbrado por la luz, viendo la mirada preocupada del pequeño rubio.
….
No hay nada mejor que despertarse naturalmente a escuchar el asqueroso sonido de la alarma del reloj. Abrió los ojos, había dormido sobre algo no tan cómodo, ¿Qué? ¡Mierda! ¡Pip! Se paró de golpe recordándolo todo, sus pálidas mejillas se colorearon como si fuera una colegiala, que vergüenza comportarse como un marica frente a este chiquillo.
-Buenos días Damien ¿Pasaste buena noche?- no había malicia en esas palabras, solo la clásica amabilidad y cálida sonrisa de Pip.
Pip apareció frente a él modelando su pijama, no era la cosa más informal del mundo, era un conjunto un poco más grande que el propio cuerpo del muchacho, se notaba en esas mangas que cubrían parcialmente sus manos y que esa camisa no dejaba apreciar su silueta, sino que era más holgada. De haber sido otra la situación se hubiera burlado un poco por la visión pero considerando lo ocurrido era mejor callarse.
-Philip, por favor, acepta mis disculpas. No quise molestarte anoche yo solo… fue una noche pesada. Yo…-
¿Tenía que explicarse? ¿Era necesario? Bueno si alguien se presentara a la puerta en la media noche de un viernes, exigiéndo ver un libro privado, quedándose dormido en mi sala, sí, me gustaría la explicación más larga y detallada posible para comprender la magnitud del golpe.
-Vamos a desayunar, la cocina está por acá, perdona que no te haya despertado pero ambos nos quedamos dormidos, solo pude hacerte sentir un poco más cómodo con una almohada y unas mantas para el frio. Además anoche lucias… cansado y no permitiría que salieras a la calle con la nieve, es peligroso.-
Pip notaba inmediatamente la incomodidad al hablar sobre lo que pasó anoche así que evitó el tema. Damien suspiró para sus adentros, se puso de pie y levantó las mantas que su anfitrión había traído atentamente para él. Pip era un buen chico y en estos momentos agradecía profundamente que no lo interrogara, así como no lo interrumpió anoche.
-Espero que no te moleste el desayuno inglés, es una costumbre que se mantiene aún, Kyle dice que soy un abuelo por tomar té con biscochos. Solo porque los americanos beban su desagradable café y sus bombas de azúcar a los que llaman donas no quiere decir que…- Pip regresó la vista a su invitado que lo miraba con curiosidad y media sonrisa.
-Hablas como una dama inglesa loca de sociedad.- Pip infló las mejillas como siempre que le decían algo acerca de sus refinadas costumbres o su manera de hablar. Damien soltó una risilla sin querer, ganándose un golpe amistoso en el antebrazo.
- Lo siento.- no lo sentía.
Damien discretamente veía el lujo a su alrededor, no pasó por alto como Pip naturalmente servía el té en dos tasas de cristal de una cara tetera que gritaba diseño por todos lados en su cuerpo hecho de cristal, sus aditamentos de plástico resistente a la temperatura y su fina aza de madera oscura. Ese juego de té debía costar sus buenos cientos sino que miles de dólares.
-Oh, no son de porcelana floreada, no puedo creerlo.- dijo tomando la taza que se le ofrecía.
-Puede que sea inglés pero nací en después del 1800.-
Damien volvió a sonreír, le agradaba que Pip no tomara a mal sus pequeñas bromas, con el tipo de amiguitos que tiene lo que él pudiera llegar a decir no era nada.
Damien observaba cuidadosamente los detalles de esa mansión neoyorkina, la vez pasada no pasó de la puerta principal, pero debía admitir que era fabulosa, los pisos de mármol, los muebles de madera, los acabados, todo lucia hecho para Pip.
Aunque ahora que lo pensaba. Nunca mencionó exactamente a que se dedicaba su familia, sabía solo pocas cosas de este rubio. Era estudiante de literatura, hacia su tesis, era inglés, era adoptado, gay, su ultimo novio murió en un descarrilamiento de tren. Tenía un buen gusto literario, amigos entrometidos, tenía una personalidad cálida y risueña. Aunque era solo una descripción general, era extraño pensar que quizá algo como Pip le hacía un poco de falta. Una relación que no trajera beneficio alguno, Pip y él siendo ellos mismos y pasando algún tiempo juntos hablando de lo que fuera. Se atrevía a decir que Pip era un… amigo, incluso después de su desastroso primer encuentro y de lo extraño que resulta el modo en el que se conocieron.
-Damien.-
-¿Si?-
-¿Estás seguro que….? Oh, perdona, es que no has probado bocado y pareces muy entretenido viendo las lámparas del techo.-
Pip se mordía los labios, intentando evitar el tema. Preguntar cualquier cosa no era adecuado, fuera lo que fuera que le haya pasado a Damien le había afectado hasta el punto de hacerlo llorar. Damien era una amistad que definitivamente quería conservar, le daba seguridad, le daba libertad de salir de su zona de confort, así que más vale no molestarlo con preguntas tontas.
-Sí, lo siento, no soy yo mismo. Como podrás darte cuenta… anoche.- se quedó a la mitad, era difícil hacerse entender.- Tuve un asunto familiar.- pobre excusa para lo que de verdad pasó.
-¿Fue grave?- "¡Cállate Philip! No preguntes más, lo vas a arruinar, cierra boca." Pip se reprimió a si mismo preguntando lo que no le concernía. Sobre todo cuando lo estuvo evitando.
-Algo, creo. Mi madre vino a verme.- "¿Por qué dijiste eso?"
Damien se mordió la lengua en el siguiente bocado, evitando a propósito la mirada del rubio, esto era ridículo. Él nunca ha huido ¿Por qué empezar ahora? Necesitaba desahogarse después de lo que pasó, lo sabía, pero Pip era solo un chico, no tenía por qué enterarse de la mierda de vida familiar que ha tenido que cargar.
-Ya veo, supongo que no esperabas verla.- Era difícil no preguntar.
-No, fue un shock, llevamos muchos años… separados.- "Deja de dar explicaciones."
-Lo siento mucho.- Lo dijo sin pensar.
El ambiente era tan extraño, ambos sabían que faltaban muchas explicaciones, razones, historias. Una cosa era tener algo de confianza natural entre sí, pues descubrieron que ese extraño podría ser un amigo tan anhelado, pero ¿Contarse la historia de su vida? No, era muy pronto para eso.
El incómodo momento duró hasta que el moreno llegó a hablar de alguna trivialidad como todas sus pláticas.
-Bonita casa.- "¿En serio?"
-Papá pensó que sería buena para la familia pero al final no pudimos vivir aquí.-
-¿No tienes ama de llaves o… nana?-
-¿Qué?
-Pensé que tendrías a alguien que trabaje para ti, que sea como una madre, como en esos cuentos ingleses o…-
-A veces creo que crees que soy un personaje de cuento clásico.- Pip negó suavemente su cabeza en negación, como si esto fuera la primera vez que le hablan así.- Esta la señora Wiliams pero ella está de vacaciones y no, no es mi nana. Mi familia no siempre fue acomodada, mi madre me crio ella misma.-
-Entonces sí vives aquí solo, muy espacioso.-
-Solo uso pocas habitaciones, sé que es demasiado pero papá dice que ellos vivirán aquí cuando se retire. Por eso paso mi tiempo en ese café donde nos reuníamos. Hay un poco más de gente.-
Damien no pudo evitar notar como llamaba a esas personas papá y mamá sin pensarlo ni dudarlo ni un segundo. Era bueno, considerando que Pip era adoptado, era increíble saber que había aprendido a amar a sus nuevos padres.
-¿Recuerdas a tu familia biológica?- "Imprudente boca grande"
Damien inmediatamente negó con la cabeza avergonzado de lo que había dicho, obviamente todavía daba vueltas en su cabeza lo que pasó, estaba comenzando a sobre pensar y divagar. Pip se sorprendió por la pregunta pero no se molestó, ese tema no era algo que le avergonzara tocar.
-Siempre.- dijo sencillamente.
-Pip, creo que debo irme, solo te estoy haciéndote pasar un momento muy incómodo, es obvio que estoy todavía algo perturbado.-
-No es ninguna molestia tenerte aquí, como dije antes, la casa es grande y tú me agradas mucho.- pensó cuidadosamente lo que iba a decir.- Si me permites mi atrevimiento, creo que la compañía te hará bien, distraerte un poco.-
-Estoy muy confundido, necesito tiempo para estar solo.-
Pip no ocultó su desilusión, Damien pensó por un instante que era un poco grosero rechazarlo así, después de todo Pip mostró genuina preocupación, le ofreció consuelo, después de haberle dado abrigo y comida sin pedir ni una miserable aunque bien merecida explicación. Debía devolverle el favor, había quedado en deuda.
-Vendré otro día si me lo permites.-
-Bueno, lo que pasa es que iré a Washington una semana a pasar las fiestas con mis padres. Volveré en año nuevo.- "Te está pidiendo una cita otra vez, idiota ¿Es que no lo ves?" Pip se mordió los labios sabiendo que arruinó otra vez las cosas.- Damien, tú siempre serás bienvenido en mi casa.-
-Y tú en la mía Pip.-
Damien colocó su mano amistosamente en el antebrazo del rubio. Pip estaba a punto de decir algo más pero los ladridos constantes que bajaban a toda velocidad de la escalera principal quebraron el ambiente. El pequeño perro gritaba atención de esta persona que recordaba del parque. Damien alzó al perro entre sus brazos, disfrutando de ese suave pelaje. El corgi de lomo negro seguía muy emocionado moviendo su cola de lado a lado, desarreglándole la ropa y lamiéndole la cara.
-Basta, basta Muffin, suficiente.- Pip tomó al perro en sus brazos y lo alejó del moreno.
-También me acuerdo de ti.- suspiró.- Una vez más, gracias por todo Pip. Tengo que ir…-
-Te acompaño a la puerta.-
El moreno asintió mientras se arreglaba la ropa arrugada y desacomodada gracias al perro. Por dormir en el sillón su cabello era un desastre, su corbata estaba desanudada. Dormir con el elegante traje de ese baile no fue buena idea, necesitaba un baño y un cambio de ropa.
Pip abrió la puerta, allí a punto de tocar el timbre estaba el rubio Butters sonriéndole a su amigo más joven.
-¡Hola Pip! Estaba a punto de tocar la puerta que coincidencia…. ¡AH!- soltó un grito.
Butters dejó caer la quijada ante la visión del semental Thorn con la ropa desarreglada salir a su encuentro. Los miles de pensamientos se aglomeraron en su cabeza.
-Buenos días.- Saludó formalmente el moreno.
-Hola, Damien, que sorpresa.-
-Damien ya se va, Butters, despídete.-
El moreno asintió y sin dar más explicaciones salió de la casa y se dirigió a su coche, abriendo la puerta, encendiendo el auto, calentar el motor, quitar na nieve molesta del parabrisas, dirigiendo una última mirada al inglés que seguía sonriendo, abrazando a su perro.
El auto arrancó y se perdió al final de la calle, Pip dejó escapar un cansado suspiró por lo que ha pasado y por lo que veía venir al ver esa mirada que Butters le daba. Ambos rubios entraron a la casa, el perro salió corriendo nuevamente y Pip se sentó en el sillón de la sala principal, donde Damien había dormido, tomando las mantas dobladas.
-¡OH DIOS MIO! ¡PIP!- chillaba como ardilla aspirando helio.- ¡Damien y tú, tú y él! ¡Carajo! Dios, Dios, Dios, lo sabía, lo sabía, lo sabía.-
-Suficiente, Leopold, no es nada de lo que piensas.-
-¿No? Por favor, no arruines mis ilusiones, ¡Pip, es perfecto para ti! Ese ardiente moreno se coló en tu casa y.-
-NO.- alzó la voz.- Ayer en la noche vino y me pidió un libro, se quedó dormido al leerlo, eso fue todo.-
-Oh…- No le creyó una palabra a pesar de ser más o menos lo que pasó.- Un libro. Está bien.-
Butters se sentó en el sillón frente a Pip con una sonrisa burlona. El rubio más joven comprendía que era lo que querían, era verlo con alguien, con quien fuera y tal vez así estarían más tranquilos y dejarían de pensar que está deprimido o algo por el estilo.
-De todos modos ¿Cómo va tu vida sexual?-
-¡Butters!-
-Pip, mi amigo, ¿Qué tienes en la cabeza? Tienes a un semental galopando como poni encantado alrededor tuyo y en lugar de montarlo solo lo ignoras como has ignorado a muchos otros.-
-¡Yo no ignoro a Damien! Ya te había dicho que lo quiero como amigo.-
-Pip, no me jodas, en serio, no puedes ser tan ciego.-
-No estoy ciego, claro que Damien es un sueño pero es más que eso. Es un hombre interesante.-
-Y aquí vamos de nuevo. Si es tan interesante deberías sacar tu arsenal y hacerlo tu hombre.-
-No lo entiendes ¿Verdad?-
-¿Entender qué?-
-No, no lo entiendes, Butters.- No iba a explicarlo, no tenía sentido pues este tonto hará de oídos sordos y vería todas sus razones solo como pretextos. Pero entonces una loca idea vino a su cabeza, si estos idiotas querían un romance de adolescentes entonces hay que darles lo que quieren, una razón idiota como:- ¿Has pensado que alguien como él no estaría con alguien como yo? ¿Qué tal si ni siquiera es homosexual o bisexual? No tengo energías de convertir a nadie, es agotador.-
-Mi tercer ojo me dice que por supuesto ese moreno te sometería el día que quieras.-
-Eres asqueroso a veces.- Pip negó suavemente con la cabeza.- ¿Por qué estás aquí, de todos modos? –
-Ah, cierto.- se acomodó mejor en el sillón.- Wen y Erick nos invitan a una cena de navidad hoy, antes de que nos vayamos de regreso a Colorado.-
-¿Todos se irán de regreso?-
-No, Craig se queda, no tiene días libres más que el veinticinco.-
-¿Por qué viniste si pudiste decírmelo por teléfono?-
-Quería compartir un almuerzo contigo, además tengo cosas que contarte. Acerca de Charlotte.-
-Oh tu novia canadiense, ¿Qué ocurre con ella? ¿Ya se cansó de ti, por fin?-
-Muy gracioso, niño gay.- Butters le hizo una mueca que decía "Perra, por favor, no jodas" Pip entendía la indirecta pero cuando Butters se ponía a hablar de la muchacha canadiense tomaba unas cuantas horas. Estas conversaciones no eran baratas si se trataban por llamada celular así que Butters prefería gastar en un viaje de metro a una cuenta de cien dólares por cargos extras.
De entre el grupo Butters y Pip eran los más cercanos, Pip tuvo que soportar ser sometido al papel de amigo gay consejero. A pesar de lo que se pudiera aparentar, tanto Butters como Kenny eran bisexuales, Kenny se inclinaba más a las chicas pero no le molestaba un chico de vez en cuando, mientras que Butters era un equilibrado 50/50. Así que era su deber como homosexual servir como comodín para que Leopold pudiera hablar, sin embargo para su desgracia Pip era lo suficiente masculino para evadir el estereotipo homosexual aunque no tanto el estereotipo inglés amante del té y la reina.
-Bien querido, te sirvo una buena taza de té y puedes iniciar.-
….
No fue a su loft, no pudo, abandonó su precioso auto y caminó sin rumbo, por el metro de la ciudad, perdido, eran sus vacaciones otra vez, tiempo para perderse a sí mismo y regresar de donde seguramente no debió salir, un lugar horrible y miserable para un hombre horrible y miserable. Ese asqueroso cuarto, abandonado de la mano de cualquiera, fue su hogar durante sus más miserables años, entre el abandono y su camino al éxito.
Bronx, casi llegando a la zona sureste, terrenos nada bonitos, en su mayoría llenos de población negra y latina, no es algo agradable, el barrio era un asco a veces. Los vecinos veían a tan elegante hombre ir y venir de vez en cuando, muchos habían intentado hacerle daño, robarle, seguirlo. Pero desgraciadamente Damien había pasado más de la mitad de su adolescencia y parte de su adultez en escuelas y servicio militarizado. Allí se aprendía más de disciplina y valores, no será un G.I. Joe pero sabía defenderse, una vez tomó el cañón de ese maldito, devolviéndole el disparo. Un movimiento estúpido.
Subió las rechinantes escaleras hasta la puerta, giró la llave y observó el lugar claramente, exactamente igual que como lo dejó, sucio, con tan solo un viejo sillón, basura, la luz no entraba y el olor era entre la humedad, suciedad y polvo. Asqueroso. La última vez que estuvo allí el pequeño Pip fue a buscarlo. Tiene sentido, el buscó documentos escolares y esa era su última residencia registrada.
Sin expresión en el rostro se adentró, cerrando la puerta detrás de sí. Caminó a la miserable habitación, esquivando la basura de por medio, pasando por sobre ella. Dentro del armario, una serie de cajones vacíos, menos uno, cerrado. El cajón de las cosas perdidas, el de los recuerdos que son demasiado grandes para llevarlos encima. ¿Por qué las escondió allí?
Era un grupo de papeles, fotos y notas. Los bordes estaban ya amarillentos por el tiempo y olían a humedad. Salió de allí y volvió a cerrar la puerta, caminó tres calles cuando notó que estaba empezando a nevar. Maldiciendo entre dientes comenzó a caminar más a prisa para llegar a la jodida estación más cercana.
Mientras en la esquina de la siguiente calle un grupo de vagos se reunía alrededor de un bote metálico de basura, esta época era de las peores, los desprotegidos no disfrutaban de las blancas navidades. El cubo había sido rellenado de viejos trozos de papel y algo de licor barato para poder encenderlo pero la nieve mojaba los papeles y era imposible lograr la fogata así.
-¡Usa otro fosforo! Se me está congelando el puto culo.- un hombre sucio y con al menos cinco dientes menos se quejaba frotando sus manos gruesas y ásperas.
-La caja de fósforos también se mojó, idiota, no podremos calentarnos nunca, la maldita nieve no deja de caer.- Le respondió su compañero de barba sucia y de ojos cansados. Apretando la botella de licor contra su pecho.
-Puta madre ¡Me Congelo!- chilló de nuevo el hombre sin dientes.
Damien al escuchar las quejas de esos dos desvalidos hombres se acercó a ellos, ambos vagabundos lo miraron de mala manera, no era extraño que las personas los insultaran o les golpearan. El hombre de manos gruesas estaba a punto de soltar sus mejores improperios contra ese idiota. Sin embargo Damien lanzó la pila de papeles al cubo de basura, arrebatándole la botella de licor al otro, prácticamente vaciándola sin cuidado y sin importar si los hombres se quejaban pues era su última botella. De su bolsillo sacó su precioso encendedor, arrojándolo también con desprecio dentro del cubo, la combustión fue potente, tanto que los vagabundos dieron un paso atrás pues la flama casi pudo quemarlos. Sus ojos azules como el hielo miró con desprecio esa flama, podía verla, esa foto algo vieja ardiendo; Damien había aprendido a no sentir compasión de sí mismo, la debilidad e impotencia de ser la víctima no le quedaban, no a un hombre que lo tenía todo.
Dio media vuelta a sus pasos y comenzó a caminar de nuevo a su hogar, a ese bellísimo loft en lo alto de un rascacielos, allí es donde pertenecía. Nunca volvería a ese basurero. Nunca tomaría esas "vacaciones" de perdición otra vez.
-¡Oye! ¡Ese era nuestro licor, bastardo!- gritó molesto el hombre de manos gruesas, poco importando que este extraño de hecho encendiera el tan preciado fuego que los salvaría al menos esa noche del frio.
Damien, sin decir nada metió la mano a su billetera y sacó su único billete, cien dólares, dejó caer el billete al suelo, ante la incredulidad de los hombres. Ni siquiera los volteo a ver, ellos no eran su problema, poco le importaba realmente su destino. Pero ¿Saben que si importaba? El lunes tenía que presentarse a trabajar en la oficina.
…
Pip sonreía como si estuviera en una especie de viaje en el tiempo, podría jurar a veces que sus amigos no cambiarían nunca. Erick y Kyle enfrascados una vez más en sus peleas políticas y morales. Bebe, Butters y Kenny intercambiando risas y comentarios obscenos. Craig, Nichole y Wen mantenían una conversación normal sobre los acontecimientos más importantes o relevantes de sus vidas desde la última vez que se reunieron. Mientras Pip observaba a todos con cuidado, cada gesto y cada movimiento. Su mirada a veces se perdía, en ningún punto fijo de su plato con pavo dorado.
-¿Pip? ¿Qué pasa? ¿No te ha gustado la cena? – Wen se dirigió a él con una mirada de extrañeza.
-¡NO!- casi salta en su lugar, había sido descubierto.- Esta deliciosa Wendy, pusiste un gran esfuerzo.-
-En realidad de eso se encargó Erick.- sonrió sonrojándose un poco.- El famoso pavo al horno de Lian, solo él sabe cómo hacerlo.-
-Es la receta de mi madre, ya quisiera el judío comer esto todas las navidades.- Erick habló desde el otro lado de la mesa.
-Yo no celebro Navidad.- Kyle se cruzó de brazos.- Aunque entiendo ahora porque siempre fuiste un culo gordo.-
-Si hablas de culos gordos ¿Porque no empezamos con tu madre?-
-¿Qué dijiste, barril de grasa?-
-Ya me oíste, judío de porra.-
Pip negó suavemente ignorando la nueva pelea que se veía venir.
-¡Está deseando que cierto moreno estuviera aquí con nosotros!- Butters sonrió como gato recargando sus codos sobre la mesa y apoyando su rostro sobre ambas manos.
-¡Buttes!- reprochó Nichole.
-Está hablando de Damien.- Tranquilizó Pip, evitando que malinterpretaran esa descripción tan general de "cierto moreno".
Las chicas se tranquilizaron un poco, aunque de todos modos les pareció extraño que el nuevo amigo de Pip saliera a colación.
-Leopold cree que me acosté con él solo porque Damien pasó la noche en mi casa.-
-¿Pasó la noche contigo?- Bebe sonaba más interesada.
-Fue a buscar un libro, se hizo tarde y pues no quería que condujera con toda esa nieve en la oscuridad.-
-Que considerado, como siempre.- Wen asintió.
-¡Aburrido! Debiste atarlo a tu cama y no dejarlo irse nunca.- Butters insistía, más para molestar que otra cosa.
-Ya te dije que solo es mi amigo.- Pip inconscientemente se pellizcó el puente de su nariz, un habito adquirido bajo imitación.
-Como también lo fue ese chico mexicano, David.- Leopold no entendía cuando callarse.
-David era hetero, me invitó a ese extraño club latino solo para enseñarme a bailar un poco con amigos suyos.- Pip se encogió de hombros.
-¿Qué tal ese chico Bradley?- Wendy recordó a ese chico rubio y de cabello alborotado.
-Ese marica. Wen, dos pasivas no pueden llegar a ningún lugar.- Butters estaba molesto de que le recordaran un intento de coqueteo fallido y terminó estando con Pip quien obviamente lo rechazo.
-Butters no puedes hablar así de Bradly solo por.-
-Tiene razón.- Pip hizo una mueca, no pudiendo defender a Bradley, era un chico lindo pero no encajaba en su ideal de belleza masculino.
-¿El chico gótico de pelo rojo? Al menos se vestía de negro como Damien.- Nichole soltó una risilla.
-Dylan usaba tinte barato y holgadas camisetas de bandas góticas que nadie conoce. Damien usa trajes italianos, su cabello es negro naturalmente y su conocimiento literario va más allá de depresivos poemas de Poe.- Pip negó con la cabeza.
-¿Ves que si te gusta?- Bebe le sonrió a Leopold.
-Solo defiendo a mi nuevo amigo de una comparación absurda.- Pip se cruzó de brazos.
-Entonces ¿Qué "pero" tenía el chico musculoso y mal hablado? El del extraño acento parecido al tuyo.- Craig habló por primera vez, saliendo de su estado de mutismo.
-Francés, era francés.- Pip apretó los puños recordando cuanto odiaba a ese maldito loco.
-Eres de gustos difíciles.- Kenny se carcajeo.- Nada te complace.-
-No es mi culpa, perdón por no verle el pene a todo hombre que se me cruza enfrente.- Pip le dio un trago a su cerveza de mala gana.
-Entonces ¿Qué tiene de interesante el pene de Damien? – Kenny tenía una bonita sonrisa, pero a veces de verdad quería golpearlo en la cara.
-¡Kenny!- Pip había perdido la paciencia.
La conversación cambio de foco cuando se escuchó el ruido de un vaso rompiéndose. Kyle y Cartman habían subido el otoño de su discusión. Quizá ya estaban borrachos y habían llegado al tópico de porque Hitler no hizo nada malo. Desatando la ira del judío quien había arrojado el susodicho vaso a la cara regordeta de Erick. Dando un suspiro cansado pues esto era más común de lo que se pensara en un instante Kenny y Butters se pusieron de pie para separar la pelea. Nichole y Wendy como respectivas novias de estos brutos debían hacerlos entrar en santa razón y Bebe fue a buscar algo para limpiar el desastre pues el vaso estaba lleno de vodka con jugo. Craig decidió que era el perfecto instante para salir un momento a fumar un cigarrillo. Pip lo siguió pues Craig era la única persona de entre ese grupo que era sereno y disfrutaba de su compañía.
-Craig ¿Qué harás esta navidad?- preguntó sabiendo que todos estarían fuera de la ciudad menos él.
-Pensaba pasear un rato, el trabajo no me deja tiempo para estar solo, iré a pasear por la nieve.-
-Ruby debe estar triste de que la dejes sola.-
-¿Esa niña? Por favor, se asegurara de hacerme pagar en año nuevo.-
-Es muy linda.- Pip respondió dejando el ambiente en un pacífico silencio.
Esa noche no había nieve, solo frio y un viento helado. Pip perdió la vista en el final de la calle del vecindario, Queens no era tan malo, no en el barrio donde vivían Wendy y Erick. Volviendo a ese estado de trance. Su cabeza volvía una y otra vez a la noche anterior, donde Damien toco a su puerta, la mañana siguiente….
Estaba preocupado, mucho, Damien había dejado en claro lo capaz que era, sin embargo había tantas cosas que no sabía. Si Damien tenía tan bonito loft ¿Por qué lo encontró perdido y ahogado de borracho en ese sucio lugar? Era extraño que alguien con todo lo que pudiese desear fuera así. Debía ser por su vida personal, aquella que evitaba a toda costa y que al principio sonaba como una vida normal. Problemas y discusiones con su padre, eso hasta él las tuvo con su respectivo padre pero… ahora decía "mi madre vino de visita" sonaba a que esa mujer le era ajena. Pip suspiró para sus adentros, pues nada de eso era asunto suyo, no tenía derecho a meterse, ni a opinar al respecto. Lo sabía muy bien.
Sin embargo eso no evitaba tenerlo inquieto y muy preocupado. Pues solo había visto una mirada así de perdida hace ya varios años.
-Stan, por favor, otra vez no.-
Era ya la quinta vez que encontraba al chico así, sucio, lleno de un olor nauseabundo, estaba cansado, esto era deplorable. Ya no quería otra discusión sobre sus vicios, sabia en que desencadenaría, como las últimas cuatro veces. Stan lloraría por perdón y rogaría comprensión, después intentaría abrazarlo, se le caerían los pantalones y prometería que nunca lo volvería hacer. Promesas vacías, palabras, solo eso, juramentos en boca de un hombre sin honor alguno no son algo en lo que depositar su ya herido corazón.
-¡Pip! E-Egh.- Ni siquiera podía articular una palabra completa.
-Stan, esto es… ¿Por qué? Pensé que habías prometido mejorar, por favor.-
-¡No lo entiendes, c-carajo!- era un mal borracho.
-Entiendo que rompiste tu promesa otra vez.- intentaba sonar maduro y valiente, pero en realidad estaba tan cansado y muy decepcionado.
-¿Qué sabes tú? Tus p-padres murieron ¡No-no sabes lo que siento! ¡E-Ellos me engañaron!-
-Y porque mis padres murieron yo sé lo que es perder a mi familia ¡Sé lo que es ya no tener a nadie! ¿Cuál es tu excusa? Tú mismo decías que ya no podían estar juntos y ahora lloras como si te hubieran dejado de amar.-
-¡Oh! Cállate, maldito ingles p-pendejo.-
-Eres de lo peor. ¿De verdad no te importa? Stan, has faltado a la escuela, no contestaste mis llamadas, no había nadie en tu casa y… lo último que me dijiste ayer en la noche fue "Solo quiero morir".- con cada palabra el nudo en su garganta crecía y sus ojos se llenaban de lágrimas.- ¡Pensé que te habías matado!-
Pip se frotó los ojos para limpiar sus lágrimas, estaba tan enojado, pensó lo peor durante todo el maldito día, buscándolo por todas partes, pensando que lo encontraría con las muñecas cortadas o colgado en algún árbol y simplemente… estaba en un callejón maloliente cerca de los límites del pueblo, tan borracho que no podía ponerse de pie.
-¡Deja de gritar!- el moreno se tomaba la cabeza aun mareado por el alcohol.
-Te odio, odio en lo que te has convertido ¡Idiota! No eres ni la sombra del chico que solías ser. ¿Dónde está mi Stan? Lo quiero de regreso.-
-E-Estoy aquí, mierda, no te da-das cuenta de-de lo mal que mi siento. ¡T-Todo se f-fue al carajo!-
-Estábamos todos contigo, todos nosotros te queríamos ayudar, porque nos importas, porque eres nuestro amigo. ¿Es así como nos agradeces? ¿Robando de una puta licorería? Eres un mentiroso y un asco. ¡Ni siquiera puedes ponerte de pie ni hablar bien! ¡Me das vergüenza!-
En un arrebato de enojo más que otra cosa por los continuos reproches y gritos que hacían doler como los mil diablos su cabeza no lo pensó, ni siquiera sabía lo que estaba sucediendo con exactitud hasta que abrió sus ojos a pesar del dolor que le provocaba la luz.
Pip había gritado y se sostenía la parte lateral de su cabeza, observando con incredulidad como sus rubios cabellos se teñían de rojo. El impacto de esa botella fue rápido, doloroso, certero. Casi sin quererlo Stan sintió como su estado alcohólico bajaba. Siendo consiente de qué pasó.
-Pip- carraspeo de forma poco agraciada.- L-Lo siento.-
El rubio escuchó más palabras sin sentido, poco le importó pues sin siquiera dudarlo comenzó a caminar lo más lejos que pudo del imbécil, con un dolor agudo en su cabeza. Tomó su celular para llamar a Kyle y decirle donde estaba su "súper mejor amigo". No tomo tiempo hasta que todos estaban allí, Wendy casi pega el grito en el cielo al verlo sangrando sin papar. Kyle al igual que él estaba furioso por encontrar al Stan así.
Nichole y Bebe lo llevaron al hospital donde fue atendido. Dejando a Kyle, Wndy y Kenny a cargo de Stan. Cabe mencionar que el nudo en su garganta nunca bajo, todo ese coraje y decepción lo acompañó hasta su casa esa noche, donde tuvo que tomar un baño muy largo, no pudo parar de llorar dejando que el agua se llevara las lágrimas. Después de casi dos horas tuvo que salir del baño y vestirse en su dormitorio. Se sentó en su cama y peinó su en ese entonces largo cabello rubio, admirándose en el espejo, sus ojos azules estaban perdidos en su reflejo, rojos, cansados, decepcionados. Añorando algo que parecía perdido.
Navidad pasó sin pena ni gloria. No lo mal interpreten, era bueno volver a ver a sus padres y a su hermano, Washington además era una ciudad muy bella en esa época, claro que no tenía ese encanto salvaje de NY pero no estaba mal. Pip amaba ese viejo encanto inglés que le daban a esta fiesta siempre, con todos los adornos y los platillos, pero desgraciadamente al crecer la magia se va paulatinamente perdiendo hasta convertirse en una navidad de muchas, haciendo que las cenas realmente especiales fueran pocas.
Pensaba relajarse un poco con su familia y disfrutar de su compañía hasta aproximadamente el cinco de enero, pero había algo que el pequeño Pip no había previsto.
-¡¿Qué?!- había casi gritado al escuchar esas palabras al otro lado de la línea telefónica.
-Lo siento mucho Pip, pero no puedo cuidarlo, sé que lo había prometido pero mi abuela murió anoche y tengo que regresar todos los perros a sus dueños antes de mañana.-
Mr. Muffin no tenía papeleo en regla para tomar un avión, por lo que Pip lo había dejado en la pequeña pensión que manejaba una chica universitaria. Heidi Turner era una linda compañera que había anunciado su pequeño negocio para todos los chicos que salieran a ver a su familia o de vacaciones en estas fechas. Ella cuidaría pero perro hasta su regreso pero…
-Oh, lo lamento mucho.- Pip estaba pensando a mil por hora cómo hacer para que su perro no fuera abandonado.
-Sé que es una molestia ¿Habrá alguien que pueda cuidar al perro por ti? ¿Alguien que aun esté en la ciudad?-
Pip pensó en Craig pero lo descartó inmediatamente. Craig era terriblemente alérgico a los perros, su sola presencia hacia que su nariz escurriera y vivir con uno que dejaba todo cubierto con su pelo haría que le saliera salpullido. Su mente vagó entre sus compañeros de facultad pero ninguno era realmente su amigo íntimo para encargarle a su perro durante casi dos semanas. Damien pasó por su cabeza quizá por solo una fracción de segundo y se rio entre dientes. Damien era un hombre de trabajo que no la estaba pasando tan bien últimamente para estar cuidando de su perro, si bien no podía negar que Muffin agradaba mucho de ese sujeto, solo lo había visto dos veces. No, olvídalo. Tendría que ir el mismo por el perro.
-No te preocupes, si tomo el vuelo llegaré hoy en la noche a recogerlo, no es problema.-
-De verdad perdóname.- se oía muy culpable.
-Entiendo, no llores por favor, no es culpa tuya. Estaré allí en unas horas ¿Si? De acuerdo, hasta luego Heidi y gracias.-
Después de colgar la llamada reprimió las ganas de golpear su cabeza contra la pared de la casa más cercana. Su madre que estaba junto a él preguntó por la extraña llamada que dejó a su hijo tan irritado.
-¿Muffin?- preguntó extrañada- ¿Regresarás?- pregunta de confirmación.
-Ella ya no puede cuidarlo y… no hay nadie que pueda hacerse cargo de él. Volveré mañana a medio día. No es un viaje largo… pero.-
Si algo era bien conocido por todos era que Pip no disfrutaba de manejar un auto. Prefería usar el tren, metro, bicicleta, el bus o caminar pues los autos siempre lo intimidaron. Ni hablar de un viaje en carretera en invierno. A pesar de la cercanía de las ciudades eran cuatro horas de puro estrés en una carretera nevada con un perro inquieto y juguetón. Esto sería horrible. Se maldijo a si mismo por no conseguir los papeles de viaje del perro para que pudiera ir aunque fuera en tren.
-Pip, cariño, por favor, hay amenaza de tormenta, dicen que es la más grande en cuarenta años.-
-No hay nadie que lo cuide, Heidi se irá mañana en la mañana, lo debo de recoger hoy en la noche, mamá, es medio día ya, si me voy ahora puedo evitar todo el caos de la tormenta.-
-Pero podríamos mandar a alguien por el perro.-
-Mamá, por favor, te digo que no hay problema, yo me encargo, de todos modos es mi perro.-
Mary era una mujer de familia, desde que dejó su empleo hace ya muchos años para cuidar a su único hijo Oliver y después al pequeño Pip, haciendo todo lo que estuviera en sus manos para hacerlo sentir en su hogar. Siempre es un momento importante cuando un hijo dice "mamá" para Oliver fue a los seis meses y Pip lo dijo a los diez años, al pedir una galleta de mantequilla a Mery.
El ver crecer tan rápido a esos dos chicos le llenaba de orgullo y tristeza al mismo tiempo. Pip era el caso más extremo pues él había decidido quedarse en la ciudad donde había hecho ya su vida de adulto, con sus amigos, su escuela y sus libros. Lo sentía lejos y verlo irse le causaba un vacío desagradable. Pero no lo detuvo, no podía, Pip era ya un adulto.
-Hijo por el amor a Dios, conduce con cuidado, no te apresures. Respeta los límites, la carretera debe estar congelada. Duerme en la casa y si la tormenta llega antes por favor ni se te ocurra tomar el volante.-
-Sí, mamá.- dijo tomando sus cosas, llaves, ropa, licencia, dinero en efectivo, tarjeta de crédito por si acaso y su abrigo rojo.-Por favor, podrías decirle a mi padre y a Oliver a donde fui.-
-¡Tu boina!- llamó la mujer al momento de que Pip entrara a un auto de los tres que tenía la familia. El Cadillac negro de líneas continuas, su favorito si teníamos que escoger.
-¡No la necesito! ¡Encenderé la calefacción!-
-¡Cuídate hijo!- Pip abrió la puerta del garaje.
-¡Te amo, mamá, nos vemos!- Mary se quedó abrazando la prenda de su hijo mirando el auto salir a la calle y la puerta que se cierra automáticamente.
Fue una despedida rápida y sin mucho cariño. Pip suspiró hondo tratando de relajarse, sosteniendo el volante con fuerza innecesaria y poniendo algo de música de su larga lista de reproducción para no pensar demasiado. El GPS le guiaría así que no había necesidad de preocuparse. La nieve era preciosa, caía con gracia y suavemente en el suelo por el que el carro avanzaba. Blanca sabana que crecía y crecía.
…
…
…
¡Hey!
¿Cuánto tiempo después de tantos meses? Si… sé que debería continuar de hecho Life After Seventeen pero había empezado este documento antes y lo tenía más adelantado.
No estoy segura de poder subir un nuevo capítulo tan rápido pero daremos lo mejor antes de que termine enero.
En fin, eso ha sido todo, por lo menos por hoy, recuerden que yo soy CerealPascual y aquí me despido.
Adiós. :D
Pd. Feliz Año nuevo a todos ustedes ;3
