Tormenta

Respira, concéntrate, usa toda tu fuerza, levanta los brazos, duele, mantenlo, mantenlo, respira. Sus acalambrados brazos regresaron la barra a su base y dejó escapar un largo y cansado suspiro. Maldita tormenta invernal, malditos días de vacaciones pagadas y sobre todo, maldito dolor. Estos días Damien se vio a si mismo completamente perdido en su cabeza, no hay nada peor que ahogarlo dentro del mar de su alma. Sus pensamientos iban y regresaban entre la noche del baile antes de navidad, de eso ya hace siete días y no podía sacarse a Katherine de su cabeza.

No podía decir que odiaba la navidad pues sus mejores recuerdos son precisamente la mañana del veinticinco de diciembre, sin embargo la vida se llevó la magia hace ya mucho tiempo, entonces solo paso a ser un día no laboral en la soledad de su apartamento. No era problema hasta que los demonios que creyó haber superado regresaron para atormentarlo y la única manera en la que podía olvidarlos por un momento era trabajando. Para su desgracia la ley lo obligaba a dar vacaciones desde el día de navidad hasta el año nuevo, tiempo suficiente para que pueda torturarse mentalmente por las palabras de su madre.

Maldijo nuevamente a su maldito medio hermano mayor, había dado justo en el blanco, un golpe bastante bajo y sucio. Era cierto, durante sus años de infancia solo pudo soñar volver a ver a su madre, envidiaba mucho a sus hermanos, envidiaba esa pequeña y miserable vida. En esas noches en la oscuridad regresaban esos imposibles pensamientos ¿Qué tal si su madre se hubiera quedado con él? ¿Qué tal si formara parte de esa pobre e insignificante familia Brown? ¿Hubiera sido más feliz de lo que es ahora? Siempre negaba fuertemente con la cabeza y hacia una mueca de fastidio, imaginar con lo que pudo ser es una pérdida de tiempo ¿Qué más daba? Él era Damien Thorn, no podía seguir soñando despierto sobre tonterías, por favor, quería regresar a la paz que le brindaba su soledad, Katherine era su madre, siempre lo será pero no podía perdonarla ni deshacerse de ese odio que le tenía tanto a ella como a Belial.

En un impulso de irresponsabilidad se encerró en el gimnasio, no era un adicto pero iba regularmente tres veces a la semana y se ejercitaba alrededor de dos horas. El día de hoy iba para las tres horas y media, obviamente sus músculos poco acostumbrados a tanto esfuerzo sin descanso estaban desde hace ya cuarenta minutos comenzando a doler. Sin embargo hizo caso omiso y se dirigió a la caminadora, subiendo el volumen de sus audífonos y preparándose para correr. El dolor pasó a segundo plano mientras que la velocidad de la caminadora aumentaba automáticamente. En su cabeza solo sonaba la música, no era un fan de los éxitos del verano pero para ejercitarse nada mejor que ese bit pegajoso y letras sin una gran profundidad. Era tan emocionante y tan vitalizador, le recordaba a esas buenas fiestas con música, alcohol y drogas, de esas que recuerdas con una sonrisa. Sin darse cuenta cerró los ojos y siguió corriendo, la música aumentaba de ritmo y le hacía correr más y más rápido. Sus piernas punzaban con cada paso y su pecho subía y bajaba rápidamente.

"Damien ¿Podría entrar en tu vida?"

La voz lo sacó de su mundo y sin darse cuenta se detuvo al instante, la maquina siguió corriendo arrastrándolo o mejor dicho disparándolo directo al suelo. El golpe fue directo a su espalda baja haciéndolo soltar un gruñido. Sus audífonos habían caído medio metro antes y fue capaz entonces de oír la risa de los demás en el gimnasio.

-Damien, chico, ¿Estas bien?- Chuck era el entrenador de Damien, lo ayudaba de vez en cuando. Tipo grande, musculoso y lleno de testosterona.

-¿Eh? Sí, estoy bien.- lo ayudo a ponerse de pie, eso era más una mala idea ahora, sus piernas, sus músculos y ligamentos dolían mucho no pudo ocultar la mueca.

-Hijo, de dije que te fueras a casa hace una hora. Me temo que voy a tener que pedirte que te vayas.-

-¿Me estas expulsando del gimnasio?-

-No, te estoy enviando a casa y no te quiero volver a ver hasta año nuevo, por favor, vive tu vida, cógete a tu chica, ve a una fiesta e intenta relajarte. Pero no sigas aquí o te romeras un hueso.-

-Lo siento y… supongo que me iré. Gracias Chuck.-

-Descansa hijo.-

Damien se movió con dificultad a las duchas donde sus molidos músculos se destensaron un poco con el agua caliente. Sin embargo sabía que ese golpe le dejaría un moretón bastante grande en toda su baja espalda y parte de su cadera. Su ropa limpia de gimnasio no era tan glamorosa como sus finos sacos y trajes pero era holgada.

Saliendo a la calle el golpe de frio le dio justo en la cara. Esa estúpida tormenta de nieve causo un caos en la ciudad dúrate los últimos días después de navidad. La nieve era más un problema cuando eres adulto y tu puto coche se queda atorado. Por suerte el gimnasio estaba cerca de su apartamento, sin embargo caminar le hacía punzadas dolorosas en sus piernas.

Caminó tres calles hasta ver de nuevo las calles frente a la Central Park, la nieve se acumulaba en bultos y eran pocos los autos afuera. Se apretó mejor su bufanda y cubrió mejor su nariz roja. Cruzando la esquina siguiente a punto de desviarse cuando pudo ver esa impresionante melena rubia.

-Eres el peor perro del mundo.-

Ese gruñido venia de un muy frustrado Pip, debido a los recientes acontecimientos los cuales incluyen dejarlo con una cuidadora ósea una perfecta desconocida y encerrado los últimos dos días por la maldita tormenta invernal lo puso de muy mal humor, ofendido por este tipo de maltrato se ha negado a obedecer a su amo, eso incluye ladrar y tirar de su correa en su primer salida desde que volvió a ver a su dueño rubio.

-Camina, Muffin, te estas comportando como un perro malo.-

El pequeño corgi en un acto de rebeldía total decidió que lo mejor era negarse a dar un solo paso más. Pip lo miro sentado sobre la nieve y su primer instinto además de golpearse la frente con su mano libre fue gruñir de frustración.

-Te estas ganando un castigo, Muffin.- hablar con el perro como si te pudiera entender es solo el primer paso a la locura.-Es todo, nos vamos a casa ahora mismo.-

Intento tomar al perro en sus brazos pero Muffin detectó un olor conocido, se puso alerta de inmediato ¡Claro! Es el olor de esa persona que durmió en su hogar, era un muy agradable olor así que comenzó a ladrar y dar vueltas, esa molesta correa era un estorbo.

-¿Ahora cuál es tu problema? ¡Muffin, cálmate no ladres así! ¡Quieto!-

No funciono, vaya una sorpresa. Sin embargo su teléfono comenzó a sonar. Pip sostuvo la correa con firmeza y contesto sin pensarlo, su madre había llamado todos los días preguntando si estaba todo en orden. No la culpaba después de esa horrible tormenta, la electricidad fallo durante todo un día en su hogar.

-¿Hola?-

-Veo que me mentiste.-

-Damien.- Pip se puso nervioso inmediatamente.- ¿Disculpa?-

-Sabes, bastaba con decir que no deseabas que te molestara nuevamente.-

-Perdona pero no comprendo lo que dices.- se escuchó una risilla del otro lado. Era muy extraño oír a Damien reír aunque fuera irónicamente.

-Entonces voltea.-

-¿Eh?-

Pip regresó la mirada a donde ladraba su perro, el hombre moreno le hizo un gesto con la mirada y una sonrisa ladeada, Damien se acercó colgando la llamada al mismo tiempo que el rubio cambiaba totalmente de expresión, esa sonrisa tímida y benevolente. Tal pareciera que son amigos desde hace ya muchos años.

-Hola- saludo con entusiasmo y genuina alegría de verlo.- Sé que no te lo dije pero espero que hayas pasado una feliz Navidad.- Pip siempre tan buena gente.

-Buenos días, querido.- Damien hizo una reverencia y fingió un acento inglés marcado como el del rubio. Pip ignoró ese detalle frunciendo ligeramente el ceño. Damien parecía molesto o inconforme por algo.

Sin embargo ajeno a todo esto, Muffin saltó frente a esta persona esperando atención y mimos. Para su mala suerte el moreno no le presto demasiada atención pues estaba verdaderamente inconforme con este encuentro.

-Pensé que estarías fuera de la ciudad hasta año nuevo.- directo al punto.

-Oh, te refieres a eso. Bueno, tuve un percance con…- un potente ladrido interrumpió toda la conversación, Muffin demandaba atención de esta persona con olor bonito. Damien se agachó entonces para sostener al perro. Su espalda dolió como los mil rayos por ese movimiento, fue un error. Pero el suave pelaje del animal le alegraba, era terapéutico acariciar este a pequeño.

-A ti te recuerdo.- lo alzó en brazos para continuar mimándolo, ganándose la gratitud y amistad infinita de Muffin.

-Sí, precisamente tuve problemas con Muffin, su cuidadora tuvo que salir de emergencia y tuve que regresar por él, aunque nos quedamos atrapados por la tormenta y es nuestra primera salida desde entonces.-

Pip miró fulminantemente al perro que ha regresado a un estado de pasividad horroroso al ver a Damien, "Perro traidor" deletreo completamente seguro de que el perro lo veía pero para su desgracia Muffin no daba medio carajo por su amo cuando tenía los mimos de esta persona. No es como si supiera deletrear después de todo.

-Entonces regresaste por el perro.-

-No puedo llevarlo conmigo porque no tengo la documentación todavía, pensé que en una estancia estaría bien al menos unos días pero todo se complicó más de lo que quería.- Pip suspiró y se abrigó mejor con su bufanda.-No podremos regresar, las carreteras están congeladas.-

-La tormenta te arruinó los planes entonces.-

Damien se quedó callado un momento, pensando en ¿Qué decir? Siempre sabía cómo continuar una conversación pero ahora simplemente no pensaba bien. Desde hace días no se siente el mismo. Pip notó inmediatamente este titubeo en Damien, esa mirada, si tuviera que apostar diría que el moreno no ha dormido demasiado, estaba distante. No era ese hombre tan seguro de sí mismo, quería preguntar, pero una vez más tuvo que tragarse todas sus preguntas. Pensó entonces en lo que dijo el moreno por teléfono.

-¿Por qué pensante que te mentiría? Has sido siempre una agradable compañía, creo que a estas alturas tú tienes más razones para molestarte conmigo, desde que nos conocimos… creo que forcé un poco eso.- Pip se avergonzó lo suficiente para que sus mejillas se colorearan.

Damien recordaba que hace meses ese encuentro, si era algo cierto que Pip forzó de alguna manera estos encuentros, no lo culpaba, después se convirtió en él escuchando la historia de cómo conoció a su novio y más tarde perdió todo el interés. Stan fue un chico increíble y no quería volver a escuchar de él por parte de ninguno de estos chicos. Lo hacía sentir extraño, él no era como ellos, no era como Stan y ciertamente no creía correcto seguir tocando el tema. Sin embargo en algún punto entre todos estos eventos Pip se volvió una especie de amigo o grata compañía, confortable y con quien no necesitaba mucho esfuerzo para interactuar, casi podía ser él mismo.

-Creo que ambos hemos interrumpido en la casa del otro en este punto y supongo que el tiempo que hemos convivido estos meses nos vuelve más cercanos- sugirió como si fuera algo obvio.

-Sí, creo que si.- dudó un poco en contestar.

-Entonces, si me permites, tomaré esa visita que quedó pendiente mañana.-

-¿Mañana? Pero mañana es treinta y uno de diciembre… ¿No tienes-?-

-¿Planes? En realidad no, supongo que tú tampoco tendrás mucho que hacer. Los dos estamos atrapados en la ciudad.-

Pip asintió pensativo, si bien no era la primera vez era extraño conocer a personas sin ningún plan para año nuevo, lo que le extrañaba era que este hombre de brillante porte estuviera solo.

-Fue una sorpresa encontrarte Damien, se ha vuelto una costumbre vernos en la calle.-

Damien sonrió, tratando de no decir que de hecho se dieron por su propia voluntad. A pesar de ver al rubio desde la distancia por mera casualidad nada lo obligó a llamar su atención ni a tener una conversación con él. De hecho ambas veces fueron resultado de su divague mental y necesidad de distracción que fue a saludarlo. Pip no lo tenía que saber, para él todo esto solo fue producto de la casualidad.

-Te vi a lo lejos, ese cabello te hace resaltar mucho, demasiado rubio, sin mencionar el abrigo y el perro escandaloso.-

-Oh.- inconscientemente llevó una de sus manos a su melena rubia, era su orgullo, lacio y perfectamente peinado. Si bien era cierto que era un tono de rubio algo llamativo no pensaba que fuera malo.

-No te sientas mal pequeño Kevin, estoy seguro que los McCallister (*) regresaran por ti en cualquier momento.- Como un intento de borrar ese pesado comentario le hizo esa pequeña broma y le acarició la melena dorada como a un niño pequeño. Pip volvió a inflar las mejillas y fruncir el ceño por esa mala broma, sin embargo una sonrisa adornó sus labios.

-Muy gracioso, señor Thorn.-

-Lo soy ¿Verdad?- Damien volvió a acomodarse su abrigo y dejar al perro que ya más calmado movía alegremente su cola.

-Deberías tener tu propio Show de Stand Up.- le siguió el juego dejando pasar una vez más esas bromitas tan características de Thorn.

-Lo dudo, no soy lo que dicen… "políticamente correcto"- hizo comillas con sus manos mirando a un punto indefinido de la calle.

-Eso era de esperarse.- Pip cerró los ojos como si no le sorprendiera esa afinación.

-Pero no te enojes, rayo de sol, puedo ser muy liberal si me lo propongo.- Usaba ese tono seductor que debía admitir surtía un efecto en sus piernas o quizá solo era el frio restante de la tormenta.

-He notado que eres un seductor, las chicas te adoran.-

-Muchos chicos también me han adorado, Philip.- el moreno le dedico una risilla socarrona.

El pequeño rubio no oculto clara sorpresa. No pensó en que el semental Thorn fuera tan abierto sexualmente, era el prototipo de hombre de negocios que perseguía las faldas cortas y piernas largas. Por otro lado no pudo creer que Butters una vez más tuviera algo de razón, ugh hasta dolía decirlo o mejor dicho pensarlo.

-Oh… yo no.- bien, lo había dejado sin palabras.

-Eres tan elocuente.- se burló el moreno. Pip se mordió los labios, era más elocuente al escribir que teniendo a este hombre cerca.

-Lo siento.-

-No te disculpes, después de todo somos amigos ¿No?-

Las mejillas de Pip se tiñeron de un coqueto sonrojo y una sonrisilla tímida se dibujó en sus finos labios. Una mirada de pura emoción se reflejaba en esos pedazos de cielo. Un nuevo amigo siempre era bienvenido en este corazón sincero. Damien no pensó generar esa reacción pero no pensó demasiado en esa sonrisa, viniendo de ese niño ya empezaba a acostumbrarse a esas dulces expresiones.

-Entonces nos vemos mañana.-

-S-Si, hasta mañana, Damien.-

El moreno asintió y tomo su camino justo en el sentido opuesto. El pequeño corgi aburrido de la conversación de su amo y ahora descansaba en la nieve sin preocuparse mucho.

Pip y Stan habían formalizado su relación justo antes de las vacaciones de verano. Siendo el moreno quien inmediatamente después de abrir su corazón fue a vomitar sus intestinos al bote de basura más cercano que pudo encontrar.

-¿Stan?- preguntó muy confundido por lo absurdo de la situación. Además del vómito involucrado que podría ser una señal de alguna enfermedad.

-Carajo, eso no salió nada bien.- Stan se acarició el vientre y aún estaba mareado.

Pip no pudo reprimir una carcajada tan sincera, Stanley no dijo nada más que sentir su cara totalmente roja, avergonzado por ser la confesión más patética que ha tenido. Desde hace tanto que tenía esos sentimientos por Pip, verlo cada día y tenerlo cerca lo calmaba tanto y de repente no necesitaba fingir que todo estaba bien y podía sonreír genuinamente.

-Agh, que asco.- se lamentó de nuevo.

-Stan, tienes un estomago delicado.- Pip como buen caballerito tenía un pañuelo en el bolsillo de su abrigo, el cual lo utilizo para limpiar la boca del muchacho. Tal parecía que era una madre cuidando a su pequeño con el cariño y la delicadeza de su toque.

-¿Patético, eh?-

-Solo un poco, pero también es lindo.-

-¿Lindo? – Soltó una risilla cansada.- Gracias por no reírte, siempre eres muy cálido conmigo, desde que nos conocimos siempre me has ayudado, incluso ahora donde debía parecer un poco más genial y conservar mi dignidad un poco mejor- cerró la boca inmediatamente, sentía las náuseas otra vez, tenía demasiado estrés y sus manos temblaban.

-Cállate, Stan.- dijo el rubio sonriéndole de manera tímida y sintiendo como se coloreaban sus mejillas.

Los labios de Pip se posaron en la frente del mayor y sus brazos lo rodearon con gentileza, escuchando a la perfección el latido de su corazón. Cerró los ojos e imaginó que las estrellas giraban a su alrededor en un torbellino, que todo estaba bien ¿Será esto lo que se describe en esos romances?

-Te quiero.- Stan lo rodeo con sus temblorosas manos.

Pip se refugió en los brazos del moreno, su corazón dio un salto dentro de su pecho y pensó entonces que esto era un sueño, era perfecto.

Ahora que lo pensaba con claridad no tenía ni idea de qué esperar ese día, tal vez juntarse demasiado con Butters le había causado mal al cerebro y empezaba a pensar demasiado en el moreno, Damien era muy guapo, pero no era lo que más le atraía considerando su misteriosa personalidad y su carácter. Además el moreno había dicho que eran amigos, eso cambiaba ya muchas cosas de su extraña relación.

-No debería importarme esto.-

Entonces si todo lo anterior era cierto ¿Por qué estaba tan nervioso viéndose al espejo? Se había peinado pulcramente al menos cinco veces y no paraba de verse y darle vueltas a su ropa, era ideal para salir pero tal vez Damien solo venía a quedarse a tomar un café o quizá….

-Estoy sobre pensando las cosas otra vez.- gruño otra vez, dejando el cepillo y negando con la cabeza, Muffin el perro holgazán solo descansaba en la cama de su amo, poco interesado en lo que dijera.

No le dio tiempo de volver a cepillar su imposible cabello rubio cuando escucho la puerta, era exactamente las once de la mañana, era temprano pero tampoco fijaron una hora. Intento apartar los pensamientos estúpidos que le había metido Butters a la cabeza y bajo a recibir a su invitado.

Damien como siempre iba impresionantemente vestido, no con un traje pero si con ropa casual, su melena negra peinada y su abrigo grueso sobre su cuello de tortuga negro. Pip lo saludó como siempre con una sonrisa y lo invito a pasar.

-No esperaba que vinieras tan temprano.-

-Se podría decir que estoy muy aburrido últimamente, el gobierno me obliga a suspender actividades, la bolsa está cerrada, no hay mucho que hacer ¿Sabes?-

-Qué bueno que me uses como entretenimiento.- Pip se sintió un poco mal al escuchar eso.

-Eres mi salvavidas, rayo de sol, mi gimnasio también está cerrado hoy, sin ti estaría encerrado en casa viendo esos malditos maratones de películas navideñas.-

-Pensé que tendrías mejores cosas que hacer, ¿Tu familia no se reúne?- no pudo evitar notar el pequeño temblor en los hombros del moreno.

-No, ellos viajan después de navidad y yo debo trabajar. Mis vacaciones no son muy largas-

-Oh, entiendo.-

Mentira, pero decir que era un bastardo era un poco más difícil además puede que considere a Pip un amigo pero eso no significa que quiera que se entere de asuntos, solo porque él sea un libro abierto y cuente su tórrida vida como huérfano y el asunto de su novio muerto, no quiere decir que él deba hacer lo mismo como hijo ilegitimo y abandonado por su maldita madre. No, eso era solo suyo.

-Entonces vámonos.- sentencio caminando de regreso a la puerta de entrada

-¿Eh? – la verdad esperaba que se quedaran en casa, pero prefirió no entrar en conflicto y lo siguió tomando su fiel abrigo rojo siguiéndolo por la calle sin saber que esperar.

-No entiendo como entiendes todo esto.-

Stan seguía siendo el mismo cabeza dura para la literatura, si bien había aprobado los exámenes no quiere decir que ahora Literatura fuera su materia favorita, las historias de esas novelas seguían siendo eso, historias, su capacidad de empatía con los protagonistas era nula, de vez en cuando podía leer poemas y sentir algo pero era raro.

-No entiendo como no puedes emocionarte con esto, mínimo mostrar el mas mínimo interés en la historia.-

-En algún momento a mitad del párrafo me doy cuenta que es solo un libro.-

-¿S-Solo un libro?-

Pip suspiró en sus adentros, Stan era todo un cabeza dura, no le sorprendía pero tampoco le gustaba esa faceta suya donde no puede ver un poco más allá de palabras sobre el papel.

-Bien, bien, dejemos la lectura por hoy y salgamos.-

-¡Vamos a patinar en el lago!-

Pasear solo por las calles fue incluso más agradable de lo que imagino. La ciudad aun seguía cubierta de un poco más de nieve de lo normal pero era soportable y en el centro los adornos de la temporada seguían allí, brillantes y perfectos. No sabía exactamente donde lo estaban guiando, se dirigían a la zona rica de la ciudad, lo notaba, las calles eran un poco más amplias y limpias.

-Por aquí, rayo de sol.- otra vez empezaba con los apodos.- Usaríamos mi auto pero la nieve es más un problema, no ha parado de nevar.-

-No hay problema, no hemos caminado mucho tiempo, me gusta ver las decoraciones de navidad que aún están aquí-

-Son bonitas.- admitir que también veía las esferas y las luces le hacía avergonzarse un poco.-Es aquí.-

El lugar era una cafetería, se veía bastante común ¿Sonaría mal si esperaba algo más refinado? Viniendo de alguien quien usa vehículos de lujo y digamos que su ropa no parece comprada en Wal-Mart. Pero a pesar de todo el lugar estaba tibio y debía admitir que esos postres de los mostradores se veían como sacados de una tarde de té con la reina.

Cuando el mesero se acercó a su mesa a un lado de la ventana fue solo el moreno quien dio la orden.

-Para mí un americano y para él un té de limón con miel y una hoja de menta.- Pip no dijo nada, de hecho era lo que siempre pedía y supuso que después de esas reuniones en la otra cafetería Damien se dio cuenta de que siempre bebía lo mismo.- también tráeme una orden de scones con mermelada y unos sándwiches fillings. Gracias.-

-Si señor.- fue la respuesta del chico que anotó todo en su pequeña libreta.

Cuando se alejó para dejar la orden en la barra Pip dibujaba otra de esas encantadoras sonrisas, dirigida especialmente a Damien. El moreno no pudo evitar alzar una ceja, se sentía extraño ser el objeto de afecto de alguien.

-¿Por qué sonríes de esa manera?-

-Por nada querido, es solo que me he percatado de la finura de nuestros próximos alimentos y me ha recordado mucho a la madre Inglaterra, Dios salve a la reina.- usando su fino vocabulario y su acento británico tan marcado comenzó a burlarse.

-¿Es un problema el lugar?- Damien lo escogió como un gesto de cortesía.

-Para nada, hace tiempo que no comía unos scones.- soltó una risilla.- espero que tengan mermelada de ruibarbo.-

-Tienes razón, no debí traerte aquí, creo que tu acento se ha marcado más, recoge tu abrigo, nos vamos.-

-Bien, bien, no más acento.- se aclaró la garganta y preguntó- ¿Es mejor así?- imitaba un muy buen acento neoyorquino.

-No, por favor, calla.- era un escalofrió al escuchar esa delicada voz hablar con ese desagradable acento tan vulgar.- Prefiero escucharte recitar todos los libros de Dickens.-

-Bien, tienes suerte, mi colección de Dickens está organizada por orden alfabético en mi biblioteca. Comenzaré con "Una canción de Navidad" especialmente por estas fechas.- asintió mientras jugaba con sus dedos sobre la mesa.- Luego "Grandes Esperanzas".-

-Oh, eres un pequeño estereotipo, puedo imaginarte con un trajecito del 1800, con sombrero de copa y un moño rojo como corbata.- otra vez esas comparaciones.- ¿Seguro que no eres sacado de alguno de esos cuentos?-

-Y tú eres el lobo de Wall Street.-

-Pero soy mucho más guapo.-

-Es bueno saber que te tienes mucha estima.-

Cuando el mesero regresó colocó las bebidas y los platillos ordenados frente a cada uno. Damien sin esfuerzo pidió una pavlova y un pastel de chocolate. Pip pudo darse cuenta por fin del algo divertido, este hombre le gustaban las cosas dulces. Cuando probó por fin el té y los scones (que en efecto tenían mermelada de ruibarbo y crema dulce) lanzó un gemido de placer.

-Esta delicioso, son justo como los comía allá.-

-Qué bueno que te gustaron.-

Pronto dejaron que esas conversaciones naturalmente fluyeran otra vez. Pip hablaba de sus preciados libros y Damien lo criticaba con puño de hierro. Aparentemente la discusión de Shakespeare y Macbeth les tomo al menos una hora. Damien como un americano que odiaba esos libros en secundaria y Pip que era el equivalente a una ancianita británica que trabajaba de bibliotecaria desde la segunda guerra.

-No lo hace bueno, Pip, prefiero leer todos los libros de Dr. Seuss y ver todas sus insufribles adaptaciones a película a tener que leer un solo párrafo de Macbeth.-

-¡Retira eso!-

-No voy a retirar nada.-

-Eres imposible, me has decepcionado Damien.- Pip se cruzó de brazos.- Me habías impresionado con tu interesante análisis de Hamlet.-

-Es solo un libro.- Damien le restó importancia.

-Si… es solo un libro.- todo esto parecía un flash back de mal gusto.

Damien miró disimuladamente el reloj de su muñeca, eran casi las tres de la tarde. ¿Cómo había pasado tanto tiempo? Había sido suficiente discusión intelectual, sinceramente ya no estaba para defender su opinión. Pidio la cuenta y al pasar su tarjeta por la terminal en la registradora Pip ya había arreglado su abrigo nuevamente para salir de la cafetería.

-¿Vamos a ir a un lugar en especial?- Pip se ajustó sus guantes un poco mejor antes de guardar sus manos en sus bolsillos.

-En realidad no. Es tu turno, rayo de sol, impresióname.-

-¿Eh?-

Pip se quedó pensando un momento. ¿Qué hacer? No había muchos lugares a donde ir porque todo cerraba temprano e ir al concierto que se celebra todos los años para esperar la cuenta regresiva no le llamaba para nada la atención. Cuando pensó en una idea notó que estaban caminando en la novena avenida. El lugar no estaba tan lejos de allí.

-¡Vamos al Rockefeller Center!- dijo emocionado.

-¿Rockefeller? Oh no…- Damien sabía a donde lo llevaría.

Debía admitir que ese monumental árbol decorado con luces de todos los colores. El éxito del verano pasado sonaba por todos los altavoces y sobre todo lo más sorprendente era que no había muchas personas, para ser víspera de año nuevo. Supuso que después de la fuerte nevada y siendo fechas de estar en familia no muchos decidieron salir.

Por otro lado estaba la pista, no demasiado grande pero era un clásico de la Navidad. Recordaba que a lo largo de su vida solo había patinado dos o quizá tres veces sobre hielo. Cayendo dos de esas tres y siendo apenas un mocoso de ocho años, no recordaba nada de eso y prefería solo observar como Pip lo hacía a hacer el ridículo.

-Vamos, vamos.- Pip lo animaba mientras se formaban para rentar unos patines.

-No, no, rayo de sol, un trato injusto. Yo te llevo a una bonita cafetería inglesa y tú me traes a congelarme el culo.-

-No te caerás, puedes sostenerte de la protección y de mí.-

-No, gracias.-

-Será divertido, no seas cobarde.-

-¿Qué?- Damien frunció sus pobladas cejas en una mueca de desagrado-¿Cómo me llamaste?-

-Oh, yo…- el rubio se quedó callado, pensando que hizo enoja a Damien.

-Cobarde.- repitió de manera retadora.- ¿Crees que soy un cobarde, rayo de sol?-

-Perdona yo no quise.-

-Bien, bien me pararé en esa estúpida pista congelada.- sentencio el mayor dándole la espalda.

Pip suspiró de manera pesada, estaban en la pista pero Damien e mantenía parado, estorbando en la orilla y firmemente sostenido de la barreta a monera de barandal. Por su mirada y expresión sabía que seguía molesto.

-Damien, perdona, no lo decía en serio… era solo una broma.-

-Te maldigo, pequeño rubio del demonio.- refunfuñaba el moreno.

En pocas palabras estaba atrapado, incapaz de moverse por el temor de caer y hacer el ridículo enfrente de alguien que obviamente dominaba los malditos patines. El frio de la ciudad no le ayudaba pues obviamente le hacía sonrojar las mejillas, claro que no era por vergüenza.

-Ven, dame la mano.- Pip estiró su mano enguantada hacia el moreno.

Damien no dijo nada, era inaudito que un hombre como el estuviera allí, cuando se le ocurrió que pasar año nuevo con Pip sus expectativas fueron algo diferentes. Pero si algo era seguro era que no podía seguir en ese rincón esperando durante la siguiente hora hasta que su tiempo de renta terminara. La otra opción era mandar a Pip a la mierda pero no podía, entendía lo que quiso decir, era solo una broma, no lo decía en serio, no todos los seres humanos lo odiaban, no todos son unos cretinos, hay gente como este rubio que solo desea hacer amigos sinceros.

Con más pena que otra cosa estiró su mano sin dirigir la mirada al otro tomó la mano del más joven y la sostuvo con firmeza.

-¿Quieres que nos vayamos? Fue una mala idea haber venido, lo siento.-

-No, está bien, fui un idiota.- Suspiró, recordando todo aquello de lo que intentaba olvidar.- Solo hay que dar un par de vueltas ¿sí? No soy tan bueno.-

-¿Seguro?-

-Lo peor que puede pasar es que me caiga y si eso pasa juro por Dios que la pagaras.-

Pip soltó una risilla nerviosa y comenzó a deslizarse lentamente.

Damien intentó recordaba lo que su niñera le dijo hace ya más de veinte años, el maldito hielo estaba resbaladizo y su mano sin quererlo se aferraba más y más a la mano de su compañero, no despegaba la vista en ningún momento del piso.

Lograron dar una vuelta y media a toda la pista con relativa facilidad. Toda la multitud seguía la misma ruta, no eran una pareja que destacara salvo quizá por el cabello de su compañero que era imposiblemente rubio.

-Lo estás haciendo muy bien.- un pequeño cumplido.

-Bien, creo que puedo.- demasiado rápido.

Damien perdió el equilibrio, haciendo que sus piernas se deslizaran sin control, como un pobre Bambi antes de caer de rodillas. Al menos no había sido sobre su trasero. Pip había sido arrastrado levemente sin embargo pudo controlar mejor todo y no caer.

-Mierda, puto hielo de porquería.- Damien sentía sus rodillas arder y mojar su fino pantalón.

-Está bien, solo ponte de pie lentamente, toma mis manos otra vez.-

Al ponerse de pie perdió todo el interés en seguir practicando, el agua fría se resbalaba por sus piernas y la sensación podría ser considerada para nada agradable. Ambos se arrinconaron otra vez para descansar. Pip miró su reloj de muñeca, ya había pasado un tiempo desde que rentaron sus patines. Veinte minutos no eran la gran cosa.

-¿Sabes? Cuando vivía en Colorado, había un lago cerca del pueblo que se congelaba todos los inviernos.-

-Eso explica entonces porque me trajiste aquí.-

-Es divertido, admítelo.-

El moreno hizo una mueca a punto de decir que en realidad no era su actividad preferida sin embargo en ese mismo momento una dama algo subida de peso perdió el equilibrio, sin embargo sus pies se deslizaron en direcciones opuestas, no solo haciendo que la mujer lanzara un gemido extraño mojándose toda la entrepierna y quizá un poco lastimada sino que hizo el split más perfecto que hubiera visto en una mujer mayor. Su pequeño diablillo en su cabeza pensó que esa imagen era divertida, sin importar que la mujer necesite ayuda para poder levantarse otra vez.

-Claro.- dijo con tranquilidad- Entonces ¿Sabes hacer saltos?-

-Por supuesto, Brian Boitano era el héroe de todos.-

-¿En serio? ¿Qué tan bueno eres?-

-Pues, sé hacer un triple axel.-

-No…-

Pip sonrió traviesamente mientras se alejaba del moreno, esta vez no limitándose por su amigo y comenzando a deslizarse de manera tan suave, como si fuera fácil. Su cabello se revolvía por el viento, mientras los demás patinadores le hacían espacio pues era uno de esos que de hecho si saben lo que están haciendo.

Los patines rentados no eran lo mejor para hacer ese tipo de piruetas pero eso no importó demasiado al rubio cuando por fin giró y dio la patada que lo impulsó lo suficiente para poder dar tres rápidas vueltas en el aire y aterrizar firmemente sobre la cuchilla.

Los niños aplaudieron con emoción mientras que sus padres solo asintieron con aprobación. Mientras que su amigo solo inclinó la cabeza ligeramente, eso había sido increíble verlo hacer ese salto, no cabía dudas que ese rubio era un estuche de monerías, era cada vez más interesante.

-Eso fue un buen salto.- que cumplido tan raro.

-Gracias, hace mucho no practicaba. En realidad tampoco patinaba, mis amigos crecieron y mi madre primero muerta antes de tocar unos patines. Es la primera vez que vengo aquí a algo además de tomar fotos.-

-Bueno, el tiempo se nos ha terminado, deberíamos ir a otro lugar, está empezando a hacer más frio.-

-Vamos a mi casa, puedes… puedes quedarte, podríamos, podríamos celebrar juntos.-

Pip le sugirió con las mejillas rojas y tartamudeando un poco, dentro de su cabeza el plan era sonar casual y sin mucho interés pero de mas esta decir que salió todo mal en la realidad. Damien soltó una risilla, asintió con esa mirada seductora y esa sonrisa perfecta. Pip comenzó a gritar internamente al ver un hombre así de guapo sonreírle.

De regreso en la calle las palabras de Butters no salían de la cabeza de Pip, comenzaba a sugestionarse, no podía, el mismo sabía que Damien era casi inalcanzable, el prototipo de hombre por el que cualquiera mataría, muy guapo, rico, misterioso. Ser su sumiso cruzó como un rayo sus ideas antes de volver a negar fuertemente. Si le preguntaran diría que lo más atractivo de este hombre seria su mente, llena de pensamientos mordaces y secretos que daría la fortuna de su familia por conocer al menos unos cuantos. Con alguien así la idea de ser solo su amigo… ya no era suficiente.

Decidieron caminar de regreso, contradiciendo la lógica de pedir un maldito taxi. Sin embargo Pip aseguraba que no estaba tan lejos su hogar y que aunque fuera un poco tarde la fecha hacia que hubiera un poco más de luz en la calle y personas cerca. La nieve no se hacía presente sin embargo el frio lograba congelar el pavimento.

A la altura de la intersección de la quinta y la sesenta y tres ambos hombres seguían manteniendo su conversación de la manera más natural.

-Así que tiro con arco y equitación.- Damien volvió a analizar lo dicho por su compañero.- Clases de baile, piano, francés, español y escuela pública.-

-Allí estaban todos mis amigos, además aunque el pueblo fuera creciendo no había más escuelas, era eso o estudiar en casa con un tutor.-

-Supongo que gana escuela pública. De todos modos ¿Cómo terminaste en ese pueblo de vacas? Si se supone que…- un chirriante sonido calló cualquier comentario.

En cuestión de segundos una camioneta derrapó por el pavimento congelado, perdiendo el control desde la sesenta y tres, subiéndose a la acera, derrumbando una pequeña jardinera. El vehículo los iluminaba con sus luces y con el claxon intento advertir que no podía detenerse.

Damien se quedó congelado en su lugar, su cabeza gritaba que se moviera, su instinto le decía eso pero no podía moverse, sus piernas estaban quietas, ni siquiera podía gritar. Pip por otro lado saltó a un lado unos pasos pero al ver que su compañero no se movía, en un acto estúpido regresó tirando de su abrigo para que se alejara de la esquina de la acera. Eso hizo que ambos terminaran dando un fuerte sentón sobre el suelo mojado pero lejos del camino de ese monstruo que pasó justo por encima de donde antes estaban parados y fue a detenerse solo por un árbol del otro lado de la avenida, del lado del parque.

El moreno miraba todo con sus ojos bien abiertos, respirando grandes bocanadas de aire y tratando de controlar su corazón que corría desbocado. Sus oídos estaban sordos a su mundo, solo podía escuchar un zumbido aterrador que le traía memorias de gente herida, de gritos, olor a quemado y sabor a sangre en su boca. De repente un dolor agudo se alojó en su pecho justo donde antes había sido atravesado. Su mente estaba perdida en imágenes de cuerpos, humo y… ese chico, ese chico estaba muerto. ¡Stan!

-¡Damien! Damien ¿Estas bien? ¿Te lastimaste? Damien, por favor háblame.- Pip estaba justo frente a él, sosteniendo su rostro en sus manos frías y mojadas.

El moreno cerró los ojos con fuerza, reprimiento ese miedo, ese dolor, pánico, recuerdos. Eso ya pasó, eso fue y no podía hacer ya nada, no podía salvar a nadie, no era su culpa. "¡Yo no hice nada!" gritaba su mente "¡Hubiera muerto de todos modos! ¡No fue mi culpa!"

-Damien.- repitió Pip preocupado.

Cuando volvió a abrir los ojos se encontró a su amigo sosteniendo su rostro con ambas manos, llamándolo con un tono tan desesperado, casi a punto de llorar. Podía ver, en esos ojos imposiblemente azules, un terrible y penetrante miedo, preocupación y como comenzaban a cristalizarse de lágrimas. Mientras que su voz era una combinación entre agitada y a punto de que su garganta se cerrase de un doloroso nudo.

En un gruñido, se levantó del jodido pavimento mojado, como una bestia directo a la camioneta que tenía toda su defensa destrozada contra un árbol. Ya suficiente gente se había aglomerado alrededor, incluso alguien se acercó al rubio quien se quedó quieto en su lugar, viendo al moreno descargaba ira después de casi haber sido atropellado.

-¡¿Qué te pasa idiota?!- bramaba con esa mueca de ira- ¡¿Ni siquiera traes llantas para la puta nieve?! –

Damien estaba gritando a la ventana abierta del auto chocado, donde un hombre de mediana edad no sabía ni que decirle más que sentía mucho casi haberlo matado.

-Casi nos matas allá, mierda.- alzó aún más la voz.- Baja para que pueda golpearte toda la maldita cara.-

-Damien.- llamó el rubio

A su alrededor ya había demasiada gente y alguien había llamado a la policía. Además de eso se dio cuenta de un pequeño detalle. Justo en el lado del copiloto una mujer lo miraba con miedo y arrepentimiento, ella había recibido un fuerte golpe en su cabeza, seguramente porque no llevaba su cinturón de seguridad, su frente sangraba y manchaba su ropa. Volteando al asiento de atrás vio dos pares de ojito totalmente aterrorizados por la sacudida.

-Damien.- Pip le tocó el hombro.

-¡Lo siento!- respondía el asustado hombre dentro de su auto.-Fue un accidente.-

-No me hables a mí de accidentes, idiota, tu auto no está preparado para el invierno ¡Pudiste matar a alguien!- escupió con tanto rencor en su voz que no parecía estar hablando solo por lo sucedido allí.

-Señor tranquilícese, puede presentar cargos después en la jefatura.- un policía vino a separarlos antes de que se hiciera un alboroto mayor.- ¿Usted o su amigo están heridos? ¿Necesitan una ambulancia?-

-No.-

Con eso dio por terminada la conversación, dio media vuelta y sujetó fuertemente la muñeca de Pip alejándose los dos a paso rápido. Avanzaron al menos seis cuadras sin parar ni dirigirse la palabra o descansar un poco. Finalmente en la intersección de la quinta y la setenta Damien se detuvo. Respirando con dificultad y sintiendo ese dolor en su costado tipico de un esfuerzo sin previo calentamiento.

Pip quien también estaba un poco adolorido de sus piernas se acercó al moreno, enfrentándolo con sus ojos azules, sin embargo no estaba molesto por lo que Damien dijo o hizo, por el contrario su mirada viajaba a través de su rostro bajando por su cuello y sus piernas, como si buscara algo. Era un gesto raro pero no tenía ánimos de preguntar por su comportamiento. Sin embargo después de cerciorarse Pip dejó de escudriñarlo, no estaba herido.

-Vamos, falta poco. ¿Tienes hambre?- dijo el rubio.

Era ya costumbre ignorar al elefante en la habitación. Pip no perdía la esperanza de que todos estos comportamientos y todo lo que se guardaba el otro pudiera hablarlo. Sinceramente le preocupaba, ya no era solo por Stan que seguían allí.

Cuando llegarón a la casa, Pip como buen anfitrión le volvió a ofrecer asiento, mantas calientes y una toalla para poder secar un poco su ropa algo mojada después de arrastrarse por el pavimento. Lamentablemente Pip no tenía ropa que pudiera ser remotamente similar a la talla de Damien, sus cuerpos eran diferentes en talla y estatura. Quizá su hermano tuviera un cuerpo similar pero no vivía en esa casa desde nunca.

-Prepararé algo para cenar ¿Quisieras algo en especial?-

-N-No, lo que tú quieras está bien para mí, gracias.-

-Bien, ponte cómodo. La televisión está allí y también esta Google Home en la mesa de allá; señalo a cada objeto con una sonrisilla.- Regreso en unos minutos.-

Cuando Pip desapareció de la su vista, Damien lanzó un gran suspiro de alivio, se sentía como todo un idiota, inevitablemente cuando estaban juntos llegaban a ese punto donde su vida privada y todos sus traumas volvían como un fantasma. Por un momento la idea de hablarlo pasó por su cabeza, Pip no juzgaba, era tan comprensivo, seguramente al escucharlo intentaría ver a Damien como una víctima o un rechazado; entonces le hablaría de esa manera tan calmada y reconciliadora, como era Pip. Sin embargo él estaba consciente de la verdad, simple y sencilla, Damien era una mala persona, quizá en algún punto de su vida fue un paria, pero como todo eso cambió para transformarlo en alguien que no siente piedad ni siquiera por sí mismo.

¿Pip seguiría allí si viera de lo que era capaz? No, seguramente no, nadie es tan inocente.

Pasaron algunos minutos donde su cuerpo pudo calentarse, Pip había encendido la chimenea, además de eso en la habitación también estaba el árbol navideño lleno de esferas confitadas de color rojo y dorado. Era hermoso, de verdad recordaba mejores tiempos cuando veía esta casa, llena de muebles de madera, molduras en el techo, candelabros y alfombras finas.

Pip era un suertudo, muchos como él caen en desgracia y una vida mediocre, pero no, ese insoportablemente lindo chico había salido premiado, una buena familia, que lo amaba y lo aceptaba como un igual, amigos, mascota, primer gran amor. Por primera vez el moreno se permitió sentir envidia de aquellas cosas que no creyó tan importantes.

Pip por su parte en la cocina. Sacó todo lo que pudo encontrar para una cena decente, no había tiendas abiertas y como planeaba dejar la casa no había casi nada en los grandes refrigeradores, lo único que tenía era un poco de pasta y un pequeño paquete de pollo del congelador. Sinceramente era un inútil en la cocina, por eso tenía un ama de llaves que también le hacia el favor de cocinar para él. Si no se quemaba demasiado y los condimentos no intoxicaban a nadie podría darse por bien servido.

Mientras cortaba los ingredientes lo mejor que podía, todo lo que intentaba no recordar regresaba a su mente, Stan, el accidente, Damien. Era tan raro, se prometió que pensar en su adorado no volvería a doler.

Esa sensación de ansiedad, preocupación, tristeza; no eran por Stan sino por Damien. Hacía ya mucho que su relación había cambiado y no podía evitar pensar en todo el dolor que el mayor estaba pasando. Deseaba tanto poder ayudarlo a aliviar esos pensamientos tormentosos.

-¿Necesitas ayuda?- la profunda voz resonó en la ridículamente gran cocina

-¿Eh? ¡Ay!- la distracción hizo deslizar el cuchillo bien afilado sobre su dedo. Provocándole un leve corte.

-Tomaré eso como un si.-

El resultado de una mano experta como Damien fue un digno pollo asado y condimentado con un poco de pasta Alfredo, obviamente acompañado de vino de la reserva. Cuando ambos se juntaron las palabras volvieron a surgir dando a paso a una agradable conversación sobre las películas favoritas de ambos; aderezado con chistes malos sobre la falta de talento de Pip para la cocina y lo horriblemente británico de sus hábitos. Entiéndase que colocó al menos tres tenedores y dos cuchillos, usando cada uno para diferentes cosas, cosa que a Damien le vino a importar poco y utilizó el mismo condenado tenedor para comer toda su cena.

-¡No merecía el Óscar!-

-No es tan mala, solo es una película para niños.-

-Eso no es excusa, los personajes son una basura y el drama es falso como uñas de gel, de hecho en pocas palabras le rompieron la cabeza.-

-Damien, es solo una película de niños, no le hace daño a nadie que sea tan básica.-

-Hay películas para niños con una trama mucho más complicada y con mejores personajes y mejor mensaje.- Damien se tomó InsideOut seriamente, la vio por casualidad y la detestó, como nunca había odiado una película.

-No puedo creer que seas tan estricto.-

-No puedo creer que seas tan blando, recuerdo que esta misma tarde me estabas echando bronca por decir que Macbeth es aburrido como el carajo.-

-Macbeth es muy bello.-

-Aburrido.- Damien dio un último trago a su copa.- En fin, acordemos estar en desacuerdo por esta vez.-

-Solo por esta vez. La próxima, si insultas a Dickens en mi casa serás declarado persona non grata.-

-Como digas, mejor cambiamos de tema o eso será más pronto de lo que crees.-

-Vamos a la sala, ya casi son las doce, falta una hora. Podremos ver el concierto y hasta que la esfera baje en la cuenta regresiva.-

-De acuerdo.- Damien se puso de pie, dejando que su anfitrión recogiera los platos.

Regresó sus pasos a la sala principal, perdiéndose un poco entre los pasillos y las escaleras de la gran casa, de hecho había demasiadas puertas para su gusto. Por suerte Pip fue a su ayuda después de tres minutos en la galería y aun no saber cuál de todas las puertas era la sala de estar.

-Es una casa muy grande ¿eh?- trato de hacer una broma.- por aquí.- se dirigió a la tercera puerta de madera sólida. En sus manos tenía una nueva botella y otras copas.

-Esa era justo la que iba a escoger.-

-Ya lo creo que si.-

De regreso a la sala Pip pudo encender la televisión cambiando de canal en canal sin saber exactamente cuál de todos ver; el concierto realmente no era de su interés y al parecer Damien tampoco le importaba, año nuevo tampoco significaba algo especial.

Esa hora se pasó una vez más en tranquilidad, el concierto seguía en la televisión pero ellos decidieron hablar un poco más.

-Tus amigos no están aquí tampoco, tu familia sigue en Washington ¿Es la primera navidad solo?-

-No realmente, tú estás aquí así que no estoy solo.-

-Oh, vaya, gracias por apreciar mi compañía.-

-Claro, eres mi amigo, Demien. Cierto, no nos encontramos de manera espontánea y puede que lo haya forzado yo pero… pero eso a mí ya no me importa.- Damien entendía más o menos que quería decir el rubio con "eso"- Tú me agradas mucho, eres como una bocanada de aire fresco a comparación de mis sobre protectores amigos.-

-Entiendo.-

Damien le dío otro trago a su copa, incapaz de devolver ese cumplido. Si, Pip también era un amigo, si es que así podía llamarlo, era interesante estar con él y aunque sus personalidades no sean ni por equivocación, similares pero de algún modo funcionaban juntos.

-¡Ya casi es momento! ¡Faltan un minuto!-

Pip señalaba alegremente a la televisión donde mostraban el final del concierto, las palabras del aburrido presentador y el enfoque a la gran esfera de cristal que estaba a punto de caer. Entonces comenzó la cuenta. Solo podía escuchar las voces de la televisión ¡10, 9, 8, 7, 6, 5….!

-¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos!- gritaba Pip emocionado. Poniéndose de pie y dejando su copa a un lado.

-Uno…- susurró el moreno.

Los gritos se hicieron más fuertes y Pip también saltó a coro con todos los visitantes cuando la esfera por fin bajó y las luces del nuevo año se iluminaban. Damien también se puso de pie para ver mejor la televisión.

-¡Feliz Año Nuevo, Damien!- el rubio más joven se lanzó a sus brazos, entusiasmado apretándolo con fuerza.- Te deseo solo lo mejor en este nuevo año, salud y felicidad.-

Otra vez ese tono tan conciliador, amable y sincero. Damien no podía sino caer rendido, dejar que esa vocecita en su cabeza se callara "Nadie es tan amable, nadie es tan bueno." Pip si era bueno, si era dulce y lo apreciaba por ser solo Damien, estaba dispuesto a escuchar hora y media de él alegando al cielo porque InsideOut era una horrible película. Pip era su amigo.

-Feliz año nuevo a ti también, Phillip.- levemente regresó el abrazo.

Ese momento fue interrumpido por el claro sonido del teléfono celular de Pip que era inundado de mensajes y una llamada entrante por FaceTime.

-¡Cielos! Permíteme, Damien, debo contestar esto.-

-Ve, anda. Suena urgente.-

Pip negó suavemente con la cabeza antes de soltar a Damien, tomar su teléfono y alejarse lo más posible para poder contestar la llamada de su madre, ella se escuchaba tan emocionada y triste de verlo. Un año nuevo sin su adorado pequeño le rompía el corazón.

El mayor por otro lado decidió volver a llenar la copa de vino que había dejado de lado, al tomar la botella se percató de un insignificante detalle, escondido en la mesilla a un lado del sofá. Allí estaba una bella fotografía familiar, donde una adorable pareja y sus dos hijos sonreían a la cámara. Era la familia adoptiva de Pip pero… eso no era lo extraño, sino el hombre que abrazaba a su mujer con cariño. Lo reconoció de inmediato, Abel Magwitch, el parcial dueño de las empresas de hidrocarburos más grande en Inglaterra y la mayoría de Europa.

Damien con ambos ojos sorprendidos miró de regreso al rubio que seguía perdido en su conversación. Ese era su boleto, a través de ese niño podría lograr hacer un trato con Abel, conmovido por sus políticas proteccionistas de mierda. ¡Entrar al mercado de Europa valía la pena el trabajo que costaría! ¡Con esto podría callar al imbécil de su hermano!

Solo por un momento pensó en lo que estaba planeando, la magia de la amistad que tenía con Pip era que… no esperaban nada del otro, no querían poseer nada ni sacar ventaja. Ahora con esto, estaría dispuesto a usar como peón a este niño por una venganza. ¿Se atrevería a contaminar lo único bueno que le había pasado en los últimos meses?

Vender su amistad al diablo.

Sus ojos regresaron a la foto en la mesilla, sus labios se curvaron en una sonrisa juguetona, ganadora y pedante. Estaba dispuesto a todo para sacarle ventaja a sus cartas. Cueste lo que cueste.

-Lo siento, rayo de sol….-

Dios mio.

No pensé que terminaría este capítulo. De verdad, pensaba que estaría a medias en el escritorio de mi laptop por siempre. Pero no, de hecho pude terminarlo en tan solo seis meses…. Si, que asco me doy.

En fin, después de un hiatus de… muchos meses he regresado. Sé que debería haber subido los capítulos finales de Life After Seventeen pero tengo malas noticias. Esos capítulos se perdieron para siempre en la inmensidad del espacio tiempo. Me explico, hace alrededor de un año mi computadora murió, no solo con los fics, sino con toda mi información, mis trabajos, mis fotos, mis proyectos de la universidad. Todo se fue al demonio. Por lo que mi principal preocupación fue re-hacer (ya ni siquiera recuperar porque me dijeron que era imposible recuperar nada) todos mis trabajos.

Así que podrán imaginarse que entre eso y los nuevos proyectos que venían en camino, no había tiempo para escribir nada. Lamento decir que no habrá actualización en algún tiempo, en especial porque la estúpida lap está volviendo a fallar.

Como sea, si hay alguien allí que siga esta historia después de tanto…. Gracias.

Yo soy CerealPascual y aquí me despido.

Adiós.