Nadie puede decir que ha vivido hasta ser amado

Las risas inundaban por completo el bar, el tiempo de cerrar se acercaba y ese grupito era el último, no eran los peores comensales, pero digamos que de vez en cuando cada cierto tiempo, la mesa estallaba en risas que llamaban la atención de todos, tanto otros clientes como de los empleados. El mesero de la mesa debía admitir que de hecho algunas cosas que gritaban o llegaba a escuchar si eran divertidas, no necesitaba mucho contexto para entender las bromas.

-¡Imagínatelo! Un gran moño rojo y calcetines altos ¡Dios, era un niño de cuento!- estallo en risas Kenny en rubio cenizo.

-¡Tengo una foto!- dijo Butters

-Muéstramela- habló Damien, fingiendo que jamás había visto una foto así de Pip.- Oh, sí.-

Sin embargo, esta foto era muy diferente, no era como esas guardadas en archivos escolares sino una joya que solo tus amigos idiotas con una cámara pueden captar, los dulces momentos más vergonzosos de la juventud. El adefesio de la foto era Pip de alrededor de quince años con uno de los atuendos más horribles que haya visto. Un gótico amante del steam punk y un hombre inglés de 1800. Casi parecía un disfraz, pero de hecho este atuendo fue lucido un lunes común en la mañana.

-Encantador- Damien ahogo la risa y cubrió un poco su boca con su antebrazo.

-¡Ya! Suficiente, debo recordarles que yo tengo evidencia de sus estupideces. Cartman pelirrojo, Wendy Tomboy, Bebe tonta puta, Craig metrosexual, Kyle…- Pip estaba avergonzado de que lo expusieran (otra vez), sin embargo el alcohol ya había hecho efecto y la sensación de su cabeza flotar hacia que lo que dijeran sus amigos ingratos fuera descartado.

-No querrás terminar la oración, Pirrup.- el pelirrojo amenazó

-Me encantaría ver eso- Damien interrumpió.

-Entre todos nosotros la joya siempre fuiste tú Pip, con tus recatados modales y tu acento.-Butters sonrió intentando abrazar al otro rubio por los hombros pero este se negó al contacto.

-Oh si, lo he visto, es adorable.- Damien bebió más de su wiski

-¿Cómo es que lo decía?- preguntó Bebe

-Tenía muchas frases icónicas.- Kenny asintió

-Oh, Oh cuando estaba enojado él decía… ¿Cómo decía?- Butters se llevó una botella de cerveza a los labios, pensativo.

-¡Di lo tuyo Pip!- Kenny insistió

-¡Sí!- asintieron a coro Bebe, Butters y Cartman quien había permanecido en silencio.

-No lo hare- Damien sonrió mirando como las mejillas del rubio se inflaban y su cara estaba levemente sonrojada por el licor.

-Si lo molestas lo suficiente le sale naturalmente.- Craig nunca tomaba partido pero supongamos que él también estaba un poco afectado por la bebida.

-¡Craig!-esto era inaudito

-Vamos ¡Te daré croissants si lo dices francesito!- Kenny comenzó arrojando la primera piedra

-Oh la la- Bebe silbo coqueta

-Vamos chicos, déjenlo en paz- Wendy siempre tan justa

-Gracias, cariño- agradeció Pip

-¡Es tan europeo! ¡Que encantador!- Butters sonrió

Pip solo se mordió los labios, fue un error pensar que estos americanos insulsos habían crecido lo suficiente y se comportarían como los adultos que se supone que son. ¡Él era el más joven! Por el amor de Dios.

-¿Qué pasa, tienes crepas en los oídos, franchute?- Cartman siempre fue el más idiota.

- Are you faken schewpid?!*- gritó por fin el rubio.

-¡Sí!-

-Cartman, tú, perra ignorante. - Pip gruño para la impresión de todos. -Yo no hablo así, yo hablo el inglés de la reina, campesino. -

La mesa se convirtió en un bullicio de diferentes sonidos de entusiasmo, de repente comenzaron a llover las frases en una mala y exagerada imitación de como los americanos pueblerinos entienden el inglés "original".

-it's chewsday, innit?*- Kenny alzó su meñique en el aire

-Can I get a boao of wooa?*- Erick infló el pecho llevando su trago a la boca.

De tanto reír comenzó a salir un líquido extraño por la nariz del hombre con sobrepeso haciendo que todos comenzaran a burlarse de él. Era normal que pasara esto cuando Erik se esforzaba demasiado, lucia muy asqueroso así que solo Wendy y Kyle se abstuvieron de seguir riendo mientras que Craig estaba doblado sobre la mesa y Kenny había perdido ya el aliento, sosteniendo su vientre intentando respirar pues el instinto de reír lo estaba ahogando.

Más relajado de por fin dejar de ser el centro de atención Pip se recargo aún más en su asiento y disfruto de la sensación de embriaguez en su sistema. A su lado Damien le dedico una sonrisa, el moreno no estaba tan influenciado por la bebida y realmente no lo necesitaba.

Había pasado tiempo, la nieve se había derretido y la primavera ya estaba casi a la vuelta de la esquina, el tiempo en la oficina se mantenía en una racha estable lo que le daba el tiempo suficiente para acercarse a este simpático grupo. No se sentía ajeno, debía admitir que al principio sentía un escrutinio excesivo de ellos, especialmente del judío pelirrojo, sin embargo desde hace tiempo había sido aceptado y recibido con brazos abiertos. Aunque no se atrevería decir que era amigo de alguno de ellos, no tenía un interés tan profundo por esos muchachos.

La noche pasó la música tenue y los tragos siguieron fluyendo hasta que el reloj marcaba casi las dos de la mañana, era hora de irse, el bar estaba ya por cerrar.

Todos se reunieron en la puerta, abrazados y despidiéndose entre risas, esperando que la próxima reunión fuera más divertida, quizá en la casa de alguno, para así poder quedarse aún más tiempo.

-¡Nos vemos, chicos!- Bebe, Butters y Kenny se despidieron primero

-Hasta luego.- Nichole y Kyle siguieron caminando en dirección contraria.

Cartman y Wendy tomaron un taxi juntos mientras que Craig se dirigió a su automóvil aparcado no a tantas calles de allí. Pip y Damien se quedaron solos, el rubio un poco más alegre que el moreno quien había parado de beber hace ya unas horas, esperando volver a casa completo.

-¿Quieres que te pida un taxi, rayo de sol? Te vez un poco borracho.-

-N-No hace falta, estoy bien, gracias mi amigo.- se aclaró la garganta.- Mi casa no está lejos y aun no es tan tarde para que llegue a destino a salvo.- el rubio comenzó a caminar.

-Pip- llamó de nuevo

-¿Si, mi amigo?-

-Tu casa no es en esa dirección.-

-Oh, cielos.- se llevó la mano al pecho dándose cuenta del error.

Damien aguanto la carcajada que se ahogaba en su garganta, el acento de Pip se había hecho aún más evidente, además todos esos gestos y ademanes, no solo era un británico, era un caballero, de comportamiento y palabras elegantes.

-Ven, Philip, te dejaré en la puerta.-

-De verdad que no-

-Insisto.- interrumpió.- Quiero acompañarte.-

EL moreno recalco esa palabra al tomar la mano del más joven haciendo que rodeara su brazo izquierdo para que se apoyara al caminar. Pip no dijo nada, dejándose hacer por el moreno, embelesado por el aroma de perfume de Damien y ese gesto de amabilidad.

-Parece que tu acento se vuelve más fuerte cuando te embriagas.-

-¡Tonterías!-

Ni siquiera en ese gesto de negación pudo ocultar ese tonito cantarín. Damien soltó una pequeña risilla mientras que el rubio se mordía un poco los labios, reprimiendo cualquier cosa que pudiera salir de su boca. No le molestaban las burlas de sus amigos pero su particular forma de hablar y de ser en general había sido el blanco de un maltrato constante en sus primeros años en Estados Unidos. Ahora como adulto lo entendía, lo diferente resalta, lo diferente es divertido de señalar, lo frustraba a veces puesto que su vida sería más fácil si tan solo él fuera diferente.

El silencio se mantuvo durante unas cuadras, mientras Damien solo de vez en cuando tarareaba una melodía tranquila. Pip por otro lado se distraía con las luces de los edificios a su alrededor y las personas que pasaban junto a ellos de vez en cuando. De repente un estruendo hizo que ambos se detuvieran, un claro sonido metálico rompió el silencio como un trueno y Pip saltó aferrando su agarre en el brazo del otro, Damien volteó su mirada a la fuente del sonido.

Del fondo de un bote de basura salió una rata con un trozo gigante de basura en su boca. El animal corrió con su trofeo por la calle hasta adentrarse en una alcantarilla.

-¡Oh, mi Dios!-

Parece que ni el susto pudo bajarle lo borracho pues su tono aún seguía siendo alto, Damien a su lado se cubrió la boca un poco y soltó otra risa. El rubio de nuevo bajo la mirada avergonzado.

-Tú también vas a burlarte ¿No es cierto?-

-Yo creo que es encantador.-

Con ese tono Pip no estaba seguro como interpretar esa respuesta, puede que lo dijera con burla o genuinamente pensaba que su modo de hablar era "encantador". Damien siguió caminando, disfrutando un poco de esa reacción al oír "encantador" que si bien la palabra no era mala su tono de voz no ayudaba a interpretar. La verdad es que era muy sincero, le parecía algo muy propio de Pip, no es solo el acento sino su tono, sus expresiones y sonrisa que hacían que todo funcionara.

-I don't take coffee, I take tea, my dear*- comenzó a cantar mientras emprendía de nuevo el camino.

Pip alzo una ceja, curioso de que de nuevo el Moreno intentara alivianar el ambiente con una canción, aunque presentía reconocer esta, realmente no estaba del todo seguro, al menos con el principio de la letra.

-¿Qué canción es esa?-

-And you can hear it in my accent when I talk, I'm an Englishman in New York*-

-Oh, tienes un repertorio amplio, mi amigo.-

Pip reconoció con esa última estrofa la canción, reconociendo que la había escuchado solo una vez hace años, cuando aún vivía en Inglaterra. No podía ayudarlo a cantar a pesar de que reconocía la melodía. Damien lo tomo de la mano para que ambos siguieran caminando mientras tarareaba, sintiéndose como en su propio video musical. Pip no dijo nada solo le siguió el juego.

- If "manners make the man" as someone said, He's the hero of the day*-

-¿Eh?-

Damien deslizó su mano desde el brazo del rubio hasta la cintura del mismo, para poder acercarlo aún más. Parecía que quería iniciar otro baile, como el que tuvieron en año nuevo, sin embargo hacerlo ahora en medio de la calle era mucho más diferente que hacerlo en la intimidad de su sala. Aunque ignorando las intenciones del moreno, Pip no podía evitar ponerse nervioso por esa cercanía.

El moreno en cambio parecía cómodo con el contacto, tarareaba y se movía levemente con la melodía de la canción, este era un comportamiento normal en un Damien ligeramente ebrio y despreocupado, sintiéndose seguro en el anonimato de la noche y la hora.

-¿Damien, qué haces?-

-¿Alguna vez has visto "Singing in the rain"?

-Claro que la he visto, mi amigo. No dudo de tus habilidades en el tap, pregunto ¿Por qué estás tan feliz?-

-De seguro es la bebida, la verdad ni yo sé porque. Me hacía falta salir, beber y relajarme, estar así contigo me ayuda.-

-¿Ayuda?- susurró.- ¿Cómo?

-Algo me ha estado molestando.- dijo- Solo quería distraerme.-

Damien no dijo nada y siguió el camino, faltaba ya muy poco, menos de una cuadra para llegar a la mansión del rubio. Por un instante recordó aquello que lo había hecho rabiar las ultimas dos semanas; sacudió la cabeza, tratando de olvidar tan irritante recuerdo, volviendo a recordar la melodía de la canción y tararearla al lado del rubio.

Por fin la imponente mansión neoyorquina se alzaba sobre la calle y a la vista de ambos chicos, Damien seguía un poco perdido sin embargo la canción estaba ya a punto de terminar. Pip subió algunos pasos de los escalones del pórtico y estaba dispuesto a voltear la mirada para despedirse y agradecer el amable gesto. Damien por otro lado pensó más rápido y tomó la mano del otro hombre, llamando su atención primero.

-Be yourself no matter what they say*- terminó cantando y dirigiéndole una mirada intensa a los ojos.

Pip se quedó helado unos segundos que se sintieron horas, perdido en esos orbes azules tan diferentes a los suyos, la sangre en su cara era evidente y el momento no tomaría demasiado en volverse más incómodo. Claro que no esperaba nada de lo que ocurrió después. Damien deslizó su mano por el antebrazo de Pip hasta tomar su mano derecha y guiarla hasta su boca, besando el dorso.

Bien, ahora las piernas del británico estaban comenzando a fallar.

-Pronto será tu cumpleaños ¿Verdad? ¿Pip?- Damien por fin rompió el silencio

-Ah, si ¿C-Cómo lo sabes? - no recordaba haber mencionado ese detalle al moreno

-Escuché a Butters hablarle a Kenny acerca de un regalo para ti. – mentira

- ¿En serio? Entonces ¿Qué planea darme este año? - preguntó genuinamente curioso, pero también divertido.

-Podré ser un desgraciado, pero hasta a mi me gustan las sorpresas. –

-Damien, tú no eres un…-

-Bueno, la cosa es que- interrumpió antes de que Pip pudiera decir otra cosa. - Sé que no podré verte el día exacto, pero… quisieras ¿Salir conmigo el fin de semana siguiente? -

- ¿Cómo una cita? - preguntó el rubio juguetón.

-Si, justamente como una cita -

- ¿Eh? -

Habian salido antes, podría decir que es lo único que hacen, salen los dos juntos, comen algo y terminan despidiéndose para ir cada quien por su cuenta. Sin embargo, ninguna de esas salidas había tenido la etiqueta de "cita". Los amigos salían a comer, a hablar ¿no? ¿Por qué ser así de formales ahora?

-Pero si siempre salimos a comer. - soltó sin pensar el rubio.

-Bueno, es que quiero hacerlo especial para ti. – añadió, hasta este punto Damien no había soltado la mano del otro. – Hay algunos lugares que quiero mostrarte y por supuesto te daré un buen obsequio. -

- Suena esplendido ¡Claro que saldré contigo! Pero… no tienes porque tomarte tantas molestias. –

-Claro que sí, debe ser diferente. -

- ¿Por qué? Nunca lo hemos necesitado para pasarla bien-

- Oh, pues es el repentino descubrimiento del hecho que… me gustas. –

Finalmente lo dijo, Damien parecía nervioso, como si de verdad sintiera lo que acabara de decir, un pensamiento que le ha rondado la cabeza durante mucho tiempo. Sin embargo, era un hecho calculado; sabía que no le era indiferente a Pip, esos pequeños comentarios, cumplidos, caricias, miradas y cuidados hacían imposible pasarle desapercibido. Cuando la cara no es suficiente podía convertirse en lo que sea que Pip quisiera como hombre. ¿Quieres un buen chico? ¿Quieres a un alma torturada? Aquí lo tienes, dime qué es lo que quieres oír.

-Damien- susurró Pip, había colapsado completamente, nada salía de su boca.

-No tienes que contestarme, sé que todo esto debe ser extraño- pensó cuidadosamente lo que iba a decir, tratando de hacerlo en el tono mas conciliador que tuviera. – Solo quería ver que llegaras a casa, nos veremos después. Buenas noches, Phililp. –

Había arrojado la bomba, la reacción obtenida estaba dentro del marco de lo esperado: sorpresa, confusión, vergüenza. Como no fue rechazado inmediatamente también confirmaba su sospecha, él no le era indiferente y su oportunidad de acercarse más se abría ante sus ojos.

-Adiós. – susurró Pip sin saber que más decir.

Sin mediar otra palabra Damien asintió y soltó delicadamente la mano del menor. Dio media vuelta en caminata solemne lejos de esa casa y de su dueño que permaneció petrificado en su lugar hasta que la figura del hombre mayor había desaparecido al doblar la esquina.

Después de eso Pip se apresuró a correr, directo a su habitación, subiendo las escaleras como alma que lleva el diablo. Ni siquiera sabía porque tenía esa urgencia de llegar y esconderse, como si no viviera solo en esa enorme casa. Sin embargo, lo necesitaba, su refugio, no podía dejar de pensar en esos penetrantes ojos, como lo atravesaron, dejándolo indefenso y listo para ser devorado.

-No puede ser. – Se negaba a procesar lo que estaba pasando - ¿Por qué? ¿Porqué ahora? -

Pip se acurruco en su cama, no era bueno en esto. Se enamoró solo una vez, Stan fue su mundo durante años y cuando murió pensó que su corazón volviera a sentir. Varios hombres pasaron e intentaron conquistarlo, pero Pip se resistía, a veces consciente a veces inconscientemente. Nunca se detuvo a pensar porque los alejaba, quizá ninguno era suficiente o quizá el no era suficiente, guardando un luto eterno.

El destino lo ha llevado a encontrar a un hombre capaz de hacerlo sonrojar y robarle el aliento con sus mordaces palabras.

Pip miró curiosamente la fotografía de Stan cuando se graduó de la universidad, sonriente y juvenil, siempre descansando sobre su mesa de noche.

-No planee esto cuando lo busqué, solo quería saber de ti, siempre fuiste tu Stanley.-

Ni siquiera tenia un punto de comparación, más allá de lo evidente como el cabello negro y los ojos azules; Damien y Stan eran como él día y la noche. Pip se dejó vencer por las emociones y el cansancio, quizá el día siguiente podría pensar mejor las cosas.

Damien llegó a la puerta del enorme edificio de departamentos con una sonrisita picara. Todo estaba bajo control y esperaba recibir una respuesta pronto del rubio. A partir de ahora debía manejarse cautelosamente, entre todas esas risas y palabras bonitas ya no había espacio para errores. Si bien no eran nada grave y pensándolo bien le daba puntos de alma sufridora podría escaparse información que lo delataría.

- ¡Señor Thorn! - hablo la mujer de recepción. Mayor y algo cansada pues el turno de la madrugada era el peor turno para la recepción.

-Señora, buenas noches. - regreso el llamado.

-Que bueno que lo veo, ha llegado esta tarde un paquete para su apartamento. -

-Un paquete…- repitió al tener un mal presentimiento.

-Dice claramente su nombre, aquí tiene. –

La mujer después de buscar un poco bajo el mostrador colocó una pequeña caja sobre la barra, Damien se acercó y en efecto no había duda que era para él. Sin embargo, la información del remitente no la reconocía, siendo de algún lugar extraño en Nueva Jersey, seguramente falsa.

-Gracias, señora. -

Tomó la caja y la acunó bajo su brazo, dirigiéndose a los ascensores. Solo en la tranquilidad privacidad de su hogar pudo por fin dejar esa mascara de tranquilidad y sostener ese maldito paquete con una total amargura. Su disgusto solo aumentó cuando abrió la caja.

-Que desagradable. -

Incluso algún animal muerto tenia mas clase que este tipo de golpes tan bajos. Era evidente que esto era orquestado por su querido medio hermano mayor. Desde esa dramática declaración de guerra en Navidad estaba claro que ya no tenia nada que perder. Lo iba a destruir, utilizando cada recurso, especialmente aquel que hacía a Damien vomitar: su querida madre Katherine.

En esa cajita se acomodaba un pequeño conjunto para bebé, de hecho, uno que Damien conocía muy bien, de un color azul pastel ya desgastado por el tiempo y un barquito bordado en la zona del pecho. No era de la calidad mas alta ni el diseño más vanguardista, lo poco que la mujer sola pudo comprar. Junto a este amargo recuerdo descansaba un sobre blanco, con dos notas adentro, una simple, corta e impresa en papel de oficina.

"Quiero ayudarte a sanar viejas heridas Damien, ese es mi deber como hermano. Espera que esto solo es el inicio, ni siquiera estamos cerca del acto principal"

Por otro lado, la segunda hoja era una simple hoja escrita a mano con la adorable letra de su madre. La reconocería en cualquier lugar.

"Guardé esto durante mucho tiempo. Sé que ahora no puedes perdonarme, pero estoy en la mejor disposición para sanar nuestras heridas. Te amo, hijo"

Firmaba con su nombre al final. Damien sin inmutarse tomó ambos papeles y les prendió fuego con su encendedor de bolsillo. Todo esto le revolvía el estómago, los recuerdos de esa Navidad le pasaban factura. En cuanto a ese asqueroso trapo lo tomó entre sus manos y lo arrojó con despecho al bote de basura de la cocina, con cada minuto su enojo crecía y crecía.

-Precisamente esto me puede comprometer. -

Por culpa de ese idiota podría caer su máscara y adiós contrato con los Magwitch. Sea lo que sea que este planeando su hermano era para destruirlo en lo personal, golpear cada vez mas bajo y quebrarlo. Tenia que prepararse, imaginar las posibilidades, evidentemente involucraría a su madre y podía estar seguro que seguiría con el blackmail por tiempo indefinido. Estaba bien, podría soportar cualquier pañal viejo que estuviese en esos paquetes.

De repente un pensamiento atravesó su cabeza.

-También… -

La posibilidad de que metiera a Pip en esto no debía descartarse. No era un secreto que se veían, sin embargo, cualquiera que quisiera seguirlo podía averiguar quien era ese niño rubio y algo igual que él averiguar sobre los Magwitch.

-Ese desgraciado. - refunfuñó el moreno. - No tiene nada que perder. Me delatará sin duda. –

Damien gruño con impotencia, a pesar de estar consciente de los planes en su contra realmente aun no tenia claro cuales eran las reglas de este juego y las cartas en su mano eran muy pocas ¿Cómo matar a un hombre que no tiene miedo a morir?

-No, rendirse es impensable además… debe tener algo. –

Era imposible considerar que Adam se haya vuelto un zombi que solo vive para destruirlo. Debe tener algo, algo que lo consuele o mejor aún… alguien. Una sonrisilla picara se formó en sus labios, esa seria su nueva carta. Por la mañana haría algunas llamadas y armaría su plan, no se quedaría sentado esperando el golpe.

-Prepárate tú también hermano mayor, pronto será mi turno. -

Un poco más calmado después del torbellino de emociones se dirigió a su habitación para descansar apropiadamente. Porque a pesar de su tormentosa vida personal aun era el jefe y aun tenia trabajo de oficina que requería su atención.

Pip abrió los ojos en una habitación silenciosa, alumbrada por tenues luces de velas que flotaban como fantasmas a su alrededor. Esa habitación le recordaba los viejos salones de baile en Londres, llenos de bellas pinturas y decorados en las paredes, candelabros, ventanales con molduras y marcos de madera. El ambiente se sentía embriagador, un olor a madrea inundó sus fosas nasales, ese olor, sabía que era, elegante y fresco. Era el aroma de….

-Damien – suspiró, embelesado por la luz y ese delicioso olor a hombre.

Como si se tratase de una invocación líneas rojas se dibujaron en el suelo frente a él. Un circulo, con una estrella adentro y rodeado de diferentes runas que no supo identificar. El dibujo se encendió en una potente llamarada y de ella se comenzó a materializar una figura alta y negra. Ante él, vestido con su elegante traje negro y una sonrisa de perlados dientes, estaba el joven Thorn. Pip lejos de asustarse por el aura que rodeaba al moreno permaneció en su lugar, petrificado ante la presencia de aquel hombre.

-Philip. - llamó el moreno en un tono grave.

Fue cuando el rubio notó que los ojos del moreno ya no eran azules, sino que brillaban con las llamas del mismo infierno. Lo miraba como un depredador mira su comida antes de devorarla. Por fin sintiéndose otra vez dueño de su cuerpo no pudo evitar dar pasos cautelosos hacia atrás mientras que Damien no se inmutaba y lo seguía con pasos firmes hacia adelante.

- ¿Tienes miedo? - preguntó divertido Damien

-N-No. – Pip respondió per no se detuvo en su andar en reversa hasta que inevitablemente chocó con la pared adornada de papel tapiz.

- ¿Entonces porque huyes, rayo de sol? No te haré daño… a menos que me lo pidas. -

Estaba acorralado, Damien alzo sus brazos y rodeo la delgada figura rubia, ocultando su cara en la curva del cuello del menor, rozando su nariz contra la piel lechosa de Pip, disfrutando de ese olor dulce. La mano izquierda del moreno se hundió en los lacios mechones de oro y su juguetona mano derecha hacia un viaje por su espalda, sus dedos delineaban cada musculo concienzudamente en su viaje, intentando disfrutar la sensación a pesar de la ropa, casi podía sentir su piel de porcelana.

-D-Damien. – suspiró Pip ya completamente embriagado de ese olor y de ese calor que daban esos fuertes brazos a su alrededor. - ¿Qué haces? -

-Pequeña avecilla. – Damien subió un poco su rostro hasta susurrar en el oído de Pip – Te has perdido. - soltó una risilla. -Has llegado a los dominios del príncipe del infierno. – las luces de las velas se tornaron rojas.

Los labios de Damien comenzaron a dar besos suaves sobre la piel del rubio quien solo pudo soltar un pequeño gemido de sorpresa, la sensación era increíble, tan necesaria, el aliento tibio del moreno le daba escalofríos que le recorrían toda la columna vertebral. Sus manos se movieron instintivamente para rodear la espalda ancha del mayor.

Damien subió sus besos hasta llegar a la boca de Pip, sin pedir permiso reclamó un beso profundo, abriéndose paso con su lengua tocando la del otro muchacho en un movimiento de dominación al que Pip no se resistió. La mano derecha de Damien por fin bajo hasta acariciar los glúteos del mas joven. Pip saltó de la sorpresa sin embargo la mano izquierda de Damien le impedía romper el beso. Su mente se hizo añicos cuando la pierna derecha de Damien se coló entre las suyas, separándolas. Damien podía sentir perfectamente la erección atrapada en los pantalones de Pip, rompió el beso entre jadeos, usando la fuerza dejó el trasero del rubio y abrió la camisa que vestía, los botones salieron volando. El pecho de Pip quedo expuesto, para disfrute del moreno. Damien comenzó besando y mordiendo esa blanca piel mientras Pip no podía hacer otra cosa que gemir de placer, hace años que no sentía esto, esas caricias le hacían sentir en el mismo cielo. Damien era un amante apasionado, lo estaba volviendo loco, quería gritar por más, pero esos ruegos morían en su garganta.

-¡Ah!- gritó de placer y dolor, Damien había mordido con fuerza uno de sus pezones, dejando la marca de sus dientes a su alrededor.

-Di que me deseas…- exigió con voz profunda, volviendo a rodear a Pip con sus brazos. Los ojos encendidos del moreno se clavaron en los celestes ojos del rubio – Dilo. -

-T-Te deseo. - dijo entre jadeos y gemidos pues esas manos no se detenían y lo seguían acariciando.

-Di mi nombre, cariño. – ordenó – Di mi nombre y te haré solo mío. –

-Damien – susurró

-Mas alto, quiero oírte. - la mano del moreno volvió a apretarlo.

- ¡Damien! ¡Damien! – grito desesperado por volver a besarlo. - ¡Damien! -

El sudor corría frio por su frente, su cuerpo se revolcaba entre las sabanas de la enorme cama, el tick tack del reloj se volvió más nítido.

-Damien…-

Pip abrió los ojos desesperado, se sentó en el desastre que se había vuelto su cama, sabanas revueltas y almohadas tiradas por todo el colchón. Su respiración intentaba volver a regularse mientras que su cabeza no dejaba de dar vueltas con esas imágenes. No necesitaba mirar para saber que tenia una erección dolorosa entre sus piernas y atrapada en sus pijamas.

Discretamente miro el reloj de su mesita de noche, 4:34 de la mañana. Pip solo pudo soltar un suspiro de mera frustración, otra noche interrumpida por un sueño erótico como si tuviera quince años.

No podía creer lo que estaba pasando; habían pasado ya casi dos semanas desde que Damien se le declaro en la puerta de su casa y desde entonces no había contactado, ni una llamada ni un mensaje, cumpliendo su palabra de darle espacio. Sin embargo, ese tiempo a solas no hizo sino estragos en la cabecita de Pip, preguntas incomodas cruzaban su mente a ratos, dudas, miedo, ansiedad y también emoción, nerviosismo y felicidad. Cada vez que pensaba en Damien se sonrojaba y su corazón corría desbocado por todo su pecho. Quería a Damien, de eso no había duda, en este tiempo había aprendido a apreciar todos esos momentos, comiendo juntos, hablando de sus libros favoritos o bailando en la sala de su casa.

Resignado a no dormir por otra noche se levanto de su cama para cambiarse, quizá un poco de ejercicio lo ayudaría a desestresarse. Al abrir el armario cansadamente tomo de los cajones su ropa de gimnasio cuando una vez mas su memoria lo traicionó. Recordaba que una caja guardada en el fondo de sus repisas. Se quedó dudando frente a su ropa por un tiempo hasta que decidió buscarla. No tardo mucho tiempo, detrás de algunas cajas de zapatos en la repisa mas alta del guardarropa estaba esperándolo como un viejo amigo.

Pip sintió su cara calentarse al recordar estos objetos y como usarlos. Recordar sus viejas experiencias con Stan, fue muy vergonzoso aprender juntos su propia sexualidad. Claro al final ambos ya eran jóvenes adultos y habían aprendido que les gustaba. Tomo el viejo enema* de la caja, pensando detenidamente lo que estaba pasando. ¿Quería decir esto que aceptaba a Damien? Sino entonces porque razón sacó su caja de cuidados, nadie usa ese tipo de artefactos a menos que planee tener relaciones sexuales.

-Ugh- se quejó regresando el enema a la caja. -No puedo con esto, necesito…-

Necesitaba hablarlo con alguien, justamente lo que había estado evitando, hablar con sus amigos era complicado. Digamos que ahora no solo fue a buscar al muchacho que estuvo con Stan en el tren, sino que ahora quiere cogérselo. No sonaba nada bien. Aunque por un minuto la posibilidad de hablar con Butters se veía más sensata, después de todo el rubio mayor siempre lo molesto con seducir a Thorn, claro, antes de que supiera su verdadera identidad.

-Aun así, me arriesgaré. Quizá me ayude a saber cómo manejar estos sentimientos. –

Salió del guarda ropa decidido a hacer un poco de ejercicio, quizá a la hora del desayuno llamaría a su amigo para que se vieran en la tarde. Cuanto antes mejor.

Damien sonrió complacido al ver de nuevo al investigador privado frente a él, a pesar de que aún quedaba una semana más por el último trabajo. Sin embargo, esto era una emergencia conseguir alguien que sea de confianza para investigar cosas tan intimas y compartirlas era un poco complicado. El hombre lo miraba con un poco de desconfianza, pues aún no se le decía exactamente porque estaba allí y de todos modos tenía un horario apretado.

-Qué bueno verlo otra vez… Mole. –

-Me sorprende que me llamara, aún no está listo todo el documento que me pidió. –

-Ya lo sé, no te llamé para eso. Tal vez tengas mucho trabajo últimamente, pero quiero pedirte otro pequeño favor. –

-La gente en estos días está desesperada por información. – admitió el hombre acomodándose en la silla frente al escritorio. – ¿Qué tanto vale esa información para usted? –

Damien miro al hombre atrevido, por su facha parecía más un soldado que un espía. Incluso tenía unas pequeñas cicatrices en su rostro de pómulos altos. Tenía curiosidad por saber cómo un ex soldado francés llegó a ser el Topo de las empresas más grandes de Estados Unidos, dudaba mucho que fuera por sus bonitos ojos verdes.

-Me encantaría que me contaras al menos un poco de lo que sabes. – sonrió Damien con picardía. -El dinero no será problema. Supongo que sabrás que estoy a un paso del convenio con los grandes de Europa. –

El hombre frente al moreno soltó una sincera carcajada y se cruzó de brazos, los jóvenes eran tan graciosos y directos. Pero lo que él sabía podría hacer que la mayoría de estos ricos de porquería estuvieran esperando por su turno en el pabellón de los condenados.

-Bien, la cita no puedo concederla, señor Thorn, sin embargo, puede decirme a quien quiere destruir esta vez-

Damien lo miro divertido, el hombre le caía bien, se notaba que jugaban en el mismo tablero, pero con papeles diferentes. Pensándolo bien los hombres mayores, aunque fuera solo unos años y en especial aquellos que vendían información de lo que sea a quien sea, sonaba un peligroso amante.

-Quiero que investigues a mi hermano, Adam Thorn.-

-Problemas familiares, un clásico. –

-La batalla no es legal, DeLorne, así que busca cualquier cosa personal y desagradable, pero sobre todo quiero saber si tiene a alguien. –

-De acuerdo. – aceptó acostumbrado a ese tipo de peticiones. – le mandare un mensaje con la cantidad inicial y la fecha aproximada de entrega. -

Sin otra cosa que agregar y creyendo la conversación terminada, el hombre de ojos verdes estaba a punto de salir de la oficina.

-Espera, tengo otro encargo. –

-Eso aumenta el precio. – advirtió divertido el francés.

-Es solo una precaución, necesito que investigues a Gregory Fields. –

DeLorne ocultó bien su sorpresa, conocía bien ese nombre, ese maldito y estirado rubio de porquería. ¿Qué quería hacer Thorn contra él? La tenia de perder si quería atacar al nuevo hijo prodigo y heredero de todo lo que alguna vez era de la familia Thorn. Aun así, tendría que tener cuidado con la información que daba.

- ¿Quieres información profesional? –

-Todo, lo quiero todo. –

-Es un pez grande, espero que sepas medir tus batallas. –

- ¿Es una advertencia? ¿Lo conoces? – Damien no esperaba esa repentina preocupación y estaba seguro que no era por él.

-No. – mintió

-Bien, esperare tu mensaje pronto. Buenas tardes. – Damien dio por terminada la conversación.

-Buenas tardes. –

El Topo salió de la oficina y después a la calle donde por fin pudo encender un cigarrillo, era claro el juego que estaba jugando Thorn, una venganza hacia su familia y para eso el pequeño Pip era solo otro peón del tablero. Ahora no solo eso, estaba investigando a Gregory, tendría que estar al pendiente por si el idiota moreno se le ocurría lanzar un mal golpe. Antes no tuvo problema en entregar información de ese lindo niño Pip que ya antes había intentado cogérselo. (Aparentemente era demasiado francés para su gusto.) Fields era un viejo conocido.

Pip le ofreció el vaso de té helado a su amigo rubio quien lo tomo con gusto, sentía que estaba a punto de tener una charla de adulto mayor con bebidas y aperitivos, Dios, Pip era tan inglés a veces.

-Gracias de nuevo por venir Butters.-

-Está bien, es a veces muy cansado trabajar tanto tiempo sin vernos, me gusta saber de ti Pip ¿Qué querías decirme? ¿Es sobre tu cumpleaños? –

-No, no nada de eso, es que…- de repente las palabras ya no salían de su boca

-Oh, es algo serio ¿Qué sucede? – Butters se inclinó sobre su asiento y tomo la mano de su amigo.

-Damien se me confesó. - dijo por fin, como si fuera otra vez un chiquillo y no un hombre casi graduado de la universidad.

Butters no dijo nada por unos segundos, su mente regresó años atrás cuando el pequeño Pip le pedía consejo pues tenia sentimientos muy fuertes por Stan, sin embargo, esta vez era diferente. La sonrisa tan grande que se formo en el rostro del rubio mayor calmó un poco al británico, pero al mismo tiempo le dio una buena idea de que es lo que venía.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Que bueno Pip, has enamorado a ese potro salvaje que a estado trotando a tu alrededor por meses y ahora por fin puedes montarlo ¡Estoy tan feliz! -

Butters se puso de pie y empezó a dar vueltas por la habitación de Pip mientras balbuceaba un montón de incoherencias sobre lo buena pareja que eran. Pip solo pudo sonreír un poco por el apoyo que le daba su amigo.

-¡Espera!- paró por fin Buttets.- Tu no te ves tan feliz por eso. –

-Es que… no se si sea buena idea. –

-¿Eh? Si te refieres a los demás no creo que deban dar su opinión, Kyle es una madre judía, pero podemos mandarlo al diablo colectivamente. –

- No es eso, digo, es que Damien fue… sabes a lo que me refiero, ¿Debería salir con esa persona? –

- ¿Te gusta? –

Pip dudo un momento en que decir, pero las imágenes de esos sueños lo golpearon otra vez, haciendo que su cara enrojeciera fuertemente. No podía negarlo más.

-Si, me gusta. –

-Bien entonces no hay nada más que pensar. Aunque se conocieron por unas circunstancias especificas no creo que estés confundido por lo que sientes. Damien… no es y nunca será Stan.- sentencio Butters con una mirada seria, queriendo confirmar que Pip no buscaba un reemplazo.

-¡Claro que no! Eso lo sé muy bien, la persona con la que sueño es Damien, no hay duda. –

-¿Sueñas? Eso es nuevo, nunca antes habías tenido sueños eróticos. –

Butters se abrazó la cara con emoción, quería escuchar cada detalle de ese jugoso chisme, Pip, el británico en celibato ha tenido pensamientos impíos por otro ser humano, eso era una sorpresa.

-Yo también estoy sorprendido, no puedo seguir durmiendo después de soñar con él. –

-¿Qué has soñado? ¿Es algún kink* raro? – Butters estaba genuinamente interesado.

-Es como sacado de una de mis novelas. A veces son hermosos como un cuento de hadas, estamos bailando en un elegante salón, una fiesta de máscaras y todo termina con un beso. Ayer…- se cortó recordando ese bello sueño y sintiendo como si flotara en una nube.

-¿Ayer?- interrumpió Butters

-Era el hijo del diablo y me acorralaba contra la pared para devorarme. –

-¡Uff! Eso si es sexy, de eso estoy hablando. – Sonrió el mayor. – El hijo del diablo ¿Eh? Le queda el personaje ¿Tenia cola y patas de cabra? –

-No, tenia cuernos y… usaba un elegante traje negro de tres piezas. Todo alrededor era rojo y olía a su perfume. -

-Amigo, eso suena muy bien. –

- Saque mi vieja caja de cuidados esa misma noche, no sé por qué. Yo solo creo que me negaba a lo evidente. –

- Oh pero si tu eres el de los juguetes mas bonitos, niño rico. – se burló Butters. – Yo era el que tenia que ahorrar. –

-A callar, plebeyo. –

-Ahora empiezas a actuar como princesa. – sonrió. - Entonces será mejor que empieces a limpiarte hoy y estar preparado ¿Saldrás con el pronto? -

-No, el dijo que me llevaría a algún lugar especial por mi cumpleaños, pero no he hablado con él desde entonces. Dijo que me daría tiempo para que pensara mi respuesta. –

-Pero tu cumpleaños es en dos semanas. –

-No creo que sea raro, el es dueño de una empresa por lo que entiendo, así que hay periodos donde no lo veo ni hablo con él. – pausó. – Yo también he estado un poco atareado con mi propia tesis así que no me preocupa. –

-Bien, cuando te llame por favor dime, quiero saber como van las cosas. Me alegro mucho por ti Pip. –

-Gracias Butters. – dijo sineramente el menor. - ¿Quieres bajar a comer conmigo? –

-¡Por supuesto! Cambiando de tema hay cosas que quiero contarte yo también. –

- ¿Tienen que ver con Charlotte? –

-Algo así. –

El día de su cumpleaños recibió muchas llamadas y paquetes de sus amigos y familia, la verdad es que desgraciadamente no podían hacer nada ese año porque era un día laboral, sin embargo, sus amigos prometieron que la siguiente salida seria por su cuenta a su bar favorito mientras que su madre prometió darle una visita con toda la familia para prepararle una cena especial. Su papá y Oliver desgraciadamente habían tenido que ir a un viaje de emergencia a Londres, pero ambos lo llamaron para felicitarlo.

Sin embargo, en todo el día no tuvo noticias de Damien, por primera vez sintió que tal vez el moreno pudo haberle estado tomando el pelo. Quizá se dio cuenta de que en realidad no lo quería, que lo apreciaba como un hermano menor o alguna mierda así para poder zafarse de la estupidez que cometió esa noche después de beber.

O quizá estaba sobre pensando las cosas otra vez. Damien tenia trabajo y era igual de demandante que el de su padre y hermano; no tenia porque hacer un drama, ya no estaba en secundaria para preocuparse tanto por la atención de un muchacho.

Eso pensaba hasta que el timbre de su teléfono sonó y la pantalla se iluminó con el nombre "Damien T.", eso fue suficiente para hacer que su corazón casi salga desbocado de su pecho. Incluso cometió la estupidez de dejarlo sonar un par de veces, solo para no hacerlo parecer desesperado por contestar. Por dentro estaba decepcionado de su comportamiento, pero hace mucho no sentía esa emoción en su pecho.

-¿Hola?- contestó.

-Feliz Cumpleaños, rayo de sol. –

-Gracias, que bueno que lo recordaste. –

-Lo tuve en mente durante mucho tiempo, era imposible de olvidarlo. Me alegra volver a escuchar tu voz. – podía apostar que Damien sonreía al decir eso. – Te… extrañe. –

-Oh, eh…- Carajo, no te pongas nervioso Pirrup, reacciona. – Yo también pensé en ti estos días Damien. –

-Siento haber desaparecido, pero tenia que atender el negocio, preparar algunos documentos y muchas juntas. – admitió con falsa pena. – Pero ya estoy libre ¿Tienes tiempo este fin de semana? Quisiera darte tu regalo de cumpleaños como te mencioné antes. –

-…-

- ¿Pip?- preguntó- Me escuchas ¿Podríamos vernos?-

- Si, lo siento yo… si, me encantaría verte. –

-Perfecto, pasaré por ti el sábado a medio día, ¿De acuerdo? –

-De acuerdo…. – pausó otra vez, juntando un poco de valor. - Damien sobre lo que me dijiste el otro día…-

-Dímelo el sábado, rayo de sol. - interrumpió el moreno. - Quiero que me des mi respuesta en persona, sea cual sea. No te sientas obligado a nada conmigo ¿De acuerdo? Perdóname si puse mucha presión sobre tus hombros. –

-No lo hiciste, estoy bien y… te diré mi respuesta. –

-Nos vemos el sábado entonces. –sentencio. - Feliz Cumpleaños otra vez. -

-Hehe, gracias, nos vemos. Adiós. –

Pip colgó la llamada y soltó un suspiro de alivio, Damien había sido muy considerado al tomar en cuenta sus sentimientos. Ahora mas que nunca estaba seguro de querer estar con el moreno. Sin quererlo su mente comenzó a fantasear con su cita de fin de semana y una sonrisita boba se dibujó en sus labios.

Bien escrito y su correspondiente traducción al español sería:

*Are you fucking stupid? ¿Eres jodidamente estúpido?

*It's Tuesday, isn't it? Es martes ¿No?

*Can I get a bottle of water? ¿Puedo tener una botella de agua?

….

La canción es "English man in New York" de Sting.

*I don't take coffee, I take tea, my dear"No bebo café, yo tomo té, querida"

*And you can hear it in my accent when I talk, I'm an Englishman in New York"Y puedes oírlo en mi acento cuando hablo. Soy un inglés en Nueva York"

*If "manners make the man" as someone said, He's the hero of the day Si como dicen "Los modales hacen al hombre" Él es el héroe del día

*Be yourself no matter what they say Se tú mismo, no importa lo que los demás digan

Enema: En general un enema es un procedimiento para la limpieza del recto y el colon mediante el lavado con agua o soluciones salinas. El objeto más común para realizarlo es una bombilla, con un contenedor de agua y una punta alargada.

Kink: "Torcedura" en español, se refiere a prácticas sexuales poco convencionales.

N/A: Recuerden niños, tener relaciones sexuales de cualquier tipo se requiere preparación y cuidado de la zona intima.

¡Hola! Vaya una actualización en menos de un año ¡Que productiva! Se pone aún mejor amigos, el siguiente capítulo será subido la siguiente semana o a más tardar en quince días. ¿Por qué? Les doy un tiempo para que se preparen.

En fin, háganme saber con un comentario si les gustó si no les gusto o qué creen que esté a punto de pasar. También si gustan síganme en Instagram (*arroba*cerealpascual) allí subo dibujos, recomiendo manhwas BL y estoy activa más frecuentemente. Básicamente porque postear una historia es más fácil que escribir 10mil palabras para cap nuevo.

Le mando un saludo y un beso especial a BlueCrystalDust, Msams y Mariela Tarqui, por seguir aquí y dejarme sus bonitos comentarios, de verdad no saben cómo los leo una y otra vez para animarme a seguir y no dejarlo.

En fin. Tengan un buen día, tomen agua, lávense las manos, tomen su medicamento si tienen que hacerlo, no salgan de su casa a ser posible y resistan.

Yo soy Cereal Pascual y aquí me despido.

Adiós. :D