Lovely

Damien suspiró, al parecer la respuesta sería positiva. Quería fingir, aunque sea un poco de sorpresa, pero la verdad es que todo marchaba conforme lo planeado. Sentado en la comodidad de su sala rodeado de miles de papeles, todos con datos cifras y números. Más allá en la mesita de noche estaban otras tres carpetas, cada una correspondiente al resto de la familia Magwitch. No había mucho que decir de ellos, a decir verdad, vivían vidas de nuevos ricos, claro que eso se debía a que su porcentaje de acciones era tan solo el 20%, las decisiones se tomaban con los demás socios. Sin embargo, era obvio que lo que importaba no era poseer ese porcentaje, sino tener acceso a él, aunque sea en un 10% lo que dejaba espacio para aliarse con otros negocios usando el apellido Magwitch como garantía.

Sorpresivamente el timbre del teléfono del apartamento sonó, eso solo significaba una cosa: llamada de recepción. Soltó un gruñido de puro enojo al ser interrumpido.

-¿Si?-

-Señor Thorn, tiene un paquete en recepción. -

-Bien, bajaré en unos minutos. –

Colgó el teléfono de golpe. Este jueguito de los paquetes resultaba ya muy molesto. Enviándole basura de su madre o de su infancia creyendo que eso le afectaría. Ni siquiera sabia de donde sacaba tanta basura.

Bajó a recoger lo que sea que le hubiesen enviado y sorprendido notó que solo era un sobre blanco, quizá otra carta tonta o una amenaza. Sea lo que fuere incluso le daba pereza averiguarlo, pero la curiosidad de saberlo pudo un poco más. Con desgane rompió un extremo y sacó el contenido del sobre.

Era una foto, en ella un pequeño niño de cabello negro soplaba las velas de un miserable pastelillo, mientras era aplaudido por su padre y su madre quien sostenía un pequeño bultito envuelto en mantitas rosas. La nota de atrás decía una simple frase "Ellos si fueron una familia". Damien se quedó pasmado un segundo, este había sido un golpe bajo, lo peor es que estaba más furioso no por el desgraciado de Adam y su plan de mierda, sino porque estaba funcionando. El enojo y los celos se sentían amargos en su pecho.

Daniel, su medio hermano no se parecía demasiado a él, tan solo ese cabello negro que heredaron ambos de su madre. Sin embargo, ese había sido el que Katherine escogió. Sabía que no debía recordarlo, sabía que debía controlarse y olvidar, pero los recuerdos seguían allí, dolía y eso lo hacía enojar aún más. Si cerraba los ojos un poco podía imaginarse a sí mismo en la foto.

-¡No! ¡Basta! Qué asco. –

Hizo lo que hacía siempre con ese correo de mierda, solo basura que le hacía pensar en idioteces que nunca pudieron ser. Era una completa pérdida de tiempo, así que decidió mejor dejar todo e ir a su habitación, mirándose al espejo, la imagen era perfecta, hombre joven, apuesto, exitoso ¿Qué importa que no estuviera tan bien de la cabeza? ¿Qué importa? Todo en esta vida tenia un precio y si el suyo era pagar con su alma por lograr sus objetivos que así sea.

Fue al baño y se limpio la cara en el lavamanos, asegurándose que su barba estuviera bien rasurada, sus cejas eran pobladas como siempre y quizá sus patillas necesitaban un ligero corte, pero no era nada que desencajara, necesitaba verse muy apuesto para su cita de mañana. Tenía listo su atuendo, el itinerario de la cita y el obsequio que mandó a hacer personalizado para su querido enamorado.

Inconscientemente volteo la mirada a la caja que descansaba tranquilamente en la mesita de su cama, bellamente envuelta y decorada para el cumpleañero.

-Nunca he tenido pareja, pero… supongo que lo estoy haciendo bien ¿No, Pip? – preguntó al aire, como si alguien le pudiera contestar.

Era verdad, cuando joven Damien había tenido amoríos por aquí y por allá, pero nunca había formalizado una relación porque ¿Necesitaba explicar por qué? La verdad era más su deseo sexual que empezó a manifestarse que el anhelo de los amores de juventud. Ni siquiera deseaba fingir interés en alguien, como ventaja se podría decir que en la academia militar no había mas que buenos traseros y poco cerebro, cuando entro a la universidad era algo similar y conforme crecía nunca necesitó una pareja fija para crecer en la escala social. Solo bastaba ser amable, sonreír, presentarse en las fiestas, sexo con algunas personas, negocios ¿Qué mas puedes querer?

Ahora que de hecho tenia que enamorar a alguien basaba su comportamiento en lo que recordaba de sus idiotas compañeros de universidad, hablando de su "increíble" vida en pareja. También algunas películas y libros ilustraban bien la situación. Intuía que Pip era aún un inexperto; salir con solo una persona en tu vida te hacia casi virgen. Iba a ser lento, gentil y considerado, un caballero a la antigua. Al juzgar por los resultados todo iba muy bien, solo necesitaba un poco más de profundidad, una conexión que haga que Pip confié totalmente, aunque aún no sabía exactamente cuál sería esa conexión.

Los días pasaron quizá demasiado rápido y en menos de lo que esperaba ya estaba en su habitación mirándose al espejo, esperando que su corazón saliera expulsado por su trasero en cualquier momento. Ya no podía ver al moreno de la misma forma, después de la confesión y la aceptación de esa evidente química entre ellos, sin olvidar esos sueños donde su imaginación de escritor se transformaba para enseñarle las fantasías homo-eroticas más intensas que había tenido.

Un demonio, un caballero de época, un soldado con su uniforme planchado y lleno de medallas cabalgando un corcel de pelaje tan negro como el cabello de Damien, el chico malo de la secundaria, el que tu madre no quiere ver cerca de ti. Realmente le preocupaba a veces el deseo sexual que manifestaba después de casi cinco años de abstinencia y sintiendo quizá que debía ser asexual.

Una conversación con Butters otra vez regresó a su cabeza.

-Vaya que tienes fantasías extrañas, normalmente seria algo como, hacerlo en el baño o en la playa, quizá un juego de rol extraño- dijo mientras tomaba su café- Pero tus haces toda una historia ¿eh? –

-Eso lo hace mas excitante, Leopold. Además, piénsalo bien, ni siquiera puedes masturbarte bien en el baño ¿Cómo piensas realizar todo el acto allí? El agua irrita mucho, no crea buena fricción y créeme que dolerá. –

-Entonces la playa-

-Terminaras con arena dentro de tu-

- ¡Por favor! Estas arruinándome, amigo, además hacerlo contra la pared o en un escritorio es bastante incomodo también. –

-Es un precio muy pequeño si se hace bien. – Pip desvió un poco la mirada intentando que las imágenes de sus sueños no regresaran.

-Claro, con esos brazos y esos hombros anchos. – El rubio mayor le sugirió inclinándose en su asiento y mandándole una mirada picara.

-¡Butters!-

-Tienes que empezar a superar esos sonrojos ¿No crees? Ya tienes al hombre y pronto quizá puedas cumplir alguno de tus sueños. –

No sabía si podía verle el rostro a Damien sin sentir su cara transformarse en un globo rojo y lleno de aire caliente. Sin embargo, Butters tenía razón, esos sueños impropios de alguien de su edad, deberían comenzar a ser acciones pronto.

Terminó de cepillar su cabello y suspiró viendo el reloj de su muñeca, no había nada más que hacer por él. Damien estaría allí en cualquier momento y solo postergar lo inevitable ya le estaba comiendo la cabeza. Que pase lo que tenga que pasar.

Volteó su mirada a la mesita de noche junto a la cama, Stan le sonreía como siempre.

-Nuestra primera cita fue muy diferente ¿Verdad? – le habló a la foto en un tono tranquilo, sabiendo que no tendría respuesta.

Pip se sentó un momento en su cama observando más de cerca la fotografía enmarcada. Stan se había ido, pero de alguna manera Damien seguía aquí y Pip tenía la oportunidad de empezar de nuevo. No sabia si su historia de amor se repetiría, siendo que este nuevo hombre era un completo misterio, hacia todo mas interesante. De lo que estaba completamente seguro es que él quería a Damien y él lo quería a él, entonces no había nada que perder, debía intentarlo. Stan permanecería como un bellísimo recuerdo y jamás lo olvidaría.

-Gracias por haber cuidado de mi corazón Stan. Ahora daré lo mejor de mí. – le prometió a la fotografía.

Justo a tiempo para oír el timbre de la casa. Pip respiró hondo y dejó salir el aire, dándose valor, habían salido ya muchas veces y esta vez no debía ser diferente. Bajó las escaleras y corrió a la puerta principal, maldiciendo los inconvenientes de vivir en una casa tan grande él solo.

-Hola- saludó al abrir la puerta

-Hola, rayo de sol. – Damien le sonrió.

Damien se veía increíblemente apuesto, siempre vestido de colores oscuros aun en primavera, pantalón de vestir y camisa, sin embargo, en un estilo casual y más fresco. Si tuviera que elegir preferiría sus atuendos de invierno y sus bellos trajes italianos de tres piezas, hacia que sus hombros anchos se remarcaran y Pip podía lanzar miradas de vez en cuando.

-Feliz cumpleaños. – dijo el moreno e inmediatamente sacó una pequeña caja desde detrás de su espalda.

-Oh, claro, m-muchas gracias. – claro, todo esto era por su cumpleaños, casi lo olvidaba.

-Puedes abrirlo, si quieres. – sugirió – Ojalá te guste. -

- ¿Son lingotes de oro? – bromeó

-Supuse que no te haría falta el dinero, pero si quieres, tengo la chequera en mi bolsillo. – contestó igualmente divertido- También tengo oro en mi departamento, puedo ir por un poco. -

Al abrir la caja descansaba un elegante estuche, adentro contenía una libreta encuadernada en cuero negro y a un lado una pluma fuente brillante y lustrosa, podía leer "Phililp" en letras doradas sobre un costado. Pip miró sorprendido el obsequio.

-Recuerdo que tu cuaderno… estaba a punto de acabarse. – aclaró el moreno. – Aunque probablemente tú ya tengas… –

-¡No! No es eso, es… perfecto. Cuidaré muy bien de este obsequio. Muchas gracias. – Inconscientemente llevo el obsequio a su pecho, protegiéndolo y aceptándolo como suyo.

-Muy bien, vamos –

-Uh, si, vamos. – dejé mi obsequio en la mesa del recibidor antes de cerrar la puerta y acompañarlo.

Pip nunca pregunto a donde iban, seguía ciegamente al moreno mientras este le hablaba tranquilamente, empezaban con algo trivial y sin relevancia. En estos momentos Damien dejaba que Pip liderara la conversación, quizá algo estúpido que el insoportable de Kyle había dicho o algo relacionado a su proyecto de tesis que le estaba demandando mucho tiempo en los detalles finales para entregar el documento.

-Nunca lo he preguntado, pero ¿Qué planeas hacer cuando termines la universidad? –

-Trabajare para una editorial, mi asesor me esta ayudando con esto y he hecho trabajo de edición antes, cuando estaba en los últimos semestres, como mi servicio social –

-Ya veo, pensé que querías ser escritor. - dijo discretamente. – Incluso tienes manuscritos y… son muy buenos. –

-No están terminados y aunque tengo unos cuentos no creo que sean suficientes para satisfacer a las editoriales… necesito trabajar en mi manuscrito. –

- Si necesitas ayuda para convencer a una editorial házmelo saber. –

-Pensé que eras un jefe de una corporación o algo así. – Pip fingió poco interés.

-Hidrocarburos y energía, pero he hecho amigos en muchos lugares interesantes de NY, no olvides que mi biblioteca es bastante extensa. –

- ¿De verdad? Eso seria estupendo, gracias. –

La emoción no pudo ocultarse en su tono de voz, recordaba esa biblioteca en el departamento del moreno, ediciones especiales y tapas duras, la editorial de los lomos era de bastante renombre. La idea de que quizá pudiera publicar algo así le emocionaba.

-Oh, Damien, quería saber ¿A dónde vamos? –

- ¿Eh? – El moreno casi olvida a donde se dirigían. – Cierto, tenemos que apurarnos ¡Corre! –

Damien inocentemente tomo la mano de Pip y aceleró su paso por la calle, la cita era a una hora determinada y entre charlas y risas el tiempo se iba volando. Con forme recorrían las calles Pip notó el camino como conocido, hasta que el imponente edificio y las deslumbrantes luces se alzaron sobre la calle. El teatro Al Hirschfeld.

- ¿Teatro? - dijo Pip deteniendo por fin su andar.

-No exactamente. – Damien se detuvo también, sacando de su elegante saco un par de boletos perfectamente doblados. - Dijiste que en secundarias eras bailarín. –

El rubio abrió la boca entre la sorpresa y la vergüenza, digamos que era uno de los pocos chicos de la clase y si se ganó muchas burlas por presentarse haciendo movimientos tan delicados en un escenario, incluso recordaba que Stan, usando su intelecto superior tampoco entendía muy bien de la danza, pero como su novio iba a cada una de sus presentaciones. Hasta el día en el que lo dejó completamente para dedicarse a sus libros.

-Pero… ¿Damien, te gusta la danza? –

-No es importante si me gusta, este es tu regalo de cumpleaños y sé que a ti te gusta, vi que tenias una playlist especial en tu teléfono lleno de piezas clásicas. – Sonrió para el rubio. – Pero si te hace sentir mas seguro, la respuesta es sí. Me gusta la danza, las presentaciones de opera y filarmónicas, sin embargo, te advierto que tendremos problemas si intentas que vea un musical. –

-¿Qué? Pero tú cantas casi todo el tiempo, ¿Cómo no te gustan los musicales? –

Ambos se acercaron a la fila de entrada, rodeados de la demás gente que venia a ver el espectáculo, las luces del edificio estaban apagadas, pero aun así podía leerse en el enorme cartel la compañía de danza de la ciudad, quizá el rubio no lo notó, tampoco reparó en la enorme cantidad de gente que entraba al teatro. Una presentación como esta era rara de encontrar y sobre todo eran afortunados de encontrar un boleto.

-Pero mis actuaciones son mera improvisación, no tengo coreografía ni canto haciendo manos de jazz. –

-Intentaste bailar tap y bailamos disco en mi sala. –

-Intentar replicar pasos de películas no cuenta como un musical, admite que no es lo mismo. Hay algo en el performance de Macavity: The Mystery Cat* que simplemente no puedo tolerar. –

-Oh, pero digamos que ese numero puede ser algo extraño, incluso para el teatro. ¿Qué tal Defying Gravity*? –

-No, no creo. – hizo una mueca de disgusto

-Bien, bien, no musicales. – Aunque estaba seguro de que Hamilton o Los Miserables serian del agrado de Damien.

Entraron al edificio y en poco tiempo se alzo la preciosa sala principal ante ellos, al menos dos pisos de asientos forrados en terciopelo rojo, el escenario estaba iluminado por los reflectores. La plataforma de duela de madera y rodeada de pesados cortinajes. Aunque definitivamente lo mas impresionante eran las molduras de las paredes que daban un aire clásico y europeo de óperas. Todo coronado por un bello vitral en el techo, decorado con líneas elegantes y largas, motivos florales, definitivamente era un lugar precioso. Cuando Pip bailaba en la secundaria su pequeño auditorio no se comparaba con esta belleza, pero si cerraba los ojos y se dejaba llevar por la música podía imaginarse bailando en un escenario así de hermoso.

-Por aquí, Philip –

-Si, con permiso. –

El lugar era justo en las filas intermedias del primer nivel, tenia una buena vista del escenario. Pip tomo el pequeño folleto de la presentación, impresionado por los números que se presentarían, creía que al menos uno de esos lo había interpretado en su juventud.

-Espero que te guste. – le susurró el moreno al oído.

Pip asintió sin saber cómo contestar, se acomodó mejor en su lugar y volteo al escenario aun vacío, sin embargo, las luces del recinto habían comenzado a bajar y una voz anunciaba la tercera llamada. Las cortinas se abrieron, mostrando la escenografía, una tenue música tocada por una orquesta comenzó a sonar.

Todo se volvió precioso cuando los primeros bailarines aparecieron en escena, Pip se hundió en la atmosfera de la puesta en escena y no pensó en otra cosa. Por otro lado, Damien miraba discretamente a su acompañante, se veía lindo, como un niño en el circo.

La fusión duro una hora llena de bellos bailarines moverse sobre el escenario, Pip aun estaba embelesado al salir del teatro. El moreno, por otro lado, pensaba que la bailarina principal era especialmente bella, de verdad le quedó su papel. Tenia unas piernas largas y firmes de bailarina y una cintura diminuta que resaltaba por su traje, en definitiva, todo un primor.

-Eso fue precioso, había olvidado lo mucho que me gusta ir al teatro. – Pip continuó caminando por la acera, pensando que había sido todo.

-Que bien, pero aún no ha terminado. –

-¿Ah no? ¿Qué sigue? –

-Mhmm pues tendrás que seguirme para averiguarlo tu mismo. –

-Claro, es como seguir al conejo blanco. –

-Digamos que sí, Alicia, pero prefiero ser el conejo negro. –

La verdad es que la hora de la comida no fue una sorpresa, lo llevó otra vez a esa cafetería inglesa, Pip no protestó debido a que esa comida era muy tradicional y sabia exactamente a la comida en los restaurantes de Londres. Sin embargo, la verdadera sorpresa fue llevarlo casi al centro de la ciudad. Las personas rebosaban por las calles y era casi imposible no caminar rápidamente, en NY estaba prohibido detenerse.

-Llegamos –

Pip volteó a donde Damien señalaba, un gran edificio se alzaba entre las personas, el letrero claramente indicaba lo que se ofrecía. La verdad no era ajeno a ese lugar pero se preguntaba porque Damien lo había llevado a la librería mas grande de la ciudad. No solo una librería normal, sino que se destacaba por su variedad y cantidad, con sus siete pisos de puras estanterías.

- ¿Una librería? –

-Si, la librería, vamos. –

El lugar era por dentro tan impresionante como por fuera, si bien no era una biblioteca de alguna manera le recordaba mucho a esa sensación. Los libros estaban expuestos en sus estanterías y había empleados atendiendo en todo momento por si buscabas algo en específico. Aunque Pip no sabía exactamente porque estaban allí.

-Bien, elije algo, yo te lo obsequio. – explicó por fin Damien

-Pero pensé que mi regalo había sido la libreta y la pluma de esta mañana. –

-Claro, pero… pensé que no te emocionaría tanto como un nuevo libro para tu biblioteca. Me enoja mucho pensar que aun no te conozco lo suficiente para escogerlo yo mismo para ti. Por eso te traje, escoge algo que te haga feliz. –

Pip llevó su mano a su pecho, esas palabras hacían que su corazón palpitara fuera de control, su cara se tiño de un rubor tan potente que tuvo que ocultarlo desviando la mirada, esperando que Damien no lo notara. Si lo había hecho, pero escogió no arruinar el momento con una mala broma.

-Me encantó mi obsequio y lo escogiste para mí, cualquier cosa que desees darme la acepare gustoso. –

-Bien, quiero darte un libro, cumple mi capricho y escoge algo que te emocione. – insistió el moreno – Incluso, por ser tu cumpleaños no criticare el libro que escojas – el mayor intento aligerar el sentimentalismo con algo de humor, se sentía extraño ser tan romántico.

- De acuerdo, eso ultimo me convenció, buscare algo. –

-Tomate tu tiempo. –

Pip sin pensarlo demasiado comenzó a caminar de entre los pasillos en busca de un genero en particular, Damien lo seguía cuidadosamente, no quería presionarlo a solo escoger cualquier cosa, el también sabia apreciar un buen libro. Y tendría que recordarlo bien porque el rubio había desaparecido en la sección de novelas fantásticas.

-No, no. – Damien negó con la cabeza, recordándose a si mismo "A veces puedes escoger no ser un imbécil, hoy puede ser uno de esos días." – Pero mañana me lo cobraré-

Finalmente, Pip había escogido un tomo de un libro de fantasía, algo acerca de un mundo donde los humanos estaban divididos, el apocalipsis y un elegido. Fiel a su promesa Damien no dijo nada acerca de lo ridículo que sonaba, Pip se veía contento y abrazó el libro todo el camino a la caja.

Cuando la transacción fue completada y ellos regresaron a la calle Pip hizo que Damien se detuviera un poco a un lado de la acera para poder agradecerle una vez mas por el detalle. Damien, sin mucho interés alzó su mano por los mechones rubios lacios y bien peinados de Pip, eran muy suaves. Esa fue toda su respuesta, volviendo a caminar por la transitada calle en paz; el cielo se empezaba a teñir de colores, el atardecer llegaría pronto.

Al final del día Damien y Pip caminaban de regreso a la casa del segundo. El sol se ocultaba entre los grandes rascacielos y Central Park nuevamente verde se alzaba en una bella tarde de sábado. Pip caminaba a un lado del moreno, ambos en silencio porque los temas de conversación se habían acabado por el momento, sin embargo, no era incomodo, al contrario, la paz de tenerse así, solo los dos.

-¿Quieres descansar un poco? – preguntó Damien

-¿Ahora? –

-Mhmm no quisiera dejarte tan temprano – se explicó – Además… quiero escuchar tu respuesta. –

Pip se sorprendió, en toda la cita no había recordado decirle a Damien su respuesta, solo se dejó llevar y disfrutar de su fin de semana, se sentían como una pareja, pero la verdad es que ni siquiera lo habían hablado. Se sintió un idiota por olvidar ese pequeño detalle.

-Oh, si, vamos. -

La banca estaba frente al lago, la vista era preciosa, sobre los grandes árboles se asomaban los grandes edificios y en sus ventanas se reflejaban las ultimas luces del día. Pip volteó un momento al moreno, este no lo miraba, estaba también absorto en a vista. Era la escena perfecta, Pip como buen romántico pensaba que no había mejor oportunidad ni mejor momento que este, era su turno de confesar sus sentimientos.

-Damien… yo- comenzó un poco tímido.

Damien por otro lado noto algo extraño, se sentía observado, discretamente intento buscar a la persona que lo miraba. Por su mente solo pasaban las posibilidades, Adam pudo enviar a su gente, sacarle información persona con Pip le costaría, cualquier cosa servía como arma en esta guerra. Si resultaba si ser su hermano entonces tendría que mover sus piezas antes de lo esperado.

Todo fue peor de lo que pensó cuando encontró esos ojos marrones viéndolo, no buscaba esconderse, todo lo contrario, venia directamente a confrontarlo. Estaba demasiado cerca, incluso Pip noto al extraño que los miraba, confundido decidió callar su patético intento de confesión. Damien estaba en pánico, no se preparó para enfrentar esto, esperaba que esa parte de su familia se mantuviera alejada, como siempre lo había estado. ¿Por qué mierda después de años de repente se le aparecen? ¿Qué hacía ahora? Miró a Pip por un segundo, ¿Cómo explicar esto?

-Damien Thorn – llamó por fin el chico, el más joven moreno.

Damien se puso de pie seguido por Pip, haciendo uso de su altura como un mal intento de dejar en claro quién era y que no debían meterse con él.

-Si, eres tú… sé que es extraño, pero soy Daniel, Daniel Brown. – se presentó – somos hermanos. –

Pip sorprendido observó al muchacho. Era un poco bajo, más que el mismo rubio, de facciones redondeadas, piel bronceada y ojos oscuros. Lo único que podía distinguir era el cabello de un negro profundo. Si era de verdad lo que decía no se parecían en nada. Sin embargo, Damien permanecía analizando al chico, mirándolo con severidad, evidentemente molesto.

-Sé que es sorprendente presentarme así, estaba de paseo y te vi, te reconocí -

-¿Cómo me reconociste? ¿Quién te lo dijo? - su voz sonaba rasposa y contenida. Aún estaba temeroso de que quien pudo revelarle su existencia a este chico.

-Mamá nos contó todo, hace no mucho nos dijo todo, todo lo que le sucedió y que quería hacer lo correcto. Nos mostró una foto tuya. Te reconocí de inmediato y quise venir a saludarte. Quiero que sepas que eres bienvenido a nuestro hogar –

Sonaba muy sincero, no era un mal chico y no desea causarle mal. Aun así, Damien no bajo los hombros, aún estaba muy tenso, furioso de ver a este muchacho totalmente emocionado por la idea de tener un hermano mayor. Ignorante de la clase de cabrón hijo de puta con el que estaba tratando. El recuerdo de esa foto donde Daniel era apenas un niño lo ataco y sintió su humor empeorar; esa asquerosa familia pobre y miserable, no le había traído sino problemas. Esos sentimientos de celos y desesperación crecían, intentaba reprimirlos, no quería perder el control, Damien Thorn no perdía el control.

-Mamá nos contó que fue muy difícil para ella dejarte, a pesar de eso pensó que era lo mejor. -

Allí estaba otra vez esa mujer, creyendo que abandonando a un niño con un bastado rico fue la mejor idea que pudo tener. Gracias a eso creció siendo el divertido paria de los Thorn, negado en más de una ocasión.

-Así que tú eres el hijo de Katherine, y por fin se dedicó a contarte la historia de cómo me abandonó durante todo este tiempo. –

Pip miro preocupado a Damien, su voz sonaba ya más calmada, sin embargo, eso no era una buena señal, estaba a punto de explotar. Daniel por otro lado se quedó congelado, su madre fue muy específica al decir como no vio otra salida al ser tan joven. El joven Brown no se molestó en pensar cómo se sentiría el hombre, pensó que había sido criado como rico por el señor Belial Thorn. Su madre lo describió como un chico serio y que no estaba feliz de verla pero que aun así haría lo posible por arreglar las cosas. Este Damien no era un chico "serio" era un hombre intimidante y parecía peligroso.

-¿Cómo?-

-Claro, ella se fue cuando era niño y nunca regresó. La única razón por la que les dijo la verdad fue porque alguien me odia y creyó que sería una buena idea recordarle a Katherine que antes de tenerte a ti parió un niño y lo dejó con los Thorn, durante más de veinte años yo no supe nada de ella ni ella de mí. Somos completos desconocidos. –

-Lo sé, pero ahora intenta arreglarlo-

-¿Arreglar qué? No sé si lo has notado, pero tú no sabias que tenías un hermano hasta hace un mes y si ella no hubiera sido contactada jamás te hubieras enterado. – comenzaba a alzar la voz- Ella no me buscó y ahora solo porque se siente culpable quiere que la perdone. Jugaremos a la casita, que conmovedor, que conveniente. "Siento haberme ido Damien pero ahora creo que después de 22 años estoy lista para ser tú madre". – hizo una mofa.

-Pero… -

-No, yo creo que no tienes ni idea de quien es tu madre, no sabes nada de ella y solo porque te convenció de su lado de la historia quieres que yo este feliz de conocerlos a ti… a tu padre y a tu hermana. -

- ¿Cómo sabes de mi hermana? –

Damien soltó una risilla, ahora en control de la situación se sentía mejor. Poner en su lugar a este niño, inocente y crédulo. Si lo pensaba mejor quizá no debía ser un total imbécil con Daniel, después de todo el era solo un pobre chico manipulado por su madre.

-Escucha, Daniel, tu y yo… no tenemos historia, no hay química ¿Me entiendes? – se cruzó de brazos – Es Katherine mi problema. –

- Pero somos hermanos. – replicó.

-No, la sangre poco significa para mí, la sangre no me ha traído sino desgracia. Te conviene no entrometerte y fingir que no existo. Veras, yo no tengo motivos para no lastimarte. - sonaba muy amenazante y en voz baja, solo para los oídos del chico.

-…- Daniel estaba asustado, esto no estaba saliendo como debería.

-Sin embargo, tampoco tengo motivos para hacerte algo. –

-Eres un maldito loco. – dijo enojado Daniel

-Yo no tengo nada que ver contigo, no quiero nada que ver con ustedes, no quiero que esa mujer me use solo para "cerrar ciclos", ustedes no me necesitan en su preciosa familia. Solo actúa como antes de que enteraras. Es lo mejor. – volteo y tomó la mano del rubio comenzando a alejarse de allí.

Pip miró preocupado al muchacho que dejaban atrás mientras intentaba llamar la atención del moreno. Damien por otro lado se sentía satisfecho de dejar a ese mocoso en su lugar, seguía por supuesto muy molesto de esta situación, como su madre ahora se las daba de habladora, confesando sin ninguna pena que oculto un hijo por más de dos décadas a su nueva familia. ¿Unirlos? ¿Perdonarse? Por favor, todo esto era una porquería para hacerla sentir bien, para que su conciencia estuviera tranquila después de callarse por tanto tiempo. No, Damien Thorn no se prestaría para eso.

¿Qué hacer con todo este enojo? Fingir que su soledad no contó, que ese niño solo en esa casa, criado por tutores y niñeras era solo un recuerdo, esa tristeza solo era asunto suyo y que solo él cargaba. Ahora el hijo que si tuvo a una familia ofrecía amistad como si fueran iguales, diciendo que su madre sufrió y que no le importaba porque se cometen errores de juventud. Él no era un error, él no era un objeto del cual te deshaces y años después lo quieres devuelta. ¡Ahora es el quien tiene poder y nombre suficiente solo! ¡No necesitaba nada ni nadie!

-Damien ¡Damien por favor detente! – Pip lo tomo del brazo con su mano libre e hizo fuerza para que el mayor se detuviera. – Por favor -

El moreno escuchó por fin la voz del rubio y se detuvo, ¿Hace cuánto lo estaba llamando? Volteo a verlo encontrándose con un Pip muy preocupado por todo lo que vio y escuchó. Aquí otro problema. Como explicar esto a este británico, se suponía que debían divertirse y que por fin formalizarían la relación, eso decía el maldito plan. Como siempre toda la mierda se tiene que complicar para hacerlo perder el control de sus emociones.

-Pip… lo siento, no debiste ver eso- contención de desastres. Recuerda, se el caballero que él cree que eres.

- ¿Qué está pasando? ¿Por qué estas tan enojado? – tenía muchas más preguntas, pero se limitaba, sabía que Damien no hablaría si no quería ser escuchado.

-Ugh-

La mente del moreno pensaba a velocidad increíble las posibilidades, no quería decirlo, pero olvidarlo o mentir eran peores opciones, Pip se enteraría de la verdad si mentía, porque tendría que cambiar prácticamente toda su vida. A no ser que... la idea surgió y el plan comenzó a armarse.

-Ese chico era mi medio hermano… por parte de mi madre. -

Pip anotó eso para armar su rompecabezas mental, Damien tenía varios hermanos, aparentemente sus padres formaron familias por separado. Aunque eso solo era una pieza muy pequeña de información.

-Puedes… puedes hablar conmigo, si quieres. – ofreció Pip

Damien le sonrió un momento, típico de este hombre, querer escuchar tomando en cuenta los sentimientos de los demás. De verdad que era difícil de encontrar personas así.

-Bien, bien, creo que mereces una explicación. Varias explicaciones sobre lo que ha estado pasando. –

-Vamos a mi casa. –

El viaje a la casa del rubio fue un poco incomodo, nadie sabía que hacer o como decir lo que estaban sintiendo. Pip estaba triste por perder la oportunidad de confesarse en el lugar perfecto y estaba totalmente preocupado por Damien, se veía agitado y perturbado por lo que paso. Pudo notar como en un momento el moreno perdió el control y comenzó a hablar de manera muy cruel.

Por suerte la mansión neoyorkina se alzó frente a ellos en tan solo veinte minutos caminando, entraron y se dirigieron a la sala principal, bueno Pip fue a la cocina a hacer té y Damien se quedó en la sala, sentía que ese lugar poco a poco le dejaba de ser ajeno.

Thorn se quedó pensando cuidadosamente los detalles de su historia, aquellos que lo comprometían evidentemente deberían ser eliminados. Si el mundo quería una gran historia, él daría una épica historia, no era verdadera, pero nadie le estaba buscando la verdad.

-Damien, aquí tienes tu té-

-Gracias, Pip –

El rubio dejo la tasa frente al mayor, notando como el ambiente se había vuelto ligeramente más serio, ya no había sobrenombres ridículos como "Rayo de sol". El mayor tomo solo un sorbo de la bebida, no era un fan del té, pero sabía que Pip escogió té negro porque era lo más cercano a café que había en esa casa.

-Damien, si prefieres no decirlo yo…-

-No, no, confió en ti Phillip, sé que solo quieres ayudarme. Creo que nunca he hablado con nadie sobre esto. –

-Estoy aquí para ti ¿De acuerdo? – Pip estiró su mano para rozar delicadamente el dorso de la mano pálida de Damien. Thorn miró el gesto y sonrió, definitivamente no había malicia en este hombre.

-Está bien. Tienes toda mi confianza. – Pip le regresó la sonrisa y guardo silencio esperando que Damien se sintiera listo para empezar.

-Yo soy un hijo bastardo, mi padre era el dueño de una gran compañía, donde mi madre estaba haciendo una pasantía en el departamento de contabilidad. Él estaba casado y tenía un hijo, mi hermano Adam. – pauso un momento intentando encontrar una reacción en Pip, pero este solo lo veía atentamente, esperando que siguiera. – Ella era joven, tendría al menos veinte años y él ya tenía una vida hecha, no estaba dispuesto a hacerse responsable de mi en ningún momento, claro, hasta que después de nueve meses yo nací y mi madre me llevó con él. Podrías decir que era innegable nuestro parecido, cabello negro, ojos azules, piel pálida. Solo por eso tuve una oportunidad, era su viva imagen y los años solo ayudaron a hacerlo más evidente. Mi hermano a pesar de ser hijo legitimo es diferente a nosotros, él es igual a su madre. Mi apariencia solo fue algo que me ligaba a ese hombre, pero bajo ninguna circunstancia me hacia su hijo; su esposa jamás aceptaría a un bastardo a pesar de que sabía de antemano la infidelidad de su esposo, un niño ilegitimo era inaceptable, un disparo directo a su orgullo.

Entonces permanecí con mi madre por años apartados, ella cuidaba de mí y mi padre nos daba dinero para que nada me faltase, ese dinero solo me protegía a mí. Ella seguía estudiando, trabajando en otro sitio. Supongo que llegó el punto en el que no pudo soportarlo y decidió dejarme completamente con los Thorn, yo era apenas un niño, debí tener cuatro años cuando una mañana desperté solo, llamé a mi madre, pero ella nunca volvió. -

Damien volvió a pausar, sintiendo un nudo hacerse en su garganta, no pudo controlarse lo suficiente, por las calmado y planeado que estuviera este relato había demasiada verdad en él. Quería fingir que estaba bien, que no le afectaba, que eso es solo una sombra del pasado, pero el dolor en su pecho y el ardor en sus ojos reflejaban que tan mal le ponía hablar.

-A pesar de que mi padre me mantenía nunca pude ser parte de su familia, ni siquiera en mis registros, los nombres de mis padres son falsos. Me convertí en un fantasma. Cuando tuve los recursos quise saber qué pasó con mi madre, saber por qué me hizo eso, lo entendía en ese entonces, ella era joven y estaba asustada, tenía mucho sentido pensar que el dinero de mi padre compraría todo lo que me hiciera falta. Quizá después de tanto tiempo ella sería más madura y podríamos ser una familia solo ella y yo.

Pero no fue así, me enteré que no mucho después de que me dejó volvió a tener un hijo, mi hermano Daniel, se había casado y estaba felizmente trabajando para formar un hogar. Ella salió adelante sola, ahora tenía un esposo y un hijo para amar; se olvidó de mí. –

Damien sintió lagrimas caer de sus ojos, otra vez, intento pararlas, pero no podía, ya no podía parar de recordar como su yo de catorce años se sentía abandonado, tan poca cosa que no merecía ser amado. El tiempo en su mente regresó años atrás y se sentía igual, es por eso que no le gustaba hablar sobre esto. Pip no dijo nada, en ese momento, por otro lado, su roce se transformó, tomando firmemente la mano de Damien con la suya, no estaba solo, nunca más tendría que estar solo.

-Así fue durante toda mi vida, estudie en las mismas escuelas de mi hermano, pero nunca hicimos contacto o dejamos entender que estábamos emparentados. Todo ese tiempo Adam y yo nos volvimos casi enemigos, más cuando él tuvo un accidente donde quedó parapléjico, me declaró la guerra. Una noche cerca de navidad, mi padre organizo una fiesta de negocios, anunció al nuevo heredero, un chico que era trabajador de la compañía, solo fue la cereza en el pastel para hacerlo todo un poco peor.- Damien pausó tomando aire, un poco más calmado después de humillarse frente a Pip.- Esa noche Adam me dijo que quería hablar conmigo en privado, pero todo era una trampa, me encerró en una habitación con mi madre a la que no había visto en más de veinte años. Pretendiendo que yo seguía siendo un niño y queriendo fingir que me extrañaba. La verdad es que fue mi hermano quien la buscó para lastimarme porque sabe lo mal que lo pasé después de que ella se fuera. Ella no trato de buscarme ni una sola vez, ella ya tenía una vida nueva y feliz sin mí. Solo ahora que le recordaron que me pario busca que yo la perdone, porque la culpa la carcome. Fueron demasiadas emociones esa noche, por eso te busque, por eso quería leer tu historia, de verdad que me ayudaste más de lo que te imaginas, sino te hubiera conocido no sé lo que habría hecho solo. –

Damien poso su mano libre sobre el agarre que tenía el rubio sobre su mano derecha. Lo miro fijamente a los ojos, no estaba mintiendo, de verdad que le ayudó y por eso no tenía que temer. Pip se sonrojó un momento, pero mantuvo el agarre, sintiendo su corazón latir fuertemente.

-El chico de hoy es Daniel, mi hermano menor y también tengo otra hermana más joven. Ellos no tienen la culpa de lo que me hizo nuestra madre ni la culpa de que mi hermano Adam y mi padre me menosprecien. Sé muy bien que lo que hice estuvo mal, pero no puedo fingir que no me molesta verlos, porque ellos fueron escogidos. – sonrió un poco para aliviar la seriedad del ambiente – y ahora actúo como un niño, que vergüenza. -

Pip cauteloso tomó ambas manos del moreno con las suyas, asegurándose de que ambos se miraban a los ojos. Seguro y con voz suave le dijo:

-Damien, lo que tu sientas jamás será motivo de vergüenza. -

El moreno se sorprendió por ese comentario, no esperaba eso, de verdad que no lo esperaba, pero de alguna manera lo hacía sentir mejor. Sabía que no había peligro en abrirse aquí, era aceptado y comprendido.

-Gracias por compartirme los momentos tan difíciles que tuviste que pasar. Ahora entiendo mucho más las cosas. No puedo hacer mucho, pero… estoy aquí contigo, tú me importas mucho. –

-No hay mucho que hacer, pero me siento un poco mejor después de decirlo, siento que tengo a alguien conmigo. –

-Siempre estaré para ti cuando lo necesites ¿Sí? No estás solo, ya no estás solo. –

En ese momento Damien miró intensamente al rubio, sintiendo el dolor en su pecho desaparecer por completo, ahora su corazón latía con fuerza contra su pecho. Nunca lo había pensado seriamente, pero Pip era un hombre hermoso en muchos sentidos, tenía un encanto y verlo sonreír hacía pensar que quizá todo saldría bien. Sin mencionar esos ojos grandes y hermosos en los cuales podía perderse todos los días.

-Eres increíble. – le dijo a Pip.

Soltó sus manos del agarre que tenia el rubio para tomar su barbilla para acercar sus rostros y colocar suavemente sus labios sobre los del mas joven. Pip se dejó hacer, tratando de ignorar a su corazón desesperado latiendo sin control en su pecho. El tacto fue cálido y dulce, intentando demostrar con tan poco lo mucho que sentían el uno por el otro. El beso se cortó y ambos se separaron.

-Tú también me gustas mucho, Damien –

El moreno sonrió, como si no fuera evidente o como si no estuviera al tanto de los sentimientos que tenía Pip por él. Hace algunas horas esa confesión habría sido muy diferente, ciertamente no estaba feliz de ahora tener que lidiar con Katherine y su infeliz familia, pero ahora tenía a Pip y si bien no sentía un amor desbordante y apasionado al menos tenía razón en algo, ya no estaba solo.

-Entonces voy a besarte otra vez. –

Así lo hizo y volvió a besar al rubio, esta vez con mucha más intensidad y pasión, aquellos besos que robaban el aliento y no dejaban que pensaras en otra cosa que no fuera el ritmo de los otros labios y lo bien que se sentía. Pip rodeó el cuello del moreno con sus brazos mientras este se aferraba a su cintura y profundizaba el contacto, negándose a apartarlo.

….

….

-Que increíble fue haberte conocido mi amigo, hehe. Aunque fuera en circunstancias tan raras. -

Stan dijo sintiendo el dolor desaparecer junto con su conciencia por la anestesia, poco a poco. Damien al igual que él otro chico también se empezaba a sentir muy cansado.

-A mí también me gusto conocerte Stan. –

-Espero que te agraden mucho mis amigos, ellos son geniales y seguramente les caerás muy bien, en espacial a… Pip.-

De regreso en su departamento Damien pensaba con la cabeza fría los acontecimientos de esa tarde, los flashback de Stan llegaron a su cabeza y las palabras tan claras, casi como si fuera una escalofriante premonición. Después de todo si había tenido razón, Pip había ido a buscarlo y le había presentado a todos, ahora era uno de ellos e incluso el corazón del rubio era suyo.

-Así que esta era tu vida ¿No, Stan? Tus amigos y ahora a tu chico. Prometo que lo cuidaré, no tengo porque engañarlo más de lo necesario, aunque... no puedo protegerlos de mí mismo. –

Lo decía en voz alta mirando distraídamente por el ventanal de su habitación, la verdad es que por un momento pensó en que sus sentimientos si podrían convertirse en ese tan deseado amor. Una risa cínica inundó el cuarto y tuvo que negar fuertemente con la cabeza, era ridículo. Era verdad que sentía algo por Pip pero llamarlo amor era algo que no podía permitirse, Damien Thorn no amaba y no podía ser amado. Claro que Pip estaba encantado, pero ese no era él, nadie podría querer al monstruo en el que se había convertido y el cual estaba más que dispuesto a ser.

Aunque hubo verdades en esa confesión ¿Qué pensaría si supiera que esta frente al hombre que vendió al mundo por venganza? Ni siquiera Pip era tan misericordioso.

A la mañana siguiente Pip estaba sentado en su escritorio, mantenía una sonrisa grande y brillante. Aceptando sus sentimientos y siendo correspondidos disfrutaba de la euforia de saber que estaba enamorado, de repente el sol de la primavera se veía precioso y los pájaros cantaban como en las películas. A su lado muffin sin entender porque su amo actuaba como estúpido disfrutaba de su cama para perros y dormía una deliciosa siesta, esperando que el hombre que olía bonito regresara pronto.

Aunque no todo era felicidad, Damien le había expresado sentimientos nada positivos, pudo escuchar ese enojo y esa desesperación de verse abandonado. Philip volteó su cabeza para descubrir el diario y la pluma que le había dado el moreno de cumpleaños. Tomo los objetos en sus manos como un instinto de poeta, desearía poder hacer algo más por Damien, pero no se creía en la posición de comenzar a dar consejos o entrometerse entre sus padres, eso solo lograría empeorar todo. La decisión de hablar, perdonar y cambiar era solo de Damien, Pip no podía dárselas de terapeuta.

Por su mente cruzo una idea, de esas musas que aparecen de la nada. Tomo cuidadosamente la pluma y vertió un poco de tinta en su empaque, abrió el cuaderno en la primera página y pensó un poco en su novela, pensó en Samuel e inevitablemente también pensó en Stan. Sin embargo, negó suavemente, esto era diferente, una historia diferente sobre un hombre diferente que guardaba su soledad y tristeza como tesoros, que sentía demasiado y planeaba cada uno de sus movimientos, dispuesto a luchar contra Dios o morir en el intento.

*Macavity: The Mystery Cat Se refiere a un numero musical de uno de los personajes del musical Cats.

*Defying Gravity. Numero estelar del musical Wicked

¡Hola! Estoy de regreso como lo prometí y justo antes de año nuevo.

Espero que hayan pasado unas lindas fiestas y espero que el año que viene sea mejor para todos. Resistan, las cosas cambiaran radicalmente, pero espero que nos adaptemos.

Una vez más les agradezco a todos los que leen esto, son mi razón de seguir aquí, lo aprecio mucho.

Yo soy CerealPascual y aquí me despido.

¡Adios! :D