Shot at the night
El tiempo pasó tranquilamente en el resto de la primavera, el calor aumentaba y Pip se preparaba para poder por fin terminar su trabajo de tesis a finales de julio. Ese día era un sábado al medio día, el muchacho rubio estaba sentado frente a su escritorio en la mansión neoyorquina de su familia, dando los toques finales para lo que sería una de sus últimas revisiones de documento. La verdad no había mucho que pudiera aumentar así que pensaba que esta vez no habría ninguna corrección mayor y podría empezar con los trámites la siguiente semana.
Todo estaba bien en su pequeña burbuja hasta que su escandaloso perrito entró al estudio ladrando y queriendo llamar la atención de su amo pues había otro humano en la puerta, ese que tenía un ligero olor a vainilla.
-¿Eh?- Pip volteó rápidamente la vista, para vigilar que el animal no hiciera un alboroto con sus documentos y libros.
Fue un error hacer ese movimiento tan repentino pues la herida de su cuello, fresca de la tarde anterior comenzó a arder un poco. Pip llevó su mano a la curvatura de su cuello. El recuerdo de la noche anterior lo invadió. Damien había ido a verlo, de hecho se había escapado del trabajo y debía regresar en unas horas porque aún había toneladas de documentos y reuniones a las que tenía que asistir.
…
Damien había entrado rápidamente a la sala principal, vestido como todo un hombre de negocios, Pip solo se limitó a traerle un poco de agua, debía comenzar a ser incómoda la ropa cuando la temperatura aumentaba. Cuando el rubio regresaba con el vaso en sus manos Damien ya se había puesto cómodo, su saco fuera, corbata aflojada y las mangas de su camisa arremangadas hasta los codos, mostrando sus brazos.
-Aquí tienes.- Pip le ofreció el vaso, al cual el moreno lo tomó e inclinó un poco la cabeza en señal de agradecimiento.
Pip permaneció de pie a su lado, con la velocidad en la que Damien bebía sería coherente que pidiera un poco más. Sin embargo, al terminar de beber, el moreno dejó el vaso a un lado, en la pequeña mesa de café junto al sillón.
-¿Quieres un poco más de agua?-
-No… pero si quiero algo más.-
-Claro, dime…-
Damien tomó al más joven de la cintura, haciéndo que se sentará en su regazo, abriendo las piernas y acomodando su cuerpo entre los brazos del moreno. Pip no se sorprendió demasiado por ese movimiento, fue incluso un poco predecible, debido a eso se acomodo mejor en el regazo de su novio y envolvió su cuello con sus brazos, haciéndole saber al moreno que estaba de acuerdo con lo que fuera a pasar.
Thorn no perdió tiempo ante el consentimiento y comenzó a reclamar un beso hambriento, deseoso y necesario. Pip se dejaba dominar, nunca había pensado en lo mucho que le gustaba dejar que su pareja tomara el control, se notaba que Damien era un amante experimentado y aunque aún no lo ha penetrado ha demostrado con creces que puede no solo satisfacerlo sino llevarlo a sus límites.
Esas manos pálidas hicieron su camino a través de la camisa del más joven, acariciando la espalda, la cintura y abriendo los molestos botones para poder revelar por fin el pecho lampiño de Pip. Mientras el rubio sintió un fuerte escalofrío recorrerle la columna vertebral, la lengua caliente hacia su recorrido, justo sobre sus pezones una mordida que lo hizo ahogar un grito.
-Voy a devorarte.-
-Ah! - otra mordida.-Dami-
Le cayó el sentir ahora ambas manos del mayor en sus glúteos, dándoles un buen apretón, jugando con el durazno como se le diera la gana mientras seguía mordiendo el pecho de Pip. Ambos podían sentir sus miembros endurecidos a través de sus ropas, Damien no tenia problemas en poseer al rubio en ese momento, por lo que de un tirón lo despojó de sus pantalones, Pip, no queriéndose quedar atrás, llevó sus manos a la entrepierna del moreno, abriendo sus ropas lo suficiente para exponer su virilidad.
-¿Crees que podamos?-
Damien adentra aún más su mano en los pantalones del rubio, haciendo paso por su trasero hasta un agujero apretado. Pip se tenso inmediatamente, estaba listo, los últimos días había estado preparando su cuerpo para ese momento pero ahora al sentir el toque, su libido casi desapareció.
-N-No- escapó de sus labios
Pip sentía miedo al decir eso, los peores escenarios donde Damien lo tomaba muy mal se acumulaban en su cabeza. Ni siquiera sabía porque no podía, se había preparado, estaba ansioso de por fin entregarse al chico que le gustaba pero simplemente el miedo pudo más. Sus amigos tenían razón, tener tan poca experiencia con diferentes parejas lo ha vuelto miedoso y los nervios de una nueva experiencia sexual lo habían traicionado.
-Muy bien cariño, intentaré otra cosa.-
-¿eh?-
Damien lo tomó de los glúteos y lo recostó en el sillón, comenzando a besarlos de nuevo mientras hacía que ambos genitales se mantuvieran juntos, acarició suavemente al principio esperando que Pip pudiera volver a sentir placer, mantuvo los besos hambrientos, haciendo que el más joven perdiera a veces el aliento. No tomó demasiado para que ambos estuvieran erectos otra vez, las caricias aumentaban de velocidad.
Pip estaba perdido en las sensaciones, los besos, la caricia que lo estaba llevando al borde y estar tan cerca de Damien, no aguantaría mucho, así que reclamó otro beso de su adorado.
El momento fue interrumpido por el molesto timbre de un teléfono, Damien reconoció inmediatamente el sonido pero estaba a punto de llegar al orgasmo y podía sentir como Pip estaba igual así que decidió continuar con su caricia mientras su pequeño noviecito le daba un beso increíble. A pesar de eso el sonido continuó y continuó, aparentemente Pip no era tan consciente de eso pero Damien estaba más que enojado por ese sonido del demonio.
El último timbre del maldito aparato y Damien rompió el beso, bajando por el delicado cuello hasta alojarse justo en la curvatura del hombro y sin pensarlo mucho mordió fuertemente. Pip sintió la ola de placer recorrerle todo el cuerpo, llegando al clímax, Damien de igual manera llegó al orgasmo y ambos eyacularon sobre el pecho del rubio, manchando su maltrecha camisa.
Ambos estaban sudorosos, jadeantes y sintiendo aún espasmos de placer, Pip poco a poco recobró el sentido y escuchó de nuevo el timbre del celular de Damien, además de un dolor en su hombro. El moreno, harto y frustrado de que no pudiera disfrutar de su post orgasmo sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón que aún tenía puestos y de mala gana contestó, sin embargo aun manteniendo su posición sobre el cuerpo del inglés.
-Carajo, Leslie, ¿No puedo tener una hora de paz? - su voz se oía entrecortada por su respiración cansada y estaba seguro de que su secretaria en jefe también podía escuchar la respiración de Pip, aunque no es como si le importara una mierda. - Por cierto, estás despedida.-
-Hubo un problema con la siguiente junta de inversionistas y el proyecto nuevo de producción también necesita que lo apruebes con urgencia para que sea regresado a los ingenieros. Además...-
Pip podía escuchar una voz de mujer, era joven pero su tono era muy frío, Damien escuchaba pero la verdad se distrajo un poco mirando al chico debajo suyo, aun jadeando, con oros brillantes y su cabello suave despeinado y esparcido por el asiento del sillón. Se veía tan hermoso que no se resistió en comenzar a besarlo otra vez.
-Sabes Leslie, tendrás que repetirme toda esa mierda, me distraje.-
-Señor Thorn. ¿Dónde está?-
-Estaba justo en el cielo antes de que me interrumpieran, mujer. Llámame en cinco minutos, cuenta los segundos exactos para que tus circuitos no exploten.-
-Pero.-
-En cinco.- colgó la llamada y tiró el teléfono a un lado.
Pip aun debajo del cuerpo de Damien lo miraba con una media sonrisa, el moreno suspiró sabiendo que tendría que regresar inmediatamente a la oficina. Era una lástima, ese lugar era tan cómodo y todo tenía la fragancia suave de Pip.
-¿Llamada urgente?- preguntó Pip.
-Leslie Mayers, jefe de mi departamento de secretaría, mitad mujer y mitad máquina, eficiente, organizada e implacable. A veces es aterradora pero es la mejor en su trabajo.-
-Era una lista larga de pendientes.-
-Ugh.- Damien suspiró, volviendo a ocultarse el pecho de Pip.- Dame dos segundos para juntar fuerza de voluntad.-
Como dijo a los pocos segundos de permanecer en la misma posición Damien se acomodó para dejar libre al más joven y comenzar a buscar su corbata y su saco que había dejado olvidados en el piso. Pip también comenzó a incorporarse, acomodando su camisa y sus pantalones, aunque de todos modos tendría que cambiarse, estaba manchado y arrugado.
-Necesito usar el baño.-
-Oh, claro, ya sabes donde está ¿Necesitas algo?-
-Creo que necesito otra corbata, esta quedó bastante aplastada.- Damien mostró la prenda que hasta hace un momento había quedado justo debajo de ellos. Su saco y su camisa podían arreglarse, no estaban tan arrugadas.
-Claro, buscaré algo que vaya bien con tu traje.-
Pip fue directamente a su habitación, en su baño privado pudo limpiar de manera muy improvisada su pecho, cambiar ropa interior y cambiar de camisa la cual no abotonó, pues aún tenía que buscar una corbata para Damien, así que solo se limitó a acomodar sus pantalones correctamente.
De entre sus cajones comenzó a revisar sus mejores corbatas, algunas las había comprado él mismo y algunas otras fueron un obsequio de su familia. De diferentes colores y estampados, sin embargo trató de mantener en mente el atuendo del moreno, un muy elegante traje azul profundo, aunque confundible con negro podias notar los reflejos azules con los rayos de luz, ademas de eso una simple camisa. Era difícil de decidir cuál era la mejor opción, la corbata que había llevado ese día era azul profundo igualmente, no muy fashionista pero no estaba mal.
-Esto estará bien.- se dijo a sí mismo antes de bajar las escaleras otra vez.
Al bajar las escaleras pudo oír algunos sonidos del baño, supuso que Damien aun no terminaba de arreglarse. El rubio volteo la mirada a la corbata y el broche en sus manos mientras los recuerdos de lo que pasó en el sillón momentos atrás regresaban. ¿Por qué? ¿Por qué no pudo hacerlo? Ni siquiera tenía una buena razón para negarse, simplemente al sentir el roce de Damien el pánico pudo más.
-Carajo, Leslie, ya te he dado instrucciones, trabaja en eso en lo que llegó a la oficina.-
La voz de Damien claramente saliendo del baño, más fresco, peinado y con los pantalones bien fajados otra vez. Pip lo miró con una media sonrisa, sabía lo demandante que era tener un trabajo como el de Damien.
-Nos vemos, dile a todos que tienen 30 minutos antes de que llegue y más vale que la mitad de la lista de pendientes esté cubierta o sus traseros serán arrojados desde mi oficina.-
Colgó el teléfono con cansancio, de verdad esperaba poder quedarse más tiempo, al menos había desahogado un poco de tensión antes de regresar al trabajo. Sus ojos azules se encontraron con los de Pip y su expresión sin poder evitarlo se relajó. Pip se acercó al moreno, ofreciéndole la corbata, Damien tomó la prenda y la admiró entre sus manos por un momento, era fina y con un patrón delicado y sutil. No sería su primera opción pero queda bien con el traje que llevaba ese día.
-¿Me ayudarías a anudarla, cariño?-
-¿Eh? S-Si, por supuesto.-
Pip se acercó y comenzó a atar la prenda alrededor del cuello de su novio, aun perdido en su cabeza como solía hacerlo de vez en cuando. Pensando en lo tonto que habia sido al rechazar a Damien. Por otra parte el moreno estaba perdido en las blancas manos del britanico sobre su pecho y la extraña sensación que le causaba el sentir esos delicados roces. Todo empeoró cuando al terminar de anudar suavemente la corbata Pip salió de su trance, prosiguió a acomodar un mechón negro rebelde de su melena negra detrás de su oreja y con esa misma mano acunar la mejilla pálida del mayor para que sus miradas se encontraran.
-Listo, te ves muy guapo.- El rubio habló en voz baja
-Pip, no sientas vergüenza por lo qué pasó, tampoco te sientas presionado, te juro que no estoy molesto ni tengo porqué estarlo. Me importa tu comodidad ¿ok? - Damien tomó la mano que acariciaba su rostro y la besó.
Pip quedó totalmente embelesado por esas palabras que eran justo lo que su corazón enamorado y frustrado necesitaba. Ha pasado tanto tiempo desde que alguien le hacía sentir así de amado. Un peso enorme se levantó de sus hombros y los pensamientos estúpidos que lo acechaban simplemente desaparecieron. Lo único que podía escuchar era su propio corazón latir desbocado, loco por este hombre de negra melena.
-Yo… estoy terriblemente enamorado de ti.-
No había ningún filtro en sus palabras, simplemente se había dejado llevar por el momento. Damien soltó su mano para abrazar el cuerpo de Pip, escondiendo la cabeza rubia en su pecho, sintiendo como el gesto era correspondido y los delgados brazos de Pip rodeaban su espalda, ninguno de los dos dijo algo y no notaron cuánto tiempo estuvieron así. No hasta que una vez más el tono de llamada interrumpió el momento, Damien soltó un gruñido de exasperación, rompiendo el contacto con el rubio y solo sacando su teléfono para bloquear la llamada, Pip por otro lado soltó una risa, divertido por la situación y el enojo de su novio,
-Tienes que regresar.-
-Si, lo siento, debo correr, te llamaré después ¿si? Adiós.- prácticamente corrió a la puerta principal y desapareció al entrar a su lujoso automóvil.
Cuando el auto desapareció al doblar la esquina Pip se quedó inmóvil en la entrada de su hogar, sintiéndose incapaz de ocultar una enorme sonrisa, más el sonrojo que se extendía por todo su rostro. Junto a la entrada de la casa, en el pequeño recibidor había un espejo enmarcado en madera, reflejando al rubio dueño de la casona, Pip pudo notar por fin como su cabello seguía desarreglado y sus ojos brillosos. Lo más destacado fue comenzar a sentir el ardor en su cuello, examinándose mejor descubrió la zona y reveló la mordida profunda que le dejó su amante.
Veía su piel roja, hinchada y sangrando, si intentaba tocarla dolía un poco pero la amaba, una marca que duraría bastante, el recuerdo constante de lo qué pasó y quién lo hizo. Pip perdió varios minutos observándose al espejo, recordado y sonriendo pícaro, estaba tan emocionado de poder llegar al final la siguiente vez, nada lo detendría entonces.
…
Eso había pasado ya hace siete días y desde entonces Damien no había mostrado señales de querer volver a reunirse, normalmente eso no era ningún problema, sabía y entendía muy bien que Damien era un hombre ocupado y no es como si no le hubiera contestado sus mensajes o llamado al menos una vez en ese tiempo pero por alguna razón parecía que era un poco más distante.
No quería hacerse ideas extrañas así que decidió ignorar esa pequeña molestia en su cabeza, no estaba para actuar como un adolescente inmaduro, ya no. Damien le llamaría cuando estuviera más libre del trabajo y las cosas volverían a ser como antes.
El ladrido impaciente del pequeño Mr. Muffin lo sacó de sus pensamientos, el perrito no entendía las complicadas relaciones humanas entre su amo y el hombre de pelo negro que olía bonito y le acariciaba la barriguita. Muffin solo sabía que el sol estaba bajando de su punto más alto y quería ir al baño.
-¡Oh! Es hora de tu paseo, vamos Muffin-
Sin darle demasiadas vueltas al asunto otra vez, Pip tomó la correa de su perro para dar un paseo y descansar un poco de todos esos horribles papeles de la tesis.
…
-Señor Thorn, terminamos de hacer los cambios para la propuesta de extraccion del año entrante, además del horario para la primera junta de inversiones.-
-Muy bien, termine de leer el proyecto de inversión para las dos plataformas en el atlántico, dile al equipo que discutiremos los cambios pasado mañana.-
-Si, señor-
Leslie dejó dos carpetas sobre el escritorio y anotó un par de cosas en su tableta, la mujer salió a paso firme de la oficina mientras Damien tomaba una de las dos carpetas frente a él, abriéndola y comenzando a leer. Estos últimos días han sido muy agitados por la cantidad de proyectos e inversores nuevos para HELL. Por un lado estaba bastante conforme, la compañía estaba en una alza increíble, se expandía y de a poco metiéndose en la lista de proveedores importantes de energéticos. Además de que su queridísimo hermano había detenido por el momento sus bromas de mal gusto. Si, definitivamente todo estaba en su lugar.
"Ugh, Damien…"
Bueno, quizá lo único que le molestaba al moreno eran esos recuerdos, como balas cruzaban su cabeza, la última vez que estuvo con Pip había sido más que interesante, no le sorprendía mucho que aún no le dejara hacerlo suyo, probablemente e inconscientemente Pip se sentía inseguro, la poca experiencia con diversas parejas, el recuerdo de su último compañero, la presión de sus inútiles amiguitos o todo lo anterior. Damien lo entendía y había trabajado mucho en ganar la confianza del rubio como para arruinarlo todo con algo tan vulgar como el sexo.
"Ah, ahí D-Damien"
Pero aun así ahí estaba, recordando lo hermoso que se veía ese rubio temblando bajo su poder, las ganas que tenía de solo tomarlo allí mismo. Definitivamente Pip era un amante diferente a los muchos que ha tenido, antes por más hermoso que fuera no les dedicaba ni un pensamiento, ahora estaba en su oficina teniendo sueños lúcidos y su pene semi erecto en sus pantalones añoraba el tacto de la mano talentosa del escritor.
-Ugh, mierda-
Antes de que su problema empeorara, Damien se escondió en el baño privado de su oficina, liberando por fin la presión de sus pantalones y ropa interior, cerrando los ojos y dejando que el recuerdo volviera. Casi como la primera vez, recordaba los besos, las caricias, lo suave que era la melena rubia al tocarla. Esos pequeños detalles hacen todo tan real, no le costó mucho erguirse y aumentar la velocidad de su mano. Ese dulce olor que recordaba tan bien, las caricias de su noviecito en la espalda, las manos en su pecho y brazos, era tan deliciosa. Aceleró aún más al sentir su clímax tan cerca.
"Damien, estoy terriblemente enamorado de ti"
El orgasmo fue fuerte, en esa última estocada perdió el control y había manchado más de lo que hubiese querido. Damien se sintió extraño al recordar esa confesión tan repentina, la verdad en ese momento, cuando Pip confesó su amor sintió algo extraño en su pecho, su corazón latió con tanta fuerza, su cara se deformó y prefirió que el rubio no lo viera. Que raro, por lo general nunca se sentía tan culpable de sus mentiras, quizá era porque había llegado muy lejos y si su mentira se descubriera… No, mejor ni siquiera pensar en la posibilidad, era tonto analizar demasiado la situación, al contrario, esa confesión solo demostraba lo bien que marchaba todo, Pip tenía plena confianza en el, tenían un lazo emocional que los acercaba y aseguraba un respaldo ante casi cualquier emergencia.
Se lavó las manos y acomodó la ropa otra vez, tratando de que ese maldito sonrojo se fuera de su cara. Cuando estuvo listo salió y se volvió a sentar frente a su escritorio. Por un momento volvió a pensar en ese rostro pálido y angelical; rápidamente se reprochó a sí mismo por otra vez estar soñando despierto, ya se había masturbado ¿Qué más podría querer de Pip? Esto ya estaba interfiriendo con su trabajo y era molesto.
"Damien, tu me gustas mucho"
-Carajo, cállate Pip- estaba a punto de golpear su cabeza contra el escritorio.
Quizá era porque no lo había visto en ya bastante tiempo, si había contestado sus llamadas y sus mensajes pero sin demasiado entusiasmo, Damien no pensaba que fuera necesario pero suponía que eso era parte de las relaciones. No quería hacerlo, estaba muy a gusto en su soledad y su trabajo, quería tener tiempo para su propia vida. Su querido y divertido informante le había entregado ya los avances de su investigación sobre ese tal Gregory Fields. Quería analizar bien la siguiente jugada y conocer con quien se estaba enfrentado, entender si sería un oponente digno o sólo un dolor de culo como su hermano Adam.
-Señor, tengo listo lo que solicitó. Además mis espías han determinado una fecha probable para la Cumbre de Energéticos para América del Norte.- Leslie tocó y entró nuevamente a la oficina.
-¿Cuándo?- preguntó entusiasmado por la noticia.
-Dentro de seis meses, aproximadamente. Aún no tiene fecha exacta pero es seguro que será al terminar el verano- la mujer se escuchaba fría como siempre pero muy segura de sus palabras.
-¿Crees que tengamos una invitación este año?-
-Es probable, hemos expandido nuestro servicio a casi la mitad del país y en algunos estados somos proveedores mayoritarios. Estaré muy al pendiente.-
-Bien, puedes irte.- ordenó
Damien se quedó pensando por otro momento. Recordó cual era el plan, jugar al noviecito no era solo por aburrimiento, necesitaba acercarse a los Magwitch. Tendría que hablar con Pip, para que fuera presentado formalmente a su familia y que vieran como él una oportunidad de interactuar y que vieran la buena oportunidad de negocio que formar algún tipo de alianza comercial, quizá como intermediar algunas de sus transacciones en Estados Unidos a través de HELL. Lo difícil será decidir el plan de acción después de conocerlos, eran nuevos ricos y seguramente no entenderían las tradiciones del "old money" y lo importante de las relaciones y contactos que pudiese brindar cada miembro de la familia, incluso sus hijos. Tenía la sospecha de que no eran de ese tipo, no por nada de buenas a primeras aceptarían que su hijo, aunque fuera adoptado, se estuviera comprometido con un don nadie alcohólico y miserable de un pueblo en Colorado o el hecho de que Pip se inclinará por el arte y la escritura en lugar de los negocios de su familia. Quizá ese puesto ya estaba cubierto por el hijo biológico y no había necesidad de incorporar al rubio. Damien dudaba que ese movimiento fuera por un desprecio inconsciente a Pip, por lo que había escuchado, era muy cercano a su familia, los amaba. Era mejor pensar que como la familia asquerosa que eran, apoyaban a su hijo en lo que deseara hacer.
-Supongo que esa es la sañal para ver a Pip, le mandaré un mensaje hoy y lo veré el fin de semana, tengo que leer las carpetas del Topo lo antes posible. -
Tomada la decisión, Damien como todo buen ejecutivo dio por terminadas sus preocupaciones y su mente por fin pudo concentrarse para terminar el trabajo de ese día.
…
…
La familia Magwitch tenía un estilo de vida curioso, al ser Ingleses y nuevos ricos fueron una sorpresa en la sociedad de magnates de Estados Unidos, era el caso de éxito que solo se da cada 10 años y que aun después del furor inicial han sabido mantener su fortuna y expandir sabiamente, unos nuevos ricos que vienen del fondo. Era de admirarse indudablemente, sobre todo en el ámbito energético, un lugar dominado por familias antiguas y de mucho abolengo. Entrar en esos círculos era tan complicado como sonaba, no confías en los forasteros, todos quieren ganar y nadie está dispuesto a perder, por lo que sus primeros años fueron los más complicados, cuidándose la espalda y trayendo un poco de ayuda de su país de origen, todo para poder asegurar un futuro de su empresa y para sus queridos hijos.
Durante mucho tiempo sus amistades los mantuvieron en Colorado, llenos de plantas de extracción, minas y algo de madera. Debido a esto mismo uno de los pueblos más desarrollados era uno frío y rodeado de bosques, aunque Oliver ya podía vivir por su cuenta en un internado al norte de Gales, el pequeño Pip aún necesitaba a sus padres, sobre todo porque aún no pasaban suficientes años desde su adopción por lo tanto se tuvo que ir con ellos. South Park no sonaba como el mejor sitio para que el hijo de una familia adinerada de Inglaterra criara a un futuro miembro de la socialité. A pesar de eso, fue el mejor sitio para criar a un jovencito sensible y creativo, allí hizo amigos, conoció sus verdaderas pasiones y tuvo su primer gran amor.
Ahora la pareja Magwitch vivía sola en una casona en el barrio de Kalorama, Washington. Oliver el hermano mayor había decidido vivir separado de sus padres, aunque trabajara junto a su padre, poner distancia era necesario, sobre todo cuando por fin había conseguido una novia y las cosas estaban comenzando a formalizarse, como heredero debía comenzar a poder su propia vida en orden. Solo de vez en cuando envidiaba a su pequeño hermano menor, que vivía lejos, en la capital americana de la locura, estudiando lo que lo hiciera feliz y amando libremente.
Ese día Oliver estaba de visita en la casa de sus padres, para una cena, algo nada fuera de lo común estos últimos años. La señora Magwitch amaba mucho cocinar para su familia y la fortuna de su marido no cambió ese hecho. Su felicidad estaría completa sin la presencia de su hijo más joven, no verlo frecuentemente le partía el corazón.
-¡Vengan muchachos! Esta lista la cena.- llamó la mujer desde el comedor a un lado de la sala, donde los hombres Magwitch conversaban.
-En un momento mamá.- respondió el más joven
-Ya vamos, cariño.- siguió el más viejo
Una vez reunidos en la mesa y como era costumbre comenzaron a hablar de lo que en los últimos años era casi el único tema de conversación: la compañía. Al los segundos más grandes accionistas y los que mantenían relaciones con las empresas americanas la presión era constante y para ser sinceros el señor Magwitch se hartaba fácilmente de no librarse ni un día de estas discusiones.
-Cariño, por favor ¿Podríamos parar un poco con estas conversaciones? es hora de la cena.-
-Oh perdóname, no pensé en que te estamos excluyendo.- su esposo inmediatamente regresó la atención a su esposa
-Si, lo siento madre, ¿Has tenido noticias nuevas?- Oliver también regresó la vista a su madre, la mujer estaba complacida con la atención.
-Bien, en realidad he hablado con Philip esta mañana y… parece que ha hecho un amigo nuevo- explicó calmadamente
-¿A qué te refieres, Mary? - preguntó el señor Magwitch
-Quiero decir que Pip me ha dejado entender esta mañana que ha conocido a un buen muchacho y que han empezado a salir.-
La habitación se silenció, ninguno de los hombres Magwitch esperaban esa noticia, por mucho tiempo pensaron que jamás ocurriría de nuevo, no después de ese horrible y trágico desenlace con Stanley, quien creyeron que sería pronto su yerno.
Los Magwitch hace tiempo pecaron de inocentes, con la llegada de su nueva fortuna también llegaron muchos problemas. La verdad no se puede solo ser "new rich" en un mundo lleno de familias "old money", a la mala se dieron cuenta que las alianzas y muchos favores eran cobrados con alianzas matrimoniales, como si estuviéramos en pleno siglo XIV. La pareja se negaría rotundamente a entregar a sus hijos, como si fueran mercancía. Después de todo un matrimonio solo era benéfico por el contrato y cualquier contrato podía arreglarse sin condenar a una persona a un matrimonio infeliz. Claro que elegir el camino difícil solo trajo dolores, peleas y la pérdida de muchas oportunidades de unirse a esas grandes dinastías.
Pero ahora podían decir que valió la pena, han sido 15 años de trabajo, pueden por fin respirar y comenzar a expandir el negocio con cierto renombre y solo Oliver era el interesado en continuar después de que el señor Magwitch se retirara. Por otro lado Pip siempre mostró interés en otras cosas, con una familia nueva y distinta a todo lo que los Pirrup le ofrecieron pudo desarrollarse sin miedo y desde temprana edad descubrir a quien realmente amaba. Ninguno de los Magwitch condenó la sexualidad de Pip, muy por el contrario ellos apoyaron todas sus decisiones, aunque el matrimonio a los 20 sonaba como algo drástico, especialmente cuando el pequeño rubio era tan joven. Incluso en ese entonces no le negaron a su hijo el derecho de casarse con quien él creyese fuera digno, si era un error y el amor se terminaba antes de lo esperado era un error que debía afrontar el mismo.
-¡¿Quien?!- exclamó Oliver sorprendido por la noticia.
-Su nombre es Damien.- Respondió cautelosa.
Una vez más ambos hombres se quedaron sin habla, conocían bien la historia de Stanley y ese nombre se había convertido en un tabú, desde que ese misterioso muchacho desapareció, Pip se había obsesionado con encontrarlo y hablar con él, con el tiempo parece que se olvidó del tema debido a la falta de resultados. Que equivocados estaban.
-¿Es el mismo muchacho que…?- Abel ni siquiera pudo haber
-No lo sé, se escuchaba muy entusiasmado y apenado por decirmelo. Ya sabes que debe ser la primera persona desde Stanley, no tuve corazón para preguntarle el apellido de este Damien.-
-Si fuera el mismo sujeto- Oliver se estaba preparando para esa posibilidad
-Sería preocupante, sin embargo han pasado muchos años. Quisiera hablar con él acerca de esto. - Mary se lamentaba
-Si fuera el mismo Damien ¿Crees que Pip intentará reemplazar a Stanley con él? -
-No lo creo, tendría que ser un chico muy parecido para poder proyectarlo, encontrar a dos muchachos iguales unidos por esa tragedia suena improbable.- Oliver intervino.- Podríamos darle el beneficio de la duda a Pip, sufrió mucho pero no es un loco. Si este Damien es el mismo entonces supongo que se habrán hecho cercanos de alguna forma.-
-Pero si fuera el mismo hombre, significa que Pip siguió buscándolo aun después de estos años y por fin encontró lo que buscaba.- Abel se escuchaba ya molesto ante esta verdad.- Pensé que yendo a terapia y estando en contacto constante podría hacer que mi hijo pudiera seguir adelante, pero veo que me equivoque.-
-Eso no lo puedes controlar, cariño. Pip creía indispensable encontrar a ese hombre, ahora solo espero que haya tenido las respuestas que buscaba y que el joven Damien sea un alma gentil que haya sabido conmover a nuestro Phillip.- Mary intentó calmar a su esposo
-Oliver- llamó el señor Magwitch
-¿Si, papá?-
-¿Cuándo será nuestra siguiente semana libre?-
-Me parece que en tres semanas.-
-Bien entonces en tres semanas viajaremos a Nueva York a visitar a tu hermano, hablaré con mi asistente para que prepare mi agenda y los boletos.-
Abel se escuchaba firme y como patriarca la decisión ya había sido tomada. Se había molestado al inicio pero ahora estaba preocupado. La idea de adoptar a ese niño fue suya, pues al conocerlo en las frías calles de Londres no pudo simplemente dejarlo allí, cambió su vida de alguna forma y desde ese momento Abel Magwitch quiso cambiar la vida de ese niño, con su recién adquirida fortuna le dio una familia, ayuda y cariño. Era su responsabilidad velar por Pip, para que su sonrisa nunca desapareciera de su rostro, lo amaba como un hijo y maldecía a la vida y a Dios todos los días por haber golpeado tan duramente a ese pequeño, si pudiera borraría esos malos recuerdos para que dejara de sufrir, pero entendía que solo era un hombre y por mas amor que pudiera darle al Pip, no podía evitar que sufriera. Esa era la carga que más le costaba aceptar, pero aun después de tanto tiempo intentaba proteger a su hijo.
…
…
Pip miraba su reflejo en el espejo, asegurándose de que todo estuviera en su lugar, su cabello, su ropa y zapatos. Damien había llamado y le había invitado a su departamento, no dio muchos detalles pero el joven rubio no podía estar más nervioso. Damien no lo había invitado a su departamento desde aquella vez que recogió su preciado libro. No era loco pensar que quizá esta noche la pasarían juntos, estaba tan seguro de eso que mandó a llamar a Butters esa noche, para que cuidara de su casa y su perro si era necesario el fin de semana.
-¡Te ves bien! Ya es tu novio Pip, te ha visto en pijamas.- se quejaba Butters desde la cama a un lado del vestidor, Pip desfilaba frente al espejo pensando en qué camisa se vería mejor.
-Aun así, no he ido a su apartamento desde antes de que fuéramos pareja. Quisiera sorprenderlo, él siempre luce espectacular.-
-Tú también luces espectacular, solo son estilos distintos. Eres el chico con mas clase que conozco.-
-Gracias Leopold.- Pip entró en razón por dos segundos y despegó la mirada de su reflejo, parecía ahogarse en un vaso de agua.
-El negro te queda mejor, es diferente pero te ves mas sexy.-
-No tengo mucha ropa oscura pero creo que esto funcionará.- Pip vestía un traje negro y unos zapatos formales del mismo color. No llevaba corbata y su cabello estaba peinado cuidadosamente. Se sentía diferente vestirse en tonos más oscuros pero de alguna manera sentía que era lo correcto en esta ocasión.
-Creo que estás más nervioso de lo que deberías Pip.Sé que solo soy un plebeyo pero los romances de la alta sociedad debería ser algo divertido y privilegiado, como Gossip Girl-
-Igual que en Gossip Girl hay muchos rumores y dramas.-
–¡Vamos! No permitiré que vayas a tu cita con esa cara.-
-¿Qué cara?-
Butters se colocó frente a el otro rubio y comenzó a desordenar un poco su cabello, desabotonando los dos primeros botones de su camisa. Después caminó al tocador de la habitación y tomó una brocha junto con un pequeño empaque. Pip sintió las suaves hebras de la brocha sobre sus pómulos.
-Solo un poco de color, pondré fijador para que no derritas mi creacion con sudor.- Butters explicaba mientras iba y venía del tocador, aplicando diferentes cosas por todo el rostro de Pip.
-No necesito cobertura completa ¿O si? ¿Me veo así de mal?- Pip intentaba bromear.
-No pero si estas nervioso, sé que decirlo puede no ayudarte en nada pero mi deber como amigo es decirlo de todos modos.- Butters tomó aire.- Eres un chico asombroso Pip y Damien te quiere, es tu primera relación en mucho tiempo y entiendo como debes de sentirte pero como tu amigo quiero que disfrutes esta noche, no es momento del autosabotaje, si ese semental se enamoró de ti entonces el tambien ve eso especial en ti. Damien sabe que eres un chico amable, listo, guapo y es afortunado de que le dieras una oportunidad.-
-Butters… gracias.-
-Nada de lágrimas o tendré que empezar otra vez.-
Pip se había emocionado por esas palabras y abrazó al chico mayor con fuerza, ese consuelo era tan necesario transformarlo en palabras para que Pip sintiera confianza. Butters tenía razón, Damien era afortunado de que le hubiera dado una oportunidad, tanto como lo era Pip al enamorarse del moreno.
…
…
Ese día había empezado muy bien, se había levantado, ese día había llegado su servicio de limpieza para dejar su hogar limpio mientras el terminaba de leer las carpetas que el Topo entregó, había almorzado algo ligero y había ido al gimnasio. Estaba seguro que esa noche la pasaría en espléndida compañía, disfrutando del toque de su novio. Pero Dios indudablemente tiene sus favoritos, Damien Thorn no era uno de ellos, ahora no podía sacarse el acontecimiento de la cabeza, lo estaba persiguiendo y pasaba frente a sus ojos una y otra vez.
-¿Qué estás haciendo aquí? - Damien no pudo ocultar su disgusto tras salir de su vehículo en el estacionamiento de su edificio.
Frente a él, como en una emboscada, Katherine lo miraba intensamente, como si intentara retener sus emociones sin poder lograrlo. Damien estaba furioso, había invadido su privacidad, lo habían vulnerado a él al llegar tan lejos. Una cosa era que su odioso hermano le enviara paquetes pero no creyó que se atreviera a enviar el peor paquete, justo para hacerlo perder el control en su propio hogar. No podía armar un escándalo, sería admitir la derrota, podía simplemente ignorar a la mujer y correr pero seguramente si hacía eso volvería a encontrarla allí pronto otra vez.
-Damien, por favor, solo escúchame.-
-Llamaré a seguridad, no te molestes en decir nada.-
Sin pensarlo dos veces tomó su teléfono y buscó el número de recepción, sería más gratificante solo ver como la seguridad la echaba, quedaría solo como una extraña que molesta a un residente de este lujoso complejo. Algo que la compañía de bienes raíces no se podía permitir.
-Por favor hijo. Daniel me dijo lo que pasó. Necesitamos hablar, necesito que sepas-
-Daniel, por supuesto tenía que ser mi querido hermanito.- hablaba con tanto odio en su voz.- Tuve tiempo suficiente para hacerme a la idea de lo que pasó, Katherine. Al parecer no entiendes que no importa lo que digas. Dejó de importar hace mucho lo que pasó.-
-Belial… -
-Era un desgraciado, cruel, mentiroso, manipulador, egoísta, manipulador y violento cerdo. Si, te recuerdo que yo tuve que soportarlo, a él, su adorable esposa y su hijo. ¿Quieres que sienta lastima? ¿Quieres que te llore?-
-No, sé muy bien que te hizo daño y te convirtió en…-
-Oh, fue trabajo de ambos, no te quites el crédito. Si al menos mi madre me hubiera cuidado quizá yo no sería el monstruo que soy ahora. Pero pensar en lo que pudo ser no cambiará lo que pasó. Yo escogí no perdonarlos y eso no cambiará nunca. - Por fin contestaron el estupido teléfono en recepción.- "Si, Habla el Sr. Thorn, del apartamento 320, alguien me ha venido a acosar al estacionamiento, necesito a seguridad inmediatamente"-
-¡Damien!-
-¡Te dije que me dejaras en paz! Tuviste veinte años para tratar de arreglar lo que hiciste, pero no te convenía, yo era un estorbo para todos. Tu y Belial me trajeron al mundo solo para dejarme cuando tuvieron la oportunidad y solo es cuestión de tiempo para hacerlos pagar por eso.-
-Tu nunca seras un estorbo, Damien.-
-Entonces ¡¿Porque te fuiste?!- Era muy tarde, había perdido el control y sus emociones se desbordaron.
-Porque fui una cobarde y estúpida. Me arrepiento de todas esas malas decisiones y por que tu me importas, quiero que estes bien hijo. No quiero que hablemos por mí, sino porque sé que lo que te hice fue horrible y quiero que entiendas que tu madre te ama, eso nunca cambiará. Quiero solucionar lo que hice y si no puedes perdonarme… haré cualquier cosa que esté en mis manos para que tu ya no sientas dolor.-
Damien se quedó quieto por un momento, quería gritar que se largara, que lo dejaran solo. Su corazón latía descontrolado y no sabia que contestar. Los recuerdos de despertar solo, Belial y su desgraciada familia tratándolo como un perro. Todo eso lo hacía enojar, lo hacía querer gritar y el hecho de no poder evitar sentir una ola inmensa de soledad en su pecho lo hacía sufrir aún más.
-¿Qué podrías hacer tú?- susurró Damien con la voz cortada.
-¡Alto!- la voz de uno de los guardias de seguridad gritando desde las puertas del ascensor, seguido de otros dos hombres en traje, grandes y musculosos.-Señor Thorn, ¿Está bien? ¿Quiere que llamemos a la policía?-
Al acercarse los guardias y encontrar una mujer mayor desarmada, solo la rodearon y uno de los gorilas puso su mano gigante en el hombro de Katherine.
-Sáquenla de aquí y no permitan que se acerque otra vez. Si lo intenta de nuevo, llamen a la policía-
-Si, Sr. Thorn. Señora, por favor siganos, no se oponga.- el guardia se dirigió a la mujer
-Lo siento, me voy de inmediato.- aceptó derrotada
La mujer dócilmente fue escoltada por dos de los guardias sin oponer resistencia ni decir una sola palabra a su hijo. Damien se quedó rígido hasta perder de vista a la mujer al entrar al ascensor. Estaba tan tenso, no deseaba que nadie lo viera así.
-Señor Thorn. ¿Se encuentra bien?-
-¿Cómo es que entró? Deberá llenar una queja formal contra la compañia por esto.-
-¡Ah! Le juro que ella se identificó como una visita para usted, dio su nombre completo y su número de apartamento. Estaba esperando por usted pero…-
-Y desapareció de recepción para acosarme en el estacionamiento-
-Eh…- el hombre estaba acorralado, Damien estaba más que furioso y su trabajo estaba pendiendo de un hilo.
-Desaparece de mi vista.-
Después de eso caminó a paso firme al ascensor de residentes, directamente a su hogar. Intentando respirar hondo y olvidar a esa mujer.
Eso había ocurrido a medio día y por unos momentos pensó seriamente en cancelar el plan de cena con Pip. Pero si cancelaba no podría decir que día sería su siguiente fin de semana libre y a pesar de que el rubio era alguien comprensible necesitaba por fin meterse en esos pantalones y afianzar los lazos de confianza. Si los cálculos eran correctos tenía que conocer a los Magwitch alrededor del siguiente mes, será presentado formalmente como el novio del hijo menor, con ayuda de una muy buena impresión y esa sonrisa santurrona que le salía tan bien, cautivará a los padres igual que al hijo.
Antes de todo eso, sin embargo, debía ver a Pip, a pesar de todo lo que pasó y considerando que no tenía ánimos de lidiar con nadie esa tarde, como muchas cosas en su vida y en su trabajo no tenía opción, así que debía forzar una sonrisa. Tenía mucha práctica y casi nadie era capaz de notar la falsedad de su expresión,
Había preparado una cena bastante simple, no quería impresionar a nadie con habilidades culinarias increíbles que la verdad no tenía. Pip puede ser un poco ingenuo pero intentar llegar a través de su estómago no iba a funcionar, Damien sabía que llegar al corazón del rubio era a través de sus acciones, entre más detallista fuera, Pip caería más rápido ¿Que es más romántico que una cena preparada por tu pareja?
Además de eso, había preparado un atuendo especial. La clave era hacer un encuentro romántico y especial que a primera vista no se viera como un encuentro romántico o especial. Sonaba complicado pero no lo era tanto, si sabias que detalles eran los importantes.
Cuando la hora fue marcada en el reloj, Damien recibió la llamada de recepción.
-Estos idiotas ahora quieren hacer bien su trabajo.- de mala gana tomó el teléfono de su apartamento.- ¿Si? -
-Señor Thorn, un jovencito llamado Philip Pirrup quiere verlo.- habló la cantarina voz de la recepcionista.
-Si, hazlo pasar.- colgó el teléfono secamente.
No pasó mucho tiempo hasta que escuchó unos suaves golpes en la puerta principal del gran apartamento. Damien aspiró una gran bocanada de aire y exhalo con cansancio, dio una rápida mirada a su atuendo y a su peinado en el espejo del recibidor antes de abrir la puerta y encontrarse con esa visión de despampanante cabellera rubia.
Realmente se veía muy bien, su atuendo había cambiado a colores oscuros y olía tan bien, su colonia era diferente a lo que Damien estaba acostumbrado. Esta era suave, combinada con el aroma natural del Pip. Aunque fuera una interesante sorpresa había algo en ese atuendo que no conectaba bien con lo que Pip representaba, le tomó unos segundos darse cuenta de qué era exactamente.
-Wow, te ves… muy bien.- Damien se acercó para apreciarlo más de cerca.
-Gracias, solo quería cambiar un poco, intentar algo diferente.- Pip sonrió un poco nervioso por la mirada inquisidora del moreno.
-Fue idea de Butters ¿Verdad?- fueron finalmente las palabras de Damien.
-¿Eh?- Pip casi se va de espaldas por ese comentario- N-No, bueno, solo me ayudó un poco.-
Damien sonrió, le tomó tiempo pero era muy certero en sus palabras, aunque le gustaba lo que veía, Pip no era tan aventurado con su elección de peinado y ropa. Debió costarle tanto arreglarse, podía imaginarlo en su habitación dando vueltas frente al espejo.
-Te ves precioso.- Damien entrelazó sus dedos con los del más joven, acercándose para darle un beso en la mejilla.
-Ahora me haces sentir muy avergonzado.- admitió Pip.
-Por favor no te avergüences, amor. Te ves divino y me encanta. Pero también me gusta como eres tú, tu ropa y tu peinado normal es perfecto. No te presiones demasiado ¿De acuerdo? -
Damien abrazó gentilmente a su novio, ocultando su cuerpo ligeramente más pequeño debajo de él. Pip sintió su corazón correr desbocado en su pecho, Damien tenía un extraño poder sobre él, sabía siempre que decir y era todo un caballero. Esa aura que siempre lo rodea, como el hombre perfecto que su madre amaría conocer, carismático, magnético, todos en una habitación se levantaban al verlo y se acercaban para hablar con él. Quizá ese brillo era lo que siempre lo deslumbraba y lo hacía perder la cabeza.
-Gracias, Damien.-
-Por favor entra y ponte cómodo. ¿Tienes hambre? No soy el mejor cocinero, debo advertirte, pero aun así creo que sé defenderme.-
-¿Cocinaste para mi?- preguntó ilusionado - Tenía la esperanza de lucir mi atuendo en algún lugar elegante.- fingió desilusión mientras se abría paso por el lugar.
-Oh, pensaba en algo más simple esta vez. Pero si te gusta el lujo, conozco un par de lugares aquí en NY que te fascinaría probar.- Damien se dirigió a su pequeña cava para tomar una botella y dos copas.- Aunque si soy honesto, me complace mucho tenerte así de perfecto solo para mi.- Le ofreció una de las copas al más joven.
-¿Mejor que los hot-dogs de Central Park?- el rubio tomó la copa
-Me temo que quizá no, pero podríamos intentar.-
Después de una risilla cómplice Pip fue acomodarse a la salita seguido del moreno, mientras cambiaban radicalmente de tema. Por algún motivo el ambiente se sentía diferente a sus reuniones anteriores, Pip pensaba que esa sensación era debido a la falta de control al no estar en su hogar o en un lugar neutral, este bonito apartamento era de Damien, todo a su alrededor emanaba la esencia del moreno.
Era un lugar muy amplio, de techos altos, las paredes eran de un color nude casi blanco y en ese momento los grandes ventanales estaban descubiertos por las gruesas cortinas, podía ver como el balcón tenía plantas y sillones para descansar y tomar aire. En general era una distribución y amueblado muy similar a otros departamentos de distintos compañeros de su hermano o de amigos de la familia, sin embargo este sitio parecía el hogar de un hombre como Damien.
La mayoría de los muebles eran de madera oscura, el segundo par de cortinas, las alfombras y las macetas de las plantas que descansaban en los rincones de la habitación. Había un librero lleno de novelas, libros de divulgación, revistas de negocios y un par de carpetas negras bastante gruesas que no estaban marcadas en el lomo pero Pip asumió que eran parte del trabajo de Damien. Había cuadros en la pared, pero no eran pinturas, eran fotografías de la naturaleza, en blanco y negro se alzaban fotos de bosques, montañas, rios y oceanos. También tenía muchos discos de diferente música, álbumes de rock, música clásica, indie e increíblemente algunos discos de pop. El olor de ese cuarto era igual al perfume de Damien. La vez anterior no pudo darse cuenta de todos esos detalles.
-¿Has podido terminar tu tesis?- preguntó casualmente el moreno, sentándose a un lado del rubio en el sillón de la sala.
-¿Eh? Oh sí, finalmente terminé mi documento y está en revisión para ser aprobado, quizá la siguiente semana me den una fecha de presentación.-
La plática fluyó de manera tranquila durante un par de horas, la cena y la bebida pasaron entre comentarios ingeniosos y una que otra broma por ambas partes. Pip se relajó un poco, sin embargo la sensación de extrañeza no lo abandonó. Ambos sabían muy dentro de ellos cuál sería el desenlace de esta cita, aunque Pip quisiera convencerse de que estaba equivocado y Damien solo quería que terminara porque su buen humor no duraría demasiado.
Cuando la segunda botella de vino se terminó Pip podía sentir su rostro un poco enrojecido por el alcohol. No estaba borracho, definitivamente no pero si se sentía acalorado y la verdad de los hechos no podía ser negada, deseaba a Damien.
-¿Otra copa, Philip?-
-N-No, gracias yo… yo no.- Damien estaba tan cerca, por Dios, era tan guapo, sin querer dirigió su mirada al cuerpo del otro, un bonito y firme abdomen, hombros anchos y brazos fuertes. Ni siquiera notó cuando hizo el primer movimiento pero ya había tomado la mano del moreno y lo miraba suplicante a los ojos.
Damien no dijo nada, en cambio le ofreció la mano al más joven quien la tomó aún un poco nervioso de sus propios pensamientos y acciones. Por otro lado el moreno estaba seguro de lo que pasaría y no tenía porqué ocultarlo más tiempo, cuando Pip estuvo de pie fue jalado por el moreno para que se sujetará completamente de él, la cabeza del britanico estaba ja apoyada en el pecho de su novio. Juguetonamente Damien deslizó su pierna derecha entre las delgadas piernas de Pip y una de sus manos bajó desde la espalda hasta perderse en uno de los glúteos cubiertos por un fino pantalón de vestir. Pip sostuvo el aliento ante la caricia, se sentía tan bien.
-Ven a la habitación.- dijo el moreno en un susurro. Pip no pudo más que asentir con la cabeza, incapaz de articular palabras.
El camino fue muy corto, la ropa extra iba cayendo conforme se acercaban y cuando por fin la caba estuvo cerca comenzaron a devorarse entre ellos. Esta vez no habría interrupciones, ambos estaban listos para "consumar" la relación. Pip estaba entre el colchón y su adorado que no dejaba de amarlo, repartiendo besos y caricias por sus labios, sus mejillas y cuello. Mientras Pip por fin podía tocar ese cuerpo que por mucho tiempo negó desear pero ahora estaba aquí, esa piel tan pálida estaba tan caliente.
Damien por su parte estaba calmado, su cabeza por un instante estaba tranquila, estaba tan cómodo en un ambiente que ya conocía. El cuerpo de Pip no le era desconocido, lo había tocado lo suficiente, le gustaba lo delgado que era y lo suave que era su piel, como de un aristócrata que nunca ha sentido el sol. Sobre todo le encantaba enterrar sus manos en esa larga melena dorada, tenía que ser el cabello más precioso que había tocado en mucho tiempo, sin ningún nudo y tan sedoso.
Las manos de Pip no perdían tiempo, recorrían por el pecho firme y la espalda ancha, estaba desesperado por cerrar los ojos y dejar que sus instintos y sensaciones lo guiarán por todo el acto pero quería verlo, quería recordar todo lo que pasara esa noche.
El moreno había logrado quitarle los pantalones al más joven, mostrando mucha más piel para pasar sus manos, estaba roja por el roce y caliente por la sangre de su querido novio que ya no tenía vergüenza de gemir con cada apretón. Pip era mucho más activo de lo que pensó, era un alivio, no quería hacer todo el trabajo. Podía sentir el bulto dentro de la ropa interior, quería jugar un poco más, llevar esto al límite y disfrutarlo juntos. Damien se recostó en la cama, apoyando la mitad de su cuerpo en la cabecera de la cama, mientras Pip se acomodaba sobre él, con sus piernas abiertas y ajustando sus glúteos sobre el bulto de la entrepierna del moreno.
La vista de Damien era sublime, podía sentir las manos de su novio sobre su ropa intentando quitar esa molesta camisa, mientras profundizaban en un nuevo beso, relajó su cuerpo, cerró los ojos, se dejó envolver por el calor y el olor de su amante.
Y de repente todo se detuvo.
Abrió sus ojos curiosos de ese repentino quiebre en su momento íntimo. Pip permanecía en su lugar sentado sobré él, sin embargo sus ojos azules estaban fijos sobre él. Curioso bajo la mirada para darse cuenta que Pip había abierto su camisa, Damien podía presumir de su buen físico pero no había nada que pudiera ocultar el horror.
El rostro de Philip comenzó a deformarse, una temblorosa mano se alzó hasta rozar suavemente el pecho de Damien, la sensación ya no era placentera. Sin poder evitarlo las lágrimas comenzaron a caer de los ojos azules de Pip, seguidos de sollozos que intentaba ocultar pero no tuvo mucho éxito. Allí, marcada en la piel de Damien se alzaba una cicatriz gigante, que recorría desde su pecho hasta su vientre. La cicatriz era como una línea enorme y era a su vez marcada por pequeñas cicatrices horizontales, producto de la sutura tras la cirugía. Pip seguía llorando desconsolado al ver esa marca.
Damien por otro lado frunció el ceño completamente furioso. No esperaba esta reacción, claro que sus amantes pasados habían visto la marca y era raro pero no los detuvo terminar el coito, el cuerpo del moreno era suficientemente atractivo como para ignorarla, nunca tuvo que explicar detalladamente su origen. Pero obviamente Pip era diferente, él sabía exactamente como había aparecido esa marca y eso lo hacía enfurecer.
Era el recordatorio constante de que Stan existió, claro, obviamente si hubieran podido elegir a quien salvar, nadie lo hubiera escogido a él. Todos hubieran preferido al buen y borracho Stanley, porque sus amigos y su prometido ya tenían una vida planeada juntos. La conversación con su madre volvió a su mente y no hizo más que empeorar todo, "Tu nunca serás un estorbo, Damien" mentira, ahora su supuesto novio estaba ahí llorando por su ex muerto, mientras era Damien quien tenía la cicatriz, era él quien había sufrido el accidente y las consecuencias en su vida y su salud. Quería terminar con esto, sacar al rubio de su casa y encerrarse a romper todo lo que pudiera, era el colmo. Estaba a punto de quitarse al otro de encima y dejar de escuchar sus llantos pero Pip habló primero.
-Perdona… Perdóname, es que… - Pip limpió sus lágrimas con el dorso de su mano y por fin vió el rostro de su novio.- Damien… tú pudiste haber muerto.-
Damien cerró la boca al escucharlo, no sabía bien cómo interpretar lo que acababa de oír ¿Qué es exactamente lo que Pip lamentaba? ¿Acaso estaba sufriendo por el accidente? Pero si eso es algo que el rubio ya sabía, fue la razón por la que se conocieron en primer lugar.
-Que idiota… pero hasta ahora no me habia dado cuenta de que tu pudiste haber muerto en ese maldito tren.- volvió a soltar un sollozo.- También estabas en el quirófano, tuviste que pasar por tanto dolor solo. Esa noche cuando salimos y te paralizaste en la calle debí haberlo notado, debí haberme dado cuenta entonces.-
-Philip, calma, respira.- Damien no sabía que decir, no era bueno consolando a las personas, nunca lo había hecho. Aún peor, se había quedado sin palabras, no esperaba que alguien se sintiera tan mal, al punto de llorar, por algo que había pasado hace tanto.
-Pensar que algo malo te pudiera pasar, que alguien te lastime, me rompe el corazón.- las lágrimas seguían cayendo, pero Pip se escuchaba mas tranquilo.- No pude estar para ti en ese momento pero… prometo que voy a cuidar de ti Damien.-
El muchacho se inclinó sobre el moreno, depositando un suave beso en la frente de Damien y acunando la cabeza de su novio en sus brazos, acariciando los mechones negros y sedosos que la cubrian.
-Te amo.- susurró el rubio.
Damien permaneció callado. Ese día había sido un carrusel de emociones que lo sacaban completamente de su zona de confort. Pip acababa de jurarle amor, mientras lloraba por ver la cicatriz de ese horrible día en el tren. No había duda, después de escuchar ese discurso cargado de emoción, que Damien Thorn era amado. El descubrir este hecho lo había paralizado, nunca creyó que su perfecto plan de enamorar al rubio le jugaría así de mal ¿Qué le estaba pasando? El corazón del moreno latía rápidamente, sus manos temblaban y su cabeza estaba hecha un caos, las palabras de Pip hacían eco en su mente, no podía evitar sentir ese asqueroso nudo en su garganta, sentía sus ojos arder y cristalizarse.
¿Qué se supone que debería responder? No lo sabía, nunca había estado en una situación así. Su corazón herido y resentido se sentía más ligero, su madre, su padre y sus hermanos habían pasado a segundo plano. Ahora solo podía sentir una cálida mano acariciar su cabeza, el latir del corazón de su novio, la piel tibia y ese olor tan característico de Pip. Su mente dejó de estresarse y su cuerpo se relajó, abrazando esta nueva sensación en su pecho. Por un momento se permitió ser vulnerable y ser protegido de todo el mundo que lo había juzgado mal.
Damien rodeó con sus brazos la espalda de Pip, correspondiendo el abrazo. Su cabeza se hundió más en el pecho del rubio y sin darse cuenta pequeñas lágrimas de dolor y alegría escaparon de sus ojos. Pero eso es algo que solo el rubio pudo notar al sentir su piel mojarse.
Los minutos pasaron sin que ninguno de los dos dijera nada, no era necesario. Todo se volvió de repente tan cómodo y cálido, ninguno de los dos sabía si continuaría lo que estaban haciendo antes de que Damien se descubriera el pecho.
-No creas que estoy intentando evitar… estar juntos. Es que… perdona, seguro que ya piensas muy mal de mi.-
Damien soltó una risita y rompió el abrazo, después tomó entre sus manos el rostro de Pip y depositó un beso profundo en sus finos labios.
-No, eres un hombre que siente muchas cosas y escucharte declararme tu amor fue quizá lo mejor que he escuchado en mucho tiempo, gracias.- el mayor acarició los mechones dorados y acomodando delicadamente tras las orejas de Phillip
-He arruinado nuestros encuentros antes, así que debo enmendar mi error.-
Pip volvió a acomodar su cuerpo sobre el de Damien y comenzó a besarlo con mucho entusiasmo, intentando transmitir el deseo que ha intentado inútilmente de ocultar. Por otra parte Damien lo recibió sin mucho esfuerzo, la sensación en su pecho permanecía y a pesar de la furia que sintió hace unos momentos, quería continuar, también deseaba a su compañero. Aunque Damien haya tenido relaciones previas, esta vez algo era diferente, el moreno no lo sabía pero al final de la noche su perspectiva del sexo cambiaria.
El hombre rubio movía sus manos con una inesperada habilidad, deslizándose suavemente hasta poder estar entre las piernas del mayor, sintiéndose más audaz que en mucho tiempo Pip deslizó la cremallera, despojó al moreno de sus pantalones y ropa interior.
Damien estaba impresionado por el acto y el valor que de repente el tímido rubio mostraba, no iba a negar que estaba complacido. Al sentir la calidez sobre su sexo dejó salir un gemido de puro placer, acarició los mechones rubios de su novio para que el contacto siguiera.
-Pip, carajo… así. Uhg.-
El rubio succionaba con ritmo y energía, había estado fuera de práctica por muchos años, pero por ahí dicen que lo que bien se aprende jamás se olvida. Su despertar sexual había sido solo con una persona, eso era cierto, pero disfrutó cada encuentro. Tuvo mucho tiempo para poder conocer a su compañero y saber cómo complacerlo. Pip deseaba poder llegar a eso con Damien, poder conocer lo que le gustaba y por supuesto que esto fuera recíproco por parte de su amante.
Damien aunque encantado por la caricia, era tan deliciosa la sensacion y definitivamente ya podia sentir su sexo rigido, pero no podía dejar que Pip hiciera todo el trabajo por demasiado tiempo. No quería terminar así, ya tendría tiempo de sobra para saber si Pip "traga o escupe", por ahora quería ser un amante ejemplar, deseaba tenerlo gimiendo su nombre, solo el suyo, que olvidara todo lo demás. Quería que Pip quedará impregnado con su aroma y marcado por sus besos, justo como había imaginado en estas últimas semanas en la oficina.
-¡Ah! Uh… Pip… espera, cariño.-
El rubio le dirigió una mirada hambrienta aun con la boca llena. Damien lo miro directo a los ojos, casi no reconociendolo, esos ojos azules como el cielo parecía que lo quemaban desde adentro. Era nuevo y el moreno no podía quejarse, definitivamente la noche sería muy interesante.
-Ven, por favor.- pidió Damien, con la sangre acumulada en sus mejillas.
Pip asintió lentamente, acomodándose sobre el moreno, ahora sin ninguna tela entre ambos cuerpos, el contacto era tan íntimo, podían sentir el calor de su cuerpo. Damien sin pena tomó el rostro del rubio y comenzó a besarlo. Pip no lo notó la primera vez que entró a la habitación pero varios artículos estaban esperando en la mesita de noche, pequeñas botellas esperando su oportunidad.
-¡Ah! Damien!- El moreno no dejó que otro sonido saliera de esos finos labios ingleses. El moreno lo volvió a besar.
Esas manos con dedos largos y refinados comenzaban a trabajar en la apretada entrada del rubio. Ayudados por un gel frío que hacía una sensación increíble, Pip inconscientemente comenzó a mover las caderas, ambos sexos comenzaron a frotarse. El muchacho rubio estaba perdiendo el control, Damien tenía unas manos firmes y una habilidad para encontrar su punto más sensible, Pin sentía sus piernas fallando, solo deseaba poder sentirse unido a su adorado, esos largos dedos no paraban; el rubio había practicado en su hogar, definitivamente la sensación no le era extraña pero la compañía hacia toda la diferencia.
-¡Ahí! Damien ¡Ahí, más!-
-¿Aquí te gusta, cariño?- Damien siguió presionando el punto especial de su novio.
-¡AH!- Pip no pudo evitar gritar y abrazar al moreno por el cuello. Damien sonrió complacido y no detuvo su caricia.
-N-No necesito tanta preparación. Puedes seguir.- Pip muro al oído del mayor.
-Lo sé, puedo sentir cuán listo estás para mi. Estás tan apretado, creeme que me muero por sentir lo estrecho que eres. Pero ahora que te tengo así, quiero conocer bien tu cuerpo, saber donde puedo tocarte para que vuelvas a gritar así.-
-¡AH! ¡Ah! uhg - volvió a gritar el rubio al sentir otra vez un fuerte espasmo.
Pip con las fuerzas que le quedaban en sus brazos bajo para juntar ambos miembros con una mano, cada estocada de su cadera desencadenaba una deliciosa caricia. Ambos muchachos comenzaron a soltar suspiros y gemidos. Pip sentía calor en su vientre, estaba tan cerca el clímax, aumentó el ritmo y la velocidad de su cadera, Damien mantenía una mano con tres dedos dentro del rubio y la otra sosteniendo su cuello para que un nuevo beso se profundizará.
Pip se corrió entre sus manos, Damien aun no terminaba, así que aprovechó que Pip aún temblaba por el orgasmo y cambió de posiciones. El rubio terminó con sus mejillas contra el colchón, su espalda arqueada en una fina curva y su trasero al aire, completamente expuesto, a merced de su hambriento novio.
-Dime, Philip. ¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que meta mi lengua? ¿Quieres que entre?-
Pip apretó las sábanas de la cama al sentir el miembro de su novio entre sus glúteos, aún no pasaba el efecto de su orgasmo, sentía su cabeza en las nubes. Su corazón casi se le sale del pecho, estas caricias se le hacían tan necesarias, podía sentir el cuerpo de su amado tan cerca, sus manos le acariciaban la espalda y el pecho.
-Por favor… Damien, por favor entra.-
-Pidelo correctamente, cariño.- el mayor ya había abierto el condón.
-Metemelo ya, te quiero dentro de mi.-
Con una orden tan clara el moreno no dudó un momento más. Pip soltó un grito por la sensación, Damien definitivamente se sentía divino, no tuvo la necesidad de una señal para comenzar a moverse, con cada estocada Pip sentía escalofríos recorrer su espalda, sus manos apretaban fuertemente las sabanas.
-Estas tan apretado… delicioso.-
-¡Ah! Uhg ¡Ah! ¡Más! ¡Ah!-
Pip comenzó a llorar de puro placer al sentir cada estocada en el punto que el moreno había encontrado ese punto otra vez dentro de él. Damien con una sonrisa socarrona cumplió los deseos de su querido inglesito. No podía verlo en esta posición pero le encantaba sentirlo tan ajustado y esa espalda tonificada y blanca como la leche hacia una curva perfecta. Desde esta posición sentía que estaba en control.
En una embestida particularmente potente Pip arqueó su espalda hacia atrás, alzando su cuerpo del colchón, soltando un grito. Damien lo sostuvo por un momento, acariciando su pecho y su vientre. El rubio volteo hambriento por un beso, mientras que su compañero lo complació con gusto.
-Recuestate- susurró el britanico al separar sus labios.
Sin cuestionarlo Damien se recostó en la cama, mientras Pip se acomodaba lentamente encima de moreno. El muchacho inglés se tomó un instante para poder admirar mejor a su amante. La piel pálida del moreno no podía ocultar el rubor de su rostro que llegaba hasta sus orejas, su perfecto cabello estaba desordenado, sus cejas gruesas estaban un poco fruncidas. Bajó la mirada hasta el pecho perfectamente definido del gimnasio, subía y bajaba tratando de regularizar su respiración.
Pip extendió su mano y acarició el pecho de su novio, tocando con especial delicadeza la cicatriz del accidente, le tomó poco tiempo aceptarla como un rasgo más de Damien.
-Hermoso…- salió de los finos labios del rubio.
Damien se sonrojó más si es que eso fuera posible, la mirada azul de Pip estaba fija en él y en su cicatriz. Su corazón comenzó a latir fuera de control, sus mejillas ardían y cosquilleaban ¿Esto era normal? Pip se inclinó sobre el moreno, tomándolo de las mejillas y besándolo de nuevo, aunque esta vez era suave, quería transmitir todo su cariño con ese gesto.
Cuando rompieron el beso ambos chicos mantuvieron la mirada fija el uno al otro, Damien se perdió en esos ojos azules como el cielo, tanto que no se percató que el rubio se había empalado nuevamente en él. En esa posición podía sentir como entraba totalmente en el cuerpo del otro y el movimiento de esas caderas era perfecto, en un ritmo constante e hipnotizante. No pudo ahogar los gemidos de placer, las manos de Damien se aferraron a la cadera de Pip, queriendo aumentar el contacto. Era una visión tener al más joven así.
-¡Ah! Damien… ya casí.-
-Si, cariño yo tambien.-
Damien tomó con su mano derecha el miembro de su novio y comenzó a bombear mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas. Pip comenzó a llorar, ya no podía resistir más. En una estocada particularmente fuerte y precisa, hizo que su interior se contrajera apretando aún más su entrada. El orgasmo llegó para ambos casi al mismo tiempo, Pip fue el primero en soltar un pequeño grito y colapsar sobre el mayor. Damien gimió al sentir la contracción de Pip y pudo sostener el cuerpo del otro sobre el suyo para que ninguno se diera un mal golpe.
El moreno se sentía de repente tan adormilado, ese encuentro había sido bastante intenso, quizá era porque desde que decidió pretender formalmente a Pip no había tenido ningún encuentro así con nadie, quizá su estamina ya no era lo que fue a sus tiernos dieciocho o quizá ese día había sido demasiado desgastante emocionalmente y tan solo deseaba cerrar los ojos un momento, abrazar a su querido amante y disfrutar su post orgasmo.
No supo cuánto tiempo exactamente se quedó dormido, sólo despertó al sentir suaves caricias sobre su frente, abrió los ojos perezosamente solo para encontrarse con esos ojos azules que habían vuelto a reflejar amor.
-Pip…- susurró Damien incorporándose un poco sobre la cama.
-Hola, dormilón.- sonrió el más joven continuando con la caricia sobre la mejilla del moreno.
Fue entonces que el mayor notó que Pip tenía una toalla húmeda en su mano y esas caricias eran para limpiar su rostro. Desvió su mirada al resto de su cuerpo, aun estaba desnudo pero estaba fresco, ni sudor ni otros fluidos sobre su piel. Regresó la mirada a su novio que lo miraba con una media sonrisa.
-Te quedaste dormido muy pronto, así que me encargué de todo, no te preocupes. Sé que no es divertido despertar pegajoso.-
-¿Tú me limpiaste?-
-Si, te lo acabo de explicar.- Pip soltó una risilla.
Damien se quedó callado, no estaba seguro si esto era normal. En todos sus encuentros pasados simplemente lo dejaban solo o él se iba. Nunca había dormido con ningún amante, aunque sí recordaba que quizá una o dos veces cuando terminaba solo en la habitación de hotel se quedaba dormido y despertaba el día siguiente con una sensación horrible en su piel y sus partes íntimas.
-G-Gracias.-
-No hay de qué, supuse que estabas un poco agotado. Sé que todo pasó algo rápido pero durante la cena parecías un poco distraído. Pensé que tal vez estabas un poco cansado o que… estabas un poco nervioso, como lo estaba yo.-
-¿En serio?- "Lo notó" se dijo a sí mismo el moreno. Damien había perdido por unos momentos sus habilidades actorales o Pip había aprendido a leer sus expresiones más allá de lo evidente.
-Ven, vamos a dormir.-
Ambos volvieron a acostarse en la cama y se cubrieron con el edredón. Pip otra vez sorprendió a Damien acurrucarse lo mas cerca posible, frente a frente, el hombre más pequeño paseaba su mirada por el perfecto rostro del mayor, con su mano libre acunó su mejilla y se inclinó a besarlo, en su frente, sus mejillas, su nariz y por supuesto en sus labios.
Damien se dejaba hacer con calma, sintiéndose otra vez llevar por el cansancio, definitivamente se sentía bien tan tranquilo. Las caricias sobre su cabello solo lo hacen más acogedor. "Así que esto es a lo que llaman aftercare*" pensó. Sin querer parecer un ingrato, movió sus brazos y rodeó la cintura de su compañero, haciendo que sus cuerpos casi se tocaran. Acariciando con el dedo pulgar la espalda del otro, disfrutando de la suave piel.
Ambos se quedaron dormidos.
…
…
A la mañana siguiente Damien fue el primero en despertar, en algún momento de la noche ambos habían tomado distancia y ahora Pip se había acurrucado en un extremo de la cama, dándole la espalda al moreno quien solo podía ver su melena rubia y escuchar su suave respiración.
Miró el reloj de su cómoda y notó que aún era un poco temprano, no quería molestar a su acompañante así que después de estirar su espalda salió de la cama a tomar una ducha rápida y vestirse con una bata y un par de pantalones de pijama.
Al terminar de secar y peinar su cabello caminó a la cocina para poder preparar un poco de café. Los eventos de la noche de ayer regresaban a su mente una y otra vez y una inmensa ola de vergüenza lo invadía, su cara enrojeció de solo pensarlo.
-Fue… diferente.- se dijo a sí mismo bebiendo de su taza.
Se sentía diferente. Pip había sido un amante increíble, disfrutó mucho del sexo pero eso no fue lo que le resultó diferente, sino todo lo demás. Fueron los besos, las caricias y los cuidados. Distraídamente llevó su mano al pecho, su cicatriz siempre fue una pesada carga y algo extraño que explicar en el sexo ocacional. Pero hoy se sentía como nunca, había dormido muy bien, sus músculos estaban relajados, sentía que un peso de su espalda se había ido, Philip lo había llamado "hermoso".
Su corazón latió fuertemente al recordarlo. Damien no sabía identificar sus sentimientos por Pip, definitivamente algo cambió anoche, algo a lo que no podía poner nombre o más bien se negaba a hacerlo. Solo sabía que se sentía bien y quería que esta sensación durara un poco más.
-Buenos días.-
Pip se asomaba por el pasillo vistiendo su ropa interior y la camisa de Damien que habían abandonado en algún rincón de la habitación la noche anterior. Se veía exquisito.
-Buen día Philip. ¿Qué puedo hacerte para beber?- ofreció el moreno.
-¡Oh! Té sería espléndido, gracias.-
Tomando mucha más confianza Pip se acercó a la cocina y tomó asiento en uno de los bancos y recargando su cuerpo sobre la isla de granito.
Damien asintió y buscó en las alacenas solo para darse cuenta de lo peor. No tenía té de ningún tipo. Obviamente, él no bebía té, su cuerpo sobrevivió a base de café y alcohol. Intentó pensar rápidamente en algo parecido que pudiera ofrecer, entonces recordó que en algunas conferencias un grupo de japoneses le habían dado un obsequio.
-Lamento decirte, cariño, que olvidé comprar té. Aunque tengo un poco de matcha.-
Pip no pudo ocultar una mueca de disgusto, como puchero de niño pequeño. Damien soltó una risa, era adorable verlo así, con el ceño fruncido y los cachetes inflados.
-Esa cosa sabe a pasto.-
-¿Qué en serio? No puede ser, a los japoneses les encanta.-
-Sabe a algas y pez, claro que les gusta.- volvió a arremeter el hijo pródigo de la Reina Isabel. Damien volvió a reír, a veces Pip era demasiado britanico.
-Entonces… ¿Café?-
-Si, por favor.-
El desayuno continuó de una forma tan tranquila. Ambos hablando y haciendo bromas estúpidas a veces incluso llegaban a besarse mientras la comida se cocinaba en la estufa. Comieron ambos sentados en la isla de granito, Pip charlaba sobre el último libro que adquirió mientras el mayor lo escuchaba hablar. Ver al rubio tan emocionado por algo le complacía mucho, aunque había algo que deseaba preguntar antes de que siguiera.
-Pip- llamó
-¿Si?- preguntó de regreso tomando el último sorbo de su cafe.
-¿Quisieras quedarte conmigo el resto del día? Podríamos salir a pasear por ahí.-
Pip se quedó callado un momento, estaba sorprendido de la invitación pero después de unos momentos de silencio mostró una sonrisa brillante y asintió con mucho gusto.
-¡Sí, por supuesto!-
Damien asintió de regreso, bebiendo de su taza para ocultar una pequeña sonrisa.
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Aftercare*
En español sería algo así como "Cuidados posteriores", es un concepto que nació en las prácticas bondage, después del juego era necesario cuidar el vínculo afectivo con caricias, besos, baños en pareja o algún snack.
No es necesario participar en este tipo de juegos sexuales para hacer el aftercare, de hecho se recomienda hacerlo después de cualquier tipo de actividad sexual en pareja. Es muy saludable y forma parte de la intimidad en una relación.
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Hola!
Vaya, aparentemente 2021 de alguna manera fue peor que 2020. Una disculpa para las personas que esperaban una actualización el año pasado, pero la vida de la gente adulta es un asco, ustedes comprenderán.
Espero volver a escribir pronto ¿Ustedes cómo creen que terminará esta historia? ¿Final feliz o final triste? Déjenmelo saber su linda opinión en un comentario. Lo agradecería mucho.
Yo leo siempre sus comentarios para motivarme. Sé que ustedes quieren saber lo que pasará después y yo quiero que todos lo sepan también :D!
Hasta entonces yo soy Cereal Pascual y aquí me despido.
¡Adiós!
