Los hijos del basilisco
Capítulo XIII
Esa mañana, cuando Hermione llegó a su cubículo, Jerningan le hizo saber que Shackelbolt había pedido verla con carácter urgente.
Su primer pensamiento fue que algo le había sucedido a Harry. Llevaba dos semanas destacado en su misión de vigilancia del primer ministro muggle, y Hermione no le veía desde el día en que todos se habían reunido en la casa que compartía con Ginny. Su cometido le mantenía siempre fuera del ministerio y mandarse información por escrito sería peligroso, así que todo lo que sabía de él era a través del Shackelbolt. El hecho de que quisiera verla con tanta premura no parecía significar nada bueno.
Notando un nudo en la boca del exófago, Hermione llamó a la puerta del primer ministro con más fuerza de lo pretendido. Los dos segundos que Shackelbolt tardó en invitarla a entrar se le hicieron eternos, de manera que en cuanto escuchó su voz, se apresuró a abrir la puerta.
El mago la esperaba luciendo su habitual expresión de serenidad, lo que Hermione quiso interpretar como una señal de que sus temores eran infundados.
—Señorita Granger, cierre la puerta y siéntese, por favor.
Hermione obedeció con presteza y se sentó en una silla, aunque hubiese preferido permanecer de pie.
—¿Harry está bien? —preguntó, sin poder contener sus nervios.
—Sí, su misión está yendo bien. No ha habido incidentes con los Hijos del Basilisco y el señor Whitman goza de una excelente salud. No es por eso por lo que la he hecho llamar. Se trata de Herpa.
Hermione se removió en la silla, inquieta. Le aliviaba mucho saber que Harry se encontraba bien, pero la expectación ante las últimas palabras de Shackelbolt no le permitía relajarse.
Después de que Malfoy creyese identificarla en uno de los viejos anuarios de Hogwarts que Neville les había conseguido, Hermione había puesto al corriente al primer ministro de sus sospechas. Se lo contó a solas, aprovechando que Robbards estaba ocupado como escolta de Whitman, y le pidió que que tratase esa información con máxima discrección y que mantuviese en secreto la forma en la que lo habían descubierto, por si realmente había algún topo de Herpa en el Ministerio.
—Yo mismo me he encargado de investigar a Níobe Borgin —Shackelbolt deslizó por encima de la mesa una carpeta negra, sin ningún identificativo —Creo que las sospechas de Malfoy son bastante razonables. Níobe era una medimaga excepcional que trabajaba en San Mungo, en la unidad de magia curativa experimental.
—¿Trabajaba? —preguntó Hermione.
—Así es. Hace catorce años su hijo murió en un trágico accidente mágico, poco antes de empezar su primer curso en Hogwarts. Después de aquello, Níobe renunció a su puesto y se recluyó en su casa. Dejó de hacer vida en sociedad durante una década. Solo poco después de la guerra volvió a hacer acto de presencia en ciertos eventos de las familias de sangre pura. Su perfil parece encajar más con el de Herpa que el de la anterior sospechosa, Calíope Greengrass.
Hermione abrió el dossier que contenía una colección de papeles y fotografías. Casi todo eran recortes de ediciones antiguas de El profeta que se hacían eco de logros que la sanadora Borgin había alcanzado poniendo en práctica técnicas de curación experimentales. En una de las noticias, aparecía una imagen de la mujer junto a otros sanadores, posando orgullosa con un ramo de flores en las manos. El pie de foto indicaba los nombres de los fotografiados mientras que el titular destacaba cómo el equipo de Medicina Mágica Experimental liderado por Níobe Borgin había logrado el milagro de salvar la vida a un joven afectado por una cepa particularmente agresiva de la viruela de dragón. La noticia tenía quince años de antigüedad pero aun así, era una foto mucho más actual de ella que la del anuario de Hogwarts.
—Señor, me gustaría enseñarle esta información a Malfoy. Con estas fotografías más recientes creo que podría identificarla sin margen de duda.
—Había pensado lo mismo —Shackelbolt entrecruzó los dedos de las manos, apoyando los codos en la mesa —Confírmelo con el señor Malfoy.
—Le informaré en cuanto sepa algo más —Hermione cerró el dossier y lo apretó contra su pecho, antes de salir del despacho del primer ministro.
Dos toques quedos en su puerta a las seis en punto.
Draco Malfoy esperaba al otro, alto, delgado, pálido. Hermione no pudo evitar fijarse en sus mejillas hundidas, casi tan profundas como sus ojeras. Era evidente que no estaba durmiendo ni comiendo muy bien.
—Granger —saludó él, alzando la barbilla.
—Malfoy —replicó ella.
Sin esperar más invitación, él entró y se dejó caer en el sofá como si estuviera en su propia casa. Crookshanks se acurrucó sobre un cojín a su lado, algo que parecía haberse convertido en una rutina. Mientras lo veía acariciar la cabeza del kneazle, Hermione se fijó en que Malfoy tenía unas manos bonitas, de dedos finos y largos.
El pensamiento la incomodó, así que se obligó a bloquearlo y centrarse en lo importante.
—Tengo novedades. Shackelbolt ha investigado a Níobe Borgin y ha encontrado imágenes más recientes de ella.
Los ojos grises de Malfoy la siguieron con expectación mientras Hermione tomaba el maletín de trabajo y se sentaba en el sofá a su lado. Extrajo de él el dossier que Shackelbolt había preparado y lo abrió sobre la mesa.
Él se apresuró a coger el recorte de periódico con la fotografía de Níobe Borgin y su equipo de sanadores del departamento de Medicina Mágica Experimental. Hermione notó como los nudillos de Malfoy se blanqueaban de apretar el pergamino entre sus manos mientras lo acercaba más a su cara, tal vez para verlo mejor. Durante unos segundos no dijo nada. Ni siquiera parpadeó o tragó saliva, y todo su cuerpo permanecía en tensión.
—Es ella, estoy seguro —dijo finalmente, dejando el recorte sobre la mesa y cogiendo el siguiente documento del dossier.
Entre tanto repasaban la información de la carpeta de Shackelbolt, Hermione preparó té. Después de observar el perfil de Malfoy y sus mejillas hundidas mientras él leía otra noticia de El Profeta en voz alta, decidió sacar también una caja de latón llena de galletas de chocolate que había preparado el día anterior y dejarla en la mesa junto a un par de tazas.
Él las observó con interés y alargó una mano para tomar una, pero se detuvo en el último momento y miró a Hermione, elevando una ceja.
—¿Las has hecho tú? —preguntó con desconfianza. Por supuesto, Malfoy tenía que arruinarlo todo.
Hermione irguió la espalda y alzó el mentón, orgullosa.
—Sí. Pero si no te fías, no tienes por qué probarlas —rezongó, y cogió la tapa de la caja de latón con intención de taparlas. Malfoy la interrumpió antes de que pudiera hacerlo, sujetándole la muñeca.
Hermione le miró con los ojos muy abiertos, sorprendida por el contacto. La mano de Malfoy estaba fría, pero por alguna razón el tacto de su piel le provocaba la sensación de arder. Casi como si él también lo notara, apartó la mano rápidamente.
—Las probaré —dijo, arrastrando las palabras con su habitual tono de desinterés —Pero no te ofendas si resultan estar tan malas como tu café.
Ella se limitó a guardar silencio mientras le observaba coger una galleta y llevársela a la boca. Con expresión desconfiada, Malfoy dio un pequeño mordisco, mostrando por un instante sus dientes blancos y perfectamente alineados. Sin duda, los padres de Hermione hubiesen aprobado su dentadura. Masticó cuidadosamente, casi como si esperase encontrarse trozos de cristal ocultos entre la galleta, tragó y le devolvió la mirada a Hermione sin decir nada.
—¿Y bien? —quiso saber ella.
Malfoy hizo una pausa dramática. Hermione no estaba segura de si estaba buscando una manera de ser diplomático o solo quería mantenerla en vilo.
—Supongo que están… aceptables —declaró. Conociendo a Malfoy, eso significaba que realmente le había gustado la galleta aunque no quería admitirlo, pero Hermione decidió no decir nada. Si le exponía sus sospechas, lo más probable era que Malfoy no quisiese comer más, y sin duda tenía pinta de necesitar alimentarse mejor. Así que se limitó a rellenar sus tazas de té y acercarle el azucarero. Como era de esperar, Malfoy se echó unas cuatro cucharadas de azúcar cargadas hasta los topes, sin quitar la vista del siguiente documento a examinar.
—Así que Níobe tiene un hijo de nuestra edad —señaló, mostrándole a Hermione la sección de nacimientos de El Profeta. Su dedo señalaba el anuncio de las familias Borgin y Edevane en el que daban la bienvenida a su hijo Ackley.
—Tenía —matizó ella con tono lúgubre —Murió antes de empezar su escolarización en Hogwarts, por eso nunca le conocimos. Así que supongo que ese tal Sylas no puede ser su hijo. Pensé que quizás se tratase de un sobrino pero Níobe es hija única y su difunto marido también lo era.
Malfoy frunció el ceño, sin duda dándole vueltas a lo que Hermione le acababa de decir. Se puso a rebuscar entre los papeles del dossier y encontró la esquela de Ackley Edevane, fallecido el verano anterior a que ambos empezasen su primer curso en Hogwarts. El siguiente pergamino contenía una breve columna de El Profeta haciendo alusión a su fallecimiento "en un trágico accidente" sobre el que la familia "no ha querido dar detalles". Iba acompañada de la foto de un niño de unos diez años en blanco y negro, como era habitual en ese periódico. Su rostro guardaba cierto parecido con el de Níobe en la imagen de la noticia acerca sus logros como sanadora. Se intuían unos ojos claros y un pelo no demasiado oscuro.
Malfoy examinó la imagen detenidamente durante lo que a Hermione le parecieron varios minutos.
—Podría ser Sylas, se parece. Sigo creyendo que es él —anunció tras el largo escrutinio.
—Malfoy, se realista. El hijo de Níobe murió y ni siquiera comparten nombre. Puede que sea un familiar lejano o tan solo un sirviente sin ningún tipo de relación con ella.
—No sé… —Malfoy parecía resistirse a dejar ir su corazonada —Yo tampoco lo entiendo pero estoy bastante convencido de que es él.
—¿Y por qué Níobe habría fingido la muerte de su propio hijo?
—¿Me pides que me ponga en la mente de una loca, Granger? —masculló él. La agresividad de su tono pilló a Hermione por sorpresa. No entendía su obsesión con que Sylas era el hijo de Herpa, ni tampoco la importancia que, fuese cierto o no, tenía eso para poder acabar con Los Hijos del Basilisco.
Se hizo un silencio incómodo que Hermione intentó ahuyentar dándole un sorbo a su té. Malfoy se metió una galleta entera en la boca y después vació su taza de un solo trago, pese a que estaba demasiado caliente para beberla de golpe. No dio ninguna muestra de haberse quemado y siguió mirando el dossier, pasando de artículo en artículo compulsivamente, hasta que se detuvo de pronto con una carta en la mano.
Al notar el cambio en su actitud corporal, Hermione quiso ver qué ocurría. Tardó unos segundos en darse cuenta de que esa carta no pertenecía al dossier que Shackelbolt había preparado, sino que era una de la docena de misivas llenas de insultos o amenazas que recibía a diario a raíz del panfleto de los Hijos y del artículo de Corazón de Bruja. Debía haberla metido dentro del dossier por error al recoger los papeles de la mesa de su despacho esa tarde. Hizo ademán de quitársela a Malfoy de las manos, pero él la esquivó y se puso de pie para poder seguir leyéndola.
—Vaya, y yo que pensaba que era tu mayor fan. Veo que tengo bastante competencia —comentó, sin arrastrar ni un poco las palabras. Al parecer, cuando encontraba algo muy estimulante su dicción se volvía excelente —"...es usted una hipócrita, señorita Granger. Mucho abogar por los derechos de los sangre sucia pero no sale con uno ni de casualidad" —Hermione se avalanzó sobre él para tratar de arrancarle la carta, pero él la esquivó y puso el sofá entre ellos antes de continuar leyéndola en voz alta—"Me parece a mí que lo único que quiere es cambiar las reglas para beneficiarse a usted misma, pero en lo personal solo se empareja con sangre limpias de buen linaje… Creo que todos los sangre limpia solteros del país deberían temerla más que a la viruela de dragón". Guau, Granger, ¿debo preocuparme? ¿Son el té y las galletas un intento de seducirme?
Hermione apretó los puños dando gracias de no tener la varita a mano en esos momentos, porque estaba segura de que la hubiese usado para borrar la sonrisa maliciosa que lucía Malfoy en esos momentos. A falta de algo mejor, tomó un cojín del sofá y se lo lanzó a la cara, espantando a Crookshanks en el proceso.
Obtuvo una gran satisfacción al ver cómo daba en el blanco y lo despeinaba, haciendo que un par de mechones de pelo le cayesen por las sienes. Pero lo mejor de todo fue observar la expresión de estupor e indignación de Malfoy que había sustituido su mueca de satisfacción.
—No te preocupes, tu virtud está a salvo conmigo. No eres mi tipo —le espetó Hermione.
Malfoy se irguió, y pareció crecer unos centímetros. Su coronilla casi tocaba el bajo techo del ático. Alzó una ceja e hizo un mohín con los labios.
—No me sorprende. Ya he notado que no te interesan los hombres atractivos e inteligentes —contraatacó él.
Hermione valoró la posibilidad de lanzarle otro cojín, pero el pelo erizado de Crookshanks y el gruñido bajo que soltó desde el reposabrazos del sofá le disuadió de intentarlo. Malfoy volvió a sonreír, sin duda muy satisfecho consigo mismo por haber logrado insultarla y piropearse a la vez.
—Tampoco me interesan los entrometidos que leen cosas que no son asunto suyo —replicó ella. Su voz se quebró en las últimas palabras, sorprendiéndola. De pronto notaba un nudo de lágrimas en la garganta y no estaba muy segura de por qué. Quizás se debiese a que aquello que para Malfoy solo era motivo de burla y diversión, para ella era algo doloroso.
Por mucho que intentase racionalizar todo el odio que estaba recibiendo a raíz de la campaña de Herpa y Skeeter, no era fácil. Máxime cuando todo lo que había hecho desde que estaba en el Ministerio era intentar hacer del mundo mágico un lugar mejor y más justo. Por otro lado, el comportamiento de Malfoy la había trasladado de nuevo a sus años en Hogwarts, cuando buscaba cualquier excusa para meterse con ella y hacerla sufrir. Entonces Hermione no le había dado demasiada importancia ("No hace daño quien quiere, sino quien puede" decía siempre su padre), pero las cosas habían cambiado.
Malfoy ya no era solo un idiota engreído que existía en la periferia de su vida y sus preocupaciones. Ahora era algo diferente. Por el amor de Merlín, lo veía casi a diario, más que a sus amigos o que a su familia. Estaban involucrados juntos en una misión muy importante y, aunque todavía no confiaba del todo en él, de algún modo lo consideraba… ¿qué exactamente? ¿Un aliado? ¿Un compañero? Fuese lo que fuese, acababa de comprender que sin darse cuenta de cuando o cómo, Malfoy había entrado en la categoría de personas que podían hacerle daño. Y ella lo había permitido.
—Granger… —murmuró él. Estaba serio y palido, pero tampoco podía decirse que pareciera arrepentido. Tan solo había visto una oportunidad de divertirse a su costa y lo había hecho. Típico de Malfoy.
—Vete —pidió ella.
Malfoy no dijo nada. Dejó la carta sobre el respaldo del sofá que los separaba, cogió su abrigo y se marchó sin siquiera mirarla a la cara.
A la mañana siguiente, Hermione acudió al despacho de Shackelbolt para informarle de que Malfoy había confirmado la identidad de Herpa. Sin embargo, cuando abrió la puerta tras llamar a ella, descubrió que el primer ministro estaba acompañado de Robbards.
Por un instante se alegró, porque él podría darle información sobre Harry de primera mano, pero por otro no pudo evitar sentirse un poco inquieta. Por supuesto, era consciente de que una vez descubierto quién era Herpa, no podían mantenerlo para siempre solo entre Malfoy, Shackelbolt y ella, pero le ponía nerviosa lo que ello podría implicar para el antiguo Slytherin. Así que cuando el primer ministro le preguntó a qué se debía su visita, Hermione titubeó unos segundos antes de responder.
—Puede hablar con total tranquilidad, señorita Granger —le aseguró Shackelbolt. Robbards, de pie junto al primer ministro, observó a Hermione con el ceño fruncido.
Ella tragó saliva y pensó detenidamente en cómo transmitir la información de la manera más opaca posible.
—Mis sospechas se han confirmado —dijo, escueta.
En realidad, eran las sospechas de Malfoy, pero se resistía a decirlo en voz alta pese a que Robbards no encontraría ninguna dificultad en atar cabos. A fin de cuentas era conocedor de su situación como enlace de Malfoy con el Ministerio.
—Entendido —Shackelbolt —Robbards, tus mejores hombres están ocupados protegiendo al primer ministro Whitman así que pondré a alguna de mis Brujas Guardianas a vigilar todos los movimientos de Níobe Borgin. Como te he comentado, tenemos razones para creer que es Herpa.
Robbards resopló con fuerza, haciendo que todas las arrugas de su rostro se agitaran. Sus ojos oscuros miraron a Hermione con enfado, aunque lo cierto era que esa era su expresión habitual.
—Puedo dedicar a algunos de mis aurores para esa tarea, pero si quiere mi opinión, primer ministro, es solo una pérdida de tiempo y recursos. No hay nada que apunte a la señora Borgin más allá de la palabra de un delincuente mágico.
Aunque Hermione estaba bastante molesta con el "delincuente mágico" en cuestión, no pudo evitar defenderlo.
—Entonces, ¿qué sentido tiene colaborar con él si no vamos a tomar en consideración la información que nos transmite? No podemos estar seguros de la identidad de Herpa en base solo a su palabra, pero tampoco podemos desestimarla por completo. Creo que merece la pena investigarlo al menos.
—Lo que usted crea, señorita Granger, es del todo irrelevante en esta materia —refunfuñó Robbards —Límitese a su trabajo y yo me encargaré del mío.
Hermione sintió cómo le ardían las mejillas de indignación. Robbards nunca había sido la persona más encantadora del mundo, pero cada vez que Malfoy salía a colación se ponía desagradable incluso para sus estándares. Le daba la impresión de que tenía algo personal contra los Malfoy que enturbiaba su juicio objetivo como Jefe del Departamento de Aurores, hasta el punto de ser grosero con ella por formular peticiones del todo razonables.
—Robbards —le sancionó Shackelbolt —La señorita Granger tiene razón y dado que se ha visto involucrada en todo lo relativo a los Hijos del Basilisco, esto también es su trabajo. Tal vez sea una pista errónea, pero es necesario investigarlo.
—En ese caso, quizás deberíamos investigar también a los Malfoy —propuso Robbards —Resulta muy conveniente que su hijo acuse a otra persona sin pruebas. Tiene pinta de estratagema para alejar la atención sobre su propia familia.
—Está bien, Robbards. Pon a tu gente a investigar a los Malfoy y yo asignaré a un par de mis Brujas Guardianas a seguir la pista de Borgin.
—No será necesario —se apresuró a señalar el anciano mago. Lanzó una mirada asesina a Hermione antes de continuar —Mi gente se encargará de ambos asuntos.
Y sin más, se dirigió a la puerta del despacho a grandes trancos. Salió tan deprisa que a Hermione no le dio tiempo de preguntarle cómo estaba Harry, aunque tenía la impresión de que Robbards tampoco se mostraría muy expresivo al respecto visto que parecía detestarla casi tanto a los Malfoy.
—Señorita Granger, le pido disculpas por el carácter del señor Robbards. Pese a no ser la persona más cordial del Ministerio, es muy bueno en su trabajo —aseguró Shackelbolt.
Hermione asintió sin decir nada. No ponía en duda su profesionalidad, solo su don de gentes.
Después de aquello, regresó a su despacho e intentó concentrarse en su trabajo, en el que no estaba rindiendo cómo debía en los últimos tiempos. Entre los Hijos del Basilisco, su preocupación por Harry y todo lo relacionado con Malfoy, se encontraba poco centrada.
Tras pasar una mala noche, reproduciendo en bucle en su cabeza todo lo que había ocufrrido la tarde anterior, Hermione se había levantadado decidida a no dejar que Malfoy estropease su día. Así que tras la breve reunión con Shackelbolt, hizo todo lo posible por mantenerse concentrada en su trabajo y ni siquiera salió a comer, conformándose con un sandwich de la máquina expendora del hall. Para cuando dieron las cinco en punto, había logrado terminar con todas las tareas anotadas en su agenda, así que decidió salir a su hora.
Sin embargo, no pensaba ir a casa. No quería ver a Malfoy y aunque era probable que él no se atreviera a aparecer en su puerta como si nada, no deseaba darle la oportunidad. Si pasaba el rato en la calle o en lugares públicos, no osaría acercarse a ella.
Así que, más por mantenerse ocupada que por otra cosa, Hermione decidió ir al cine. Eligió la película que pensó que más podía incomodarle si realmente iba a seguirla hasta la sala (una comedia romántica protagonizada por Sandra Bullock) y se puso en la última fila. Por fortuna, la película acababa de estrenarse así que la sala estaba casi llena, lo que le garantizó dos horas de tranquilidad. Cuando la película terminó y las luces se encendieron, le pareció ver una cabeza de pelo platino apoyada sobre el respaldo de su silla en una posición que apuntaba a que su dueño estaba dormido. Hermione deseó que se hubiera aburrido mucho.
Al día siguiente, tras salir del trabajo se metió en el metro más cercano en dirección a Candem Town. Dado que diciembre se acercaba y con ello la Navidad, el lugar bullía de actividad. Hermione se entretuvo entrando en todas las tiendas que pensó que más podrían horrorizar a Malfoy si estaba siguiéndola (una tienda con luces de neón y música tecno a todo volumen, otra de ropa interior femenina, una de souvenirs para turistas y otra llena de adornos navideños). Cuando se cansó de caminar entre las masas de gente que se apretujaban entre callejuela y callejuela, y muchas tiendas empezaron a cerrar, regresó a su casa.
Visto que sus estratagemas estaban teniendo éxito, al tercer día decidió ir al Callejón Diagon. No necesitaba nada en particular pero pensó que quizás podría aprovechar la visita para empezar a buscar regalos navideños para sus amigos y de paso visitar a Ron y George en Sortilegios Weasley.
Encontró a Ron tras el mostrador, mirando con el ceño fruncido a un par de niños menores de diez años que estaban manoseando un montón de caramelos explosivos en un cuenco cercano y que no parecían tener mucha intención de comprarlos.
—Hermione —la saludó él con una sonrisa. Salió de detrás del mostrador para darle un breve abrazo y meterle alguna chuchería en el bolsillo, como solía hacer siempre que iba a visitarlo. Aunque Hermione no era especialmente golosa, le fascinaba analizar la ingeniera mágica que había detrás de cada producto de Sortilegios Weasley. Siempre había pensado que George tenía un talento increíble que podría haber usado en otros campos más… beneficiosos para la comunidad mágica,
—¿Qué te trae por aquí?
—Este año he decidido empezar pronto las compras navideñas —explicó. No se podía decir que estuviese mintiendo, aunque tampoco estaba diciendo toda la verdad —¿Alguna pista sobre qué regalarte?
Mientras Ron se rascaba la cabeza pensativo, Hermione se dio cuenta de que la madre de los niños manoseadores de los caramelos no les quitaba ojo de encima con expresión de juzgarles con dureza. Bueno, en realidad, de juzgarla a ella. ¿Les habría reconocido? Tenía toda la pinta de haber leído el pernicioso artículo de Skeeter en Corazón de Bruja y considerar que Hermione era una cazafortunas que había roto el corazón al pobre Ron Weasley.
La sola idea hizo que experimentase una sensación de vértigo en el estómago y desease salir de allí. Quizás ir a uno de los puntos más concurridos del mundo mágico en medio de una campaña de desprestigio contra su persona no había sido la mejor idea del mundo. Por supuesto que no tenía nada de lo que avergonzarse y no pensaba agachar la cabeza frente a nadie, pero… ese día no tenía fuerzas para lidiar con todo aquello.
Así que sin haber escuchado en realidad la respuesta de Ron, se despidió con una excusa y salió de Sortilegios Weasley a toda prisa. Estaba tan absorta en sus lúgubres pensamientos que tardó un par de minutos en darse cuenta de que había echado a andar en dirección opuesta al Caldero Chorreante, así que se detuvo de golpe y se giró.
Ya era completamente de noche ya que estaban a finales del otoño, así que aunque no eran más que las seis de la tarde, no había mucha gente en la calle. Le llamó la atención ver que a unos tres metros de ella había una persona con una túnica oscura y el rostro sombreado por una capucha que se paró en seco.
De pronto, tuvo la escalofriante sensación de que la estaban siguiendo. Miró con disimulo a ambos lados, buscando una manera de despistarlo. A su izquierda había una tienda dedicada a útiles del hogar, a la derecha una calle vacía. Sin perder de vista a la figura encapuchada, Hermione giró rápidamente a la derecha y buscó su varita en el interior de su bolsillo.
Estaba en una calle mucho más estrecha que la anterior, de edificios altos y ennegrecidos, como si hubiesen sido pasto de las llamas en el pasado. No había ni un transeúnte a la vista. Después de ver en el mostrador de una tienda cercana una horrorosa colección de arañas disecadas, Hermione comprendió que se había metido en el Callejón Knockturn sin darse cuenta. Lanzó una mirada rápida por encima del hombro y atisbó la figura oscura que había visto antes entrando al callejón.
Nerviosa, apretó el paso. No podía volver atrás pero al mismo tiempo tenía la sensación de que se estaba adentrando cada vez más en la boca del lobo. Era poco probable que nadie que transitase el Callejón Knockturn estuviese dispuesto a ayudarla en caso de necesidad.
Pensó en aparecerse fuera del Callejón para despistarle, pero eso supondría renunciar a la posibilidad de detener a su perseguidor. Estaba segura de que pertenecía a los Hijos. ¿Quizás lo habían enviado a secuestrarla? Le sorprendía que Malfoy no la hubiese puesto sobreaviso, aunque lo cierto era que llevaba días evitándolo.
Hermione sacó su varita del bolsillo de su túnica con disimulo, asegurándose de tapar el movimiento con su cuerpo para que el encapuchado no lo notase. No le apasionaba la idea de enfrentarse a él, pero si lo desarmaba y reducía, podría ser de gran ayuda para desarticular a los Hijos. A fin de cuentas todavía no habían logrado detener a nadie, y quizás su perseguidor supiese más de la organización que Malfoy. Incluso aunque no lo hiciera, al menos el Ministerio mostraría su fuerza y acabaría con la sensación de impunidad que parecía acompañar a los seguidores de Herpa.
Suprimiendo la voz de Harry que le desaconsejaba actuar sola ("Yo también he estado en unas cuantas batallas, casi todas contigo" le contestó en su mente), Hermione se giró de golpe con la varita en la mano.
No le dio tiempo a pronunciar el Expelliarmus que planeaba lanzar. Todo pasó demasiado rápido.
Un rayo de luz roja ocupó todo su campo de visión en el mismo momento en que una mano se cerraba sobre su muñeca derecha. De pronto se vio arrastrada hacia una callejuela oscura y estrecha entre dos tiendas, notó su espalda impactando contra un cuerpo y unos dedos fríos cubriendo su boca. Su primera reacción fue forcejear y tratar de apuntar a su secuestrador con la varita que todavía aferraba con fuerza para lanzarle un Desmaius, pero antes de llegar a hacerlo escuchó una voz familiar.
—Granger, soy yo. Tenemos que irnos.
Hermione se paró en seco al reconocer a Malfoy, sacudida por una sensación demasiado compleja para definirla. Por un lado se sentía aliviada de que quien la apretaba contra su cuerpo fuese él, de que la mano que le cubría los labios no perteneciese a un enemigo, de que la voz baja y tensa que le había hablado al oído fuese de un aliado. Por otro, quería soltarse y apartarse de él, no solo porque todavía seguía enfadada si no porque le incomodaba tenerlo tan cerca. Además, parte de ella quería salir de nuevo a la calle donde estaba su atacante y enfrentarlo. No tuvo ocasión de decidir qué hacer a continuación. De pronto, sintió que su cuerpo se volvía ingrávido y cuando quiso darse cuenta, el escenario a su alrededor había cambiado.
Malfoy la había sacado del Callejón Knockturn.
¡Hola!
Sé que han pasado casi dos años desde la última vez que actualicé y que probablemente ya os hayáis olvidado por completo de este fic, pero yo no. Ha seguido en el fondo de mi mente, macerándose a fuego lento. Siento muchísimo haber tardado tanto en actualizar pero dos años dan para mucho y entre planear y celebrar una boda temática de Harry Potter, una reforma, un ascenso y seguir estudiando no he tenido mucho tiempo, y cuando lo he tenido, me faltaban fuerzas para ponerme a escribir. Pero este verano la inspiración ha vuelto, me he puesto a escribir desde hace un par de semanas y no paro de pensar en el fic. Me gustaría muchísimo terminarlo, os lo debo a las personas que no lo habéis abandonado y a mí misma porque creo que tengo cosas chulas por contar.
Tengo el firme propósito de no parar de escribir con cierta frecuencia, y por lo tanto seguir actualizándolo hasta que lo termine. Muchas gracias por tenerme paciencia. Si todavía seguís ahí, al otro lado de la pantalla, os agradecería que me lo hicieseis saber, ¡siempre anima a seguir escribiendo! ¿Qué tal os ha ido la vida todo este tiempo? Espero que estéis bien.
Os mando un abrazo muy grande.
Con mucho cariño,
Dry
PD: Deja un review si a ti sí que te gustan los hombres atractivos e inteligentes como Malfoy :P
