No, no he abandonado este fic, quisiera tener una buena excusa para la tardanza, pero solo se trató de bloqueo mental para esta historia en especial, el capítulo se negaba a escribirse hasta que conseguí obligarme a redactarlo.
Al principio si quería una historia corta, pero las ideas fluyen y los personajes se escriben solos ¯\_(-_-)_/¯ así que a esta historia probablemente le quede un capítulo más... Espero que solo uno y que esta vez de verdad no tarde tanto (-_-;)
Sin más que decir...
Here We Go...
Ray iba y venía desesperado, maldiciendo por lo bajo cada vez que sus intentos por contactar a su compañero fallaban.
Minutos antes había oído los disparos y con mucho esfuerzo había conseguido detener a Charlotte de correr hacía la fuente del sonido, preocupada y desesperada por el destino incierto tanto de sus padres como de su novio. Había conseguido hacerla entrar en razón después de sacudirla por los hombros y recordarle con voz autoritaria que no tenía idea de dónde habían provenido los disparos y que probablemente acabaría perdiéndose en el bosque, algo que no podía darse el lujo de hacer, y que si no hacía caso y huía hacia la espesura del bosque solo conseguiría empeorar las cosas cuando se perdiera y tuvieran que buscarla. O también estaba la posibilidad de cruzarse nuevamente con Steven y caer de nuevo en sus garras, y esa bestia no le daría una segunda oportunidad para correr.
Le dolió gritarle así a la muchacha y más ver cómo su rostro se contraía de dolor y un nuevo torrente de lágrimas caía de sus ojos. Así que después de exclamar las razones por las que no era razonable que saliera disparada sin rumbo, suavizó su semblante y la cubrió con sus brazos unos segundos para consolarla antes de recordarle que Henry no era un novato y que estaba bien preparado para enfrentar cualquier situación por más difícil que pareciera.
Eso había bastado para tranquilizarla y hacerle entender que haber oído disparos no quería decir necesariamente que algo malo le hubiera pasado a alguien.
Ahora, si tan solo sus propias palabras pudieran tranquilizarlo a él...
Llevaba un rato tratando de establecer comunicación con alguno de ellos, Henry, Schwoz o Jasper, pero la señal en lo profundo del bosque se había vuelto terrible para contactar a la Van, y su compañero simplemente no estaba respondiendo a sus llamadas, lo que lo hacía temer lo peor.
Charlotte ya no quería correr hacia lo desconocido pero estaba igual de agitada que el adulto, sintiendo como su corazón se aceleraba a cada minuto que pasaba sin recibir noticias de sus seres queridos. La herida en su cabeza palpitaba al ritmo de sus desesperados latidos, agregando estrés a su ya insoportable situación.
Entonces oyeron pasos apresurados acercándose y ambos se detuvieron en seco, luego Ray se enderezó y ella bajó de la parte de atrás de la camioneta donde había estado sentada. El superhéroe dio varios pasos y se colocó frente a la joven en un gesto protector, sacando una pistola láser de su cinturón utilitario y preparándose para atacar si era necesario.
Lo que salió de entre las sombras hizo que ambos exhalaran en alivio y luego jadearan de sorpresa y que Ray bajara el arma. El héroe vestido de oscuro se hizo presente, llevando un cuerpo inmóvil en sus brazos que reconocieron como el Señor Page. Charlotte se llevó las manos a la boca con miedo repentino ante la vista, ahogando un grito antes de correr hacia adelante rodeando a Ray, llegando al lado de un Henry entristecido y silencioso.
—¡Papá! —exclamó, una nueva ola de lágrimas frescas brotando de sus ojos.
Henry se detuvo un momento para que ella le diera un vistazo rápido a su padre.
—¿Está..?
Ray había caminado hacia ellos, pero se había quedado unos pasos atrás para darles el espacio que necesitaban, observándolos con temor. Sangre fresca brotaba del cuerpo del hombre de una herida que no alcanzaba a distinguir en la oscuridad, tenía los ojos cerrados y parecía enfermo.
—No —aclaró Henry rápidamente al notar a qué conclusión estaba por llegar su mentor.
Rodeó a su novia y se dirigió hacia el vehículo, colocando al hombre en la parte trasera con cuidado, consciente de su lesión para no empeorarla. Charlotte fue detrás de él, todavía sacudida por el repentino cambio de situación pero aliviada de saber que su padre todavía estaba vivo aunque se veía en mal estado.
—¿Qué pasó? —preguntó ella, ayudándolo a preparar todo para llevarlo al hospital más cercano con manos temblorosas.
Rápidamente se dio cuenta de que esas eran las intenciones de su novio y no podían permitirse perder tiempo.
—Steven le disparó —contestó Henry, sonando amargado y furioso—. Fue mientras ayudaba a tu madre a escapar, ella logró huir pero no pude ver a dónde fue —prosiguió—. Lo siento tanto... Si hubiera sido más rápido para alcanzarlos esto no habría sucedido —se lamentó.
Sintió la mano de su novia tomando la suya y miró sus ojos cálidos pero húmedos.
—Estoy segura de que hiciste todo lo que pudiste... —trató de animarlo, incluso cuando ella era la que más sufría.
Él le sonrió con pesar y le apretó la mano con simpatía.
—¿Y Steven? —preguntó Ray, ayudándolos.
—Escapó —respondió Henry oyéndose molesto y frustrado—. Aprovechó un momento de distracción que tuve para internarse en el bosque, hubiera ido tras él pero no podía dejar a Aaron, necesita ayuda médica de inmediato.
Ray asintió.
—Bien, suban a la camioneta, Schwoz y Jasper venían tras nosotros, deben estar en la carretera esperando, la van tiene equipo médico que podemos usar para estabilizarlo hasta llegar al hospital.
Charlotte se movió de inmediato, subiendo junto a su padre y empezando a quitarle la camisa ensangrentada para revisar la herida, tragando su dolor y aguantando las lágrimas para que éstas no le obstruyeran la visión mientras trabajaba, la camioneta tenía una luz en la parte de atrás que Ray encendió aunque muy tenue. Le preocupaba su madre también pero de los dos, su padre era quien más necesitaba de su atención, por más que le doliera pensar así.
Henry no la siguió y en cambio se dirigió hacia la parte delantera de la camioneta donde Ray ya se había subido al asiento del conductor para sacarlos de ahí.
—No puedo ir con ustedes.
—¿Por qué? —preguntó Ray sobre el ruido del motor.
—Caroline está todavía por el bosque, perdida —explicó Henry—. Y Steven anda por ahí suelto, tengo que encontrarla antes de que él lo haga o podría hacerle daño.
Ese encuentro con el criminal le había demostrado que estaba aún más demente que lo que él recordaba, y si tan obsesionado estaba con su novia, no dudaba que tomaría más decisiones desesperadas para hacerla volver a él. Ya había herido de gravedad a su suegro, demostrando que la vida de otros le importaba poco y nada, así que no tenía razón para creer que no lastimaría a la Señora Page si llegaba a cruzar caminos con ella con tal de coaccionar a Charlotte a regresar a él. El bosque era espeso y oscuro como para que esa situación se diera, pero no subestimaria el ingenio y la desesperación del criminal, además de que debía conocer este bosque más que ellos para ser capaz de haber conducido ese vehículo hasta el interior, mientras que su suegra solo podría dar vueltas y vueltas en la oscuridad hasta rendirse del cansancio.
—Entiendo que te preocupe, pero no servirá de nada que te quedes a buscar por tu cuenta —explicó Ray—. No tienes forma de peinar el bosque tú solo, no sabes en qué dirección se fue y si se alejó mucho o poco del límite con la carretera, aunque te pasaras la noche buscando, puede que ni siquiera te acerques a su posición.
El joven dio un resoplido de impotencia y enfado, pero no protestó a la lógica de su mentor. Ray estaba en lo cierto, el creer que él solo podría buscar el bosque por dos personas era una muestra de arrogancia y desesperación que no podía permitirse en esas circunstancias.
—Sube —ordenó Ray, abriendo la puerta del copiloto—. Una vez en la carretera, llamaremos a la policía y pediremos refuerzos para peinar el bosque.
Henry obedeció y subió, resignado.
—Ponte el cinturón —advirtió el más grande, y acto seguido, emprendió la marcha.
El recorrido de regreso a la carretera fue más rápido que su llegada, pensó Charlotte mientras sostenía el cuerpo de su padre para que no sufriera más daño con los giros y saltos que daba el vehículo y hacía todo lo posible para detener el sangrado. Lo agradecía porque cada minuto que pasaba era decisivo.
Finalmente alcanzaron el límite con la abandonada carretera, lo supo porque sintió como la velocidad bajaba hasta que la camioneta se detuvo. Momentos después, las puertas se abrieron y allí estaba Ray ayudándola a bajar a su padre para colocarlo en la parte trasera de la Van, dónde lo atendería Schwoz para estabilizarlo en lo que de dirigían al hospital más cercano.
Ella bajó del vehículo e hizo un intento por ayudarlo a cargar a su padre pero Henry la detuvo posando sus manos sobre sus antebrazos por detrás, haciéndola retroceder gentilmente.
—Déjame manejarlo desde aquí ¿de acuerdo? —pidió suavemente, tomando su lugar.
Ella no protestó y dio un paso al costado después de recibir un apretón suave y cariñoso de su novio, permitiendo a Henry ayudar a Ray a acomodar a su padre dentro de la Van.
Charlotte sabía que no estaba en condiciones de encargarse de la situación, no en su desgastado estado tanto mental como emocional y físico. Esto era demasiado para ella después de todo el estrés y la angustia que había sufrido y que seguía sintiendo, pero estaba tan agotada que ni siquiera le quedaban lágrimas para derramar por el destino incierto de su padre y el paradero de su madre. No sabía cómo era que seguía de pie. Solo quería que esta pesadilla terminara de una vez por todas.
Se cruzó de brazos, tratando de mantener a raya el temblor de todo su cuerpo, y observó cómo se desarrollaba la escena desde la distancia. Entonces, algo golpeó sus piernas de súbito y miró hacia abajo presa del pánico, los acontecimientos de las últimas horas la habían dejado al borde. Pero cuando sus ojos encontraron la fuente de su repentino sentido de alerta, su expresión se suavizó y una pequeña aunque cansada sonrisa torció sus labios y se agachó frente al perro.
El bulldog de su padre había recuperado los sentidos y estaba feliz de verla pero también triste porque había visto el estado de su dueño y aunque no entendía exactamente la gravedad de la situación, estaba consciente de que algo le había pasado. También podía sentir su angustia y tristeza, y gimió suavemente, golpeando su nariz contra su palma abierta mientras ella lo acariciaba.
—Yo también estoy preocupada, pero haremos todo lo posible para ayudarlo a recuperarse, lo prometo —le dijo al perro, rascándolo detrás de las orejas.
Este pareció entender y se apartó de su mano para acercar su hocico a su rostro y lamer suavemente su mejilla como si tratara de asegurarle que él iba a estar ahí para ella durante todo el proceso.
—Ahi esta.
Charlotte miró hacia arriba, encontrando a Jasper acercándose a ella.
—Pensé que lo había perdido.
En el camino Ray había recuperado la señal para llamarlos y avisarles de la situación, encargandole a Jasper que se ocupara de llamar por ayuda extra. Él los había visto llegar pero había estado en los asientos delanteros de la Van, hablando con la policía por radio para advertirles sobre su situación y pedir refuerzos porque un peligroso criminal andaba suelto y una mujer estaba perdida en el bosque.
Debido a sus años trabajando con el Capitán Man, la policía ya los conocía y también su trabajo como asistentes. Los recibieron con los brazos abiertos porque hacían su trabajo mucho más fácil, haciéndose cargo de algunos casos difíciles que eran demasiado perezosos o ineptos para atender. El equipo del Capitán Man era querido por la ciudad y conocido por su eficiencia, por eso mucha gente llamaba más a menudo que nunca a su línea de emergencia que a la de la policía misma. Y trabajar junto a ellos era considerado un honor que las fuerzas de rescate no se perderían por nada.
Jasper había colgado la llamada satisfecho de saber que varios equipos de rescate de diferentes fuerzas estaban en su camino y que otras fuerzas de seguridad estaban al tanto de Steven y que ya no podría escapar. Se dispuso a bajar del vehículo para ir a ver en qué necesitaban su ayuda y ahí fue cuando se dio cuenta de que el perro que debía estar cuidando no estaba. Había estado dormitando en la parte trasera de la Van, Schwoz le había ordenado que le pusiera una correa pero el joven había sentido lástima por el animalito, decidiendo dejarlo sin correa, después de todo creyó que estaría inconsciente durante más tiempo. Sin embargo, en algún momento mientras él estaba distraído, el perro había despertado y abandonado el vehículo al detectar la presencia de un aroma familiar.
Jasper se acercó a su amiga y se agachó junto a ella, descansando una mano sobre su hombro.
—Los equipos de rescate están en camino —le informó, hablando con voz serena —. Haremos todo lo posible para encontrar a tú mamá, lo prometo.
Ella sonrió débilmente, cansada incluso para algo tan simple como eso.
—También les advertí sobre Steven —continuó—. Está en la lista de los más buscados de las fuerzas de seguridad, cualquier cuenta bancaria que tenga será congelada y Schwoz ya hizo que la computadora de la cueva empezara a rastrear su posición a través de su teléfono.
—Ya debe haberlo apagado o tirado —comentó la chica, acariciando a su perro de forma mecánica, una acción que la serenaba.
—Al menos podremos saber cual fue su última localización y reduciremos la búsqueda, y así no será capaz de pedir ayuda y quedará atrapado aquí —apuntó Jasper, encontrando el lado positivo de la situación—. No descansaremos hasta atraparlo, y no volverá a hostigarte una vez que esté de nuevo tras las rejas.
—¡Jasper! —llamó Ray, interrumpiendolos.
El joven le dio una última palmada cariñosa en el hombro con una suave sonrisa y se levantó del suelo para dirigirse a dónde estaba su jefe.
Mientras Jasper se alejaba, alguien más se le acercó.
—Hola amiguito.
Ella alzó los ojos, sonriendo con ternura cuando vió a Henry agachándose para –con cautela– acariciar al perro.
No era muy fan del animal, siempre que iba a la casa de sus suegros con su novia, el perro le ladraba furioso. Su suegro solía decir que tal vez no lo creía lo suficientemente bueno para su 'hermana'. Lo decía como una broma pero Henry no estaba seguro de ello.
Está ocasión sin embargo el perro estaba demasiado conmocionado por el ataque sufrido, así que aceptó sin protesta sus caricias. Aún así, Henry no quiso cruzar los límites y solo lo rascó un poco más detrás de las orejas antes de ponerse de pie.
Ella hizo lo mismo y el perro se echó a sus pies.
—Schwoz ya estabilizó a tu padre, y está listo para llevarte a ti y a él al hospital, Jasper irá con ustedes y se encargará de darnos las coordenadas del último lugar donde estuvo Steven.
—¿Y que hay de ti?
—Me quedaré con Ray a esperar los refuerzos, acaban de avisar que estarán aquí como mucho en quince minutos —explicó Henry.
Entonces tomó sus manos entre las suyas y las llevó hacia su boca para besarlas con dulzura.
—Encontraré a tú madre, tu preocúpate por cuidar de tu padre ¿De acuerdo?
Las lágrimas que creía se le habían secado cayeron nuevamente, pero las secó de inmediato. Quería dejar de llorar y tomar acción. Debía ocuparse de su padre, Henry y Ray se encargarían del resto, buscarían a su madre y atraparían a Steven. Nunca le habían dado razón para dudar de sus habilidades, podía confiar completamente en ellos.
Henry la besó una última vez antes de llevarla de la mano hacia la Van, seguidos por el fiel perro que iba tras su dueña dando suaves quejidos de tristeza. La ayudó a subir y acomodarse junto a su padre, y el perro saltó y se acomodó a su lado, echándose y apoyando su cabecita en sus patas, mirando a su dueño con ojos apagados.
—Ten mucho cuidado, por favor —pidió ella, tomándolo de las manos.
—Lo tendré, tranquila, ya no pienses en esto, ocúpate de estar ahí para tú padre ¿Sí?
Ella asintió y él le dio un apretón a sus manos antes de soltarla y dar un paso atrás para cerrar la puerta.
Le dio un par de golpes a la carcaza del vehículo para indicar que ya podían arrancar y Jasper no necesitó más indicación que esa para encender la camioneta y partir de allí a toda velocidad. Las luces de emergencia las encendería cuando estuvieran más cerca del centro de la ciudad, así no alertarían a Steven si por esas casualidades estaba cerca.
Henry vio alejarse el vehículo, rogando que la situación de Aaron no fuera muy grave y que pudiera salir de esa. Aún sentía que era su culpa el que hubieran atacado al matrimonio. La mano de Ray cayó en su hombro, haciéndolo saltar de la sorpresa, todavía estaba algo alterado por la situación.
—Lo siento —se disculpó Ray, quitando la mano con una mueca de lamento al notar el efecto que había causado en el joven—. Solo quería asegurarte que todo saldrá bien.
Henry respiró hondo cerrando los ojos brevemente antes de asentir con una sonrisa débil y cansada. Sabía que esas no eran más que palabras bonitas para ayudarlo a mantener la calma pero agradecía la intención de su mentor.
—Gracias amigo... quisiera tener la misma seguridad —reveló con una exhalación nerviosa—. No sé como todo esto se salió de control, sigo pensando en lo que podría haber hecho diferente para evitar todo este desastre.
—No gastes energía en pensar en lo que pudo haber sido, mejor concéntrate en como llevaremos adelante la búsqueda —aconsejó Ray.
—Yo iré tras Steven —sentenció Henry.
Ray suspiró claramente en desacuerdo.
—Kid...
—No lo discutiré, ya lo decidí —interrumpió su amigo—. Esto es personal.
—Por ser personal es por lo que no creo prudente que vayas tras él, no estas siendo coherente, tus emociones pueden nublarte el juicio y hacerte cometer un error grave —dijo Ray.
—No voy a matarlo... —le prometió a su amigo... tronando sus dedos—, por más deseos que tenga, pero si le haré pagar y muy caro todo lo que le hizo a Charlotte.
—No puedo permitir que lo enfrentes con esa furia acumulada, no sabes a lo que te puede llevar —insistió Ray tratando de hacerlo entrar en razón.
—Nada de lo que digas puede hacerme cambiar de opinión —aseguró Henry seriamente—. Steven es mío.
Ray solo pudo suspirar en resignación. Su amigo ya no era el adolescente al que podía convencer tan fácilmente. Y sabía que con lo decidido que estaba no conseguiría nada discutiendo con él más que alterarlo y empeorar su estado de ánimo.
Lo dejaría actuar como quería pero mantendría un ojo sobre él y estaría preparado para apoyarlo y detenerlo si las cosas se le salían de control.
Caroline estaba agotada de correr. Le dolían las piernas, le faltaba el aire, tenía frío y no podía ver a dónde iba. De seguro se estaba adentrando más en la espesura del bosque, y a ese ritmo acabaría cediendo al agotamiento y cayendo rendida en medio de la nada pero no quería detenerse, por más que estuviera cansada y con el corazón roto por haber visto a su esposo caer al suelo cubierto de sangre. Sabía que si lo hacía, ese monstruo podría alcanzarla y solo pensar en lo que sería capaz de hacerle le daba la energía necesaria para continuar su escape, aunque no supiera a ciencia cierta a dónde se dirigía.
Por ir perdida en sus pensamientos y sin prestar realmente atención a dónde se dirigía exactamente además de que estaba muy oscuro como para que supiera lo que tenía más adelante, tropezó con un tronco caído que no alcanzó a divisar a tiempo, cayendo de bruces al suelo y golpeándose muy fuerte. Ese accidente sumado al cansancio que le hacía pesar el cuerpo hizo que quedará tendida en el suelo boca arriba después de haberse dado vuelta pero sin energías para levantarse otra vez. Cerró los ojos, respirando pesadamente y con lágrimas cayendo lentamente, rodando por sus sucias mejillas hasta caer a tierra. Quería volver a ponerse de pie y continuar con su huida aunque no supiera a dónde iba, su hija y su esposo habían arriesgado sus vidas por ella, tenía que esforzarse, pero a su edad y con sus problemas de salud ya no podía seguir. Tenía que descansar aunque fuera unos pocos minutos. El bosque era enorme, ahora que se detenía y lo pensaba bien, era poco probable que ese hombre pudiera dar con ella. Sí... podía descansar solo un momento, cerraría los ojos para mitigar el dolor de cabeza.
Con pesadez se arrastró a un árbol cercano y apoyó su espalda contra el duro e incómodo tronco. Era lo mejor que había allí. Cerró los ojos con la idea de solo permitirse unos minutos de tranquilidad, pero entre el agotamiento, la angustia y el dolor de sus heridas, acabó rindiéndose y quedó dormida contra aquel árbol, a merced de su secuestrador o del propio bosque.
Steven no cabía en sí de la emoción. Su descubrimiento era suficiente para hacerlo sentir extasiado a pesar de haber tenido que escapar y perder al objeto de su obsesión. Era información que podría valer oro si sabía utilizarla. Había villanos que pagarían cualquier cosa por saber quién estaba detrás de la máscara, quien era el escurridizo héroe que era odiado por más de la mitad de los criminales de Swellview. Si jugaba bien sus cartas con este as bajo la manga, ganaría una fortuna. ¡Incluso podría tener a la mujer que tanto deseaba! Podría quitar de en medio al héroe, por extensión a su mentor y a sus ayudantes, obtener suficiente dinero para irse del país de manera segura y llevarse consigo a Charlotte, a un lugar donde nadie pudiera venir y arrebatarla de su lado nunca. Era el plan perfecto.
Pero primero debía de salir del bosque y buscar un sitio seguro donde esconderse para empezar a planear.
Se detuvo para inspeccionar su brújula, la había traído con la intención de usarla para ubicar la cabaña secreta en la que había pensado pasar la noche antes de abandonar la ciudad con su botín, antes de que sus planes fueran frustrados por su acérrimo enemigo. Aún podía alcanzarla. Ahí tenía mudas de ropa, dinero, más armas y un nuevo teléfono esperando, ya se había desecho del suyo, destrozándolo contra un árbol para evitar que pudieran rastrearlo por ese medio. Conocía bastante bien esta zona del bosque, la había usado para esconderse una vez que salió de la cárcel, era una ventaja sobre sus enemigos, que iban a tardar en ubicarlo. Pero debía llegar rápido, antes de que trajeran ayuda para buscarlo.
Apretó el paso, ayudándose con la linterna a la que le quedaba poca batería. Para alguien inexperto, encontrar esa cabaña sería una tarea casi imposible pero él había aprendido a sobrevivir allí, podía reconocer ciertas zonas gracias a marcas naturales que había memorizado en su estadía allí. Y sabía que estaba cerca.
Unos diez minutos después alcanzó a divisar la discreta construcción escondida entre los árboles. Era una cabaña sencilla, con solo dos habitaciones y dos ventanas de madera pequeñas para vigilancia. Había dado con ella gracias a uno de sus contactos, al parecer era un lugar que varios villanos y otros criminales utilizaban para diferentes fines, desde fiestas desenfrenadas hasta escondite de la policía. Un vistazo alrededor le dejó saber que nadie había estado ahí en un tiempo, quien se la había facilitado había cumplido su palabra, perfecto.
Abrió la puerta y entró, cerrando tras él. Con la linterna empezó a buscar la puerta secreta en el suelo, debajo de una vieja alfombra de oso. Al ubicarla, la abrió hacía arriba, sonriendo maliciosamente al encontrar ahí dentro lo que esperaba. De inmediato se quito la ropa y el calzado que traía y se cambio por la nueva, también recogió un juego de cuchillos para lanzar que reemplazarian parte de los que había perdido en el camino, un arma con más munición, el teléfono celular y dinero suficiente para subsistir en lo que seguía planeando. Ahí también se hizo con un mapa que era para saber cómo salir del bosque por varias rutas alternativas, partiendo desde ese punto donde se encontraba la cabaña.
Con una enfermiza sonrisa de satisfacción porque parecía que todo iba a salir a su favor al final, el joven almacenó todo en una mochila a excepción del arma, la brújula y el mapa y salió de la cabina para dirigirse al sendero que lo sacaría del bosque.
Los equipos de búsqueda llegaron finalmente, y se dividieron en varios grupos para abarcar el mayor territorio posible. También había un helicóptero de la policía y uno de las noticias que serviría de ayuda a pesar de que había ido solo para seguir el caso para la televisión. No tenían idea de cómo se habían enterado, y Ray tuvo que detener a Henry de pedirle al equipo de noticias, no muy amablemente, que se largaran de allí.
El joven no quería exponer así a su novia, tampoco a su familia, y con lo alterado que estaba, Ray no podía culparlo de casi querer golpear al periodista por hacerle preguntas sobre los implicados que solo intentaban crear polémica. Ray se arrepintió de no golpear al periodista el mismo cuando insinuó que tal vez había algo entre el criminal y la víctima y que por eso había querido tomar venganza, porque Henry un poco más y lo estrangula. Pero pudo detenerlo de cometer un asesinato, y le ordenó al periodista de forma amenazadora que tuviera cuidado de las preguntas que formulara si no quería salir él como víctima en las noticias.
Al ver el rostro encendido de furia del héroe más joven y como sus ojos se fijaban en él de forma amenazante, el sujeto accedió a ser más cuidadoso. Y también convenció de ello al canal de noticias.
Solo se les permitió revelar un poco de información, como que una persona se había perdido en el bosque debido a que huia de un peligroso criminal que la había tomado de rehén. Si dieron el nombre de Steven Sharp, por si conseguía escapar de algún modo, que pudieran reconocerlo.
Schwoz había regresado a la Capi Cueva después de dejar a Charlotte con su padre en el hospital para que lo atendieran, junto a Jasper como apoyo moral y emocional, también para mantenerla al tanto a ella de lo que ocurriera mediante él,mientras él científico se ocupaba de ubicar las últimas coordenadas en las que el teléfono de Steven había sido utilizado por última vez.
Cuando lo consiguió, iba pasarselas a Henry pero antes de hacerlo, conociendo al muchacho y de lo volátil que estaba, decidió pasárselas mejor a Ray.
—Schwoz nos envió las coordenadas —anunció a su amigo por el comunicador.
Se habían separado para ir uno en cada grupo encargado de buscar al criminal en específico, siguiendo las indicaciones del héroe más joven de lo que recordaba de la persecución. Primero no quiso revelarle que sabían de las coordenadas y encargarse él de todo, pero sabía que eso enfurecería a Henry y crearía una brecha entre ellos, por eso decidió aunque sea revelarle que podían seguirle el rastro.
—Envíamelas —pidió el joven.
Hubo una pausa larga del lado de Ray que lo hizo ralentizar el paso.
—Capitán, envíame las coordenadas —insistió.
Ray suspiró antes de hablar.
—Yo me encargaré de él, He... Kid —decidió el Capitán Man.
Eso hizo al joven detenerse en seco con el ceño fruncido.
—¡¿Qué?!
Los del equipo que estaban con él giraron la cabeza al oírlo exclamar tan ofuscado.
—¡Eso no es lo que acordamos! ¡No es lo que me prometiste! —protestó el joven héroe, alzando la voz.
—Yo no prometí nada, Kid, y tampoco estuve de acuerdo con tu idea —señaló el más grande—. Pero puedes quedarte tranquilo que yo no lo dejaré escapar.
Sus fosas nasales flamearon como las de una bestia furiosa y apretó los puños con tal fuerza que el material de sus guantes rechinó en la relativa calma a su alrededor. El equipo había detenido su marcha porque esperaban al héroe y no dejaban de enviar miradas curiosas en su dirección y cuchichear entre ellos.
Henry chasqueo la lengua y cerró los ojos, rascándose el punto entre los ojos mientras trataba de calmarse. Entendía porque Ray había creído prudente actuar de esa manera, sabía muy bien que de encontrar a Steven, no iba a capturarlo amablemente ni ser cortés al esposarlo. Todo lo que quería era golpearlo hasta saciar su furia.
Ray lo sabía y por eso estaba siendo precavido, pero Henry no iba a dejar al acosador y secuestrador de Charlotte en las manos de nadie más excepto las suyas. Abrió los ojos y sacó una tablet de su cinturón utilitario. Esa era especial, su novia se la había obsequiado.
Estaba enlazada a la computadora de la Capi Cueva, podían acceder a ella por medio de esa tablet si alguien le permitía el acceso, pero su siempre ingeniosa Charlotte le había agregado una función interesante de emergencia.
Sin dudarlo, encendió el aparato e ingresó a la computadora de forma remota. En la Cueva, Schwoz vio que se trataba de Henry queriendo acceder a la información, y como sabía lo que intentaba hacer, simplemente le negó el ingreso.
Con lo que no contaba era que con un programa especial pudiera hackear el sistema. Era para alguna ocasión en la que no hubiera nadie capaz de permitirle el acceso, en realidad, pero imaginaba que a su novia no le importaría.
La computadora de la Capi Cueva se volvió loca, los monitores empezaron a fallar, algunos hacían estática, otros cambiaron a videos aleatorios de internet y otros se llenaron de números y letras ininteligibles que iban cambiando. Schwoz se movía sobre la consola de un lado al otro con desesperación, tratando de resolver el problema. Alguien estaba tratando de robar información, y creía saber quien.
Mientras tanto, Henry tenía la mirada enfocada en la pantalla de la tablet en sus manos. Varías barras de carga aparecían, llenándose en segundos y dando paso a otras barras de carga, permitiéndole el acceso a cientos de datos almacenados allí, hasta que el programa le permitió un ingreso exitoso a los archivos. El joven no dudó en dirigirse al que más le interesaba.
Guardó las coordenadas de Steven y las ingresó a su propio GPS, luego abrió el mapa y trazó un camino desde su posición hasta la indicada por las coordenadas.
—¿Kid? ¿Sigues ahí? —preguntó preocupado Ray al no oír nada.
—Sí, pero no por mucho —respondió Henry, enderezandose.
Ray se detuvo y achicó los ojos.
—¿De qué hablas?
—Como dije, yo me encargaré de Steven —repitió con determinación antes de cortar la comunicación.
Apagó el aparato de transmisión y se volvió a mirar al grupo.
—Continuén con la búsqueda de la Señora Page, yo tengo que ocuparme de algo.
Nadie objetó nada, inseguros de su reacción si alguien se atrevía a cuestionarlo, y solo lo vieron darse la vuelta y alejarse de ellos entre la espesura de los arboles, checando la dirección en que iba en la tablet que llevaba con él.
—¡¿Kid?! ¡Responde! ¡¿Kid?! ¡Maldición!
Ray siguió murmurando frustrado y preocupado mientras intentaba ponerse en contacto con el joven de nuevo, sin éxito. Hasta que su comunicador se encendió de nuevo.
—¿Kid? —preguntó esperanzado.
—No, Schwoz.
Ray bufó molesto.
—Schwoz, ahora no puedo hablar, perdí la comunicación con Henry y tengo miedo de que este por hacer algo estúpido.
—Ya lo hizo.
—¿Qué?
—Uso su tablet para hackear el sistema de la computadora de la Capi Cueva y descubrió las coordenadas de Steven —reveló el científico.
Ray masculló un improperio nada característico de él.
—¿Cómo rayos supo hacerlo?
—Con el programa especial que Charlotte le instaló, creado por ella —al responder aquello, Schwoz no pudo evitar que una pizca de orgullo se filtrara en su voz.
Él le había enseñado muchas cosas como esas y ver los resultados lo llenaba de orgullo y alegría.
—¿Puedes rastrearlo?
—También deshabilitó el rastreador.
Ray apretó los dientes, luego exhaló resignado.
—Intentaré ir tras él, ha ido tras Steven, espero llegar a tiempo antes de que haga alto tonto.
Ray cortó la comunicación con Schwoz y se volvió a mirar a su equipo.
—Continuén la búsqueda, ire a apoyar a Kid con algo.
Sin esperar respuesta, Ray salió corriendo en dirección a las coordenadas que Schwoz le había proporcionado, rogando internamente que Henry no fuera a alcanzar a Steven antes que él.
Bueno, ya me encargué de dos cosas, el padre de Charlotte y el perro, ahora solo faltan su madre y Steven. Aún no sé cómo reaccionará Henry a otro encuentro con Steven y como concluirá todo, así que cuando lean sobre eso, sepan que será una sorpresa tanto para ustedes como para mí.
Hasta la próxima, see ya!
H. C.
