N/A: lo siento! Llego muy tarde?
Brick: sí. No importa, mi socio se olvidó una nota en el último capítulo. Acláralo tú, no pienso limpiar tu desastre!
Yo: OK, OK! No tienes que ponerte agresivo! La Zampakutou de Busshu Namekuji, Soji to Rasshu significa Salvia y Junco.
Brick: por otro lado, este capítulo es nuestro regalo atrasado de Reyes, o eso parece.
Yo: algo tarde, ya sé, pero mejor tarde que nunca, verdad?
Brick: bien, finalmente podemos ir al capítulo, ya era hora!
Capítulo 29
El monte del monje perdido
-¡No te saldrás con la tuya, Yusei!
Renji se cuadró frente a su ex subordinado, procurando proteger a los oficiales a su cargo actual con su cuerpo.
-No sé si entendí, teniente. ¿A qué se refiere con salirme con la mía?
-¿Eres idiota o qué? –Renji parecía exasperarse más a cada segundo, al mismo tiempo que comenzaba a perder la paciencia-. ¡Obviamente eres responsable de esa explosión de antes!
-¿Qué, eso? –el chico peliblanco pareció dubitativo por un instante, hasta que sus ojos se abrieron con impresión, pero a Renji todo le resultaba un acto fingido-. ¡Ah, esa explosión! Bueno, mi equipo es algo... ruidoso, lo siento. Pero no era eso de lo que quería hablar con usted, teniente.
-¡Atrás todos! –Renji hizo una señal para que los demás se alejaran-. Mira, no me importa lo que pretendas, o lo que sea que quieran tus amiguitos descerebrados. ¡No permitiré que sigas adelante! ¡Ruge, Zabimaru!
-Con que ésas tenemos, ya veo –Yusei suspiró con lo que parecía auténtico pesar, pero nadie podía saber si era real-. No quería tener que hacer esto, pero si no va a escuchar... no tengo más opción que darle algunos golpes en la cabeza, y cosechar su alma en el proceso. ¡Aprende, Soryo no Tsue!
Yusei liberó su propio Shikai, pero Renji estaba preparado, o todo lo preparado que podía estar, con la poca información que tenían sobre las habilidades del chico. Lo que parecía ser un trozo de caña se partió en pedazos, antes de explotar en una exhibición de luz cegadora. Cuando la luz se hubo apagado, Yusei sostenía un delgado bastón multicolor, aparentemente inofensivo, pero que vibraba con poder contenido.
-Debo tener cuidado –se dijo Renji para sí mismo, apretando la empuñadura de Zabimaru con fuerza-. Si lo que dijo el capitán es cierto, su fuerza es tan impredecible como la conducta de su portador. Sólo espero poder acabar con esta pelea sin tener que gastar toda mi energía, aún no sé qué está sucediendo en el Juzgado...
-Antes que nada, teniente, debo advertirle una cosa –Yusei interrumpió sus cavilaciones, dando un paso hacia delante-. Debe saber que no tengo intenciones de causar daño. Si se rinde ahora, le prometo misericordia.
-¡Puedes tragarte tu misericordia por lo que me importa! ¡Si dijeras la verdad, no deberías estar en el camino! ¿Ni haber participado en el ataque a la Central, en primer lugar!
-Eso era inevitable, debe entenderlo. –Yusei suspiró, aparentemente cansado de la ignorancia de su ex teniente por el asunto, pero a éste no podía importarle menos en ese momento-. Incluso si tuviera un voto en el asunto, Ryo y Eiji son los jefes actuales de mi grupo, y no conviene llevarles la contraria. Además, la mayoría estuvo de acuerdo, yo sólo me uní a la corriente. ¿No es lo que hace todo el mundo?
-Pues yo prefiero seguir la corriente de los Trece Escuadrones, ¿entiendes eso? Y no tiene nada que ver con esto. Si sabes lo que es bueno para todos, te harás a un lado y nos dejarás pasar. Si no, tendré que golpearte hasta que cambies de opinión.
-Lo lamento. No puedo permitir eso. Sólo espero que pueda perdonarme más tarde.
Cansado de su cháchara, Renji cargó hacia delante, ya sin poder contenerse más. Había perdido la paciencia. Yusei era impredecible, o eso parecía; pero si iba a interponerse en el camino, loco o no, ignorarlo no era una opción.
Yusei se hizo a un lado, esquivando su golpe con suma facilidad. Renji estaba por lo menos sorprendido; era verdad que nunca lo había visto en acción, pero su apariencia de joven atolondrado y adulador, poco interesado por pelear y más por conocer las historias de la sociedad de almas, lo habían convertido, a todas luces, en un shinigami regular y falto de talento. ¡Qué equivocada resultó ser esa imagen!
-No me gusta pelear, hablo en serio –dijo el peliblanco, entre enfadado y consternado-, pero no me deja otra opción, teniente. ¡Estilo del Arroyo, Danza del Monje Aprendiz!
Renji había sido avisado de antemano por parte de su capitán sobre un ataque de nombre similar, que consistía en dañar sutilmente a su objetivo con un disparo de agua concentrada. Pero Este ataque era diferente, por eso apenas fue capaz de esquivar los primeros golpes, pero Yusei era demasiado rápido para él. Giró a su alrededor en medio del aire, produciendo pequeños remolinos de agua que le daban nuevo impulso, mientras aporreaba al teniente con su Zampakutou a quemarropa.
-¡Hey, eso duele! ¿Qué rayos te pasa?
Renji saltó hacia atrás, colocando una buena distancia entre ambos y acariciando su cara ahora morada, aunque mayormente en buen estado.
-Apuesto a que no adivina lo que haré. El capitán tendría la precaución de observar con atención y prevenir cada golpe. Veamos cómo le va con esto. ¡Estilo de la Cascada, Caída Libre!
De repente, Yusei plantó su arma en el suelo, provocando un temblor. Renji apenas pudo evitar caerse, pero el ataque en sí acabó por arrojarlo fuera de control, ya que el suelo bajo sus pies se partió, creando un acantilado de la nada que se partió a su vez por el medio, escupiendo una cascada propia, con fuerza suficiente para mandarlo lejos. Sin tiempo para reaccionar, se deslizó hacia atrás a toda velocidad y, cuando comenzó a caer al vacío, su mano libre atrapó un peñasco, pero resbaló de todos modos. Desarmado su Zampakutou en varias partes, utilizó su función a largo alcance, como la cuerda de un escalador, alcanzando un precario punto de anclaje en una roca al costado.
-Demasiado fácil, teniente. Esperaría que supiera anticipar mis ataques. Qué mal.
-¡Espera! ¿Qué pretendes?
-Probar su capacidad. Pero por ahora, adiosito.
Yusei lo examinaba con una mirada condescendiente, desde una decena de metros por encima de su cabeza, haciendo girar su Zampakutou casi distraídamente. Sin otra advertencia, el bastón brilló, antes de tocar la roca que lo mantenía sujeto, la cual acabó por explotar, lanzándolo finalmente al vacío.
Cuando volvió a abrir los ojos, su Zampakutou yacía a su lado, debidamente activa por si acaso. Estaba de cara al cielo en mitad de una enorme cadena de montañas. Un dolor atroz se manifestó en toda su espalda cuando consiguió erguirse, y sólo se hizo peor poco después.
-Maldición, Yusei, cuando te encuentre, te enseñaré una o dos cosas. ¡Qué gran tramposo!
Renji gritó de dolor, sujetándose el costado y cayendo de rodillas. El rojo impregnó su mano, y tuvo que improvisar para curar la herida. Olvidando su entrenamiento con Kido, sólo atinó a arrancarse un trozo de su capa de oficial y atarla apretadamente alrededor de la fea herida.
Incluso cuando el sangrado se detuvo, el dolor no desapareció. Ni siquiera el agua que corría de la cascada a su lado, que ahora parecía tener varios kilómetros, no ayudó. Se salpicó la cara con ella, pero la frescura no consiguió calmarlo. Su frente había comenzado a arderle, y no importaba cuánta agua helada se colocara, no mejoraba la situación.
-Bueno, ¿qué es lo peor que podría pasar?
Renji no tuvo más remedio que echar a caminar, siempre alerta ante el más mínimo movimiento, con Zabimaru a su lado y procurando un trote que no era ni una carrera ni una caminata suave por la extraña cadena montañosa salida de ninguna parte.
-¿Dónde te escondes, Yusei? ¡Sal ahora y pelea!
El eco de su voz fue su única respuesta, rebotando por laderas y acantilados sin fin, perdiéndose a lo lejos.
-¡Oye, no tengo todo el día! ¡Sólo muéstrate y ya!
Se detuvo ante el lado de una colina, pero el enemigo no estaba por ninguna parte. Su reishi parecía haberse esfumado con el viento del paisaje. Pero Renji sabía cómo se veía el Seireikei, y la cadena montañosa era, adivinó, producto de los poderes de Yusei o de su Zampakutou, y era cuestión de tiempo para que saltara de la nada y lo apuñalara por la espalda. Bueno, no literalmente, pero el significado estaba allí de todos modos.
Ayudándose a sí mismo tanto con su mano libre como con Zabimaru, escalar no le costó ni demasiado tiempo ni esfuerzos considerables, y cuando se hubo alzado por la última cornisa, se sorprendió en una enorme cima.
Tras recuperar el aliento, continuó corriendo, con bríos renovados. La herida parecía estarse cicatrizando, pero el dolor todavía lo hacía gruñir cuando la tela rozaba la piel en la venda improvisada cada vez que olvidaba que estaba allí.
-¡Tiene que estar cerca! No sé a qué rayos está jugando conmigo, pero lo encontraré y le daré mi opinión sobre arrojar a la gente por cascadas, Dios.
A lo lejos, podía divisar algo. Apretó el paso, y pronto descubrió lo que era: una especie de templo de colores grises en mitad de la cima.
-¿Estás aquí? Buen intento, pero tu escondite no me impresiona, ja...
Al entrar, sin embargo, pudo comprobar que el interior estaba tan vacío como el resto de todo. El templo era una pequeña estructura aparentemente construida a partir de la misma roca del paisaje, erguida sobre un centenar de columnas con kanjis y pinturas de animales en posturas marciales o de meditación, algunas apenas un par de trazos torpes en la roca, casi indistinguibles, otros diminutas obras de arte, algunas incluso cómicas o tristes, como si unos niños hubieran irrumpido un día allí con pinceles y pinturitas de colores. Bueno, quizás no todas las imágenes eran así, pero la mayoría lo eran, incluso algunas tenían estilos manga o similares, mientras que otros parecían antiguas tallas.
-Está bien, admito que estoy desconcertado. ¿Quién diría que el chico hiperactivo sería un friki de las artes?
No pudo evitar acariciar las tallas, algo que probablemente Rukia hubiera podido apreciar mejor que él, pero en aquel paraje aparentemente solitario y olvidado por los espíritus, vivos y muertos por igual, comenzaba a aburrirse y a sentirse sinceramente abrumado. A un lado, las columnas se detenían abruptamente, y se abría lo que le pareció una suerte de ventanal gigante, por el que era posible otear el horizonte.
De repente, una de las tallas, con forma de un ciervo con las patas delanteras alzadas contra las de un gorila, pareció vibrar al contacto y, tras sentir como si acabara de encenderse en llamas, retiró la mano, retrocediendo con temor mal disimulado.
Pero en lugar de Yusei o un estallido mortal, lo que sucedió fue algo completamente diferente.
En la imagen frente a él, ambos animales bajaron sus patas delanteras; a un lado y en el suelo, se abrió un pasadizo circular como una enorme boca de bestia, que daba a paredes cilíndricas subterráneas, escarbadas para parecerse a escalones. Renji se encogió de hombros y, sin tener ninguna idea mejor para seguir adelante, repitió sus movimientos anteriores, nada más que ahora fue hacia abajo, por el interior del templo y de la montaña.
Al aterrizar en el suelo, varias decenas de metros más abajo, en una habitación similar a la primera, con hileras interminables de columnas de piedra cubiertas de tallas de animales y kanjis extraños, tuvo la sensación de que Yusei pretendía o bien fastidiarlo hasta hacerle perder toda su paciencia y arremeter como un loco por aquí y allá, algo que hubiera hecho Ichigo, o él, si fuera Ichigo; o bien intentaba mostrarle o decirle algo, pero dudaba de que condujera a un final sin que alguien resultara potencialmente herido o muerto.
-Bueno, no sé qué habrás hecho con los demás, o si siguen vivos. Tampoco si estás intentando jugar con mi cabeza por alguna razón retorcida, pero no me importa. ¡Ya lo tengo! ¡Ruge, Zabimaru!
En lugar de elegir entre las dos opciones anteriores, entre enloquecer o dejarse conducir por estos parajes como una marioneta, optó por crear su propia opción, una tercera opción que, a falta de algo mejor, era una mezcla de las demás. Así que irrumpió por los pasillos abiertos entre las interminables columnatas talladas, corriendo y frenando cuando una sombra se parecía ominosamente a su adversario; giraba en una esquina y levantaba su Zampakutou en el aire, extrañamente para nada sofocante pese a estar encerrado bajo tierra, y esperaba cinco segundos, preparado para un ataque a traición. Pero nadie le salió al encuentro. Yusei parecía haberse esfumado de este entorno ni opresivo ni tranquilizador, ni alentador ni temible, sólo solitario y vacío.
-¿Qué está esperando ese idiota? Quiero decir, ya sé que no conozco sus habilidades, ni lo que hace su Zampakutou ni nada, pero ¿aislarme para que me vuelva loco? ¿Es en serio? ¿Es todo lo que tiene el muy traidor? Rayos, incluso los quincys invasores eran más inteligentes que esto.
Hubo un momento en que se distrajo y una sombra cayó por encima de su hombro. AL darse la vuelta, sinceramente asustado e inquieto, descubrió una fuente en mitad de una habitación circular, tan circular como todo por allí.
Sólo era capaz de ver su entorno gracias a que las bocas del techo permitían que la luz entrara a raudales por prácticamente todas las superficies, de una forma inexplicablemente bella. En este caso, la luminosidad del exterior reveló una fuente seca y agrietada, con decenas de tallas en los bordes. Cuando Renji se acercó un paso, saltó hacia atrás al pisar una de ellas, ya que estaban al nivel del suelo, y cuando la rozó, todas comenzaron a temblar.
Las tallas se elevaron juntas, pasando de ser meras imágenes en la roca a estatuillas del tamaño de sus manos, todas sentadas o aculcilladas, como si se tratase de la representación de una asamblea de animalitos de arcilla o piedra.
-Vaya, ya ni siquiera sé de qué están hechas estas cosas.
De pronto, empezó a llover. Renji tuvo que cubrirse la cabeza para evitar mojarse, pero ni siquiera eso evitó quedar salpicado. Llovía a cántaros por las bocas o entradas en el techo, pero extrañamente la habitación no se inundó, y las paredes a su alrededor permanecieron secas. En cambio, la fuente se llenó rápidamente,y las bocas diminutas de las figuritas hicieron levantar el resto del agua que fluía hacia la fuente, a la vez que calentándola y creando una nube de vapor.
-Vaya, tiene un jacuzzi y todo. Por lo menos no se queda corto en eso –comentó con sorna.
Su sonrisa decayó por lo que vio a continuación. Abrió los ojos como platos, y tuvo que retroceder, hasta que acabó chocando con una de las paredes. Si en ese preciso momento, Ichigo hubiese salido de una de las pinturas en las paredes, o de una de las estatuillas de la fuente, para preguntarle por el estado del tiempo, no se habría sentido más sorprendido. ¡El vapor estaba vivo! ¡Se movía por sí solo y creaba imágenes nuevas! ¿Y por qué tenía la sensación de que no se trataba de una simple ilusión?
-Si es una ilusión, es una muy buena.
Se acercó nuevamente a lo que ocurría en el vapor flotante, que era succionado a grandes velocidades por las bocas de las estatuillas, antes de volver a la fuente por sus manos y orejas en forma de chorros de agua líquida, antes de repetir el proceso, una y otra vez.
Lo que vio sucedía a gran velocidad. Sólo pudo distinguir escenas inconexas, incomprensibles la más de las veces. Guerras entre shinigamis del pasado o del futuro, estrellas que estallaban y se formaban, que morían y nacían o renacían, lunas que eran partidas en pedazos antes de estallar, cascotes gigantescos que chocaban entre sí antes de llover en millones de fragmentos en mitad de remolinos de energía, batallas entre, supuso, guerreros del mundo de los vivos, animales que corrían en una selva o un bosque, una isla absurdamente enorme y extraña que se partía en varios enormes pedazos sobre corrientes inconmensurables de agua, diluvios y lo que Chad o Uryu le contaron alguna vez que eran glaciaciones del mundo de los vivos, seres indescriptibles y desconocidos que volaban en todas direcciones en medio de una negrura sin fin...
-Lo creas o no, todo lo que ves es real. Tan real como tu misma existencia. Tan real como tú y como yo.
Renji fue sacudido por una voz profunda pero tranquila, con tono de anciano. Al darse la vuelta, un hombre menudo y completamente calvo, de ojos grises y sonrisa amable, con una túnica blanca con rayas horizontales verdes en la cintura y el pecho, yacía de rodillas a su lado. Un delgado bigote del mismo gris de sus ojos resaltaba su sonrisa.
-¿Q-quién es usted?
-No temas, Renji Abarai. No soy tu enemigo.
-¡No te tengo miedo! ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Yusei te lo dijo? ¿Te envió él?
-Uh, evidentemente, no estás calmado y sí bastante asustado. No me lo ha dicho Yusei, sé tu nombre porque está escrito entre estas paredes; de hecho, apareció en una de las columnas de este templo desde el mismo momento en que entraste. Y no, no me envía tu actual oponente, tampoco soy tu enemigo. ¿Puedes confiar en mis palabras?
-Bueno, bueno –Renji procuró serenarse, aunque fracasó estrepitosamente, por lo que acabó teniendo que sentarse en el suelo frente al extraño anciano con aspecto de monje-. Así que este templo de alguna manera supo cómo me llamo, gran cosa. Y sí conoces a Yusei, ¿cierto?
-¿Cómo no iba a conocer a mi más querido y antiguo alumno de la Antigua Montaña? –para su sorpresa y alivio, el anciano se echó a reír.
Su risa suave y su voz gastada le dijeron a Renji que, pese a todas sus sospechas, incluso si aún se mantenían en pie, no podían impedirle ceder ante la arrolladora simpatía de este desconocido.
-Está bien, admito que me sorprende gratamente que alguien como tú esté aquí.
-¿A qué te refieres? ¿Alguien como yo, en qué sentido?
-Un poderoso teniente de los Trece Escuadrones. Y uno de los mejores amigos de Ichigo Kurosaki, ¡además!
-Bueno, bueno, anciano, ya no me la creeré si me dices que Yusei no te habló al respecto de mí. Te habló de Ichigo. ¿Y eso qué?
-Desde estas montañas, y desde este templo, un humilde monje puede saber muchas cosas. ¿Ves eso? –le señaló el vapor aún flotante en la fuente-. No me dirás que no has aprendido algo tras mirar en la Olla Infinita.
-¿Qué? –Renji se sintió confundido por un momento, hasta que captó la dirección de su dedo-. ¡ah, eso! ¿Así se llama esa cosa?
-¿A que parece una fuente de los deseos del mundo de los vivos?
-Eh, no lo sé, no soy un experto al respecto. Hmm, ¿quizás?
-¡Bueno! –el anciano aplaudió sonoramente, haciendo temblar las paredes, y el vapor empezó a desaparecer por fin, dejando a la fuente únicamente llena de agua líquida-. Dime, ¿qué cosas has visto ahí?
-Muchas. Creo que algunas las he aprendido en la escuela de Ichigo o gracias a Uryu, Orihime y Chad, pero... Un momento, ¿por qué le estoy diciendo esto?
-No somos enemigos, sólo conocidos –lo atajó el anciano, quitándole importancia al asunto-. Ahora bien, ¿sabes lo que significan las cosas que acabas de ver?
-No sé. Y no veo por qué de repente es tan importante.
-Piénsalo. Has recorrido un largo camino hasta aquí. ¿Por qué?
-Obviamente, para encontrar a Yusei y darle un puñetazo en su estúpida cara.
-Entonces, no tienes ni idea, ¿hm?
-¿Se está burlando de mí?
-Sólo lamento que no estés intentando entender lo que quiero decir. ¿La cascada por la que caíste? ¿Esta montaña y este templo?
-Ya, creo que acabo de perder la cabeza. ¡Ya está bien, payaso! –Renji se puso de pie, elevando la voz repentinamente furioso y frustrado-. ¿Sabes qué? ¡Ya terminé de jugar! ¡deja de ser un cobarde y sal para que pueda golpearte adecuadamente!
Un tenso silencio fue su única respuesta, como antes, y sólo consiguió que perdiera la paciencia finalmente, pateando una de las estatuillas de la fuente por puro despecho, y haciéndola volar por los aires acrobáticamente, antes de desaparecer en lo profundo de la fuente con un chapoteo.
-Eh, ¿rompí algo importante?
El rostro imperturbable de su actual interlocutor, repentinamente tan severo como el de su ex Capitán Comandante, le regaló una mirada desaprobadora.
De pronto, la fuente burbujeó como una olla a presión, y la figurilla antes lanzada a su interior salió disparada como un proyectil hacia su cara, tirándolo al suelo.
Eso arrancó una risotada inesperada del extraño anciano, que empezó a rodar por el suelo de histeria. Eso terminó de convencerlo al teniente. Incluso si hubiese perdido de veras la cordura, sabía que ni siquiera él sería capaz de producir un ente tan extravagante y loco como aquel anciano.
El monje dejó de reír y rodar a su lado, a la vez que la figurilla, que ahora comprobó que era de arcilla, aterrizaba en su mano con fuerza. Al mirarla más detenidamente, el asombro lo descolocó.
-Oiga, viejo –Renji se atrevió a ponerse nuevamente de pie, enseñándole su premio-. ¿Qué hace una estatua mía aquí? ¡Oh, no me diga! ¡ya entendí, no fui yo el que perdió la cabeza, fue Yusei! ¡Por eso no pude encontrarlo!
-Claro. –El anciano frente a él no pareció impresionado, girando los ojos con fastidio-. ¿Crees que si ése fuera el caso, estaríamos aquí charlando tranquilamente?
-Eh, ¿sí? Quiero decir, ya sé que el pobre nos idolatra al capitán Kuchiki y a mí, ¡pero esto es el colmo! ¡Ya sé, debe haber una figurilla del capitán por aquí! ¡Yusei estará tan avergonzado cuando lo sepa que se rendirá solito!
-¿Podrías recuperar el coco por un segundo? –el anciano se separó de un pelirrojo en shock-. ¡No entendiste nada!
Renji se frotó una quemadura en su mejilla izquierda. Sólo entonces, registró el sonido y la bofetada adecuadamente, como si retrocediera en el tiempo, como un casete al que se le ha salido la cinta de lugar.
-¡Auuch! ¿Por qué tuvo que golpearme?
-Eso no importa. Está bien, pongámoslo de esta forma. Debes juntar todas las piezas en las próximas cinco horas, o nunca podrás salir de este sitio, ¿eso te parece más estimulante?
Renji abrió los ojos como platos una vez más, y su boca hizo una O más grande que su cara por ello.
-¡Era broma! –el anciano se lanzó a una nueva carcajada histérica una vez más, y Renji sólo consiguió abrir más aún la boca, todavía en estado de shock-. No tienes cinco horas, sólo dos.
Con eso, su mandíbula tocó el suelo.
-No es cierto. ¡No puedo quedarme aquí para siempre! ¿Tengo que regresar! ¡Si me quedo aquí, si me quedo aquí... nunca sabré si Ichigo sigue con vida!
-¡Entonces será mejor que pongas a trabajar lo que sea que tengas por neuronas en ese duro coco y ya!
-¿Qué?
-¡Es más, te daré una pista! ¡más no puedes pedir!
El monje saltó sin esfuerzo hacia la fuente ahora en calma, y comenzó a luchar con otra figurilla. Acabó por desistir de arrancarla con las manos, y comenzó a masticarla, y fue el turno de Renji para echarse a reír, también una vez más.
-¡Lo logré! Ten.
El calvo le arrojó la estatuilla mordida y algo salivada, y resultó ser del propio Yusei.
-Wow. Yo no pude hacerle una muesca ni con mi mejor patada, ¿y viene un ancianito a vencerme?
Renji no sabía qué lo sorprendía más, que su enemigo actual tuviera una estatuilla con su propia forma en una especie de paisaje creado por él mismo, o que aquel anciano, sacado de una visión en vapor caliente, consiguiera ridiculizarlo, ¡y eso que no era Ikaku!
-¡Rayos y centellas! ¡Recórcholis! –de repente, el extraño anciano saltó sobre él, empezando a darse de cabezazos en la columna sobre su cabeza-. ¡cabeza de alcornoque! ¡Gorila descerebrado! Yo estaba sinceramente feliz de tener a un auténtico shinigami en mi templo, un teniente nada menos, ¿y qué obtengo? ¡Preferiría volver a mi tranquilidad solitaria, sin gente como tú cerca! ¡yaaaaaahh!
Renji cerró su boca todavía bien abierta, luchando mentalmente entre reírse más aún de las locuras del extravagante monje que lo acusaba de ser un idiota, y acusarlo a su vez de insultarlo. Sólo atinó a negar con la cabeza, sintiendo el peso de ambas figurillas en sus manos.
-Bueno, algo sí entendí –lo atajó Renji, una vez se le hubieron bajado los humos, y mientras procuraba poner algo de distancia, observando indeciso la columna destrozada sobre ambos-: usted está tan loco como Yusei, eso seguro.
-Tú resuelve el maldito acertijo y déjame en paz. ¡Tengo que reemplazar esas tallas del demonio!
Renji estaba a punto de preguntarle qué se suponía que debía hacer a continuación, cuando el monje y el agua de la fuente comenzaron a difuminarse, antes de convertirse en vapor caliente y, de la nada, lo mismo que al principio, el lugar estaba tan vacío y la fuente tan seca como si nunca hubiese sido llenada. El vapor y lo que contenía se fueron por los agujeros en el techo.
-Si no entendí mal, y espero que no, porque de lo contrario, me tendré que aguantar a ese tipo el resto de mi vida –se dijo el pelirrojo para sí mismo mientras caminaba en círculos por la habitación-, estoy aquí por alguna razón, y no parece que Yusei se haya dado cuenta de nada. Pero ¿qué significa eso? ¿No se supone que él controla este lugar?
Sopesó ideas locas. Que si Yusei era una especie de vidente; que si el peliblanco era un nuevo protoRey espíritu; que si tanto él como su oponente habían perdido el juicio y, habiendo sucedido esto al mismo tiempo y durante una pelea mortal, había quedado atrapado en una fantasía ideada por aquel. Que si estaba soñando.
-No, eso no puede ser. Además, no recuerdo que el capitán Kuchiki mencionara nada sobre control mental –Renji se tiró del pelo, frustrado.
Luego, observó nuevamente ambas figurillas. La suya, con las manos en puños cruzados sobre el pecho, sin Zabimaru por ninguna parte; la de Yusei, una creación digna de un amante del manga del mundo de los vivos, con la cabeza más grande que el cuerpo y una sonrisa gigante en toda la cara, la parte superior casi partida a la mitad y con restos de saliva.
-Sólo estoy perdiendo el tiempo. Pero si las dejo aquí, tengo tanta mala suerte que lo más probable es que alguien más las encuentre y piense tonterías. Tampoco puedo tirarlas a la fuente u olla o lo que sea, incluso sin agua, temo lo que pueda ocurrir si intento tirar algo dentro.
Después, las hizo a un lado, recuperando a Zabimaru y sopesando sus opciones.
-OK, sin ideas, aburrido y condenado a la eternidad en este lugar loco. ¿Qué se supone que tenga que hacer?
Fue cuando se le ocurrió una idea. Parecía absurda, pero comenzó a repasar las demás estatuillas, que no habían desaparecido incluso cuando el agua y el anciano que venía con ella se fueron. Todas eran animales.
-¡Eso es!
Luego, se alejó de las dos que yacían en el suelo, para correr hacia ellas a toda velocidad, dándoles una patada con todas sus fuerzas, como antes.
Al igual que la última vez, no consiguió romperlas, pero ése no era su objetivo. Bastaba con que rebotaran por las columnas, hasta que cayeran hacia él, donde las recibió con un mandoble de Zabimaru.
-¡Toma eso, viejo loco! ¡A ver si tu acertijo aguanta mi ingenio!
Las figurillas se calentaron y se derritieron levemente, cambiando.
Un babuino y un mono. Uno rojo y uno blanco. Cayeron en sus manos, y agradeció que esta vez fuera sin ningún golpe en ninguna parte.
El agua regresó, cayendo por los huecos en el techo, volviendo a llenar la fuente. Cuando se llenó, el anciano no reapareció, un alivio bienvenido por el pelirrojo, que caminó hacia su centro, antes de meter los pies en el agua, que resultó estar helada ahora.
Las dos figurillas brillaron, y al mirar a cada una, vio dos cosas diferentes.
Se vio a sí mismo golpeando algo duro y mortal. ¿Qué? Una persona gritaba a lo lejos. ¿Qué?
Cuando dejó la visión de su figurilla, se sumergió en la otra.
Un chico corría a través de un arroyo. Alguien le pisaba los talones, hasta que lograba alcanzarlo y tirarlo al agua. El mismo chico estaba trepando un árbol; pero alguien, probablemente la misma persona que la última vez, le arrojaba una piedra, quebrando la rama en la que estaba subido y lanzándolo al vacío. Finalmente, vio al chico, por tercera vez, corriendo junto a dos personas más que no consiguió diferenciar. Las tres siluetas parecían estar en medio de algo. ¿Se divertían? ¿Competían? ¿Luchaban? ¿Discutían? ¿Qué?
Cuando la última visión hubo terminado, las estatuillas habían desaparecido de sus manos y volvía a blandir a Zabimaru.
Cuando consiguió volver a abrir los ojos, el templo había desaparecido, y se hallaba ahora en otra montaña.
Cuando miró a su derecha, pudo ver la misma cascada creada por Yusei, y al mismo Yusei a su lado, tirando ocasionalmente piedritas al agua, aburridísimo.
-¿Ya volviste? Me alegro –se dio la vuelta, pero sus ojos ya no brillaban de alegría o curiosidad.
Una furia como de acero se instaló en su mirada. Sus ojos se habían endurecido como dos trozos de cristal en una caldera.
-Yusei, lo lamento –fue todo lo que consiguió decir.
-Te dejó ver mi pasado. Te permitió escucharlo y ver parte de tu futuro –escupió cada palabra con un veneno nunca antes sospechado en su voz-. ¿Cómo lo hiciste?
-No lo sé –admitió Renji, negando con la cabeza-. No sabía que fuera posible.
-¡Es el espíritu de mi maldita Zampakutou, teniente Abarai! ¡Era mi mente, mis recuerdos, míos! ¿Cómo pudo hacerme esto?
-Si te refieres a mí, sólo seguí mi instinto. Por cierto, lindo templo. Y las tallas tampoco estaban nada mal.
-Esto no tiene sentido –masculló para sí, repentinamente sin prestarle la más mínima atención, ensimismado-. Soryo no Tsue sólo ha hecho eso dos veces. Sólo le muestra el Camino a los elegidos. ¿Cómo alguien como usted pudo entrar?
-No me negaron la entrada, ya –Renji se encogió de hombros, ofuscado-. Ese anciano estaba loco, pero era fuerte. ¡Deberías haber visto cómo consiguió masticar tu figurilla! ¡Si existe un record por la dentadura más poderosa del universo, deberían dárselo!
-¿cállese! ¡Esto es completamente inaceptable!
-Pude aprender una cosa –aseguró el teniente, caminando hacia el ahora descolocado joven-. Tu lugar no está junto a los Cazadores. Eres un shinigami hecho y derecho, uno de nosotros; un oficial del Sexto Escuadrón. El capitán estaría orgulloso de ti, pero si te sirve de algo, no le diré nada. Podemos olvidar que todo esto ha sucedido, tú te irás por tu lado y yo me iré por el mío, y nadie tendrá que matar a nadie hoy.
-Dejé con vida a esos inútiles, ¿acaso eso no es suficiente?
-Si quedan sobrevivientes en la Central, no, me temo que no es suficiente –objetó Renji, sin malicia alguna en su tono-. Tenemos que comprobarlo...
-¡No queda nadie vivo! ¡Nadie sobrevivió a la explosión, nadie!
-Bueno, todavía puedes estar equivocado. Incluso si algunos empleados murieron, todavía podemos advertir a los demás. Ayúdame a terminar con esto, ayúdame a impedir una nueva guerra, una que nadie necesita.
-¡Miente! En cuanto le de la espalda, ¡me atacará!
-No haré eso, lo prometo.
-Me han mentido antes. Puedo soportarlo. ¡Pero tengo una misión que cumplir! ¡Aprende, Soryo no Tsue!
-Pero para eso, necesito que te calmes –Renji necesitó todo su autocontrol para no liberar a Zabimaru nuevamente, dejándose golpear por un látigo de agua-. ¡necesito que abandones al grupejo que está causando todos los problemas primero!
-¡Eso es imposible! ¡Eiji me prometió modificar los planes y objetivos si colaboraba! ¡Ya no puedo echarme atrás! ¡debo cosechar su alma, teniente!
-Está bien, pero no te lo pondré fácil. ¡Ruge, Zabimaru!
Incluso cuando arrojó a Zabimaru más allá del golpe de Yusei, rompiendo su protección invisible, la Zampakutou engañosamente inocua –o en apariencia inocua- del otro shinigami, se interpuso en el último segundo, si bien sin impedir del todo el ataque, por lo que Yusei obtuvo una leve herida en su frente.
-¡Ahora entiendo! –se rió Renji-. ¡igual que en el templo de antes, ese viejo masticó tu figurilla en el mismo lugar!
-¡No tienes control sobre nada! ¡Yo sí!
-¿Qué, ya no me llamas teniente?
-¡Aaaaah!
Renji esquivó sin esfuerzo los siguientes ataques de agua a presiones mortales, al punto de dejarse herir un par de veces por pura conmiseración. Las heridas no eran realmente importantes, lo más dañado resultaba ser su traje y su respeto por el joven delante de sus ojos.
-¡Recapacita, Yusei, es todo lo que te estoy pidiendo! ¡Creo que, a estas alturas, no es mucho!
-¡Nunca!
-Ya sé lo que era ese lugar. Tu propia Zampakutou me lo mostró. ¡Era tu interior, y estaba loco! ¡Tanto como tú, como ese ancianito! ¡Pero era una locura en buen estado! ¿Me entiendes? Me dijo que aún puedes volver al camino correcto, ¿entiendes?
-¡Ya es suficiente! –Yusei se detuvo, respirando con dificultad-. ¡cosechacruz!
El agua los rodeó en un pequeño tsunami. Renji no se dejó intimidar, pero algo le dijo que su adversario acababa de perder los papeles por completo.
-¡Espera! ¿Qué...?
Antes de que supiera lo que estaba pasando, Yusei se cubrió con aquel halo blanco, desapareciendo y reapareciendo a su espalda, donde el agua se disparó en una cruz diminuta sobre su columna, tirándolo al suelo.
Su cuerpo se puso rígido, y la humedad le supo a fuego.
-¡Oye, para de una vez!
-Así que viste las tallas, ¿eh? ¿Qué bien. ¡Porque te convertirás en una de ellas!
-¿Qué cosa? ¿Estás loco?
-No se mueva. Esto no dolerá demasiado.
-Oh, volviste a tus cabales, me vuelves a llamar teniente de nuevo. Pero esto... No creo que pueda...
-¡Silencio! Esto no es fácil, ¿de acuerdo?
Sin embargo, Renji consiguió patearlo y arrastrarse un par de centímetros hacia el lado opuesto. Allí, se puso de rodillas, mirándose las manos, ya sin Zabimaru cerca.
Sus manos. Sus pies. Sus piernas y su cintura. Una fina capa de algo parecido al coral o a la piedra caliza cubría cada parte que conseguía ver. ¡Estaba convirtiéndolo en piedra o arcilla!
-¡Oye! ¡No es justo!
-Es demasiado tarde para decir eso, teniente –Yusei se irguió sobre él, pero ni la satisfacción ni la locura enturbiaban su mirada, sino algo similar a la culpa-. Esto no era lo que yo quería, pero ya da igual. Da igual lo que queramos, mientras nuestros destinos se cumplan al final. ¿Recuerda algo de esas visiones?
-Te vi... con tus amigos... no sé cuándo ni dónde, pero... Yo también me vi. Estaba... luchando contra algo...
-Bien, ahora eso se hará realidad. Puede luchar contra la cosecha del alma cuanto quiera, no se detendrá.
-¿Qué sucederá conmigo?
-Su alma será absorbida por el hechizo Cosechacruz. No debería existir, pero existe, y hay que darle un uso. Así que yo cosecho su alma, y entonces sus poderes, recuerdos... todo lo que alguna vez fue suyo, desaparecerá.
-¿Moriré? ¿es eso lo que quieres decir?
-No del todo. Lo recordarán, eso no es morir. Pero lo recordaré.
-¿Qué es eso, el haiku que le dices a todos tus oponentes antes de darles el golpe final?
-No, no realmente. Pero podría serlo. Francamente, es la primera vez que no cosecho el alma de un enemigo declarado de los Cazadores.
-Entonces, ¿por qué yo?
-¿Bromea? El mejor amigo de Ichigo Kurosaki, Rukia Kuchiki o Uryu Ishida, por sólo nombrar a algunos. Un teniente poderoso y un buen amigo. Un buen guía.
-No puede ser –dijo Renji, temblando para resistir su final-. ¡No podrías saber las palabras exactas de mi último informe al Capitán Comandante!
-¿Por qué no? Dos de mis compañeros cazadores son buenos espías, era hora de que apareciera un tercero. Pero entonces, resultó que la fama era una pátina de jabón comparada con la realidad.
-Oye, no deseo que mis últimos momentos sean escuchándote insultarme, merezco por lo menos eso.
-Mala suerte, que el teniente tan seguro de sí mismo fuera una máscara. No pudo proteger a sus amigos, ni impedir la ejecución de Rukia Kuchiki. Pero era un shinigami leal y dispuesto a mejorar. ¡Tanto como un ser humano!
-¿Y qué te importa?
Renji sintió cómo las cuerdas bocales comenzaban a fallarle. Le costaba respirar, los pulmones le pesaban como dos piedras, le costaba ver.
-Me hizo querer ser alguien, alguien como usted. EL capitán Kuchiki es genial, pero ¿cuál fue la verdadera razón de unirme al Sexto Escuadrón? ¡Ser tan bueno como usted!
-Ya. Qué farsante, también... tienes... una... máscara.
-Se acabó el tiempo para usted, teniente, para todo el mundo. Adiós.
El hechizo cubrió por completo al teniente, mientras una enorme cruz roja se asentaba en su pecho, como una insignia o un tatuaje.
-Ahora, Soryo no Tsue, puedes aprender. Deja que se una a nosotros.
Su Zampakutou había hecho su trabajo. Sí, le había mostrado un gran poder al teniente Abarai, alguien a quien había llegado a respetar, incluso a admirar, pero ése era un capítulo más en el libro de su vida como Cazador. Uno más para pasar página, uno más que olvidar, para seguir adelante.
Sin embargo, cuando se dio la vuelta, un dolor repentino asaltó su pecho, obligándolo a caer de rodillas al suelo. Detrás suyo, la última talla de su lista, Renji Abarai, seguía sin ser absorbido por su Zampakutou. ¡Esto nunca antes había sucedido!
Fue cuando se dio la vuelta, lentamente y con un dolor infernal, que lo vio. La cruz en su pecho había comenzado a palpitar. ¿Qué? ¿no se había desvanecido? ¿Por qué no se había desvanecido todavía? Si lo hubiera hecho, eso habría corroborado que la cosecha estaba hecha.
De repente, tuvo que soltar su Zampakutou. El bastón se deslizó de su mano, y sus ojos se abrieron como platos, antes de que un estallido lo arrojara de espaldas. Frente a él, se elevó Renji Abarai, con su Zampakutou nuevamente en sus manos, mirándolo con determinación.
-¡Imposible! ¡Acabé con su fuerza vital! ¡Coseché su alma!
-Creo que te faltó terminar el trabajo. Quizás dudabas, ¿o será que no deseabas realmente acabar con la vida de tu teniente?
-¡Eso es absurdo! Eiji me advirtió de esto, pero no debería ser posible...
La cruz en el pecho de Renji había desaparecido, pero él seguía bajo el hechizo, apenas superado con su fuerza de voluntad. Esbozó una débil sonrisa, a pesar de tener que verse obligado a sonreír detrás de algo tan duro como la masilla.
-Si Ichigo supiera lo que me ha dado. Si pudiera verme ahora, sabría cuánto he mejorado. Si algo me enseñó, es a nunca rendirse. La fuerza de voluntad puede romper la piedra y doblar el hierro, ¿lo sabías? ¿Ruge, Za-bi-ma-ru!
A través del dolor y el esfuerzo titánico de tener que moverse a través de una placa endurecida de roca o de lo que fuera, Renji entregó su último golpe a Yusei, en medio del pecho.
Sin embargo, el peliblanco ni siquiera se inmutó. En cuanto recibió el golpe de frente, se detuvo. La fuerza vital del teniente se había agotado.
-Es increíble. Pero tenías razón, Soryo no Tsue. El teniente Abarai no merece ser cosechado. No por mí, al menos.
Recuperando su bastón, que brillaba por la última alma tomada, la apuntó a su corazón, disparándose un chorro de agua a la máxima potencia, gritando de agonía. El bastón perdió su energía recién adquirida, volviendo a su estado sellado.
Yusei cargó su caña a la espalda, cubriéndose en su halo. Ni siquiera fue capaz de declarar el hechizo, el velocicruz lo sacó de allí a toda marcha, antes de dejarlo a los pies de una cazadora en particular.
Sayuri Mizumura miró el cuerpo moribundo de su compañero, y comenzó a trabajar para revivirlo.
A lo lejos, el cuerpo de Renji Abarai, a punto de hacerse uno con el reishi de la sociedad de almas, se quedó rígido, antes de que la energía volviera a él como un shock eléctrico.
Lo último que supo fue que Yusei ya no estaba a la vista, mientras que él seguía vivo. La película pedregosa que lo cubría se evaporó en el aire, a la vez que se desmayaba.
-¡Ahí está el teniente Abarai!
-Pero ¿y la Central?
-¿Estás loco? ¡El teniente Abarai está en estado crítico! ¡Podemos volver para comprobar si hay sobrevivientes allá más tarde!
En otra parte, un molesto Byakuya Kuchiki se molestaba en tratar de explicarle a un confundido y eufórico Kenpachi Zaraki lo inconveniente que sería enfrentarse en combate en ese preciso momento, con un conflicto a gran escala amenazando con convertirse en una guerra, sin contar los ryoka prófugos.
-¡Por favor, seguro que no es tan importante! A menos que seas gallina.
-Claro, no supondré que un cabeza hueca como tú entienda todo esto, pero podrías intentar al menos ser discreto. Ya tenemos traidores suficientes, no me gustaría tener que matarte, sería demasiado poco honorable.
-¿Poco honorable, en qué sentido?
-Bueno, no podría importarme menos, pero a Kurosaki y sus amigos sí, y eso incluye a mi teniente...
-¡Seguramente que a ellos no les importaría que nos batiéramos a muerte por pura diversión! ¡Ichigo, de todas las personas, debería entenderlo! ¿Eh, Byakuya? ¿Estás escuchándome?
-Renji acaba de ser asesinado.
-¿Qué, pero qué dices?
-...Espera, no. Acaba de perder sus fuerzas, pero no parece estar en peligro de morir pronto. ¿Qué significa esto? No lo entiendo.
-¿Sabes lo que sí entiendo yo? ¡Una buena pelea! ¿Qué me dices, Byakuya?
-No me interesa. Discutámoslo otro día, tengo que investigar esto.
-¡Allá tú, entonces! ¡No necesito pelear contigo, puedo golpear a mis propios subordinados para divertirme sin siquiera sudar!
-Lo que sea.
-¿¡Lo que sea!? ¡Eres imposible!
Kenpachi salió furioso, saltando en dirección a dios sabía dónde, mientras Byakuya solicitaba una mariposa infernal, que envió con un mensaje para el Escuadrón Cuatro, sólo por si acaso.
-¡Cuántas mariposas infernales! Estos días se las ve más de lo usual –se dijo para sí mismo un oficial del Cuarto Escuadrón.
-¿Se enteraron? ¡Alguien voló la Central! Varios tenientes fueron enviados a investigar, pero hasta ahora no hay noticias.
-No tenía idea, ¿quién los envió? –Hanataro Yamada preguntó a uno de los oficiales holgazanes.
-Ay, no lo sé, Hanataro, viejo, ¡son cosas de los capitanes! ¡Yo no me meto en sus asuntos!
-Me enteré que los nuestros tuvieron que asistir a dos ya...
-¡Hey, abran paso, abran paso!
EL grupo se quedó en shock al ver dos camillas ser empujadas por el pasillo. Una docena de oficiales las empujaban en su dirección, teniendo que detenerse por un momento para respirar. Pero lo que llamó la atención general no fue el denodado esfuerzo de sus camaradas, sino los pacientes.
-Dios, ¿no es la teniente Hinamori? –preguntó el que estaba al lado de Hanataro.
-¡Y el teniente Abarai! –se encontró diciendo él.
En efecto, en ambas camillas yacían ambos tenientes en estado crítico. El cuerpo de Renji parecía haber sido aplastado por un derrumbe, mientras que Momo tenía la cara cubierta por una mascarilla de oxígeno, y su cuerpo parecía haber sido rescatado de un estrangulamiento masivo.
-Dios mío, ¿quién les hizo esto? –preguntó Hanataro, consternado.
-Dos cazadores –fue la escueta respuesta de uno de los camilleros.
-¿Dos qué?
Pero la pregunta de Hanataro permaneció sin respuesta, porque sus compañeros continuaron empujando las camillas hasta desaparecer en el hala restringida, para los casos más graves.
-Ojalá estuvieras aquí, Ichigo. Te encargarías de los malos sin pensártelo dos veces –susurró un afligido Hanataro, mirando a lo lejos.
N/A: va la traducción del nombre de la Zampakutou en la liberación Shikai.
Soryo no Tsue: en español, Bastón del Monje. (Estoy indeciso sobre esta Zampakutou, de acuerdo?)
Brick: olvídalo, amigo, no pienso seguir adelante mientras no sepa el destino de la pobre Momo, me oíste?
Yo: pero si acabamos de verla pasar hacia el hala médica, y ella sigue viva! Cuál es tu problema?
Brick: y esa escena te parece tranquilizadora? Es que no tienes corazón? O alma?
Yo: no, Yusei cosechó la mía. Por cierto, gran idea la del paisaje interior de nuestro peliblanco, con Renji entrando en eso y todo lo que vino después. Esas visiones! Ese anciano excéntrico y excéntricamente poderoso con una dentadura poderosa!
Brick: bueno, tenía que compensar el resto de cosas. El espíritu de la Zampakutou de Yusei tiene la mordida más fuerte del universo, toma eso! Pero mira que hacer que fuera al mismo tiempo un antiguo sensey del peliblanco, y un camino al corazón de su portador, perdido entre tantos conflictos, política y un largo etc del que yo también hubiera salido sin el coco sobre los hombros, jeje.
Yo: el pobre enloqueció, pero por una buena razón, tienen que creerme! Y no, no voy a contar cuál es esa razón, no pienso arruinar este arco, está quedándonos genial y no pienso arruinarlo ahora!
Brick: ya puedo cosechar tu alma?
Yo: no, mejor siembra arroz y cosecha trigo, qué sé yo. En serio, qué te pasa? Los Reyes Magos no pasaron por tu casa este año?
Brick: no, supongo que mi reputación podría haberlos disuadido, o algo así. Un paseo al centro comercial con las Chicas Superpoderosas tampoco me parece que fuera el mejor regalo de consolación, ya!
Yo: bueno, bueno, no te preocupes, seguramente que tienes mejor suerte el año que viene! Esto es todo por hoy! Hasta la próxima!
