Capítulo 4.
No va a negarlo, lloró gran parte de la noche mientras abrazaba la almohada y le pregunta a la amada diosa Euphemia, esposa del dios Suzaku que representa el amor y el matrimonio, por qué no le quita de una vez estos sentimientos que le hacen daño.
Al menos pudo conciliar el sueño, quizás por el agotamiento de llorar tanto. Normalmente despierta a las siete para dar inicio a su rutina pero Ogawa debió atrasarla dos horas a propósito con la excusa de descansar bien e ir con la mente despejada a la fiesta de Rukia. De seguro lo ha hecho con la intuición que su emperatriz necesitaba esas dos horas y Orihime se lo agradece dejándole comer uno de los muffins que Kirio le cocinó.
Como la noche estuvo calurosa, pensaron que lo mejor era bañarse otra vez, Orihime sentía su piel pegajosa después de todo. En bata de satín y sentada en su silla frente al tocador, se deja mimar por Ogawa y dos doncellas más en el cabello, su piel y sus uñas.
Nelliel llega con el vestido oculto en un forro negro por protección, no vaya a ser que ocurra un accidente en el camino, y con ayuda de Momo sacaron el vestido y lo dejaron en el maniquí.
—¿Por qué estas molesta Nell? El vestido es precioso. — A Orihime le llama la atención que su dama de compañía entrase bastante molesta aunque se ha esforzado por ocultarlo.
—Esa marquesa se está volviendo más y más insoportable… si no hubiera estado con Kira, de seguro me arranca la mano… ¡Me estaba ordenando bajo amenaza a que le diese el vestido de su majestad!
Orihime lleva el dedo índice y el pulgar a los parpados, frotándoselos, mientras la audiencia y doncellas exclaman escandalizadas.
—¿Qué paso luego?
—Kira la amenazó a que si se atrevía a poner una mano encima al vestido de su majestad, se los cortaría. — Momo y Ogawa felicitaron al hombre a pesar que no esta ahí para oírlo, sin embargo a Orihime le preocupa como reaccione su marido. — Ella le dijo que no puede hacerle eso a la madre del heredero y él solo le dijo que no necesita sus manos para parir.
—¿Hubo alguna revuelta?
—No… por el momento. — Ve a Orihime fruncir el ceño en señal de pedir una explicación. — Ella ordenó a unos soldados que lleven a Kira al calabozo o a que lo mate por faltarle el respeto… y ellos se negaron, otros la ignoraron, alegando que no pueden enviar al calabozo a un guardia de la emperatriz por defenderla.
—Ay no. — Se lamenta llegándole otra migraña que pide a que le preparen un té de hierbas contra el dolor de cabeza.
De seguro Marianne, humillada al extremo, ira con Ichigo, quien en esos momento debe estar trabajando que no la dejaran acercare a él hasta que termine. Luego le hará un show de lágrimas de lo insultada que fue por Nelliel, Kira y lo soldados que hacían guardia... y él exigirá justicia al honor de su Consorte.
—¿Qué hora es?
—Las nueve mi señorita.
—Bien… terminen de arreglarme y nos iremos donde Rukia, no importa si es muy temprano. — Ve a Nelliel. — Di que preparen el carruaje.
Su dama de compañía corre a cumplir el mandato y las doncellas se ponen manos a la obra. Momo termina de colocar un broche adornado con diamantes rosados en su cabeza, hace los retoques colocando unos pendientes a juego con el broche, bálsamo labial y para finalizar, sostiene una hermosa botella con forma de diamante y la rocía de perfume ligeramente.
—Esta lista su majestad.
—Muchas gracias Momo, Ogawa. — Orihime se mira al espejo y admira el hermoso vestido creado por Rangiku.
—No creo que haya una mujer más bella que la emperatriz en la fiesta de té.
—No es un concurso de moda Ogawa. — Se ríe.
—Majestad, el carruaje está esperando.
—Bien ¿Y la marquesa?
—No la vi en el camino de regreso. — Murmura Nelliel.
—Bien, no tengo ganas de verle la cara, es suficiente con solo imaginar la reacción de su majestad el emperador. — Suspira la ojicastaña. — Vamos.
Sale en dirección a la entrada de su palacio donde su carruaje y un grupo de guardias la esperaban, Kira le ofreció su mano y le ayudo a subir al carruaje junto con Nelliel.
—Esperamos su retorno seguro majestad.
—Sí, les encargo todo en el palacio.
—Que se divierta mucho. — Responde el rubio mientras veía el carruaje partir y perderse de vista en el horizonte.
Mientras tanto en los aposentos de Marianne, ésta era ayudada por una de las doncellas del palacio, su modista había logrado modificar un vestido en tiempo record, aunque en realidad hubiese preferido usar el de la ladrona Orihime. ¡Malditos sean sus lacayos que no saben lo que les conviene! Se van a arrepentir mientras Ichigo los haga pagar con alguna clase de tortura… sonríe, le sugerirá que use escorpiones.
El vestido se degradaba en la parte del corsé de un color azul muy oscuro hasta llegar a negro a la falda, no tenia tirantes cruzados al cuello. Se ve fantástica a su opinión y está muy segura de su victoria, todos la estarán observando y hasta la futura duquesa Kuchiki la elogiara que ignorará su falta de invitación.
—Marquesa Marianne ¿Están bien los pendientes y el collar de rubíes? — Le sugiere una de las criadas del palacio que Ichigo amablemente le ha entregado.
—Sí, pónmelos. — Acepta la joven desinteresada, aun concentrada en su "perfecto plan".
La doncella toma la pequeña caja con cuidado y se acerca a la ojidorada, sin embargo ésta pierde el equilibrio por haber pisado mal y cae de sentón en la alfombra… provocando un silencio sepulcral de puro miedo. Todas se quedan mirando a Marianne, quien se estaba sonrojando por la ira.
—¡¿Que estás haciendo?! — Se pone de pie furiosa, las demás doncellas se alejaron instantáneamente.
—L-lo siento mucho, marquesa. — Murmura la joven temblorosa.
—¿Mis joyas están bien? — Pregunta Marianne a otra doncella.
Una chica bajita con algunas pecas se acerca y mira preocupada a su compañera, conscientes que el destino de esa pobre mujer iba a cambiar para mal.
—Un pendiente perdió el gancho… — Murmura para luego cerrar los ojos.
Marianne se acerca a la doncella que provocó el accidente y el sonido de la mano de ella abofeteando a la joven criada resonó por el lugar. La pobre solo estaba paralizada de miedo, sin despegar la vista de esos enloquecidos ojos dorados llenos de odio a su persona.
—¿Tienes idea de lo valiosas que son esas joyas? ¡El emperador en persona me los regalo! ¡Incluso valen más que tu patética vida!
—Y-yo lo... ¡Ah! — Marianne la toma del cabello y la arrastro. — ¡Mi lady perdóneme, no lo volveré a hacer!
—¡¿Crees que quiero oír esas palabras?! —La volvió a abofetear, varias veces, dejándole las mejillas rojas e inflamadas.
—¡Y-yo lo-lo s-siento!–Tartamudeo la chica hecha un mar de lagrimas.
—¡No necesito a alguien incapaz cuando suba a lo más alto! ¡Guardias! — Grita la mujer de cabello plateado, un grupo de cuatro hombres entraron a la habitación.
—¿Si lady Scorpio? —Hablo seriamente uno de los hombres.
—No quiero ver a esta inútil frente a mí, llévensela. — Ordena mientras tomaba asiento frente al tocador.
Los caballeros se llevaron a la joven doncella, quien suplicaba por perdón, pero sus ruegos no fueron escuchados.
—Hoy es un día importante para mí y no tolerare que una doncella patética lo arruine. — Se acomoda suavemente el peinado, vuelve a fruncir el ceño y se gira para ver a todas las criadas. — ¿Que están esperando todas? — Las mata con la mirada.
—S-si marquesa Scorpio. — Tartamudearon todas las demás.
Después de permanecer un largo tiempo sentada finalmente se vio satisfecha con la imagen frente al espejo, en cuanto se irguió anuncio que iría con el emperador.
Una vez que llega al lugar, espera a que la anunciaran y, sin esperar respuesta, ingresa de una vez, incluso pasando a pegarle al pobre mozo que estaba cuidando la puerta y dio el anunció. Marianne pudo ver al duque Hitsugaya Toushirou frente al emperador, quien arquea la ceja al ver a la dama frente a ellos, sin preocuparle en disimular su disgusto hacía ella.
—Bien, me retirare su majestad. — Se inclina frente a Ichigo. — Gracias por su tiempo.
—Siempre estoy listo para recibir al ducado Hitsugaya. — Ichigo lo despide con una sonrisa amable.
El joven ojiverde se encamina a la salida sin siquiera despedirse de Marianne, aprovechándose de ser mayor rango noble que ella y dejando en claro su desprecio. Ella se molesta bastante pero hace caso omiso al estar centrada en Ichigo, tan guapo en sus pantalones blancos y camisa del mismo color con chaleco negro y bordados de oro.
—Su majestad. — La chica corre a brazos del monarca, quien la recibe contento. — ¿Cómo ha estado? ¿Cree que me veo bien? — Chilla emocionada como una niña pequeña.
—Nos vimos hace solo un par de horas pero estoy bien. — Se obliga a contestar ¿Por qué? — Te vez muy hermosa hoy pero ¿A dónde iras?
—Voy a una fiesta de té.
—¿Tenias una fiesta hoy? No se me notifico nada.
—Fue repentina, apenas y pude prepararme.
—¿Es acaso especial?
—Es una fiesta con temática.
—Ya entiendo, por eso el color del vestido.
—¿Pasa algo malo?
—No, no solo que es un color inusual para una reunión.
—Por eso es una fiesta de té especial… ¿O lo que te preocupa es lo ajustado del vestido y el bebé?
—Me preocupan ambos. — Responde de inmediato.
—No te preocupes Ichi. — La mano de Ichigo se cerró involuntariamente, por algún motivo le molestó que aquel apodo salga de los labios de su amante. —Ambos estaremos bien. — Acaricio las mejillas del pelinaranja y le dio un pico rápido, le dio otro y varios más. Frunce el ceño y lo mira un poco molesta. — ¿Acaso no tienes ganas?
—Es que...
—Este es el momento en que deberías tocarme y desearme ahora mismo.
Las manos de Ichigo rodearon su cintura y la apegaron a él mientras la expresión de la chica cambiaba a una enorme sonrisa; los labios del dueño de ojos chocolate fueron a parar a su escote y lo lleno de besos, la mano de Ichigo fue a parar bajo la falda mientras acariciaba su intimidad. Aun con la ropa puesta pudo sentir como los dedos del hombre la hacían llegar al cielo.
—Debemos parar. — Susurro ella, ida por el placer.
—Sí, creo que sí. — Respondió entrecortadamente.
—La fiesta ya debió haber empezado, me retirare Ichi. — Beso la frente del monarca. — Te veré mas tarde. — Se puso de pie y se dirigió a la salida.
—Aja… — Se dejo caer en su silla agotado.
—Recupera energías. — Murmuro maliciosamente la mujer en un susurro solo para ella.
Cuando las puertas se cerraron Ichigo se abrió el cuello de la camisa y salió a la terraza de su oficina en busca de aire, se sentía asfixiado.
Era extraño, hasta antes de la llegada de la marquesa se había sentido bien; el duque Hitsugaya le había entregado noticias de su hermana que se encontraba de viaje por el mundo, tratando de aliviar el dolor de su familia que para ella había sido más difícil soportar la tragedia. Sin embargo, ¿Por qué después de que su consorte llegara de repente estaba más cansado y agotado? Como si hubiera hecho un esfuerzo que le requiriera mucha fuerza de su parte.
–Hey mocoso. — El conde Zaraki lo llamo sin respeto alguno, después de todo era su alumno y los títulos y modales nunca fueron lo suyo, quizás fue eso lo que atrajo a la marquesa Unohana. — Llevo rato esperando por ese duelo ¿Te has desocupado ya?
—Ah, maestro.
—¿Qué diablos? Te ves como si alguien más te hubiera dado una paliza.
—Me disculpo por el estado en que me ve conde Zaraki. — Se recompuso. — Solo necesitaba aire.
—Bien, espero que ya estés al cien. — Sonríe sádico el conde. — No me sirve un emperador agotado sin ansias de pelear.
—No se preocupe, extrañamente me siento muy motivado para pelear hoy. — Se acerca a su escritorio y toco una campana, un momento después Richiro entraba al estudio.
—¿Me llamo, su majestad?
—Zangetsu, llévala al campo de entrenamiento.
—Como usted lo ordene. — El mayordomo se dio la vuelta dispuesto a cumplir las órdenes.
Últimamente sentía los hombros tensos, una buena pelea podría servirle para relajarlo, y debía arreglar lo sucedido esa mañana entre su amante y la emperatriz.
Había mucho que hacer, pero primero esa batalla de práctica prometida a su maestro de armas.
En otro lugar cuatro sombras encapuchadas se reunían en una taberna, específicamente en una de las zonas conocidas para el tráfico y comercio ilegal, lo peor del bajo mundo.
—No puedo creer que nos citaras aquí. — Murmura una de las sombras.
—Cierto, pudiste elegir otro lugar. — Reclama su acompañante acercándose un tanto enojado y viendo todo con asco.
—Tenga cuidado con sus acciones. — La tercera figura levanto una espada justo en la yugular del sujeto arrogante que amenaza al otro.
—Bien, bien lo siento.
—Ya sé que no huele a rosas, pero es mejor no levantar sospechas. — Dijo una de las figuras, el cual era el más alto, hizo una ligera seña y el otro bajo la espada rápidamente. — No los llame para quejarse del lugar o diseñar un spa, pedí una reunión para saber cómo va todo.
—Viento en popa no podía ir mejor. — Dijo una de las otras figuras, tenía una estatura promedio.
—Perfecto, solo deben aguantar un poco más. — Dijo altivamente. — La otra parte del plan está en proceso, les enviare reportes de cómo va el asunto y como moverse.
—¿No es mejor hacer el movimiento ahora?
—Paciencia amigo ¿Conoces ese cuento de la tortuga y la liebre?
—Claro que sí.
—Entonces no sean precipitados, después de todo no queremos ser esa liebre ¿Cierto?
—Absolutamente no. — Respondieron al mismo tiempo.
—Bien, ya debo irme.
—¿Qué? ¿Hicimos todo este viaje para que fuera solo un momento?
—Pronto nos veremos de nuevo o los visitare, no se preocupen… ah y por cierto. — Saca una botella. — Les traje un regalo, es exclusivo.
—Oh ¿Sabes que nos fusta la bebida?
—Es de los buenos, me costó trabajo conseguirlo, disfrútenlo.
—Lo haremos. — Las dos figuras más altas salieron del bar silenciosamente, dejando a los otros en la mesa.
—Es una buena cosecha. — Miro la etiqueta. — ¿Deberíamos bebérnosla?
—Yo opino que sí, pero que sea en otro lugar.
—Estoy de acuerdo contigo. — Dejaron un par de monedas para pagar la cerveza barata y también salieron a los pocos minutos del lugar pues no soportaban la peste.
En la mansión Kuchiki varios carruajes se encontraban haciendo fila para entrar al lugar, después de todo entre señoritas y jóvenes nobles eran solo cincuenta personas, pero todas eran de los más influyentes del imperio o personalidades de otros países.
Las damas que ya estaban en la entrada vieron con emoción el carruaje con la cresta de la familia imperial detenerse, uno de los mozos abrió la portezuela y ayudo a la emperatriz a bajar
—Oh dios mío.
—¡Es la emperatriz en persona! — Chillaron algunas jóvenes.
—Veré si logro hablar con ella.
—La baronesa Tu Odelshwanck también se ve hermosa. — Susurro uno de los invitados.
—¿Sigue sin estar comprometida?
—Sí, he escuchado que ha rechazado varias propuestas de matrimonio.
—Aun tengo oportunidad.
—Yo también quiero hablar con su majestad.
Cuando Orihime baja totalmente del carruaje, todos los nobles y demás personas se inclinaron ante ella para saludar formalmente.
—Honor al escudo de nuestro glorioso imperio, la emperatriz Orihime III Kurosaki.
—Pueden subir la cabeza. — Ordena Orihime en tono amable pero firme. — Hoy venimos todos a divertirnos, así que tratémonos como si fuéramos nobles comunes ¿No creen?
—Por supuesto su gracia.
—Tan hermosa como lista, sus palabras son sabias. — La halago un noble.
Orihime se encamina a la mansión y entrega su invitación al pregonero, quien se inclino y la saludo.
—Entra la emperatriz Orihime III Kurosaki. — Anuncia mientras las personas en el salón se inclinan y saludan a la mujer.
—Su majestad. — Rukia se acerca en su papel de anfitriona. — Es un honor que este en esta modesta reunión. — Se lleva la mano al pecho en un saludo imperial.
—¿Cómo iba a faltar si me invito usted en persona princesa Kuchiki?
—Pero no creí que vendría.
—¿Podemos dejar la formalidad? No nos va.
—Tienes razón. — Ambas amigas se sonrieron en complicidad y rieron. —Las demás están aquí. — Rukia la guio a la mesa central, ya estaba un pequeño grupo pero aun faltaban Tatsuki, Jubelian, Rose y Cristal, pero la duquesa Shihouin, la marquesa Ichimaru y otras damas influyentes si estaban presentes.
—Señoritas. — Saluda la emperatriz inclinando la cabeza. — Un placer poder decirles hola.
—Sí, pese a que ayer nos vimos. — Se rio la duquesa Shihouin.
—Oh dios sabia que el vestido te quedaría perfecto Orihime.
—Creo que cualquier cosa que haga Rangiku será una belleza.
—No, mis obras solo brillan cuando usted las porta, nadie más.–Nadie dijo nada pero todas sabían a quien refería cuando dijo Nadie.
—Oh dios, me sonroja marquesa.
—Aquí olvidamos los títulos, recuerda.
—Por un instante lo olvido. — Orihime amaba ir a las fiestas de té de Rukia, ahí podía olvidar todos sus problemas conyugales y ser solo una dama más. — Oh mira Nell, llego tu príncipe azul… literalmente.
Y efectivamente en la entrada estaba el joven conde Jaegerjaques, vistiendo un traje de color azul oscuro ya que era el color obligatorio de los hombres para la fiesta, de ahí el "literal". Grimmjow era un prodigioso noble que ya tenía un título de maestro de la espada en el ejercito, tenia buena familia, riqueza y fama; era algo grosero pero se podía llevar bien con él y tenía relaciones con una poderosa familia de Las noches pues su madre era originaria de ese reino.
—Deberías ir. — La animaron las jóvenes, Nell se puso un poco roja.
—No creo que deba hacerlo, soy la dama de compañía de la emperatriz.
—Nell hoy no vinimos como doncella y gobernante, si no como amigas. Anda y ve.
—Pero...
—No va a ser necesario. — Hablo Rangiku abriendo su abanico y sonriendo picara tras éste. — Porque ya viene.
—¿Q-qué? — Nelliel entra en pánico y se queda mirando su vestido mientras se arregla la falda con las manos. — ¿Me veo bien? ¿No estoy desaliñada?
—Claro que no, ve. — La anfitriona le dio un golpecito y la empujo…
Quizás demasiado intenso que perdió el equilibrio al comienzo y cuando se da cuenta, ya estaba frente a Grimmjow.
—Hey. — Saluda el caballero.
—Lord ¿Cómo ha estado? — La joven de pelo aguamarina mantuvo la compostura a pesar de todo.
—Oh muy bien. — Desvía la mirada. — ¿Estás ocupada?
—A-ah… — Detrás de ella, Orihime le dio un pequeño pellizco disimulado. — ¡No!
—Bien, pues va a tocar la orquesta ¿Quieres bailar? — Extiende la mano y Nelliel desvió la mirada a las damas en la mesa quienes gritaban con la mirada ¡Aceptaaaa!
—Seria un placer. — Toma con el cuidado de una dama la mano ofrecida y ambos se alejaron.
—Estoy tan orgullosa. — Orihime se limpio una falsa lágrima. — Ha crecido tanto.
—Tienen la misma edad. — Le recuerda Rukia.
—Déjame vivir mi momento de madre orgullosa. — Le reclama con un puchero.
—Seria más bien como una hermana, son casi de la edad.
—Solo por un año. –Refuto Orihime.
Las damas disfrutaron ver el baile del conde y Nell, incluso al terminar la pieza el grupo de damas gritaron emocionada al ver que iban a dar un paseo. Las mujeres faltantes llegaron al salón tiempo después, así que todas estaban conversando cómodamente en la mesa, algunos otros nobles querían aprovechar la oportunidad para hablar con la emperatriz y tratar de hacer una conexión con ella, así que trataban de crear un tema o hablarles de sus negocios.
Escuchan una voz masculina reírse, miran a dicha dirección y descubren que el culpable es Ginjo. Se había reído al parecer de algún comentario de un barón que tuvo el honor de ser invitado por su lealtad a la casa Kuchiki. Viste de acorde a su rango de rey con las telas más caras: pantalones negros que se notaban pocos ya que el blanco chaquetón con bordados en hilo gris le llega de largo hasta los tobillos; lleva unas medallas en el lado izquierda y en el hombro le cuelga una capa que se mantiene en un broche de oro con forma de águila. Parece que sus sentidos de soldado le han advertido de ser observado ya que no tarda en mirarlas a todas y les sonríe.
Orihime le devuelve el gesto, despreocupada de lo que puedan pensar los demás.
Al rato él se acerca al grupo de damas y a todas les hace una inclinación de cabeza. Rangiku le ofrece uno de los asientos disponible y pregunta sin tapujos cómo le está yendo hasta ahora en la fiesta de té.
—Me alegra de seguir vivo... creo que es por ser mixto. De seguro si me presento en una fiesta de té con solo damas presentes, me comerían vivo.
—Orihime. — Rukia toma la palabra, se veía como si hubiese tenido una revelación. — ¿Por qué no llevas a su majestad a mi laberinto?
—¿Uh?
—Lo conoces tan bien como yo... y ya que no puedo desaparecer, ¿Podrías hacerme ese favor?
—Anda Orihime — Le anima Jubelian con una gran sonrisa. — Con lo que debes aguantar, un paseo te hará bien.
—¿No quieres acompañarnos? — Sugiere.
—Me duele un poco la cabeza por el sol, me quedare a la sombra y refrescarme.
—¿Su Majestad?— Orihime ve a Ginjo en busca de una respuesta. — ¿Le va a molestar mi presencia?
—Para nada, seré el hombre más afortunado del mundo con su presencia.
Orihime se ríe, discreta, con las mejillas sonrojadas y ambos parten a su paseo.
Parecía que iba a ser una tarde tranquila.
Sin embargo un carruaje llega a la finca del duque, cosa que extraño a los guardias, tenían entendido que ya todos los invitados habían llegado al lugar. El cochero se acerca a la puerta y ayuda a lady Scorpio a bajar, se veía deslumbrante pero los guardias la veían en shock por no entender su presencia no por su ropa. La concubina se acerca a las puertas pero los guardias impidieron su paso.
—Disculpe mi lady, pero necesita mostrarnos la invitación para poder entrar.
—No necesito invitación, la misma duquesa Kuchiki me invito en persona. — Los guardias dudaron ya que conocían a Lady Scorpio y la aversión que la princesa le tenía a la amante favorita del emperador.
—Aun así mi lady, necesita el pase. — Recalca uno de los hombres.
—¿Quien te crees soldado de clase baja? Déjame pasar o le diré al emperador como me estas tratando. — Insulta la mujer, lo que ocasiona la molestia del soldado y sus compañeros, era por todos conocido que los soldados del duque Kuchiki eran de los más fuertes solo por debajo de la guardia imperial.
Uno de los soldados que estaba de guardia entro rápidamente al salón mientras la marquesa y el soldado seguían discutiendo, dentro del salón podía escucharse la pelea que estaba llevándose a cabo en la entrada, lo que provoco que los invitados cuchichearan curiosos.
—¿Que es ese escándalo? — Dijo Jubelian.
—No lo sé. — Rukia también estaba extrañada.
—¡Princesa! — El guardia se acerca y se lleva la mano al pecho en un saludo. — La marquesa Scorpio está intentando entrar al lugar.
—¡¿Qué?! — Grita Rukia entre molesta e indignada. ¿Acaso no tenía vergüenza de entrar a sus dominios sin invitación?
—Ah, olvide decirlo. — Yoruichi se rio nerviosa.
—¿Qué cosa se olvido lady Shihouin? — Cuestiona la anfitriona un poco molesta.
La mujer de cabello violáceo se acerco al oído y murmuro rápidamente lo que había planeado, cosa que le saca una sonrisa a la morocha.
—¿Qué le vamos a hacer? Es la concubina del emperador. — Suspira dramáticamente. — No deseo ganarme su odio, permítele pasar.
El guardia corrió a la entrada y le susurro algo a su compañero, quien arqueo la ceja extrañado pero se puso derecho y mira a la peliblanca seriamente.
—Puede pasar, la princesa le ha dado su aprobación.
—Eso imagine. — Sonrió arrogante la joven de ojos dorados mientras abrían las puertas del salón y ésta entraba al centro del lugar con la cabeza en alto, pero al verla, los nobles hicieron exclamaciones de sorpresa y terror.
—Oh dios ¿Qué pensaba la marquesa?
—¿Se ha vuelto loca?
—Que falta de cortesía.
—Pensé que los rumores de la princesa Kuchiki y la marquesa Scorpio no se llevaban eran exageraciones pero esto lo confirma.
Todo tipo de cuchicheos llegaron a oídos de la peliblanca y busco a la duquesa para exigir una explicación pero Marianne se quedo congelada al ver a la emperatriz, yendo con el Rey Ginjo a alguna parte apartada a recorrer, portando un vestido rosa con tirantes en los hombros y escote en V que enfatizaba su figura y su cintura; en la falda había una tela ligera de rosa más claro con cristales en el borde, había rosas preciosas hechas de seda en el pecho asimétricamente hasta el lado izquierdo de su cintura, la falda también tenia flores de forma irregular, en otras palabras se veía hermosa, como la emperatriz que era.
Miro a su alrededor, caballeros y nobles en trajes azul oscuro o similares tonos azulados con accesorios en diamantes o zafiros; damas en prendas rosa pálido, fucsia, rosa pastel y ataviadas con diamantes rosados, topacios rosados, granates y joyería en los mismos tonos o variantes.
Aprieta el puño y se muerde el labio suavemente en cólera, le habían visto la cara y fue engañada.
La duquesa Shihouin le había mentido deliberadamente para humillarla y lo confirma al ver la sonrisa felina de la mujer aunque se ocultara tras su abanico de perlas.
—Duquesa Shihouin estoy bastante segura que me dijo que el color de la fiesta era negro. — Reclama con una sonrisa forzada.
—¿Yo dije eso? — Se sorprende genuinamente (que excelente actriz). — Creo que debería ir a una revisión médica a confirmar su audición lady Scorpio, estoy bastante segura que yo dije que la temática era rosa ¿Cierto damas? — Pregunta a las doncellas y señoras cercanas.
—Yo estaba cerca, estoy muy segura que la duquesa Shihouin dijo rosa.
—Yo también lo escuche.
—Y yo.
—Yo también, lo juro por el honor de mi casa.
La peliplata no lo creía, todas estaban a favor esa perra asesina y lo peor es que en ese lugar todos eran partidarios de la emperatriz o eran neutrales, no había a quien aferrarse para que le ayudara.
—Marquesa, es bien sabido que le gusta llamar la atención. — Rukia fingió tan bien que estaba a punto de llorar que todos se lo creyeron. — Aun sin el emperador aquí le permití entrar a mi fiesta de té sin invitación como gesto de buena voluntad, pero entra con una actitud vulgar y un vestido con el color usado solo en funerales, es demasiado grosero y prepotente de su parte.
—¡No, se equivoca! — Exclama en pánico, no podía estar pasando esto, debía ser una de sus grandes oportunidades para atraer partidarios a su lado cuando Ichigo le diera el puesto de emperatriz, no se suponía que debía estar pasando por esta humillación.
—¿Acaso me odia tanto? — Rukia se dejo caer al piso envuelta en llanto, su fanatismo al teatro por fin estaba dando frutos. — Incluso aunque le permití entrar a mi fiesta, como anfitriona estoy muy indignada.
—¡No, no fui yo, no lo fui! ¡La duquesa Shihouin y la marquesa Ichimaru fueron las culpables! ¡Se unieron en mi contra porque me odian! — Los cuchicheos no tardaron en hacerse sonar.
—No quiera culparnos a nosotras de sus excentricidades. — Reclamo seriamente la ojiazul. — ¿Insulta acaso al marquesado Ichimaru?
—¿También a la familia Shihouin? Nos tacha de mentirosas a ambas ¿Cierto?
—Y-yo...
—Como señora de la casa del marqués Ichimaru, le solicito un duelo marquesa Scorpio. — Habla Rangiku, Rukia estaba segura que nunca la vio tan molesta. — Por ofender nuestro honor noble.
—La casa Shihouin también pide un duelo, como cabeza vigésima segunda de la familia estoy también en mi derecho por tal difamación.
—¡¿Duelo?!
—¿De qué se sorprende marquesa? Si nos está acusando de mentirosas es justo pedir un duelo para limpiar nuestro honor. — Recalca Yoruichi.
—No tolero mas esto — Cristal da un paso al frente con el semblante serio de su posición. — Como señora del marqués Sado me declaro testigo en este duelo por el honor de las casas afectadas.
—¡Bien! Si quieren un duelo, lo tendrán. — Estaba a punto de ir por el guardia que le había asignado Ichigo.
—Espero que no intente usar a un guardia imperial marquesa.
—¿Y que si es así? — Dijo molesta.
—Dado que usted no tiene aun el apellido real debe pelear bajo su casa, es decir con un caballero del marqués.
—¡¿Qué?! — Era imposible que un caballero del marquesado Scorpio le ganara a un Kuchiki o un Shihouin.
—Si no tiene un caballero en este momento podemos hacerla otro día o...
—O puede ofrecer una disculpa oficial y retirarse dignamente del lugar. — Ofrece Cristal.
—Y-yo... — Rechina los dientes en furia, pero en una pelea entre caballeros seria aun más indignante porque sus hombres caerían en el primer golpe. — L-lo lamento duquesa Kuchiki. — Murmuro entre dientes mientras tomaba su vestido y hacia una reverencia en disculpa. — No volverá a pasar algo así, si me permite, me retiraré.
—Muy bien, vaya con cuidado marquesa. — La despidió Rukia con una gran sonrisa.
Marianne se dio la media vuelta y se fue lanzando maldiciones internamente a la duquesa y compañía.
—Dios ¿Vieron su cara? — Se rio la condesa Arisawa.
—Tengo la grabación. — Jubelian saca una esfera verde que brilla tenuemente.
—Le pediré a un mago que haga una réplica con el maná dentro de esta, la quiero para mi deleite personal. — Admite la marquesa Ichimaru sin pena.
Las risas de las damas no pararon un buen rato.
Mientras tanto, en el laberinto de rosas Orihime seguía paseando con el rey Ginjo, aunque le estaba llamando la atención el jaleo que se oía a lo lejos.
—¿No parece que hay un alboroto ahí adentro? — Orihime señala el salón donde la mayoría de invitados estaba.
—Seguramente algún chisme del que luego nos enteraremos. — Se encoge de hombros el rey. — Pero, ¿Qué le parece si antes terminamos nuestro pequeño tour? — Le sonrió amable.
—Supongo que su majestad tiene razón. — Señala una dirección. — Hay una fuente hermosa que solo el ducado Kuchiki tiene.
—¿En serio?
—Sí, es un regalo de la familia imperial al primer duque Kuchiki.
—Me encantaría verla.
—Es un deleite para los ojos, usted mismo lo reconocerá. — Hablo la emperatriz mientras caminaba tomada del brazo del rey.
—Es realmente agradable hablar con usted.
—Me halaga.
—Lo que me hace pensar que el emperador no la valora como debe ser.
—No diga eso… si no le importa, no quisiera hablar de ello.
—Comprendo, pero sepa usted que siempre tendrá en mí un hombro donde llorar. — Ofreció el moreno apoyando su mano libre en el pecho.
—Muchas gracias, su majestad Ginjo, usted es un buen hombre.
—Tomare sus halagos. — Acepta el hombre con una sonrisa avergonzada.
—Ahora que terminen las festividades ¿Se ira de inmediato? — Orihime ya busca un nuevo tema de conversación.
—Antes de irme quisiera hacer algo de turismo por el país.
—¿Hay algún lugar que le interese?
—No específicamente… pero el país principal de Karakura es un país tan colorido que quisiera tomarme mi tiempo en disfrutarlo.
—Se que Fullber tiene unas cascadas preciosas. — Comenta la emperatriz.
—Ah sí, nuestro principal atractivo turístico.
—Y las aguas termales. No solo Xing tiene cultura de baños con agua volcánica, se que ustedes también.
—¿Los ha visitado? — Pregunta el moreno con una sonrisa.
—Lamentablemente no, pero quizás algún día pueda visitar las maravillas de su tierra.
—Avíseme y le haré un recorrido personalmente.
—Se lo agradezco de corazón.
—Bien ya que estoy aquí, ¿Por qué no me recomienda algunos lugares para visitar?
—No estoy segura si mi opinión le ayude.
—Si son lugares que la emperatriz de Karakura ha visitado y los tiene en buen agrado, me encantaría ir.
—Bien, pero no se queje si es aburrido. — Advierte con un tono risueño de diversión.
—Prometo no hacerlo. — Dijo solemne llevando una mano a su corazón.
—Hay una aldea en las montañas Hokuto que es muy tranquila y pintoresca, hay muchas flores en primavera.
—Suena a un lugar sacado de ensueño.
—Sí lo es. — Dijo con una sonrisa. — ¿Otro lugar? May Alcott está entre el ducado Kuchiki y el marquesado Sado, hay algunas cuevas subterráneas acuáticas con estalagmitas naturales. Puede ser un buen lugar para pasar un rato, es muy espiritual.
—¿Tal vez haya ido a alguna montaña? –Pregunto amable.
—Las montañas Crow. — Responde de inmediato. — En invierno se llenan de nieve y es un poco fácil perderse en el bosque, pero con un buen guía que conozca la zona tendrá unas vacaciones seguras.
—Oh vaya ¿Tan difícil es pasar por esa zona?
—Los arboles son muy grandes y a veces hay zonas donde no pasa bien la luz así que si es algo peligroso. — Dijo seriamente, con un dedo alzado. — Pero esas zonas son conocidas y nadie pasa por ahí, no se preocupe.
—Me asegurare de seguir sus consejos emperatriz y reitero mi oferta, si alguna vez visita Fullber me asegurare de darle un recorrido por mi tierra.
—Me gustaría eso, si. — Admite con un suspiro soñador. — Si tengo una oportunidad iré en calidad de turista.
Los monarcas rieron y continuaron charlando de cosas varias, no se dieron cuenta de lo que pasaba en el salón de la mansión Kuchiki y entraron más tarde cuando la conmoción había terminado.
La duquesa había prohibido molestar a la emperatriz con lo que había pasado, no creía que pasara a más de esa fiesta así que cuando volvió la emperatriz con el rey era como si nada hubiese pasado, la atmosfera agradable había vuelto, volvió con sus amigas y siguió hablando más hasta que se tuvo que retirar de vuelta al palacio por estarse haciendo tarde.
Sin embargo poco sabía ella el desastre que estaba pasando en las habitaciones del emperador y la tormenta que se avecinaba.
El carruaje se detiene y en dos segundos, para asombro de la Emperatriz, abren la puerta y un soldado agarra en un segundo a Nelliel del antebrazo. La peliverde suelta un pequeño grito y si no fuese por la intervención de Orihime al poner su mano sobre la del soldado, éste habría sacado a su dama de compañía de un empujón brusco del carruaje.
—¡¿Qué significa esto?! — Exclama molesta.
—Órdenes del Emperador.
—¡Pues ahora recibe órdenes de mí! — Lo mira con fría seriedad, asustándolo lo suficiente para soltar a la peliverde, quien se aferra a su señora. — ¡¿Quién se cree que es, al atacar así el carruaje de la Emperatriz, e intentar llevarse a mi dama de compañía sin dar explicación?! ¡¿Acaso quiere que lo envié a los calabozos por insultarme?!
—Di-disculpe… — El soldado se había dejado llevar no solo por la orden inmediata de llevarse a la "criminal", también al rechazo a la Emperatriz por "incompetente"… pero verla furiosa y hablándole de aquella manera le trajo de vuelta los sentidos. — N-no quise…
—Cállese. No me interesa sus patéticas excusas, solo rece que no ordene que lo manden a decapitar. — Disfruta como aquel impulsivo traga saliva. — ¿Dice que mi esposo quiere hablar con mi dama de compañía? Pues dígale a mi chofer que nos lleve al palacio principal y piérdase de mi vista.
—P-pe-…
—Largo. De. Mi. Vista. — Retrocede asustado el hombre y Orihime aprovecha en cerrarle la puerta en las narices.
Apuesta a que todo esto es idea de uno de los Scorpio.
—Su Majestad… ¿Cree que sea por lo de esta mañana? ¿Sobre el vestido?
—Ichigo no sería idiota de castigarte por ello con decenas de testigos que vieron a Marianne cometer tal insulto.
—Con la influencia que esa… arpía tiene sobre él, todo es posible.
—No te preocupes, te protegeré. — Agarra su mano suevamente y le frota los nudillos.
Como se ha movido algo rápido el carruaje, tarda diez minutos en estacionarse frente a las puertas del palacio principal. El paje abre la puerta y ayuda a Orihime bajar, luego a Nelliel; por las miradas de algunos, sospecha sin problema que se esperaban la llegada de la peliverde, pero jamás que la Emperatriz viniese igualmente.
Es hora de otra pelea contra su marido por todo lo alto.
Y que todo el palacio se entere.
Le ofrece a Nelliel su brazo izquierdo y ésta se lo rodea en un abrazo, quizás esta tan asustada que no le importa romper un poco el protocolo, sin embargo no pierde el porte al caminar, a la par de Su Majestad. Orihime mira todo su entorno con mirada de desafío, silenciosa advierte a las personas que no se atrevan a intervenir su camino o habrá feas consecuencias.
Se detiene frente a las puertas que dan al salón del trono, mira al guardia que las custodia, quien se pone algo asustadizo al verla tan molesta. Ya sabe lo que se espera entre el matrimonio y las consecuencias, quizás por eso quiso dialogar con la Emperatriz, no la quería en problemas.
—Por favor…
—Avísele al Emperador que su esposa está aquí con su dama de compañía.
No va a aceptar dialogo alguno.
El pobre guardia, nervioso, asiente murmurando "como ordene" y da un golpe a la puerta. Un soldado de adentro abre un poco la puerta, ambos se susurran unas oraciones cortas y luego se cierra.
Cinco minutos después se abre otra vez y el soldado mira a Orihime.
—El Emperador ordena que la Emperatriz regrese a sus habitaciones y que él se encargara personalmente de Lady Nelliel.
Bueno, ya sabe que está ahí.
Orihime responde al comentario agarrando el mango de la puerta y empuja, abriendo con facilidad gracias a que el soldado lo ha tomado con la guardia baja.
Ve a su esposo sentado en el trono con Marianne haciéndole cara de pena, incluso lloraba en reclamo, y en cuando ven a ambas amigas, ella sonríe con arrogancia mientras Ichigo mira a Orihime con fastidio.
Te gane esta vez, parece decir aquella sonrisa venenosa.
Entonces se da cuenta también que en el suelo esta de rodillas su guardia, su soldado Kira. Se altera en preocupación pero lo disimula excelente y solo camina a paso rápido hacia los tres, notando lo herido que esta el rubio.
—Creo haber ordenado que regresase a su cuarto, no es necesario su presencia Emperatriz.
—Y yo decidí ignorar su orden. — Se acuclilla al lado de Kira y lo toma de los hombros. — ¿Qué ha pasado?
—Lo que le he hecho a tu soldado es lo mismo que le hare a tu dama de compañía por insultar a mi Consorte.
El atentado de la mañana.
El vestido.
—Y sin olvidar que tanto ella como tú humillaron a Marianne.
—Imposible, ella se humilla sola.
La algarabía de la mujer rubia desaparece ante aquel comentario, siendo reemplazado por rabia. Su mano derecha forma un puño, anhelando poder estamparlo en la cara de esa ladrona.
—Veo que la Emperatriz esta irrespetuosa el día de hoy.
—No estoy siendo irrespetuosa, solo confundida porque el Emperador no está siendo claro.
—¿Ah sí? Empecemos entonces hablar de lo sucedido en la fiesta de Rukia.
¿Ah?
Eso la desconcentra y pone una cara de confusión genuina.
—No entiendo, la marquesa es una persona no grata para Rukia, prefiere cortarse los brazos que invitar a su Consorte a su casa. ¿Por qué la humillaría si no la invitó?
—¡¿Cómo te atreves...?! — La rabia de Scorpio crece y da un paso. Con gusto iba a pegarle. — ¡Inmunda basu-...!
—Marianne. — La voz directa de Ichigo la calla y detiene, voltea a verlo. — Le haces daño al bebé alterarte así.
—¡Pero...!
—Querida, suficiente. — Se pone en pie y la toma del brazo con delicadeza. — Deja que yo me encargue.
Orihime tiene que tragarse la bilis al ver cómo se atreven a besarse en su presencia.
Nelliel y Kira agachan la mirada y ella quisiera hacer lo mismo, pero no iba a darle ese placer, sabe que Ichigo quiere disfrutar su dolor de ser humillada de tal manera, por eso canaliza su frustración en las uñas presionando su mano y obligarse a ver cómo Marianne sostiene al emperador del cuello y éste le sostiene la espalda baja con una mano.
—Siéntate un momento Marianne y deja que yo me encargue. — La ayuda a sentarse en el trono, otra puñalada a Orihime pero se contiene. — Tú cuida a nuestro hijo.
Otra vez Marianne se regocija de placer y victoria, se le nota por la manera en cómo ve a la Emperatriz, quien se mantiene inmune de emoción como una estatua a pesar que por dentro deseaba ir a la cama y desmoronarse en llanto. Diosa Euphemia, ¿Por qué no me quitas este amor de una vez? Seriamente está pensando que cometió un crimen en su vida pasada y lo paga con un eterno corazón roto.
—Emperador, esto es una pérdida de tiempo, mi caballero, mi dama y yo no hemos hecho nada que sea un insulto a la familia real y al Imperio.
—¿Te atreves a negar que esas basuras que te siguen no atacaron a mi Consorte esta mañana?
—Lo niego. — Responde tajante. — Varios testigos verificaran que ellos actuaron en legítima defensa de la Familia Imperial
—¿Ah sí? Ilumíname, que hable tu dama.
La susodicha se tensa y mira a Ichigo asustada, luego mira a Orihime. ¿Cómo paso esto? Había tenido un día muy bonito entre charla, bocadillos y unos bailes con Grimmjow... ¿Y todo acabara así?
—Nelliel, dile a su majestad lo que me dijiste a mí. — Su señora le habla con amabilidad, le frota el brazo en señal de apoyo.
—Yo... el soldado Kira y yo veníamos de buscar el vestido que la Marquesa Ichimaru elaboró para la Emperatriz... de la nada se apareció la Marquesa Scorpio y agarró el traje, exigiéndome que se lo deje.
—¿Y por qué no lo has hecho? — Pregunta frío. — Lo que ella quiere, se lo dan.
—Pero Su Majestad... una Consorte no puede robarle a la Emperatriz su vestido, es un insulto a su persona y a la Familia Real. — El que hablo es Kira, a pesar de lo herido que está, no pierde la pose de estar de rodillas con la cabeza gacha.
—Parece que no entienden. — Ichigo se mantiene frío... intimidante, incluso Orihime siente la descarga en su columna y hace un gran esfuerzo por no temblar o asustarse. — La Emperatriz puede ser insultada... no tiene derecho de exigir nada por sus actos, solo dar gracias que siga viva. — Se cruza de brazos. — Es más, creo que te consiento demasiado, debería darle a Rangiku la orden de no vestirte más, sino a Marianne... y encerrarte en un calabozo el resto de tu vida.
Nelliel y Kira lo ven incrédulos y nerviosos, Orihime no da crédito a lo que oye y como Ichigo le da la espalda, ninguno de los cuatro notó la sonrisa maliciosa de Marianne y la peculiar manera en como mueve los dedos de su mano derecha.
—¡¿Es que has perdido la cabeza?! — Exclama Orihime indignada.
La puerta se abre en ese entonces.
En vez de ser una entrada magistral que salve a la dama en peligro, más bien es una señal de muerte... porque es el otro hermano de Marianne: Klaus Scorpio. No pide permiso ni disculpas a su osada entrada sin anunciarse primero, solo camina hacia Ichigo con una sonrisa y los brazos extendidos.
Como si las cosas no podrían empeorar.
—Ichigo. — Lo rodea en un abrazo típica de caballeros, incluso las palmadas en la espalda. — Me alegro, llegue justo a tiempo.
—¿Hermano Klaus? — Marianne lo llama confundida.
—Silencio Marianne. — Tajante y sin verla, su atención está en Orihime. — Emperatriz asesina.
—Soldado cobarde. — Si espera respeto o sumisión, no las encontrara en ella. — ¿Cómo va la vida de jubilado?
—Excelente, pero no quiero hablar de ello. — Le resta importancia al asunto de haber desertado del ejercito en un momento de crisis y sin embargo continúe metiéndose donde no lo llamen. — A pesar de la deshonra a su familia por la traición que ha cometido, los Scorpio si admitimos nuestros errores... y estoy aquí para disculparme con usted por el error de Marianne.
Eso si sorprende a Orihime.
Y a Marianne también.
—¡Her...!
—Ya te dije que te calles. — Alza la mano y luego ve a Ichigo. — Te agradezco las buenas intenciones Ichigo, pero los dos sabemos que mi hermana ha obrado mal.
—¿Lo hizo?
—Sí... es el embarazo, las hormonas... se siente tan indefensa que comete locuras. No debió intentar quitarle el vestido, no pensó y por eso lo dejaremos pasar.
Orihime y los suyos no entienden, ¿Desde cuándo esos escorpiones hablan con algo de juicio o se ponen a favor de la hija del Duque? Ichigo, en cambio, se lo quedo mirando, bajando poco a poco su nivel de rabia, se muestra confundido un segundo aunque suficiente para que lo note su esposa y luego asiente.
—Sí, por supuesto... he perdido la cabeza un momento. El trabajo. — Se ríe. — Consiento demasiado a Marianne que a veces se le olvida de las consecuencias de sus actos. — Ve a Orihime y regresa el enojo. — Sin embargo, la humillación que Marianne recibió por tu culpa no lo puedo pasar por alto.
—Sigo sin entender esa parte. — Por su bien, no cuestiona el comportamiento de Ichigo, ya lo pensara a solas... ya sea en su cuarto o en una celda. — ¿Qué tiene que ver Marianne en la fiesta de Rukia? Rukia jamás invitaría a tu consorte a una fiesta.
—Según tengo entendido, le dijiste que había que ir de negro a la fiesta cuando en realidad... — Agarra con dos dedos, como pinzas, una parte del vestido que lleva su esposa. — era rosa.
—¿Yo le dije eso? ¿Cuándo? — Se frota la sien con el dedo índice y del medio, ya se le apareció la migraña. — No hablamos más de lo necesario por "razones obvias".
—¡La fiesta! — Marianne se pone en pie, molesta que su hermano le quitase la primera victoria, pero esta batalla no la iba a perder. — Tú y las demás, la duquesa, las marquesas y esta mugrienta de tu dama, me dijeron que el color de la fiesta era negro.
—Marianne. — A pesar del cansancio, la voz es tranquila pero firme. — En la fiesta llegue con el Emperador, baile con él, hable con mi circulo cercano, salí a bailar con el Emperador Aizen y luego me fui a un salón a descansar... así que te pregunto de nuevo, ¿En qué momento hablamos de la fiesta?
—¡Le dijiste a ellas que me dijeran tal mentira!
—¿Y por qué lo haría si, de nuevo, no estabas invitada a la fiesta de Rukia? — Se concentra en Ichigo. — Tengo a mi soldado herido, a mi dama de compañía asustada y a mí con migraña... ¿Por palabras sin sentido de su Consorte?
Ichigo medita la situación un momento, se concentra en Nelliel, asustada y la mirada baja, y se acerca a ella. La agarra de las mejillas con una mano, presionando mientras la obliga a verlo a los ojos. Ignora el reclamo de su esposa, quien intento detenerlo pero Klaus la detiene, agarrándola desde atrás en los antebrazos con la fuerza necesaria de lastimarla. Lo ve furiosa por arriba de su hombro y el ingrato tiene el descaro de sonreírle.
—Aprende a conocer tu lugar, sucia. — Le susurra.
Aunque el placer no le dura mucho, por muy herido que este, siente la mano de Kira presionarle el cuello. El rubio se ha puesto tras de él, amenazante.
—Tenga cuidado.
—Habla. — Ichigo se mantiene concentrado en Nelliel que no nota nada más. — ¿La duquesa y sus amigas timaron a mi Consorte?
—Y-yo...
—¡Habla o encadenare a tu Emperatriz boca abajo una semana!
—¡Sí! — Chilla asustada y pidiendo perdón en silencio a las involucradas, pero la vida de Orihime es importante, sabe que no la juzgaran. — ¡La duquesa Shihouin fue la de la idea, mi señora no tiene nada que ver porque estaba con el Emperador Aizen y luego desapareció! — Lloraba a mares, aun viendo a Ichigo por piedad. — La emperatriz no tiene nada que ver... no sabe de ello o que su Consorte se presento en la fiesta sin invitación...
—¿Cómo esperas que me crea eso último? ¿Cómo no va a notarla ahí?
—Ella... mi señora fue al laberinto de jardines con el Rey Ginjo...
Ichigo la suelta, empujándola un poco y brusco, por lo que la peliverde cae de bruces al suelo de trasero y manos. Sigue llorando pero lo más silenciosa posible ante la mirada fría del soberano.
—Entiendo... — Ahora su atención es totalmente para Orihime, inmune a Klaus aprisionándola o a Kira con espada en mano. Solo su esposa. — ¿Qué hacías ahí con el Rey Ginjo?
—Quiso conocer el laberinto y lo acompañe para no perderse.
—Pudo ir Rukia.
—Ella debe atender a los invitados.
—Y tú amablemente te ofreciste a ayudarlo.
Orihime no le responde, encendiendo más su enojo.
—¡Guardias! — Dos soldados se hacen presentes al otro extremo de la habitación. — Llévensela a las celdas. — Señala a Nelliel, más asustada por ello. — Y a la Emperatriz escóltenla de nuevo a su palacio. — Ellos asienten y desvía su atención en Orihime nuevamente. — Hasta nuevo aviso mi esposa no sale de los terrenos del Seireitei.
