Capítulo 5

Las fuerzas especiales que entrenan bajo la tutela de los Shihouin están para proteger a la familia real y al Imperio de toda clase de amenazas, incluso matar la manzana podrida de la realeza como un ancestro de Ichigo que casi los lleva a la ruina. Son útiles para los Kurosaki, sin embargo no pueden permitirse, por asunto de orgullo, no tener un haz bajo la manga de guerreros fuertes, quizás más que ellos, que les cuide las espaldas si el enemigo resulta ser los Shihouin.

De ahí que nació un pequeño escuadrón cuya identidad es secreta y que trabaja exclusivamente bajo las órdenes del Kurosaki que tome el trono solamente. Orihime no lo sabe pero su padre fue de dicho escuadrón, hasta que lo enjuiciaron por su crimen y desertaron. Ellos podrían ser tu vecino, tu amante o incluso el sirviente que limpia las ventanas y en cualquier momento, si lo ordena el emperador, matarte y que pase por un accidente.

Es una suerte que los Scorpio no sepan de ellos o habría problemas.

En el palacio real un carruaje se detenía en la entrada principal, mientras que uno de los caballeros abría la puerta otro ayudaba a la condesa Arisawa a baja. Fue guiada por uno de los lacayos del lugar hasta un pequeño salón sonde encuentra a las demás chicas de su círculo cercano

—¿Tatsuki? — Murmuro Rukia sorprendida.

—¿Tú también?

—¿Todas fuimos convocadas por la sombra directamente?

—Parece que esto será una "agradable" reunión con su majestad. — Dijo Yoruichi con sarcasmo, marcando bien la palabra agradable.

—Ya me imagino porque nos llamo. — Gruñe Cristal.

—Creo que todas nos lo imaginamos. — Murmura Rangiku llevando una mano a la frente.

Las puertas de la habitación se abrieron dando paso al primer ministro quien miro a su esposa avergonzado.

—Buenos días damas, pasen por favor, su majestad las espera. — Urahara les hace una seña y ellas lo siguen al salón del trono.

Ahí estaba Ichigo sentado con Marianne a su lado en una silla sumamente elegante adornada en oro y joyas; era hermosa pero la mujer le había hecho un puchero, todavía no podría sentarse en el trono de la emperatriz después de todo, se veía muy segura de sí misma y las veía a todas altiva.

—Saludamos a la gloriosa espada del imperio. — Empieza Rukia con una reverencia formal, las demás le siguieron a sus acciones.

—Bienvenida duquesas, señoritas… primer ministro, usted se quedara afuera en esta sesión.

—Pero majestad... — Urahara quiere implorarle, pero solo recibió la mirada fría del pelinaranja. — Como ordene. — Observa a Yoruichi por última vez, preocupado, mientras salía del salón de audiencias.

—Supongo que se dan una idea de porque las he convocado.

—La verdad es que no. — Responde Rukia descaradamente.

—Se que lo saben pero los repetiré. — Habla Ichigo con seriedad. — La fiesta temática de té que organiza la duquesa cada cierto tiempo.

—¿Quería venir? Debió avisar. — Dice casual sin prestarle atención la molestia de Marianne.

—Humillaron a mi concubina real, hacerlo es como humillarme a mí. — Las vio fríamente, ignorándola la interrupción. — Mentirle sobre la etiqueta de vestimenta y humillarla públicamente se castiga severamente.

—Su majestad, si me lo permite, quisiera decir algo. — Yoruichi toma la palabra.

—¿Si?

—En primer lugar usted sabe que la princesa Kuchiki es muy selectiva con los invitados de sus fiestas.

—Lo tengo en cuenta.

—Entonces sabe que no hay buena relación entre ella y la concubina real Marianne… ¿Porque entonces aparecio lady Mariane en la fiesta?

—Es obvio, porque la princesa le invito.

—Yo no la invite. — Reclama Rukia perdiendo la compostura y cruzándose de brazos. — La única invitación que le enviaría a tu… a la marquesa Scorpio es la oferta de tirarse de la ventana.

—¡Ibas a insultarme! — Marianne la ve enojada.

—Cuida tu lengua Rukia. — Amenaza el hombre.

—Me disculpo por el vocabulario pero digo la verdad y usted lo sabe muy bien.

—Ella sola fue a la fiesta sin una invitación formal. — Interviene Tatsuki. — Cualquiera sabe que sin invitación no entras a la finca Kuchiki, aun así ella fue muy testaruda en querer entrar. Todos en la fiesta la oyeron gritar como una verdulera.

—¿Y lo del vestido? ¿Van a negarlo? — Pregunta el hombre al mismo tiempo que su concubina se pone más roja de rabia por tal comparación.

—Majestad, la concubina real Marianne generalmente viste de acuerdo a sus deseos y ama destacar, nosotras nunca le dijimos nada de una prenda negra.

–¡Mentira! — La marquesa ya tuvo suficiente. — La duquesa Shihouin me dijo claramente que vestirían de negro a propósito.

–Calma. — Ichigo le acaricia la mejilla dándole náuseas a Cristal. — Le harás daño a nuestro hijo. — Mira a las damas con seriedad, hora de su veredicto. — Sea cuales hayan sido las circunstancias no me interesan, humillar a mi concubina es un insulto a la familia real. Serán puestas en arresto domiciliario por un mes; se les prohíbe las apariciones públicas. Sus maridos serán enviados a las fronteras a contener las revueltas enemigas que amenazan al país, no pueden volver hasta que se les ordene.

Las damas querían reclamar por tal injusticia, aceptaban que ellas habían planeado hacerla pasar mal a Marianne pero no esperaban que sus maridos fuesen afectados igual. Ichigo sin esperar siguió hablando.

—Tienen prohibido ponerse en contacto con nadie más; la emperatriz y su doncella cómplice también han recibido ya su castigo por atentar contra la madre del futuro heredero al trono.

—Espere ¿Que quiere decir con castigo? — Tatsuki lo mira indignada.

—Ella fue llevada a su palacio y también está en arresto domiciliario; su doncella mientras tanto se encuentra en los calabozos por haber sido su cómplice. Sé que lady Jubelian también conspiro en esa treta pero al ser ella enviada política y prometida del príncipe Max en el imperio Hawl, tiene inmunidad; sin embargo enviare la notificación al emperador actual sobre sus acciones.

Marianne sonrió satisfecha al escuchar las acciones de Ichigo.

—¡Majestad reclamo mi negativa a ese castigo! — Tatsuki se impone sin importarle los modales. Es bastante sabido que Orihime siempre ha provocado aquel sentimiento de protección en la condesa desde pequeñas, incluso casi asesina al emperador en la adolescencia porque su amiga había oído que el príncipe en ese entonces había pasado la noche con varias jovencitas y lloró a escondidas. — La Emperatriz no tenía idea de lo que paso, ella ni siquiera estaba en el salón con nosotras.

—Cierto, un arresto domiciliario a la emperatriz injusto e infantil. — Exclama Cristal molesta. — Solo lo hace por celos me imagino. Que hipocresía.

—Esto no tiene nada que ver con celos, ella ha obrado mal y debe sufrir las consecuencias.

—Por favor, te conozco bien. — Apoya las manos en las caderas. — Tienes la cara de celos que ponías cuando uno rondaba alrededor de Orihime. ¿Acaso te enteraste que estuvo a solas en el laberinto con el rey Ginjo?

Cristal se había mantenido al margen, observando y analizando mientras las otras trabajaban en su defensa; al ser su familia amiga y siervos de los Kurosaki, ella ha estado con Ichigo desde que tiene consciencia y es de las pocas personas que conoce todas sus expresiones o lo que puede estar pensando.

Por desgracia no ha llegado a entender por qué ha cambiado estos años.

—Silencio. — Golpea con su puño izquierdo el reposabrazos. La mira bastante enojado pero ella no se intimida, sabiendo que ha dado en el clavo. — Ya he dado mis órdenes y no me echare atrás. — Hablo fríamente y observa a los guardias. — Llévenselas y escótenlas a sus palacios.

Marianne saboreaba la humillación y el castigo de las damas, así aprenderían a no meterse con la siguiente emperatriz, si hubieran sido buenas con ella les hubiese permitido entrar a su facción; definitivamente eran unas estúpidas que no supieron de qué lado ponerse.

Frota su mano suavemente, mientras tuviera eso en su poder, el hombre a su lado estaría a sus pies por siempre.


El arresto domiciliario para las mujeres se mantuvo en alto secreto después de todo eran familias poderosas que habían apoyado al emperador en su ascenso al trono. Las acciones de su majestad no sorprendió a ninguna de las chicas pero a pesar de todo eso no quitaba que no estuvieran satisfechas con lo bien que habían humillado a Marianne. Los marqueses Ichimaru y Sado y el prometido de Rukia fueron enviados a las fronteras a vigilar a las tropas justo como el emperador ordenó; el conde Arisawa había tenido que pagar una fuerte multa ya que no tenía hijos varones o más representantes que fuesen a apoyar a las fuerzas armadas en su nombre y ya era mayor para ir en persona y el duque Shihouin había tenido más trabajo que nunca al punto que tenia días que no salía del palacio, debía dormir y ducharse ahí mismo que los sirvientes le habían llevado mudas de ropa por sus órdenes.

Como había ordenado Ichigo, Nelliel estaba en el calabozo, un lugar horrible donde la joven de cabello aguamarina ni siquiera pudo dormir adecuadamente debido al pánico que le ocasionaban las ratas e insectos rastreros del lugar.

Por otro lado Lady Marianne pidió permiso al emperador para volver a su hogar unos días ya que los acontecimientos recientes la habían afectado a lo que el hombre accedió de inmediato.

En ese momento el carruaje de la peliblanca se detiene frente a la casa de los Scorpio en plena noche; era una suerte que existieran las luces mágicas ya que estos podían iluminar una ciudad entera siempre y cuando se les suministrará suficiente maná a dichos objetos. Dejo sus pensamientos a un lado y tras estar frente a la puerta que da al estudio, suspira resignada y abre.

—Estoy aquí hermano. — Anuncia como saludo, sin embargo el marqués Ezra la ignora mientras se encontraba de pie frente a la chimenea y leía algunas cartas, él siempre había sido así. — Mira si vas a sacarme del palacio al menos no finjas que no estoy. — Rezonga molesta.

—Cállate Marianne, en este momento no me tienes muy contento. — Levanta la mirada de los papeles y miro molesto a la joven quien ni siquiera se inmuto.

—Tú siempre estas molesto, que novedad. — Murmura desinteresada mientras jugaba con un mechón de cabello.

—Deja de comportarte como una mocosa mimada. ¿Tienes una idea de las estupideces que has hecho?

—¡¿Ah?! ¡No se dé que hablas!

—Claro que no, no lo sabes pequeña estúpida. — La insulta sin pena.

—No te atrevas a insultarme, si le digo a Ichigo, él te llevara a prisión.

—Sí y también a ti si descubre lo que has hecho. — Dice sarcástico, mirándola con burla. — Tú tampoco eres una blanca paloma, estas igual de sucia que nosotros.

—¿Para eso me hiciste venir? Me largo. — Dijo dando media vuelta.

Pero se detiene abruptamente por lo que pilla en la puerta.

—¿Porque te vas tan pronto querida hermana?

—K-Klaus...–Marianne era un poco idiota pero hasta ella reconocía que no era bueno hacer enojar a su segundo hermano y éste se veía no molesto, sino furioso.

Nota como ponía llave a la puerta del estudio por lo que ahora la mujer no tenía escape.

—Toma asiento Marie, creo que debemos tener una buena conversación entre hermanos. — Le dijo con un tono amenazador, obligándola a obedecer.

En el exterior de un momento a otro había empezado a caer una fuerte tormenta lo que provoco una bajada de temperatura y agudizo la tensión de lugar.

—¿Y bien Marianne? ¿Cómo explicas lo que has hecho? — La cuestiona Klaus.

—No sé de qué me hablas, en serio. — Lo ignora sin preocupación alguna mientras alisaba un mechón de su cabellera plateada.

—Dios, esto pasa cuando le das a una descerebrada poder. — Suspira el hombre.

—¡¿Disculpa?! — Deja su acción y lo ve muy enfadada.

—El plan era sencillo, se supone que debías ganar el favor de Ichigo para ti y minimizar el poder de la emperatriz para matarla y después borrar a los Tenjiro. ¡¿Qué demonios has estado haciendo en el palacio?! — Le reclama el marqués.

—El poder de la emperatriz no ha disminuido, ¡Por el contrario sus partidarios han estado aumentando! — Le grita Klaus a la cara, lo que intimido a la mujer.

—¡Eso no es mi culpa! ¡Esa ladrona es muy astuta!

—Sí, se nota que es diferente a otra cierta mujer que estoy viendo. — Habla Ezra exasperado.

—Haciendo berrinches en público, pidiendo demandas irracionales, oponerse a la facción del emperador y a los duques sin poder alguno. ¡¿Esas neuronas tuyas acaso trabajan?! — Klaus le dio unos golpes en la frente con su dedo.

Siempre era así con los hermanos Scorpio, por fuera se veían amorosos y parecía que cuidaban y apoyaban a su hermana pequeña, pero dentro de su hogar los hermanos mayores solo trataban a Marianne como una mera herramienta política y la hacían menos, no había un gramo de afecto por parte de los mayores con ella.

—No me toques. — Marianne le dio un manotazo al hombre.

—No te sientas especial, idiota. — Se burla su primer hermano. — En el palacio imperial tendrás poder pero en la casa Scorpio eres solo la herramienta de la familia, nunca olvides eso.

—Esto debe ser culpa de mi padre. — Suspiro Klaus cansado. — Te estuvo mimando todo el tiempo, como si fueras una princesa y no se centro en ejercitar tu cerebro. — El marqués Scorpio anterior quien ya estaba retirado en su villa del campo siempre vio a Marianne como la anfitriona de alguna familia noble, por eso solo la centró en modales y cómo ser una esposa perfecta, mas nunca se centro en otras áreas aparte de los estudios de "mujer".

—Pues si eres tan listo ¿Porque no me explicas?

—¿Es en serio? Ya deberías darte cuenta, estúpida. — Murmura Ezra frotándose las sienes. — ¡Tus caprichos de niña mimada están poniendo en duda el poder del emperador!

—¿Y? — Pone los ojos en blanco. — Hay que matar a los que molestan y listo.

—¡Las cosas no son así de fácil imbécil! — Le grita Klaus y ella da un brinco. — Pidiendo vestidos que son exclusivos de la emperatriz, rogando que castigue y encarcele a quien se te oponga, despidiendo gente del palacio a diestra y siniestra, gastando como idiota del tesoro nacional… los nobles opinan que el emperador ya no es capaz, Ichigo empieza a perder poder ¿Sabes lo que eso significa? — Klaus la toma del cabello y jala con fuerza, sacándole un grito de dolor a la mujer. — ¡Que pronto habrá una revuelta y el consejo pedirá que sea removido del poder! ¡Todo por culpa tuya!

—Y si eso pasa y ponen a la princesa Karin en el poder, puedes decir adiós a nuestros planes; los años de trabajo, planeación y recursos serán tirados a la basura.

—¡Y todo por una escandalosa descerebrada!

—¡Suéltame, me lastimas! ¡Maldición estoy embarazada! — Su cabello fue liberado y unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos.

—Es todo culpa de ese maldito complejo de inferioridad que tiene contra esa perra Tenjiro. — Maldice Ezra en un murmullo.

—¡Te equivocas! No tengo ningún complejo, siempre he sido mucho mejor que ella! ¡Esa maldita desgraciada solo es una ladrona, tomo todo lo mío! ¡Todo lo que tiene me pertenece originalmente!

—Ahí vamos de nuevo.

—Siempre es así cuando se habla de la perra Tenjiro. — Refiriéndose a Orihime.

—¡Ustedes no me van a quitar lo que es mío!

—Escucha cerebro de chorlito. — Klaus la tomo de la barbilla con fuerza en un instante. — En este momento el mocoso que llevas en el vientre es nuestra carta de triunfo, deja de lado las peleas con la emperatriz y céntrate solo en conservar el cariño del tonto de Ichigo, de la emperatriz se encargara alguien más.

—¿Quien...?

—No necesitas saberlo, conociéndote arruinarías todo. — Dijo desinteresadamente Ezra. — Solo debes saber que hace tiempo que se ha estado moviendo.

—Ahora sé una buena pieza, no actúes por tu cuenta y muévete según lo que te digamos ¿De acuerdo? — Klaus le sonrió amigable y Marianne sintió un sudor frio recorriendola. — No olvides tu lugar y recuerda gracias a quienes obtuviste este poder del que gozas. — Toma la mano de su hermana y presiona con fuerza su dedo. — Sal de aquí. — Se pone en pie y abre la puerta del estudio, dejando salir a la concubina asustada pero furiosa al mismo tiempo.

—¿Crees que haga lo que le dijimos? — Habla el marqués actual.

—Si hace lo que le ordené y sabe lo que le conviene, sí. — Responde Klaus despreocupado.

—En serio, las mujeres no sirven para mucho.

—Ya ves, pero esperemos que se mueva como debe ser.

—Siempre ha anhelado ser emperatriz, pero lo que no sabe es que teniendo al mocoso ya no la necesitaremos mas, tampoco al emperador.

—Por lo tanto los deseos de esa boba son innecesarios. — Los hermanos se sonrieron cómplices. — Nos quitaremos un par de dolores de cabeza.

—Exacto, una vez en el poder como los tutores del mocoso, eliminaremos a quien se nos oponga fácilmente; será nuestra nueva herramienta, podremos moldearlo según nuestra conveniencia.

Ezra saca una botella de su pequeña cava y lo mostro.

—Conseguiste uno de los buenos.

—Recientemente obtuvimos un viñedo, así que lo obtuve gratis ¿Brindamos?

—Claro. — Ezra sirvió dos copas y le entrego una. — Por el brillante futuro de la casa Scorpio.

—Por el brillante futuro de la casa Scorpio. — Chocaron las copas y bebieron de una vez todo el contenido.

Por otro lado Marianne caminaba a paso furioso a la tercera planta de la mansión. Esos hermanos suyos no tenían ni idea, la trataban como un mero objeto, pero les demostraría que ella subiría hasta lo más alto sin necesidad de escucharlos.

La primera vez que Marianne vio a Ichigo fue en el banquete de cumpleaños del emperador Isshin, ella tenía seis años e Ichigo nueve, él la guio un momento en el que se perdió en el palacio y a ella le pareció el niño más guapo del mundo, era como si estuvieran predestinados y ahí fue donde lo decidió: deseaba ser su esposa.

Es decir Marianne era bonita, su familia tenía buen estatus aunque sabía que no tenían muy buena reputación pero seguían teniendo sangre noble, y poseía buena educación ¿Que podría salir mal?

Al día siguiente fue a donde su padre para hablar con él.

¿Qué? ¿Quieres casarte con el príncipe? — Dijo incrédulo.

Sí, creo que estamos predestinados. — Argumentó la niña de forma altiva, sin embargo el hombre suspiro cansado.

No puedes.

¿Porque no? — Cuestiono caprichosa, al no tener una madre ya que ésta murió a los pocos meses de que naciera, su padre le había puesto una niñera que la había malcriado mucho, él mismo también era culpable por lo que la pequeña creció siendo mimada y consentida.

Porque el príncipe ya está comprometido.

¿Qué? ¡¿Con quién?!

Con la princesa Tenjiro. — Ante esto Marianne cerró la boca molesta, la hija de un duque… era obvio que su estatus era mucho mayor que el de ella y se le daría prioridad a ella sobre Marianne.

¿No puedes hacer nada padre?

Lamentablemente no.

Éste le explico de forma sencilla que poco antes de su nacimiento el archimago del imperio profetizo que el príncipe y la hija de los Scorpio estaban astralmente conectados, en las leyes de la magia eso significaba que si había una unión entre ambos traería mucha suerte. El marqués se había puesto feliz ¡Una Scorpio en el trono! Parecía que la suerte del marquesado empezaba a cambiar después de años de ser tildados como los perros del emperador; al fin la gloria y el honor iría a su casa o eso es lo que pensó hasta que nació la princesa Tenjiro.

El imperio había pasado por sequias fuertes en los tres años anteriores pero milagrosamente al momento que la princesa Orihime empezó a llorar, llovió copiosamente en las partes del imperio más afectadas, las que no tenían una sequia tan grave tuvieron una cosecha abundante, también poco después se firmó la paz con Las Noches, un imperio vecino con el que habían estado en guerra por años.

El nacimiento de Marianne y su conexión con el príncipe paso a segundo plano por todos, la iglesia dio a Orihime el título de "niña bendecida de Suzaku y Euphemia" ya que el mismo día que nació a esa misma hora sus estatuas brillaron con un aura dorada, cosa que no había pasado en siglos. Esto fue tomado por todos en el imperio como un presagio de buena abundancia y bendiciones, además de que al poseer un cabello del color del atardecer parecido al de la familia real optaron por comprometer al heredero al trono y a la princesa Tenjiro en matrimonio; para el imperio era más importante la bendición de los dioses que una conexión astral.

Y así fue como Marianne fue hecha a un lado de las opciones matrimoniales del emperador y la emperatriz; también la familia Tenjiro había producido muchas emperatrices y algunos príncipes consortes en el pasado por lo que era una mejor opción para ellos una Tenjiro y un Kurosaki unidos por la amistad entre familias.

La pequeña entendió muy bien lo que explico su padre, así que en su mente Orihime era solo una ladrona, una vil rata que le quito todo lo que le pertenecía a ella por nacimiento.

Desde entonces había tenido una enemistad con la princesa Tenjiro que fue conocida por todos.

No supo cuantas cosas rompió cuando se entero que el emperador Isshin le había otorgado el título de "princesa real" frente a todos los nobles en el séptimo cumpleaños de la niña como regalo; cada vez que se veían la ojidorada buscaba pelear pero la pequeña princesa ignoraba sus intentos de ataques, o le respondía calmadamente sacándola de sus casillas; incluso creó rumores sobre ella, intentó difamarla y sobresalir más en las reuniones y fiestas a las que asistía, pero todo fue fallido. Su ira creció a límites insospechados cuando al ambas hacer su debut a los quince años, Orihime fue reconocida como la "Flor Social" entre las damas del imperio por su contribución en innovación y tendencias, cosa que ella no había podido lograr.

Fue desde la primera vez que la vio que Marianne Scorpio desarrollo un complejo de inferioridad hacia Orihime que fue demasiado notorio; al crecer aprendió a ocultarlo, sin embargo solo había que mencionar a la joven Tenjiro para que la mujer estallara en cólera e ira desenfrenada.

Ella misma sabia que el príncipe y la princesa Tenjiro llevaban solo una relación "cordial" y no había amor entre ambos (al menos de parte del príncipe, Marianne sabia que la veía únicamente como una amiga de la infancia), tenía una oportunidad de seducir al joven y que cayera a sus pies; lo intento las veces que podía ir al palacio con su padre pero, no supo como ocurrió entre los años que estuvo fuera estudiando en la academia real y las veces que volvía por sus vacaciones al palacio, el príncipe heredero había pasado de amistad a revelar su amor por Orihime Tenjiro públicamente; pensó que podría aun metérsele por los ojos, supo por su hermano Klaus que Ichigo disfrutaba de vez en cuando de las mujeres e intento llevarlo a la cama sin embargo fue cruelmente rechazada y humillada por éste.

¿Como osas colarte a mis aposentos sin permiso? — Exclamó furioso el príncipe la noche antes de su boda. — Contraeré nupcias con una maravillosa mujer mañana y no pienso faltarle al respeto. Lárgate de mi vista y no te quiero volver a ver frente a mí marquesa Scorpio.

—Todo lo que me robó esa perra volverá a mí, ya lo verán. — Susurra con veneno. Llega a sus habitaciones privadas y se sorprende de ver a una persona no deseada ahí. — Tú…


Orihime abre los ojos apenas Ogawa abre las cortinas, suelta un quejido y le da la espalda; quería dormir más tras pasarse gran parte de la noche repasando en su cabeza una y otra vez el comportamiento de su marido y buscarle una respuesta lógica, él no es de hacer estupideces por muy enamorado esté de Marianne sin embargo aquello del vestido fue insensato y peligroso.

Puede que suene ridículo, es solo un vestido, pero es mucho más serio que ello. Primero: durante generaciones la Casa Haineko ha sido los responsables de vestir a los Emperadores, gran parte de su ropa que se ve en eventos públicos son usados por la familia Matsumoto, un honor y privilegio exclusivo ganados por su don en tal arte y nunca, pero NUNCA han vestido a los amantes de los emperadores y emperatrices porque no hay que darles privilegios más de lo necesario o se les subirá el ego y olvidarán su lugar; si Ichigo le quitase el vestido que Rangiku le dio para dársela a Marianne u ordena a la rubia que le hiciera un traje a la Scorpio, la marquesa lo tomaría como un insulto… un insulto que se haría público.

Y eso provocaría el segundo problema: los nobles ya saben que el Emperador ama a su consorte, que la mima en todo lo que quiere y la lleva con él a sus giras o paseos de cacería, también notan que a los Scorpio les está dando demasiada facilidades, pasando por alto su descortesía y aceptando todas sus peticiones, aunque no sean correctas como darle a Klaus la jubilación de un general cuando solo ha estado dos días en la milicia o que se supo que habían usurpado una de las minas de un barón pasándolas "legalmente" como inservibles cuando en realidad estaba lleno de hierro que fueron robándose para ellos mismos; lo único que hizo Ichigo al respecto es "exiliarlos" medio año en vez de la prisión y trabajos forzados.

Con todo eso le sumas el insulto a Rangiku, sería el detonante para que los Nobles se quejen de la incapacidad de Ichigo, ya sea por honesta preocupación al Imperio o para su codicia esperando la oportunidad de ascender en la pirámide, y representarían sus quejas en la Reunión Anual y si consiguen que de las ochenta Casas cincuenta familias se pongan a favor a que Ichigo abandone la Corona, éste tendrá dos opciones: aceptar pacíficamente y el familiar más cercano toma control mientras evalúan al Emperador y de acuerdo al resultado regresa al poder o se va definitivamente; la otra opción es que se niegue rotundamente, ganándose un riesgo mayor a una Guerra Interna entre bandos.

¿En qué estará pensando Ichigo?

—Señorita, sé que está agotada pero ya no puedo atrasar más su horario.

—¿Y qué importa si estoy castigada? — Aquello último lo dice en tono burlón.

—Eso no significa que vaya a ser una irresponsable en sus deberes, eso mismo alegó usted anoche. — La ve cubrirse más con las sabanas. — Le dejare dormir una siesta luego, pero ahora mismo debe estar presentable o hablaran mal de usted por días.

Orihime sabe que Ogawa tiene razón, hace cinco años estuvo exactamente como ahora: agotada, deprimida, llorosa y acostada en la cama toda una semana sin comer, ganándose bromas y comentarios crueles por parte de todos los nobles, ganando siempre su marido, y todo eso paro tras pasar el primer año, en cuando abofeteo a una condesa amiga de Marianne por sobrepasarse, delante de todo el mundo, y con voz fría ordenó a los soldados que la llevasen al calabozo y recibiera el castigo de quinientos latigazos totalmente desnuda.

Los comentarios callaron desde entonces.

—De acuerdo, ya me levanto.

Decide vestir ropa cómoda, así que Ogawa busca entre sus vestidos que cumpla con su exigencia y saca un vestido verde con estampados de rosas en el mismo color pero oscuro. Le cubre todo con su cuello de tortuga (con un lazo alrededor), mangas largas y la falda hasta los tobillos, y un lazo alrededor de su cintura. El peinado también es sencillo, solo se lo recogió con otro lazo, verde oscuro como los otros. Otra criada llega con una bandeja llena del desayuno, mayormente cosas dulces, sabiendo el estado anímico de la soberana, quien agradece aquel amable gesto silencioso con una sonrisa.

—Por favor, que un soldado vaya a ver en qué condiciones está Nelliel.

—Si mi señora. — La doncella se inclina en respeto. — ¿Qué vaya Hisagi?

—No, quiero que se quede conmigo ya que Kira debe descansar.

—Le avisaré entonces al Sir Mizuiro.

—Gracias.

La criada se retira y Orihime empieza a comer mientras Ogawa le narra el itinerario que tiene hoy, la interrumpe solo para cancelar alguna cita y modificarla a causa de su situación.

Con un retoque de maquillaje y con un poco de perfume, Orihime está lista de volver a trabajar.

Sale de sus aposentos, caminando directo a su estudio de trabajo pero detrás de ella se escucha reclamos y peticiones que la hacen voltear y se sorprende.

¿Qué hace Marianne aquí?

Camina segura por su palacio como si fuera el de ella, luciendo magistral un vestido rojo escarlata que marca su figura pero sin tanta presión con el fin de proteger al bebé, con los hombros al descubierto y con la falda hasta los codos; en el escote pecho tiene dos broches en cada extremo, unidos por una cadena de plata; bordados de flores en negro en el borde de la falda y encaje negro en las mangas; su cabello lo lleva totalmente suelto, con un poco cayéndole sensual en el hombro derecho.

—¡¿Qué hace aquí?! — Exclama Ogawa indignada de aquella falta de respeto. — ¡Usted no puede andar en el palacio sin permiso!

—Yo no tengo que darle explicaciones a una muerta de hambre.

—Tenga cuidado Marianne, Ogawa es la cabeza a cargo de mi personal. — Orihime habla serena pero en sus ojos hay una silenciosa advertencia. — Insultarla es insultarme a mí.

En vez de preocuparle faltarle el respeto a la mujer más importante del Imperio, Marianne se echa a reír con malicia, aumentando la rabia de todos los habitantes del palacio, incluyendo Orihime pero ella se mantiene intacta y así tener ventaja.

—Usted es la última persona que debe importarme, emperatriz repudiada y olvidada. — Ladea la cabeza, sus manos en las caderas. — Usted no tiene poder aquí, yo sí… porque el Emperador es mío.

—Se equivoca, Marianne. — Enarca las cejas, Marianne nota lastima y eso le cabrea. — Yo tengo poder, no usted… porque yo no voy a hacerle escándalo al Emperador, atacó por mí misma.

La rabia surge tan rápido en Marianne que ataca sin pensar a Orihime. Sin embargo Hisagi se aparece de la nada, agarrando desde atrás a la Consorte y la jala hacía él.

—¡Suéltame!

—Le debería retorcer el brazo por tal falta de respeto.

—¡Espérate a que se lo diga al Emperador!

—¿Ves? — Orihime le sonríe con actuada inocencia. — Estas comprobando que tengo razón al mencionar a mi marido… porque tú no tienes poder de mandar el Seireitei.

Marianne rechina los dientes, por un segundo se ve como todo un escorpión a punto de matarte con su veneno y Orihime piensa que si no fuese una maldita zorra y con la cabeza hueca, sería una verdadera líder de su familia, incluso sobrepasaría a sus hermanos.

—Hisagi, échala del palacio… y ordena que si vuelve a poner un pie aquí, que la encierren en los calabozos bajo mi palacio, a ver si aprende.

—A la orden.

—¡Él se enterara si haces eso!

—Y sigues amenazándome nombrando a Su Majestad en vez de pelear por ti misma… ¿Por qué será? — Da un paso al frente. — Que se te quede en la cabeza de una vez: Eres la marquesa y la Concubina, te da privilegios, eso es verdad… pero estás por debajo de mí: La princesa de los duques Tenjiro, con más sangre noble que tú; alteza real por decreto del Emperador Isshin; y, la más importante, Emperatriz del Imperio Karakura, Madre y Soberana de todo el continente. Tu poder dura mientras el Emperador aun quiera abrirte las piernas.

La Scorpio siente tanto miedo como furia, esa maldita zorra ladrona se cree mejor que ella solo por nacer en una cuna de duques y tuvo un poco de suerte. ¡Y se atreve a compararla con una puta de burdel barato! Quería gritarle, insultarla y recordarle que su familia no es nada, solo basura por sus actos de traición, sin embargo nota por fin las miradas de los criados y soldados; ellos lo comentarían y terminarían a oídos de la nobleza, por lo que si va donde Ichigo…

No llames la atención

Se suelta de Hisagi y, a pesar del golpe a su orgullo, se inclina ante Orihime pidiendo disculpas y se retira en silencio.

Todo cambiara en cuando la mate.

Orihime no escucha los comentarios de Ogawa despectivos sobre Marianne, concentrada en sus propios pensamientos; con una ceja alzada contempla a la "bruja" irse piensa que ha sido extraño su conducta y se pregunta si Klaus tiene algo que ver.

No es normal en ella comportarse.

Decide pensar en eso otro día, debe trabajar si quiere ir pronto ver a Nelliel y ayudarla en todo lo que necesite.


—El Duque Byakuya Kuchiki ha mandado una carta.

Ya sabía que eso pasaría.

Ichigo extiende su mano y Urahara (cansado por el trabajo extra) le entrega el sobre color azul pálido, el emperador rompe el sello de la familia Kuchiki y saca una hoja doblada en tres. En palabras resumidas y traducidas, el duque le está diciendo que no se presentara en la reunión del viernes porque no le gustó la injusticia a su hija y que Ichigo se vaya a la mierda.

—Parece que sólo contaremos con el duque Hitsugaya y a ti como representación de los Shihouin. — Con un encogimiento de hombros, Ichigo rompe la carta y la tira al basurero.

—Su majestad, con todo respeto…

—Calla, no quiero oírte.

—Pero…

—He dicho que no. — Se frota los ojos con los dedos índice y pulgar. — Se lo que piensas y la respuesta es no. Mi esposa y sus amigas deben agradecer que no ordene su ejecución.

—Le han reiterado que la Emperatriz no tuvo nada que ver con el suceso del vestido, incluso usted mismo es testigo al haberse quedado a solas con ella.

—Voy a tener que cortarte la lengua por no saber callarte en cuando se te ordena… pero eso implicaría aprender lenguaje de señas y no estoy de humor. — Lo ve con frialdad y el rubio le entra miedo por dentro aunque lo disimula. — El duque Kuchiki en vez de hacer un berrinche esperando a que me acobarde, le debería enseñar a esa enana a comportarse con las personas superiores a ella.

—Solo la Emperatriz está por sobre Lady Rukia, no la marquesa. — Se atreve a decir.

—No por mucho tiempo. — Su sonrisa asusta más a Urahara que sus ojos furiosos. — Mientras mi plan se esté llevando a cabo, por fin podre deshacerme y vengarme de la asesina de mis padres y hermana.

Urahara traga duro, preocupado de Orihime y su seguridad y asustado de ese futuro en que la corona de Emperatriz quede bajo el dominio de los Scorpio.

Había otra persona escuchando; Richiro miraba a los dos con los ojos serios y sus manos tras la espalda forman puños, tiene ganas de acercarse al emperador, aquel hombre que crío desde pequeño, y plantarle una bofetada como aquella vez que hizo un berrinche amenazando con matar a todos al no darle doble ración de torta como exigía.

—Richiro. — El susodicho asiente ante la voz de Ichigo, haciéndole entender que lo escuchó. — Que traigan a Orihime, la quiero aquí pronto.

El mayordomo se inclina y sale del cuarto en silencio.

Y regresa en cinco minutos.

—La Emperatriz, Única Soberana de Karakura mientras usted viva… — Ichigo se molesta tal como el hombre quería. — ya lleva una hora aquí en el palacio.

—¿Qué?

—Que la únic-…

—Eso no, lo otro.

—Está en el palacio, dijo que vendría apenas termine de ver a su dama de compañía.

—¿Y qué hace en el palacio? ¡Está confinada!

—Su Majestad, usted ordeno que se quede en Seireitei… y todos los palacios son parte de Seireitei.

En un segundo Ichigo se siente tonto por olvidar aquello y maldice.

Orihime llega en una hora, bien arreglada como siempre y con un porte que Ichigo sabe es defensa, se prepara a loa puñales que él con gusto le va a atacar; algunos los esquiva, otros no.

Y lo que tiene en mente no lo podrá esquivar.

—Su Majestad. — Orihime inclina la cabeza y espera en silencio el motivo de haber sido llamada.

Que estúpido ha sido en el pasado por haber caído en los engaños de esa rastrera asesina. ¿Cómo puede seguir de pie dignamente con todos sus crímenes? No tiene vergüenza.

—Toma asiento Emperatriz. — La ve fruncir el ceño, sospechosa y no la culpa ya que nunca le ha ofrecido alguna comodidad en esos cinco años. Al final ella asiente y obedece dando las gracias. — ¿Cómo va tu dama de compañía?

—Mejor luego que alegue a los guardias que no le estaban dando la celda que corresponde. — Se había indignado que la hubieran dejado en una celda maloliente como si fuese una asesina o algo así, habló con el general y la cambiaron a la celda que ocupa los nobles; la alimentó, acobijo y la dejó apenas se había dormido.

—Bien, voy a ir directo al grano ya que al menos yo estoy ocupado.

—¿Ocupado arruinando el Imperio con tus tonterías? — Ataque directo y no se arrepiente, aun si se ha ganado una mirada fría de advertencia. — Lo estás haciendo.

—No quiero los consejos de una asesina de cómo debo trabajar.

—Si tienes al treinta por ciento de la nobleza desconformes contigo, deberías replanteártelo. —Su esposo frunce el ceño y se pregunta si no le gusta que ella lo sepa o si en verdad él desconoce aquella cifra.

—Siempre hay alguien que no está contento si no puede robar más de lo que puede. — Habla con la verdad queriendo esconder su preocupación de ello, no es normal que pase de un veinte. — Volvamos al asunto de que estés aquí: como sabrás, aunque estés castigada, no puedo hacer que faltes a la reunión de hoy. — La ve asentir, aquella reunión es sólo entre los nobles de buena reputación, ya sea por su título o por sus bienes. — Así que, para mantener el castigo, iras solo unas horas… y no usaras ni un vestido de la marquesa Ichimaru.

La emperatriz no se esperaba eso, se sale de lo establecido en el Imperio, de ahí que haya bajado su defensa y haya reflejado asombro y preocupación.

—Su Majestad…. — Richiro es quien habla, corta el tenso silencio, pero Ichigo ordena que se calle con un movimiento de mano.

—No puedes hacer eso. — Alega Orihime inclinándose adelante un poco. — El vestido está hecho y no hay tiempo de tener otro listo.

—Si mi Consorte pudo hacerlo, independiente que la hayan engañado, estoy segura que la Emperatriz, con mayores recursos y contactos, también. — Responde arrogante.

—¿Tienes idea de lo que puedes provocar?

—Dirás que hubo un accidente con el vestido o quisiste probarte otro, estoy seguro que esa mente puede inventarse una excusa creíble si fue capaz de ingeniar un asesinato a la familia real.

Las manos de Orihime, que descansan en su regazo, agarran la tela de su falda al hacerlas puños. Cuántas ganas tiene de gritarle, golpearle… suplicarle que entre en razón, que es inocente independiente de lo que diga la evidencia encontrada.

Pero se ha cansado de hablarle a la pared.

—Lo que desee su majestad. — Murmura, enfrentándolo a los ojos a pesar que por dentro esta triste y cansada. — ¿Algo más?

—No. puedes marcharte. — Haciendo un gesto despectivo con la mano a que se vaya, cansado de verla.

Ella asiente y se pone en pie, se inclina murmurando "gloria eterna a la espada del imperio" y se marcha con la espalda erguida y que solo sean sus tacones lo que se oiga.

Apenas la puerta se cierra, a Ichigo se le escapa una sonrisa socarrona, totalmente complacido de sus acciones… a ver si aprende a no andar en lugares solitarios con otros hombres. Se pone en pie y va por su botella de whisky que ha dejado sobre el mini bar… pero alguien le gano, arrebatándole la botella. Mira al culpable con fastidio.

—¿Qué crees que estás haciendo Richiro?

—Evitar que mi Emperador tome a las tres de la tarde como esos ebrios que viven bajo el puente fuera de la Capital. — Responde con lógica argumentación, pero Ichigo sabe que sólo lo hace porque está enojado con lo que ha hecho. — Vuelva al trabajo, ordenaré a que le traigan café.

—¿Por qué actúas así? ¿Por qué te pones del lado de ella? ¡Eres el hombre más leal al Imperio y aun así proteges a la mayor traidora de éste!

—Mi señor… ¿Usted confía en mí?

—Siempre. — Sin dudarlo.

—Entonces pregúntese si usted se está comportando de manera adecuada si ve que su padrino protege a la Emperatriz… la única Emperatriz que voy a permitir sentada a su lado. — Dictamina y al mismo tiempo declarando su posición en contra de los sentimientos y deseos del Emperador con respecto a su consorte. — Vuelva al trabajo, le traeré café y espero que recapacite sobre lo que ha hecho… de paso, le diré a un soldado que liberen a Lady Nelliel mañana y que se lo notifiquen a la Emperatriz.

Aturdido, Ichigo sólo puede asentir. El mayordomo ve lo confuso y perdido que luce, también las señales de que le duele la cabeza pero no quiere evidenciarlo en público, aunque la manera en que entrecierra los ojos le delata.