Capítulo 7.
Orihime se ha levantado demasiado temprano a pesar de su cansancio, ordenó que preparen el carruaje y que tengan el desayuno a su regreso con Nelliel. Se había vestido sencilla, no había necesidad de arreglarse mucho, en especial si vas al templo a orar.
—Al templo por favor. — Indica mientras se sube al carruaje.
Los terrenos del Seireitei tienen su propio templo con el fin que los nobles no bajen a la capital y también mantener a la familia real segura allí. Hoy en día hay mayor seguridad que permite a uno visitar la capital y sus tiendas, incluyendo el templo en que los emperadores van tres veces al año por tradición y respeto tanto a los dioses como a su pueblo.
En ese corto lapsus de viaje le sirve a Orihime para pensar en su conversación con Ezra; tal parece que ellos tampoco querían que Ichigo pierda el poder y el trono, es lo único lógico que se le ocurre y es normal, Karin no les dará las mismas facilidades que Ichigo, puede desterrarlos incluso y matar al hijo bastardo si con eso mantiene a los Scorpio a raya y protege al Imperio. Ellos necesitan a Ichigo, necesitan al niño... pero, ¿Por qué?
—¿Un golpe civil? — Susurra. No. Es una posibilidad pero no efectiva, no les serviría de nada matarlo y esperar a que el niño lleve la corona porque es un bastardo, por lo que Karin estaría en el poder y solo pasaría al bebé si ella no tiene hijos o ve que es apto. Y no hay que olvidar que su fuerza militar no es ni una pisca de lo que fueron en el pasado. — Al menos...
El carruaje se detiene un poco brusco, sobresaltándola e interrumpiendo sus pensamientos. Sus manos se aferran con desesperación a cualquier cosa que evite caerse y golpearse en el carruaje.
—¿Qué ha pasado? — Grita.
—Disculpe mi emperatriz, parece que hay un hoyo.
¿Un hoyo en el templo? Aunque sea pequeño, de inmediato se informa para que la tesorería se haga cargo y a ella no le ha llegado ni un informe de reparación.
Ya recompuesta toca el techo para informar que esta lista y Hisagi es quien le abre la puerta. Le da las gracias por ayudarla a bajar, el transporte se mueve un poco más adelante y ella nota el agujero como de unos treinta centímetros.
—Hay unos tres. — Susurra Hisagi, señalando en donde ella no había visto.
—Es extraño...
El templo la recibe como siempre, con su estructura semiovalada en las siete columnas, pintado de color blanco con sus techos circulares color azul con dorado en el borde; pero al estar más cerca, Orihime nota que le hace falta mano de pintura y que cambien algunos vidrios rotos.
—Hay algo mal aquí.
—Me huele a que esos escorpiones tienen la culpa — Dice Hisagi detrás de ella.
Orihime suspira y se frota la sien, sabiendo que la migraña es por ellos y no por estar en ayunas.
Entra, viendo por millonésima vez y sigue sin aburrirse el enorme salón de rezos, con sus pisos en una cerámica de piedras azules y amarillos que forman círculos y las paredes eran totalmente blancas, con las puertas y ventanas semicirculares. Un muchacho que estaba limpiando la ve y queda pálido en vez de asombrado, cosa curiosa para ella; esconde su extrañeza con una sonrisa amable.
—Buenos días, lamento molestar tan temprano.
—B-bu-... buenos días. — Luego refleja miedo y se arrodilla ante ella demasiado apresurado. — ¡Disculpe, disculpe! ¡Gloria eterna a la emperatriz!
—No tienes que poner esa cara, no voy a matarte. — Ladea la cabeza y enseña su cara un gesto maternal buscando tranquilizarlo. — ¿El Apostole Sasakibe está despierto?
—Sí. — No suena muy convencido. — Voy a buscarlo si es el deseo de la emperatriz.
—Por favor, y que se tome su tiempo. Sé que es un hombre ocupado. — Mientras el niño se iba corriendo, echa un vistazo a Hisagi. — Ve los alrededores con Kira, si esto es obra de esos, deben tener un espía aquí. Atrápenlo antes que les informe mi llegada.
—Sí majestad — Da la media vuelta y se va corriendo.
Orihime camina por la baldosa, en línea recta directa a las estatuas de los dioses Euphemia y Suzaku. Por un momento interrumpe sus pasos y se queda mirando ese espacio vacío delante de ella, mismo lugar en donde seis años estuvo ahí misma con Ichigo, casándose.
Mientras nuestro amor y conexión siga presente, te amare incluso más allá de mi muerte.
Pero ese amor ya no está... y sigue como tonta pegada a él... enamorada de él.
Continúa su marcha y queda frente a las estatuas de plata. El dios Suzaku, que representa la Justicia, Lealtad y la Guerra, es representado como un adulto joven vestido con una toga y empuñando su espada; la diosa Euphemia, representante de la Astucia, el Amor y la Protección, la esculpieron como una joven de cabello hasta las rodillas, llevando un vestido y con un escudo a sus pies que sujeta con una mano. Son rodeados por un círculo de velas doradas que deben ser nuevas y que ya están encendidas.
Y pensar que esas estatuas brillaron en su nacimiento según le han contado. Se preguntaba a veces que si ello era señal para ser Emperatriz o por su secreto: nació con magia de luz. Sus padres le han dicho que debe ser un secreto o podrían enviarla a una torre, no lo hicieron por el fin de mantener el compromiso, sino más bien porque sabían lo mucho que su pequeña ama a Ichigo y se moriría de pena si lo perdiese para siempre.
Curioso, ella se lo ha dicho a Ichigo y le ha sorprendido que no haya usado aquel secreto como excusa de cancelar su compromiso, que termine encerrada en la torre y se case con Marianne. Se ha preguntado varias veces que fin puede tener oculto pero a pesar de las horas invertidas, buscando excusas, nada se le ocurría.
Al menos que quiera usar esa carta si me comprometo con otro hombre, uno que perjudique al Imperio.
Orihime se inclina en señal de respeto, da sus oraciones y se queda mirando a la diosa un largo momento.
—¿Por qué evitas que deje de amarlo? — Murmura, su tono de voz es rabia y suplica. — Cada vez que quiero irme... simplemente no me dejas.
Escucha una de las puertas de su derecha abrirse, voltea y ve al Apostole Sasakibe, llamándole la atención lo precavido que luce. Viste bien pulcro como de costumbre con su toga de colores lila y blanco, sandalias de cuero negro con las tiras hasta las rodillas, con su broche en el lado izquierdo: un escudo que representa a Euphemia.
—Su majestad, hace mucho que no venía. — La saluda con una inclinación.
—Apostole Sasakibe, es un honor verlo. — Sonríe cordial, lo trata como de costumbre y nota como esa precaución crece. — Discúlpeme por mi ausencia... ya sabe, mucho trabajo.
—Dirigir un Imperio no es fácil.
Es mejor ir al grano.
—Apostole, estoy sorprendida del mal estado del templo. ¿Cómo no me ha notificado de reparaciones?
El hombre se ve sorprendido, aumentando la sospecha de Orihime: esto no va a terminar bien.
—Emperatriz, yo he cumplido con mi parte... es la corona los que nos han ignorado.
Y la migraña crece en Orihime, quien voltea a sus dioses con cansancio en los ojos.
—Más les vale que me iluminen al menos en esto. — Les reprocha y se concentra en el hombre. — Apostole, creo que debemos hablar en privado.
El hombre mayor asiente y con un gesto la invita a cruzar la puerta donde él mismo paso segundos antes.
La ciudad Shang pertenece al país de Xing, donde se especializa en la pesca y también es uno de los puertos costeros en donde viene o va la gente en barcos públicos o privados. Las calles de piedras y limpias gracias a sus barrenderos reciben con gusto a las personas que van por la zona del mercado a comprar o hacer trueques.
De seguro Xing no se tomaría bien que la princesa Karin Kurosaki se presente en su reino sin anunciarse.
Ella espera que no la reconozcan con la ropa de segunda mano que lleva: pantalones, camisa, una chaleca y una túnica con capucha. Todo de color azul oscuro y con el material más barato posible. Lleva en el hombro izquierdo su bolso de viaje y en cada bota larga hasta sus rodillas unas navajas bien afiladas para matar antes de preguntar.
Camina a paso seguro, no quería verse como una turista desorientada o temerosa que llame la atención de los delincuentes. Se pregunta por millonésima vez si ya Toushiro se enteró que lo engaño al decirle que iría a ver a Rukia y ahora andaría enfurecido como un perro buscando pistas que le digan donde se metió ahora.
—Le dirá una buena mentira a mi hermano. — Dictamina encogiéndose de hombros.
Encuentra una posada y entra tras esperar primero que salga una abuelita con su nieto, quienes le dieron las gracias por sostenerles la puerta. Se encuentra un comedor de restaurante, varias personas comiendo o tomando, meseros moviéndose de un lado a otro y una mujer contando monedas en un mesón. Se acerca a ella y carraspea para saberse oír.
—Buenas tardes... o días, no se el horario de Shang. ¿Queda alguna habitación?
—Se desocupo una pero la están limpiando ahora mismo.
—Oh, puedo comer mientras espero.
—¿Nombre?— Buscando su cuaderno de reservaciones.
—Yuzu Shiba.
—¿Cuánto tiempo planea quedarse?
—Una semana si no ocurre inconvenientes.
—Sale una semana seis monedas de fénix, comidas incluidas según el horario establecido.
—¿Y cómo es el asunto del baño?
—Los baños públicos están en el edificio detrás de éste, lo encontrara tras esa puerta — Señala la que esta detrás de ella. — Con la terma incluida.
—¿Y si quiero darme un baño a solas? — No es por pudor, solo no quiere que vean su marca de nacimiento y la descubran.
—Ese tiene un costo de diez águilas más por llevarle una tina y llenársela de agua.
Diez águilas, lo mismo que diez monedas de plata. Karin asiente y acepta, pagando al instante las monedas de fénix y los extras ya vendrán después. La mujer le da la bienvenida entonces a la ciudad al mismo tiempo que le da una llave que tiene grabado un cisne con un diez.
Paso uno completo.
Ahora a comer y planear el paso dos.
Se sienta en la silla de la mesa más cercana, estaba cansada, busca su cuaderno de anotaciones que deja sobre la mesa y su equipaje en el suelo entre sus piernas. Que ventajoso es el Xing que sea normal que las mujeres viajen solas, así no se hacen preguntas ni la ven raro, ni mucho menos inventarse una historia que espera a su padre o hermano que anda vendiendo en otra ciudad y se reunirán ahí con el fin de irse.
Hojea sus últimas anotaciones, acariciando la dirección que anotó en esa ocasión a prisas porque la mujer que se le dio estaba muriendo de vejez.
Ahí... quien te ayudara... de mi parte vas...
Esas fueron sus últimas palabras.
Cierra el cuaderno al oír pasos y alza la vista al mesero de pantalones café y camisa blanca. Bastante lindo para pasar el rato.
Concéntrate Karin, esta vez no has salido a ligar.
—Bienvenida. — Dice él.
—Gracias... ¿Que hay en el menú de hoy?
—Jabalí, patatas y vino.
—Lo tomare.
El muchacho desaparece y vuelve a abrir el cuaderno, pero ya no en la dirección, sino en un dibujo a carboncillo de su hermana, madre y padre. La última vez que los vio con vida. Acaricia el rostro de la emperatriz Masaki y puede jurar por un segundo que le está devolviendo el gesto y casi se pone a llorar.
Cierra el cuaderno nuevamente y lo mira con rabia.
Va a obtener su venganza.
Sasakibe cierra la puerta de su estudio y Orihime se sienta en la silla de las visitas.
—Necesito que empiece desde el principio Apostole. ¿Cuándo empezó la tesorería a quitarle dinero?
—Si me voy al detalle, unos tres años. — Orihime alza una ceja, ya pensando en sospechosos aparte de los Scorpio. — Solo nos habían bajado dos monedas de oro, que no les di importancia ya que a veces sube o baja de acuerdo a las ganancias del año. — La emperatriz le da la razón. — Al año y medio nos bajaron diez monedas alegando que es por la guerra que en ese entonces estábamos preparando contra Eyre, algo que también vi lógico... ya sabe que cuando se inicia una guerra se corta el presupuesto de la corona y los concentra en el ejército... pero hace unos siete meses, terminamos recibiendo solo diez monedas de oro.
—¿Diez? — Eso no alcanza para mantener el edificio y a las doscientas personas que viven ahí. — ¿Qué explicación le dieron?
—La carta que recibí redactaba que la emperatriz no ve necesario que recibamos más con el diezmo que nos dan... pero esos diezmos van a las beneficencias que envio a los pueblos pequeños. Por supuesto, lo mantengo, no he tocado ni una moneda, todos van a su destino sin falta y nos las hemos arreglado aquí con lo que tenemos a la mano.
—Yo no he ordenado que pierdan su presupuesto, usted sabe que soy totalmente devota y leal a mis dioses y sus casas.
—Por eso mismo su majestad he intentado hablar con usted. He seguido el protocolo enviando cartas pidiendo audiencias con usted pero todas han sido rechazadas; intente después ir a verla porque siempre ha dicho que soy bienvenido en su palacio.
—Y lo es, por eso tiene el anillo. — Viendo el anillo de los dragones en el dedo del hombre, un pase libre a verla en cualquier momento del día.
—Sin embargo, cada vez que iba a su palacio... unos soldados me impedían el paso, parecía como si me esperasen.
Aquello enoja a Orihime. ¿Hay espías en su palacio o alrededores? En cuando los encuentre... suspira, analizando el problema ahora que tiene todos los datos.
Si empezaron en siete meses a quitarles todo de golpe e incriminarla, es porque necesitan desacreditarla en poco tiempo. Pero la visita de los nobles al templo es hasta el otro año, así que...
—Wolfsong... la llegada del rey Kiba... — Al ser un país con la misma religión que ellos, el plan es darle la bienvenida en el templo ya que es costumbre de allí darle una ofrenda a los dioses apenas llegas a una tierra bajo su cuidado. — Apostole Sasakibe, ¿Tiene aquellos documentos? — Habla con urgencia.
Si quieren echarle la culpa, de seguro habrán dejado la evidencia a manos del Apostole, que él sea quien se la entrega a Ichigo en la mano y ordene su castigo.
Encerrarla más.
Quitarle otro derecho... ¿Cuál?
Entonces lo supo: las finanzas.
La administración del cincuenta por ciento del dinero de la corona.
Si no maldice a los Scorpio ahora es porque está en el templo.
Sasakibe saca de una caja fuerte unos pergaminos color arena que al entregárselos a Orihime, ella nota el sello real roto como prueba de haber sido abiertos. Los deja sobre la mesa y abre solo uno, cuya fecha es la más reciente, justo la que necesitaba.
"La Emperatriz, Orihime III Kurosaki, encargada de las finanzas del Templo, dictamina que este recinto recibirá desde ahora en adelante diez monedas de oro a causa que el diezmo que reciben de los nobles tres veces al año es suficiente para mantenerse.
Larga vida a la Emperatriz.
Escrito y firmado por su asistente..."
—Esto es imperdonable. — Molesta deja caer el pergamino sobre la mesa. Recoge los otros y nota que todos están firmados por un nombre falso. — Apostole, no sé si aún cree en mí, pero yo no...
—Mi Emperatriz, sé que eres inocente... o al menos mantuve la esperanza que no hayas dejado de ser la misma persona que conozco desde que era una niña, siempre correteando detrás del Emperador y ansiando aprender muchas cosas. — Orihime sonríe nostálgica de su sencilla infancia. — Dime cómo puedo ayudarte... porque imagino que si el Emperador ve esto...
—Tendré suerte si no me mata, pero perderé mucho control que se robaran los inoportunos. — Señala los pergaminos. — Voy a llevármelos si no le molesta.
—Adelante.
—Y creo que tiene espías aquí, así que la próxima vez que quiera verme, no lo comente.
—¿Espías en terreno sagrado? — Suspira en agotamiento. — Que blasfemia.
—Les he pedido a Kira e Hisagi que rastreen al espía de aquí… no sé si habrá otros, así que lo mejor es asegurarse de tenerlo identificado y que sea reservado… no le cuente a nadie sus movimientos.
Escuchan un golpecito en la ventana, parecía que Orihime los había invocado ya que Kira era el culpable, despreocupado de estar colgando en el tercer piso. Sasakibe pega un brinco de susto y se lleva una mano al pecho, alegando que los jóvenes ya no respetan la edad de los ancianos; a Orihime se le escapa una sonrisa risueña al oírlo. Ella es quien se pone en pie y acerca a la ventana para abrirla.
—¿Lo encontraron? — Habla en voz baja.
—Sí, envió una paloma mensajera. Alerte a las fuerzas especiales para que persigan al animal y encuentren a su cómplice. No le sé el nombre pero es el mismo muchacho que la recibió.
—El niño asustado… no era por mis falsos actos, era porque estaba aquí y debía informarlo.
—¿Xiao? — Sasakibe se muestra sorprendido, él esperaba más a un adulto no a un niño de once años. — Pero si es un jovenzuelo.
—Eso significa que es más fácil de manipular. — Comenta Kira. — Un espía de Soi Fong lo va a tener vigilado. Apenas sepa que no hay más espías, lo traerá ante usted.
—Gracias Kira… dile al espía que si intenta comunicarse de nuevo, que intercepte los mensajes.
El rubio asiente y desaparece de la vista dando un salto hacía el vacío.
Orihime cierra la ventana y suelta un suspiro. Ya está sintiendo las consecuencias del ayuno más la migraña, se supone que iba a venir un momento, ir por Nelliel y comer a gusto en el jardín… y ahora tiene este contratiempo. No sabe cuánto tiempo puede atrasarles a sus enemigos de su presencia ahí, ni sabe qué clase de plan de respaldo tengan.
Esto es obra de Klaus, tiene su huella.
Una hora después baja del carruaje ordenando a Hisagi que vaya por Nelliel y la lleve a su palacio, que coma bien, que use su baño para que se duche y duerma cómoda en su recamara. Los pergaminos los lleva en sus manos, tratando de ocultar el emblema de la corona, así solo pensaran que viene en persona a hablar con Urahara y entregarle algunas cuentas. Como siempre Kira va detrás de ella, que está vez no este oculto, sino visible al ojo público, incita a las personas no acercarse que de seguro el asunto es serio.
—Necesito hablar con el primer ministro Urahara. — Dice apenas entra a sus aposentos, ni siquiera saluda.
—El duque está en la tesorería. — Dice el mozo que asiste al rubio.
—¿Tiene alguna junta con uno en específico o con los cinco contadores?
—Con los cinco su majestad.
—Bien, me hará el trabajo más rápido.
Da media vuelta y sale de allí sin dar más explicaciones, está vez caminando más rápido pero tratando de no verse preocupada, no vaya a hacer que llame la atención de espías. Dobla a la izquierda y distingue a lo lejos a su objetivo salir de una puerta semicircular hecha de madera con los dragones grabados. Conversa con uno de los tesoreros.
—¡Duque Shihouin! — Ahora si acelera el paso, y sonriendo con el fin de no llamar la atención. El hombre rubio se quita un poco el agotamiento de la cara y se inclina ante la mujer. — Lo estaba buscando junto a los tesoreros, me alegra pillarlos en el mismo lugar. ¿Están los cinco?
—Eh… — El hombre que acompaña a Urahara se pone nervioso.
—Sí, están los cinco conmigo y siguen adentro. — Ignora la expresión de su colega y abre más la puerta. — Adelante mi Emperatriz.
Johan Levlone, el hombre nervioso de cabello rojo murmura su saludo y entra al cuarto. Él lleva solo un año ahí con el cargo y, según el currículo que le comentó Urahara, viene de la academia con puras alabanzas de sus maestros, lo que le hizo obtener un puesto en el palacio. Él podría, con sus capacidades, engatusar los fondos; eso más el corto tiempo, lo hace el más sospechoso.
Como siempre la tesorería mantiene sus infinitas paredes hacía el cielo, cubiertas de estantes llenos de libros; por las clases que le han comentado, ahí se encuentra la historia del dinero de la corona desde el primer día del Imperio, cada anotación quedó guardado en los viejos pergaminos y libros que descansan ahí y sin riesgo a desaparecer gracias a la magia. Así que ahí deben estar los gastos de su boda, los de sus suegros y todos sus ancestros…
Y también lo que necesita: los fondos al templo.
Ve al tesorero Johan con la cabeza gacha, nervioso, caminar hacía su asiento, al lado de Igor Serra, un hombre de ojos azules y pelo corto y canoso ya por la edad y de la tierra Engre, un lugar que fue tomado por el imperio hace treinta años, él mismo fue testigo y traicionó a los reyes de entonces con el fin de acabar la hambruna; a su otro lado se sienta Hal Morrison, de pelo castaño y ojos café y un noble que está bajo las alas de los Kuchiki, así que de niña Orihime ha visto a su hijo de vez en cuando y jugado juntos; Deo Janszoon y Liam Meier no ocupan sus asientos en públicos, estaban apartados conversando en voz baja hasta que escuchan a Urahara entrar, les extrañó y luego se sorprendieron por notar también a la Emperatriz.
Cuando deben ser vistos en "publico" en ese sector (pocas veces se les ve juntos fuera del ámbito laboral, es como si se turnasen en qué orden tener días libres o vacaciones), se sientan en aquella mesa de caoba y rectangular, tan larga para que se queden rectos en línea. Normalmente, se los ve encerrados en sus estudios privados si quieren hablar con uno, causando teorías que la familia real los tenían explotados trabajando por ellos y así permanecer siempre relajados y bien arreglados.
Si eso creen ahora, espérense a cuando Marianne sea Emperatriz.
—Que sorpresa. — Liam es quien rompe el silencio. — Su Majestad.
Ella sabe que la cordialidad de ese hombre a su persona es fría como el hielo, incluso desde antes del homicidio. Uno pensaría que su desprecio es cosa de género, pero la realidad es que simplemente no se llevan bien y listo, no congenian, y sin embargo no dejan que eso intervenga en el trabajo, conocedores de la capacidad del otro y eso está bien.
—Buenos días, lamento la imprudencia pero necesitaba hablar con los seis, incluso el primer ministro.
—¿Ha ocurrido algún error? — Cuestiona Igor alzando una ceja.
—Sí. — Se queda mirando las reacciones de sus oyentes y sonríe. — Si no me equivoco, los tesoreros envían cada mes al Emperador y a la Emperatriz el dinero total ganado y lo que pueden gastar cada uno por el beneficio del pueblo; Ichigo y yo decidimos en qué repartir el dinero, se lo informamos al primer ministro y éste les envía a ustedes el informe y deben cumplirlo al pie de la letra, ¿Me equivoco?
—N-no mi emperatriz... — Johan la ve extrañado, como si estuviera hablando con una niña.
—Deben ustedes no solo enviarle a sus Yin el trabajo de la repartición, también deben registrar que recibieron los informes de los Emperadores y guardarlos a continuación. Y días después, una vez el Yin cumple su misión, les entrega a ustedes la evidencia que también registran y guardan en este lugar... díganme, ¿He fallado en una parte?
—No. — Hal la ve con enfado, por no entender en qué tontería anda pensando su gobernante.
—¿Ha habido algún cambio al respecto? Sobre los pasos que he señalado, quiero decir.
—No. — Repite Hal. — Y la verdad no en-...
—Entonces. — Ella lo calla con un tono firme y autoritario... y luego les sonríe con arrogancia. — Quiero aquí, sobre esta mesa, todos los informes del templo que están bajo mi nombre, de preferencia en estos tres últimos años. — Sus dedos rozan la mesa de caoba tras dejar sobre la mesa los pergaminos obtenidos de Sasakibe. — Ahora.
—¡Esto es...!— Hal y Liam se habían enojado bastante.
—No me interesa lo que piensen, sino que hagan lo que digo. — Les interrumpe la mujer con mirada seria. — Urahara, Kira... vigílenlos, asegúrense que no hagan nada sospechoso.
Kira se limita en asentir y con su mirada fría taladrándolos, se esconde en la sombra; Urahara, a pesar de no entender el comportamiento de su gobernante (se hace una idea por aquel discurso), obedece sin dudar, poniéndose serio de repente y le hace un gesto a los caballeros.
Orihime se queda inexpresiva analizando el comportamiento de los Tesoreros mientras se iban alejando, mascullando de no tener tiempo para esas pequeñeces. Los cinco son tan culpables como inocentes, si fuera por caerle mal serian Hal y Liam, si fuera por honor al imperio serian Deo e Igor, y si fuera por débil seria Johan al estar nervioso y verse manejable.
Espera sentada en la silla de Liam unas dos horas a que los tesoreros regresen con todo lo pedido por la emperatriz, quien recoge el pergamino con la fecha más reciente y frunce el ceño: está en perfecto orden. Revisa varios y tienen el mismo fin, todo parece en orden.
Maldito seas Klaus.
—¿Ha quedado satisfecha? — Liam movía su pie impaciente, respeta a la mujer como gobernante pero le fastidia este raro comportamiento.
—Sí… ver sus informes perfectos solo confirma mi sospecha. — Extiende su brazo, ofreciéndole a él uno de los pergaminos que obtuvo de Sasakibe. — Uno de ustedes está confabulando en mi contra.
—¿Qué? — Deo mira incrédulo detrás del hombro de Liam el documento y queda igual de pálido que su colega. — E-esto…
—¿Quién de ustedes se está haciendo pasar por mi asistente y hablando en mi nombre? — Con mirada fría y porte digno de su título, se pone de pie amenazante como un animal a punto de cazar; incluso Hal y Liam se veían asustados. — Si alguien no habla en cinco minutos, ordenare la decapitación de todos ustedes, incluso de sus Yin.
—¡S-su majestad…! — Johan la ve tan asustado que no le sorprendería a nadie que se orinase en ese momento.
—Eso es inaceptable después de todo… — Igor se pone a dialogar, pero se calla por el manotazo que Orihime da a la mesa, asustándolo.
—Uno de ustedes, o varios, se ha convertido en mi enemigo al buscar manchar mi nombre… ¡A la emperatriz del imperio! ¡La emperatriz! ¡No una simple marquesa o condesa! — Su rabia crece, de seguro alguno habrá notado que con marquesa se refería a Marianne. — ¡¿Acaso creen que por ese pecado no se merecen tortura y decapitación?! — Silencio sepulcral, nadie se atrevía a desafiarla porque sabe que es cierto. — Si en cinco minutos, uno de ustedes no habla, daré orden de ejecución inmediata a todos los Yin y ustedes serán torturados e interrogados antes de morir en la horca.
—¡No puede tomarse tal atribución sin la autorización del Emperador! — Interviene Hal entre molesto y asustado, buscando alguna oportunidad de vivir.
—Si puedo, no necesito la autorización de mi esposo para matarlos por traición a la corona. — Su uña toca uno de los pergaminos. — Esto es evidencia suficiente para al menos torturarlos… ¿O me equivoco Urahara?
—No mi Emperatriz. — El mencionado asiente solemne, serio como Orihime. — La Emperatriz si puede ejecutarlos sin la intervención del Emperador, siempre y cuando sea válido los motivos… y no sé ustedes caballeros, pero robar oro y buscar manchar el nombre de su majestad y la familia real me parece un motivo que basta y sobra.
—Les quedan tres minutos. — Dice Orihime con voz fría y afilada, parecía que cortaba los tesoreros con su labia, se nota por el bajo ánimo. — En vez de perder el tiempo en evitar lo inevitable, mejor pónganse a hablar.
Los tesoreros se quedan hablando entre ellos, ya no se veían confundidos ni molestos, sino genuinamente asustados; de seguro deben estar sintiendo ya el filo de la guillotina rozarles el cuello, incluso llegaron al punto de acusar al otro dando sus puntos de vista, tanto fiables como pobre con tal de salvarse el pellejo.
—Cero. — La voz firme de Orihime los calla y la miran como si la Muerte en persona se tratase. — Kira, ve a buscar a los Yin con algunos soldados.
—Em-emperatriz… — Igor trata de dialogar.
—Quizás verlos morir en su presencia se les despeje la mente de dudas. — Le hace un gesto a su soldado y éste asiente y desaparece.
—¡No, no, no! — Histérico, Johan corre hacía la Emperatriz y Urahara debe ponerse de escudo; el tesorero, con lágrimas, cae de rodillas y consigue jalar la tela de la falda. — ¡Su majestad, clemencia, no mate a Clin! ¡Tome mi vida, me declaro culpable, pero no lo mate!
—No voy a aceptar declaraciones vacías Johan. — Lo sostiene del mentón y se lo queda mirando a los ojos fijamente. Había tantas emociones en él… — Ah. — Comprende de golpe. — Estás enamorado. Amas a Clin.
—Sí, lo amo, y haré lo que sea por él… ¿Acaso usted no hace lo mismo? ¿No aguanta el desprecio del Emperador por amarlo?
Sus palabras parecieron golpearla, por la manera en que frunce el ceño en molestia y mira el suelo, el flequillo tapándole la vista. De pronto, y aun con la vista gacha, Orihime hace presión en el agarre que sus uñas lo lastiman un poco. Piensa en Ichigo regalándole una sonrisa antes de besarla… sentado en su trono con Marianne sentada en sus piernas, mirándola con asco.
—Te equivocas. — Lo mira con desprecio. — Yo no hago lo que hago por amor a mi esposo, sino por amor a mi pueblo. — El agarre ejerce más presión todavía que el tesorero se queja de dolor. — Y al parecer tú sabes cosas Johan… ¿Debería torturar a tu adorado Clin en frente tuyo para que me las digas? O… ¿No será que es él quien se roba el tesoro de la corona? Sea cual sea el escenario, morirán todos… pero si hablas, puedes salvarlo.
Un soldado de las fuerzas especiales apareció de la nada, se acerca a Orihime y le susurra en el oído al mismo tiempo que le enseña unos papeles que al parecer Johan reconoce porque ha quedado más pálido si es posible. La Emperatriz le echa un vistazo y frunce el ceño, luego suspira y ve al tesorero con lastima.
—Así que Clin es el ladrón… y tú lo sabías.
—¿Qué? — Susurra Igor, los cuatro restantes ven a Johan aun de rodillas en el suelo y llorando. — ¿Johan?
—¡Lo amo! ¡Lo amo! — Lloriquea tirándose al suelo, en señal de clemencia. — Por favor… por favor mi Emperatriz… solo quería protegerlo…
Orihime se pone en cuclillas, viendo mejor aquel ser lamentable, lleno de amor y perdido… le recuerda a ella; lo que tiene en frente es lo que fue en el primer año de haber sido tirada por Ichigo. Extiende su mano y le acaricia el pelo, llamando su atención.
—Lo lamento Johan… pero Clin te estaba usando. — Ve sorpresa y negación, otra característica que la ha perseguido por mucho tiempo. Me das asco. Cierra los ojos ante esas frías palabras taladradas en su mente, cortesía de Ichigo. — Sabía de tus sentimientos, así que te engatuso de palabras dulces con tal que te callaras y seguir robando dinero.
—No… no… él no es así… él me ama…
—¿Vas a negar que él robó a la Corona? — Johan tiembla de miedo y suspira. — Quiero a los dos encerrados en las mazmorras de mi palacio. Serán torturados e interrogados antes de la inminente muerte.
—¡Emperatriz, se lo suplico, máteme si quiere pero perdone la vida de Clin!
Orihime se vuelve a erguir, niega su petición con un movimiento de cabeza e, inmune a las miradas de los presentes, empieza a caminar hacía la salida pidiéndole a Urahara que se encargue de la evidencia y de finalizar este caso de traición.
—Soy la Emperatriz Orihime III Kurosaki, la mujer más poderosa del Imperio… y yo no perdono.
Porque si lo hiciese, terminaría muerta a manos de sus enemigos.
A manos de su marido.
Ichigo había visto todo.
También buscaba a Urahara y el mozo le dijo que estaba con los tesoreros, le dio las gracias y dio media vuelta rumbo a buscarlo.
—La Emperatriz también lo buscaba. — Ichigo detiene sus pasos al oírlo y voltea; su mirada seria lo puso nervioso. — Yo… su majestad paso hace unos minutos… preguntó por el duque. Llevaba pergaminos en sus manos.
Sospechoso.
Le da las gracias por la información y se va.
Al tener las piernas más largas, un paso suyo son dos de su esposa, por lo que no tarda en encontrarla hablando con Urahara y el joven tesorero Johan para luego entrar y cerrar la puerta; al principio pensó en hacerse presente, que todos los vean, pero su instinto le dice que mejor sea que no. Así que, silencioso como si estuviese en campo enemigo, abre la puerta y se oculta entre las sombras que proporciona las paredes oscuras y la falta de iluminación, advirtiendo a algunos soldados de las fuerzas especiales que les advierte con una mirada a que no lo delaten.
Conoce muy bien a su esposa, al menos lo suficiente para darse cuenta en el instante en que empieza a tejer su telaraña de confundir al enemigo y después atacar, así que se da cuenta bastante pronto los motivos de su presencia allí: traición. Pasa a su cabeza vagamente el cómo le encantaba y divertía todas las veces que ella usaba ese juego contra las personas que la subestiman al ser demasiado bella… al ser demasiado buena.
Claro, hasta que supo que él mismo fue una de sus víctimas, de ahí empezó a odiar ese talento, odiar todo de ella.
¿O no?
Claro que sí.
Entonces… ¿Por qué sonríe al verla a ella sonreír victoriosa de su primer ataque?
Mientras los tesoreros parten a cumplir sus mandatos, él sólo puede pensar en lo maravillosa que luce su esposa controlándolos a todos, lo quieran a no, sentándose con dignidad en uno de los asientos le produce la urgencia de caminar a ella y comérsela a besos…
¿Qué mierdas está pensando? ¡Es la asesina de su familia, no queda ni un amor o deseo!
Eso es, solo debe sentir odio y desprecio por esa mujer, aquella que le quito todo.
Tenía ganas de acercarse a ella, tomarla por el cuello con todas sus fuerzas, pegarla a su cuerpo y llenarla de... ¡Basta! ¿Qué pasaba con su mente? Últimamente tenia pensamientos desagradables por la emperatriz y eso debía acabar.
Su cabeza martilleaba horrores, necesitaba un trago y quizás algunas caricias de Marianne para calmarse.
—Te equivocas. — La voz llena de despreció de la emperatriz lo saco de su ensoñación. — Yo no hago lo que hago por amor a mi esposo, sino por amor a mi pueblo...
Ichigo ya no escucho más de lo que dijo Orihime, las palabras que había dicho se le habían grabado en la mente como puñales.
No actúa por amor a él.
Como si no le importara.
Bien, eso quería ¿No era así? Hacerla sufrir y verla romperse, sin embargo algo en él dolía, dolía como el infierno escuchar esas palabras.
Volvió a la realidad cuando se dio cuenta que ella iba a salir del salón de contaduría y se alejó rápidamente, no quería que se enterase que escucho una parte de la conversación y responder a sus preguntas.
Por otro lado Orihime salió del lugar y vio al emperador caminar en el pasillo en su dirección.
—Ah su majestad, buen día. —Hablo Orihime dignamente con sus manos cruzadas elegantemente sobre su regazo mientras le hacia una reverencia. — Justamente pensaba ir con usted.
—¿Ah sí? ¿Qué ha pasado? — Parecía más arisco de lo usual pero Orihime simplemente lo ignoro, posiblemente Marianne le había negado el sexo o alguien lo había hecho enfadar.
—He encontrado a unos traidores que malversaban los fondos de estado.
—¿Qué?
—Parece que eran dos personas coludidas, pero logre encontrar el problema justo a tiempo.
—¿A tiempo de qué?
—Sus majestades, mi emperador, mi emperatriz… ¿Podría sugerir a ambos que hablemos esto en otro lugar? — El primer ministro Urahara hablo en ese momento. — Este asunto parece ser bastante delicado y no sería bueno ventilarlo por ahí.
—Bien. — Ichigo le dio la espalda a ambos dando a entender que lo siguieran, caminaron por los largos y espaciosos pasillos hasta llegar al despacho del emperador donde éste toma asiento y la emperatriz se quedó de pie encarándolo. — Entonces explíquenme ¿Cuál es ese asunto del que hablabas?
—He encontrado un par de criminales que han estado robando a nuestro glorioso imperio. — Comenzó a explicar Orihime. — Han falseado las cuentas desviando ese dinero a sus cuentas personales por algún motivo que espero usted me permita averiguar.
—¿Por qué haría eso? — Pregunta con sarcasmo.
—Porque dejando de lado que me dejaban a mí como la principal culpable de todo, esto hubiera afectado nuestras relaciones con Wolfsong.
—Explíquese emperatriz. — Ichigo arquea una ceja.
—Han desviado el dinero que iba al templo. Cuando he ido esta mañana el lugar estaba en pésimas condiciones, no se les ha asignado su parte para el mantenimiento mensual que corresponde.
—¿Y no será más bien que te equivocaste en algo Emperatriz? — Se burló un poco.
—Pese a la opinión que tiene usted de mí, soy muy exhaustiva con mi trabajo su majestad. — La mujer ni siquiera hizo algún gesto en su rostro e hizo una seña al primer ministro, el duque asiente y deja los pergaminos y libros que cargaba frente al emperador quien empezó a hojear y comparar los números mientras fruncía el ceño al notar más y más el problema. — Como se dará cuenta las asignaciones presupuestarias que hice a inicios de mes están registradas en mis bitácoras personales y las del primer ministro. Él cumplió su parte, lo aprobó y me envió una copia con su firma, después de eso el resto lo envió él mismo al área fiscal pero alguien no lo ingresó en el libro mayor y fue cambiado por otros gastos estúpidos, y embolsado a alguien más.
—Y por lo tanto...
—He procedido a atrapar a los causantes de esto y castigarlos. — Declara juntando las manos en su regazo. — Pero requiero deshacerme de todo el proceso molesto, por lo que requiero su autoridad para purgar a las ratas que faltan, eso implicaría una auditoria total a todos los nobles en el departamento de tesorería.
—Eso te afecta solo a ti emperatriz ¿No es así? — Apoya su barbilla sobre sus dedos cruzados. — Dame un motivo en darte tal autoridad.
—Como he dicho ya viene la delegación de Wolfsong. Ellos son un país sumamente religioso, imagine un instante que no me hubiera dado cuenta de lo que paso en el templo su majestad, ellos hubieran llegado a orar directamente por haber llegado con bien. — La mirada de los emperadores se estrechó. — Sí, al ver el estado del lugar es seguro que ellos se hubieran indignado por el trato a nuestros dioses; no solo a mí me habrían acusado por administrar mal el templo, eso no me importaría menos, yo misma podría limpiar mi nombre. — Hablo segura de sí misma. — Pero esos hechos hubieran conllevado a romper nuestros tratado de alianza e iríamos a la guerra.
Mientras Orihime hablaba Ichigo no pudo evitar notar la sensualidad con la que se movía su boca, maldita sea, quería acercarse y besarla por algún motivo que desconocía. Cada vez era más difícil controlar sus propios sentimientos.
Estúpido corazón, solo lo confundía más.
—¿Entiende la gravedad de esto su majestad?
—Sí. — Se recompuso rápidamente, por suerte su esposa no había notado su comportamiento. — Entiendo todos sus puntos y estoy de acuerdo, hay que purgar a las ratas. — Ichigo toma un pergamino en blanco y escribió rápidamente; para finalizar toma una figura con la forma de un dragón, toma una vela negra y dejo caer la cera al final del mismo, Ichigo estampo la base de la figura dando lugar al sello imperial. — Te daré un decreto imperial, úsalo sabiamente emperatriz.
—Agradezco su cooperación su majestad. — Orihime recibe el pergamino perfectamente doblado. —He de comenzar de inmediato entonces, que los dioses lo bendigan. — La chica le dio la espalda.
—Emperatriz. — La llama el emperador inconsciente, extendiendo su mano.
—¿Dígame? —Se giró extrañada.
—¿Es cierto que tú…? — La mano del hombre se cierra en un puño mientras trataba de hablar.
—¿Su majestad?
—No, no es nada, vete ya. — Se frota la sien y se dejó caer en su silla mientras Orihime lo veía extrañada y salió del estudio de Ichigo.
—¿Su majestad se siente dolido por las palabras de la emperatriz? — Habla el duque Urahara en voz alta.
—¿De que estas hablando? — Lo mira sin entender.
—En la tesorería, mientras usted espiaba las acciones de su majestad Orihime ¿Se sintió dolido?
—¿Qué demonios?
El primer ministro no era un hombre estúpido, había notado que el monarca estaba en la puerta de la habitación escondida, que había escuchado la declaración de la emperatriz cuando dijo que no hacía nada por él solo por su pueblo y sabía que eso le había dolido al hombre.
Quizás aun había algo de esperanza.
El ministro había sido testigo del gran amor que los jóvenes se profesaban desde pequeños, así que le pareció simplemente desconcertante que de un momento a otro el emperador odiara a la mujer que juro amar el resto de su vida y diera su favor a una mujer justo del tipo que él proclamaba odiar a los cuatro vientos, había estado investigando por qué durante ese tiempo, pero sin éxito alguno.
—No digas estupideces duque ¿Acaso debo relevarte de tus deberes y nombrar un nuevo ministro?
—No su majestad, solo comentaba si...
—Deja de formular teorías estúpidas y si tienes tanto tiempo libre para eso vuelve al trabajo. — Golpeo el escritorio con fuerza.
—Si su majestad. — Se inclinó el rubio mientras salía de la habitación rápidamente.
¿Por qué? ¿Porque esas palabras de la emperatriz lo afectaban tanto? Quizás estaba enfermo, no tenía sentido ya que ella y su familia de criminales mataron a todos sus seres queridos. Sí, solo estaba confundido, él despreciaba a la emperatriz y amaba a Marianne.
Mentiroso.
Eso era lo que le gritaba su subconsciente aunque lo quisiera ignorar.
Los criminales habían sido enviados al palacio de la emperatriz justo como ella había ordenado; haría el interrogatorio, sí, pero una vez que purgara si había mas traidores en el área burocrática. El emperador le había dado un decreto real no solo para limpiar a las ratas del tesoro nacional, sino también para revisar todas las áreas del palacio, Orihime encontró otros seis traidores que fueron igualmente encerrados en los calabozos a la espera de su interrogatorio, todos los demás estaban limpios y eran fieles al imperio.
Por otro lado la emperatriz vigilaba la restauración del templo muy de cerca junto con el gran Apostole, quien feliz agradecía a la mujer no haber abandonado la casa de sus dioses. En el calabozo de su palacio Kira se encargaba de torturar e interrogar a los culpables los cuales según corría el rumor en el palacio se negaban a hablar.
Sin embargo alguien no estaba muy feliz, Klaus estaba enojado, furioso sería más correctos pues sus contactos entre la burocracia noble habían sido purgados y encarcelados por culpa de esa mujer. Aunque era molesto no había de otra que usar su carta más fuerte: el emperador. El rubio caminaba por los pasillos con aire de grandeza como si fuese el rey del lugar, paso por los pasillos sin problema y entro en el estudio de Ichigo sin siquiera esperar ser anunciado, solo como si cruzará una habitación más de su hogar.
—Ichigo querido amigo.
—¿Klaus? — Ichigo levanta la mirada extrañado. — ¿Qué haces aquí?
—Ah, veras Ichigo, me apena venir a molestarte mientras trabajas. Me entere que la emperatriz está encarcelando nobles en su palacio y entre ellos hay algunos amigos que aprecio mucho, esperaba que pudieras ordenar que los puedan sacar de ahí.
—¿Amigos?
—Son personas que me ayudaron mucho en su momento, incluyendo el conde Clin, él también es un gran socio comercial con nuestro marquesado ¿Sabes?
—Ah el conde Clin. — Recordó, sus dedos tamborilean en el escritorio, creando una melodía que delata la impaciencia a pesar que su rostro dicta lo contrario. — Sí, eso oí. ¿Qué pasa con ello?
—Como te he dicho, esperaba que me ayudaras a que los pueda liberar, son personas inocentes.
—¿Inocentes? — Suelta un bufido y lo mira entre incrédulo y fastidiado. — Tal vez sea porque estás encerrado en tu mansión Klaus, pero esos dos cometieron fraude y robo a la corona. Si la emperatriz no lo hubiese notado estaríamos en grandes problemas a futuro… aunque me cueste admitirlo. — Podrá tener todos los problemas del mundo con Orihime pero desempeña su papel a la perfección y es lo que la mantiene en su posición.
—Maldita perra entrometida. — Pensó Klaus pensando en la figura imponente de Orihime. — ¡Vaya no sabía eso! — Actuó perfectamente como si desconociera la situación. — En ese caso supongo que serán tratados en el palacio real ¿Cierto? — Si podía disuadir al emperador de trasladarlos a la cárcel del palacio podrían usar el poder de Marianne para convencer al hombre de liberarlos, limpiar sus nombres y ponerlos en el palacio otra vez.
—No, ellos fueron llevados al palacio de la emperatriz.
—¿Pero no está eso mal? — Cuestiona Klaus frunciendo el ceño y cruzándose de brazos. — ¿Una mujer tratando con criminales como si fuera el emperador? ¡Eso está mal! Creo que deberías ir donde la emperatriz y pedir que los criminales sea tratados bajo tu jurisdicción.
—Lo siento pero no Klaus. — El emperador negó fervientemente el pedido de su amigo. — Fue la emperatriz quien encontró el problema y será ella quien lo arreglara a su modo. — Bajo la mirada, volviendo a concentrarse en su papeleo, y no pudo ver la mirada furiosa del rubio. — Ya le he dado pleno poder para que proceda como lo crea necesario, la realeza y los burócratas sirven al pueblo y si algo está mal con ambos hay que arreglarlo de inmediato… — Alza la vista, concentrando su atención en su oyente con seriedad. — ¿No crees?
—Sí, sí, por supuesto… lamento haberte molestado, entonces Ichigo te veré otro día.
—Por cierto Klaus. — Detiene el movimiento de su mano en que presiona la pluma. — No estarás tú inmiscuido en lo que paso ¿verdad?
—¿Yo? Claro que no Ichigo, solo que eran viejos conocidos.
—Bien, no es que dude de ti pero con lo que paso debo ser más cuidadoso con todos los procesos del palacio. — Continúa con su trabajo. — Ve con cuidado.
—Claro, despreocúpate amigo, nos veremos.
Sale de la oficina y su expresión cambio a desprecio puro, incluso da una patada a la pared apenas se pierde de vista ante los soldados.
—Imbécil ¿Por qué le das poder a una mujer? Ahora tendré que arreglarlo a mi modo.
Habrá que moverse con más cuidado, el emperador parece un imbécil bajo el hechizo pero no lo es.
—¿Son entonces estos todos los criminales atrapados? — Pregunta Orihime observando la lista que le habían entregado.
—Si su majestad. — Responde Kira.
Solo ella y su guardia principal estaba en el despacho de la emperatriz, Hisagi y sus otros guardias vigilaban discretamente que nadie se acercara.
—¿Cómo han ido los interrogatorios?
—No tan bien como quisiéramos, me disculpo. — Baja la mirada arrepentido.
—Sí, me imaginaba que no hablarían tan pronto. No te avergüences, esto no es tu culpa. — Le dijo con voz amable. — El problema es como los hacemos abrir la boca… habrá que persuadirlos de otra forma. — Agrega en susurros.
—¿Su majestad?
—Oh no, no te preocupes, solo estoy pensando cómo podemos sacarles una declaración. Es obvio que un poco de tortura no funciono.
—Me temo que no.
—Me doy una buena idea de quien hizo esto, pero aunque lo sepa, no puedo hacer nada con solo dudas infundadas.
—Es una molestia, usted es demasiado buena. — Dijo Kira furioso. — No sé por qué se obsesionan en dañarla.
—Así son los humanos Kira, no intentes comprenderlos.
—Sin embargo, permítame añadir que tengo una buena idea su majestad. Si me permite llevarla a cabo creo que puedo obtener información que le podrá ser útil, pero necesito pedir su permiso o más bien me permita que alguien me ayude.
Kira explico su plan a lo que Orihime asintió encantada con lo que decía.
—¿Qué opina?
—Me gusta. — Asiente feliz la pelinaranja. — No te preocupes me encargare de ello.
—Se lo agradezco.
Ella sonrió mientras se ponía de pie y veía por la ventana.
Klaus esperó a que fuera el turno de noche en el palacio de la emperatriz e ingresa en los terrenos de ésta tranquilamente, en la puerta dos guardias notaron al rubio y sonrieron.
—Lord Scorpio, es un placer verlo.
—Veo que siguen sin ser detectados. — Dijo en tono de burla. — La Emperatriz parece ser muy lista para algunas cosas, pero muy estúpida para otras.
—No se puede pedirle más, solo es una mujer. — Se encoge de hombros uno de los soldados. — No puede hacer mucho y es tan confiada que cree ciegamente en todos nosotros.
—Bien, bien. — El hermano de Marianne saca dos bolsitas de su lujosa chaqueta y se las dio a los hombres. — Necesito entrar a los calabozos del palacio ¿Entienden?
—Claro Lord Scorpio, solo entre. Marieta y Sheccid lo encontraran cerca del ala sur, ahí está la entrada al palacio.
—¿Las llaves?
—Uno de nuestros amigos nos ha dado el juego en el cambio de turno. — Le entrega el llavero al hombre. — Nos encargamos de que no haya guardias hoy, tenga cuidado.
—Por supuesto, sigan haciendo un buen trabajo como hasta ahora y serán bien recompensados cuando llegue el momento.
La sonrisa torcida del hombre animo a los guardias; uno de ellos abrió el gran portón del palacio y Klaus entro rápidamente. Justo como le dijeron, un par de doncellas lo esperaban en el ala sur, una de ellas se ofreció a ser su guía ya que había algunas puertas que eran trampas y alertaban a la guardia del palacio.
Finalmente lo llevaron al área con la puerta correcta, Klaus era bueno con las palabras, solo un par de cosas que le susurro a la chica y ésta estaba en la palma de su mano; las mujeres eran bastante útiles al momento de espiar, si no fuera por ellas y los soldados no tendría tanta información de la rutina de la emperatriz e interferir para afectarla. Si solo su hermana pusiera más de su parte para seguir el plan y no lo que le daba en gana desde hace tiempo que esa zorra ya estaría degradada o muerta.
Toma la llave y la coloca en la perilla correcta, abrió la puerta… pero de inmediato sintió un filo en su cuello.
—Un intruso, los intrusos deben morir. — Dijo una voz fría.
—¿Q-quién eres? — Pregunto Klaus en shock.
¡Esos estúpidos guardias! ¿No le habían dicho que no habría seguridad en los calabozos? Los mataría por su ineptitud.
—Muere.
—Alto. — Una voz femenina se escucha por el pasillo, Orihime entraba tranquilamente vistiendo solo sus pijamas y encima una bata de dormir. — No mates a ese hombre… aún.
—Como ordené, majestad. — Aquel hombre vestido de negro se inclinó ante la pelinaranja.
—Vaya joven señor Scorpio ¿Qué hace aquí a esta hora de la noche? — Pregunta la joven sorprendida al invasor.
—E-emperatriz. — Murmura Klaus aun en shock.
—Son un poco más de… ¿Qué hora es Ogawa?
—Las doce de la noche su majestad. — Susurra la doncella puntualmente.
—Gracias Ogawa. Son más de las 12 de la noche Lord Scorpio, no es la mejor hora para venir de visita, ¿No cree?
—N-no yo… solo me perdí.
—¿Se perdió? — Fingió sorpresa. — Que raro ¿Y los caballeros de la entrada no le prohibieron el paso? Después de todo, podrían intentar matarlo.
—Son caballeros de su majestad, tienen permitido…
—Los caballeros en mi palacio están bajo mi jurisdicción y también para vigilarme. — Dijo duramente la ojicastaña. — Tienen órdenes específicas de no dejar pasar a nadie sin avisarme previamente a mí o al primer ministro para que él también informe a su majestad. No puede entrar cualquiera que no tenga cita previa a excepción del sumo Apostole, ni siquiera mis amigas pueden venir sin avisar. — Aclara y apoya las manos en las caderas. — Dígame entonces ¿Cómo llego hasta aquí? Y además pasando todas las trampas para intrusos Lord Scorpio.
–E-eso…
–Le diré que paso… usted plantó espías en mi palacio. — Le saca en cara poniendo nervioso al rubio. — Fueron muy buenos lo admito. — Aplaudió orgullosa. —Tanto que en todo este tiempo nunca me di cuenta que estaban aquí.
—No he plantado a nadie en su palacio, eso es blasfemia majestad. — Finalmente se recuperó del shock.
—¿Ah no? ¿Entonces no compro a esos dos que están justo aquí? — Orihime señala tras ella, donde los soldados que le habían permitido a Klaus el acceso estaban amordazados y esposados.
—¡¿Pero q…?!
—Y también están las cuatro doncellas y otros dos soldados que le pasaban mi información a escondidas. — En ese momento, en otra habitación del palacio, los soplones también habían sido arrestados. — Entonces, ¿Cómo va a justificar esto ante su majestad? Porque él hará preguntas, no lo dude, además que… — Orihime saco un pequeña esfera de cristal que, con un resplandor leve, revela cuando Klaus hablaba con los soldados y les pagaba. — Tengo evidencia irrefutable de sus acciones, además de la declaración de los demás sirvientes; así que le pido amablemente que me acompañe a hacerle una visita nocturna al emperador mi lord. — Dictamina con una dulce sonrisa, Klaus quería arrancarla de su cara pero era imposible. — ¿Vamos? No tenga pena, iré con usted todo el camino para evitar que no se pierda. Además contamos con algunos miembros de las fuerzas especiales tras nosotros… estaremos totalmente a salvo.
Klaus, atrapado, no le queda otra salida más que obedecerla y caminar siendo rodeado por cinco personas de las fuerzas especiales.
¡Esa zorra astuta! La maldita lo había engañado y ahora está atrapado tanto él como los espías que había comprado en su palacio; romper sus planes o bajar su reputación para colocar a Marianne en el trono sería más difícil ahora.
El emperador no esperaba la visita de nadie a esa hora de la noche, Marianne no fue con él esa noche debido a malestares del embarazo así que recibió a Klaus y la emperatriz solo. Obviamente al exponerle el caso Ichigo no estaba feliz, al demostrar que el rubio había comprado a los soldados estaba prácticamente burlándose del emperador; aunque fueran amigos Ichigo declara un arresto domiciliario sin ningún tipo de contacto con el exterior, sin derecho a visitas a menos que fueran cuestiones de salud. Dicha sentencia se mantendría hasta nuevo aviso.
Cuando Klaus era escoltado a su mansión en el carruaje de la familia Scorpio pudo ver a la emperatriz satisfecha, sonriéndole con dulzura y susurrando un "gracias" silencioso, ocasionando la ira del hombre.
Ella había ganado esa batalla.
