Hola hermosas ¿Cómo están? Espero que muy bien y listas para su fin de semana. Les recuerdo que las historia NO es para menores de edad, que es sin fines de lucro y que los personajes no son de mi propiedad, sin embargo la historia es completamente mía.

COMENZAMOS

LÍNEAS DEL TIEMPO

47

LÍNEA 1

Candy caminaba en el hospital con la misma naturalidad y alegría que la caracterizaba, la diferencia era que ahora la hora de salida le resultaba lejana en comparación de los otros días.

-¿Ya te vas Candy? – Preguntó una de sus compañeras al ver que la pecosa comenzaba a guardar sus pertenencias en su bolsa.

-Por hoy me retiro, Fanny, mañana me toca guardia y necesito descansar, últimamente me he sentido muy cansada. – Dijo Candy a su compañera, quien la observó un tanto extraño.

-¿Ya le comentaste al doctor Stuart? – Preguntó Fanny a la rubia. Candy la observó con una sonrisa de agradecimiento, creyendo que su cansancio no era algo para que el médico que las dirigía tuviera que revisarla.

-No es necesario. – Dijo Candy con una sonrisa amable y agradecida. – Te aseguro que mañana estaré como nueva. – Dijo de nuevo colocando su bolsa sobre su hombro para después comenzar a caminar hacia la salida del hospital.

Fanny se quedó observando a la rubia mientras caminaba por el largo corredor, ella había notado algunos síntomas en la rubia y estaba segura que lo que le sucedía no era algo que se le pudiera pasar al día siguiente.

-¡Candy! – Gritó de pronto la enfermera al ver que Candy se sujetaba de la pared en medio del pasillo, mostrando signos de mareo.

-Estoy bien. – Decía Candy con los ojos cerrados, buscando en su interior lo necesario para recomponerse. – Estoy bien. – Dijo de nuevo, intentando que su compañera no se preocupara más de la cuenta. – Debe de ser que estoy muy cansada. – Decía segura que eso era el motivo de su debilidad.

-Ven conmigo. – Le dijo Fanny tomándola del brazo para que se apoyara en ella. – El doctor Stuart tiene que revisarte. – Decía insistente la joven, sabía bien que ese "estoy bien" de Candy era todo menos estar bien.

-No es para tanto Fanny. – Decía Candy sin oponerse a seguir a su compañera.

-Candy ¿No has pensado que podrías estar embarazada? – Dijo Fanny repentinamente. Candy se detuvo en seco al escuchar aquella pregunta que le hacía su compañera. Fanny era una enfermera más experimentada que Candy y sabía bien de lo que estaba hablando.

-¿Embarazada? – Preguntó Candy con sorpresa, mirando a los ojos a Fanny. Fanny asintió con una sonrisa que reflejaba entusiasmo.

-Candy te he estado observando. – Le decía sin dejar de sonreír, comenzando a caminar de nuevo hasta el consultorio del doctor que era el jefe inmediato de ellas.

-¿De verdad lo crees? – Preguntó Candy con los ojos llenos de lágrimas, le parecía imposible que algo tan hermoso como traer un hijo al mundo le estuviera sucediendo a ella, a ella precisamente que era una joven abandonada en un orfanato, a ella que tantas veces le había entusiasmado la idea de formar una familia. El corazón de la rubia comenzó a latir rápidamente por la emoción.

-Te he visto más cansada de lo normal. – Dijo Fanny comenzando a señalar lo que había observado en la rubia los últimos días. – Tu falta de apetito es bastante notoria y mira que yo sé perfectamente que te gusta comer bien. – Dijo de nuevo con gracia. – Y has estado evitando pasar por la cocina cuando están preparando el alimento para los pacientes. – Dijo una vez más. Candy escuchaba atentamente a lo que comentaba Fanny, pensando detenidamente en que era verdad lo que ella le mencionaba, sobre todo lo último ya que Candy siempre era la primera que se paseaba por fuera de la cocina para percibir el aroma de los alimentos que serían servidos ese día, le encantaba llenarse de su olor antes de llevarlos a los pacientes, sin embargo ahora solo pasaba por ahí de ser necesario.

Candy abrió los ojos como si hasta ese momento cayera en cuenta de lo que estaba pasando. Fanny la miró con una sonrisa tierna, sin juzgarla por su falta de atención sino por la inocencia que todavía demostraba por su juventud.

-Tienes razón Fanny. – Dijo Candy reconociendo que era verdad lo que decía su compañera. – No había puesto atención a todo lo que me dices, además… - Dijo de pronto la rubia, callando para mirar con más sorpresa a Fanny.

-¿Además qué Candy? – Preguntó Fanny emocionada por haber descubierto los posibles males de la rubia.

-¿Qué es lo que sucede aquí? – Preguntó el doctor Stuart quien de repente entraba a su consultorio interrumpiendo la plática de ambas enfermeras. Candy miró al médico con los ojos llenos de lágrimas y este se extrañó de su comportamiento. – Pensé que ya te habías ido a tú casa Candy, ¿Sucede algo? – Preguntó con preocupación al ver que la joven no le respondía, sino que simplemente lo miraba con los ojos acuosos.

-Candy se sintió mal doctor Stuart. – Fanny fue la que respondió la pregunta del médico, ya que Candy parecía no poder reaccionar en esos momentos. El doctor Stuart observó a Candy y las lágrimas contenidas en la rubia comenzaron a caer lentamente.

-¿De verdad? ¿Qué es lo que te sucede? – Preguntó Stuart preocupado por la joven de su equipo.

-Estoy embarazada. – Dijo Candy con seguridad. El doctor la miró un poco confundido por su respuesta.

-Creemos que Candy está embarazada doctor. – Dijo Fanny una vez más para lograr que el médico les confirmara sus sospechas.

-¿Creen o estás, Candy? – Preguntó con travesura el médico, era un médico joven y buen mozo, caballeroso y respetuoso con su personal, pero de vez en cuando bromeaba con las enfermeras.

-Creo. – Dijo Candy regresando de sus pensamientos.

-Bien, entonces vamos a ver si es verdad. – Dijo el médico invitando a Candy para que se recostara en su diván, mientras Fanny le servía de asistente.

Después de varias preguntas y haber palpado el vientre de la rubia, el médico estaba más convencido de que efectivamente la joven enfermera estaba esperando un bebé.

-Creo que tienen razón. – Dijo con una sonrisa que reflejaba la felicidad que compartía con Fanny y Candy en ese momento. – Estás embarazada, pero la prueba de sangre que te haré en estos momentos, nos revelará en unos días el resultado. – Dijo indicando a Fanny que preparara todo para obtener una muestra de sangre.

Candy se portó muy profesional cuando su compañera extrajo la muestra de sangre de su brazo, se sentía ansiosa, nerviosa y emocionada por saber de inmediato el resultado, en esos momentos deseó tener los avances médicos que le había contado Anthony y Candy de la línea dos. Fanny salió de inmediato con la muestra camino al laboratorio.

-Ahora me explico el cansancio que reflejabas desde que regresaste de tu luna de miel. – Bromeó el médico con la rubia. Candy se puso de todos colores al escuchar que incluso el médico se había dado cuenta de su cansancio, y ella lo atribuía a las noches de desvelo que le provocaba su amante esposo.

El llamado de la puerta interrumpió la conversación que mantenía Candy con el médico, la cual suspiró aliviada por la vergüenza que sentía.

-Disculpe doctor Stuart. – Se escuchó la voz de otra de las enfermeras de su equipo. - ¿Candy está aquí? – Preguntó de nuevo. – Su esposo la está esperando. – Dijo una vez más para avisar a Candy que Anthony seguía en la recepción esperando que saliera de trabajar.

-¡Anthony! – Dijo Candy bajándose rápidamente de la camilla donde había permanecido sentada, después de los dicho por Fanny se había olvidado que su esposo pasaría por ella.

-Tranquila señora Brower. – Le dijo el doctor Stuart llamando la atención de la rubia. – Te recuerdo que no debes reaccionar tan bruscamente de ahora en adelante. – Le dijo a modo de reprimenda. Candy asintió con una hermosa sonrisa llena de ilusión y al mismo tiempo apenada.

-Había olvidado que Anthony me estaba esperando doctor. – Le dijo Candy justificando su emoción. Stuart sonrió amigablemente.

-Lo entiendo, pero cuando le des la noticia te aseguro que la espera habrá valido la pena. – Dijo el médico una vez más, animando a Candy a dar la noticia de su embarazo.

-¿Entonces está usted completamente seguro? – Preguntó Candy con emoción en sus ojos.

-Yo estoy seguro, el examen de sangre es un simple requisito para tú expediente. – Le dijo una vez más, guiñando un ojo en señal de complicidad. Candy asintió más feliz que antes.

Candy abandonó el consultorio del doctor Stuart con una alegría mucho más infinita que la que había estado sintiendo en su alma, sus ojos no podían ocultar lo que estaba sucediendo en su interior y su mente la llevaba a imaginar al pequeño Alexander, recordando las fotografías que le había mostrado Candy en su móvil de cuando él había nacido en sulínea del tiempo.

Anthony por su lado comenzaba a impacientarse, tenía más de una hora esperando a su esposa, siempre llegaba un poco antes para esperarla y no pasaban más de cinco minutos de su hora de salida que ella ya se vislumbraba por el pasillo para encontrarse con él, sin embargo ese día había algo diferente, podía sentirlo en el ambiente y lejos de sentirse tranquilo se sentía más intranquilo que nunca.

Cuando había pasado una hora de estarla esperando se decidió a preguntar por ella a una de sus compañeras, la misma joven que había ido a preguntar por Candy al consultorio del doctor Stuart, la había buscado por varios de los pabellones del hospital sin suerte alguna.

Candy caminaba por el pasillo que la llevaba a la sala de espera, sus piernas no le respondían con la rapidez necesaria para llegar hasta su esposo lo antes posible. Cuando llegó a la sala de espera él estaba ahí, caminando de un lado a otro impaciente, podía observar que estaba inquieto y ansioso por su tardanza, sonrió con ternura al ver lo guapo que se veía incluso de esa forma tan ansiosa de caminar. Anthony sintió su mirada y detuvo su paso, girando su rostro hacia donde ella estaba de pie mirándolo fijamente, sus miradas se cruzaron, y la mirada de Candy se nubló de nuevo por la emoción, pero Anthony se preocupó al ver la reacción de la pecosa, no sabía qué esperar de su tardanza.

-¿Sucede algo princesa? – Preguntó acercándose a ella de inmediato, pudo darse cuenta que la rubia era incapaz de dar un paso más hacia él. - ¿Qué sucede Candy?- Preguntó de nuevo con la mirada preocupada, temía la respuesta de la rubia y más cuando la joven enfermera derramó por fin las lágrimas que tenía contenidas, pero para sorpresa de Anthony sus labios se transformaron en la sonrisa más maravillosa que había visto reflejada en el rostro de su amada.

-No te preocupes. – Decía Candy intentando calmar a Anthony, pero el rubio con solo escuchar aquel "no te preocupes" sintió que su corazón dejó de palpitar casi de inmediato. – No es nada malo. – Le decía de nuevo, pero Anthony no estaba seguro de ello, había esperado más de una hora y estaba confirmando que no era por motivos de trabajo.

-¿Qué sucede mi amor? – Preguntó acariciando su rostro, para después secar una lágrima que bajaba por sus mejillas. – Dime por favor, lo que sea… - Decía intentando ser fuerte, preparándose para cualquier escenario que podría suceder, para cualquiera, menos para el que le tenía reservado la rubia.

-Vamos a tener un bebé. – Dijo Candy por fin a su esposo, sonriendo aún más amplio si era posible.

-¿Cómo? – Preguntó Anthony confundido al no ser la noticia que esperaba, él esperaba una mala noticia al ver la reacción de su esposa, sin embargo el escuchar que serían padres rebasaba todas las noticias buenas por haber en el mundo. Había imaginado que Alexander llegaría en un momento de sus vidas, sin embargo jamás advirtió que llegaría tan pronto para llenar su matrimonio de mayor dicha.

-Alexander viene en camino. – Dijo la rubia con una sonrisa que pronto se empapó con las lágrimas que comenzaron a correr por su rostro de manera copiosa.

-¿De verdad?- Preguntaba Anthony con emoción, sosteniendo el rostro de Candy con ambas manos para fijar su mirada a la de ella y convencerse así que realmente lo que decía era verdad. Candy asintió sin dejar de sonreír.

Anthony sonrió feliz y emocionado, acercándose a los labios de su esposa sin importar que era un lugar lleno de gente, sus labios se unieron en un beso tierno y delicado, un beso que compartían por la feliz noticia que habían recibido.

-Soy el hombre más feliz del universo Candy. – Le decía seguro que así era, no podía decir que del mundo, porque gracias a Stear había descubierto que su mundo era tan pequeño y que el universo era mucho más grande de lo que había imaginado. – Te amo pecosa, te amo… - Le decía emocionado, agradeciendo entre besos la felicidad proporcionada, bendiciendo cada minuto de su vida juntos, sintiendo en su corazón como ese amor que los había unido a pesar de sus tiempos comenzaba a rendir frutos.

Poco después del anuncio de la llegada de su primogénito, Annie y Archie anunciaban que ellos también estaban esperando a Axel, ambas parejas estaban seguros del sexo de su bebé y por supuesto de los nombres que llevarían cada uno de ellos.

La matriarca estaba feliz porque por fin pronto podría tener junto a ella a los dos pequeños de la línea dos que le habían robado el corazón, lo único que le pesaba era el tiempo que tenía que pasar para que estos tuvieran la edad que habían tenido cuando la visitaron por primera y única vez.

Stear por fin había anunciado el compromiso con Patty, se sentía muy afortunado por haber esperado un tiempo antes de hacerlo, ya que así había podido conocer un poco más a la joven de anteojos, habían compartido sus gustos y habían hablado abiertamente sobre la relación que ella había llevado con Stear, cosa que le daba a él un conocimiento más amplio acerca de su contraparte.

Albert por su lado viajaba seguido a Nueva York, había iniciado una amistad con Isabella Britter, una amistad que había desalentado a la matriarca y a la señora Britter, ya que ambas esperaban que se hiciera formal un compromiso, sin embargo Albert quería conocer a la joven Britter antes de pensar siquiera tener una relación formal con ella. Isabella por su lado estaba impaciente por lograr que Albert se le declarara, no comprendía muy bien el motivo de su indecisión y eso la desalentaba enormemente, llegando al punto de pensar en ser ella la que le declarara su amor.

El embarazo de Candy se desarrollaba con naturalidad, los preparativos de la boda de Stear con Patty se llevaban a cabo con tiempo y la relación de Albert con Isabella se mantenía en el mismo lugar.

-¿Estás lista Patty? – Preguntó Candy a Patty, la rubia estaba tan emocionada por la boda de su amiga que no podía ocultarlo.

-Faltan tres meses aún Candy. – Decía Patty intentado no mostrar su ansiedad.

-Lo sé, falta menos para el nacimiento de Alexander y estoy más nerviosa por la boda. – Dijo la rubia con sinceridad, en el fondo sabía que todo saldría bien con su bebé.

-Todos estamos así, pero primero hay que esperar que nazca Alexander y Axel. – Dijo Patty intentando no pensar mucho en su boda, no quería que los nervios se apoderaran de ella y le impidiera ser feliz al lado de su futuro marido.

-¿No les parece raro que ya sabemos el sexo de nuestros bebés? – Preguntó Annie sorprendida por ese dato, dando por hecho que tanto ella como Candy tendrían los primogénitos que habían tenido en la otra línea del tiempo. Candy asintió sonriendo feliz de que algo así pudiera sucederles.

-Candy me dijo que en su tiempo puedes observarlos dentro de ti. – Dijo la rubia con sorpresa, creyendo que era imposible que vieran a través de su piel el interior de su vientre.

-¿¡De verdad!? – Preguntó Patricia sorprendida. – Parece una novela de ciencia ficción. - – Dijo de nuevo la castaña. Acostumbrada a leer ese tipo le lectura no le parecía imposible que de ahí la hubieran sacado. - ¿Será como los rayos X? – Preguntó de nuevo intrigada por lo que decía Candy.

-Yo pesé lo mismo, pero ella me dijo que se llamaba ultrasonido. – Dijo Candy mientras sobaba su vientre para calmar las patadas tan intensas que comenzaba a sentir de su pequeño torbellino. – Me dijo que era para monitorear el crecimiento y desarrollo del bebé. – Decía Candy sorprendida por que algo así fuera realidad.

-Me parece imposible. – Dijo Annie creyendo que no era posible que algo así sucediera.

-Su tecnología es más avanzada.- Dijo Candy como explicación, las chicas asintieron al comentario de Candy, estando de acuerdo que debía de ser por eso que tenían aparatos tan sofisticados.

-Me hubiera gustado saber el sexo de mi bebé. – Dijo Patricia suspirando, recordando que Stear de la línea 2 había comentado que su Patty estaba esperando bebé, de eso ya hacía varios meses lo cual quería decir que para esas fechas ya debía de haber nacido.

Los meses siguieron pasando y el embarazo de Candy y Annie seguía su curso. Candy había dejado de trabajar por fin en el hospital y se dedicaba a estar en casa cuidada por todo el personal de la mansión de Chicago, todos estaban al pendiente de la joven ya que como era su costumbre se había ganado el cariño de todos.

-Dorothy ¿Podrías ayudarme por favor? – Preguntó Candy a la joven mucama que la atendía. Dorothy dejó la ropa que estaba acomodando para ayudar a Candy a levantarse.

-Con cuidado Candy. – Le decía tomando de la mano para que la tomara a ella como apoyo. Un quejido se escuchó de la rubia, un quejido que hizo que Dorothy se preocupara por ella. - ¿Estás bien Candy? – Preguntó la pelirroja ansiosa.

-Fue solo una contracción. – Dijo Candy reponiéndose rápido de su dolor pasajero. – No te preocupes aún no es el día. – Dijo Candy segura de que su hijo nacería unos días más tarde.

-¿Estás segura? No entiendo cómo estás tan segura que nacerá ese día y menos aún comprendo cómo es que sabes el sexo de tu bebé. – Dijo ya con Candy en la puerta del baño. Candy sonrió por la cara de duda de su amiga.

-Es algo inexplicable. – Dijo Candy para intentar explicar a Dorothy el motivo por el cual conocía esos datos. – Algo dentro de mí me dice que es un niño el que estoy esperando. – Dijo Candy con emoción, porque además de que sabía que Alexander era el primogénito de ella y Anthony, ella misma tenía la sensación de que así era. – Y la fecha de parto es la fecha que me dio el doctor Stuart. – Dijo una vez más cubriendo ese dato con lo dicho por el médico.

-Pero los médicos siempre pueden equivocarse Candy. – Rebatió Dorothy con sabiduría, si lo sabía ella que había ayudado a su madre a tener a sus hermanos y nunca nacían cuando el médico le decía. – Los niños llegan al mundo cuando ellos quieren, no cuando un lo planea. – Dijo regresando a sus deberes.

-Tienes razón Dorothy. – Dijo Candy con una sonrisa para después cerrar la puerta del baño y comenzar su rutina de aseo diaria.

El día programado para el parto de Candy, todos los implicados con la línea del tiempo dos estaban en la mansión esperando el gran suceso, incluso Elroy había mandado traer el mejor médico de Chicago para que atendiera a la rubia. Stuart miraba a la familia un tanto impaciente por estar esperando algo que tal vez no sucedería ese día.

-¿Cómo te sientes? – Preguntó Anthony a Candy, estaba impaciente por saber si su hijo estaba listo por nacer.

-Me siento muy bien. – Decía Candy en medio de la tarde. Anthony suspiró comenzando a creer que se habían equivocado de fecha. – ¿Nos habremos equivocado de fecha? – Preguntó Candy curiosa a su esposo.

-Según yo es el día que Alexander dijo había nacido. – Dijo Anthony pensativo. – Pero no preguntamos la hora, así que tal vez esto puede ser en cualquier momento. – Dijo analizando un poco la situación.

-Tal vez… - Decía Candy insegura de que se presentaran los dolores tan repentinos si no los había sentido desde que se levantó por la mañana.

-Te traeré un poco de agua y de paso avisaré a los demás que todo sigue igual. – Dijo Anthony una vez que observó que la jarra de agua se había terminado y que creía que los demás estaban impacientes por saber lo que estaba sucediendo dentro de la habitación.

-Aquí estaré. – Dijo Candy con una sonrisa tranquila.

Una vez que Anthony salió de la habitación, Candy se levantó del sillón donde reposaba, pero esta vez se levantó con mucha dificultad, el peso de su vientre era muy incómodo y le costaba mucho ponerse de pie sin apoyarse en algo. No hubo caminado ni cinco pasos cuando un fuerte dolor la invadió de pronto.

-Ah. – Fue lo único que pudo expresar ante el agudo dolor que la asaltaba, colocando una de sus manos en la cómoda frente a ella para evitar caerse y la otra en su vientre que se ponía duro. - ¡Duele! – Dijo intentado controlar el dolor, sin embargo en vez de suavizarse se intensificó cada vez más. Candy reconoció de inmediato que había sufrido una ruptura de las membranas, al sentir que un líquido transparente recorría sus piernas. - ¡Anthony! – Gritó la pecosa para ver si podía ser escuchada por el rubio, acababa de salir de la habitación, sin embargo era el tiempo suficiente para que estuviera lejos antes de que ella hubiera roto aguas.

Anthony por su lado bajaba inquieto no quería dejar mucho tiempo a su esposa, a pesar de que ella estaba tranquilamente sentada en un sofá esperando el nacimiento de su hijo.

-¿Todavía nada? – Preguntó la tía abuela en cuanto vio a Anthony poner un paso en el último escalón.

-Todavía no. – Dijo Anthony un tanto apenado por tener al médico esperando desde muy temprano por la mañana.

-Señor Brower, creo que esto podría tardar unos días más, la señora Candy es primeriza y a veces puede que… - Decía el médico intentando explicar que no era necesario que siguiera en la mansión, la noche estaba por caer y ya hasta le daba pena pedir que le sirvieran de cenar.

-¡Anthony! – Se escuchó desde arriba el grito de la pecosa, quien era el quinto grito que emitía desde que su esposo había bajado las escaleras.

-¡Candy! – Dijo Anthony preocupado al escuchar muy cerca de ellos el llamado que hacía su esposa. Anthony giró su rostro hacia el corredor que llevaba a las habitaciones y se encontró con una Candy toda sudorosa sosteniendo su vientre, apenas podía caminar.

Anthony corrió de inmediato escaleras arriba, seguido por Vincent, Archie, Stear y hasta Albert para ver en que podían ayudar.

-¿Qué sucedió? – Preguntó Anthony cuando llegó hasta ella, tomándola en sus brazos para llevarla de nuevo a la habitación.

-He roto la fuente. – Dijo Candy a su esposo, quien sintió rápidamente que sus ropas estaban empapadas.

-¡Doctor! – Dijo Elroy impaciente al ver que el médico no se apuraba en atender a la rubia.

El médico sonrió amablemente excusándose porque iría hasta la habitación de Candy para atenderla, miró a su enfermera y le pidió lo siguiera. Elroy lo miraba impaciente porque le parecía que no tenía prisa por ir hasta ella.

Albert y los demás estaban afuera de la habitación con los nervios de punta al escuchar las quejas de dolor que tenía Candy.

-Doctor por favor haga algo. – Dijo Albert impaciente una vez que vio al médico llegar hasta ellos.

-Tranquilo señor Andrew, le aseguro que esto puede durar horas. – Le dijo con una calma que deseaba tener él mismo en esos momentos.

-Tranquila amor. – Decía Anthony quien estaba junto a Candy. La había recostado en la cama para que estuviera más cómoda. Candy se retorcía de dolor intentando recordar todas las recomendaciones que ella como enfermera les hacía a las futuras madres. – Respira. – Le decía Anthony a su esposa, soportando el agarre tan intenso que Candy le provocaba cuando llegaba una nueva contracción.

-¡Ahhh! – Se escuchó un grito muy fuerte en cuanto el médico abrió la puerta de la habitación, logrando que los caballeros que estaban fuera sintieran los pelos de punta.

Annie, Patty y la tía abuela estaba abajo esperando noticias. Annie estaba mucho más nerviosa que las otras dos, sintiendo entre sus manos el movimiento de su bebé. Pasaba sus manos sobre su vientre como suplicando que no le fuera a doler tanto como escuchaba a Candy le dolía.

-Señor Brower espere afuera. – Le dijo el médico Anthony, quien se quedó mirando a Candy para saber si estaría bien. Candy asintió segura de que estaría bien, quería hacerlo bien como muchas de las mujeres lo habían hecho frente a ella.

El médico comenzó a lavar sus manos con la asistencia de la enfermera, quien en silencio preparaba todo para recibir al pequeño Alexander Brower.

-Tranquila Candy. – Le decía el médico con confianza. – Todo estará bien. – Le decía mientras le colocaban sus guantes.

Candy retorcía con sus manos las sábanas bajo ella intentando fungieran como lo habían hecho las manos de su esposo momentos antes. Cuando el médico revisó la dilatación de la rubia se dio cuenta como lo había pensado que aún no estaba lista para que naciera su bebé.

-Esto va a tardar un poco Candy, será mejor que intentes tranquilizarte. – Le decía Stuart con tranquilidad. Candy lo veía con cierto rencor en sus ojos, él no sabía el dolor que tenía en su vientre.

-Necesito a Anthony… - Dijo Candy al escuchar que todavía faltaría un rato para que naciera su hijo.

-Tu esposo está afuera. – Le dijo el médico sin perder su tranquilidad.

-¡Stuart, necesito a Anthony! – Gritó Candy impaciente al su antiguo superior, este la miró a los ojos sorprendida por su manera de expresarse. – Ni tú ni ningún médico sabe lo que duele esto. – Dijo inclinándose al frente para encararlo mejor. – Así que te digo que dejes que Anthony esté aquí conmigo, porque las sábanas no son lo suficientemente fuertes para sostenerme en cada contracción. – Le decía agitada, con las gotas de sudor bajando por su frente, sus labios lucían resecos y su mirada estaba encendida por la desesperación del momento.

-Muy bien. – Dijo Stuart con una sonrisa de lado, efectivamente él y ninguno de los médicos hombres sabían lo que Candy estaba sufriendo. Fanny se dio la vuelta para ir a llamar a Anthony.

Anthony por su lado estaba afuera de la habitación caminando de un lado a otro.

-Tranquilízate por favor hijo. – Le decía Vincent, quien lo veía extremadamente nervioso.

-¡No puedo papá! No debí salirme de ahí y dejarla sola. – Decía reprochándose por haber abandonado la habitación.

-¿Y qué se supone que harías dentro? – Preguntó su padre con una sonrisa traviesa, sintiendo una ternura tan grande por su hijo.

-¡No lo sé! ¡Apoyarla! ¡Que se diera cuenta que estoy con ella en estos difíciles momentos! ¡Le diría que la amo y que lo está haciendo muy bien! ¡Qué sé yo! – Decía sin dejar de caminar, removiendo sus rubios cabellos una vez más.

-Tranquilo los doctores saben lo que hacen, todos pasamos por lo mismo. – Decía Vincent con una mirada tranquilizadora. Albert, Stear y Archie se miraban unos a otros, ellos estaban igual de nerviosos que Anthony, cada uno pensando en su pareja, sobre todo Archie, quien sabía muy bien que era el siguiente en la lista.

-Señor Brower. – Dijo Fanny de pronto, interrumpiendo la caminata de Anthony.

-¿Qué sucede? ¿Está todo bien? – Preguntó Anthony impaciente al ver que la joven ex compañera de Candy salía preguntando por él.

-Candy quiere verlo. – Dijo Fanny con una sonrisa para indicarle que todo estaba bien hasta ese momento. Anthony sonrió y asintió nervioso mirando a su padre y a sus primos.

-¿Ya nació? – Preguntó Stear con inocencia, le había parecido que llevaba horas parado ahí afuera.

-No, todavía tardará un poco más. – Dijo Fanny con profesionalismo. – Les recomiendo que esperen abajo. – Dijo como sugerencia. Vincent asintió y agradeció a la joven por su recomendación.

-¿Vienes? – Preguntó Albert a Vincent al ver que se quedaba recargado a un lado de la puerta.

-Vayan ustedes, yo aquí me quedaré. – Dijo Vincent por respuesta, cerrando los ojos para tranquilizarse ahora él. Había estado intentando tranquilizar a su hijo cuando él mismo estaba con los nervios hechos nudo en su interior. Albert por un momento pensó en quedarse para hacerle compañía, sin embargo el solo pensar que sería extraño mostrar más preocupación de su parte lo hizo bajar junto a Stear y Archie, quienes ya estaban abajo acompañando a sus respectivas parejas y a la tía abuela.

-Bien. – Fue lo único que dijo Albert para después bajar indeciso al salón principal.

Las lágrimas de Vincent llegaron hasta sus ojos, su rostro se elevó hacia arriba y una plegaria fue dicha a su esposa, suplicando que su nieto y su nuera estuvieran en perfectas condiciones.

Anthony por su parte entraba a la habitación impaciente, llegando de inmediato hasta donde estaba la rubia.

-Ya estoy aquí princesa – Le dijo Anthony en cuanto pasó del vestíbulo de la habitación. - ¿Cómo te sientes? - Preguntó con cierto dolor en su voz.

Anthony se detuvo por unos segundos al ver el aspecto de su esposa, se encontraba ahí recostada en la cama, con el rostro sudoroso, sus cabellos recogidos en una coleta baja y algunos de sus rizos se adherían a su frente, sus labios estaban pálidos y algo resecos por el dolor que evidentemente estaba sufriendo y sus hermosos ojos verdes estaban suplicantes frente a él.

-No muy bien. – Dijo Candy intentando sonreír. Anthony se sentó con cuidado junto a ella, tomando su mano para después buscar al doctor con la mirada. No hubo necesidad de preguntar directamente, el médico sabía cuál era su pregunta.

-Está muy bien. – Dijo Stuart con profesionalismo. Anthony lo miró no muy convencido, la había dejado tan solo unos segundos y parecía que habían sido horas. – Necesito que me ayudes a ponerla de pie. - Dijo una vez el médico a Anthony.

-¿De pie? ¿Estás bromeando? – Preguntó Anthony incrédulo a las palabras del médico.

-No… - Dijo Candy intentando ponerse de pie con la ayuda de su esposo y de Fanny. – Es bueno para el bebé… - Dijo Candy intentando sonreír, lucía cansada, toda la tranquilidad que había sentido en toda la mañana ahora se había ido muy lejos de ahí.

-Así puede bajar más rápido. – Explicó Fanny al ver que Candy no podía dar la explicación adecuada a su esposo. Anthony comprendió lo que le decían, pero aun así sentía un dolor muy grande en su interior por ver la dificultad que tenía su esposa para caminar. Un grito aún más fuerte que el anterior salió de la garganta de Candy.

-¡No puedo! – Gritó Candy deteniendo su paso repentinamente, su cuerpo estaba encorvado y se negaba a continuar caminando.

-Si puedes Candy. – Le dijo Anthony de manera firme y tierna, intentando darle el ánimo necesario para que continuara con el trabajo. – Sé que puedes hacerlo princesa, sé que lo harás por Alexander, recuerda que hoy estará en nuestros brazos. – Le decía el rubio con la voz totalmente suave y tierna que tenía para ella. – Imagínate su hermoso rostro frente a ti, sus ojos azules mirándote con amor y ternura. – Le decía una vez más. Fanny y Stuart escuchaban las palabras de aliento que Anthony le dedicaba a su esposa y sentían que la piel se les erizaba por la intensidad con la que las decía, podían ver el amor y el cariño que sentía por su esposa, algo que difícilmente podían observar en las parejas que trataban. – Eres una chica muy fuerte amor, eres capaz de soportar esto y más por nuestro hijo… yo sé que puedes hacerlo mi amor. – Le decía enamorado. Candy miró sus ojos y con una sonrisa cansada se sintió renovada por las palabras de su esposo, imaginándose el rostro sonrosado de Alexander cuando había nacido en la línea dos.

-Puedo hacerlo… - Dijo Candy con una sonrisa forzada, buscando en su interior la fuerza necesaria para continuar caminando.

-Muy bien preciosa. – Dijo Anthony con una gran sonrisa al ver el esfuerzo que hacía su esposa.

Anthony en su interior se sentía completamente inútil, sentía unas ganas enormes de poder hacer más por ella, quería ayudarla a aliviar su dolor, quería soportar él mismo los dolores de parto que estaba sintiendo su mujer y eso lo desesperaba, cuando se daba cuenta que nada de eso era posible.

-Bien creo que ha llegado el momento. – Dijo el médico una vez que Candy había recorrido casi toda la habitación.

Anthony ayudó a recostar a su esposa, cuidando por todos los medios de no lastimarla, temía que un movimiento no controlado de su parte provocara más dolor del que estaba sufriendo ella o el bebé.

-Anthony colócate a la cabeza de Candy. – Le dijo el médico a Anthony, indicándole el lugar en donde se impresionaría y estorbaría menos. – Cuando yo te diga comienza a pujar Candy. – Le dijo a la rubia colocándose en posición. Candy asintió con cierto temor en su interior pero decidida a tener a Alexander en sus brazos, sabía el protocolo, sabía las indicaciones y ahora le tocaba a ella seguir lo que tantas veces le había tocado cuando asistía al doctor Stuart. Anthony besó su coronilla para darle ánimo y hacerle ver que no estaba sola, que él estaba ahí para ella para darle ánimo y toda la comprensión necesaria en ese momento. - ¿Lista? – Preguntó Stuart a la rubia.

-Lista… - Respondió Candy para después comenzar a pujar ante la primera señal recibida por el médico.

El rostro de Candy se tornó de color rojo por el esfuerzo, sus manos se aferraban con fuerza a la mano de Anthony, quien soportaba con valentía aquel escenario, un escenario que jamás se hubiera imaginado, un escenario que le revelaba el dolor y la valentía de una mujer para traer vida al mundo. En ese momento Anthony admiró aún más a Candy, su corazón se inflaba de orgullo y admiración por ella, porque no solo era la mujer más valiente que había conocido en su vida, no solo había enfrentado su niñez sola contra toda adversidad, había sobrevivido a los Leagan, había enfrentado un viaje sola a Inglaterra y había vuelto aún más sola, había estudiado una carrera aún en contra de todas las reglas impuestas por la familia Andrew, había enfrentado su muerte, la pérdida de un amor y a pesar de ello había sabido levantarse y hoy le daba una muestra más de la valentía y la fuerza que poseía.

-Así amor, lo estás haciendo muy bien. – Dijo Anthony al sentir que tomaba un respiro para segundos después volver a sentir aquel impulso de su cuerpo para expulsar a su bebé.

-Una vez más Candy. – Dijo el doctor animando a la rubia para que continuara con su labor. Candy no respondió simplemente volvió a pujar con fuerza para lograr el nacimiento de su hijo. – Ya falta menos… - Dijo una vez más con emoción al ver que la cabeza del pequeño rubio estaba a punto de salir.

-Un esfuerzo más mi amor. – Le decía Anthony con las lágrimas contenidas, le dolía todo el esfuerzo que debía hacer su esposa para tener en sus brazos aquel pedacito de su amor.

El llanto fuerte y sonoro de Alexander se escuchó en toda la habitación, un llanto lleno de energía y emoción salía con ganas de la garganta del pequeño, quien sin comprender qué sucedía se movía ansioso por haber sido desalojado de su cálido refugio.

-¡Es un varón! – Gritó el médico sorprendido porque Candy le había dicho muchas veces que sería un varoncito. – Tenías razón Candy, Alexander ha llegado al mundo. – Le dijo sosteniendo al pequeño frente a la rubia y a Anthony, quienes miraban emocionados a su robusto retoño.

-¡Es hermoso mi vida! – Decía Anthony emocionado al ver cómo su hijo se enfrentaba por primera vez a la vida.

-¡Es hermoso! – Decía Candy con la mirada cristalizada, dejando caer por fin sus lágrimas, solo que esta vez eran lágrimas de felicidad que pronto se mezclaron con las de su esposo, quien la besaba tiernamente mientras admiraban a su hijo.

-En un momento lo tendrás en tus brazos, Candy. – Dijo el doctor Stuart, entregándoselo a Fanny para que lo aseara primero. La enfermera estaba también conmovida por la escena, la ternura de Anthony para con Candy había traspasado su corazón, era la primera vez que observaba que un hombre acompañaba a su mujer en ese duro proceso.

Momentos después Fanny acercó a Alexander a los brazos de su madre, quien impaciente los extendía para conocerlo por fin.

-Es exactamente igual. – Dijo Candy a su esposo. Anthony asintió asombrado por el parecido de su hijo al de la foto que Candy de la línea dos y Anthony les habían mostrado.

-Es perfecto. – Dijo Anthony con emoción, acariciando el rostro de su hijo con ternura, el cual dejó de llorar casi de inmediato al sentir junto a él el latido de su corazón.

Stuart y Fanny admiraban a la familia que recién comenzaba, ambos estaban embelesados con la ternura de su primogénito, observándolo con un profundo amor y una sonrisa radiante en sus rostros. Médico y enfermera abandonaron en silencio la habitación para darles privacidad a los rubios.

-Bienvenido Alexander. – Dijo Candy a su hijo, al mismo tiempo que daba un beso en su frente. El pequeño quien continuaba con sus ojos cerrados reflejó una tierna sonrisa en su rostro.

-Tú madre y yo te cuidaremos con mucho amor y cariño, eres el vivo retrato del amor que nos tenemos… - Decía Anthony con emoción, sus palabras se detenían por un segundo para después continuar. – Te amamos tanto hijo… - Decía una vez más el rubio, mientras su hijo se removía buscando alimento.

-Creo que tiene hambre. – Dijo Candy con un poco de preocupación, sabía bien que aún no tenía la leche suficiente para alimentarlo, pero también sabía que era necesario que comenzara a estimular su pecho para que bajara la leche. Anthony la miró con un poco de pena, sabía que debía alimentarlo y a pesar de conocerla a la perfección se ruborizó al ver que su esposa se descubría para alimentar a su hijo.

A los pocos minutos Alexander se había prendido del seno materno para saciar esa hambre que sentía, succionando con fuerza para obtener su alimento. Candy soportaba el dolor que le provocaba su bebé quien con impaciencia bebía.

-¡Vaya! – Dijo Anthony sorprendido con la manera tan desesperada de comer de su bebé. - Se nota que tiene hambre. – Dijo con una sonrisa tierna, fijando sus ojos en aquel pequeño ser que con inocencia se alimentaba de su madre.

La familia llegó emocionada a conocer a Alexander, sobre todo Vincent y la tía abuela, el primero estaba emocionado observando que su hijo había vuelto a nacer, recordándole aquella imagen a su amada Rosemary, quien en ese momento le pareció verla reflejada en Candy. La tía abuela por el contrario se sentía impaciente por que Alexander creciera y pudiera enseñarle como lo había hecho con su padre y sus tíos, todos tenían planes para el recién llegado, planes que eran más definitivos en Stear, quien estaba impaciente por tener a su conejillo de indias ayudándolo en el laboratorio.

A los pocos días de haber nacido Alexander, llegó Axel, habían creído que el parto de Annie se había adelantado al presentar los síntomas un día antes de la fecha que sabían llegaría, sin embargo el trabajo de parto se alargó por varias horas y pasado un minuto de la media noche, Annie había escuchado el llanto de su primogénito.

Archie esperaba afuera de la habitación acompañado de su hermano, de Anthony y su padre, quien había llegado junto a su madre tan solo un día antes para el nacimiento de su primer nieto.

-¡Ya nació! – Gritó Archie al escuchar el llanto de su bebé. - ¡Ya nació Axel! – Gritaba emocionado.

-¿Cómo sabes que es niño? – Preguntó su padre un tanto confundido. Archie levantó los hombros con presunción.

-Intuición. – Dijo con una sonrisa traviesa, Stear y Anthony lo miraron con diversión.

-Vamos a ver qué dice el médico. – Dijo Edward deseando que su hijo estuviera equivocado y que naciera por fin la niña que tanto había esperado cuando lo estaban esperando a él.

-Es un niño. – Anunció la enfermera que había abierto la puerta para alegría de los que esperaban.

-¡Lo sabía! – Dijo Archie emocionado a pesar de que sabía perfectamente que sería un niño el que nacería. Su padre lo miró con una sonrisa de lado, orgulloso de su vástago.

Archie entró a conocer a su hijo, sus pasos eran sigilosos, podía ver a Annie que parecía dormida y a un lado de ella estaba aquel pequeño ser que había robado su corazón en cuanto lo vio. Sus ojos miraban con ternura la tierna imagen que representaba su esposa y su hijo.

-No quise despertarte.- Le dijo con pena al ver que la ojiazul abría sus ojos lentamente.

-No… quería verte… quería que vieras a nuestro hijo. - Dijo Annie con una sonrisa de cansancio. Archie la observó conmovido, imaginándose el dolor que había sufrido con el nacimiento de su hijo, sus gritos se escuchaban hasta donde estaban y eso le erizaba la piel una vez más tan solo de recordarlo.

-Es tan hermoso… - Dijo Archie acercándose por fin a ellos. Besó a su esposa en los labios y después besó la frente de su hijo.

-Se parece a ti.- Dijo Annie con orgullo. Estaba tan enamorada de su esposo que no le preocupaba que su hijo solo hubiese heredado sus ojos.

-Gracias Annie. – Le dijo Archie abrazándola junto a su hijo, sentándose con cuidado cerca de ellos para sentir más de cerca su amor. Annie lo miró emocionada, enamorada de su marido.

-Te amo Archie. – Le dijo Annie con las lágrimas recorrer sus azules. Archie la miró con más amor aún del que había aprendido a tenerle, la amaba con intensidad y el nacimiento de su hijo reforzaba ese amor.

-Y yo te amo a ti Annie… - Le dijo besando su frente para después quedarse observado a Axel quien dormía plácidamente junto a su madre sin sentirse turbado por la voz de sus padres.

Los primeros hijos de los Andrew habían nacido, una nueva generación comenzaba a formarse y mientras Candy y Annie aprendían juntas a ser mamás, los orgullosos padres se desvivían por atenderlas y por aprovechar lo más posible el tiempo libre para convivir con sus hijos y disfrutar de su infancia.

Continuará…

Llegamos al final del capítulo, espero que les haya gustado, como ya sabíamos Alexander y Axel llegaron al mundo, y ahoa les toca aprender a ser padres, vamos a ver cómo lo hacen. Muchas gracias por su paciencia con los capítulos, con las fechas me he retrasado en la publicación, espero me disculpen.

TeamColombia:

Hola hermosas, cómo están? Espero que estén muy bien, y que les haya gustado este capítulo, aquí podemos leer qué es lo que pasó Candy con el nacimiento de su primer hijo, ya que sabemos cómo le fue con los gemelos. Muchas gracias por leer y comentar tan lindas palabras y más por la paciencia que han tenido, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Cla1969:

Ciao Bella come stai? Lo spero molto bene. Mi sono emozionato anche quando ho scritto il capitolo e l'ho rifatto quando l'ho trascritto al computer, giuro che a volte mi sembra di leggerlo per la prima volta quando li preparo per caricarlo. Grazie mille per il tuo commento, sono felice che ti sia piaciuto, spero che ti sia piaciuto anche questo. Ti mando un grande abbraccio, amico.

Rose1404:

Hola hermosa! Me alegra que estés muy bien y también tu pequeño Anthony, que emoción que celebrarás su cumpleaños y navidad al mismo tiempo, imagino que estás en estos momentos muy ocupada con los preparativos, ojalá puedas leer el capítulo. Tienes razón el tiempo pasa volando y uno ni cuenta se da. Efectivamente el nacimiento de un pequeño tiene sus pros y sus contras, pero cuando todo sale bien es la felicidad más grande que uno pueda tener. Ya se está completando la familia jijijiji. Gracias por comentar hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que muy bien. Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, para mí fue una emoción volver a leerlo, espero que este también te guste. Te mando un fuerte abrazo hermosa.

lemh2001:

Hola hermosa ¿Cómo estás? Espero que muy bien. Efectivamente el tener gemelos limita mucho el espacio dentro de ti además del peso que está en tú contra, así que a Candy le tocó batallar en esta ocasión, pero ella también te puedo asegurar que no tenía mucho reposo, es tan inquieta que de seguro seguía trabajando en el hospital. Tan real la depresión postparto y tan diferente en cada mujer, gracias a Dios las mías fueron tranquilas. Los niños de ahora son más listos e inteligentes, antes sí podían hacerlos un poco más inocentes, pero ahora están en todo los condenados, ya hasta nacen con los ojos abiertos para ir viendo todo lo que hay jajajaja. En la línea 3 no hay contemplado nada, no sé si sería buena idea hacer un capítulo para ello, tal vez si las demás están de acuerdo podría hacer una excepción en la historia. Muchas gracias por leer y comentar amiga, te mando un fuerte abrazo.

Silandrew:

Hola hermosa, me alegra saber que estás mejor y que las fiestas decembrinas tuvieron que ver al respecto, creo que es lo que más nos hace levantarnos no? yo aún no estoy lista se me ocurrió pintar mi casa y tengo todo patas para arriba, ya te imaginarás, por eso no tuve tiempo de publicar el miércoles, no he puesto el árbol ni nada sinf! espero terminar este fin de semana para descansar un poco. Hay! espero que con este no te sientas mal porque ahí va otro parto jajaja, yo pasé por 3 cesáreas, y fueron difíciles pero gracias a Dios aquí andamos dando guerra todavía. Aquí respondí a tú pregunta, y llegaron los primeros herederos jijiji. Te mando un fuerte abrazo amiga y de nuevo un gusto que estés mucho mejor.

Mayely León:

Hola hermosa cómo estás? Espero que muy bien, no me llegó tú comentario, pero sé que siempre lees espero pronto puedas ponerte al corriente. Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Muchas gracias a todas y cada una de ustedes que leen en silencio, gracias por estar al pendiente de la historia. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

GeoMtzR

08/12/2023.