Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


A principios de noviembre el clima comenzaba a enfriarse, las lluvias se hacían cada vez más presentes y las mañanas era mejor pasarlas bajo cómodas y cálidas sábanas. Esa mañana en particular, Camus se permitió quedarse en cama un poco más después de que su alarma sonara; podía sentir que en toda su habitación dominaba el frío y aunque le gustaba, también había momentos dónde existían excepciones, y las mañanas eran uno de ellos. Cómodo, Camus se estiró como un felino sobre su cama y después giró para acostarse sobre su hombro izquierdo; apenas terminó de girar abrió los ojos con sorpresa y un grito murió en su garganta, puesto que de la impresión se había movido hacia atrás, y por consiguiente se había caído de la cama.

Arriba de la misma, Milo se asomó lentamente, con una expresión somnolienta.

—Camus, ¿estás bien? —preguntó, viendo cómo el francés mantenía las manos arriba y los ojos bien abiertos.

—¿Qué…? —murmuró Camus por lo bajo. Después bajó los brazos y se levantó rápidamente, sin dejar de mirar a Milo— ¡¿Qué estás haciendo aquí?!

Al escucharlo gritar, Milo volvió a acostarse en la cama y cerró los ojos, en aparente calma.

—Hizo un poco de frío en la noche —dijo, cubriéndose con las cobijas—. Además, somos amigos de nuevo y según recuerdo siempre me dejaste dormir en tu cama.

Camus abrió y cerró la boca varias veces. Era verdad que después de regresar a ser él las cosas con Milo se habían calmado, e incluso habían mantenido intensos debates sobre literatura, pero eso no justificaba una intrusión de esa forma, en especial porque él nunca la había permitido. Milo se colaba, que era diferente.

—Debo trabajar —terminó por responder Camus, optando por dejar a Milo ser Milo, o lo más cercano a—. Espero que arregles mi cama cuando te levantes.

Milo no respondió, sólo se cubrió más con las cobijas y esperó a que la puerta se abriera y cerrara para abrir los ojos de nuevo y poner las manos detrás de su cabeza. Tal y cómo lo había pensado, ese Camus no le tomó importancia a su intrusión, la primera versión de Camus lo habría arrojado fuera de la cama, aludiendo a que quería dormir cinco minutos más; y la segunda versión ni siquiera hubiera dormido ahí en primer lugar. El tercer él, por el contrario, tomó la actitud distante de ambos y le restó importancia al tema, priorizando el trabajo en lugar de una discusión sin sentido a las cinco de la mañana.

Solo, Milo miró el techo hasta que poco a poco los rayos del Sol comenzaron a entrar por la ventana, y la actividad comenzó en su hogar. Fue entonces cuando se levantó y salió, encontrándose frente a frente con Violate, quien iba camino a la cocina.

—No me digas que ahora estás experimentando con el profesor Albert, ¿qué? ¿te aburriste de las ciencias empíricas? —preguntó ella mientras retomaba su camino, con una sonrisa ladeada.

—¡Jamás! —negó de inmediato, siguiendo a su cuñada escaleras abajo— Sólo… tenía frío.

Milo tenía frío desde antes que iniciara la temporada de frío. Al principio había estado demasiado ocupado en sus investigaciones, en averiguar que tanto su mente se había ampliado que no se percató de lo solo que se estaba quedando hasta que se vió rodeado del silencio. Puro y frío silencio.

Fue el silencio lo que lo extrañó. El silencio y una fotografía. O muchas en realidad.

Hacía ya mes y medio Milo había encontrado, por andar de ocioso, varias fotografías de sus amigos de paseo por el mar Mediterráneo. Según las redes sociales de Afrodita, todos sus amigos se habían ido de viaje, hasta en las fotos pudo identificar a la mayoría de ellos, incluyendo a sus compañeras de trabajo Katya y Shoko.

¡Shoko! Quien se definía a sí misma como una persona no tan sociable, aparecía en una foto con Shura y Aioros, los tres sosteniendo cañas de pescar y recargándose contra un barandal.

Al ver esas imágenes, Milo se había percatado de que no lo habían invitado. En realidad, no lo habían invitado a muchas de sus actividades, en especial cada vez que uno de ellos regresaba al aparente estado "normal". Inicialmente Milo no le había tomado importancia, demasiado ocupado en sus propios asuntos y problemas, pero al verlos a todos juntos en una foto grupal (en la que incluso participaron Camus y Shaka, cada uno con la expresión hastiada que ponían cada vez que alguien sugería una foto grupal) se percató de lo solo que él estaba, en su habitación-laboratorio, rodeado sólo de sus cosas, en el silencio del día o de la noche.

Milo había intentado no pensar en el tema, pero no lo había logrado. En el mundo de los sentimientos, el nuevo Milo no era muy bueno en entenderlos. Por eso, posterior a descubrir que no podía dejar de pensar en el tema, decidió tomar cartas en el asunto e intentar introducirse en el círculo nuevo que se estaba formando.

Así había terminado acercándose a Camus, esperando a que en algún momento el francés se atreviera a invitarlo a alguna de sus actividades particulares. Y comenzaron a pasar los días; pasaron uno, dos, tres, después una o dos semanas, y para cuando Milo se percató ya habían pasado mes y medio, y ni una invitación o mención, alguna pregunta casual.

Nada. Absolutamente nada.

—Sí, está comenzando a hacer frío —el comentario de Violate regresó a Milo a la actualidad—. En estos días me gusta abrazar a Aiacos, ya sabes, para compartir el calor corporal, no me imagino a Camus dando algo de calor.

—No lo hace —dijo Milo con tono casual—. Es una paleta. Pero supongo que es la costumbre.

Al comentar eso, Violate se dió rápidamente la vuelta y lo sostuvo de las mejillas con ambas manos; con los ojos abiertos, la pelinegra movió la cabeza de su cuñado de un lado al otro.

—¿Eres tú? ¿Tú? ¿Tú? ¿Ya regresaste a ser tú? ¿El real tú? —preguntó rápidamente, sin dejar de moverle la cabeza.

—Sí, soy yo, siempre he sido yo —Milo agarró las manos de Violate y detuvo el movimiento de su cabeza—. Si te refieres a que si me golpearon de nuevo, temo que no, no lo han hecho.

—Ohh… —decepcionada, Violate lo soltó y continuó con su camino— Que decepcionante.

—Puedo escucharte.

—Lo sé.

En el desayuno, Milo se mantuvo distante, concentrado en formar nuevos planes para que lo invitaran a su antiguo grupo de amigos. Tanto que no le prestó atención a la charla entre su hermano y Violate, charla, precisamente, sobre él.

—... así que estábamos pensando en enviarte al Ártico, ya sabes, con fines científicos —dijo Aiacos, mirando fijamente a su hermano menor—. ¿Qué opinas? Puedo mover algunos contactos y subirte a un avión en tres horas a lo mucho.

—... Suena bien —afirmó Milo, revolviendo su cereal—. Sí, hay que hacerlo.

Violate escuchó a Milo con una ceja levantada; Milo era una de las personas más importantes de su vida, independientemente de que fuera su cuñado, ella siempre trataba de velar por el bien de su greñudo favorito. Cuando Milo fue arrestado por primera vez, ella fue quien obligó a Aiacos a ponerse las pilas e ir a ayudar a su hermano menor; cuando Milo pensó en hacerse un tatuaje, ella fue quien lo llevó a ver los mejores locales y sugirió los mejores diseños.

—¡Ya fue suficiente! —de un manotazo en la mesa, Violate logró captar al fin la atención de Milo, y de paso asustar a Aiacos— Quiero que me digas justo en este momento qué rayos es lo que ocurre contigo, o no tendré más opción que recurrir a Calvera.

Antes de contestar Milo abrió y cerró la boca varias veces, sorprendido por la reacción violenta de su cuñada. Al ver que Aiacos sólo negó con la cabeza y alzó los hombros, señal de que no haría nada, el joven no tuvo más opción que suspirar por lo bajo y comenzar a contar:

—Ayer vi a Saga y estaba actuando… como él normalmente es, antes del golpe, ya saben. Y sólo me preguntaba, ¿cuándo fue que regresó?

—Hace como una semana —comentó Aiacos, casual, concentrado en sus huevos revueltos con jamón y queso—. Tengo entendido que los chicos, en especial Kanon, lo convencieron de regresar —continuó con una sonrisa de lado al recordar el singular hecho—. Hypnos y Thanatos me contaron que Kanon convenció a Ker, no sé cómo, de venir.

—¿A Ker? —Violate sostuvo el brazo de su novio con fuerza, obligándolo a mirarla— ¿Hermana de Hypnos y Thanatos? ¿Ex novia de Kanon?

—Y de Saga. No olvides que de Saga… —recordando ese extraño, pero no sorprendente, pasado entre Saga y Kanon, Aiacos volvió a reír por lo bajo—. Yo fui cuando ya todas estaban reunidas, sus exnovias, con él, pero no sé qué ocurrió, la verdad. Me quedé con los chicos a quemar malvaviscos atrás de la casa de mi tío Aspros —recordando la tarde pasada, Aiacos no pudo evitar reír más fuerte—. Dysnomia incendió, literalmente, seis de los palitos que estábamos usando para los malvaviscos, y Mū le aventó un malvavisco semiderretido a Aioria en la cabeza…

Milo entrecerró los ojos mientras escuchaba a su hermano carcajearse aún más alto, recordando. Aprovechando que su hermano estaba en un ataque de risa y Violate estaba más concentrada intentando averiguar el chisme sobre Ker, Milo sacó su teléfono y comenzó a buscar información sobre esa tarde. No tardó en encontrar lo que buscaba, Aldebarán había subido la evidencia a sus redes sociales, etiquetando a todos, incluído Aiacos, en una serie de fotografías que evidenciaban su quema de malvaviscos, y al final, para coronar la publicación, una fotografía donde aparecían todos (cada uno ocupado en sus propios asuntos), incluyendo a las seis ex novias de Saga.

La leyenda "Nada mejor que una tarde con amigos", hizo sentir a Milo como si lo hubieran acuchillado por la espalda, moviendo el arma para causar más daño. En la foto incluso se podía ver a Deathmask, ¡Deathmask! Deathmask ni siquiera había regresado a la normalidad y no parecía que a alguien le importara regresarlo.

Milo pasó el resto de la mañana, y tarde, abatido. Sabía que su versión antigua era un ser sumamente social, pero no creyó que eso estuviera tan permeado en él que incluso en esa versión lo afectaría sentirse solo. Tratando de ignorar el mal sabor de boca, se concentró en sus actividades diarias. En hacer cálculos, leer teorías, arreglar defectos en sus inventos, comer todo lo que su mamá dejaba en su habitación cada hora, charlar con Camus cuando este regresó de sus clases y tratar de fingir que todo estaba en orden.

El día siguiente fue ligeramente parecido al anterior. Y el siguiente después de ese, y el siguiente después de ese. Para cuando se acercaba el fin de semana, Milo vió a Aioria de pura casualidad cuando iba camino a la estación de radio. Su viejo amigo estaba sentado en una parada de autobuses, concentrado en su teléfono, con el ceño fruncido; al lado de él estaban Regulus y Galarian, hablando entre sí. Aparentando normalidad, Milo se acercó al trío con cuidado, temiendo asustarlos si se acercaba demasiado rápido.

—Hola, Aioria —saludó cuando estuvo de pie frente al ingeniero—. Hola, chicos.

—Oh, Milo, que honor verte, es un milagro, el cielo nos ha iluminado —Aioria levantó los brazos al cielo y gritó agradecido, logrando que Milo rodara los ojos mientras Galarian y Regulus reían por lo bajo.

—¿Cómo estás, Milo? —preguntó Galarian amablemente.

—Bien, gracias, iba camino al trabajo en realidad.

—¿Sigues trabajando en la estación? —Aioria apagó y se guardó su teléfono— Ya te hacía en la NASA, o en alguna organización científica así, trabajando para Shaka, ya de perdida.

—Me gusta la ciencia, pero me gusta más la divulgación, así que decidí quedarme.

—Suena genial —al ver que su autobús se acercaba, y que Regulus y Galarian se levantaban, Aioria se desparramó en la banca de la parada—. Debemos irnos, Lithos salió con Celintha y otras chicas a Vouliagmeni y vamos a recogerlas. Ya que andas por aquí te enviaré un mensaje, para reunirnos.

La propuesta de Aioria hizo que Milo asintiera, intentando ocultar su emoción. Pasó las siguientes horas esperando el famoso mensaje, y luego los días, y días, y más días, hasta que se percató de que ya había pasado una semana y no ocurrió nada.

Aioria no se comunicó con él, no lo invitó a alguna de sus actividades o a hacer algo. Cuando se dio cuenta de que había sido dejado de lado, ofendido, Milo fue a buscar a Camus, a quien encontró en su habitación, con varias hojas sobre su escritorio. Era temporada de exámenes, Camus estaba sumamente ocupado revisando los exámenes de todos sus alumnos, maldiciendo por lo bajo ante las malas respuestas, aún más cuando alguien respondía con algo que él les había enseñado.

—¿Cómo confundes a Jim Morrison con Toni Morrison? —gruñó Camus mientras le daba vuelta a la hoja, buscando el nombre del dueño. Al leer que era de Seiya, Camus sólo suspiró por lo bajo y regresó las hojas al orden en que las revisaba—... Eso explica muchas cosas —murmuró. Antes de que Milo pudiera tocar la puerta para indicar su presencia, volvió a hablar, sin dejar de calificar—. ¿Qué quieres ahora, Milo?

Milo se sintió tentado a decir que no quería nada y salir corriendo, por su vida, pero al notar que en la cama del francés había un pequeño peluche tejido que era idéntico a Camus no pudo evitar acercarse y agarrar al peluche, que abrazó con delicadeza.

—¿De dónde sacaste está cosita tan tierna?

Camus desvío la mirada sólo un poco, para ver al pequeño muñeco que le habían regalado semanas atrás. Desde que se lo dieron, al menos otras cuatro personas habían intentado quitárselo, sin éxito, por supuesto. El muñeco no pasaba de los treinta centímetros y aunque la ropa era de tela normal, el muñeco estaba completamente tejido. Los ojos eran sólo dos circuitos azules que Milo no entendía cómo podían imitar a la perfección la frialdad de la mirada de Camus; vestido con una pequeña camisa blanca y pantalones negro, Milo notó que a los pies de la cama había un pequeño cambio de ropa, pantalones y chaqueta de cuero, con pequeñas cadenitas colgando, y una playera con un mini estampado de Black Sabbath.

—La… abuela de Shaka sabe tejer y al parecer tiene demasiado tiempo libre —explicó Camus, regresando a calificar el examen de Seiya—. No te lo voy a regalar, y no, no te lo presto así que deja de tratar de esconderlo dentro de tu ropa y ponlo en su lugar.

Milo bufó por lo bajo y sacó al peluche de debajo de su playera. No tardó en recordar su reciente frustración y molestia al analizar las palabras de Camus y relacionarlas con la promesa vacía de Aioria.

—Así que… la abuela de Shaka —comentó con tono casual mientras se dejaba caer en la cama, fingiendo naturalidad—. ¿Acaso fueron a verla a Londres o en alguna de sus exclusivas y privadas reuniones?

Al escucharlo, Camus alzó una ceja, pero no dejó su examen. Contando los puntos finales, asintió sintiéndose orgulloso, Seiya había pasado, apenas, pero lo había hecho. Sosteniendo su nuevo examen, preparado para masacrar o sorprenderse, le comentó a Milo con sencillez, fingiendo que no había detectado la hostilidad.

—Ella vino. No tengo ni idea de para qué o por qué, no me interesa. Pero la conocimos y una semana después nos regaló eso.

—"¿Nos?"

—Sí, estábamos celebrando que Saga no mató a Kanon por reunir a todas sus ex novias. ¿Hay algo en especial que quieras, Milo? Porque estoy bastante ocupado.

Milo se quedó en silencio. Habían hecho una fiesta, habían conocido a la abuela de Shaka y esta se había tomado la molestia de hacer pequeñas versiones de todos. Molesto, y celoso, no pudo evitar preguntarse cuántos eran "todos", quienes eran, por qué no se habían tomado la molestia de avisarle tan siquiera, un pequeño recado, un mensajito de pasada, por error ya de perdida.

—Voy a ir a mi otro trabajo, ¿quieres algo?

—No. Pero sería bueno que le dijeras a Aiacos que deje de hablar por teléfono frente a mi habitación, me desconcentra.

Dicho eso, Camus dio por terminada la charla, renegando sobre que Space Oddity era un álbum de David Bowie, y no un libro de Julio Verne. Milo, en cambio, salió renegando de lo sencillo que era para los demás aparentar que no lo conocían.

Por supuesto, durante esos días Valentine le había hecho ver él solito se lo había buscado, puesto que al principio, cuando los primeros contusionados regresaron a la normalidad, él mismo les había dicho que no estaba interesado en regresar a juntarse con ellos, puesto que había notado que eran un enorme distractor, y Milo debía concentrarse en encontrar la fuente de la energía eterna. Pero, claro, eso fue antes, mucho antes de darse cuenta de que todos regresaron, de que regresaron a juntarse, de que acataron sus palabras y lo olvidaron por completo.

En el trabajo, la molestia de Milo aumentó cuando vio a Katya y recordó que ella ahora era quien se juntaba con sus amigos. Ella y sus amigas. ¿En qué momento esos tarados que no hablaban con mujeres se vieron rodeados de ellas? Lleno de preguntas y amarguras, Milo se concentró en su trabajo, optando por ignorar a Katya y acatar obedientemente las órdenes de Olivia. Cuando su turno estaba por terminar, y él estaba en la bodega, fingiendo que no existía, cuando Shoko apareció en la entrada, con una sonrisa ladeada que se borró cuando él volteó a verla.

—Ahora qué hiciste —acusó la joven mientras dejaba sus cosas en un pequeño mueble destinado para las cosas de los trabajadores y se acercaba a él.

—¿Yo? Yo no he hecho nada —se defendió de inmediato Milo, enderezándose y dando un paso hacia atrás. Consciente de las emociones involuntarias que la joven le provocaba, intentaba mantenerse lo más alejado de ella.

—¿Ah, no? ¿Entonces por qué esa cara? —curiosa, Shoko se acercó aún más, mirando a Milo con los ojos bien abiertos— Te estás sonrojando —observó, sin notar que estaba invadiendo demasiado el espacio personal de Milo—. ¿Estás enfermo?

—No. Claro que no. Yo no me enfermo —dijo Milo, orgulloso de sí y su sistema inmunitario. Avergonzado de sonrojarse como un adolescente frente a la chica que le gustaba.

En lo que se alejaba de la pelirroja y su atractiva fuerza magnética, Milo pensó que no perdía nada contándole sus problemas a Shoko. Ya se los había contado a Valentine y este lo había regañando por ser tan contradictorio.

—Mis antiguos amigos volvieron a ser amigos, y me excluyeron a mi —dijo por lo bajo, avergonzado.

Al escucharlo, Shoko parpadeó varias veces.

—Pero… Aioros me dijo que tú los rechazaste —comentó ella en voz baja, dando un respingo cuando Milo levantó la cabeza rápidamente y la sostuvo con las manos.

—¡Ya lo sé! —gritó frustrado— Porque estaban haciendo tonterías y me distraían. Pero ahora esas tonterías me parecen interesantes y todos ellos parecen tan amigos —continuó, cubriendo su rostro con las manos—. Y les hicieron muñequitos de ellos mismos.

Shoko mordió su labio inferior y le dio un par de palmadas a Milo en el hombro. No iba a decirle que ella también tenía su muñequita personalizada, y que la "abuela" de Shaka, o era increíblemente joven o tenía un increíble cirujano.

—Creo que sé lo que te ocurre —le dijo a Milo cuando notó que este ya se había calmado—. Es como ese capítulo de Bob Esponja dónde Patricio se hace inteligente y desprecia a Bob por ser estúpido.

—¿Qué?

—Sí, ya sabes, dónde Patricio pierde la tapa de la cabeza… —explicó Shoko, sintiéndose cada vez más tonta conforme Milo la miraba sin entender— Si conoces a Bob Esponja, ¿verdad?

—No lo he visto desde que tenía diez.

Ante la declaración de Milo, Shoko lo obligó a sentarse y ver el dichoso capítulo en el teléfono de ella, en el que, dicho sea de paso, Milo tuvo que soportar ver los mensajes que el novio de la joven le enviaba, preguntándole si había llegado bien a su trabajo de medio tiempo. Y para evitar reflexionar en sus emociones negativas, se concentró en la caricatura, viendo cuál era la solución que él no quería pensar.

—No puedo sacrificar mi intelecto en favor de ellos —sentenció mientras cruzaba los brazos.

—¿Por qué no? Patricio lo hizo, y los chicos no son idiotas, en realidad son bastante listos —Shoko se guardó su teléfono y miró a Milo—. La última vez que los vi estaban discutiendo sobre los viajes espaciales, con tanta seriedad que me hizo creer que lanzarían un cohete tripulado. Además, nadie está hablando de sacrificar tu intelecto, sólo que no seas tan intenso.

—¿Crees que soy intenso?

—Creo que te gusta presumir que ahora eres más inteligente.

Milo se quedó sin palabras ante la observación de Shoko, y aunque intentó que no ocurriera, la caricatura de Bob Esponja estuvo rondando su cabeza el resto de la semana, hasta que llegó el fin de esta, y con ella Kanon y Saga aparecieron frente a su puerta de entrada, autoinvitándose a entrar.

—... olvidé pagar el internet —explicó Kanon cuando ambos encendieron sus respectivas laptops—. O tal vez Saga olvidó hacerlo.

—No intentes jugar conmigo. A diferencia de ustedes, yo recuerdo muchas más cosas, y sé que me convenciste de pagarlo por seis meses —Saga despegó la mirada de la pantalla para mirar a Kanon con evidente furia.

—Yo no te convencí. Tu amablemente te ofreciste a pagarlo. Y no me mires así, me dan ganas de regresar al Saga pacifista que dormía en casas de campaña y me obligaba a comer "verdura orgánica", por más sinsentido que me parezca.

—De acuerdo… —dijo Milo por lo bajo mientras se alejaba lentamente— Estoy algo ocupado, estoy trabajando con la fórmula de Riemann, así que voy a necesitar que se mantengan en silencio mientras estén aquí.

Kanon sonrió de lado y le aseguró a Milo que ni siquiera notaría su presencia. Una vez que su primo se retiró, cambió su sonrisa tranquila por una mueca que expresaba su vengativa maldad; sin decir nada, sacó su teléfono y le envió un mensaje previamente acordado a Afrodita, quien con el resto de sus amigos, no estaba muy lejos del hogar principal de los Galanis.

—Pudieron haber esperado a que Milo cambiara de opinión —observó Saga, verdaderamente ocupado en su trabajo—. En lugar de atacarlo por la espalda.

—Esto no se trata de si Milo quiere o no cambiar. Esto es venganza. No olvides que él nos trató como conejillos de indias; además, lo conoces, sabes que ya está arrepentido pero es demasiado orgulloso como para admitirlo.

Mientras hablaba, Kanon se acercó a la puerta y la abrió, dejando entrar a sus amigos, iniciado con Shura, que traía un bate en las manos y lo movía de un lado al otro.

—Entonces, ¿en qué quedamos?

—Yo lo golpeo y los demás lo patean —Shura alzó el pulgar derecho. Él había ganado el volado.

Al escucharlo, Saga se detuvo por un momento antes de continuar. Si no hubiera charlado con Shoko, y esta le hubiera contado las peripecias de Milo, sin duda estaría en desacuerdo con ese plan, pero como ya sabía que Milo dudaba, esperaba que sólo no redujeran su intelecto hasta el mínimo; un Milo más tonto de lo que era originalmente sería un problema aún más grande que un Milo que los utilizaba a su antojo.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Hay tres puntos importantes que quisiera explicar:

*Vouliagmeni. Es un subirbuo cosmopolita a veinte kilómetros de distancia de Atenas. La arena es blanca, hay hoteles e instalaciones deportivas que rodean las playas, puesto que se invirtió mucho para los Juegos Olímpicos de 2004. También tiene clubes náuticos. Sus principales playas son Lemos, Asteras y Kavouri, que también tienen antiguas ruinas del periodo clásico. Las fotos te dejan bastante impresionado.

*Toni Morrison. Su nombre real fue Chloe Ardelia Wofford, nació, Ohio en 1931y falleció en Nueva York en el 2019. Fue una novelista, ensayista, editora y profesora estadounidense ganadora del Premio Pulitzer en 1988 y del Premio Nobel de Literatura en 1960; se convirtió en la primera editora negra de ficción en Random House, una editorial. En sus obras, Morrison habla de la vida de la población negra, en especial de las mujeres. Fue una combatiente a favor de los derechos civiles y comprometida con la lucha en contra de la discriminación racial.

*Fórmula de Riemann. Fue publicada por primera vez en 1859, por el matemático Bernhard Riemann. Permite calcular los números primos por debajo de un número dado. Por ejemplo, la ecuación de Riemann revela que hay 24 números primos entre 1 y 100. Es considera una de las ecuaciones más bellas de la historia.