Alena ayudó a su padre a llevar sus cosas a la casa, Vladimir dejó al caballo en su corral y entró a su casa, dejó la rosa en la mesa, la cual su hija puso en agua después de atender de inmediato a su padre, al notar el gesto en él se sentó en silencio a la mesa para finalmente contarle lo sucedido en su ausencia.

••

Después de que Vladimir se fue a recuperar su embarcación, Alena, tal como le dijo su padre, evitó salir de la casa, pero al abrir la puerta al escuchar que tocaban, encontró que aquel hombre musculoso que vio en el pueblo llegó a visitar.

– hola – saludó el chico, Alena trató de cerrar la puerta en un gesto nervioso, pero aquel chico detuvo la puerta – me llamo Garland – se permitió pasar como si nada – ja, esto es peor de lo que pensé – dijo con cierta burla mirando el interior de la casa, se sentó campante en la silla del comedor – ¿no te vas a presentar? – miró a la pelirroja con cierta molestia

– me… – se puso nerviosa – me llamo Alena – dijo algo retraída – por favor, no puede estar aquí – realmente no sabía cómo dirigirse al extraño frente a ella

– ¿de qué hablas, Alena? – preguntó con confianza, dejando a la chica aún más insegura de qué hacer – ¿acaso no piensas ofrecerme nada? – preguntó irritado al no verse atendido por la chica – tienes mucho que aprender – reclamó

– por favor, mi papá no está y… – Alena no terminó su frase, apenas dijo aquellas palabras la sonrisa del chico la asustó, en especial cuando se levantó para acercarse a ella

– vaya – la acorraló con sus brazos contra la pared – dejar pasar a un hombre cuando estás sola – le acomodó el cabello detrás de la oreja – será la primera vez que esté con una pelirroja – se acercó a la chica

– ¡basta, por favor! – gritó contrayéndose y apretando los ojos para no verlo

– está bien – levantó el rostro de Alena sujetándola del mentón – esto será divertido – le sonrió con confianza y arrogancia antes de irse de la casa

Después de aquella visita Alena se fijaba con atención antes de salir de la casa, esperaba que su padre volviera pronto, en especial cuando tuvo que salir a comprar cosas al pueblo.

La pelirroja, con su usual forma de ser, se distrajo de tener cuidado al perderse mirando las casas del pueblo y a su gente; la pelirroja regresó a la realidad al chocar con alguien, se disculpó sólo para notar a Garland.

El hombre musculoso, con exceso de confianza y cabello largo de nuevo acomodó el cabello de la pelirroja detrás de su oreja, la chica estaba nerviosa, en especial al notar el arma que llevaba el moreno en sus manos, además del arco que cargaba en su espalda.

– pe… perdón – trató de huir, pero fue sujetada del brazo

– qué agradable sorpresa – comentó Garland con confianza negándole el escape a la chica

– perdón, tengo que irme – trataba de zafarse nerviosa – por favor, déjame ir – forcejeó para que la soltara

Después de sonreírle con aire victorioso, el hombre musculoso la dejó ir, había decidido que aquella chica sería con quien tendría hijos haciéndola su esposa, podía ver que sería una mujer obediente si la "educaba".

La última visita de Garland, fue después de casi dos semanas de la partida de Vladimir, donde nuevamente entró a casa de la pelirroja, esta vez siguiéndole desde el pueblo y forzando su entrada a la casa.

– tienes mucho que aprender aún, pero no está mal – nuevamente la había acorralado – me encargaré de enseñarte cómo debes tratar a un hombre – intentó besarla, pero Alena logró escabullirse, antes de abrir la puerta el chico agregó – será mejor que te acostumbres a mí, aunque no lo quieras, te haré mi esposa y tú tendrás mis hijos – nuevamente le sonreía con arrogancia

Alena salió corriendo asustada de su propia casa sólo para ver con alivio la figura de su padre, escondiéndose detrás de él hasta que éste corrió a Garland.

••

Vladimir suspiró cansado al escuchar lo sucedido mientras él tuvo que salir del pueblo a un viaje que no sólo fue infructuoso, ahora tenía una deuda de vida o muerte mientras alguien pretendía a su única hija.

– tendré que hablar con ese hombre – comentó Vladimir después de dar un sorbo a su té – en el pueblo tiene fama por ser el mejor cazador, su posición es buena y es respetado porque si alguien lo contradice, siempre arregla las disputas usando la fuerza bruta – ciertamente no era el esposo ideal para su hija, pero si debía partir a su muerte, al menos sabía que Alena no quedaría sola y desamparada – puede ser un buen esposo para ti – se mintió a si mismo y a su hija, quien lo miró con horror

– pero papá, es una persona horrible, no quiero ser su esposa – suplicó la pelirroja a su padre – no quiero ser esposa de un hombre como él – exclamó suplicante levantándose de su lugar

– ¡silencio! – Vladimir pegó en la mesa – es mejor así – Alena no podía creer lo que decía su padre – gracias a tu imprudente petición por esa rosa – señaló la flor que su hija puso en el centro de la mesa en un reciente con agua – partiré para siempre en tres meses – la pelirroja no pudo esconder su sorpresa – al menos sé que estarás con un hombre que cuidará de una ingenua como tú – se levantó y sin darle oportunidad de hablar agregó – estoy cansado, mañana lo irás a buscar e invitarás a que hable conmigo – la miró con severidad al notar que estaba por rehusarse – y no quiero escuchar excusas – Vladimir se retiró

Alena lloró mientras levantaba los trastos de la mesa, no podía aceptar la idea de ser la esposa de un hombre tan horrible, no podía imaginar siquiera tener que atenderlo, besarlo o tener hijos con él… la sola idea la hizo sentir completamente miserable.

Vladimir se sentía abatido, no sólo sabía que la muerte aguardaba por él, sabía que había forzado una decisión en la vida de su hija que podría llevarle a una vida infeliz.

– al menos no estará sola – se dijo tratando de ignorar el recuerdo de las súplicas de su hija

A primera hora de la mañana, Vladimir retomó sus labores en el campo como si nada del viaje hubiera sucedido; por su parte, Alena terminó sus deberes en la casa para salir al pueblo a cumplir las órdenes de su padre, jamás se sintió más miserable.

La gente del pueblo, como siempre, le saludó amablemente, la pelirroja no respondía, miraba triste al suelo, llegó a la taberna del pueblo

La gente del pueblo, como siempre, le saludó amablemente, la pelirroja no respondía, miraba triste al suelo, llegó a la taberna del pueblo y en contra de cada impulso dentro de ella, se obligó a entrar. El lugar estaba lleno de hombres de diferentes edades, algunos casados, otros solteros, las miradas se posaron en ella, pues las únicas mujeres ahí eran la esposa del dueño y las tres chicas que estaban ahí para complacer las necesidades de los clientes, sin importar cuáles fueran estas.

En el fondo del lugar, un gran sillón individual miraba de frente hacia la chimenea, donde colgaban múltiples cabezas de animales, todas y cada una de ellas eran trofeos de aquel a quien Alena se veía forzada a buscar.

– ¡qué agradable sorpresa! – exclamó un hombre detrás de la chica abrazándola, causando que gritara – vienes a verme, ¿cierto? – para horror de Alena, se trataba de Garland – ven aquí – se sentó en el sillón individual y la sentó en una de sus piernas

Alena miró asustada la sangre en el hombre, llegaba de cazar y su "trofeo" yacía en el piso, le acercaron un gran tarro con cerveza para festejar su más reciente caza mientras alguien más daba mantenimiento al arma del hombre.

Garland sujetó a la pelirroja por la cintura, tenerla sentada sobre él lo hacía sentirse aún mejor, bebió su cerveza de un trago – mi papá… me mandó para invitarte a cenar a nuestra casa – la sonrisa del moreno se pronunció – quiere hablar contigo – Garland la dejó levantarse y le dijo que no faltaría, para horror de Alena, el hombre que olía a alcohol, le dio una nalgada para despedirla, la pelirroja salió corriendo en lágrimas del lugar sin detenerse hasta llegar a su casa.

Alena volvió a su casa, había logrado calmarse un poco para evitar que su padre la viera, al entrar le sorprendió que Vladimir miraba con atención la rosa que le había llevado, estaba en el centro de la mesa en el pequeño recipiente.

– ¿papá? – se acercó despacio para no interrumpirle – deberías descansar, tu viaje fue largo – el hombre le sonrió levemente, lo que su hija veía como cansancio, era en realidad la pena de saber que pronto partiría

– estoy bien, ¿hablaste con Garland? – preguntó de inmediato

Alena asintió en silencio, se veía triste, pero no discutió más el tema con su padre. La pelirroja se dirigió a la cocina a preparar un té para su padre, miró el cuadro de su madre, Emilia, se preguntó qué hubiera dicho de aquel hombre que iría a casa más tarde.

Vladimir ignoró a su hija, no tenía el valor de mirarla, de decirle que no quería casarla, pero una parte de él tenía un resentimiento que lo hacía sentirse irritado al recordar que la petición de aquella rosa lo había condenado.

Horas después, cuando llamaron a la puerta, Garland entró campante a la casa, llevaba un gran pedazo de carne consigo, el cual dijo haber llevado para la cena y como una muestra de lo bien que podía proveer.

– anda a prepararnos la cena, esta carne es de muy buena calidad, seguro sabrás qué hacer con ella – la pelirroja tomó la carne y se fue a la cocina – me alegra que me haya invitado – se sentó con confianza frente a Vladimir – quiero casarme con su hija y supongo que se ha dado cuenta que no habrá alguien mejor para ella – Garland estaba seguro de que el hombre no se negaría

– ¿por qué quieres casarte con ella? – lo miraba fijamente esperando una respuesta – no la conoces y por lo que he escuchado, hay muchas mujeres que desearían que las desposaras – la sonrisa llena de seguridad se borró del rostro de Garland

– es precisamente por eso – respondió sin tanta arrogancia – su hija será una buena esposa y me dará buena decencia – miró de reojo a la cocina – además – miró a Vladimir con seriedad y mostró una sonrisa que mostraba cierta superioridad – conmigo saldrán de sus problemas, si situación no es ningún secreto, mi reputación puede ayudarle también – se acomodó con confianza y arrogancia dejando ver que sabía perfectamente que apenas tenían para cubrir lo esencial y dando a entender que una negativa lo haría arruinar la reputación de Vladimir y su hija.

Aquellas palabras fueron un golpe en el ego de Vladimir, él quien se había podido dar el lujo de rechazar a muchos hombres iguales a Garland que intentaron pretender a su hija en la capital, pero ahora no sólo se sentía obligado para no dejarla sola, el hombre dejó en claro que de negarse, su venta de alimentos culminaría.

– la comida está lista – la voz suave de la pelirroja los interrumpió

Alena sirvió primero a Garland, luego a su padre y finalmente sirvió su ración, el moreno se mostró satisfecho con la habilidad culinaria de la pelirroja, haciendo comentarios sobre lo mucho que disfrutaría de tenerla como su esposa. La velada continuó con Alena atendiendo a ambos varones y viéndose obligada a interactuar con Garland, en especial cuando su padre finalmente dijo algo al respecto.

– tienes tres meses, Garland – miraron a Vladimir, quien hablaba sin retirar la vista de la chimenea – para preparar todo para la boda con Alena – Vladimir se sintió derrotado al aceptar a aquel hombre

Garland sonrió victorioso y Alena miró con horror a su padre, no pudo contener sus lágrimas ante tan horrible decisión, el moreno se acercó a la chica, acomodó su cabello rojo detrás de su oreja y la abrazó con fuerza.

– serás una buena esposa, disfrutarás el pertenecer a la familia Siebald – le levantó el rostro con cuidado – tus lágrimas de felicidad me hacen ver que no pude elegir a alguien mejor, tendremos la mejor boda – acercó su rostro con intención de besarla, pero decidió darle sólo un beso en la cabeza

Finalmente Garland se despidió de ambos asegurando que prepararía lo mejor para la boda y que pronto volvería para ver a su prometida. Vladimir miró a su hija recoger y limpiar todo después de que su visita se retirara, no le gustaba verla sollozar de aquella manera, pero se repetía que era lo mejor para su hija, en especial cuando la escuchó llorando en su habitación toda la noche.

Vladimir entendió realmente cuánta influencia tenía Garland, cuando después de que se anunciara que se casaría con Alena, ya que las ventas del hombre nunca estuvieron mejor, además que todos parecían tratarle mejor, había tomado una decisión de la cual no podría retractarse aún si lo deseara.

Durante los preparativos para la gran boda, Garland visitaba a su prometida con regularidad, quien se negaba a besarlo y pese a ser abrazada le pedía detenerse, usualmente lograba convencerle diciendo que esperara hasta la boda, la pelirroja ganaba algo de tiempo, pero sabía que después de la boda no podría escapar de él.

Durante una de esas visitas, después de dos meses de su compromiso, fue que el moreno estaba harto de esperar, sabía que Vladimir había tenido una venta en las afueras del pueblo, había aprovechado para quedar a solas con la pelirroja.

– en verdad lo haces bien – comentó al terminar de comer mientras Alena recogía los trastos de la mesa – pero esa no es la forma de atender a un hombre – la jaló del brazo sin importar que los trastos cayeran y la sentó en sus piernas de espaldas a él – debería empezar a enseñarte a hacer las cosas bien – sonrió al sentirla temblar nerviosa y escúchala pedir que por favor la dejara levantarse

Garland ignoró la petición, comenzando a besarle el cuello, ambos brazos fornidos y musculoso la rodeaban por encima de la cintura, la apretó contra él en un movimiento donde los senos de la pelirroja quedaron recargados sobre los brazos del hombre. Alena intentó zafarse y escapar, se levantó y trató de correr a la puerta, pero Garland la jaló del brazo y la recostó sobre la mesa, Alena trataba de detenerlo golpeando su pecho, pero su resistencia parecía complacer más a Garland.

– eres mi futura esposa, debes aprender a obedecerme – la besó del cuello a las clavículas – veamos qué es lo que escondes – le tocó ambos senos sobre la ropa

Alena empezó a gritar sólo para ser silenciada por un beso, trataba de quitárselo de encima suplicando que se detuviera, hasta que en su desesperación jaló el cabello de Garland. Alena se sorprendió de que había logrado detenerlo, huyó alejándose de la mesa, tenía que alejarse, cuando nuevamente fue jalada del brazo.

– ¿qué te pasa? – preguntó furioso, asustando a su prometida – ¡jamás vuelvas a desobedecerme! – Alena pudo ver la ira en los ojos del hombre musculoso

Sin poder decir algo, recibió una fuerte bofetada en el rostro, empezó a llorar del dolor, pero dolía más entender que cuando se casara no podría huir de él, para la suerte de Alena, Vladimir volvió, notando la escena.

– será mejor que eduque a su hija – le gritó a Vladimir – se atrevió a faltarme el respeto – estaba colérico

Antes de marcharse enfurecido, contó que la pelirroja trató de "atacarlo" pero que obviamente le enseñó su lugar a Alena. Apenas quedaron los dos, la pelirroja corrió hacia su padre, quien le regañó por tratar mal a su futuro esposo y no escuchó lo que su hija quería explicar diciéndole que dejara de dar excusas.

La pelirroja miró con tristeza en la dirección en la que su padre se retiró a su habitación, sollozó mientras fue a calentar el agua para que su padre pudiera bañarse; una vez que el baño estuvo listo, Alena se sentó en el comedor y fue hasta ese momento que notó algo peculiar, la rosa que su padre le había llevado apenas y había empezado a mostrar señas de que se marchitaba, parecía que tenía sólo algunos días de ser cortada; olvidando por un momento lo sucedido, la pelirroja tomó la rosa y comenzó a inspeccionarla a detalle.

– ¿qué estás haciendo? – la voz de Vladimir la hizo saltar – deja esa cosa y prepara la cena – se sentó después de que su hija corriera a la cocina

Ambos comían en silencio, Vladimir contaba en su mente los días antes de su inminente partida, miraba la comida que preparó su hija; Alena, por su parte, miraba aún aquella rosa, parecía haber algo diferente en ella.

– papá, ¿puedes contarme dónde la obtuviste? – la voz de Alena ayudó a Vladimir a salir de sus pensamientos – es muy bonita y aún no parece marchitarse – comentó con su usual forma de ser

Vladimir no supo cómo actuar ante tal pregunta, llevó ambos brazos sobre la mesa y sujetó su cabeza con cierta desesperación, el gesto asustó a su hija, quien se levantó para preguntarle si se sentía mal.

– traté de aceptar mi destino en silencio, pero esta tortura es demasiado – Alena no entendía de lo que hablaba su padre – esa rosa tuvo un costo muy alto – sujetó las manos de su hija y contó lo sucedido en aquel castillo, su hija lloraba cuando después del relato agregó – es por eso que debes casarte antes de que me vaya, no quiero dejarte sola en esta miserable vida – Vladimir finalmente había contado todo a su hija

– no es justo, papá – la pelirroja se arrodilló y se recargó en las piernas de su padre aún llorando – no deberías pagar por algo que yo causé – miró a su padre aún arrodillada – déjame ir a hablar con esa bestia, le explicaré todo – Vladimir no podía creer lo que decía su hija – y si su corazón es duro y aún exige su pago, yo me quedaré en tu lugar – Vladimir se negó al instante – yo fui la causante de esto, y yo arreglaré esto – sujetó ambas manos de su padre, la pelirroja estaba decidida a no permitir que su padre muriera

Pese a la negativa del hombre, terminaron acordando que irían a hablar con la bestia, pero Vladimir se rehusaba a dejarla tomar su lugar. A primera hora, cuando el sol apenas comenzaba su ascenso y el cielo esclarecía, tomaron el caballo y partieron hacia el castillo, aunque el camino era largo y difícil, Alena insistió en que su padre fuera quien montara, pues le preocupaba que ya no era un hombre joven y pudiera enfermar.

Caminaron por horas adentrándose en las profundidades del bosque, Vladimir no recordaba el camino con exactitud; Alena trataba de mantenerse firme y mostrarse valiente a su padre, asegurándole que lograrían convencer a aquella bestia; cuando la pelirroja mencionó lo último, aquella arbolada apareció frente a ellos, Vladimir dudó en avanzar, sabía perfectamente lo que aguardaba al final de esta.

Caminaron hasta que avistaron el imponente castillo, la pelirroja no podía creer que un lugar como ese existiera escondido de todo y de todos; cuando cruzaron el puente, la reja se abrió sola, invitándolos a entrar. Vladimir desmontó al caballo y puso a su hija detrás suyo antes de entrar, trataba de protegerla aún si eso era inútil.

Entraron al castillo, pese a que era de día y el sol brillaba, el castillo era obscuro y lúgubre, parecía que la noche permanecía dentro de la enorme construcción de piedra. Las enormes y pesadas puertas de la entrada se cerraron detrás de ambos, antes de que la obscuridad total se apoderara del lugar, una vela se prendió alumbrando levemente el pasillo; Vladimir dio un paso esperando ver o escuchar a la bestia, pero al avanzar otra vela se prendió.

– creo que nos está guiando, papá – Alena sujetó las ropas de su padre, tenía miedo, pero trató de ocultarlo.

Las velas guiaron su camino, Alena miró atrás para notar que las primeras luces se habían apagado; el camino iluminado guió a ambos hasta el comedor, el cual se iluminó por completo, revelando una vasta selección de platillos aguardando por ellos. Vladimir le dijo a su hija que se sentara a comer con él, sabía que al igual que cuando él había estado en el castillo, el anfitrión atendía a sus invitados.

Alena no podía creer el gran sabor de la comida, tenía mucho que no comía algo tan bueno, cuando terminó sus alimentos, agradeció y en el pasillo un un estruendo les hizo saber que la bestia estaba próxima a entrar al comedor. Alena se escondió con terror detrás de Vladimir, sus piernas temblaban, se puso más nerviosa al notar que incluso su padre parecía asustado.

Las luces de las velas en el candelabro parecían haberse vuelto más tenues cuando entró la bestia, se acercó a ambos y a pesar del terror que sentía, Alena se paró frente a su padre y le saludó con una reverencia sujetando su vestido.

– buen día, bestia, gracias por la comida – agradeció con educación pese a que se sentía desfallecer

– buen día, comerciante – saludó a Vladimir con una imponente voz que podía aterrorizar al más valiente, pero no sonaba enojado – buen día, hija del comerciante – devolvió el saludo a Alena

– mi nombre es Alena Volkova, fui yo quien pidió la rosa a mi padre – se puso frente a Vladimir – por favor, le ruego que le perdone y lo deje volver a casa, haré lo que me pida, pero por favor, perdone la vida de mi padre – Vladimir trató de detenerla, pero la bestia habló

– dime Alena, ¿acaso no te contó tu padre mi condición? – preguntó con cierta curiosidad

– sí le conté, pero no puede pedirme que entregue a mi única hija para salvar mi vida – Vladimir se puso frente a su hija

– entonces, ¿por qué la has traído aquí? – el tono de la bestia ahora sonaba serio

– porque… – la voz suave de ma chica ganó la mirada de ambos – yo pedí verle para suplicarle que lo perdone – la bestia rugió con fuerza espantando a ambos – pero si en su corazón no existe el perdón para las acciones de mi padre, yo me quedaré para ser su presa – Vladimir vio con horror como el rostro de la bestia parecía sonreír – después de todo, mi petición lo puso en este predicamento – la pelirroja se forzaba para poder mirar a la bestia

– bien, ya que es tu decisión, aceptaré que tu padre se marche, mañana al amanecer sonará una campana, avisando que su desayuno estará listo, cuando terminen, el caballo de tu padre estará listo – la bestia caminó hasta la puerta del comedor – en el cuarto de al lado encontrarán varias riquezas y un par de baúles, puedes tomar cuantas desees, comerciante, estos estarán dispuestos con tu caballo mañana – se giró de frente a ambos antes de marcharse agregando – y, ¡no se te ocurra volver jamás a este castillo! – se marchó

Apenas la bestia desapareció, el candelabro se iluminó de nuevo, las piernas de Alena finalmente cedieron, Vladimir la ayudó a levantarse, ambos estaban tristes, pero la pelirroja le recordó llevarse algunas de las riquezas que mencionó la bestia, así él podría dejar de trabajar la tierra y vivir tranquilamente.

Cuando entraron al cuarto en cuestión, no podían creer la cantidad de cosas valiosas que había allí, Vladimir sujetó a su hija por los hombros.

– ¡no puedo dejarte aquí! – la abrazó – Lena, no podré vivir tranquilo sabiendo que te dejé aquí para que fueras la presa de esa fiera – la pelirroja devolvió el abrazo

– no temas, papá – Alena trataba sin éxito de no llorar – ya sea con esta bestia o que vuelva a casa para desposar a Garland, sería lo mismo para mí, pero al quedarme aquí, podrás dejar de trabajar tan arduamente e incluso puedes volver a la ciudad – la pelirroja besó las manos ásperas de su padre

Después de abrazarse en silencio, tomaron oro, joyas y algunas prendas para que Vladimir se las llevase consigo; Alena le pidió conocer el jardín donde tomó la rosa, caminaron hasta los rosales.

– a mamá le gustarían mucho – Alena empezó a llorar

El día pasó y después de cenar solos los dos, fueron a la habitación dispuesta para ellos, había dos camas gemelas y la luz de la luna entraba por la ventana. La pelirroja se acostó después de apagar la vela, creía que no podría dormir, pero sus ojos pesaban demasiado, antes de ceder al sueño, se escuchó un fuerte aullido, el cual pareció haber sido respondido por otros lobos.

Las campanadas despertaron a ambos, sabían lo que significaban, ya casi era el momento de despedirse. Bajaron a desayunar y tal como se les dijo, el caballo de Vladimir aguardaba por él, tenía un arnés que sujetaba una carroza individual y sencilla, pero a su vez, elegante, en ella, estaban los baúles que habían llenado el día anterior; Alena abrazó a su padre con fuerza, le agradeció por todo lo que hizo por ella y vio a su padre desaparecer tras las enormes rejas del castillo.

Apenas la figura de su padre desapareció, Alena no pudo contener su llanto, volvió a la habitación donde se había quedado con él y se permitió llorar en aquella soledad, sin darse cuenta, una extraña pesadez se apoderó se su cuerpo y cayó en un sueño profundo.

– no llores pequeña – Alena caminaba entre hermosos árboles en su sueño cuando alguien le habló – no todo es tan malo como crees – le hablaba la voz de una mujer – si logras ver más allá de lo que tus ojos te muestran, podrás ayudar a más de una persona a recobrar su vida – la voz le hablaba con gentileza

Alena corrió entre los árboles buscando la voz, pero cuando creyó haberle encontrado, una ventisca sopló, el frío la hizo abrazarse y despertó súbitamente sin entender lo que estaba sucediendo.

Alena se paró a la ventana, habían pasado horas de que su padre se había marchado, llamaron a su puerta.

– esta no es tu habitación – Alena no pudo ocultar su grito cuando vio a la bestia entrar a su cuarto, pero su sorpresa fue que no era la misma – no tienes porque gritar – dijo molesta la bestia de pelaje grisáceo, casi blanco

– ¿cómo no quieres que se espante si le hablas de esa forma? – otra bestia aún más alta entró, su pelaje era claro, casi como un color miel

Alena los miró aterrada con lágrimas en los ojos, no daba crédito a lo que veía, estaba segura de estar alucinando, ambas bestias la miraron y la pelirroja se desmayó.

Cuando Alena abrió los ojos, notó que no estaba en la habitación que había compartido con su padre, había una chimenea y ella estaba en una enorme cama con un hermoso dosel, la pelirroja se levantó de la cama tratando de recordar lo que había sucedido, cuando vio a ambas bestias dormidas en el piso al pie de la cama y recordó todo.

Alena tapó su boca esperando no despertarles, se acercó y les miró con atención, sin caminar en dos patas y durmiendo, le recordaban a un lobo, pero de mucho mayor tamaño; la pelirroja caminó despacio para irse del cuarto.

– ¿a dónde vas? – la bestia platinada le habló

– te desmayaste – habló la otra bestia – sólo queríamos darte la bienvenida y mostrarte tu habitación – la pelirroja los miró con duda

– ¿mi habitación? – preguntó genuinamente confundida – ¿acaso la bestia no piensa comerme? – preguntó temerosa

Ambos empezaron a reír, aunque más que risas parecían rugidos; Alena no entendía qué era lo que causaba gracia, temió que quisieran torturarla antes de comerla.

– nadie te va a comer – explicó la bestia color miel – estanos a cargo de cuidarte y ver que tengas todo lo que necesites dentro del castillo – la pelirroja no lo podía creer – no puedes irte del castillo, vivirás aquí a partir de ahora – la pelirroja salió corriendo de la habitación

Alena se negaba a creer lo que estaba pasando, su padre le aseguró que la bestia lo mataría, no le gustaba la idea, pero ella había decidido aceptar aquel destino, pero ahora le decían que viviría en ese castillo; Alena corrió hasta el jardín, no deseaba vivir con esas criaturas rondando el lugar, se adentró a los árboles esperando lograr escapar.

– ¿por qué huyes? – una dulce voz le habló a la pelirroja – no estás en peligro – Alena miró con sorpresa un ave, pero a su vez era una mujer – no te asustes, soy un Sirin – expandió sus alas – por fin alguien aceptó la proposición de vivir aquí – la pelirroja no daba crédito a lo que veía

– no acepté vivir aquí, creí que moriría en el lugar de mi padre – se contrajo triste al recordar su despedida

– ¿hubieras preferido que él muriera que vivir aquí? – la pelirroja negó – poco a poco entenderás todo, mientras disfruta este lugar, esta es ahora tu casa – el Sirin empezó a cantar, calmando el miedo de Alena, voló a su lado y agregó – te acompañaré, verás que no es tan malo como crees – la pelirroja camino de vuelta al castillo

– ¡ahí está! – Alena escuchó la frase casi como un rugido – ¿por qué huiste así? – la bestia platinada se le acercó y Alena gritó asustada

– ¡deja de asustarla! – el Sirin voló frente a la pelirroja haciéndolo retroceder, se dio cuenta que la otra bestia se acercó – ¿por qué son tan brutos? – les regañó – no les hagas caso, los hombres lobo nunca usan la razón – la pelirroja se calmó al notar que parecían llevarse bien entre sí

– ¿hombres lobo? – preguntó con duda – la bestia que quería comerse a mi papá, ¿también es un hombre lobo? – preguntó al notar que tenían ciertas similitudes con aquella bestia

– nadie se iba a comer a tu padre, pero alguien tenía que quedarse aquí – fue el Sirin quien explicó – fue un intercambio – Alena creyó notar algo en el tono de sus palabras

Sin poder preguntar, ambos lobos llevaron de regreso a la chica, quien pese a su insistencia, no logro que aquel Sirin entrara al castillo y volvió a esconderse entre los árboles del jardín.

La pelirroja fue escoltada por ambos lobos, trataba de no mirarlos demasiado, el lobo platinado caminaba frente a ella y el otro detrás suyo, fue este último quien le habló.

– no vamos a hacerte nada, sólo cumplimos nuestro deber – Alena se sorprendió con ello

– creo que ya no tengo miedo – realmente no estaba segura de cómo se sentía – pero me preguntaba si tienen nombres… – ambos lobos se mostraron interesados en lo que decía la chica – creía que sólo habitaba aquella bestia en el castillo – se contrajo un poco recordando aquel primer encuentro.

Llegaron al comedor, donde había un gran almuerzo esperando por ella, la pelirroja se acercó sin entender por qué tenerla prisionera sino era para comerla, ambos lobos se echaron en el piso observándola. Alena terminó sus alimentos y se disponía a levantarse cuando nuevamente la luz del comedor se volvió tenue, ambos lobos se sentaron erguidos y la bestia entró al comedor.

– ¿te están tratando bien, Alena? – señaló a los lobos, la pelirroja asintió – puedes disponer de todo el castillo, ahora vives aquí – miró a la chica

– ¿por qué no me comió? – finalmente preguntó – mi papá dijo que usted le mataría – con trabajo le miró a los ojos – ¿por qué me quiere aquí? – preguntó llena de miedo

La bestia rugió y se marchó, lentamente la luz fue volviendo al comedor y Alena sentía que se desmayaría del miedo, pero ambos lobos se pusieron detrás de ella para que no cayera.

– gracias – habló suavemente recuperando el aliento – esa bestia me da miedo – tocó el pelaje de ambos sin notar que ambos compartieron una mirada con la mención de su miedo – ¿podemos volver al jardín? Necesito aire – la acompañaron afuera

Alena recorrió el jardín, era más grande de lo que pensaba, de no ser por la forma en que terminó ahí, hubiera disfrutado su estadía; la pelirroja llegó a una fuente en la parte trasera del castillo, se sentó a jugar en el agua un poco con sus dedos, al ver su reflejo no pudo evitar empezar a llorar recordando a su padre. En lo alto del castillo, a través de la ventana de una de las torres, la bestia observaba a la pelirroja.

– ¿desde cuándo eres sentimental? – escuchó detrás suyo – vamos, no te enojes, no querrás asustarla más, ¿o sí? – preguntó con cierta burla al final haciendo enojar a la bestia

– ¿qué haces aquí? – rugió la fiera

– en realidad no estoy aquí – la imagen de quien hablaba se volvió casi transparente rodeado de una luz verde que parecía una gran flama – sólo vengo a recordarte que si rompes las reglas habrá consecuencias – disfrutó ver a la bestia molestarse antes de desaparecer por completo.

De vuelta en Estrasburgo, Vladimir volvió completamente abatido, miró el par de baúles mientras se sentó a contemplar el vacío de su casa, sujetó su cabeza con desesperación.

– no puedo creer que prácticamente vendí a mi hija para salvar mi vida – se dijo mirando el contenido en ambos baúles – Emilia – miró el retrato de su difunta esposa – ¿qué he hecho? – el hombre estaba deshecho

Vladimir finalmente había recuperado su riqueza gracias al contenido que yacía frente a él, pero el precio de ello lo sintió al afrontar la soledad que inundaba su casa.