- ANTES QUE NADA, POR SI ALGUNOS SE PERCATARON HICE ALGUNOS CAMBIOS Y RETOQUES A LOS CAPÍTULOS ANTERIORES PORQUE HABIAN COSAS QUE O ESCRIBÍ UN POCO A LAS APURADAS O QUE NO ME CERRABAN. CREO QUE CON LAS MODIFICACIONES QUE HICE YA ESTARÍA MEJOR LLEVADO -

MAS ADELANTE SUBIRÉ UN APROXIMADO DE LOS STATS DE MARINA (SPOILERS - PUEDE BAJARSE A VARIOS EN ORARIO CON SÓLO SU PRIMERA FORMA)


GREMIO DE AVENTUREROS – POR LA TARDE


- Mmm… la firma está bien… los datos físicos coinciden…

Actualmente, me encuentro en mi escritorio dentro de una de las salas privadas del gremio, revisando el formulario que cierta Diosa Virgen (y pobre) acababa de entregarme.

De vez en cuando, mis ojos se posaban en su diminuta figura. Viéndola tensarse por el más mínimo estímulo, era mucho muy divertido.

Pasado más de un minuto, ordené los documentos y me dirigí a la Deidad regente de todos los Hogares.

- Muy bien, Diosa Hestia, todo parece estar en orden con sus papeles.

La joven de coletas exhaló un suspiro de alivio.

- De ahora en adelante, intente no finalizar todos sus trámites el último día del plazo– dije en mi usual tono profesional. Tiene suerte de que archivamos su expediente, no puede ni imaginar la cantidad de falsos pedidos de Familias que el Gremio recibe en el año. De haber sido el caso, hubiese destruido toda credibilidad que pudiera tener para con nosotros.

- Hehehe… entiendo – respondió, nerviosa Hestia.

- Pero bueno, no pensemos en eso. Aquí está una copia de su certificado- dije entregándole un par de hojas selladas y estampadas. Los impuestos que deberá abonar se especifican en la página 4. Y si, antes de que proteste, toda familia por más pequeña que sea debe de abonarlos.

- ¡Hum!, estoy consciente de eso…

- Bien – agregué. A propósito… ¿cómo se encuentra el mocoso?

- ¿Huh? ¿Se está refiriendo a Bell, cierto?

- ¿Tiene algún otro mocoso a su cargo? – bromeé, aguardando uno de sus divertidos pucheros y arrebatos, más me tomé con la imagen de una Diosa decaída, con una pequeña nube oscura flotando sobre su cabeza.

Ya veo…

La Diosa Hestia no vino al mundo mortal, por las razones tradicionales.

Pasó la mayoría del tiempo desde su descenso, viviendo como parásito, a expensas de la Familia Hephaestus.

Estilo de vida que no acabó muy bien que digamos, puesto que la Diosa de la Forja, no sólo la echó de la casa, sino que además la obligó a trabajar vendiendo bocadillos fritos para pagar todo gasto que su estadía le había generado.

Y si recuerdan mis palabras de antes, saben que las calles de esta ciudad pueden ser un verdadero infierno para cualquier primerizo.

Así como a aquellos mortales considerados "débiles" por la sociedad, son ignorados por los habitantes del Tenkai, los Dioses que no construyen una reputación, pueden sufrir el mismo destino, aquí en la tierra.

Debido a la restricción autoimpuesta de no poder usar su Divinidad durante su estadía, son el equivalente a un inmigrante ilegal intentado hacer una vida en el extranjero.

Todo lo que pueden ofrecer es su Falna pero, como en todo negocio, la trayectoria lo es todo.

¿Optarías por la bendición de uno de los Dioses más ricos y famosos de Orario o de la Diosa que ni siquiera posee un techo bajo el cual resguardarse y que, además, está hasta el cuello en deudas?

Esto me lleva a entender un poco mejor el por qué la pequeña atesora tanto al escurridizo conejo.

Fue la única persona que eligió confiar en ella. Que supo brindarle un atisbo de esperanza al cual aferrarse.

*Giggles* Si esa no es la marca de un protagonista de cuento, no sé qué otra cosa lo sea. Todo lo que falta ahora, para completar el tropo es que, ante aquel gesto, la loli tetona aquí presente haya desarrollado algún tipo de Crush por el chico… y…

*Badump*

¡Oh no me jodas!

¿En serio?

¿Te enamoraste de él sólo porque te dio una chance? ¿Por qué te salvó de una vida de ostracismo y rechazo constante?

¡AMOR PROPIO, DIOSA HESTIA… ¿HA OÍDO HABLAR DEL TÉRMINO?!

*Sigh*

La humanidad y sus apegos…

¿Cuándo entenderán todos que nada bueno sale de convertir a otros individuos en ídolos al cual dirigir sus afectos?

Pueden otorgarte un estimulante sentimiento de motivación, más es sólo la forma retorcida que tiene tu Psyche de indicar tus carencias.

Piénsenlo… ¿por qué estaría la palabra MIENTO ahí, si no fueran meras ilusiones?

Ahora bien, dejando el aspecto filosófico a un lado…

Así que la Diosa NEET ha sido flechada por mi cliente…

Mmm…

A estas alturas, estaría escupiendo mi usual e irreverente comentario sobre la diferencia abismal de EPOCAS entre la morra y el conejo peeeero no tendría el mismo efecto o impacto bajo el "contexto" con el que se maneja este sitio.

Cada Deidad que habita o reside, actualmente, en Orario es casi tan vieja como el propio universo. (Este al menos)

Me atrevo a decir que, incluso, muchos deben de haber experimentado ya su buena dosis de revolcadas con mortales de diversas especies.

*Cough* Pinshes furros *cough*

Por lo que, si la diferencia de edad no fue un impedimento para ellos entonces, mucho menos debía pensar en ella como uno ahora.

Pero bueno, ya me desvié lo suficiente…

¿Dónde estaba? Ah sí, la enana con depresión crónica.

- Bell está bien, despertó algo confundido, pero logré explicarle que lo ayudaste a volver a la Iglesia. Una vez más quisiera agradecerte el gesto. No muchos se preocupan por los novatos. Te has tomado libertades que no haría cualquier asesora.

- Ni lo mencione. Es parte de mi trabajo, además, busco dar el ejemplo.

- ¿Huh?

- Verá, Diosa Hestia… tal vez no lo parezca pero, soy una mera asesora primeriza y Bell Cranel es el primer aventurero que tengo a cargo. Podría decirse que tenemos algo en común.

- ¡¿EHHH?! ¡¿En serio?!

- Es correcto. Y si bien, alguien en mi posición, no debería ir hasta tales extremos por un simple niño con sueños de grandeza, tiendo a ser una persona que procura cumplir con las promesas que hace. Y le hice una a su pequeño… el día en que nos conocimos.

- ¿Oh? ¿Y cuál fue?

- Prometí convertirlo en el guerrero más fuerte que existe.

- *Gasp*

- Hay algo en los ojos de ese joven que me dice que logrará grandes cosas. Todo lo que necesita es gente que lo apoye, que esté allí para él.

¿Es mi imaginación o estoy viendo lágrimas formarse en el rostro de la Diosa?

- Por eso, señorita Hestia, es que me mantengo tan pendiente de su crecimiento. Sin temor a equivocarme, me atrevo a declarar que su muchacho… ¡tiene lo que se necesita para llegar a ser un verdadero héroe de leyenda!

Fuente: Créeme bro, yo se cosas.

Para cuando acabé mi "emotivo" discurso, sentí, de repente, una intensa presión sobre el tórax, acompañada de la sensación de algo líquido recorriéndome mis… oh, olvídenlo, sólo es Hestia llorando y abrazando mi cuerpo como suegra en casorio.

- ¡WAAAAAAAAAA!

Mientras aprecio esta nueva "humedad" en el ambiente, creo que derramar tal cantidad de fluidos no debe ser algo saludable.

- ¡ARIGATOOOO! ¡NADIE SE HABÍA PREOCUPADO TANTO POR MI BELL ANTES!

- Okay, okay, lo entiendo pero, por favor, contrólese o haré que la echen- atiné a decir, intentando despegar al bebe de perezoso unido a mi torso.

*Sigh*

Quién iba a decir que ambos serían tan similares…

Diosa Hestia, ¿está segura que no se está proyectando en su primer hijo?

Más que un momento romántico, ambos estarían necesitando terapia de grupo…

En fin, terminemos con esta sesión de una vez por todas…

- Como muestra de mi compromiso, le ofreceré esto – dije acercándole una gran bolsa llena de monedas. Allí hay 250.000 Valis.

- ¿EHHH? ¿TANTO?

- Considérelo una inversión a largo plazo. En cuanto su familia logre asentarse como una fuerza importante dentro de Orario, podrá devolverme todo el monto.

Hestia sujetó la bolsa con manos temblorosas.

- En verdad… *Sob* ¿puedo tener todo este dinero?

- Pensé que lo había dejado claro. Además…

Me detuve un momento para verla de arriba a abajo.

- Esta noche es el famoso banquete al que sólo asisten Dioses, dele un buen uso y cómprese algo de buena ropa. Cómo dicen por las malas lenguas, uno siempre debe ir vestido para el éxito.

La joven de coletas no respondió, su cabeza seguía inclinada hacia abajo y su cabello cubría su mirada.

- Bien, hemos terminado por este día – dije, caminando hasta la puerta. Sabe dónde encontrarme si usted o Bell necesitan algo. Ah, una cosa más. No pude evitar notar que el niño perdió su cuchillo el otro día en el piso 5 cuando ocurrió el incidente con los minotauros. Si me lo permiten, puedo buscarle un buen herrero capaz de… ¿Huh?

Para cuando levanté la vista, cierto acongojado proyectil divino ya se encontraba a medio camino de mi persona, con una expresión que denotaba alegría absoluta.

No otra vez…


MOMENTOS DESPUÉS…


- Mari-chan, que bueno que ya acabaste, Rehmer me pidió que te dijera que… ¿uh? ¿por qué estas mojada? – preguntó Misha, viendo como mis prendas parecían estar sudando por sí mismas.

- *Sigh* Digamos que descubrí el lado no tan glamoroso de ser alguien caritativo – contesté sacudiéndome cual cachorro. A todo esto, ¿mencionaste algo sobre un posible recado…?

- Oh, cierto. Verás, pasado mañana, Orario celebra uno de sus más grandes Festivales de la temporada: La Monsterphilia.

- ¿¡Vamos a tener una orgía con monstruos?!

Al oír esto, cada individuo presente en el lugar se detuvo en seco. Reacciones que variaban entre horror, asco y curiosidad mórbida, se hicieron presentes, todas dirigidas hacia mi bella existencia.

¡Oh vamos, ese nombre es todo lo que está mal en el mundo, alguien debió de verlo venir…!

- ¿No le atiné…?

- ¡NO!- contestaron los demás empleados, bastante perturbados por mi respuesta.

- ¿Entonces…?

- No es "Monsterphilia", Mari-chan, es "Monster Feria" y es una simple celebración que tenemos aquí una vez al año - intervino Misha, saliendo en defensa de mi "ignorancia". El nombre se debe a que varios miembros de la familia Ganesha capturan un cierto número de monstruos de Calabozo y, luego, los sueltan dentro del Coliseo, entreteniendo a la audiencia mientras los domestican.

- Ohhh, ya veo- dije golpeando mi puño. Pero, ¿Qué tiene que ver con nosotros? ¿También participamos?

- Ya quisieras- intervino otro de mis colegas, esta vez, un humano de cabello castaño. El día del evento, el señor Mardeel nos hace recorrer las calles y servir como guías para los turistas que vienen por primera vez al evento. Es agotador y ni siquiera nos da tiempo de disfrutar de los puestos y atracciones.

Mmm…

Así que somos, algo así, como la seguridad del sitio, sólo que sin pistolas, porras o capacidad física alguna para defender a nadie…

¿Qué podría malir sal?

- Entiendo… pero, ¿Qué tiene que ver conmigo? – decidí preguntar, aunque ya podía intuir lo que iban a decirme.

- Pues, como eres la nueva aquí y es tu primera vez tomando parte en este tipo de eventos, Rehmer quiere que ayudes a supervisar tanto las preparaciones que tendrán lugar esta noche, así como el traslado de las criaturas el día de mañana.

Mis compañeros de trabajo no pudieron evitar compadecerse al oír cuales serían mis obligaciones.

Después de todo, ellos ya habían pasado por aquel martirio. Aquel encargo era como una especie de iniciación a ojos de todos en el Gremio.

Usualmente, se realizaba en grupo pero, como este año, la única de reciente ingreso había sido yo. No me quedaba más que completar la tarea por mi cuenta.

- Oe, Misha, ¿no crees que será mucho trabajo para ella? Recuerda que comenzó hace poco y antes de eso, todo lo que hacía era firmar papeles. Monitorear todo sola será un martirio.

Parece que es de esos trabajos que requieren mucha concentración y atención al detalle.

*Smirk* Soy perfecta para eso…

- Lo sé, lo sé pero, ¿Qué quieres que haga? Rose era la que acompañaba a los nuevos y, ahora mismo, está de vacaciones, no tenemos a nadie que pueda…

- Bien, está decidido – solté, causando que todos me mirasen extrañados. Voy a cumplir con el encargo... yo sola.

Mis compañeros estaban demasiado estupefactos como para refutar mis palabras.

- ¿Eh? ¿Mari-chan? Disculpa pero, ¿dijiste que lo harías sin ayuda?

- Ajá, no me molesta, hasta suena un tanto emocionante – agregué contenta, disfrutando oír la perturbación que mi actitud generaba en las psiques de los presentes.

Pensamientos como:

"Está loca"

"No va a lograrlo"

"Pobre ingenua"

Sólo hacían que quisiera cerrarles el hocico con más ahínco.

- Por cierto, Misha-san, no pude evitar notar que, no he visto a Eina-senpai desde que inició el turno. ¿Pasó algo?

- Pues…

Al mismo tiempo, en otra habitación, la erudita semi-elfa se hallaba sentada frente a decenas y decenas de documentos, firmando y sellando cada uno de ellos a velocidad inhumana mientras portaba un pequeño cartel en su cuello que decía: "No debo dejar el Panteón en horas de trabajo".

- Digamos que, el jefe la puso a hacer horas extras, un ligero "castigo" por su escapada del otro día.

- Oh…

Lo lamento, Eina-senpai, te lo recompensaré después desu…

- Pero bueno, no es lo importante ahora. Ten, Mari-chan, toma esta lista – dijo la pelirosa depositando en mis manos una tablilla con instrucciones. Debes asegurarte de que cada una de las tareas sea realizada con éxito. Si algo te resulta difícil, no dudes en pedirnos ayuda. No queremos que te sobre esfuerces.

- Descuide, Mon Capitaine, lograré cumplir con las expectativas – respondí con mi tradicional saludo y sin más que acotar, procedí a salir del edificio dispuesta a cumplir con mis labores.


ESA NOCHE – CALLES DE ORARIO


- Ahhh, nada mal para ser mi primer gran encargo en solitario – dije para nadie en particular, mientras recorría las inusualmente transitadas calles del pueblo. Logré guiar a los mercaderes a su correspondiente zona, las diversas familias ayudaron a mover los productos que se venderán durante el evento y, todo esto, sin que hubiese complicación alguna… Ja ja, soy la onda. Todo lo que queda, ahora, es lidiar con el traslado de las bestias de la Mazmorra. ¿Nada mal, para la recién ascendida, eh, muchachos?

Quisiera ver la cara de todos esos no tontos cuando les cuente que… ¿mmm?

En ese momento, como si de una fortuita casualidad se tratase, en lo que emprendía mi regreso hacia el Gremio, me topé con la familiar figura de cierto un mocoso con cabello de algodón y ojos cual rubíes, observando con expresión triste, la vitrina de una de las tantas tiendas de armas.

Así que el conejo añora un arma propia…

Bueno, no podía culparlo.

El negocio de las distintas armas aquí en Orario era algo, verdaderamente, escandaloso, por decir de alguna manera.

Y es que la daga más barata salida de algún herrero era, estúpidamente, cara.

Podía entender todo eso de "orgullo de forjador" y demás pendejadas pero, en serio, ¿cuarto de millón de Valis por el equivalente medieval de un cuchillo campestre?

No todo el mundo estaba nadando en dinero y podía costear semejantes porquerías.

En mi caso, tuve mucha suerte, ¿Quién iba a decir que las escamas del Dragón Negro serían un bien tan preciado? Con sólo vender algunas, ya me había convertido en una persona, asquerosamente, adinerada.

¿Por qué creen que no vacilé al darle tal cantidad de monedas a la loli tetona?

Pero bueno, centrémonos de nuevo en el mocoso…

Si mal no recuerdo su Diosa debe de estar, a estas horas, en ese banquete del que todo el mundo habla.

Mmm… tengo tiempo. Creo que puedo pasar a saludar, más antes de que pudiera entrar en escena, alguien más se unió a la fiesta…

Bell, mientras tanto y por su lado, se alejó del vidriado con un suspiro de derrota.

- Son demasiados ceros… - dijo, inconscientemente, en voz alta. con lo que gano en la Mazmorra no lograría comprar nada hasta dentro de 2 años…

- Oh, Bell, que alegría encontrarte por éstos lugares.

El albino, inmediatamente se dio la vuelta, devolviéndole la mirada al atractivo hombre de largos cabellos azules que le sonreía cálidamente.

- Oh, señor Miach. Disculpe mi apariencia, es sólo que estaba…

- Descuida, no hay por qué hacerlo- dijo éste con clama. Yo más que nadie puedo entender el sentimiento de aspirar a tener algo mejor para uno mismo.

- Si… a todo esto, ¿por qué no está en el banquete, señor Miach?

El Dios de la Medicina señaló, entonces, la bolsa que llevaba en sus brazos.

- Como sabes, Bell. Mi familia es muy pequeña y recae sobre mí la tarea de asegurar que todos nuestros productos estén disponibles para la venta durante la Monster Feria.

- Eso suena importante… aunque, no tengo idea de qué es la Monster Feria, exactamente…

Miach rio suavemente.

- Verás, se trata de…

- Un festival centrado en los monstruos – dije, irrumpiendo en la conversación, cosa que hizo que ambos giraran sus cabezas.

- ¡Yo! ¡Shokun! (Caballeros). Bonita noche, ¿cierto?

Al ver de quien se trataba, Dios y Aventurero tuvieron reacciones muy contrarias.

Miach sonrió y devolvió el saludo, mientras el pequeño albino tan sólo se tensó, intentando no hacer contacto visual conmigo.

- Que coincidencia, señorita Marina. ¿Qué la trae por estos lares?

- Oh, nada, recados del Gremio- respondí. Me encargaron supervisar los preparativos de hoy y de mañana. Pasé la tarde guiando a los mercaderes con su mercancía.

- Vaya coincidencia, yo también he estado haciendo lo mismo para nuestra tienda. Lo que me recuerda… ten toma, éstas, son para ti – dijo el peliazulado, acercándole al Al-Miraj personificado, un par de viales llenos de un brillante líquido cerúleo.

Fue gracioso verlo sobresaltarse.

- P-Pero, estas son… no puedo aceptar algo como esto, señor.

- Vamos, acéptalas que no te de pena. Considéralas un obsequio de mi parte.

Bell, me miró en busca de apoyo, más sólo me digne a desviar la mirada de manera traviesa.

- Dile que sí, conejo. A Miach-san aquí, siempre le gusta ayudar a aventureros novatos. Las pociones son un bien que pocos pueden costearse, así que asegúrate de no malgastarlas. ¿De acuerdo?

A regañadientes, el pequeño acabó por aceptar el regalo.

- Gracias, señor, prometo no desperdiciar estas – agregó con una reverencia.

- Es bueno oírlo, cuídate mucho y usted, también, señorita Marina.

- Siempre lo hago – dije sonriente.

- Bien, me despido, tengan una buena noche los dos.

- ¡Lo haremos!

En cuanto, el generoso Dios, desapareció tras una de las esquinas, mi atención paso al albino, quien volvió a sentirse incómodo en mi presencia.

- Puedo sentir que estás nervioso, chico – solté en tono ominoso. ¿Qué te aqueja?

- Es que… yo…

- ¿Si…?

- Yo… ¡QUERÍA DISCULPARME CONTIGO POR LO DE ANOCHE!

No sé qué fue más gracioso, la forma en que lo dijo o las caras de los transeúntes que dejaron su imaginación correr libre.

- ¿Hablas de…?

- Sé que debes sentirte molesta conmigo, cualquier persona lo estaría…

- Uh…

Me perdí…

- Incluso entiendo si me dijeras que traicioné tu confianza…

Sep, definitivamente, no entiendo nada…

- Pero prometo, que trabajaré duro, más duro que nadie y te devolveré cada céntimo que tuviste que pagá…

*SLAP*

Sep, lo hice… acabo de abofetear al protagonista.

¡Tiembla, Dios!

- ¿Ya acabaste de decir tu discurso?

- P-Pero, tengo que disculpar…

*SLAP*

Ahí va su otra mejilla…

- ¿Ahora, si ya terminaste?

El mocoso se sujetó las enrojecidas mejillas y retrocedió.

- Si…

- Bien. Vayamos por partes- dije entrando en modo asesora de Gremio. Primero, por tu espectáculo de hace rato, deduzco que te sientes culpable por haberme dejado sola en el restaurante y por haberme hecho cargo de la "cuenta" – añadí, doblando los dedos. ¿Es correcto?

El acusado asintió débilmente.

- *Sigh* Ay, conejo… Como decirte esto de manera sencilla... ¿Recuerdas, lo primero que hice al llegar al sitio?

- Eh… ¿coquetear con Syr?

- Está bien, lo segundo que hice…

- Pues… desafiar a la señora Mía a una competencia por… espera, no me digas que…

- Sep, gané. Por lo que todo lo que comimos era gratis – respondí con una mueca un tanto sádica.

Bell se mostró sorprendido, pero al instante volvió a sus cabales.

- P-Pero, Syr me dijo que usted le entregó una bolsa con monedas.

- Ajá, lo hice, no voy a negarlo- argumenté. Pero, lo hice más por una cuestión de agradecimiento por todas las molestias que Mia y su cocinera, se tomaron por seguirme el juego durante la velada. Además, niño, admitámoslo, la tal Syr, esperaba que consumieras mucho para aumentar su cheque, mi método sirvió para salvar la poca dignidad que te quedaba.

- Ohh…

- Aunque, luego de ver cómo te comías a la hija de la Familia Loki con la mirada, y como saliste huyendo cual bombero en incendio, acabaste lanzando por la borda todos mis esfuerzos.

La expresión del novato pasó de comprensión a vergüenza en una fracción de segundo.

- Pero bueno, lo hecho, hecho está- concluí, desorganizándole un poco su blanca melena. No te sientas mal por ello. Eres joven y los jóvenes tienden a cometer errores o estupideces… o ambas al mismo tiempo.

- Debí haber parecido un idiota a sus ojos… lo oí murmurar, en lo que recostaba su espalda contra el muro. ¿Qué puedo hacer para que comience a interesarse?

- Pues, sentir pena por ti, no creo que te sirva –comenté. Mucho menos, lanzarte como un energúmeno contra todo monstruo que veas.

Mientras explicaba, no pude evitar notar que un par de hilos de lágrimas brotaban de sus ojos.

Sin pensarlo demasiado, coloqué un brazo alrededor de su cuello y lo acerqué ofreciéndole un pequeño abrazo.

- Ya ya… está bien.

Bell se sonrojó un poco ante el gesto más no protestó en absoluto.

Sabía que necesitabas esto, todos lo hacemos en algún punto.

- Marina-san… ¿cómo… cómo puedo hacerme más fuerte…?

- Existen muchas maneras… pero, en tu caso… creo que lo mejor sería que te pongas un objetivo.

- ¿Huh?

- Dime, ¿Qué es lo que te motiva a adquirir dicha fuerza?

El albino lo pensó un momento.

- Quiero… quiero ser capaz de caminar a su lado. Ser su igual en el campo de batalla. Alguien digno de su amor y confianza.

No pude evitar esbozar una sonrisa.

- Entonces, ahí lo tienes – agregué poniéndome de pie nuevamente. Cuando estés allá abajo, cada vez tajo que des, cada golpe que conectes, hazlo pensando en ella. Mantén su imagen siempre fresca en tu mente, que tus ataques sean devastadores más no imprudentes. Busca el momento perfecto para asestarlo. Sigue estos pasos y, puedo asegurarte, que verás resultados.

Sin darle tiempo a procesar todo aquello, comencé mi lenta retirada.

- ¡Nos vemos mañana, conejo! – exclamé a la distancia. No olvides de agradecerle por todo a tu Diosa.

- S-Si… ¡Lo haré! – atinó a decir el albino, quien aún seguía digiriendo todo lo que había oído antes, cosa que le impidió comprender el verdadero significado detrás de mi última frase.

- Si… dale las gracias – repetí, en lo que me alejaba del edificio principal del Gremio, habiendo cumplido con mis deberes del día. Ya que, gracias a ti, Hestia, he podido enterarme de algo, verdaderamente, interesante.

Si creían que ustedes son los únicos capaces de entender esos horribles garabatos a los que osan llamar lenguaje, están muy equivocados.

- Liaris Freese… vaya Skill más ridícula… pensé, ya encontrándome acurrucada en la oscura y húmeda comodidad de mi subterránea alcoba. Una conveniencia de guion digna de un protagonista. Oh, incluso lo vuelve inmune a encantamientos… jajaja. Esto es delicioso.

Todo parece indicar que cierta Diosa de la Belleza, tendrá un porvenir bastante turbulento y complicado…

- Deberíamos hacer algo por ella… ¿no te parece, Aria?

...

...

- Ah. Es cierto, sigues dentro de esa lata...

*Sigh*

- Fijar recordatorio... - dije sosteniendo mi aparato de control cuántico. "Buscar una manera de alterar el Dispositivo de Preservación de Pneumas para permitir interacción verbal prolongada"

Una vez dicho esto, mi atención volvió a centrarse en la máquina que mantenía viva a la ancestral mujer traslúcida.

Será mejor que investigue más sobre la raza de la que proviene esta señora...

Según las notas del Gremio, los espíritus, así como los Dioses, eran seres incapaces de producir descendencia.

Y de ser ese el caso...

¿Cómo diablos vino al mundo... la tal Ais Wallenstein...?


ALTAS HORAS DE LA NOCHE DEL MISMO DÍA


Marina se despertó de golpe al sentir un par de presencias merodeando en las cercanías.

- Maldición... Alguien ha entrado a las alcantarillas…