ERO
Inmoral
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Hay algo cuidadosamente inmoral en el modo en que tus ojos dorados me miran cuando el deseo comienza a abrirse paso por tu cuerpo. Es durante ese instante en que una idea se te instala y los ojos te brillan ante la luz de tus propios anhelos. También hay inmoralidad en la respuesta que mi propio cuerpo da a esa insinuación primaria que, probablemente, recién comienzas a entender. Mi piel arde de forma inmoral cuando acercas tu boca a mi oído y, con un suave roce de tus labios, gesticulas un ¿Nos vamos?
Todo se vuelve más inmoral aún en el momento en que tus dedos presionan mi cintura y con pequeños movimientos me indicas el camino que quieres que tome. El calor de tu cuerpo, pegado al mío mientras buscamos un espacio íntimo, es una muestra más de la inmoralidad del acto que estamos decididos a efectuar. Sin embargo, la pérdida total de la moralidad se encuentra en ese primer beso que nos damos, con tu lengua invadiendo con firmeza mi boca; sin preámbulos.
También me dices que resulta inmoral la forma en que suspiro tu nombre cuando buscas mi piel desnuda— InuYasha.
Sin embargo, yo creo que es aún más inmoral la manera en que usas tus dedos para abrirte paso por la humedad de mi cuerpo, consiguiendo que sólo me importe cobijarte en mi interior. Sí, de este modo; de este mismo maldito modo inmoral en que te siento dentro de mí, empujando, golpeando y aferrándote a las partes que pueden sostener tu pasión. Sí, es exquisitamente inmoral notar la forma en que tu boca succiona mi pezón hasta que el dolor y el placer se confunden y exhalo una súplica que acallas con la tuya sobre mis labios.
Dame más —pides entonces y te alzas y me miras mientras entras, entregándome la imagen más inmoralmente fascinante de ti; sudado, agitado y con el cuerpo tenso de pasión. Es entonces que me enrosco a ti y busco un ángulo que te dé más precisión y profundidad, para que la visión se haga completa y pueda observar la forma en que lo moral y lo inmoral se funden en tu mirada que se vuelve caliente y cálida, inocente e infernal, erótica y completamente dulce. Es en ese instante, en que todo gira y se desenfoca, que tú me acercas y clamas mi nombre hasta que ya no tienes fuerzas.
Kagome.
Hay algo solícitamente amoral en la forma en que me miran tus ojos dorados cuando el ansia se ha satisfecho y dejas de acariciarme con lujuria y me abrazas y yo lo hago también, transformando la caricia en amor. Es indecente, porque de amor no hemos hablado y sin embargo nos ronda y ambos sabemos que estamos inmoralmente ávidos de caer en él.
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N/A
Aquí les dejo un poco más de ERO.
Espero que les haya gustado.
Besos.
Anyara
