ERO
Calor
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El interior de nuestra cabaña está oscurecido por la noche cerrada que lo cubre todo. La puerta permanece abierta y cede la entrada a la escasa brisa que la madrugada permite y a la luminiscencia de una luna creciente en su apogeo. El sonido del bosque nocturno se escucha como un arrullador susurro, que contrasta de forma inquietante con los contenidos estertores de tu voz, que apenas son liberados en un siseo que provoca que mi piel se inflame.
El húmedo calor de este día ha sido difícilmente soportable y aun así, aquí estamos.
Oh, Kagome —escucho que suspiras mi nombre un instante antes de presionar tu muslo desnudo entre mis piernas.
¿Qué puedo responder ante esto?
Mi mente se ha perdido en medio de los pensamientos y el deseo.
Noto el calor de tu piel sobre mi piel, me parece que estoy a punto de combustionar y aun así no me aparto, ni te aparto. Al contrario, dejo que una de mis manos vague por tu cadera y la línea redondeada de tu trasero, sólo para clavar en él mis uñas. Percibo la forma endurecida de tu sexo que se empuja sobre mi vientre y mi pasión crece de forma exponencial, ardiendo en tantos lugares a la vez que consigue obnubilar mi razón, hasta que sólo logro expresar una única petición.
Entra —murmuro.
Siseas el aire al respirarlo y todo tu cuerpo se sacude un segundo después, del mismo modo que la fiebre estremece al enfermo.
Kagome —escucho mi nombre, expresado con tanta vehemencia, que sólo puedo jadear.
Siento que buscas con los dientes el lóbulo de mi oreja y ese gesto gradúa en ascenso el calor. El cuerpo se me ha aflojado de deseo y ni siquiera sé qué es lo que me mantiene en pie ahora mismo. Quizás sea la pared que toco con la espalda parcialmente desnuda o tus manos que se llenan con el volumen de mi pecho mientras tus dedos pinzan los pezones. No, quizás sea el muslo que has puesto entre mis piernas y que prácticamente estoy montando con un movimiento continuo de mi cadera, adelante y atrás, mientras mi sexo aporta su humedad para convertir la fricción en algo desesperado.
No lo sé.
InuYasha —vuelvo a suplicar y llevo una mano entre nuestros cuerpos para apresar, sin remordimiento, tu erección y oprimir la carne con toda la fuerza que mi ansia crea. Noto que bajo ese gesto te endureces aún más y siento que mi tolerancia comienza a esfumarse. Echo la cabeza atrás y busco algo de aire en medio del desesperado calor que siento.
Necesito tenerte dentro de mí.
Entonces noto tu lengua, húmeda y caliente, recorrer mi cuello desde la clavícula hasta el final de la mandíbula. Tus palabras, a continuación, y el tono disolutamente oscuro que hay en ellas, consiguen que el calor se convierta en las llamas mismas del infierno.
Voy a entrar.
Mi mente sólo consigue hilar un— Por favor.
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N/A
Ya había dicho que era probable que terminara escribiendo sobre el calor xD.
Me parece imposible dejar este encuentro sólo hasta aquí, quizás haga una segunda parte para que todo este 'calor' encuentre una ruta de escape.
Muchas gracias por leer hasta aquí.
Muchos besos.
Anyara
