Ferrari había oído hablar sobre vampiros que rondaban las calles de South Park de noche buscando presas, pero a ella no le daban miedo los vampiros; lo que le daba terror eran los hijos de puta, que existían y hacían daño de verdad. Desde que entró a trabajar en Pasas cuando tenía diez años, se dio cuenta de que su ropa corta era a menudo tomada como una invitación a que hicieran con ellas lo que quisieran. Cuanto más crecían, menos parecían respetar algunos tíos a las chicas de Pasas y más posibilidades tuvo de tener un encuentro incómodo. Por eso normalmente las chicas volvían a casa todas juntas o tenían a un chico de seguridad siguiéndolas.
Sabía bien lo que tenía que hacer, pero en ese momento estaba sola y comenzaba a lamentar su decisión. Porque las calles parecían vacías, pero era como en esa película, Tiburón: las aguas estaban en calma, pero eso no quería decir que no hubiera ningún monstruo acechando. No se veía a nadie, pero apretó el paso porque sentía que alguien la seguía.
Cada vez que se daba la vuelta encontraba sólo su propia sombra. Aun así no pudo deshacerse de aquella sensación inquietante. No había nadie, pero sabía que alguien la vigilaba...
Se volvió una vez más. ¿Ves? No hay nadie.
Mas cuando de nuevo se giró, vio por qué se había sentido de aquella manera. Porque era cierto que alguien había andado tras sus pasos. Un hombre de pelo largo y oscuro se encontraba frente a ella, Ferrari casi se chocó contra él. Dejó escapar un chillido.
Cuando él sonrió, mostró unos caninos muy puntiagudos.
— Estas no son horas de andar sola. Los monstruos salen por la noche...—dijo Mike.
Ferrari no estaba dispuesta a escuchar lo que este rarito tuviera que decir. Golpeó al tipo con su bolso y trató de huir, pero él la agarró del brazo.
— Te encantará convertirte en uno...
— ¡No! ¡Aléjate de mí! ¡Para!—Ferrari trató de golpearlo, pero era demasiado fuerte para ella. No pudo evitar tenerlo demasiado cerca. Tan sólo pudo estremecerse cuando sintió el asqueroso contacto de su lengua contra su cuello, y la punta de sus colmillos...
De repente, ambos cayeron al suelo, y Ferrari vio que su peinado se había echado a perder, como si acabara de pasar un huracán.
— ¿Q-Qué...?—Mike miró en derredor alarmado.
— ¡Esa no es forma de t-t-tratar a las damas, a-a-amigo!
— ¡¿Quién ha dicho eso?!—chilló Mike. Seguía sin ver a nadie, ¡a nadie!
— Estoy aquí—dijo la voz, y Mike acabó de nuevo en el suelo movido por una enorme fuerza, como si un camión invisible se lo hubiera llevado por delante.
— ¿O estoy acá?—Y de nuevo, cuando estaba poniéndose en pie, Mike volvió a morder el polvo.
— ¡Supongo que estoy e-en todas partes!
Mike fue golpeado una, dos, tres veces. ¡Y seguía sin saber por qué! No tenía forma de enfrentarse a aquello, de modo que, después de sisear, salió corriendo. Entonces, y sólo entonces, Jimmy se hizo visible, en medio de un torbellino.
— ¡Eso, vete a casa y piensa en lo que has he-he-he-hecho!
— ¡Oh, gracias, muchas gracias! ¡Esa cosa horrible iba a matarme! ¡Gracias!—Ferrari, con lágrimas de alivio en los ojos, corrió a abrazar a su salvador.
— ¡N-No hay de qué, señorita! ¡Pasorraudo siempre está listo para patear t-t-traseros!—Una sonrisa encantadora y el héroe se alejó a la velocidad de la luz, Ferrari apenas tuvo tiempo de decir:
— ¡Espera! ¡Espera! ¡Por favor, necesito recompensarte de algún modo!
Jimmy volvió a su lado en un milisegundo.
— No es necesario, señorita. Un héroe hace el bien por el bien m-mismo.
— No, por favor, tengo que recompensarte, de verdad. Acabas de salvarme la vida. Por favor, ven a Pasas conmigo, ¡las chicas tienen que saber que tenemos un ángel de la guarda que cuida de nosotras!
— Oh, bueno, no quiero ser descortés—dijo Jimmy, y para ahorrar tiempo tomó a Ferrari en sus brazos y la llevó de vuelta al restaurante.
— ¡Chicas! ¡Chicas, oh, caray, no vais a creer lo que me ha pasado!—Ferrari se unió a las compañeras que estaban preparando todo para la apertura de aquella noche—. ¡Me han asaltado de camino a buscar hielo!
— ¡No fastidies! Oh, cielos, ¿estás bien, nena?—exclamó Porsche, corriendo junto a las demás a rodear a Ferrari y darle palmadas en la espalda.
— ¡Sí, gracias a él!—Ferrari señaló a Jimmy.
— No fue nada. ¡Si algún desgraciado hijo de su madre quiere mo-molestaros otra vez, tan sólo llamad y estaré allí como un rayo!—el héroe sonrió a las mujeres y les hizo el saludo militar.
— ¡Muchas gracias! ¡Oh, vaya, eres tan valiente!—Mercedes le dio un abrazo, y también palpó sus brazos—. ¡Y musculoso! ¿Habéis visto, chicas?
— ¡Eres un sueño hecho realidad!—lo admiró Porsche.
— ¡Míralo! ¡Guao!—exclamó Lexus.
Jimmy era cliente habitual de Pasas. Solía ir allí con la vieja pandilla, pero desde que Token se buscó una novia y Clyde se había encaprichado de la Única e Inigualable, tenía que ir solo. A veces era un asco ser el único soltero del grupo, pero lo bueno era que esas chicas le daban coba a él solo. Hablaron de lo guay que era, valiente, impresionantemente funcional...¡Él sólo había podido soñar con una atención así! ¡Sentía que había muerto y subido al cielo!
— No estarás tan ocupado como para no aceptar una bebida gratis, ¿verdad?—preguntó Mercedes, yendo hacia él con una botella de güisqui ya en la mano.
— Oh, pues...No debería beber mientras t-trabajo...—murmuró Jimmy.
— Vaaamooos, ¿porfa?—Oh, esa mirada habría bastado para empalmar a cualquier hombre heterosexual. ¿Cómo podría resistirse?
— De acuerdo. No quiero ofenderos.
De modo que aceptó la bebida. Estaba muy bueno, se lo tomó de un trago.
— Tómate otra, cariño, te lo mereces—dijo Mercedes, y le llenó el vaso.
— ¡Debe de ser súper peligroso ser un superhéroe!—Porsche lo miró mientras le acariciaba el pelo de una forma deliciosa.
— Sí que lo es. Pero cuando hay vidas en peligro, uno n-ni se lo piensa—respondió Jimmy.
— Cuéntanos más sobre la vida del superhéroe, por favor. Debe de ser taaan excitante—dijo Mercedes, y le llenó de nuevo el vaso.
Estaba viviendo el sueño de todo hombre en South Park, con ese enjambre de hermosas mujeres a su alrededor, escuchando extasiadas, toqueteando sus músculos, admirando su disfraz y sus gestas, llenándole el vaso cada vez que se lo terminaba.
— ¿Quién es el hombre que se esconde bajo la máscara?—Lexus se sentó de forma traviesa sobre su regazo y acarició su casco, haciendo ademán de quitárselo.
— ¿Para qué estropear la diversión?—respondió Porsche, abrazando a Jimmy por detrás. Él sintió el tacto suave de sus pechos contra su nuca.
— Sí, el misterio es tan sexi...— ronroneó Mercedes, tan cerca que Jimmy pudo contemplar de cerca su figura y admirarse de lo bien que se veía después de haber tenido un crío.
— Chicas...—farfulló Jimmy, abrumado por tanta atención femenina—. Debería irme ya...
— Ooooh...¿No te gustamos, nene?—preguntó Ferrari, con la cara muy cerca de la suya.
— Para nada...Yo...Me gustáis mucho...
— Sé qué hará que cambies de opinión—Lexus se bajó de su regazo e hizo un gesto para que las otras mujeres se unieran a ella—. Enseñémosle nuestro baile especial, chicas.
Oh, Dios, el baile...Jimmy lo había visto antes, como cliente, rodeado por un gentío ruidoso...Pero esta vez era especial de veras...Era el único en la sala, estaban bailando sólo para él...Aquellos ojos ardientes estaban sobre él, nadie más que él, aquellos culos se sacudían para su deleite...Y su vaso se llenaba sin cesar...
Las luces del local lo confundieron, como un vórtice multicolor. Sintió que caía...Probó tantos labios, tocó tanta piel...
Podía aguantar el alcohol, eso estaba claro, porque les llevó mucho que cayera rendido.
Porsche le dio un par de bofetadas suaves y Jimmy se limitó a gruñir. Estaba K.O, al fin. Todas las risas insulsas cesaron, intercambiaron una mirada seria.
Los niños PC salieron de detrás de una cortina, teléfono móvil en mano.
— ¿Lo tenéis?—preguntó Lexus.
— Seh—asintió Harper.
— Bien. Tu turno, Maserati—dijo Lexus, girándose.
Otra trabajadora de Pasas se acercó al hombre inconsciente.
Heidi se había hecho algo en el pelo, no cabía duda. Incluso se lo toqueteó para que él se diera cuenta, o eso pensaba él. Supuso que esperaba un comentario bonito.
— Estás muy guapa.
Heidi rió.
— Tú también lo estás. Te queda tan bien el traje...Deberías llevarlo más a menudo...
— Je, no. La verdad es que lo odio—sonrió Kyle, apartándose el cuello de la camisa como si lo estuviera estrangulando. No se había cambiado de ropa porque acababa de salir del trabajo.
Heidi iba a decir algo cuando una discusión lejana la interrumpió. «¡Yo chupa-chupa ti!», y el encargado del restaurante respondiendo: «¡Lárgate de aquí, putón verbenero!».
La aparición de Cartman, con aquellos pantalones cortos que de alguna forma conseguían que su culo pareciera gigantesco (¡era posible y Kyle no podía creérselo!), con el pecho al descubierto y su ahora habitual cara lujuriosa, estaba incomodando a los clientes, pero afectó aún más a Kyle y a Heidi. Fue como una nube que ensombreció su cita incluso mucho después de que lo echaran a patadas.
— Que me aspen si tengo ganas de defender a Eric, pero me da un poco de lástima. Debió de sufrir un daño cerebral severo, para ir por ahí comportándose de esa manera...— murmuró Heidi.
— Nah...—fue la respuesta de Kyle, seguido de un encogimiento de hombros, y cambió de tema rápidamente—. Pero si quieres, puedo llevar traje más a menudo.
— ¿No acabas de decir que lo odias?—preguntó Heidi.
— Si a ti te gusta...
— Oh, no, por favor. No intentes cambiar por nadie. Yo lo aprendí a las malas...—Heidi suspiró, y Kyle temía que Cartman fuera a arruinarle el día incluso con el cerebro hecho puré.
— Estoy libre este fin de semana. Quizás quieras ir al cine, o coger las bicis y...—trató de nuevo de cambiar de tema.
— Me encantaría; lo de las bicis, digo. Hace muy buen tiempo...—Heidi pareció olvidar su mala experiencia siendo novia de Cartman, porque recuperó la sonrisa.
— Y te lo debo. Soy un mal novio...—sonrió Kyle, dándole un trago a su vaso de agua.
— No es tu culpa que tengas que trabajar tanto—Heidi sonrió con delicadeza.
Y tomó su mano, la cual Kyle acarició con ternura.
Pasorraudo.
Aquella palabra hizo que su atención se desviara hacia la televisión que colgaba de la pared, justo detrás de Heidi.
— Bueno...¿qué quieres hacer después de esto?—preguntó Heidi a Kyle, dándole un mordisco a su ensalada.
«...La instantánea de Pasorraudo con una menor en su regazo ha causado gran controversia en redes sociales. Aquí podemos ver a la niña de nueve años sentada sobre las piernas de Pasorraudo, con una mano en su entrepierna. La familia de la niña ya ha declarado su intención de demandar al vigilante. Por el momento, los Colegas de la Libertad no han hecho ninguna declaración...»
— ¡Joder!—exclamó Kyle.
Heidi se puso muy, muy roja. Miró a su alrededor, consciente de que la gente lo había oído perfectamente.
— Bueno...S-Si quieres...—dijo con voz mucho más discreta.
— Perdona, ¿qué?—Kyle parpadeó y la miró.
— He dicho que si quieres joder...Puedo ir al servicio y tú puedes...ya sabes...seguirme...—dijo Heidi, acercándose para susurrarle.
Entonces fue Kyle quien se ruborizó tanto que el color de su cara se fundió con el de su pelo.
— Uh...E-Estás segura...¡Oh!...V-Vale...
Heidi rió.
— Tengo ganas de hacer travesuras, jiji...
Él también habría reído de no tener la cabeza en aquellas noticias...
— ¡JIMMY, PERO QUÉ COJONES!
— ¡Ugh! ¡No ch-chilles, puñetas!—Jimmy se sujetó la cabeza como si fuera a explotarle.
— Oh. Perdona, tío. Ssss, chicos. Ha tenido una noche malísima ¡FROTÁNDOSE CONTRA NIÑAS!—Kyle siguió gritándole a la cara.
— ¡No digas t-tonterías, Kyle! ¡Yo nunca jamás haría algo así!—se defendió Jimmy.
— ¿Entonces qué son esas fotos?—Token señaló aquellas fotografías horribles en la pantalla, que él no podía mirar sin estremecerse—. ¡Ese pavo es clavadito a ti!
— Vale, soy yo, es cierto. Las de Pasas querían...d-darme las gracias por salvar a una de ellas, me hicieron b-beber...¡Pero todas tenían más de veintiún años! ¡Allí no había ninguna niña!—dijo Jimmy.
— Eso es lo que diría un culpable...—dijo Craig, y Kenny achinó los ojos al oírlo, dándole la razón sin abrir la boca para proclamarlo.
— ¡Me cago en la leche, Cr-Cr-Craig, somos am-am-amigos desde cuarto! ¡¿Cómo puedes pensar que ha-ha-ha-ha-haría algo así?!—Jimmy se puso en pie y se enfrentó a Craig.
— ¿Cómo sabemos que no has estado escondiendo tus inclinaciones?—insistió Craig.
— ¡NO SOY UN PEDÓFILO!—la habilidad de Craig para hacer que todo el mundo perdiera los papeles tuvo efecto sobre Jimmy, el cual alzó una de sus muletas dispuesto a golpearlo en la cabeza. Lo habría hecho de no haberle sujetado Stan y Scott.
— ¡Calmaos, por favor, QUE ME ESTÁIS VOLVIENDO LOCO!—Tweek se interpuso entre ambos—. Lo siento, Jimmy, es que no sabemos qué pensar...¡Ya sé! ¡Timmy, mira a ver si nos está mintiendo!
— ¡Oh, ve-venga ya!—protestó Jimmy. Se volvió hacia su amigo discapacitado, el cual estaba listo para cumplir—. ¡Timmy!
[— Yo te creo, Jimmy, pero, por favor, si no tienes nada que esconder, no hay nada que temer]—dijo Timmy, y presionó su dedo índice sobre su sien.
— ¿De verdad vais a...?—Jimmy sufrió un espasmo cuando su amigo se coló dentro de su mente y rebuscó. Se sintió como si hubieran agarrado una cuchara y le estuvieran revolviendo los sesos.
Timmy mandó la información que le llevaba a los cerebros de los presentes. Vieron a las chicas, los chupitos sin fin, el baile, todo borroso, como una cinta de vídeo con demasiados efectos especiales, y luego, todo negro hasta la mañana siguiente, que se encontró en una habitación vacía.
— Eso no ha sido j-j-justo...—gruñó Jimmy, apoyándose firmemente en sus muletas para no caer a causa del mareo.
— De acuerdo, es verdad, no has hecho nada—admitió Craig.
— ¡Gracias! ¡Q-Qué bueno saber que tengo buenos amigos que c-confían en mí!—Jimmy frunció el ceño.
— Seguimos teniendo un problema—dijo Clyde—. Si Jimmy no le pidió a esa niña que hiciera esas cosas...
— A mí me parece que es un chantaje...—Stan se rascó la barba.
— Más bien un intento por dañar la imagen de Pasorraudo—murmuró Token.
— Y os aseguro que lo han conseguido—dijo Wendy, con los ojos moviéndose febrilmente bajo los párpados, procesando información de la nube—. Todo Internet está hablando sobre ello. Es tendencia. Lo siento, Jimmy, pero estás en un lío extraordinario.
— ¿Un enemigo que quiera vengarse, quizás?—Scott se cruzó de brazos—. ¿Y de algún modo consiguió que las de Pasas ayudaran?
— ¡Hemos hecho tantos enemigos estos años que nos tiraremos años para averiguar cuál de ellos lo hizo!—dijo Tweek.
— Vale, ¿y qué debería h-hacer ahora?—preguntó Jimmy.
— Lo he estado discutiendo con Ike a través de mensajes hace un rato—dijo Wendy—. No haremos ninguna declaración al respecto, pero te recomendamos que no te dejes ver mucho hasta que la gente...bueno, no que lo olvide, pero que al menos se calme un poco. Nadie va a dejar que te acerques a un niño con estas noticias circulando por todas partes.
Jimmy parecía tan desolado que era obvio que no lo había hecho, y sintieron remordimientos por haber sospechado de él.
— Lo siento—incluso Craig se disculpó, dándole una palmada en la espalda.
— No, no p-pasa nada...Teníais que estar se-seguros...Supongo que m-me dedicaré en exclusiva a la comedia p-por el momento...Es una lástima...Sienta muy bien salvar vidas...—suspiró Jimmy...
[—Llegaremos al fondo de este asunto]—Timmy también le dio su apoyo con un puñetazo amistoso en el brazo. Jimmy les sonrió a él y a los otros.
— ¿No puedes rastrear quién publicó las imágenes?—preguntó Token a Wendy.
— Al parecer fue un anónimo que envió las imágenes a las cadenas de noticias—dijo Wendy—. Intentaré meterme de lleno en ello, recopilar tanto metadato como pueda.
— S-Sea quien sea ese tío, que le jodan...—gruñó Jimmy.
