Hola hola lectores!
Cumpliendo a tiempo otra vez! algo que me sorprende de mi misma francamente jaja. Espero hayan tenido una excelente semana y estén con todas las energías para comenzar una nueva. Muchas gracias nuevamente por el apoyo que me demustran día a día!, mi página de facebook está cercana a los 400 seguidores en apenas un mes. Todo esto es por y para ustedes, para que sigamos creciendo y armando una comunidad unida por el fanatismo del inuxkag :3
Particularmente muchas gracias a:
- Cbt1996: Me alegro de verte por aquí!, muchas gracias por tus palabras y tu apoyo.
- Kayla Lynnet: Naraku siempre será un maldito, no importa en que universo ajajaj. De a poquito Inuyasha y Kagome van acercándose un poco más, aunque sea sólo para discutir... por ahora jiji. Gracias por leerme!
- Rosa Taisho: Kag tiene todas las intenciones de no dejarse pisotear más... veamos como funciona eso de aquí en adelante. Obviamente amando con todo mi corazón a Sesshomaru y su ojo de águila con respecto a los sentimientos de su hermano XD Inuyasha aún no se ha dado cuenta y Sessh ya lo leyó completo ajajja. Sango es la mejor amiga de Inuyasha en este fic, ahora que lo pienso que apareciera de la nada en su departamento podría haberse prestado para malentendidos AJAJJA, pero no, sabemos que Sango es propiedad de Miroku, aunque no ahondaremos en ello hasta en algunos caps más. Y siii, Izayoi está viva, sólo que se mantiene al margen lo más que puede, para evitar salir herida por rebote como ya pasó en una oportunidad.
- Karii Taisho: Hola Karii!, es cierto, seguir una historia en curso a veces es tortura :c ajajja pero te prometo que valdrá la pena!, Kag está sacando de a poco sus garras, esta vez contra su padre, aunque dejar tantos años de abuso será increiblemente complejo. Muchas gracias por leerme! y espero te encante esta nueva actualización.
- Marlenis Samudio: Sango es la mejor amiga de Inuyasha y de Sesshomaru, aunque más de Inu. Aún falta para llegar a parte de su historia, pero hay un trasfondo en toda esta cercanía que hay entre los tres. Izayoi efectivamente está viva, eventualmente aparecerá un poco más adelante en la historia. Team Kag todo el rato, Inuyasha sólo está odiando de más porque no quiere asumir que algo le produce nuestra protagonista, y eso lo asusta bastante ajajja. Espero te agrade este cap! Se viene intenso jiji. Un abrazo.
- Carli89: Ambos se atraen un montón, pero no están acostumbrados a ese sentimiento, digamos que es nuevo para ambos y que por ahora odiarse mutuamente facilita un montón las cosas. Inuyasha se trae un plan malvado entre manos, porque por ahora genuinamente odia a Kag :C, quedate para ver como eso cambia con los caps jiji. Gracias por leerme! te mando un abrazo enorme.
- kcar: Muchas gracias!, me alegro de que te haya gustado. Sesshomaru tiene un gran club de fans en mis fanfics (me incluyo en él) AJJAJAJ, es que me encanta que sea la voz de la astucia y madurez. Inuyasha por otro lado está en una faceta de odio máximo y la verdad es que se irá con todo contra Kag... Creéme, no se la pondrá facil, nuestra chica es una guerrera de tomo y lomo! despues de todo ha aguantado a Naraku durante toda su vida. Espero te agrade esta nueva actualización. Un abrazo.
- YokoGH: Me encanta que estes tan intrigada en todo el drama! ajajajja, La verdad es que Inuyasha y Kagome sacan chispas cada vez que se encuentran, no digamos que son muy pacíficos, ninguno de los dos... Pero weno, eventualmente todo eso va a ir cambiando de a poquito... Disfruta del camino tortuoso de este amor que los consume poco a poco, porque valdrá mucho la pena. Espero disfrutes este cap 3! un agrado leerte por aquí como siempre.
- Joiscar: Amo escribir a ese tipo de Sesshomaru, el que termina siendo un apoyo no solamente para Inuyasha, sino tambien para Kag. Me alegro de que te gustara el cap, efectivamente Inu tiene todas las intenciones de herir a Kag de la peor manera, y créeme, el Inuyasha de esta historia ama jugar con los sentimientos y la mente de la gente, lo intentará con Kag a toda costa, veamos como sale de eso ajajjaja. Un abrazo y gracias por escribirme! siempre es un agrado tenerte por aquí.
- Angela Inukag: Empezamos con todo!, se viene el drama intenso ajajaja, lo importante es que sin importar cuanto sufras en el camino, mi promesa para ustedes es siempre darles un final feliz. Por ahora no tengo una duración definida, la verdad es que tengo una trama planeada y voy escribiendo los caps en el camino, dependiendo de mi imaginación y la reacción de los lectores a lo que escribo, eso me impide definir una duración, pero es un long fic, asique el plan es darle al menos 30 caps, siempre y cuando el desarrollo de la historia lo permita.
- Rocío K Echeverría: Sesshomaru lo sabe todo!, es el más perceptivo en esta historia, ya verás como siempre capta todo antes que los demás jajaja. Me encanta haber logrado que odien a Naraku tanto como yo, es dificil crear villanos que te generen ese sentimiento y la verdad es que me hace feliz ir por buen camino. Obviamente Kag necesita terapia con urgencia por sus "daddy issues" XD, pero parte de ese trauma probablemente es lo que termine acercándola mas a Inu, pues obvio, todo lo que sea malvado con ella en parte le atrae más. Espero disfrutes mucho este cap 3!, me encanta leerte por aquí y en facebook jiji. Un abrazo a la distancia!-
- Shikon de Oz: Efectivamente es por la lagartija Gekko XD en este cap se menciona. Y sip, en mis fics en general Inu y Sesshomaru cumplen con esa relación de hermanos que siempre quise ver un poco mas desarrollada en el manga/anime. Muchas gracias por tus reviews!
- LucyPrzP: AJAJAJJ aqui está el cap 3, no sufras porfavooor. Un abrazo!
- Susanisa: Ufff, créeme, cada vez que escribo de Inu pienso en lo mucho que me encantaría que existiera en la vida real, tengo un amor platónico con sus ojos dorados y plateados que me trae vuelta loca desde los 10 años XD. Me alegro de que te encante tanto Sessh, tiene su club de fans por aquí jiji, siempre es la voz de la madurez para Inuyasha.
El próximo cap está en proceso de edición, mi idea es publicarlo el domingo 17, sin embargo tengo turnos ese fin de semana, asi que veremos como resulta. De no poder si o si estará publicado el lunes 18 :)
Poco a poco se van acercando estos dos, incluso contra su voluntad, la tensión sólo crecerá hasta explotar, sólo eso dire jiji.
Un abrazo y nos estamos leyendo! Les dejaré adelantitos durante la semana!
Frani.
'
Capítulo 3.- Reunión de negocios.
Kagome
Mis pies volvieron a pisar la mansión cerca del mediodía, para entonces felizmente mi padre ya se había esfumado y mi corazón pudi latir con calma por ello. Kouga me sonrió con calidez al encontrarme en la cocina buscando algo para comer.
– Finalmente aparece mi Russo favorita. - Sonreí y seguí en lo mío sin prestarle atención. - ¿Estás bien?
– ¿Por qué no lo estaría? - Pregunté antes de morder mi tostada recién preparada.
– Alguien me ha dicho sobre lo que ha hecho tu padre en la mañana.
– Me preocupa lo chismosos que son mis trabajadores en horario laboral. - Musité para luego seguir masticando. Tomó mi mentón con suavidad entre sus dedos mientras lo analizaba con atención. De inmediato quité su toque de un manotazo. - Estoy bien. - Me miró preocupado, pero asintió, sabiendo que no obtendría un desahogo mas extenso de mí parte.
– ¿Qué ha pasado con los Taisho?
– Nada, seguimos en guerra fría, eso es todo. - No tenía intención alguna de divulgar nuestra posible alianza temporal, ni siquiera con él, a pesar de que era el único en el mundo que se había ganado parte de mi confianza.
Kouga era probablemente algo cercano a lo que el resto del mundo conocía como un "amigo", si es que podía llamársele de ese modo. Había aparecido en mi vida cuando había cumplido quince años, el momento en el que mi padre lo había designado como mi guardaespaldas personal, aunque con el tiempo y luego de conocerme a mí y a mi mal humor había comprendido que era mejor darme el espacio suficiente para cuidarme sola.
– ¿Vas a decirme dónde estuviste toda la mañana?
– Ocupada. - Respondí cortante y él apretó el puente de su nariz con sus dedos, completamente superado por mi actitud.
– ¿Te das cuenta de que estás saboteando mi trabajo si sigues escapando incluso de mí? - Sus ojos azules y rasgados me miraron con intensidad. - Siempre te he dado tu espacio para que hagas lo que se te de la jodida gana, pero no voy a permitir que eso me genere problemas con tu padre.
– O quizás el problema es que no eres tan bueno en lo que haces y deberías cambiar de rumbo. - Frunció el ceño y yo sonreí. - Relájate, tengo todo bajo control.
– No lo parece, no si sigues siendo golpeada por Naraku. - Mi sonrisa se esfumó al instante. - Lo conoces mejor que yo, sabes que la violencia irá escalando a pasos agigantados si no te comportas.
– Eso no volverá a ocurrir, mi padre no volverá a ponerme una mano encima.
– Ah, déjame adivinar, ¿Él te lo prometió?
– No, es algo que yo he decidido. - Exclamé segura de mis palabras. - Iré a dormir una siesta, tengo cosas que hacer más tarde.
– ¿Ah sí?
– Mhmm. - Confirmé mientras caminaba y masticaba un trozo de mi pan. - Tú no estás invitado, lo siento.
– Eso no lo decides tú. - Exclamó siguiéndome de cerca. Me giré abruptamente para enfrentarlo, sin embargo choqué de lleno con su cuerpo. Sentí sus manos sujetarme hábilmente por las caderas para evitar mi caída. - ¿Lo ves? Claramente no puedes cuidarte a ti misma.
– Kouga… - Musité y me estiré de puntillas para hablar cerca de su oído. Sentí su corazón acelerarse con mi cercanía. - Quítame. Las manos. De encima. - Lo empujé hacia atrás y seguí mi camino hacia el segundo piso.
Cerré la puerta tras de mí, quité mis tacones de a saltitos y los lancé por allí antes de lanzarme a mi misma a la cama. Arrugué el edredón bajo mis manos una y otra vez, cuestionando todo y nada a la vez. Pronto mis párpados se tornaron pesados y me rendí a voluntad, agotada de tantas emociones en tan poco tiempo.
'
– Ka-go-me - Su voz suave y femenina resonó fuerte y clara a mis espaldas. - Me parece que ya te he dicho suficientes veces que no te escondas en mi jardín.
Las rosas rojas a mi alrededor formaban una burbuja verde que funcionaba como un escondite perfecto. Inspiré profundamente e incluso pude sentir el aroma a tierra y flores invadir mis sentidos en la oscuridad.
De pronto la luz del sol apareció de golpe cuando mi madre separó las ramas y me hizo cerrar los ojos cuando estos tardaron en acostumbrarse.
– ¡Te encontré! - Sus manos me levantaron y al segundo siguiente mi mejilla se apoyó en su pecho, permitiéndome sentir los latidos de su corazón por un instante. - ¡Cariño! te has cortado con las espinas.
Sus dedos limpiaron mis mejillas y el ardor de los cortes dolió por un segundo. Levanté mi vista y admiré como la luz suave del sol acariciaba su rostro, resaltando el color chocolate en sus ojos tristes, siempre tristes.
– ¿Por qué te escondes?
– Papá quiere que lo acompañe. - Respondí aferrándome a su blusa color azul.
– ¿Y no quieres hacerlo? - Negué con la cabeza. - ¿Y eso por qué?
– Papá suele matar a sus amigos. - La sonrisa se borró de su rostro.
– ¿Has visto eso?
– Me hace verlo todo el tiempo. - Su ceño fruncido casi juntó sus finas cejas. - Prefiero quedarme aquí contigo. - Me sonrió.
– Me encantaría pequeña, pero sabes que hoy tengo un viaje importante, viaje que por cierto, estás retrasando.
– ¿Y si vas mañana?
Suspiró y me bajó con cuidado, dejándome apoyar mis pies en el suelo y extendiendo su mano para tomar la mía.
– Eso pondría muy tristes a quienes me esperan ¿Y no queremos que eso suceda, no? - Guardé silencio y simplemente negué con la cabeza.
Caminamos juntas por unos segundos.
– ¿Y si voy contigo? - Pregunté buscando soluciones y sólo escuché otro suspiro de sus labios.
– No puedes, Kag. - Un pequeño apretón de su mano alrededor de la mía y luego se agachó frente a mí para igualar mi altura. De inmediato una sonrisa cálida surcó sus labios. - No te preocupes, para mañana me tendrás de vuelta y hablaré con tu padre, no volverás a ver cosas que te asusten.
'
Mis ojos se empeñaron en mantenerse cerrados, pero me obligué a abrirlos en el instante en que aquel recuerdo cálido se tornó frío, cuando mi madre entró de vuelta en la mansión y los gritos no tardaron en aparecer al comenzar a discutir con mi padre. No había vuelto a verla después de eso, su avión nunca había llegado a destino y se había perdido para siempre tanto su esencia como sus restos.
Para alguien con tantos recuerdos de mierda como aquel, la frialdad solitaria y silenciosa de mi habitación era un alivio, la prefería mil veces por sobre reencontrarme con los monstruos de mi pasado.
Permanecí allí, sentada en la cama con la luz anaranjada del atardecer filtrándose a través del ventanal y las cortinas, disfrutando del silencio a mi alrededor. Miré la hora en el reloj sobre la mesita de noche y comprobé que eran cerca de las 20:00, lo que significaba que había dormido al menos seis horas, consumida por completo en el estrés.
Me puse de pie y miré mi reflejo en el espejo, comprobando que las marcas en mi mandíbula habían desaparecido por completo y que ya no había rastro de dolor punzante cuando abrí la boca para hacer la prueba.
Mis decisiones parecían arriesgadas, yo podía darme cuenta de eso. La voz de mi conciencia resonó con fuerza e incluso medité por varios minutos la idea de fingir demencia y plantar a Sesshomaru Taisho, sin embargo descarté la opción cuando admití a mi pesar que en realidad si necesitaba ayuda, después de todo alguien estaba intentando destruir no sólo a mi familia, si no también a la de ellos.
Caminé restregando mis ojos hacia el baño, preparé las toallas y dí el agua caliente para llenar la bañera, relajándome al instante cuando el vapor comenzó a llenar el lugar en una capa espesa y sofocante. Tomé mi cabello para no mojarlo y me senté desnuda en el agua soltando un suspiro cuando la calidez me envolvió. Apoyé mi mentón en el borde y miré hacia el vacío, perdida en mis propios pensamientos.
*Flashback*
– ¿Qué quieres ser cuando crezcas, Kagome? - La profesora que había sido contratada para darme clases particulares me sonrió sentada frente a mí.
– Bailarina de ballet. - Exclamé abriendo mis brazos y girando en mi posición. - ¡Quiero bailar en los escenarios más grandes del planeta!
Ella aplaudió frente a mí.
– ¿Se lo has dicho a tus padres? - Mi felicidad se esfumó al instante y negué con la cabeza.
– Mis padres tienen otros planes para mi. - Exclamé. - No creo que les importe.
– Jamás lo sabrás si no lo intentas.
*Fin de flashback*
En ese entonces no comprendí la expresión en su rostro, pero al recordarla en mis memorias pude dilucidar rapidamente la lástima reflejada en sus ojos y el como había cambiado de tema abruptamente por otro mas liviano. Aquella niña inocente se había armado de valor para enfrentar a sus padres y contarles de sus sueños, sin embargo había recibido gritos en recompensa por su valentía. Nunca tuve la oportunidad de intentarlo, y a mis 21 años parecía demasiado tarde para comenzar. Apenas estaba comenzando la adultez, sin embargo por algún motivo sentía que era tarde para intentar cualquier otro rumbo en mi vida.
Nunca has sido dueña de tu vida. Exclamó hiriente mi subconsciente y yo sólo suspiré.
No recordaba la última vez que había tomado una decisión por mí misma, probablemente porque nunca lo había hecho. Y eso era lo más atractivo de formar una alianza con los enemigos de mi familia, que sin importar ese gran e importante detalle, al menos tenía la opción de decidir si lo hacía o no.
Y quería hacerlo, quería conectar con alguien fuera de esta mansión de mierda, quería equivocarme y lidiar con problemas propios.
Estás siendo infantil. Replicó mi mente y yo sólo sonreí.
Sólo tenía algo absolutamente claro: y era que mi apariencia no podía ser olvidable, no si me dirigía a la boca del huracán a voluntad.
Salí de la bañera estilando agua hasta envolverme en una de las toallas y caminé hacia mi closet. Escogí un vestido de tirantes con un escote simple y brillantes adosados a la tela. Lo que destacaba en él era principalmente la espalda, completamente descubierta y el como la tela se ajustaba como segunda piel a mi cuerpo. Era consciente de que la sensualidad era un arma poderosa en un mundo tan oscuro y estaba dispuesta a utilizarla si era necesario. Dejé mi cabello en completa libertad de expresión y coloqué accesorios dorados para destacar. Amarré mis zapatos de tacón a mis tobillos, maquillé mis ojos con sombra oscura para hacerlos lucir más claros y me miré por última vez en el espejo, conforme con mi reflejo mientras ajustaba las correas de la funda de mi arma en mi muslo, asegurándome de tener municiones suficientes en caso de necesitarlas. Bajé las escaleras lista para subir a mi auto, aunque fui interrumpida de lleno cuando uno de los guardaespaldas de mi padre me detuvo a mitad de camino.
– Lo siento, pero su padre me ha dado la indicación de no dejarla salir esta noche, señorita. - Fruncí mi ceño.
– Tengo 21 años, mi padre ha olvidado al parecer ese pequeño detalle. - Intenté esquivarlo una vez más, sin embargo se movió a la par conmigo.
– No me obligue a usar la fuerza, no cuando tengo el consentimiento de hacerlo.
Suspiré y demostrando mi nula paciencia saqué rápidamente mi pistola de la funda de cuerina que se pegaba a mi muslo, apuntando directamente a la cabeza de mi obstáculo.
– ¿Tienes el consentimiento para defenderte de una bala en la cabeza, estimado Tomás? - Sonreí mientras quitaba el seguro y el cañón rozaba su frente. - Muévete.
Vi en sus ojos que sabía perfectamente que no bromeaba. Levantó sus manos poco a poco y nos movimos en una pequeña danza coordinada hasta que dejó mi camino libre.
– Dile a mi padre que la próxima vez que intente tratarme como una niña voy a matar a todo su equipo de guardaespaldas. - Caminé hacia mi auto sin miedo a ser detenida.
– Intenta moverte en ese auto y verás como fallas miserablemente. - Exclamó Kouga a mis espaldas.
Me giré a mirarlo por sobre mi hombro, me sonrió con sorna desde su posición, mientras hacía girar con destreza un punzón metálico en su mano derecha. Al comprender a qué se refería miré con pánico las ruedas de mi Porsche, todas y cada una de ellas pinchadas y desinfladas.
La rabia explotó en mi interior, haciendo hervir mi cuerpo desde adentro hacia afuera. Con toda esa energía desbordante me acerqué a pasos rápidos hasta alcanzarlo y di una bofetada con todas mis fuerzas sobre su rostro, el que se giró hacia un costado con el golpe seco.
– ¡Nadie te paga para otorgarte el derecho de faltarme el respeto, Wolf! - Su sonrisa no se borró en ningún momento de sus labios.
– Tu padre lo hace.
– Idiota, Tu da che parte stai? (¿De qué lado estás?) - Exclamé molesta.
– Se decidi di non fidarti di me, chiaramente non sono dalla tua parte (Mientras decidas no confiar en mí, claramente no del tuyo) - Musitó cerca de mi rostro.
– Puedo escapar de tus garras con facilidad.
– Siempre puedes intentarlo, me importa una mierda si tengo que arrastrarte de vuelta. - Nos mantuvimos en un duelo de miradas que corté de forma anticipada y suspiré caminando de vuelta a la mansión.
– Ven a mi cuarto, ahora. - Ordené.
Sentí sus pasos siguiéndome de cerca, entró en mi habitación y yo cerré la puerta cuando ambos estuvimos en el interior. Puse mis manos sobre mis caderas y él me miró serio en su posición, cruzándose de brazos mientras esperaba mis palabras.
– Voy a trabajar en una alianza temporal con el mayor de los Taisho. - Exclamé de golpe y su ceño se frunció rápidamente. - Déjame explicar antes d…
– ¡¿Perdiste la cordura?! - Me interrumpió. - ¡Van a matarte!
– No seas melodramático, Kouga.
– ¿Melodramático? ¿Te das cuenta de que estás jugando con los mayores enemigos de tu familia? ¡¿Qué pasa con tu instinto de supervivencia Kag?!
– ¿Vas a escucharme?
– ¡No! ¡Esto es irracional Kagome, no puedes pret…
Me acerqué rápidamente cuando su tono de voz se alzó cada vez más y posé mis dedos sobre sus labios, sabiendo exactamente que mi cercanía lo mantendría en silencio con facilidad. Los hombres eran increíblemente predecibles.
– No grites, por favor. - Suspiró. - Necesito que me escuches. - Me miró fijamente por algunos segundos en que probablemente su mente se debatió en qué hacer, sin embargo asintió. - Sesshomaru Taisho me ha ofrecido trabajar en equipo para encontrar a quién está robando los archivos.
– ¿Y estás segura de que no son ellos?
– Tengo una corazonada. - Puso los ojos en blanco. - Tengo una reunión ahora y tomaré una decisión después de verlo. Necesito que confíes en mí.
– No voy a dejar que te expongas de esa manera, va contra todos mis principios y mis labores como guardaespaldas.
– No te estoy pidiendo permiso, no deberías olvidar que quien toma las decisiones aquí s… - Y entonces sucedió algo que no esperaba en lo absoluto.
Sus brazos me envolvieron de forma abrupta y protectora, atrayéndome a su cuerpo de un solo movimiento rápido, apretándome allí como si su vida dependiera de ello. El silencio en la habitación me permitió escuchar su respiración acompasada y mis manos se aferraron a su camisa, en un principio con intención de alejarlo y sin embargo la calidez fue tan agradable que sólo lo atraje más cerca.
¿Cuándo había sido la última vez que alguien me había abrazado? Ni siquiera era capaz de encontrar ese recuerdo en mi memoria.
– Estoy harto de ver como te lastiman... - Musitó contra la raíz de mis cabellos. - Deja de meterte en problemas, deja de provocar la furia de tu padre.
– Van a ayudarme a encontrar al responsable del caos, eso calmará a Naraku.
– Yo puedo ayudarte con ello. - Sonreí y me alejé de su regazo para mirarlo de frente.
– No, no puedes. - Tomé su rostro entre mis manos y lo miré fijo. - Déjame tomar mis propias decisiones, déjame equivocarme de ser necesario.
Guardó silencio y asintió.
– Entonces déjame ir contigo.
– No puedo llevarte conmigo.
– Entonces no hay trato. - Fruncí mi ceño.
– Okey, tú ganas. - Me sonrió triunfante y caminó hacia la puerta, abriéndola para mí.
Caminamos fuera de mi habitación y lo sentí seguirme como un perrito faldero a mis espaldas. Nuevamente apareció Tomás y su séquito de idiotas obstruyendo el camino en la puerta principal de la mansión. Abrí mi boca para protestar, sin embargo Kouga se me adelantó.
– La señorita Russo saldrá con mi compañía, yo me encargaré de mantenerla a salvo. - Exclamó enfrentándose al resto de los guardias.
– Pero su padre dijo q…
– Su padre me ha encomendado su bienestar a mí, y eso es de lo que voy a asegurarme. - Lo hizo a un lado con uno de sus brazos y sonreí conforme, aguantando mis impulsos infantiles de sacar mi lengua y burlarme como una niña pequeña.
Nos subimos en uno de los tantos autos a su disposición como guardaespaldas y ajusté mi cinturón de seguridad cuando encendió el motor.
– Tú nos guías. - Exclamó.
– Primero necesito pasar a un minimarket. - Exclamé intentando sonar lo más convincente posible.
– ¿Por?
– Hmm, no necesitas saberlo…
– En realidad si lo necesito o no nos moveremos de aquí. - Suspiré.
– Dios, me llegó mi periodo y necesito comprar una caja de tampones, ¿Quieres ver cómo sangro y mancho todo o mi palabra es suficiente para que confíes en mí? - Vi la incomodidad aparecer al instante y el cómo puso el pie en el acelerador hasta pisar fondo.
Al llegar estacionó con sus luces intermitentes.
– ¿Quieres que te acompañe? - Preguntó.
– ¿No puedes ir tú por mi? De verdad mi vientre me duele un montón. - Hice una mueca y asintió.
– ¿Estás segura de q… - Tomé el impulso suficiente para acercarme a su rostro y besar su mejilla, lo más cerca que pude de su comisura.
Sentí su corazón latir desbocado en una arritmia intensa y el como sus ojos azulinos me miraron fijamente.
– Esto significa mucho para mí. - Musité sin alejarme, mirando fijamente sus labios y luego sus ojos. - Por favor.
Asintió luego de unos segundos.
– Enciérrate en el auto.
– Por supuesto.
Se bajó y me dejó las llaves. Lo vi desaparecer en el interior del local y sonreí al cumplir mi objetivo con mis mentiras. Me cambié de un solo movimiento al asiento de conductor y encendí el motor para salir de allí antes de que él volviera. Me dolía un poco mentirle, pero él iba a superarlo tarde o temprano.
'
Aceleré hasta que la aguja del velocímetro marcó los 150 kilómetros por hora e hice un par de giros inesperados en calles pequeñas siguiendo el gps. Estacioné a unos cuantos metros e Identifiqué el bar de inmediato por sus luces de neón rojas e intensas, con algunas letras en japonés que formaban la palabra "Gekko" en lo alto de su estructura, con un reptil igual de brillante. En la entrada un guardia me detuvo con su cuerpo.
– ¿Nombre completo? - Me tensé de inmediato, sabiendo que el sólo pronunciar mi apellido podía costarme la cabeza. Guardé silencio y el sujeto rápidamente perdió la paciencia. - Nombre o te vas.
– Kagome. - Musité bajito.
– ¿Kagome… - Por supuesto, con el nombre no sería suficiente.
– Russo. - Levanté mi barbilla con orgullo. Me esperaba el cambio radical en sus ojos cuando se llenaron de odio y me obligué a no bajar la vista.
– Fuera de aquí feccia italiana (escoria italiana) - Estaba lista para matarlo, ¿Quién mierda se creía que era? nadie me decía escoria y vivía para contarlo.
– No tratamos de ese modo a los invitados, Rui. - La voz severa de Sesshomaru Taisho apareció de la nada. Sus ojos me miraron y abrasaron con fuego intenso. - Menos a los invitados importantes como Kagome Russo.
Me sorprendió como el aspecto corpulento e imponente del pobre Rui se redujo a cenizas con la voz del peliplata. Sólo se limitó a asentir y dar un paso al costado. El rostro perfecto del mayor de los Taisho me dio una sonrisa escueta y movió sus manos en un gesto de bienvenida al hacerme pasar.
– ¿Ha sido muy difícil llegar? Te has retrasado un poco. - Preguntó mientras nos deslizábamos a través de la multitud.
– No, el problema son y siempre serán los guardaespaldas de mi padre. - El ruido de la música ambiental y las risas intensas me perturbaron un poco.
– Avísame la próxima vez, puedo ayudarte con ello. - No pude imaginar cómo podría ayudarme, pero asentí.
Subimos una escalera sofisticada de cristal para llegar a la planta superior que asumí por la privacidad y el aislamiento de sonido que era el área VIP. Mi cuerpo se tensó de inmediato cuando distinguí a otro peliplata sentado allí con su aire arrogante, con una chica sentada a su lado. Como siempre su traje se pegaba a su silueta corpulenta y su cabello iba suelto, dándole el toque exótico que lo caracterizaba.
– Prometí que mi hermano no estaría invitado y cumpliré con ello, él no estará presente en nuestra reunión.
¿Quién era esa chica? De aspecto elegante, cabello rubio ceniza, tomado en una coleta alta y sofisticada, vestida con un vestido blanco de detalles dorados brillantes, tan ajustado como el mío, el que exponía sus tonificadas y largas piernas que culminaban en zapatos de tacón dorados. Los ojos de mi nuevo archienemigo no cedieron en nuestra guerra silenciosa de miradas, ni siquiera cuando se acercó al oído de la chica para decir algo en secreto.
Sesshomaru siguió avanzando y yo le seguí de cerca hasta que entramos en una pequeña oficina, donde había un par de sofás de cuero y una mesa de centro de cristal. Lo vi cerrar la puerta tras nosotros y sentarse frente a mí.
– Entonces… Cuéntame un poco más de ti y de tus labores Kagome Russo, ¿Eres tú quien lleva la ciberseguridad de tu padre? - Asentí. - Asumo por ello que tienes el título de informática.
– Siempre he sido buena con las cosas que incluyen un poco de tecnología y programación, se me da fácil y mi padre vio una oportunidad en ello. - Asintió mientras tomaba una botella de cristal que contenía un licor ambarino.
– ¿Tomas whisky? - Permaneció a la espera de mi respuesta, con la botella inclinada sobre uno de los vasos. Volví a asentir, aunque en realidad mi costumbre con el alcohol no era demasiada.
Deslizó el vaso hacia mí a través de la superficie pulida de la mesa, lo levante para llevarlo a mis labios y bebí un sorbo demasiado grande que avanzó quemando todo a su paso a través de mi garganta, haciéndome arrugar la nariz en efecto inmediato. Sesshomaru sólo me sonrió.
– ¿Sabes qué archivos específicamente fueron robados de tu padre? - Asentí.
– Estuve revisando las carpetas en mi computador y encontré algunos archivos corruptos, los que aumentan cada día. - Frunció su ceño.
– ¿Y sabes el contenido de esos archivos? - Sonreí.
– Protejo la información de mi padre, pero jamás la he leído, no tengo la autorización para hacerlo. - Asintió.
– ¿Y qué más haces por Naraku?
– Me encargo de los asuntos importantes cuando él no puede.
– ¿Te manchas las manos con sangre también?
– Sólo cuando es necesario. - Asintió.
– ¿Y por qué no se encarga él de esos asuntos más peligrosos? ¿Por qué recae tanta responsabilidad en una mujer de apenas 21 años?
– Mi padre es fiel a su ideal de prepararme para la vida y para ser quien mantenga a la familia en lo más alto cuando sea necesario, confía en mí.
Asintió y bebió un sorbo de su propio vaso.
– Comprendo. ¿Y tu madre? - Mi cuerpo se tensó de inmediato y me crucé de brazos.
– No creo que sea necesario hablar más de mi vida personal. - Corté y él me sonrió.
– Lo siento, tienes toda la razón. - Se puso de pie y caminó por el lugar, demostrando confianza y comodidad. - ¿Qué sabes de la historia entre los Taisho y los Russo?
– No mucho en realidad. Sé que su alianza se cortó hace quince años y que desde entonces nos odiamos a muerte.
– ¿Sabes qué fue lo que desencadenó el fin de la alianza? - Guardé silencio y fue respuesta suficiente. - Cuando mi padre quiso separar caminos, tu padre atentó contra la vida de mi madre y abusó de ella.
Mis ojos se abrieron por la sorpresa, pues hasta entonces no había escuchado de ello. A pesar de ello no era idiota, sabía que era algo que mi padre podía hacer a ojos cerrados. Me erguí en mi asiento, incómoda por ser la hija de quien parecía ser el villano de la historia.
– No hay pruebas de ello. - Musitó la parte de mí que siempre intentaría defenderlo.
– Y créeme cuando te digo que ese es el único motivo por el que Touga Taisho no quemó vivo a Naraku en ese entonces. Aún así, tampoco hay pruebas que lo dejen como un hombre inocente. Mi madre tiene una cicatriz en forma de araña en su brazo desde entonces y ambos sabemos que ese es el emblema oficial de tu familia. - Mi pequeño tatuaje de araña bajo el costado de mi seno derecho quemó con intensidad cuando pronunció esas palabras.
– Confío en que mi padre no es así.
– ¿Pondrías las manos al fuego por él? - Asentí de inmediato. - Y eso es lo que se espera de ti, porque la familia es primero y así mismo la lealtad hacia los nuestros. - Suspiró y bebió un sorbo más. - En fin, obviamente luego de ese horrible incidente las relaciones se cortaron por completo y decidieron incluso dominar en países distintos, ustedes en Italia y nosotros en Japón. Las cosas se habían mantenido bastante tranquilas hasta ahora, sin embargo en las sombras siempre habrá gente deseando nuestro poder, buscando la forma más rápida para conseguirlo y esa es…
– Acabando con ambas familias. - Completé.
– Exacto. Eso te deja de inmediato con dos países listos para ser gobernados y mucho mejor si es que ambas familias se matan entre ellas. Comprendo eso, el ansia de poder y el plan, sin embargo han involucrado a mi hermano y no dejaré pasar por alto esa falta de respeto. - Se acercó y se inclinó sobre mí. - Esa es la única razón por la que tú y yo trabajaremos juntos, tu padre podría hundirse en su miseria y a mi no me importaría en lo absoluto.
– Entonces tu motivación principal para ayudarme es…
– Venganza. - Contestó de inmediato. - Y mantener un equilibrio, como dije antes. No tenemos intenciones de atacar contra el imperio de tu padre mientras se mantenga lejos del nuestro.
Asentí.
– ¿Y cómo confío en ti? - Pregunté.
– Porque te doy mi palabra, y la palabra de un Taisho es suficiente.
– ¿Y tu hermano?
– ¿Qué hay con él?
– ¿Cómo sé que no actuará por su cuenta? - Me sonrió.
– Por supuesto que has notado lo impulsivo que puede llegar a ser Inuyasha, pero pese a ello no te confundas, no es idiota, todos velaremos por lo que mas nos convenga, yo me encargaré de eso.
– ¿Y hay alguien en particular que quiera a tu hermano muerto?
– Pff… Jamás terminaría de contar. - Me reí. - El problema es cuando las ganas se convierten en acciones, eso es lo que no estoy dispuesto a permitir.
– Dame una lista de enemigos principales, buscaré más información sobre ellos.
– Perfecto, eso tendré que hablarlo con Inuyasha. Si necesitaras un lugar tranquilo para trabajar, puedo ofrecer mi departamento. - Exclamó de pronto.
– ¿Para mantenerme vigilada? - Se encogió de hombros, sin embargo no negó mis suposiciones. - Mi padre me vigila, Taisho, no me parece que sea una idea inteligente.
– Sé que la agenda de tu padre incluía un viaje al extranjero en estos días, un viaje de un par de semanas. - Estos idiotas sabían tanto de mi familia que me asustaba. - Tienes tiempo suficiente para investigar tranquila mientras te encargas de los otros asuntos que tu padre te encargue en su ausencia. Por mi parte ten por seguro que en esta alianza sólo rastrearás información, no te expondré al peligro si las cosas se ponen… intensas.
– ¿No quieres que me manche las manos? - Su cabeza se ladeó hacia un lado, mientras me miraba con atención.
– ¿Por qué querría eso? Es innecesario exponerte de ese modo. - Bajé mi mirada a mis manos, el trato de mis enemigos era tan distinto al de mi padre que de pronto me hacía sentir incómoda.
– ¿Y el problema de mis guardaespaldas? - Suspiró y meditó sus opciones.
– ¿Te complica mucho trabajar de noche? Puedo enviar a alguien por ti después de que oscurezca y sacarte de tu mansión para devolverte antes del amanecer. De ese modo todos pensarán que duermes en tu habitación. Será pan comido.
Levanté mis cejas y asentí, parecía un buen plan después de todo. Había cámaras en toda la casa, pero todas ellas estaban bajo mi control.
– Perfecto. - Sacó una tarjeta del bolsillo interno de su blazer y me la entregó. En ella aparecía su número de contacto y la dirección que necesitaba.
– ¿Tienes alguna duda adicional que pueda contestar?
– No por ahora.
– ¿Necesitas que te lleve a tu casa? - Esa fue su manera sutil de dar por terminada aquella reunión, mientras escribía algo en su celular.
– No es necesario, vine en mi auto. - Asintió y me ofreció su mano para ayudarme a incorporarme de mi asiento.
– Eres libre de quedarte el tiempo que desees en el bar, nadie va a molestarte. - Su mano envolvió la mía con suavidad extrema, demostrándome lo pequeña que era contra él.
Abrió la puerta de aquella oficina y aclaró su garganta cuando la primera imagen que se nos presentó fue a Inuyasha Taisho besando fervientemente a la chica rubia de antes, con ella inclinada con todo su cuerpo sobre el de él. Pude notar como sus grandes manos la abrazaban posesivamente por la cintura, arrugando con ello parte de la tela del vestido.
– Modales, Inuyasha. - Exclamó Sesshomaru y yo permanecí con un rostro neutro, sin saber realmente que hacer o qué decir.
Si se trataba de ser honesta, en mis 21 años no había adquirido mucha experiencia en el ámbito de las demostraciones de cariño entre hombre y mujer, de hecho, había tenido apenas una experiencia sexual que había sido un asco y muy poco memorable, pues la imagen imponente de mi padre era lo suficientemente poderosa como para aterrar a cualquier pretendiente. Fue por ello que me sorprendió cuando mi instinto inexperto me dijo a gritos que aquel peliplata exudaba dominancia y sexo en una misma oración. Sentí mis mejillas a punto de traicionarme y bajé la vista a mis pies, esforzándome por no dejarme en evidencia.
– Te ves un poco alterada, señorita Russo. - Y sabiendo que había fallado completamente en el momento en que el menor de los hermanos abrió la boca para burlarse de mí abiertamente.
– Me asquean un poco las escenas tan efusivas fuera de lugar. - Exclamé y su sonrisa arrogante mientras pasaba sus dedos por su labio inferior me provocó escalofríos instantáneos. Desvié mi mirada a la mujer, intentando concentrarme. - Tu labial barato se corrió, justo allí. - Exclamé indicando sobre mi cara para que la pelirrubia se limpiara.
La chica me miró con desdén mientras se limpiaba y luego acomodaba la tela de su vestido a tirones.
Seguí avanzando bajo la mirada atenta de Inuyasha, sintiendo sus jodidos ojos dorados como dagas sobre mi cuerpo. Caminé hasta la barra del bar, donde un sujeto de aspecto juvenil me sonrió.
– Hola bonita, ¿Qué puedo servirte?
– Ahm… - Por supuesto, no sabía el nombre de ningún puto trago. - ¿Tienes gin?
– Puedo prepararlo con agua tónica o seco con hielo, ¿Qué prefieres?
– Con agua tónica.
– Perfecto. - Mientras abría la botella de gin me miró con atención. - ¿Cuál es tu nombre?
¿Aquel era un intento de sociabilizar o de sacar información?
– Kag. - Exclamé.
Aquel era mi sobrenombre de confianza, aquel que sólo algunas personas afortunadas podían utilizar, sin embargo en un entorno hostil prefería omitir mi apellido, pese a que siempre solía llevarlo con orgullo.
– Bonito nombre. - Alagó mientras me daba la espalda y seguía en lo suyo.
– Gracias. - Exclamé sintiéndome un poco incómoda. Me extendió el vaso y bebí del sorbete.
Mi celular sonó de pronto de forma insistente entre mis manos y si bien lo ignoré las primeras dos veces, la tercera fue suficiente para hacerme comprender que tal vez era importante. Contesté sin mirar.
– ¡¿Dónde mierda estás?! - La voz de Kouga sonaba exaltada.
– Te dije que eras pésimo en tu trabajo. - Respondí. - Estoy a salvo, no te necesito.
– Kag, no estoy jugando, los guardaespaldas en la casa están vueltos locos, han llamado a tu padre.
– Mi padre no puede hacer demasiado desde el extranjero, Kouga.
– ¿Entiendes que estás a mi cargo, no? Van a matarme si no vienes aquí ahora mismo.
– Llego en una hora. - Y corté.
– Hmm ¿Kouga es el nombre de algún novio sobreprotector? - Su voz ronca cerca de mi oído provocó un pequeño latido errático de mi corazón. - Cuidado con el gin, tiende a subir rápidamente a la cabeza.
Me giré para enfrentarlo e Inuyasha me miró sonriente, disfrutando de hacerme sentir incómoda, sin alejarse, invadiendo mi espacio personal otra vez.
– Sé lo que estoy bebiendo, gracias.
– No has contestado mi pregunta. - Se mantuvo de pie a mi lado y llamó al mesero con un movimiento de su mano. - Quiero uno para mí también, pero seco. - Exclamó y el sujeto consintió sus órdenes de inmediato.
– Wow ¿Tampoco me dejas beber tranquila? - Exclamé sarcástica y al instante una risa ronca abandonó sus labios, tan encantadora y melódica que incluso me nubló un poco. Su postura era despreocupada, con su camisa doblada por las mangas y las manos en los bolsillos, dejando en evidencia ese aire arrogante una vez más.
– Hiciste enojar a mi acompañante y se ha ido indignada junto con mis planes para esta noche, creo que eso te obliga a soportar mi compañía unos minutos.
– ¿Por lo de labial barato? - Sonreí y él me miró serio.
– ¿Quién es Kouga?
– ¿Por qué te importa tanto? - Se encogió de hombros.
– Soy curioso por naturaleza.
– Felicitaciones por ello, pero ese no es mi problema. - Bebí otro sorbo de mi trago y admiré el diseño de los tatuajes que cubrían sus antebrazos. - ¿Tus tatuajes tienen algún significado? - Pregunté perdida en las flores de tinta oscura que se enredaban en su piel.
– Tal vez.
– ¿No me lo dirás?
– No tienes mi confianza para conseguir esa respuesta. - Musitó sin mirarme.
– Entiendo, mantener la vibra de chico misterioso es demasiado importante para ti, supongo que tampoco habrá más respuestas para tí. - Volví a beber, feliz cuando me miró indignado.
– ¿Siempre eres tan molesta? - Preguntó.
– Sólo con la gente que desprecio. - Respondí, recordando sus palabras de la mañana y me sonrió.
– Eso realmente te ha dolido ¿ah? - Guardé silencio, en realidad no me dolía, pero me llamaba la atención tanto odio irracional y de dónde venía. - Tu ego no soporta la idea de que alguien te deteste tanto.
– ¿Por qué me detestas?
– Porque quiero. - Respondió.
– ¿Entonces por qué no puedes dejarme tranquila? - Me miró y al instante se acomodó más en su asiento.
– Porque este bar es mío y voy a sentarme donde se me dé la jodida gana.
Mordí mi lengua para no caer en su juego de mierda y me puse de pie con mi copa entre las manos. Estaba lista para una salida triunfal, pero apenas intenté dar un paso el piso pareció hundirse bajo mis pies, como si hubiera perdido su dureza y se hubiera transformado de pronto en un acumulo de algodón suave y esponjoso. Me afirmé de lo que tenía a mano para no caer, que resultó ser el hombro de Inuyasha Taisho. Mi visión se tornó borrosa y comencé a sentir los latidos acelerados de mi corazón subiendo por mi garganta. Supe que todo se había ido al carajo cuando miré una de mis manos y conté 10 dedos en vez de 5.
Mierda, esto tenía que ser una broma.
¿Apenas un sorbo y ya estaba ebria? No, no tenía sentido, mi sangre demoníaca debía permitirme beber al menos cinco copas de gin para sentir apenas un subidón. Me esforcé en dar un paso adicional, sin embargo mis piernas se tornaron tan inservibles como dos trozos de tela y perdí el equilibrio. Su mano cálida me sujetó por la muñeca con poca delicadeza, pero salvándome de azotar mi cabeza contra el suelo.
– Te dije que tuvieras cuidado con el gin. - Exclamó Inuyasha. Me miró con burla reflejada en sus ojos, sin embargo la sonrisa se borró de su rostro cuando no recibió respuesta de mis labios. Dio un nuevo tirón brusco para acercarme a su cuerpo, mis manos se apoyaron en su pecho y sentí sus dedos índice y pulgar de su mano libre sobre mis párpados para abrirlos y analizarlos de cerca. - Mierda.
Rápidamente quitó la copa de mis manos y la llevó a su nariz, vi sus fosas nasales expandirse y sentí su brazo derecho abrazarme por la cintura, mientras yo escondía mi rostro en su cuello, demasiado ajena de la realidad. El aroma de su perfume me agradó, sin embargo se tornó increíblemente intenso con el pasar de los segundos.
Me sentía en un pésimo viaje.
– Oye tú, ven aquí. - Le escuché decir. - Tú serviste esta copa.
– No señor, sólo serví la suya. - Respondió el mesero y una risa ronca vibró en el pecho de mi improvisado y muscular bastón.
– No fue una pregunta, fue una afirmación. - Exclamó severo. - Bebe de esta copa. - Ordenó.
– No creo que sea adecuad…
– Vas a beber, ahora. - Su voz seguía siendo tan adictiva como siempre pese a lo amenazador del fondo.
Pasaron algunos segundos, o eso estimó mi mente. De pronto su cuerpo se movió sin soltarme y utilizó su mano libre para tomar al mesero por el cuello.
– ¡Inuyasha! - Una nueva voz femenina apareció. - ¡Suéltalo!
Sentí mi cuerpo ser abandonado y golpear contra uno de similar contextura.
– Llévatela a la oficina de Sesshomaru, ahora.
La expansión sensorial que me golpeó de pronto fue por poco decir abrumadora. Sentí como alguien me arrastraba como peso muerto a través de la gente, sentí el ruido de la música ambiente hacer eco en mis oídos y de pronto silencio y la comodidad de algo muy suave contra mi piel. Mis garras se aferraron a ello con todas sus fuerzas, porque era lo único que me hacía sentir relativamente segura ante la lluvia de sensaciones, olores y sonidos. Comencé a hiperventilar y sentí un par de palmaditas en mi cara.
– ¡No te duermas por nada del mundo! - Escuché esa voz femenina una vez más, sin embargo el hormigueo se extendió de mis piernas a mis brazos y ya no quise seguir escuchando.
'
Inuyasha
Mi respiración agitada por el subidón de energía fue lo único que rompió el silencio en aquel callejón oscuro a un costado del bar. El aroma ferroso se mezcló con el del moho y la humedad.
– Sabes, me encanta ese fanatismo que adquieren los esclavos por los ideales de sus dueños… - Musité mirando al tipo a mis pies. - Pero detesto cuando toman decisiones por su cuenta.
Pateé con fuerza su costado y sonreí conforme al escuchar su quejido y comprobar que aún no estaba muerto. Que aún podía jugar un poco más.
– También detesto cuando hablo solo. - Musité y lo tomé por el cuello.
Para entonces sus facciones estaban irreconocibles por todos los golpes que había recibido su rostro. La sangre brotó de cada uno de sus orificios, incluyendo las cuencas de sus ojos.
– Lo s-sient…
– Kagome Russo es mi presa, te has tomado la libertad de intentar asesinarla, cuando el único que va a terminar con su vida soy yo. - Asintió frenéticamente y yo sonreí. - Oh, ahora lo entiendes… Eso es bueno, aunque un poco tarde.
Torcí su cabeza entre mis manos y el crujir de su cuello me hizo apretar los dientes. Su cuerpo cayó en peso muerto y la sangre comenzó a escurrir por el asfalto.
Mis ojos dejaron de arder cuando el rojo pasó a segundo plano y el dorado volvió poco a poco. Intenté limpiar sin éxito la sangre de mis nudillos y de mis anillos de oro y doblé un poco más las mangas de mi camisa para ocultar las manchas adicionales que destacaban sobre la tela blanca. Caminé de vuelta al club y mis pasos me guiaron en tiempo record hacia la oficina de Sesshomaru; al abrir el aroma a grosellas y caramelo me golpeó con fuerza. Pude ver como Sango tomaba una de las manos de Russo entre las suyas mientras intentaba hacerla entrar en calor con movimientos rápidos.
– ¡Se desmayó hace unos minutos y no logro hacerla reaccionar! - Musitó con pánico en su voz. - ¿Qué has hecho? - Sus ojos sólo se centraron en la sangre manchando mi piel.
– Tranquila, no es mi sangre.
– ¡SE PERFECTAMENTE QUE NO ES TUYA, IDIOTA!
Caminé hacia el baño y lavé mis manos hasta que el agua dejó de teñirse de rojo.
Caminé de vuelta al sofá y me acerqué para mirarla. Sus párpados estaban cerrados por completo, y sus labios sutilmente más pálidos de lo que recordaba. Su respiración era entrecortada y forzada, pero al menos eso me dejaba saber que estaba viva. Aún.
– Escúchame Sango, sé que encomendarte una misión de la nada es un poco confuso, pero esta mujer en particular no puede morir, llévala al departamento de Sesshomaru y acompáñala hasta que recupere la conciencia.
Sus ojos cafés me miraron sin comprender.
– ¿Quién es esta mujer? ¿No te quedarás tú con ella?
– No, me niego a ser su salvavidas todo el tiempo. - Exclamé molesto.
– ¡Soy tu mejor amiga, no la persona que soluciona tus problemas de mierda sin mayor información! - Gritó enojada. - ¿Por qué te importa tanto que viva? - Su mirada inquisidora era potente, lo suficiente como para dejarme en claro que no se quedaría tranquila sin una respuesta.
– La chica a la que sujetas de la mano es Kagome… Russo. - En efecto reflejo soltó la mano de la azabache como si quemara. - No puede morir, al menos no aquí en nuestro club e idealmente tampoco fuera de este, sabes que Sesshomaru está demasiado empeñado en hacer una alianza temporal, si eso se jode va a matarnos a todos.
