ENTRE PROMESAS ROTAS
¡Hola! Nueva actualización. :)
- Rocio K. Echeverria: ¡Hola! ¡Me encanta tu entusiasmo! Pero me encanta más dejar la intriga al final de cada cap. Jaja :D Kag está pasando por un momento complicado, ¡Lo sé! Pero tranquila, ya veremos lo que en verdad está sucediendo en la cabeza de Inuyasha y puede que tu teoría sea cierta :O ¡Gracias por leer! ¡Saludos y espero que este capítulo te siga sorprendiendo!
- Susanisa: ¡Hola! Lo sé, Kagome está pasando por un momento difícil, y la verdad es que Inuyasha no está haciendo las cosas fáciles. ¡La trama se está poniendo intensa! ¡Gracias por leer! La historia sigue, y estoy emocionada de que te esté gustando.
¡Al fin es domingo! Y aquí está un nuevo cap. Espero que lo disfruten ¡El próximo capítulo está en camino y prometo que habrá más emociones y sorpresas! Nos leemos :)
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 3.
KAGOME
Bajamos del auto y una vez frente a la puerta de la casa de mi infancia, volví a replantearme el estar aquí. No sabía si había sido una buena idea, y es que fingir estar bien cuando en realidad no lo estaba para nada era una buena idea.
–Kag –dijo Inuyasha parándose a mi lado.
No quise escuchar lo que iba a decir así que me apresuré y toqué el timbre esperando que mi madre no tardara en abrir. Y cuando lo hizo me quedé muy quieta en mi lugar.
–¡Oh, cariño! –exclamó lanzándose a mí– No puedo creer que estás aquí.
–Yo también te extrañé mucho mamá –le dije correspondiéndole el abrazo.
Se separó solo para mirar con una sonrisa al hombre junto a mí.
–Y para mí no hay abrazo Yukiyo –bromeó.
–Pero claro que sí cariño.
Y entonces se lanzó con cariño a los brazos de Inuyasha. No dejé pasar la oportunidad y aproveché para escabullirme y adentrarme hasta la sala, en donde para mi sorpresa una emocionada y feliz Sango me esperaba con una sonrisa llena de entusiasmo.
–¡Kag! –chilló de emoción mientras corría hacia mí.
–Hola Sango.
–Hay, que bueno es verte otra vez –confesó mientras me envolvía en un abrazo– Por un momento creí que no vendrías.
–¿Bromeas? No me perdería tu boda por nada del mundo.
–Qué bueno que lo mencionas porque serás parte de mis damas –afirmó rompiendo el abrazo para mirarme fijamente– ¿Viniste sola? ¿Dónde está Inuyasha?
–Justo aquí –dijo este apareciendo de la mano de mi madre – No creerás que dejé a mi esposa hacer un viaje completamente sola ¿verdad?
Sango sonrió mientras ponía sus ojos en él.
–Y ahí está, el Inuyasha posesivo y celoso de siempre –se burló mi amiga– También me alegro de que estés aquí.
–No me perdería por nada del mundo verte casada con el hombre que juraste detestar por el resto de tu vida.
No pude evitar reír ante aquel comentario.
–Eso era antes – Se defendió mi amiga– La gente cambia, tú eres el claro ejemplo –dijo jocosa– Verdad ¿Kag?
Entonces mi sonrisa se apagó.
–Mejor nos sentamos –ofrecí mientras ocupaba el sillón.
–Deben estar muy cansados, les calentaré la comida –dijo mi madre adentrándose a la cocina.
–¿Y bien? –soltó Sango.
La miré confundida desde mi lugar.
–Y bien ¿Qué? –pregunté.
–No sé ustedes, pero noto un ambiente tenso entre los dos.
Me enderecé de inmediato.
–Son ideas tuyas –intervino Inuyasha sentándose a mi lado y pasando uno de sus brazos sobre mis hombros– Kagome y yo estamos bien ¿Verdad amor?
Sentí una corriente eléctrica recorrer toda mi columna al escucharlo llamarme así.
–Sí, solo estamos algo cansados por todo el viaje.
–Comprendo, supongo que no es nada fácil dejar toda tu vida de ciudad y frenar tus actividades por venir a un pueblo y presenciar una boda.
–No…–musité muy bajito y entonces sentí que se intensifica aún más el agarre de Inuyasha.
No lo miré, no quise hacerlo. Sentía que si lo hacía me pondría a llorar y este no era el momento. Comimos, hablamos del pasado, de cosas triviales y a toda costa evitamos hablar de nosotros y nuestro proceso de divorcio, que por ciento Inuyasha ya había mandado a hacer con Myoga.
–Gracias mamá, todo estuvo delicioso.
–¿A dónde van? –dijo ella deteniéndonos en la entrada de la casa.
–Al hotel que queda cerca de aquí.
–De ninguna manera dejaré que duermas en ese lugar.
–Pero mamá…
–Tu cuarto es más que suficiente para que ambos se queden allí.
Miré a Inuyasha esperando que dijera algo. El plan era quedarnos en el hotel y en habitaciones separadas, pero…
–Gracias Yukiyo, pero no queremos causarte más molestias –dijo Inuyasha tratando de mantenerse firme a nuestro acuerdo.
–De eso nada –insistió mi madre– Y ya no me discutan, pareces un par de niños haciendo una rabieta.
–Yo creo que ellos quieren privacidad para hacer todo el ruido que se les plazca Yukiyo –intervino Sango con tono sugerente.
–¡No! –exclamé avergonzada.
–¿Entonces por qué no se quieren quedar a dormir aquí?
Porque eso implicaría compartir la cama con Inuyasha una vez más. Eso implicaría volver a sentir su cuerpo junto al mío. Eso implicaría volver a sentir su calidez. Y no, no sabía hasta dónde llegaría mi autocontrol.
–Bien… –solté derrotada agachando la cabeza– Supongo que no tenemos de otra.
Me dejé caer sobre la cama esperando conciliar el sueño que por tantas noches no tenía. Sentí que Inuyasha hacía lo mismo y evité a toda costa hacer contacto físico con él. La situación en sí ya era incómoda como para que nuestros cuerpos se tocaran.
INUYASHA
Desperté sintiendo el exquisito aroma a lavanda envolver mi cuerpo. Tal vez fue un acto inconsciente de nuestros cuerpos, pero no iba a negar que me encantaba tenerla entre mis brazos al despertar. Su cabeza apoyada en mi pecho y mis manos abrazándola en un acto de posesión infinita era algo que hace mucho no sentía.
Me quedé quieto apreciando la calma que me transmitían sus ojos completamente cerrados y su respiración pausada. Aún no amanecía así que tenía tiempo suficiente para contemplarla así al detalle antes de que despertara.
No supe por cuanto tiempo me mantuve así, hasta que el sonido de mi celular cortó el momento. Rápidamente quité mi mano bajo su cuerpo tratando de no despertarla y cuando hice fui en busca del dichoso aparato.
–Sí.
–Buenos días, señor Taisho.
Me senté sobre la cama frotándome la cara.
–Ah, Myoga eres tú.
–Señor, tengo los papeles listos. Quiere que los envíe a su hotel.
–No, no estamos en el hotel, nos quedamos en otro lugar –dije girando la cabeza para ver a Kagome y me llevé una gran sorpresa al ver sus enormes ojos marrones a contraluz –Buenos días... –musité.
–¿Entonces a dónde se los envío?
–Te mandaré la dirección por mensaje.
–Como diga señor.
Y corté la llamada. Me estiré en mi lugar antes de volver a mirarla.
–¿Quieres dar un paseo?
La vi taparse aún más con las sábanas y sonreí inconscientemente.
–Sé lo mucho que odias despertar temprano, pero…
–Dijiste que merecía unas vacaciones –me interrumpió– Dime ¿qué clase de vacaciones serían estas si tengo que despertar tan temprano?
–Por dios Kag, el sol ya salió.
–¿Y eso qué? Aún es temprano.
–Bien –dije derrotado.
–Pero podría reconsiderarlo solo si me preparas tu famoso chocolate caliente.
Mi sonrisa fue genuina al verla mirarme bajo las mantas.
–Trato hecho.
Y bajé a la cocina. No tardé mucho en hacerlo y como arte de magia kagome apareció justo en el momento que dejé su taza sobre la mesa.
–Huele delicioso.
–Gracias.
–No, enserio esto huele muy rico Inuyasha –recalcó sentándose y bebiendo un sorbo de la taza– Y sabe delicioso.
–Y a qué se debe ese entusiasmo.
–¿Qué quieres decir?
–Tú siempre te quejabas de que hacía el chocolate muy dulce ¿Qué cambió?
–Tal vez ya no está tan dulce.
–Kag, lo está –afirmé.
–Bueno, entonces tal vez me siento muy contenta de estar aquí y que por fin he podido dormir sin problemas.
–¿A qué te refieres? ¿Has tenido problemas de sueño?
–Solo lo necesario.
–No Kag, tener insomnio nunca es necesario –reprendí.
–Hay bueno, entonces qué me receta doctor.
–No estoy bromeando.
–Ni yo –suspiró.
–¿Por eso fuiste a ver a Kumo? –asintió– ¿Qué te dijo?
–Me mandó a hacerme unos análisis de sangre.
–¿Y qué tienes?
–No lo sé, quedó en mándamelos a mi correo.
–Prométeme que me los enseñaras.
–¿Es enserio?
–Kagome hablo enserio –sentencie ante su atenta mirada juzgadora.
No era un secreto que Naraku Kumo no era de mi agrado. De hecho, no lo era desde el momento en que decidió fijarse en la esposa de alguien más.
Pero Kagome ya no será más tu esposa, me recordé y apreté la taza bajo mis manos. Tal vez ya no, pero de ninguna manera permitiría que esté junto a ese idiota.
Un paseo sereno por las calles de Yufuin era como estar en el paraíso. Esta tranquilidad y calma solo podía existir aquí. Temía que si hablaba sobre lo que pasó en el viaje arruinaría el momento, pero en el fondo no quería que Kag pensara que preferí mi trabajo por sobre ella.
–Kag, sobre lo que pasó…
–¡Oh mira una tienda de antigüedades!
–Kag…
–Solo será un momento –pidió y ante su mirada de cachorro bajo la lluvia no me pude negar.
–Bien.
La vi adelantarse e ir contenta a aquella tienda. Tal vez este no era el momento, pensé.
–Bienvenido señor, espero que… ¿Inuyasha?
Miré al hombre tras el mostrador que me miraba sorprendido.
–¿Koga?
–Vaya, qué pequeño es el mundo. No creí que te volvería a ver bestia.
–Y veo que no has cambiado en nada sarnoso.
–Inuyasha.
Ambos volteamos a ver a la mujer que me miraba con reprobación.
–¿Kagome?
–Hola Koga –Kagome lo saludó con cariño y con una sonrisa enorme– Cuando entre no me reconociste por estar viendo el celular.
–Bueno… yo…
–Já, patético… –musité.
–Inuyasha –esta vez sentí el pellizco que hacía Kagome en mi brazo– Ah, ignóralo Koga, ya sabes cómo es –se rio– Se comporta como el mismo niño inmaduro de secundaria.
–Supongo que algunas cosas nunca cambian –comentó.
–¿Qué dijiste?
–Y bien. ¿Trabajas aquí? –Kagome decidió intervenir.
–Solo los fines de semana, ayudó a mi tía a atender la tienda mientras ella descansaba.
–Qué bueno eres.
–¿Y los demás días? ¿Qué haces? ¿Bañas perros? –solté sin más.
–No, trabajo en el colegio.
–¿Eres profesor? –cuestionó Kagome sorprendida.
–Así es, soy profesor de Kínder.
–Yo también.
–¿Enserio? Eso es fascinante.
–Sí sí, mucho –balbuceé– Kagome ya vámonos, estoy seguro de que Koga tiene mucho trabajo – dije jocoso al ver la tienda completamente vacía.
–¿Vinieron por la boda de Sango?
–Sí –respondió ella.
–Se dice que será un evento muy grande.
–Eso parece.
–Já, no tanto como lo fue el nuestro –agregué y Koga sonrió tratando de ocultar su molestia.
–¿Qué pasa Inuyasha? ¿Tienes algún problema? Aún piensan que te quitaré a Kagome y me ves como una amenaza
Reí.
–¿Amenaza? nunca te vi como una.
–Sí, seguro- Volteó para mirarla a ella– Querida Kagome debo decirte que estás igual o más hermosa que hace años. Lástima que tuvieras que casarte con este idiota porque de no ser así yo te hubiera echo muy feliz.
–¡¿Qué dijiste?!
Kagome le sonrió, al parecer ellos estaban en un complot para hacer que saliera de mis casillas.
–¿Qué? ¿Celoso Taisho?
Miré hacia otro lado. No iba a darle el gusto a este idioma de verme enojado.
–Hagan lo que quieran, si Kagome quiere estar contigo pues adelante.
El silencio que se instaló no me gustó, en lo absoluto.
–Fue un gusto volver a verte Koga, pero creo que ya es hora de que vuelva a casa.
–¿Estás segura?
No respondió, solo la vi cruzar la puerta sin voltear a mirarme. Simplemente me ignoró por completo. ¿Ahora qué hice?
–Hay dios, no creí que fueras el mismo idiota de siempre Taisho.
–Cállate.
–Kagome es tu esposa ahora, pero la trataste como si no lo fuera.
–Yo no hice eso.
–Prácticamente me dejaste el camino libre, eso solo sería posible que estuvieran divorciados –Se rio.
Entonces caí en cuenta.
–Maldición…
Sí que era un idiota.
Salí de aquel lugar desesperado por alcanzarla. Cuando llegué a casa solo me encontré con Yukiyo desayunando en la cocina.
–Buenos días, madre ¿ha visto a Kagome?
–¿Kagome? creí que habían salido juntos.
–Sí, pero…
Mi celular sonó y al ver el nombre en la pantalla contesté de inmediato.
–Kagome ¿dónde estás?
–Ah, hola Inuyasha soy yo Miroku.
–¿Miroku? qué haces con el celular de Kag.
–Bueno… verás…
Corrí al auto y aceleré con todo. Cuando llegué a casa de Sango me invadieron recuerdos de hace años. Cuando venía aquí solo para colarme a las pijamadas que hacían ellas para ver a Kagome.
Toqué el timbre y esperé ansioso.
–Hola…
–¿Dónde está? –dije adentrándome sin ser invitado e ignorando a mi amigo.
–En el cuarto de sango.
Subí las escaleras de dos en dos sintiendo mi pulso al mil. Abrí la puerta de golpe y pude ver a una Sango preocupada junto a una Kag recostada sobre la cama.
–¿Qué le pasó? –cuestioné acercándome a ella.
–No lo sé, Miroku la encontró tirada en medio de la pista y como no quiso preocupar a Yukiyo la trajo aquí.
Asentí sabiendo que había hecho bien. Me senté junto a Kag y tomé su mano esperando que despertara. La verdad es que sería incapaz de perdonarme si algo malo le pasara.
Continuará...
