Había una muñeca de porcelana en el estante superior de su habitación, cuyas paredes magenta y demases decoraciones solo la hacían sobresalir un poco más. Pues lo tosco de aquellas era lo contrario a los rasgos cincelados del objeto.
Era la primera vez que Hoshi prestaba atención a los detalles del cuarto a la luz del día. Siempre que se despertaba ella inmediatamente saldría corriendo a su propia habitación para cambiar su piyama por ropa más cómoda y luego continuaba su rutina antes de ir al comedor a desayunar lo que su madre le hubiera preparado. Ella ya estaría levantada con suficiente antelación para ello.
Sin embargo, hoy los movimientos de Hoshi eran más cansados y perezosos debido a que se había despertado justo cuando mamá estaba terminando de cambiarse sin intención de interrumpir su sueño. La niña no quiso advertirle de aquel fracaso, mas bien intentó volver a soñar por otro ratito. Pero sus ojos sentían con un poco de fuerza los rayos de sol atravesando las oscuras cortinas incluso en un horario temprano. Suponía que el verano realmente estaba más cerca, en palabras de mamá.
Hoshi, entonces, empezó a parpadear en dirección a su entorno, fuese a las ventanas con rasgos faciales reprochadores o distraídamente hacia cualquier otra parte de la habitación en la que se había metido luego de una pesadilla, buscando envolverse en los brazos de su madre como cada pocas noches sin falta.
Ciertamente estaba más orientada para cuando sus ojos se posaron en la muñeca distante ubicada entre fotografías de sus padres, revistas enmarcadas y sobre los estantes llenos de libros y objetos de colección que no reconocía. La comparó con las muñecas que tenía: de trapo, de plástico o de papel como las que hacía usando tijeras.
Su mente divagaba por aquellos recuerdos y las posibilidades de ver más de cerca el juguete. Podría peinarla, convertirla en la princesa entre otras menos dignas y hacerla lucirse en su propia habitación. No estaría tan aburrida como aquí.
Hoshi aún sentía su cuerpecito pesado para cuando logró sacar sus piernas de las sábanas y sentarse en el colchón. Calzó sus pantuflas y arrastró sus pies hacia la estantería que hasta el momento anterior solo podía apreciar girando levemente la cabeza hacia la izquierda, pero no lo suficiente para enfocar la mirada en las cortinas que ocultaban el gran ventanal. Ella pasó por el costado de aquellas y se posicionó frente al objeto de su curiosidad para intentar alcanzarlo extendiendo su brazo derecho y luego sus dedos lo más alto posible.
Se resignó a traer la silla opuesta a la pared donde estaba apoyada la estantería y se subió a ella para alcanzar la muñeca. No pasó mucho tiempo antes de que la pequeña estuviera entre sus manos.
Su vestido azul era suave y sedoso; sus ojos, brillosos; su nariz, puntiaguda; sus labios, sonrientes.
Hoshi bajó con cuidado sus pies de la silla y caminó como siempre lo hacía a su habitación. Dejó la muñeca sobre su almohada mientras se preparaba para el desayuno y la volvió a agarrar para llevarla a la mesa.
—Oh, Hoshi, ¿qué llevas allí? —Mamá ponía la mesa, enfocando cada tanto sus ojos en el objeto aludido.
—Estaba sola en tu habitación, mamá —La apoyó en la mesa. Siendo del material que era, era esperable que estuviera parada.
—Cuidado al comer, Hoshi. Esa era mi muñeca cuando era niña —respondió, ya sentada y con una taza en la mano llena de una bebida que Hoshi no podría beber. Innegablemente ambas se apoyaron con prudencia en los bordes de la mesa y recogieron de ella lo necesario para comer sin la brusquedad habitual nacida de la confianza hacia sus respectivas faltas de torpeza. Mamá de vez en cuando estaría a punto de volcar aquellos recipientes de comida que agarrara, pero hoy nunca se acercó a lograrlo.
—¡Mirá, mamá! ¡Ahora va a caminar! —En el momento en que la mencionada estaba guardando la comida en la heladera y llevando la loza sucia a la cocina, la niña se agachó y colocó la figura sobre sus dos pies en el piso a su lado, soltándola casi de inmediato.
—¿Qué estás…? —Mamá colocó sobre la mesa los dos elementos que estaba agarrando y estiró su cuello en dirección a su hija—. No, nonono, no. ¡Hoshi!
Ciertamente no se imaginó la grieta lucida por el rostro de su muñeca. Este estaba abierto y su interior blanco porcelana como el exterior.
—Perdón, mami —Nerviosa, Hoshi agarró una manga del vestido y tiró. El gemido que escuchó como si proviniera de la parte posterior de su cabeza le dijo que no tendría que haber hecho eso.
—Era de porcelana, Hoshi. Las piezas puntiagudas desgarran la tela. O no deberías haberla agarrado del vestido.
—Pero se puede reparar con pegamento, ¿o no? Y se puede coser la tela…
—No tendría que haberme distraído ordenando —dijo mamá, tan bajo que Hoshi no creía que ella quisiera que le respondiera. Quizás era un pensamiento expresado en voz alta.
«Y no me la hubieras dejado. Me podrías haber advertido antes.»
11/12/2023: Hoshi significa "estrella" en japonés.
