Misa tembló de frío ante la idea de salir a caminar entre los copiosos copos de nieve. Pero tal reflejo no era suficiente para desanimarla de dar un paseo.
Su larga y lacia cabellera rozaba sus codos y caía sobre su rostro, dándole ese aire característico que últimamente parecía pertenecerle: el de abatimiento. Pues no tenía la mejor noción de lo que sería su futuro. Modelaba para la revista más popular de Japón, por supuesto. Sabía sin lugar a dudas de que lo haría unos años más hasta adentrarse por completo en la actuación. No obstante a esta certeza le faltaba sustancialidad. Y solo Light se la traía a su amarga vida.
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Con un suspiro nostálgico, la rubia rebuscó en su armario pasando por diferentes conjuntos hasta dar con los vestidos… Hasta dar con el vestido.
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—¿Te gusta?
—¡Por supuesto que me gusta, Light! ¿Dónde lo conseguiste?
—Recuerdo que lo vi una de las tantas veces que te acompañé a comprar ropa. Es de tu color favorito. Además, era lo suficientemente extravagante para tu gusto… con volantes y todo.
—Me encantó.
Misa le dio un corto beso, pero mantuvo la cercanía por unos instantes, rodeando su torso con sus brazos, para luego apoyarse en su pecho y aspirar con fuerza, embriagada de amor.
—Te servirá para este invierno, aunque creo que tendrías que ponerte una capa encima… —Light se detuvo. Y Misa se detuvo en su silenciosa emoción, con fascinación percatándose de la leve inclinación de su cabeza, la mirada levemente perdida… de que parecía como si estuviera rememorando algo.
Ella rió al comprenderlo.
—Creo que no es una combinación de ropa que te vaya a convencer, Misa.
—Solo en tus películas de detectives, Light-kun.
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«Oh, aquí está.» Era celeste, de uno pastel que combinaba con sus ojos y resaltaba su cabello, que lacio en comparación con el mismo, con volados a distintas alturas que la hacían ver preparada para un evento elegante… No obstante, ya no la hacía sentir así. No se lo pondría con tal propósito, aunque admitía que tenía expectativas positivas.
Misa se lo colocó con manos temblorosas tan solo imaginando que eran delicadas y cuidadosas. Recordaba lo más indiferentemente que podía.
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Después de varios años desde la desafortunada muerte de sus padres, Light había constituido una extraña mejoría que luego se había vuelto irreemplazable con la muerte de su hermana. Solían compartir abrazos llenos de pensamientos y palabras que por más opuestas que fueran aportaban novedad a ambos.
Él había sido un joven de imponente presencia y rasgos cincelados cuyas conversaciones inteligentes simplemente la iluminaban de una forma que nadie había podido. Puesto que su padre la había mimado y su perfeccionista madre la había encarrilado en el mundo de la moda, dando como resultado que su hermana menor hubiese vivido por su lado, en su mayoría. Además, la gente que la había continuado rodeando no había sido más que fanática o codiciosa mientras su novio podía mantenerla colgando de cada una de sus palabras…
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Un día, la pareja había estado dando un paseo por las inmediaciones, zigzagueando entre cada vereda con las manos entrelazadas. Era verano. Aunque solo Misa llevaba un sombrero y anteojos de sol. Y a Light no parecía importarle, incluso su cabello se veía desordenado por el viento caliente y sus ojos diferentes. Misa sentía su fuerte agarre y se preguntaba qué lo habría dejado con tal aspecto.
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Meses después se precipitó una despedida. Light se desvaneció con el vaivén de los besos en su frente, sus mejillas, su nariz y boca, y el peso de los sueños. Volvería. Había dicho.
—Este caso es más importante que los otros, pero es mi oportunidad. Debo estar ahí personalmente.
—Volverás —afirmó, con convencimiento y una suave sonrisa. Su mano derecha acunaba la mejilla de Light y sus ojos brillaban con un raro cansancio.
—Y podremos ir de viaje, como siempre quisiste.
