Viejos tiempos


Hace 9 Años

—Cariño prepárate para la cena, he invitado a los vecinos nuevos, los del apartamento de al frente, parece que se mudaron hace poco y quiero darles la bienvenida- Dijo Kushina terminando de preparar la comida aún con su delantal rosa muy sonriente.

—No sabía que teníamos nuevos vecinos- Respondió Naruto aburrido por los inventos de su madre —Creo que me quedaré en mi habitación mamá, me avisas cuando todo haya terminado.

—Ah no, eso no. Vas a subir, te vas a dar una buena ducha y vas a bajar a socializar, tengo entendido que los nuevos tienen una hija unos años menor que tú, puedes prender la consola y jugar videojuegos o lo que sea que hagan los niños ahora.-

Naruto se levantó del sofá a obedecer las órdenes de su desquiciada madre, sabía que en el fondo se sentía sola y por ahí iba todo el rollo de los vecinos y la dichosa cena, definitivamente su madre necesitaba amigos.

Desde siempre habían sido solo ellos dos, su padre había muerto el día que él nació en un accidente automovilístico de camino al hospital dejándolos a ellos con una empresa y una cuenta sustanciosa por su seguro de vida.

Vivían en un edificio con apartamentos para gente adinerada, su madre nunca había podido irse de ahí, solo estar allí la hacía recordar a su padre, cuando compraron y decoraron ese apartamento antes de él nacer. De niño nunca le falto amor pero cabe destacar que nunca fue muy social, tenía una actitud hiperactiva, heredada de su madre, con tendencia a meterse en problemas y eso hacía que los demás chicos de su edad se alejaran, no era el favorito de los padres, y nadie quería a su hijo juntándose con el Uzumaki. Su fama de revoltoso se anteponía y todos los niños ricos de su escuela lo veían diferente.

Ese día cuando su mamá lo llamo para decirle que ya habían llegado sus vecinos, él bajó las escaleras con unos jeans negros y una camiseta naranja. Para su sorpresa lo esperaban una pareja joven con ¿Un chico? De unos 10 u 11 años, él creía que su mamá le había dicho que tenían una hija. Pero después de unos dos minutos de observación se dio cuenta que en efecto era una chica, solo que con el cabello muy corto y nada femenina.

—Hana, Hiashi, les presentó a mi hijo Naruto.- Dijo Kushina con una sonrisa.

—Mucho gusto Naruto- Saludó Hana con amabilidad —Tu mamá nos ha contado mucho de ti. Me gustaría que pudieras ser amigo de Hina. Nena ven para que conozcas al chico de Kushina- Dijo dirigiéndose a su pequeña hija.

—Mucho Gusto, Hinata Hyūga- Dijo Hinata presentándose con el rubio un tanto nerviosa.

—Mucho Gusto Hinata, mi nombre es Naruto ¿Quieres ir a jugar con la Xbox al otro lado de la sala?- Preguntó Naruto haciendo lo que su madre había planeado desde el principio.

—Oh, si, está bien, vamos- Respondió ella con timidez.

Mientras tanto Kushina veía orgullosa a su hijo, como la obedecía. Pronto lo premiaría con un delicioso Ramen.

Ese día conoció a Hinata, chica que nunca pensó que pudiera ser tan primordial en su vida en esos 3 años.

En ese tiempo él tenía 14 años y ella 11. Pero como iban a la misma escuela y vivían tan cerca era imposible no verla a diario. Con el tiempo se dio cuenta de lo delicada e ingenua que era Hinata, por eso siempre andaba cuidándola y protegiéndola de aquellos que querían hacerle daño. Ella era muy amable y a él le parecía algo frágil, era como una hermanita para él. Ella no era bonita, ciertamente ella parecía un chico, pero aún así a él le parecía mucho mejor, así se ahorraba tener que defenderla de pretendientes indeseados. Con el tiempo se hicieron muy amigos, ella con su naturaleza tranquila y él con su hiperactividad se complementaban, ya que eran totalmente opuestos, pero algo tenían en común. Ellos eran dos solitarios, sin amigos. Ella por su timidez y él por su mala fama.

Solo eran ellos dos, hablaban de todo, se contaban todo, jugaban videojuegos, comían el ramen que Hinata hacía para él y se llenaban con 5 tazones cada uno. La vida era perfecta, él y su mejor amiga contra el mundo. Pero a medida que fue creciendo, con la llegada de los 16 años se hizo más apuesto, las chicas lo veían diferente, y él definitivamente estaba interesado en una, Sakura Haruno. Su compañera de clase. Y los intereses que antes lo unían con Hina fueron quedando de lado para dar la bienvenida a las hormonas y los enamoramientos adolescentes. Ella por su parte también actuaba algo extraño pero él por fin entendió la extraña actitud de su amiga la semana antes de su viaje a Londres.

Cuando su mamá le dijo que iban a pasar unos años en Londres para organizar unos asuntos pendientes de la empresa familiar que requerían la presencia de ellos dos allá, a él casi le da un infarto, justo cuando ya no era el mocoso revoltoso, sino el chico guapo de la escuela, tenía amigos y sin contar a Hinata que era como su hermana, todo estaba perfecto y su madre tenía que arruinar toda su vida de un momento a otro.

Esa semana se despidió de sus amigos Shikamaru, Shino, Chouji y Sasuke, con el que tenía una rivalidad amistosa por su dulce Sakura, de quien siempre estuvo enamorado. Y que le regaló antes de irse un beso en los labios, algo inocente pero era para que nunca la olvidara, al final ella lo quería, pero más como un amigo, todos sabían que realmente era Sasuke el que tenía el corazón de la pelirosa.

Lo difícil vino cuando se despidió de Hinata, ese día él lo apartó solo para pasarlo con ella como en los viejos tiempos. Él la invitó a su casa, prepararon ramen, vieron películas, hablaron de cosas sin sentido pero cuando llegó el momento de decirle que se iba unos años se acobardó, tenía miedo de cómo ella iba a reaccionar y juntando toda su valentía le soltó la noticia de su inminente partida.

—Hina, necesito decirte una cosa- Ella lo miro y se acercó.

—Dime Naru ¿Pasa algo malo?- preguntó la chica preocupada por la cara de su amigo.

—Es que esta semana.. Eh ¿Como decirlo? Joder. Esta semana, me voy con mi mamá para Londres. Parece que vamos a pasar unos años allá- La chica palideció y luego de unos segundos lo miro con los ojos llenos de lagrimas.

—¿Como así? No lo entiendo ¿Es enserio Naru?- Dijo ella con el corazón roto esperando que fuera una broma de su amigo.

—Es en serio Lunita, todo se dió muy rápido por eso quería pasar este día contigo como en los viejos tiempos, al fin y al cabo voy a extrañar mucho a mi mejor amiga.- Respondió el chico viendo a su amiga que lo miraba con los ojos llorosos y una lagrima traicionera bajando por su mejilla. —Sabes que te quiero un montón y no quiero que estés triste.

—Disculpa Naru- dijo ella desviándole la mirada —Es que me cayó esto de sorpresa. Definitivamente no sé qué haré sin ti. La verdad no sé cómo decirlo pero.. Eh, bueno.. Yo siempre te he amado.- Dijo con la voz rota.

—Yo a ti igual Hina, eres como mi hermanita- Dijo él tomando su mano con inocencia.

—No Naru, no sé cómo decirlo.- Respondió soltándose de su mano. —No ese tipo de amor, es, es.. Es que yo te amo, tú me gustas. Y, y yo sé que tú no sientes lo mismo por mí, pero en serio esperaba tenerte como mi amigo igual, pero no sé qué haré ahora sin ti- Dejando al rubio en sorprendido por la declaración, ella se levanto y le dio la espalda.

—Yo se que no soy bonita y no hay nada que pueda gustarte de mí pero, no sé. Esperaba que por lo menos tú en un futuro me dieras mi primer beso, sabes mejor que nadie que ningún chico me besaría y que no le gusto a nadie.

—Hina no te pongas así- Dijo Naruto saliendo del Shock.— Tú eres una chica jodidamente estupenda y tienes el corazón más grande del mundo, solo que.. Solo que yo no siento lo mismo, estoy seguro de que tú tampoco estás enamorada, que como somos tan cercanos y nos vemos siempre, a lo mejor es algo pasajero Hina- Se sentía culpable por alguna razón, odiaba tener que rechazar los sentimientos de su amiga. Él más que nadie sabía que ella tenía el corazón más puro de todos.

—No te preocupes Naru, a lo mejor tienes razón, a lo mejor es algo pasajero- Mintió descaradamente. Ella estuvo enamorada desde el primer día que vio sus ojos azules como el cielo, quedo perdida en su mirada, en su actitud hiperactiva y sus cuentos extraños. Ella amaba todo de él y sabía que él odiaba tener que rechazarla. Pero no podía dejarlo ir sin decirle lo que sentía. No podía seguir guardándolo. —De verdad que no quería incomodarte, solo quisiera pedirte una cosa.

—Lo que sea Hina, sabes que no quiero que estés así, no me gusta que estés triste por mi culpa- Respondió

—Regálame un beso Naru, solo para no quedarme sin saber qué se siente ¿Podrías hacer eso por mi?

—Hinata, no, no sé. Tu primer beso debería ser especial, no sé qué decirte lunita.- Dijo el rubio impresionado por la petición de su amiga.

—Por Favor Naru, yo sé que debe ser algo terrible para ti besar a alguien que no amas pero por favor.- Lo miro suplicante —Hazlo por mí, tu mejor que nadie sabes que nadie más va a besarme, no soy la chica de 13 años más bonita, sé que no tengo nada de bonito.

—Está bien, está bien Luna pero ¿Estás 100% segura? -Preguntó sintiéndose nervioso.

—Segura Naru- Respondió bajito.

Con esa confirmación Naruto se paró en frente de ella lentamente y tomó sus mejillas con ambas manos, se acercó, y se quedó viendo sus labios rosados. Ella lo miro espectante y esperó a ver si de verdad su amigo se atrevía a besarla.

Para su sorpresa, Naruto junto finalmente sus labios. Él tomó el inferior con suavidad y ella le siguió el ritmo, fue algo corto pero el rubio le demostró el aprecio que le tenía y ella trató de transmitirle todo su amor. Fue un beso tierno, y una despedía tácita.

Después de eso se despidieron y él no volvió a verla, ella no lo acompañó al aeropuerto, ni lo buscó después de que se fue, ni en los años siguientes, él supuso que para ella era muy doloroso tener que ser rechazada por su amor no correspondido y él no la busco por miedo a que realmente el enamoramiento de ella no fuera algo pasajero. Odiaba rechazar así a alguien tan puro y valioso como Hinata.

Los primeros años la pensaba muchísimo, la extrañaba, rememoraba el beso que se habían dado, ese que sacudió su interior. Pero nunca la llamo, ni ella a él. Nunca la busco en redes sociales, y con el paso de los años fue algo que quedó grabado como tinta en su piel, esa niña tan dulce que se enamoró y el tristemente no le correspondió, era algo que se salía de sus manos, a pesar de que él había jurado protegerla de todo.