Dumbledore
Diez años después…
Albus Dumbledore, director de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, visita al Ministro de Magia de España en busca de ayuda.
-Así que teme que Quien-usted-sabe vuelva… -inquirió el ministro.
-Sí, y esta vez todo el mundo mágico correría un grave peligro -le contestó Dumbledore- en concreto, un niño que actualmente tiene diez años.
-¿Quiere saber por qué España nunca tuvo demasiados problemas con quién-usted-sabe? -le preguntó el ministro.
-Sí, esa es una pregunta que siempre me he hecho -le respondió.
El ministro español sonrió y extendió un mapa entre ambos, Dumbledore lo miró entre asombrado y extrañado, ¿ese mapa era correcto? en él no había seis continentes, sino que había siete, este séptimo se encontraba en pleno océano Atlántico, justo entre América del Norte, Europa y el norte de África.
-Son… -empezó a decir Dumbledore.
-Si, son siete continentes -dijo el ministro- cuando Cristóbal Colón partió en su viaje, no solo descubrió América, sino que por el camino descubrió el continente de Endor, aunque los no magos se refieren a ese continente como "la Atlántida" y no, no está sumergido, pero ese pasaje fue borrado de los libros de historia.
-¿Por qué razón? -preguntó Dumbledore.
-Seguridad -dijo el ministro- ese séptimo continente, y el número siete no es casualidad, es de los lugares con más energía mágica de la tierra, pero concentrada y perfectamente distribuida en todo el continente.
-¿Seguridad? -preguntó Dumbledore.
-Que sea un lugar tan mágico, no solo tiene una parte muy positiva, también tiene una muy negativa…
Fue hasta su escritorio y murmuró unas palabras, sacó un grueso informe y revisó unas páginas, hasta que encontró las que buscaba y dejó un lienzo frente a Dumbledore.
-¿Quién es? -preguntó Dumbledore, contemplando un rostro hermoso, pero al que sus ojos fríos y cabello negro y largo, le infundieron cierto temor.
-Tiene muchos nombres, su nombre original era Mairon y así mismo se llamaba "el Admirable", pero lo consumió la oscuridad, sus nombres más conocidos son "el Señor Oscuro", "la Mano Negra" o "el Gran Ojo", pero como mejor se le conoce es Sauron, y tuvo a Endor bajo su yugo durante siglos…
-¿Cómo terminó? -preguntó Dumbledore.
El ministro español sonrió.
-Eso es mejor que se lo cuente alguien que estuvo allí, pero hay más cosas que debería saber -y le extendió otro lienzo, esta vez de un ser temible que parecía estar hecho de fuego y que tenía alas- eso es un balrog, los enanos lo llaman "el daño de Durin", un demonio de los tiempos antiguos, imagínese el peligro para los mundos mágico y no mágico si Lord Voldemort consiguiera aliarse con solo uno de ellos y lo soltara en Madrid o Londres…
-¡Eso sería una catástrofe! -exclamó Dumbledore, contemplando el lienzo- pero sigue sin darme una idea de por qué nadie sabe de ese continente.
-Ya se lo he dicho, seguridad -dijo el ministro- cuando España era un imperio y descubrió el lugar, se dió cuenta del peligro que suponían ciertas criaturas que habitaban allí, así que hizo una alianza con los reinos del lugar, España mantendría el secreto a salvo, a cambio de protección en caso de ataques de magos y criaturas oscuras, por eso cuando los mortifagos o los seguidores de Grindelwald entraron aquí, fueron atacados antes de que pudieran hacer nada.
-Sorprendente -dijo Dumbledore- pero ese acuerdo sirve solo para España, ¿en qué puede ayudarme eso para proteger a Harry Potter?
El ministro se limitó a sonreír.
-Verá, la Orden del Dragón ha luchado en casi todos los conflictos de Europa desde la Edad Media, desde el mil cuatrocientos ocho -dijo el ministro mientras recordaba la fecha- además de los propios de Endor, en combate son brutales, pero su código de honor es lo más importante, nunca dejarían desprotegido a un niño, además, Voldemort mató a dos espías de la Orden del Dragón, sería su excusa perfecta para vengarse realizando una causa noble.
-Defina "brutalidad" -pidió Dumbledore.
Como respuesta, el ministro llevó sus manos bajo su escritorio, y con cuidado, depositó una funda de cuero sobre la mesa, y le hizo una seña para que la abriera.
En su interior había una espada larga, un arco sin tensar y un carcaj con flechas.
-Como ve, dominan la magia, pero también dominan los estilos de combate medieval -dijo el ministro- incluso algunos dominan los estilos de guerra no mágica actuales, pero eso ya es otro tema.
Pero Dumbledore estaba admirando la espada, durante sus años había podido ver algunas armas fabricadas por duendes, y esa espada que tenía en las manos tenía claro que no la había hecho un humano corriente.
-Es una excelente espada -dijo devolviéndosela- ¿duendes?
-No, elfos -dijo el ministro.
-¿Elfos? -preguntó Dumbledore- ¿seres parecidos a humanos, con rostros hermosos, orejas picudas y… prácticamente inmortales?
El ministro se limitó a asentir antes de contestar a la mirada de incredulidad de Dumbledore - los pocos que había en Europa la abandonaron al inicio de la Edad Media, todos viven ahora en Endor.
-Fascinante -reconoció Dumbledore- ¿podría ponerme en contacto con ellos?
Como respuesta, el ministro le sonrió y sacó una esfera de color negro azabache y habló en una lengua totalmente desconocida para él (algo bastante difícil).
-¿Qué lengua era esa? -preguntó Dumbledore.
-Mi querido profesor, va usted a viajar escoltado a Minas Tirith -le dijo sonriente mientras guardaba el palantir- acompáñeme.
Salieron a un enorme patio de armas, en la oscuridad de la noche, pudo distinguir unas figuras aladas, cuando estaban a punto de aterrizar, descubrió que eran…
-¡Dragones! -exclamó Dumbledore.
El ministro se acercó al hombre que iba en cabeza, llevaba una coraza dorada y una capa roja, una espada curva en su costado izquierdo y un carcaj a la espalda, tenía una larga melena rubia y las orejas picudas.
-Profesor Dumbledore -se acercó el hombre de forma cordial- me llamo Haldir de Lorien, soy el capitán de la guarda de la dama Galadriel, ha sido invitado por el rey Aragorn IV a visitar la ciudad de Minas Tirith.
Dos de los "jinetes de dragón" fueron a buscar sus pertenencias y las cargaron en sus dragones, cuando terminaron, una mujer, humana, se acercó a Haldir y le susurró al oido:
-Thoron rúnya.
Haldir se volvió a Dumbledore y le preguntó:
-Esta guarda me informa de que usted tiene amistad con un fénix, ¿es eso cierto?
-Sí, lo es -afirmó Dumbledore.
-¿Cómo se llama? -le preguntó Haldir.
-Fawkes.
-Bien, que nos acompañe…
Despegaron y pusieron rumbo al Atlántico.
