Telcontar

Cuando ya llevaban un recorrido bastante largo sobrevolando el mar, los dragones empezaron a perder altura.
-¿Qué ocurre? -preguntó Dumbledore.
-Nos acercamos a Endor -anunció Haldir a Dumbledore.
-Oh…

Cuando llevaban unos minutos de vuelo sobre el continente, Dumbledore pudo vislumbrar un enorme precipicio de color blanco.
-Bienvenido a Minas Tirith, profesor Dumb… -Haldir se cayó al pasar un guiverno de color rojizo y carbonado por encima de su cabeza- ¡ese niño otra vez!
-¡Hola Haldir! -le gritó un niño.
-Areagon, vas a matar a tu madre de un susto, y a mi también... -le recriminó Haldir- ¡vuelve a casa!
-Entendido…
Aterrizaron en una enorme explanada y todos descabalgaron.
Dumbledore se fijó en el niño, era alto para su edad, llevaba el pelo oscuro y corto, tenía los ojos marrones, iba vestido con un pantalón negro y una camisa blanca, en el cinto llevaba una daga curva y al igual que Haldir, llevaba un carcaj y un arco colgados de la espalda. Al ver a Dumbledore, le hizo una reverencia y le saludó cortésmente en un idioma que Dumbledore no entendió.
-Eka fricai un Shur'tugal -le dijo sonriendo.
-¡Areagon! -llamó furiosa una voz de mujer, (iba vestida con un vestido típico medieval, portaba una daga en un cinturón, el pelo largo y oscuro iban recogidos en una larga trenza hasta la cintura y los ojos eran de color miel) a la que Haldir y el resto de jinetes le hicieron una reverencia.- ¿dónde estabas?
-Mamá, sólo fui a volar con Vulcan -el aludido se levantó sobre sus patas traseras y agitó las alas- cuando vi a Haldir y decidí acompañarlo -dijo con voz inocente.
-A mi no me engañas, jovencito, hace varias horas que deberías estar en clase de lenguas europeas -dijo la madre- no me mires así, Vulcan, no necesitas a tu jinete para fortalecer tus alas -luego volvió a girarse a Areagon- ve a lavarte, luego seguiremos esta conversación.
Areagon les hizo una pequeña reverencia y fue a lavarse… montado a lomos de Vulcan, para exasperación de su madre.

Al ver a Dumbledore, lo saludó cortesmente y entraron a una sala de mármol blanco.
-Bienvenido a Minas Tirith, profesor Dumbledore, soy Aragorn IV, hijo de Arathorn III, rey de Gondor y Arnor -le dijo un hombre, era alto, tenía los ojos grises, el cabello era negro con canas y lo tenía en una melena limpia y muy cuidada que rozaba sus hombros, su barba estaba igual de cuidada, y Dumbledore pudo percatarse en la cicatriz que iba desde una de sus cejas, hasta la mandíbula inferior.
-Gracias por la invitación -le dijo Dumbledore.
-¿Le importa que le tutee, profesor? -le preguntó Aragorn.
-No, en absoluto -le dijo Dumbledore- me llamo Albus.
-Bien, Albus, puede llamarme Aragorn -le dijo mientras le tendía una copa con cerveza.

Dumbledore no lo dijo, pero era la mejor cerveza que había probado.

Se sentaron en una larga mesa, a la que Albus intuyó que se les uniría más gente. Hablaron de por qué Albus buscaba ayuda para combatir un mal que muchos creían derrotado.
-Está bien -dijo Aragorn- le ayudaremos, tal vez incluso podamos ayudarnos mutuamente.
-¿Qué quiere decir? -le preguntó Dumbledore.
-Creo que ya ha visto a mi hijo Areagon -le dijo Aragorn.
-Sí, lo he visto -confirmó Dumbledore.
-Verá… mi hijo se ha ganado cierta reputación… -dijo apesadumbrado Aragorn- su primer dragón, fue, es, un dragón negro y desde que nació, hacia cosas que los niños no solían hacer, incluso ahora que está "marcado" para que usted pueda entenderme, se cansa menos que el resto cuando tiene que hacer un hechizo.
Dumbledore miró a Aragorn…
-Con hacer cosas extrañas, ¿quiere decir que hace levitar o desaparecer objetos, cuando está enfadado o asustado? -le preguntó Dumbledore.
-Sí, eso y que me preocupa que la gente se forme una mala idea de él por estas cosas que pasan a su alrededor, y que su dragón sea un dragón negro, no ayuda.
-Querido amigo, no creo que su hijo sea un "jinete de dragón oscuro" en potencia-dijo Dumbledore- creo que es como los chicos que tengo en mi escuela, eso es todo, en cuanto al dragón… yo no me preocuparía por eso. ¿Le importa que me quede unos días y lo examine?
-Faltaría más -dijo Aragorn, sonriendo aliviado, pero a la vez, nervioso- le recomiendo que hable con el director de la escuela de dragones y su tutor.

Abrieron las puertas y entraron varios miembros de la nobleza, y por lo que pudo entender Dumbledore, también de la realeza, no sólo hombres, sino también elfos y enanos, y un hombre llamado Gandalf o Mithrandir, que era el director de la escuela y que además se parecía a él y a ambos les resultó divertido. La comida transcurrió muy tranquila, Dumbledore tuvo la ocasión de hablar un poco de Areagon con Gandalf y con Brom, un dúnedain jinete que en su "juventud", llegó a ostentar el puesto de lugarteniente de la Orden del Dragón en tiempos de Arathorn III y que incluso había adiestrado a Aragorn, y ahora lo hacía con su hijo.
Después de una buena comida, Gandalf, Dumbledore y Brom, dieron un paseo por la explanada en la que habían aterrizado anteriormente y Dumbledore se interesó por su sistema educativo. Al parecer, a los seis años, todos los niños eran encerrados durante días a la espera de que al menos un huevo de dragón eclosionara en su presencia, si esto sucedía, eran enviados a la escuela de la Orden, desde niños recibían instrucción de combate, cuidado de criaturas mágicas, hechizos, sanidad mágica, pociones, etcétera. La instrucción básica se daba hasta los doce años, y a los quince ya eran capaces de luchar a pie, en el agua, a caballo, en grifo o en dragón, a los dieciséis se les consideraba adultos, y a los diecisiete servían en la Orden del Dragón como soldados.

También supo que los dúnedains o montarace, durante la infancia y adolescencia, crecían como un humano normal, pero luego podían vivir cientos o miles de años, y al haber sido bendecidos por la "gedwey ignasia" (Brom tuvo que enseñarle la suya), podían ser considerados inmortales, y también que se curaban más rápido de las heridas, eran más fuertes y ágiles que la mayoría de los hombres, incluso podían caer de alturas mayores y hacerse menos daño que la mayoría, igual que los elfos.

Mientras conversaban, observaban a Areagon, que en ese momento estaba apoyado en una de las patas traseras de un dragón negro y alas rojas mientras leía un libro, y este le hacía de parasol extendiendo una de sus alas. Entonces Dumbledore se dió cuenta que no conocía a ninguna de las especies de dragón que estaban con Areagon.
-Pues verá… -dijo Brom- el dragón negro en el que está apoyado Areagon es un dragón negro de Arnor, se llama Vlad y fue el primer dragón que salió del huevo con Areagon.
-El siguiente que podríamos mencionar es a Vulcan -dijo Gandalf, señalando al wyvern carbonado y rojizo que Dumbledore había visto cuando Areagon les salió al vuelo- es un wyvern volcánico, se destacan al resto porque cuando se enfadan, se prenden fuego a sí mismos y tanto pueden exhalar fuego, como lava a presión.
-El otro dragón es Jock -dijo Brom señalando a algo que Dumbledore había tomado por un simple dragón varano que tomaba el sol- es un dragón camaleónico… y por camaleónico quiero decir que puede transformarse en casi cualquier cosa, aunque prefieren transformarse en reptiles, tanto mágico, como no mágico que se les antoje.
-El bicho con plumas que está a los pies de Areagon es Kestrel, un wyvern aplumado -dijo Gandalf- es muy apreciado en combate, ya que suele usarse como paracaidas en caso de caer del dragón, además que es un excelente cazador de presas medias y pequeñas.
-Y por útlimo, Hrom, un wyvern de tormenta -dijo finalmente Brom- puede controlar el clima a su antojo, escupe rayos y probablemente su especie sea la más rápida de todos los wyvern.
-Es muy interesante lo que cuentan, pero es confuso lo de wyvern y lo de dragón -dijo Dumbledore.
-¡Oh! ¡Discúlpeme! -dijo Gandalf riendo- es cierto que en Europa a todo lo que parece un reptil, tiene alas y escupe algún tipo de aliento, lo llaman dragón, aquí distinguimos tres géneros distintos… los wyvern, tienen dos patas traseras y dos alas; los dragones, tienen cuatro patas y dos alas… y los drakes, son como wyverns pero no tienen alas desarrolladas para volar, sino para planear y correr a alta velocidad.
-¿Qué hay de las otras criaturas? -preguntó Dumbledore.
-Bueno, tenemos a Horus, que es un roc elemental enano; a Râ, que es un rôc elemental gigante; Stormwings, que es un grifo y también tenemos a Nyssa, que es una lobo huargo -dijo Gandalf mientras los señalaba con la mano.

Siguieron hablando varias horas, sin ser conscientes de que unos ojos grises, ocultos por una capa de color verde, les observaban desde cierta distancia hasta que se fueron a dormir.

Finalmente, al día siguiente, los tres profesores llegaron a un acuerdo y fueron a comunicárselo al rey, a la reina y a Areagon.
-A ver si lo he entendido bien, Areagon debería ir a Hogwarts -dijo Aragorn- pero para no perder sus clases aquí, Brom debería ir con él, ¿es eso?
-Sí -afirmaron los tres.
-Brom, ¿tú que opinas? -preguntó Arya la madre de Areagon.
-Siempre he querido ir al Reino Unido -dijo Brom- además, seguro que allí yo también puedo aprender algo nuevo.
-¿Areagon? tú decides -le dijo Gandalf- yo iré a visitarte de vez en cuando y supongo que si Dumbledore no pone problemas, podría llevar a alguien más, volverías aquí en verano, o en las vacaciones que ya ha dicho el profesor Dumbledore.
-¿Pero qué pasa con mis dragones, mis huargos, rocs…? -dijo Areagon.
-Ya hemos hablado de ello -dijo Dumbledore- siempre que tomemos medidas, podéis utilizar los terrenos del colegio sin problema.

Areagon dudó, miró a su padre, su madre, a Haldir, y a los tres profesores.
-Está bien, iré -dijo- puede que allí haga más amigos que aquí.
-Magnífico -dijo Dumbledore- el uno de septiembre debes estar en el tren de camino al colegio, Gandalf y yo iremos ahora a Hogwarts a estudiar donde podéis entrenar Brom y tú, en unos días recibirás la carta con lo que necesitas, e instrucciones específicas para tí.
-Bien, nos vemos el uno de setiembre entonces -sentenció Areagon.
Pasaron las semanas y una lechuza le llevó una enorme carta, en una hoja le notificaban que había sido aceptado en la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, en otra (ambas firmadas por una tal Minerva McGonagall) la lista del material escolar, y otra, escrita por Dumbledore con una serie de normas y horarios que debían cumplir Brom y él.

A los pocos días, se pusieron ropa muggle actual y viajaron a Londres a comprar el material que Areagon necesitaba (la varita se la tuvieron que fabricar a medida los elfos del Bosque Negro y los Galadrim). El 31 de agosto, Brom y él durmieron en una pensión cercana a la estación, y al despertarse, Brom se despidió de Areagon nos vemos en Hogwarts y se desapareció con un objeto que le había dado Dumbledore.

Llegó al tren, y no había ni un alma, así que se tumbó en uno de los sofás y se puso a dormir, hasta que oyó jaleo de gente que iba a entrar al tren e intentó arreglarse.