El expreso de Hogwarts

Cuando empezó a oír el murmullo de las familias que se reunían en el arcén, se arregló la capa, se estiró y sacó un libro al azar de su mochila para entretenerse, hasta que el barullo de gente en el arcén, y los estudiantes que estaban subiendo y bajando del tren, fue tal que le era imposible concentrarse en su lectura, así que sacó su varita y la contempló por un instante… treintaidós centímetros, madera de roble rojo del bosque de Lorien y como núcleo, tenía dos plumas de Kestrel, su wyvern aplumado. Una de las cosas que le sorprendió de la varita, es que al ser el núcleo de las plumas de Kestrel, y al estar este tan vinculado a él, si se la dejaba en algún sitio y pensaba en ella, esta aparecía inmediatamente en su funda, y si no llevaba la funda o pensaba en ella en cierto estado de estrés, lo hacía directamente en su mano. Otra cosa que le gustaba de su varita, era que resistía la poderosa y antigua magia de los dragones, permitiéndole realizar ambos tipos de magia, sin preocuparse de que la magia de los dragones destruyera la varita, como ocurrió en el primer intento, que al intentar realizar el hechizo "brisingr", este calcinó la varita.
-"Brisingr" -murmuró mientras contemplaba como una llama aparecía en la punta de su varita y crecía o decrecía a su antojo, estuvo jugueteando con la llama un rato, hasta que escuchó gente que se acercaba a su compartimento, y con un movimiento rápido, la extinguió y guardó la varita en la funda del cinturón.

Al cabo de un rato, un chico de ojos verdes, con gafas, pelo negro y alborotado y con una extraña cicatriz en la frente, y que parecía tan solo como él, apareció en la puerta.
-¡Hola! -dijo el chico de la cicatriz rara- ¿te importa? -dijo señalando un asiento libre.
-En absoluto -dijo Areagon, abriendo los brazos y señalando los sitios libres y posteriormente, ayudando al chico a subir su mochila y la jaula de su lechuza Hedwig en el portamaletas.
-Por cierto, me llamo Harry, Harry Potter -dijo Harry esperando a algo mientras le tendía la mano.
-Yo Areagon, Telcontar -dijo Areagon estrechándole la mano con decisión- Areagon es el nombre, Telcontar es el apellido.
-¿De dónde vienes? tu acento no es británico -le preguntó Harry.
-Es difícil de explicar -le respondió Areagon- ¿como te hiciste esa cicatriz?
-Es dificil de explicar -le respondió Harry con una sonrisa maliciosa, pero que su mirada reflejaba otra cosa.
-Oh, touché -respondió Areagon divertido y llevándose la mano al corazón y riendo.
-¿Sabes mucho de la magia? -le preguntó Harry observando sus ropas.
-Esteeee… un poco, pero desconozco un poco el tema de la magia que enseñan en Hogwarts -admitió Areagon- ¿y tú?
-Bueno, no, mis padres eran magos, pero murieron cuando yo era pequeño -dijo Harry con tristeza- me enteré de que era mago en el mes de julio.

De pronto, un chico pelirrojo entró.
-Perdonad, ¿puedo entrar? -dijo agobiado- no encuentro ningun sitio donde sentarme.
-Claro, ¿como te llamas? -preguntó Harry.
-Ron Weasley -dijo ya más aliviado- ¿y vosotros?.
-Areagon Telcontar.
-Harry, Harry Potter.
-¡Dios mío, eres tú! -exclamó Ron- ¿¡eres Harry Potter!?
-¿Eres famoso? -preguntó Areagon.
-Preferiría no serlo, o por lo menos no serlo por el motivo que lo soy -dijo Harry con tristeza.
Ron iba a decir algo, pero perdió el interés al captar la mirada de Areagon.
-Dinos, Ron, ¿eres de una familia de magos? -preguntó Areagon para retomar el tema del que estaban hablando.
-Sí, toda mi familia ha ido a Hogwarts -dijo Ron con suficiencia- aunque al ser varios hermanos, nunca estrenas nada nuevo… tengo la vieja varita de Bill, la vieja rata de Percy y algunas cosas de Charlie.
-¿Cuántos hermanos tienes? ¿qué hacen ahora? -preguntó Areagon.
-Bill es el mayor, trabaja para Gringotts como rompedor de maldiciones en Egipto; luego va Charlie que estudia dragones en Rumania; Percy, que es el prefecto de Gryffindor; también están los gemelos, Fred y George, son muy revoltosos, pero sacan buenas notas; y tengo una hermana pequeña, Ginny, que empezará en Hogwarts el año que viene.
-Yo no tengo hermanos -dijo Areagon.
Entonces una voz, resonó en la cabeza de Areagon- ah… ¿y yo quién soy? -preguntó Vlad, seguido de otra voz- Areagon, mira que eres malo -dijo Vulcan- el pobre Vlady ahora tiene una crisis de identidad.
-En serio chicos, me gustan nuestras conversaciones filosóficas y de cachondeo, pero entended que no es el momento -dijo Areagon mentalmente y conteniendo la risa.

A media mañana, pasó la señora del carrito, como Ron tenía un bocata de carne en conserva, y no le gustaba nada, y Harry y Areagon apenas habían desayunado, decidieron comprar a medias algo de comida y dulces para compartir entre los tres.
-No son ranas de verdad, ¿no? -preguntó Harry, que había cogido un paquete azul con la inscripción "Ranas de Chocolate" en unas letras doradas.
-Es un conjuro -explicó Ron con la boca llena- además, molan por los cromos, cada mago o bruja famoso tiene un cromo, yo ya tengo más de quinientos…
Harry abrió la suya y la saboreó.
-Esta buena -dijo haciendo un signo de OK con los dedos- ¡eh! me ha tocado Dumbledore.
-Lo conozco -dijo Areagon- fue él quien aprobó mi programa de intercambio, ¿qué dicen de él?
Harry leyó- "Considerado por muchos como el mejor de la época moderna, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por su descubrimiento de los doce usos de la sangre de dragón y su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. Al profesor Dumbledore le gusta la música de cámara y los bolos".
Areagon cogió una rana, sacó el cromo de Salazar Slytherin y leyó "Fue uno de los cuatro fundadores de Hogwarts. Una de las cuatro Casas de Hogwarts lleva su nombre. Era hablante de Pársel, es por ello que el animal de la Casa Slytherin es una serpiente. Durante la creación de Hogwarts, Salazar creía que el Colegio debía ser más selectivo en cuanto a la admisión de alumnos. Creía que la enseñanza de la magia debía reservarse solamente a los niños de familia de magos, y no a los de familia muggle. Por esta causa, Slytherin tuvo un fuerte altercado con Godric Gryffindor, para luego abandonar el Colegio."
-Uffff… -dijo Ron- Slytherin… si me tocara esa casa en Hogwarts, creo que me iría, prefiero entrar en Hufflepuf antes que en Slytherin, la verdad.
-¿Tan malo es entrar en Slytherin? -preguntó Harry.
-Todos los magos y brujas que se han echado a perder fueron de Slytherin -dijo encogiéndose de hombros- estadística…
-Vamos, Ron, imagínate que yo entro en Slytherin -dijo Areagon para quitarle algo de hierro al asunto- ¿dejarias de hablarme?
Ron se movió incómodo en su asiento, pero su respuesta fue bastante contundente.
-Areagon, no tengo nada contra tí, pero si te convirtieras en un Slytherin… quién-tu-sabes fue de la Casa Slytherin, dicen que está maldita, si no te dejara de hablar, tendrías que demostrarme que realmente eres de fiar.

Una chica con el pelo largo, enmarañado y castaño, ojos marrones y unos incisivos bastante grandes tocó al cristal antes de abrir la puerta, rompiendo el silencio incómodo que se había formado en ese momento.
-¡Hola! -dijo la chica- ¿habéis visto un sapo? un chico llamado Neville ha perdido uno.
Areagon la miró ceñudo, se levantó de su asiento y le tendió la mano.
-Hola, chica desconocida, me llamo Areagon Telcontar, si encuentro a ese sapo se lo daré a Neville.
-Oh, disculpad, soy Hermione Granger -dijo un poco ruborizada- ¿y vosotros?
-Ronald Weasley, Ron para los amigos.
-Harry Potter.
-¡Cien centellas! ¿eres tú de verdad? -exclamó Hermione, sentándose frente a él- ¡he leído todo sobre tí! se te menciona en…
-¡Basta, basta! -exclamó Areagon con las manos en las orejas- ¿no ves que lo estás agobiando?
-Oh, bueno… -dijo ruborizada- ¿tenéis ganas de empezar las clases? ¿habéis practicado en casa?
Areagon, Harry y Ron, se miraron y pensaron lo mismo "¿no estaba prohibido hacer magia fuera del colegio?".
-Yo he practicado unos cuantos, pero me han funcionado -dijo Hermione decidida, y sacó la varita, apuntó a las gafas de Harry y exclamó- "¡Oculus reparo!".
Las gafas, que se mantenían por cinta adhesiva en el puente y las patillas, se repararon, haciendo desaparecer el adhesivo, y repararon los cristales. Harry se quitó las gafas y las observó de cerca.
-Vaya, gracias Hermione -le dijo Harry con una sonrisa.
Un chico con la cara redonda y pelo castaño entró en el compartimento.
-Perdona Hermione, pero sigo sin encontrar a Trevor, ¿me ayudas a buscarlo?
-Sí, ahora voy, Neville -dijo Hermione mientras se levantaba- tal vez deberíais poneros ya las túnicas, estamos a punto de llegar.

Cuando se fue, relajaron el ambiente riéndo, ya habría suficientes tensiones cuando los seleccionaran y con las clases, pusieron las cortinas y se cambiaron, se terminaron las chucherías que habían comprado y aprovecharon para contarse anécdotas hasta que el tren se detuvo.
Bajaron del tren, y vieron a un hombre enorme, de ojos marrones, con el cabello largo hasta los hombros, enmarañado y negro; una barba larga y espesa le llegaba hasta el pecho; y si no fuera por su sonrisa bonachona, más de uno se habría ido corriendo a Londres.
-¡Hola Hagrid! -exclamó Harry mientras le saludaba con la mano.
-¡Hola Harry! -dijo el aludido sonriendo todavía más- ¿habéis tenido un buen trayecto?
-Sí, gracias -dijo Ron.
-Vamos, los de primer año, tenemos que coger los botes -dijo mientras movía uno de sus enormes brazos para que le siguieran.

Caminaron hasta internarse en un sendero rodeado de árboles y Hagrid los guió por él, mirando de vez en cuando que ninguno se rezagara demasiado.
-Atentos ahora y atesorad esta vista -dijo Hagrid, mientras se hacía a un lado- bienvenidos a Hogwarts.
Al apartarse, desveló un enorme castillo coronando una montaña que surgía de un lago en el que se reflejaba la luna, e inmediatamente, los murmullos y las exclamaciones de asombro de los nuevos alumnos empezaron a circular.
-¡Uau! -dijo Harry.
-¡Es mejor de como me lo había imaginado! -exclamó Ron.
-¡Qué pasada! -dijo Areagon.
-¡Es precioso! -dijeron a la vez Hermione Granger y varias chicas.
Hagrid los dejó unos minutos para que todos pudieran verlo bien y deleitarse con la vista, hasta que los llamó.
-¡Vamos! -dijo haciéndoles avanzar- todavía hay que coger los botes.