Regreso a Minas Tirith

El borde del precipicio donde se encontraba La Ciudadela, estaba iluminado por unas antorchas que servían como las luces de las pistas de aterrizaje de los aviones; aunque ya empezaba a estar iluminada por los primeros rayos del sol; al aterrizar, vieron a un reducido grupo de personas que les esperaban. Eran Aragorn, Arya, Gandalf y Khug Morna.
-¿Qué tal el vuelo? -preguntó Aragorn a su hijo.
-Muy bien la verdad -dijo Areagon- sin turbulencias y viento en calma.
-¿Y el curso? -preguntó Arya.
-Todas aprobadas -dijo Brom por él, mientras les entregaba sus notas, ya que no se las habían dado a Areagon directamente.
"Transformaciones: Extraordinario
Encantamientos: Supera las Expectativas
Pociones: Supera las Expectativas
Historia de la Magia: Aceptable
Astronomía: Aceptable
Defensa Contra las Artes Oscuras: Extraordinario
Herbología: Extraordinario
"
-¿Todas aprobadas? -preguntó Areagon sorprendido- pensaba que habría suspendido Pociones e Historia de la Magia…
Su madre lo miró de reojo.
-Y… ¿por qué deberías haber suspendido esas asignaturas? -preguntó enfadada.
-Porque Historia de la Magia es mortalmente aburrida, incluso nos la enseña el profesor Binns, un fantasma -dijo encogiéndose de hombros- y pociones porque soy amigo de Harry Potter y Severus Snape odia a Harry Potter… todo Hogwarts lo sabe.
-Tiene razón -dijo Brom.
-¿Severus Snape? -preguntó Khug Morna- he oído hablar de él, creo que lo mencionó el Jefe de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia español.
-Cierto -dijo Arya- fue unas semanas después de que te marcharas, su sobrino estuvo de intercambio en Hogwarts y tuvo quejas sobre ese profesor.
Areagon dio un bostezo.
-Mejor que te vayas a dormir, Areagon -le dijo Gandalf- ya tendremos tiempo para hablar más tarde.

Areagon fue a su habitación, se desvistió y se metió en la cama.


No supo cuánto tiempo estuvo durmiendo, hasta que notó una molestia constante en la nariz, cuando despertó vio unos ojos grises, pero no supo quién era hasta que se frotó los ojos. Tenía el pelo y la barba de color castaño oscuro, una sonrisa amable e iba vestido de negro, en su cadera llevaba una espada y una daga, y en su espalda sobresalía un carcaj con flechas, era su primo Halbarad.
-¡Halbarad! -exclamó Areagon riendo y abrazando a su primo mayor.
Halbarad era el único hijo de Evonyn, la hermana pequeña de Aragorn y de Halbaron, uno de sus compañeros de clase cuando ingresaron en la Orden del Dragón. Sin embargo, tanto Evonyn como Halbaron murieron cuando Halbarad tenía seis años durante una emboscada de los orcos, incluso Halbarad estuvo a punto de morir de no ser porque Aragorn y un grupo de jinetes apareció en el momento justo para evitarlo. Halbaron murió en el campo de batalla, mientras que Evonyn vivió lo suficiente como para llegar a las Casas de Curación de Minas Tirith, donde le pidió a Aragorn y a Arya que criaran a Halbarad como si fuera su propio hijo, y así lo hicieron; cuando Areagon nació, Halbarad ya tenía catorce años y era Escudero del Dragón, cuando Halbarad sostuvo a Areagon por primera vez, lo llevó ante la tumba de su madre donde juró que el sacrificio de sus padres no sería en vano y que protegería a Areagon a toda costa, para así pagar su mal comportamiento a pesar de los esfuerzos de Aragorn y Arya por alimentarlo, educarlo y darle lo más importante… un hogar y el cariño de una familia; ese mismo día, Halbarad pidió ser destinado en la Guardia de la Noche, la unidad de élite del ejército de Arnor a la que habían pertenecido su madre y su padre, y que entre otras misiones altamente peligrosas, también tenían la misión de proteger a la Familia Real del Reino Unificado, y las familias de sus aliados.

Areagon se lavó la cara y se vistió rápidamente, se ciñó un cinturón con una daga y cogió su varita.
-¿Cuándo has llegado a Minas Tirith? -preguntó Areagon.
-Acabo de llegar -respondió Halbarad- necesitaba algo de calor estival, ¿qué tal por Inglaterra?
-Bien -dijo Areagon.
-¿Sólo bien? -preguntó Halbarad con una sonrisa que a Areagon no le gustó nada- Brom me ha dicho que te encontraste con una cerbero y un mago tenebroso…
Areagon no contestó.
-Venga, vamos Areagon -dijo Halbarad riendo- la mayoría de los jinetes no ven nada peligroso hasta los trece o los catorce, tú tienes once y les llevas la delantera a…
Escucharon un grito de chica, alguien corriendo y Areagon terminó rodando por el suelo con alguien que intentaba golpearle.
-¡Te vas a Inglaterra! ¡me dejas sola en clase de curación! -gritó una chica mientras rodaban por el suelo- ¡he tenido que aguantar las bromas de Fili y de Kili porque no estabas para controlarlos! ¡y ahora me entero de que te has enfrentado a una cerbero y a un mago tenebroso! ¡TE MATO!
Halbarad miraba divertido la escena, hasta que vio que Areagon ya había tenido suficiente castigo y arrastró a la chica para que lo soltara.
-Yo también me alegro de verte, Tauriel… -dijo Areagon, rascándose las costillas donde le había golpeado.
-Puedes soltarme, Halbarad -dijo Tauriel- no voy a matarlo…
Halbarad la soltó. Tauriel era alta, delgada, de ojos azules y pelo de color caoba que le llegaba hasta la cintura; iba vestida de verde y marrón, y llevaba una daga curvada en la espalda.
-Sabes, Tauriel -dijo Halbarad riendo- vas a tener que limar esa forma tuya de comportarte, no es apropiado para una princesa… además… imagina el dia en el que Areagon aparezca con una chica… se va a creer que eres una ex-novia celosa.
Areagon iba a protestar, pero Tauriel se le adelantó.
-Soy una princesa guerrera, Halbarad, hijo de Halbaron -puntualizó- harías bien en recordarlo…
Los tres rieron y siguieron andando por el pasillo, como ya había pasado la hora de comer, fueron al mercado, donde Halbarad les invitó a unos pinchos de ternera adobada para poder comer mientras paseaban.

Estaban sentados en una de las almenas de La Ciudadela, cuando apareció Khug Morna.
-Areagon, Halbarad -les llamó- los Grandes Maestres quieren veros en el Concilio, ahora…
-¿Acabas de llegar y ya te has metido en líos? -preguntó Tauriel, aquello no le hacía ninguna gracia.
-Quieren interrogarte sobre lo ocurrido en Hogwarts -dijo Morna.
-Yo también voy -añadió Tauriel.
Así que Areagon, Halbarad y Tauriel, se levantaron y siguieron a Khug Morna, mientras detrás de ellos iba Orión, contento de ver a Areagon.
Bajaron una larga escalinata y entraron en una enorme sala excavada en la roca, era una sala circular, con una mesa presidencial en la que estaban sentados los Grandes Maestres de la Orden.
-Se presentan ante el consejo Areagon, hijo de Aragorn y Halbarad, hijo de Halbaron -anunció Khug- se presenta como oyente, Tauriel, hija de Legolas, rey del Bosque Verde.
-Acercaos, Areagon -dijo un hombre calvo y con una espesa barba blanca, tenía un ojo verde, y del otro era completamente ciego ya que una cicatriz bastante profunda le cruzaba en vertical, le faltaban dos dedos y media falange del dedo corazón en la mano izquierda.
-¿Querían verme sus excelencias? -preguntó Areagon haciendo una reverencia.
-Areagon, necesitamos hacerle varias preguntas sobre su estancia en Hogwarts -dijo el mismo hombre- si no recuerda o no quiere responder, es libre de hacerlo, ¿de acuerdo? esto no es un juicio, de todos modos, sus padres estarán presentes para asesorarle, así como su tutor, ¿entendido?
-Sí, señor
-Muy bien… Arathorn, ya que es tu nieto, ¿deseas empezar tú? -preguntó un enano muy anciano.
-Areagon -le llamó su abuelo- ¿qué misión te encomendaron Albus Dumbledore y Gandalf?
-Que vigilara a Harry James Potter.
-¿Por qué razón? -preguntó otro hombre vestido con un jubón morado y negro.
Areagon iba a contestar, pero una voz a sus espaldas le interrumpió.
-Galbatorix -dijo Gandalf- todos aquí conocen las razones, además, esa misión está registrada en el archivo de la Orden.
-Puedo responder a esa pregunta -dijo Areagon, Galbatorix le caía muy mal, al igual que su hijos, Murtaugh y Morzan, así que no quería dejar que le defendieran delante suyo- los padres de Harry Potter, James y Lily Potter, fueron asesinados por Lord Voldemort durante la fiesta de Halloween de mil novecientos ochenta y uno, y como ya es sabido, está obsesionado con matar a Harry.
-Bien -dijo Arathorn- así que la misión de vigilancia fue ordenada por un motivo de protección…
-Sí, señor -dijo Areagon.
-Areagon Telcontar -dijo Galbatorix- ¿ha visto usted esta noticia? -y dejó sobre la mesa la portada del diario "El Profeta".

"Tormenta inesperada provoca inundaciones entre Escocia y Londres.
Los servicios meteorológicos mágico y muggle informaron que durante la madrugada de ayer se formó una tormenta con vientos de más de 62 km/h y lluvias que provocaron daños en zonas rurales y algunas ciudades. Además, los servicios meteorológicos informan de que la tormenta no fue detectada por ningún radar hasta que se formó de improviso y descargó.
Afortunadamente, no hay que lamentar víctimas gracias a la rapidez de los servicios de emergencia

El Departamento de Seguridad Mágica ha abierto una investigación".

-Señor Telcontar -dijo Galbatorix- ¿salió usted de madrugada del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, con un wyvern de tormenta?
-Sí, señor -admitió Areagon mientras le dirigía una gélida mirada.
-¿Abandonó usted la misión que le encomendaron el General Brom Holcombsson y Mithrandir? ¿dejó usted a Harry James Potter sin vigilancia y protección, desobedeciendo una orden directa?
-Otra vez erras en tus conclusiones, Galbatorix, y olvidas lo que yo ya expliqué… -dijo Brom fríamente- Harry James Potter estuvo acompañado por Jock, un dragón camaleónico vinculado a Areagon durante todo ese tiempo, ya que si Areagon se hubiese quedado, Albus Dumbledore y yo no habríamos llegado a tiempo; si Areagon hubiese pedido a Ronald Bilius Weasley o a Hermione Jean Granger que nos buscaran, Areagon hubiese tenido que desvelar la existencia de la Orden del Dragón; y la tormenta fue necesaria para ocultar que volvíamos a Hogwarts para una operación de rescate.
-Holcombsson, tú siempre defendiendo a Telcontar -dijo fríamente- ya dije que permitir que Vlad desarrollara su conexión con Areagon era un error, que le volvería… inestable...
-El error hubiese sido permitirte sacrificar al dragón principal de un jinete -dijo Gandalf, que se había levantado de su silla.
-¿¡QUE QUERÍA HACER USTED QUE!? -exclamaron a la vez Areagon, Tauriel, Halbarad y Khug.
Areagon sacó su varita y apuntó al pecho de Galbatorix, provocando que una luz surgiera de la punta, amenazadoramente; pero Halbarad se sujetó la mano.
-No vale la pena -le dijo.

Areagon bajó la varita y se marchó de la sala como un tornado, sin rumbo fijo, hasta que decidió ir a ver a los armeros.
-¡Areagon! -le saludó uno de ellos- ¿ya de vuelta?
-Sí, gracias -dijo con una mueca que quería ser una sonrisa.
-¿Qué ha ocurrido? -preguntó el maestro armero, llamado Horst, tenía una espesa barba, era calvo y grande como una montaña, de ojos ambarinos, y sus enormes brazos estaban cubiertos de quemaduras y tatuajes; su aspecto intimidaba a más de uno, aunque era muy bonachón y siempre atento a su familia, además de un excelente cocinero.
Areagon se encogió de hombros y murmuró "Galbatorix".
-Ah, bueno, ya… ¿quieres hacer algún cuchillo? -dijo Horst.
-Hoy no, prefiero observar a los expertos.
Se quedó mirando a los herreros mientras trabajaban forjando espadas, hachas y armaduras; también había algunos estudiantes de la Orden del Dragón forjando puntas de flecha, cuchillos y dagas.
Estaba absorto mirando como Horst forjaba una espada, cuando una voz femenina le llamó por su nombre.
-¿Areagon?
-¡Eöwyn! -exclamó Areagon- ¿qué tal todo?
-Bien, he venido representando a mi padre, ya que no puede montar -dijo con tristeza.
Eöwyn era alta, de unos veinte años, tenía los ojos azules y el pelo rubio platino, normalmente lo llevaba suelto, aunque para montar a caballo o en dragón, prefería llevarlo recogido en una trenza; iba vestida con una armadura ligera y llevaba una espada corta y una daga colgando del cinturón. Al igual que todos los habitantes de Rohan, era una amante acérrima de los caballos.
-Por cierto, Halbarad me pidió que te buscara, parecía muy enfadado... -dijo con cautela.
-Ya, me han convocado los Grandes Maestres por lo de Hogwarts -le contó Areagon- al parecer Hrom se excedió con su tormenta y hubo algunas inundaciones… eso lo admito, pero me he enterado de que Galbatorix quiso sacrificar a Vlad, dijo que era el motivo de que yo fuera inestable…
-No creo que tú seas inestable -dijo seriamente- y no le hagas caso a Galbatorix, es un maldito cerdo...

Como hacía mucho tiempo que no veían a Areagon y la discusión con Galbatorix no había sentado bien a nadie, decidieron organizar una pequeña fiesta para celebrar que Areagon había vuelto de una sola pieza. Así que mientras cenaban disfrutaron de una conversación entre Aragorn, Arya, Arathorn, Brom, Gandalf, Khug Morna, Eöwyn, Halbarad, Tauriel y el propio Areagon. La fiesta se alargó y se fueron a dormir de madrugada.


Mientras dormían, en un castillo casi en ruinas, una voz masculina y severa, decía.
-Criad bien nuestros amigos alados, los necesitaremos para la batalla que se avecina, y debemos conseguir que lord Voldemort resurja para conseguir aquí nuestros objetivos ¡TRABAJAD!