Los hijos de Dúrin

Estando de vacaciones, Areagon aprovechó las primeras semanas para hacer lo que no pudo mientras estaba en Hogwarts; desde volar sin miedo a que alguien les viera, a montar a caballo o perfeccionar lo que ya había aprendido tanto en Hogwarts como en la Escuela de Jinetes. Un día estaban Tauriel y él practicando con el arco, cuando apareció su padre vestido con un traje de piel de dragón que solía utilizar en viajes largos.
-He de ir a Endor para hablar con Hrothgar -dijo Aragorn- ¿me acompañais?
-Sí, claro -dijeron los dos.
Ambos fueron a ponerse los trajes que utilizaban para volar, estaban hechos de cuero y de la muda de piel de los dragones, así que no solo protegían del calor y del frío, sino que además era como una armadura muy ligera; se ataron los carcaj y los arcos a la espalda y fueron a la armería a recoger una espada cada uno. Tauriel llevaba una espada élfica de hoja curva, mientras que Areagon llevaba una espada bastarda acorde a su estatura, salieron al patio, donde ya les estaban esperando Aragorn, Halbarad y Eowyn. Aragorn y Halbarad volarían en Král y en Lovag, sus dragones blancos de Gondor; Eowyn volaría en su drafón Fädervinge, un híbrido de dragón de pradera y de grifo; Tauriel volaría en Laegwing, su dragón de bosque y Areagon volaría en Vulcan a la ida, y en Vlad a la vuelta.
-Portaos bien -les advirtió Arya mientras les despedía junto con Brom.

Alzaron el vuelo rumbo al norte, sobrevolaron el islote de Cair Andros, la Ciénaga de los Muertos y las Tierras Brunas, no tardaron en llegar al Bosque Verde, una vasta extensión de bosque espeso que era el hogar de Tauriel; a lo lejos, Areagon vió las ruinas de Dol-Guldur y sintió un escalofrío en la nuca, recordando que Sauron y sus Nazgûl la utilizaron como base durante la Tercera Edad, antes de ser derrotados por la dama Galadriel... Estaba absorto en sus pensamientos cuando escucharon un rugido sobre ellos, era el Rey Legolas, el padre de Tauriel que volaba sobre ellos con Ezelráma, padre de Laegwing.
-Buenos días -dijo saludandolos y encabezando la formación junto con Aragorn.
Se desviaron para sobrevolar el río Celduin, a lo lejos pudieron ver la Ciudad del Lago y la Ciudad de Valle, y entre esas dos ciudades, sobresalía su destino, la Montaña Solitaria, que en su interior albergaba el Reino Enano de Erebor, el mayor reino de esa raza y donde trabajaban los mejores maestros armeros de la Orden del Dragón.
Finalmente aterrizaron en un anillo de fortalezas exterior y que protegía la entrada principal del Reino, a su encuentro salieron el Rey Hrothgar I, seguido por sus hijos Thorin, Fili y Kili, que portaban los estandartes del Reino Unificado, el Reino de Rohan y el Reino del Bosque Verde.
-Mae govannen! -dijo Hrothgar en élfico y esbozando una amplia sonrisa- bienvenido Legolas, rey del Bosque Verde, señor de los elfos silvanos y amigo de los enanos; bienvenido Aragorn, rey de Arnor y Gondor, Capitán de los Dúnedains y una parrafada más que obviaré para no perjudicar los oídos de los más jóvenes -todos rieron- bienvenido Halbarad, hijo de Halbaron y Evonyn, Capitán de la Guardia de la Noche y cazador de lethrblakas.
"¿Cazador de lethrblakas?", pensó Areagon mientras notaba cómo se le erizaban los pelos de la nuca, ¿en qué clase de misiones había estado metido su primo?
-... bienvenida Eowyn, Princesa de Edoras, la mejor amazona de su generación; bienvenida Tauriel, Princesa de Mirkwood... y bienvenido, Areagon Telcontar, Príncipe Heredero del Reino Unificado… y por lo que me han contado… -añadió con una sonrisa pícara- domesticador de cerberos.
Todos rieron, menos Areagon, que no le hacía gracia ser presentado por su título nobiliario y menos todavía, que le agregaran "títulos".
-¿Qué tal en Hogwarts? -preguntó Thorin a Areagon, mientras los adultos bromeaban y se adentraban en la montaña.
-Bien, aunque echaba de menos Endor -respondió Areagon- allí tenía que volar en una zona restringida, y tampoco podíamos volar muy alto para que no nos viera nadie desde el castillo o desde el pueblo de al lado.
-¿Y eso? -preguntó Fili.
-Al parecer está prohibido tener dragones en Europa y en América -dijo Areagon encogiéndose de hombros- según la Convención de Magos de 1709, les era imposible controlar a sus dragones y eso provocaba que en la Edad Media los muggles… gente que no tiene nada de magia en sus cuerpos... descubrieran su ubicación y les atacaran, algo que provocó que los magos decidieran ocultarse y mandar a sus dragones a reservas controladas.
-Aquí hay gente que no tiene ningún ápice de magia y no ocultamos nada… -dijo Tauriel.
-Tauriel, hija de Legolas -dijo Khug- eso es porque aquí la gente ve la magia y las criaturas mágicas como algo completamente natural, en parte, porque la población de este continente tiene un mínimo que les ayuda a visualizarla y a comprenderla, es decir, serían el equivalente a los squibs, pero la gran mayoría de la población, tanto en América como en Europa, no tiene ni siquiera ese mínimo y por desgracia, todos los humanoides tendemos a atacar a lo que no comprendemos, ya que nos da miedo.
-Es interesante -dijo Thorin- me gustaría viajar a Europa para ver una cultura tan distinta a la nuestra…
-No hace falta que te vayas fuera de Endor a aprender de culturas -dijo Tauriel- basta que te des una vuelta desde La Comarca hasta Rhún para ver los diferentes reinos y culturas de las diferentes razas…
-Ya, pero hasta los hobbits, pese a su pacifismo, también tienen dragones -dijo Thorin- me gustaría ver y aprender por qué en Europa y en América los únicos jinetes que hay es porque llegaron a nuestras costas por accidente o porque fueron evacuados aquí por un jinete de Endor, pero nadie ha conseguido hacer el vínculo Skulblaka en Europa o en América.
-En eso tiene razón -dijo Areagon- todos los jinetes extranjeros consiguieron sus dragones aquí, aún cuando eran razas autóctonas de otros continentes y los huevos fueron traídos aquí…
-Otro misterio por resolver… -dijo Tauriel, frotándose las manos.
Khug los miró ceñudo.
-Procurad no meteros en ningún lío al intentar averiguarlo… sobretodo tú, Areagon, Galbatorix está insoportable.

Siguieron hablando mientras entraban en la Montaña Solitaria, cuya puerta principal estaba custodiada por dos enormes estatuas con forma de enano talladas en la roca.
Una vez dentro, les hicieron bajar a las bóvedas interiores donde eran enterrados los reyes de Erebor, en el centro, más elevado que el resto estaba Thorin "Escudo de Roble", y sobre su tumba descansaba la espada Orcrist, una espada élfica de hoja curva con colmillo de dragón como mango, era conocida como "La hendedora de Trasgos" por los elfos, enanos y hombres.

Una vez rendidos los homenajes a los antiguos reyes de Erebor fueron a comer… si los enanos eran conocidos en Endor por sus creaciones de metal y piedra, sus dotes culinarias con la carne estaban prácticamente a la par. Areagon probó tantos platos de carne, incitado por Fili y Kili que pensó que iba a explotar, fue entonces cuando se acordó de Ron y su incansable apetito, y trató de imaginar qué estarían haciendo sus amigos británicos en ese momento.
Una vez tuvieron el apetito saciado, tal vez demasiado, los tres reyes y algunos consejeros fueron a una sala a debatir varias cuestiones, mientras que Areagon, Halbarad, Eowyn, Thorin, Tauriel, Fili y Kili salieron a descansar al exterior.
-Oye, Halbarad -preguntó Areagon- ¿por qué Hrothgar ha dicho que eras cazador de lethrblakas?
Los lethrblakas eran unas criaturas oscuras similares a los guivernos, pero su cabeza era parecida a la de una serpiente, su aliento era venenoso, tenían una larga cresta sobre su serpentino cuello y alas de murciélago; eran unas criaturas odiadas y temidas, ya que solían alimentarse de elfos, humanos y enanos, e incluso de dragones jóvenes, además, durante la Tercera Edad del Sol, fueron utilizadas por los Nazgûl como sus monturas y eran siempre un mal presagio, sobretodo cuando su número aumentaba.
-Lo cierto es que fue accidental -respondió Halbarad- estaba volviendo a Arnor junto con Lovag cuando nos atacó una pareja jóven, Lovag mató al macho y yo maté a la hembra…
-No fue nada agradable... -dijo Lovag, levantándose y acercándose a ellos, era parecido a Vlad, pero lo duplicaba en tamaño, sus escamas y la cara exterior de sus alas eran de un blanco nacarado; sus garras eran negras como el carbón, curvadas y muy afiladas; la cara interior de sus alas y sus ojos eran de un azul turquesa y las llamas de su aliento eran de color azules y naranjas- es más, yo evitaría enfrentarme a ellos si el combate fuera a corta distancia…
-¿Por qué? -preguntaron Vlad y Karaad.
-Lo cierto es que su mordedura es terriblemente dolorosa -explicó Lovag- huelen fatal y saben todavía peor…
Todos pusieron cara de asco.

Una vez reposada la comida, volvieron a internarse en Erebor, en concreto donde estaban las fraguas, ya que desde que tenía seis años, Areagon siempre se había maravillado con la forma de trabajar el metal de los enanos; estaban tan bien organizados y sincronizados que parecía alguna coreografía extraña para un baile, mientras entonaban marchas que les levantaban el ánimo y marcaban el ritmo del golpeteo del metal contra los yunques.
El sonido y la vista de las llamas poniendo el acero al rojo vivo eran tan hipnóticos que perdió la noción del tiempo y empezó a divagar sobre Narsil, la espada que empuñó Elendil en la Batalla de la Última Alianza y que fue forjada por Telchar en las Ered Luin; la misma espada que Sauron quebró y que posteriormente Elrond ordenó forjar de nuevo con el nombre de Andúril, La Llama del Oeste, para que la empuñara Aragorn Elessar Telcontar durante la Guerra del Anillo y estuvo en poder de los reyes del Reino Unificado, pero desgraciadamente la espada se perdió después de la Dagor Dagorath, al final de la Quinta Edad.
-Areagon… -le llamó Tauriel- ¿en qué piensas?
Areagon dió un respingo, a su lado solo quedaban Tauriel y Thorin, el resto ya se había marchado para seguir la visita.
-Nada -dijo mientras daba unas largas zancadas hasta ponerse a su altura- pensaba en qué debió ocurrir en la Dagor Dagorath para que se perdiera Anduril…
-Ya… -musitó Tauriel- a mi padre le gustaría volver a verla, dice que no hay mejor estandarte para unir las razas de dunedains, elfos y enanos, además le traería recuerdos de cuando fue miembro de la Comunidad del Anillo…
-Sí… -dijo Thorin con cierto aire soñador- una belleza creada por enanos, reforjada y perfeccionada por los elfos, para que fuese blandida por los herederos de Elendil…
Areagon y Tauriel lo miraron divertidos, era la primera vez que escuchaban a Thorin hablar de ese modo.
-¿Qué? -dijo sonrojado- ¿no os gustaría que eso sucediera? -y siguió caminando- ¡oh! no se lo contéis ni a Fili ni a Kili…
-Ni una palabra -dijeron Areagon y Tauriel.
-¿Qué le pasa? -preguntó Areagon- no estaba así cuando me marché de aquí…
-Creo que está enamorado de alguna enana de alta cuna… -dijo Tauriel en voz baja, pero lo suficientemente alto como para que Thorin lo oyera.
-Y-yo n-no -dijo Thorin, más rojo que un tomate.
-Tranquilo, Thorin, hijo de Hrothgar -dijo Areagon- sabemos que un enano bravo como tú, no se enamora de dulces doncellas… eso es para débiles, ¿verdad?
-Correcto, Areagon, hijo de Aragorn -dijo Thorin asintiendo tan rápido que parecía un pájaro carpintero.
-Pero no olvides, Thorin, que si algún día necesitas ayuda para conquistar a esa doncella -dijo Tauriel sonriendo con malicia- cuenta con mi arco...
Thorin se marchó de allí y no volvieron a verlo hasta la hora de cenar, dónde Areagon y Tauriel no dejaban de lanzarse miradas para provocarlo, ya estaba bastante tenso, pero cuando Fili le dió una palmada en su hombro y dijo:
-Bueno, Thorin, ¿cuándo vas a traer a casa a esa amiga misteriosa que tienes en Moria?
Thorin se levantó de la mesa y marchó a correr a su habitación mientras gritaba.
-¡DEJADME EN PAAAZ!
Todos se quedaron perplejos.
-¿Vosotros lo sabíais? -preguntó Areagon.
-Sí, hace unos meses que lo sabemos, pero nunca le habíamos dicho nada… -dijo Kili.
-¿Y porqué no me contasteis nada? -preguntó Areagon.
-Tú tampoco nos contaste nada de tu misión en Hogwarts -dijo Tauriel.
-Lo cierto es que pensé que Morna os lo habría dicho… -dijo Areagon.
-Deciros, ¿qué? -preguntó el capitán justo detrás de ellos.
Areagon levantó una ceja.
-¡Oh! -respondió- la verdad, no lo dije por si se os ocurría pedirle información por carta.
-Nosotros nunca haríamos eso -dijo Fili con cara de inocente.
-Precisamente por eso… o por si se os ocurría presentaros en el Colegio montados en dragones… así que de momento, prohibido cartas que puedan comprometer esa misión, hay vidas en juego, ¿entendido? -les dijo seriamente.
-Sí, señor… -dijeron todos, y realmente aquellas palabras fueron sinceras y ninguno mandaría una carta por la misión de Areagon, salvo que fuera algo crítico, y en especial cuando era Khug quién se lo pedía.