Agaetí Blódhren
Una noche en Minas Tirith, después de demostrar que estaba al día en cuanto a sus estudios de la Escuela de Jinetes, Areagon se lavó y se vistió con ropa elegante, llevaba unas botas de montar bien lustradas, unos pantalones negros impecablemente limpios, una camisa negra sobre la que llevaba un peto del mismo color y que llevaba bordado en hilo de plata el escudo del Reino Unificado, además, una costurera amiga de su madre, le había agregado el escudo de armas de Hogwarts. Salió a la Sala del Trono para reunirse con sus padres, Brom, Halbarad y Khug Morna.
-Mae govannen! -dijo su madre- buena elección.
-Sí, aunque falta un pequeño detalle… -dijo su padre, mientras le hacía una señal a Halbarad.
-Esta espada la llevé yo cuando tenía tu edad -dijo su primo con una sonrisa, descubriendo una espada bastarda, acorde a la estatura de Areagon y que parecía una réplica de una espada usada por los montaraces- tuya es -y mientras se arrodillaba, se la ató al cinto.
Khug se adelantó y con la ayuda de su padre, le ataron una capa de color negro, con el escudo de la Orden del Dragón.
Brom comprobó que todo estuviera bien colocado y asintió.
Juntos, emprendieron la marcha y salieron fuera de la ciudad, donde se había improvisado un altar y todo el mundo estaba allí congregado; era cierto que Areagon odiaba muchas de las celebraciones que exigían ir bien vestido, pero esa era una de las excepciones.
Cuando Gandalf subió al altar, acompañado por Paarthunax, su wyvern de tormenta, y Balerion, un guiverno de fuego muy anciano.
-Buenas noches a todos -dijo Gandalf- como sabéis, esta noche se conmemora un año más el final de la batalla que unió como hermanos a dúnedains, dragones, elfos, enanos, hombres y guivernos; esta noche, volvemos a rendir tributo a aquellos que sin importar su raza, lucharon y murieron juntos...
La mente de Areagon empezó a divagar y dejó de prestar atención, se sabía de memoria aquella historia, ya que era una de sus favoritas sobre la Cuarta Edad, y recordó cuando Gandalf le contó por primera vez aquella historia…
"A finales de la Cuarta Edad del Sol, una compañía mixta de elfos y dúnedains de Arnor volvían después de inspeccionar una ruta en la que habían ocurrido varios ataques de orcos, cuando algo llamó su atención.
Ante ellos se hallaba Balerion "El Terror Negro", el wyvern de fuego más anciano, grande y poderoso que habitaba en Endor, nacido tras la Nírnaeth Arnoediad (Batalla de las Lágrimas Innumerables); pero en aquel momento, el enorme guiverno no suponía ninguna amenaza, tumbado sobre un costado con las membranas de sus alas completamente destrozadas y herido de muerte por un virote de escorpión gigante, no era consciente de lo que ocurría a su alrededor.
Pronto, tanto elfos como dúnedains empezaron a debatir, hasta que los líderes de esa compañía, Eragon, un elfo y Aegon, sobrino de Eldarion I, optaron por ayudarle, pues su honor les impedía ejecutar a un enemigo en aquel lamentable estado, así que tras meses y esfuerzos diarios, consiguieron salvarle la vida. Cuando Balerion empezó a recobrar sus fuerzas, pensó en matar a los que le estaban curando, pero reflexionó y se dejó curar, ya que todavía era incapaz de volar o cazar y por tanto, moriría de inanición.
Tras pasar más de medio año curando al colosal guiverno, este al fin, pudo abrir y empezar a ejercitar sus enormes alas, pero había cambiado, ya no era el guiverno avaricioso y sediento de sangre, instintos básicos con los que Morgoth había creado a los primeros dragones y que poseían todos sus descendientes. Gracias a los elfos y los dúnedains, Balerion había salvado la vida, y había adquirido las cualidades del honor, la lealtad, el sacrificio y la piedad.
El día de la despedida, Balerion contó que había acudido a una reunión con varias tribus de orcos para formar una alianza, pero que los orcos habían sido muy mal educados al sugerir usarlos como simples monturas. Balerion, ofendido, se retiró de la reunión y fue inmediatamente alcanzado por un escorpión gigante que tenían oculto tras un risco; con ese aviso a elfos y dúnedains; Balerion despegó y puso rumbo a su hogar sin desvelar algo más importante… había jurado por su recién adquirido honor acudir en ayuda de los elfos y dúnedains que aún poniendo en riesgo su vida, habían salvado la suya.
Balerion contó lo sucedido a sus hijos y a otro de los wyverns más poderosos, Paarthunax, líder de los wyvern de tormenta que habitaban en su misma montaña.
Pasaron años, cuando Balerion escuchó un rumor… Eragon y Aegon estaban cercados junto a sus compañeros cerca de un barranco y no había nadie capaz de ayudarles, pues incluso dos águilas gigantes que se habían acercado para evacuarlos por aire, habían sido rechazadas por flechas orcas y el contingente que había acudido en su ayuda no podía llegar a ellos. Balerion no lo dudó y fue a su encuentro.
La visión no podía ser más desoladora, de trescientos que formaban la compañía, sólo quedaban treinta, que preferían luchar y vender cara su piel antes que suicidarse saltando por el barranco, iban a realizar una última carga, cuando un viento inesperado levantó una polvareda, y detrás de ellos, surgieron unas alas negras. Los orcos vitorearon la aparición de Balerion, mientras que Eragon y Aegon junto sus compañeros, recordaron a Balerion que ellos le habían salvado la vida, y pidieron que por su honor, les concediera una muerte rápida, así que este abrió sus fauces y de su garganta salieron llamas de color rojo y negro; pero aquel aliento no quemó a ningún elfo o dúnedain, al mirar atrás vieron lo que parecía un torrente de ceniza y en sus bordes, orcos que se estaban quemando vivos.
Balerion aterrizó junto a ellos, listo para luchar junto a sus nuevos aliados, cuando un elfo avistó un escorpión y dió la voz de alarma, pero no hizo falta, antes de que los orcos consiguieran disparar un virote, Paarthunax aterrizó sobre ellos y los aplastó; los orcos que no murieron por aplastamiento fueron arrojados por el barranco de un solo coletazo.
No tardaron en llegar refuerzos de las tropas orcas, muchos de ellos montando sobre lethrblakas; el contingente compuesto por elfos, dúnedains y enanos se preparó para resistir el ataque, pero las águilas no tardaron en llegar y contuvieron la primera oleada; la segunda fue mucho más numerosa y Gwaihir, Rey de las Águilas estaba siendo perseguido por dos adultos, mientras que su hermano Landroval estaba herido por varias flechas orcas y debía aterrizar… Mientras Balerion seguía en tierra ayudando a Aegon y a Eragon, Paarthunax despegó y atacó a los lethrblaka que perseguían a Gwaihir; cuando Landroval aterrizó, un grupo de elfos y enanos se separaron del grupo principal para protegerlo, algo que aprovecharon algunos orcos para acosarlos… en ese momento, un joven dragón de montaña aterrizó dentro del círculo que habían formado para proteger a Landroval y empezó a exhalar su aliento de fuego para evitar que se acercaran más orcos. No fue el único dragón en unirse al combate…
Al parecer el relato de Balerion había llegado a las comunidades cercanas, unas lo habían ignorado, otras seguirían siendo fieles a Morgoth y se mantendrían al margen hasta que su señor volviera… y hubo otras que decidieron cambiar de bando… cuando la tercera oleada de lethrblakas se cernía sobre ellos, de entre las nubes surgió un ejército de dragones y guivernos; los más grandes, aterrizaban o volaban bajo para ayudar a los dúnedains, elfos y enanos; mientras que los más jóvenes, mucho más ágiles, se unieron a Paarthunax y a las águilas de Gwaihir, que de ser enemigos acérrimos, se habían convertido en su mejor aliado en el combate aéreo…
Aquella batalla fue una verdadera carnicería, cuando se disipó el polvo, y los orcos y lethrblakas supervivientes se retiraron, pudieron comprobar sus consecuencias.
Landroval había sobrevivido y velaba el cadáver del joven dragón que le había protegido hasta su último aliento, cuya sangre estaba mezclada con la de los elfos y los enanos que habían muerto luchando junto a él; aquellos dúnedains, elfos y enanos que no habían combatido, recorrían el campo de batalla atendiendo a sus compañeros heridos, ya fueran águilas, elfos, enanos, dúnedains, guivernos y dragones; aquel hecho fue una novedad para todos, en especial para los dos últimos, pues los orcos no atendían a sus heridos, lo que implicaba que se les infectaran las heridas y en algunas ocasiones, llegaran a morir por la infección; sin embargo, aquellas pequeñas criaturas que antes habían odiado tanto, les extraían las flechas, virotes y lanzas, les cortaban las hemorragias y les aplicaban ungüentos para evitar infecciones y calmarles el dolor. Pero las muestras de amistad y compañerismo no quedaron ahí, pronto, un grupo de dúnedains y elfos salieron a cazar para poder alimentar a sus compañeros, a los que un grupo de dragones y guivernos no tardaron en unirse para hacer una cacería más efectiva; y por la noche, además de hablar y contarse historias, algunos dragones y guivernos recorrían el campamento encendiendo hogueras para que los heridos no sufrieran una hipotermia, y en algunos casos, dormían cerca de los grupos de heridos para mantenerles la temperatura con su propio calor corporal… uno de esos grupos, fue un grupo de enanos de Erebor; lo que no sabían en ese momento, era que el wyvern que había luchado junto a ellos y que esa noche les mantenía calientes y aislados del viento, era Smaug II, hijo del mismo guiverno que una Edad anterior les había expulsado de su hogar, y que había acudido en su ayuda para redimir los daños causados por su padre.
A la mañana siguiente, la caballería de élite de Rohan, los Rohirrim, acudieron después de que el propio Gwaihir acudiera a ellos para evacuar a los heridos y a protegerlos por si los orcos volvían; sin embargo, había heridos muy graves que no podían montar a caballo, uno de ellos era el propio Eragon, que había sido alcanzado por una flecha en el pecho, muy cerca del corazón; Balerion, escuchó aquella conversación y no estaba dispuesto a permitir que el "maldito elfo" que le había salvado la vida muriera sin que le atendieran en las Casas de Curación de Minas Tirith, así que se tragó su orgullo y para sorpresa de los presentes, permitió que Aegon, Eragon y más heridos lo montaran para llevarlos a Minas Tirith, era la primera vez que en toda Arda alguien conseguía montar un guiverno sin esclavizarlo o someterlo por la fuerza… pero no quedó ahí, el resto de dragones y wyverns, que tenían el tamaño y la salud suficiente como para volar a Minas Tirith sin detenerse, decidieron imitar su ejemplo; mientras que aquellos que no podían volar directamente a Minas Tirith, ya fuera por tamaño, edad o salud, se quedaron con los elfos, enanos, dúnedains y humanos de Rohan que podían luchar, o que cargaban con los muertos.
Gwaihir aterrizó en la plaza de La Ciudadela e informó junto a un elfo, de que Aegon y Eragon habían caído en una emboscada y que "el Terror Negro" se había aliado con ellos, y que era él quien los transportaba, no le creyeron, hasta que aparecieron en el cielo cargando heridos, así que no les dispararon, pero los habitantes no confiaron en ellos hasta que escucharon los relatos de elfos, dúnedains y enanos, y se volvieron más cercanos a aquellos reptiles voladores, tanto que aquellos con las casas más grandes, permitieron entrar a los más jóvenes para que pudieran descansar en pajares cuando estos llegaron junto a los que habían hecho el trayecto a pie.
Un año más tarde, cuando Eragon se recuperó de sus heridas, las cinco razas que habían luchado y derramado su sangre, consiguieron formular un juramento que les ataría de por vida, ese juramento sería conocido como "El Juramento de Sangre", que sería traducido también como Agaetí Blódhren."
Cuando Gandalf, Paarthunax y Balerion terminaron el relato, los presentes rompieron en aplausos y en rugidos, Areagon pudo escuchar a un niño de unos ocho años, preguntar si el Paarthunax y el Balerion que habían contado la historia junto a Gandalf, eran los mismos de la historia; que de hecho, así era… nadie sabía cuando Gandalf y Paarthunax se habían unido, aunque muchos tenían la teoría de que se habían aceptado cuando Morgoth consiguió liberarse de la cadena Angainor; mientras que Balerion, cuando murieron Eragon y Aegon durante la Dagor Dagorath, no había vuelto a tener ningún jinete o amazona.
Una vez terminó la ceremonia de recuerdo a los caídos, empezaron a servir comida y bebida, y los festejos continuaron hasta el alba.
A la mañana siguiente, Areagon se despertó tarde, pero antes de ir a desayunar, decidió escribirle cartas a Harry, Hermione y Ron, así que tomó un pergamino, una pluma, y escribió las tres cartas interesándose por las vacaciones de sus tres amigos, en especial las de Harry, pues sabía que la relación con sus tíos, no era nada buena, aunque esperaba que al haber aprobado Transformaciones, esa noticia asustara al cerdo de su primo… y más cuando hablando del tema, Harry confesó que no tenía intención de enseñarle a sus tíos la nota que les recordaba que tenían prohibido hacer magia fuera de Hogwarts y recordó cómo Harry, Ron y él mismo se habían reído a carcajadas, mientras que Hermione los miraba con cierta desaprobación. Una vez terminó las cartas, pidió a Horus que fuera a entregarlas y bajó a desayunar.
Al bajar al comedor principal, se encontró a Halbarad, a Eowyn y a Tauriel.
-¡Eh, dormilon! -gritó Tauriel.
-Tauriel, ¡por favor! -exclamó Halbarad- vas a hacer que me explote la cabeza.
Areagon sonrió y se acercó a ellos.
-¿Qué tal la noche? -les preguntó.
-Bueno… tu primo Halbarad fue a beber con Horst -dijo Eowyn con una sonrisa.
-No me digas -dijo Areagon riendo- ¿y quién ganó? -añadió mientras se servía el desayuno.
-Adivina -dijo Tauriel.
-Ganó Horst, ¿verdad? -preguntó Areagon.
-Cállate, Areagon -pidió Halbarad.
-¡Areagon! -llamó Morna- instrucción conmigo en el patio de armas… ¿qué te ocurre Halbarad?
-¡DEJAD DE GRITAR! -pidió Halbarad.
-Anoche fue a beber con Horst -contó Tauriel.
-¡Oh! -dijo Khug sentándose cerca de Halbarad- ¿y un dúnedain de la Guardia de la Noche no pudo vencer al Maestro Armero de Minas Tirith? -preguntó socarronamente mientras le daba palmadas en la espalda.
-Muy gracioso, Morna…
Areagon se deslizó cerca de Halbarad con una copa en la mano.
-Lo siento, Hal… -susurró Areagon.
-¿Q-que?
Pero Areagon fue más rápido y le plantó una copa de alcohol fuerte justo debajo de su nariz, obligando a su primo a vomitar en un recipiente que tenía Tauriel preparado, Eowyn no se lo esperaba y tuvo que levantarse corriendo, mientras Morna no dejaba de reírse, aunque no tardaron en ahogarlas, ya que frente a la puerta del comedor estaban Murtaugh y Morzan; y ambos esbozaban una sonrisa de superioridad que a Areagon y a Tauriel no les gustó nada… el odio que se tenían Areagon, Murtaugh y Morzan, era más fuerte que el que se tenían Harry y Draco Malfoy.
Ambos hermanos eran gemelos, tenían el pelo oscuro y largo hasta la altura de los hombros, sus ojos eran negros y ambos andaban siempre con altivez, tenían cuatro años más que Areagon y eran mimados y consentidos por su padre, Galbatorix; eran de Rhûn, una región al Este de Rohan conocida por luchar en favor de Morgoth y Sauron, sin embargo, una vez terminó la Guerra del Anillo, firmaron la paz entre Rohan, Rhûn y el Reino Unificado; cuando Morgoth provocó la Dagor Dagorath, los habitantes de Rhûn combatieron junto a los Rohirrim y la caballería pesada de Gondor. Una vez terminó esa batalla con el resultado de las muertes definitivas de Morgoth y Sauron, se les permitió formular el Agaetí Blódhren e ingresar en la Orden del Dragón.
Sin embargo, el odio entre Areagon, Morzan y Murtaugh; y el aparente interés de Galbatorix por ejecutar a Vlad; no tenía nada que ver con rencillas históricas.
Un día, cuando Areagon tenía nueve años y estaba realizando sus clases de equitación, dos flechas "perdidas" alcanzaron los cuartos traseros del caballo que montaba, el caballo se desbocó por el dolor y tiró a Areagon al suelo, por fortuna, Brom, Morna y Haldir estaban supervisando su entrenamiento y acudieron rápidamente a atenderlo, ya que se golpeó la cabeza contra el suelo; así que mientras Brom y Morna curaban y estabilizaban a Areagon, Haldir consiguió controlar el caballo para extraerle las flechas, que no eran lo suficientemente grandes como para haber sido disparadas por un adulto. Areagon estuvo varias semanas ingresado en las Casas de Curación, semanas en las que se descubrió que habían sido Murtaugh y Morzan quienes le habían disparado; aquel incidente casi provocó un conflicto entre el Reino Unificado y Rhûn, y más aún cuando se excusaron con "queríamos practicar con un blanco móvil, no era nuestra intención alcanzarle", sin embargo, sólo su padre les creyó realmente, aunque lo dejaron estar para evitar una guerra. Por desgracia, Vlad escuchó la sentencia absolutoria, y días después, oyó cómo ambos gemelos se jactaban de ello junto a su padre, y montó en cólera… Meses después, Galbatorix montaba en su dragón, Shruikan, un enorme dragón de color negro con ojos azul celeste, del que se sabía poco de su origen, sólo que era una de las razas autóctonas de Rhûn; y Vlad salió a su encuentro a pedir a Galbatorix que él y sus hijos pidieran disculpas a Areagon, y que realizaran acciones como penitencia; pero Galbatorix se mostró orgulloso, y Shruikan golpeó a Vlad para apartarlo de su camino con una de sus gigantescas alas.
Vlad consiguió recuperarse en pleno vuelo, y lejos de acobardarse, motivado por vengar las heridas de su jinete, alcanzó a Shruikan y a Galbatorix con una de sus llamaradas, provocando varias quemaduras en Shruikan; las más graves, estaban en la espalda del dragón, que tuvo que aterrizar de inmediato para evitar estrellarse. La Orden del Dragón organizó un juicio y Galbatorix pidió ejecutar a Vlad por atentar contra su honor y por atacarles a él y a Shruikan; por fortuna para Vlad, ningún otro Gran Maestre, ni ningún otro dragón estuvo dispuesto a ejecutarle, ya que aquello podría matar también a Areagon, que todavía seguía ingresado, y en el proceso, también podía matar o volver inestables a Vulcan, Jock, Hrom y Kestrel; además, aquel ataque fue considerado como un acto irresponsable de un dragón joven y después de una buena reprimenda, le ordenaron volver con Areagon, para servirle de punto de apoyo cuando necesitara caminar.
Sin embargo, había algo en aquel incidente que no cuadraba, así que tanto como Galbatorix como Gandalf se propusieron investigar, cada uno por su cuenta...
