El club de duelo

No supo cuánto tiempo duró el vuelo, pero cuando llegó a Hogwarts ya era noche cerrada y lo único que era capaz de ver eran las ventanas iluminadas. Sabía que si intentaba entrar de noche en el castillo tendría problemas si era descubierto, así que fue al único lugar donde sabía que estaría a salvo: la caseta de Brom. Oculto por su capa de Lorien atravesó el Bosque Prohibido, escoltado de cerca por Vlad, Jock y Kestrel, mientras Vlad y Hrom volaban en círculos sobre ellos.

Finalmente llegó a la caseta de Brom, tocó la cerradura con su gedwey ignasia y se abrió, cuando terminó de meter su baúl en la habitación secundaria que podía utilizar él, Jock entró en la estancia, mientras que Vlad, Kestrel, Vlad y Hrom volvieron a la vaguada.
Cenó lembas y carne seca, se cambió de ropa y se acostó, hasta que Jock le despertó por la mañana.


Pero Lockhart no le escuchaba.
-Tres, dos, uno, ¡ya! -gritó. Malfoy levantó rápidamente la varita y exclamó:
-¡Serpensortia! -hubo un estallido en el extremo de su varita. Harry vio, aterrorizado, que de ella salía una larga serpiente negra, caía al suelo entre los dos y se erguía, lista para atacar. Todos se echaron atrás gritando y despejaron el lugar en un segundo.
-No te muevas, Potter -dijo Snape sin hacer nada, disfrutando claramente de la visión de
Harry, que se había quedado inmóvil, mirando a los ojos a la furiosa serpiente- me encargaré de ella...
-¡Permitidme! -gritó Lockhart. Blandió su varita apuntando a la serpiente y se oyó un disparo: la serpiente, en vez de desvanecerse, se elevó en el aire unos tres metros y volvió a caer sobre la tarima con un golpe sordo. Furiosa, silbando de enojo, se deslizó directa hacia Finch-Fletchley y se irguió de nuevo, enseñando los colmillos venenosos.

Harry no supo por qué lo hizo, ni siquiera fue consciente de ello. Sólo percibió que las piernas lo impulsaban hacia delante como si fuera sobre ruedas y que gritaba absurdamente a la serpiente:
¡Déjale! e inexplicablemente, la serpiente centró su atención en Harry, mirándolo directamente, incluso se agachó un poco, como si tuviera una actitud sumisa; pero Finch-Fletchley, asustado, había tropezado con Susan Bones, alterando a la serpiente, que se agitó furiosa sobre sí misma y volvía a enseñar sus colmillos, lista para atacar; cuando se lanzó contra Justin, y mientras Harry gritaba ¡No, no!, un borrón verdoso la atrapó al vuelo, una vez se elevó, lo vieron, un wyvern del tamaño de un águila, la lanzó al aire y la engulló para posarse orgulloso en una repisa, donde quedó convertido en piedra.
-P-pero quién… -balbuceó Lockhart, mirando a su alrededor.
-Telcontar… -murmuraron entre dientes Draco y Snape al ver que Areagon estaba de pie en la misma puerta del Gran Comedor, y todavía con la varita levantada.
Areagon guardó la varita, llevaba unos pantalones de cuero marrón, botas altas de montar, su capa de Lorien, y un peto de cuero con el escudo del Reino Unificado, sobre lo que parecía una chaqueta. Snape les estaba mirando con una mirada extraña que no habían percibido nunca, en especial hacia Harry, una mirada astuta y calculadora que no les gustó nada. Areagon se acercó a Harry y le susurró:
-Harry… vámonos…
Ron y Hermione les estaban esperando en la puerta del Gran Comedor, pero no se dijeron nada hasta llegar a la Sala Común de Gryffindor.
Harry no tenía ni idea de lo que pasaba, y ni Ron ni
Hermione le explicaron nada hasta llegar a la sala común de Gryffindor, que estaba vacía. Entonces Ron sentó a Harry en una butaca y le dijo:
-Hablas pársel. ¿Por qué no nos lo habías dicho?
-¿Que hablo qué? -dijo Harry.
-¡Pársel! -dijo Ron- ¡puedes hablar con las serpientes!
-Lo sé -dijo Harry- quiero decir, que ésta es la segunda vez que lo hago. Una vez,
accidentalmente, le eché una boa constrictor a mi primo Dudley en el zoo... Es una larga historia… pero ella me estaba diciendo que no había estado nunca en Brasil, y yo la liberé sin proponérmelo. Fue antes de saber que era un mago…
Si no hubiese sido por las miradas asustadas de Ron y Hermione, Areagon se hubiese desternillado de risa, por lo que les había contado de Dudley, era una pena no haberle visto la cara.
-¿Entendiste que una boa constrictor te decía que no había estado nunca en Brasil? -repitió
Ron con voz débil.
-¿Y qué? -preguntó Harry- apuesto a que pueden hacerlo montones de personas.
-Desde luego que no -dijo Ron- no es un don muy frecuente. Harry, eso no es bueno.
-¿Que no es bueno? -dijo Harry, comenzando a enfadarse- ¿Qué le pasa a todo el mundo? Mira, si no le hubiera dicho a esa serpiente que no atacara a Justin...
-¿Eso es lo que le dijiste?
-¿Qué pasa? Tú estabas allí... Tú me oíste.
-Hablaste en lengua pársel -le dijo Ron-, la lengua de las serpientes. Podías haber dicho cualquier cosa. No te sorprenda que Justin se asustara, parecía como si estuvieras incitando a la serpiente, o algo así. Fue escalofriante.
Harry se quedó con la boca abierta.
-¿Hablé en otra lengua? Pero no comprendo... ¿Cómo puedo hablar en una lengua que desconozco?
Ron negó con la cabeza. Por la cara que ponían tanto él como Hermione, parecía como si acabara de morir alguien, mientras Areagon los miraba en silencio. Harry no alcanzaba a comprender qué era tan terrible.
-¿Me quieres decir qué hay de malo en impedir que una serpiente grande y asquerosa arranque a Justin la cabeza de un mordisco? -preguntó- ¿qué importa cómo lo hice si evité que Justin tuviera que ingresar en el Club de Cazadores Sin Cabeza?
-Yo no lo veo tan grave… al fin y al cabo le ha salvado la vida a Justin… -dijo Areagon tratando de hacer que Harry se sintiera mejor- imaginaos que alguien pudiera hablar con los dragones y evitara que estos chamuscaran a la gente…
-No digas tonterías Areagon, eso no existe… -murmuró Ron.
Areagon escuchó una carcajada en su mente.
-Tráelo a Endor, Areagon -dijo Vlad mientras reía.
-Sabes que si tienen que venir Ron y Hermione a Endor, es porque las cosas aquí estarán muy mal, ¿verdad? -preguntó Hrom.
-Sí importa -dijo Hermione, haciendo que Areagon dejara de prestar atención a la conversación entre Vlad, Hrom y Vulcan, ya que había hablado por fin, en un susurro-, porque Salazar Slytherin era famoso por su capacidad de hablar con las serpientes. Por eso el símbolo de la casa de Slytherin es una serpiente.
Harry se quedó boquiabierto.
-Exactamente -dijo Ron- y ahora todo el colegio va a pensar que tú eres su tatara-tatara-tatara-tataranieto o algo así.
-Pero no lo soy -dijo Harry, sintiendo un inexplicable terror.
-Te costará mucho demostrarlo -dijo Hermione- él vivió hace unos mil años, así que podrías serlo.

Aquella noche, Harry pasó varias horas despierto. Por una abertura en las colgaduras de su cama, veía que la nieve comenzaba a amontonarse al otro lado de la ventana de la torre, y meditaba.
¿Era posible que fuera un descendiente de Salazar Slytherin? Al fin y al cabo, no sabía nada sobre la familia de su padre. Los Dursley nunca le habían permitido hacerles preguntas sobre sus familiares magos.
En voz baja, trató de decir algo en lengua pársel, pero no encontró las palabras. Parecía que era requisito imprescindible estar delante de una serpiente.
-Pero estoy en Gryffindor -pensó Harry- el Sombrero Seleccionador no me habría puesto en esta casa si tuviera sangre de Slytherin…
-¡Ah! -dijo en su cerebro una voz horrible, pero el Sombrero Seleccionador te quería enviar a Slytherin, ¿lo recuerdas?
Harry se volvió. Al día siguiente vería a Justin en clase de Herbología y le explicaría que le había pedido a la serpiente que se apartara de él, no que lo atacara, algo (pensó enfadado, dando puñetazos a la almohada) de lo que cualquier idiota se habría dado cuenta.

A la mañana siguiente, sin embargo, la nevada que había empezado a caer por la noche se había transformado en una tormenta de nieve tan recia que se suspendió la última clase de Herbología del trimestre. La profesora Sprout quiso tapar las mandrágoras con pañuelos y calcetines, una operación delicada que no habría confiado a nadie más, puesto que el crecimiento de las mandrágoras se había convertido en algo tan importante para revivir a la Señora Norris y a Colin Creevey.
Harry le daba vueltas a aquello, sentado junto a la chimenea, en la sala común de Gryffindor, mientras Ron y Hermione aprovechaban el hueco dejado por la clase de Herbología para echar una partida al ajedrez mágico.
-¡Por Dios, Harry! -dijo Hermione, exasperada, mientras uno de los alfiles de Ron tiraba al suelo al caballero de uno de sus caballos y lo sacaba a rastras del tablero- si es tan importante para ti, ve a buscar a Justin.
De forma que Harry se levantó y salió por el retrato, preguntándose dónde estaría Justin.
El castillo estaba más oscuro de lo normal en pleno día, a causa de la nieve espesa y gris que se arremolinaba en todas las ventanas. Tiritando, Harry pasó por las aulas en que estaban haciendo clase, vislumbrando algunas escenas de lo que ocurría dentro. La profesora McGonagall gritaba a un alumno que, a juzgar por lo que se oía, había convertido a su compañero en un tejón. Aguantándose las ganas de echar un vistazo, Harry siguió su camino, pensando que Justin podría estar aprovechando su hora libre para hacer alguna tarea pendiente, y decidió mirar antes que nada en la biblioteca.
Efectivamente, algunos de los de Hufflepuff que tenían clase de Herbología estaban en la parte de atrás de la biblioteca, pero no parecía que estudiasen. Entre las largas filas de estantes, Harry podía verlos con las cabezas casi pegadas unos a otros, en lo que parecía una absorbente conversación. No podía distinguir si entre ellos se encontraba Justin. Se les estaba acercando cuando consiguió entender algo de lo que decían, y se detuvo a escuchar, oculto tras la sección de «Invisibilidad».
-Así que -decía un muchacho corpulento- le dije a Justin que se ocultara en nuestro dormitorio. Quiero decir que si Potter lo ha señalado como su próxima víctima, es mejor que se deje ver poco durante una temporada. Por supuesto, Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle. Lo que Justin le dijo exactamente es que le habían reservado plaza en Eton. No es el mejor comentario que se le puede hacer al heredero de Slytherin, ¿verdad?
-¿Entonces estás convencido de que es Potter, Ernie? -preguntó asustada una chica rubia con coletas.
-Hannah -le dijo solemnemente el chico robusto-, sabe hablar pársel. Todo el mundo sabe que ésa es la marca de un mago tenebroso. ¿Sabes de alguien honrado que pueda hablar con las serpientes? Al mismo Slytherin lo llamaban lengua de serpiente.
Esto provocó densos murmullos. Ernie prosiguió:
-¿Recordáis lo que apareció escrito en la pared? Temed, enemigos del heredero. Potter estaba enemistado con Filch. A continuación, el gato de Filch resulta agredido. Ese chaval de primero, Creevey, molestó a Potter en el partido de quidditch, sacándole fotos mientras estaba tendido en el barro. Y entonces aparece Creevey petrificado.
-Pero -repuso Hannah, vacilando- parece tan majo... y, bueno, fue él quien hizo desaparecer a Quien- vosotros-sabéis. No puede ser tan malo, ¿no creéis?
Ernie bajó la voz para adoptar un tono misterioso. Los de Hufflepuff se inclinaron y se juntaron más unos a otros, y Harry tuvo que acercarse más para oír las palabras de Ernie. -Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de quién-vosotros-sabéis. Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa.
-Bajó la voz hasta que no fue más que un susurro, y prosiguió- por eso seguramente es por lo que Quien-vosotros-sabéis quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Señor Tenebroso que le hiciera la competencia. Me pregunto qué otros poderes oculta Potter.

Harry no pudo aguantar más y salió de detrás de la estantería, carraspeando sonoramente. De no estar tan enojado, le habría parecido divertida la forma en que lo recibieron: todos parecían petrificados por su sola visión, y Ernie se puso pálido.
-Hola -dijo Harry- busco a Justin Finch-Fletchley.
Los peores temores de los de Hufflepuff se vieron así confirmados. Todos miraron atemorizados a Ernie.
-¿Para qué lo buscas? -le preguntó Ernie, con voz trémula.
-Quería explicarle lo que sucedió realmente con la serpiente en el club de duelo -dijo Harry.
Ernie se mordió los labios y luego, respirando hondo, dijo:
-Todos estábamos allí. Vimos lo que sucedió.
-Entonces te darías cuenta de que, después de lo que le dije, la serpiente retrocedió -le dijo Harry.
-Yo sólo me di cuenta -dijo Ernie tozudamente, aunque temblaba al hablar- de que hablaste en lengua pársel y le echaste la serpiente a Justin.
-¡Yo no se la eché! -dijo Harry, con la voz temblorosa por el enojo- ¡ni siquiera lo tocó!
-Le anduvo muy cerca -dijo Ernie- y por si te entran dudas -añadió apresuradamente-, he de decirte que puedes rastrear mis antepasados hasta nueve generaciones de brujas y brujos y no encontrarás una gota de sangre muggle, así que...
-¡No me preocupa qué tipo de sangre tengas! -dijo Harry con dureza- ¿por qué tendría que atacar a los de familia muggle?
-He oído que odias a esos muggles con los que vives -dijo Ernie apresuradamente.
-No es posible vivir con los Dursley sin odiarlos -dijo Harry- y más siendo un mago, me gustaría que lo intentaras.

Dio media vuelta y salió de la biblioteca, provocando una mirada reprobatoria de la señora Pince, que estaba sacando brillo a la cubierta dorada de un gran libro de hechizos. Furioso como estaba, iba dando traspiés por el corredor, sin ser consciente de adónde iba. Y al fin se dio de bruces contra una mole grande y dura que lo tiró al suelo de espaldas.
-¡Ah, hola, Hagrid! -dijo Harry, levantando la vista.
Aunque llevaba la cara completamente tapada por un pasamontañas de lana cubierto de nieve, no podía tratarse de nadie más que Hagrid, pues ocupaba casi todo el ancho del corredor con su abrigo de piel de topo. En una de sus grandes manos enguantadas llevaba un gallo muerto.
-¿Va todo bien, Harry? -preguntó Hagrid, quitándose el pasamontañas para poder hablar- ¿por qué no estás en clase?
-La han suspendido -contestó Harry, levantándose- ¿y tú, qué haces aquí?
Hagrid levantó el gallo sin vida.
-El segundo que matan este trimestre -explicó- o son zorros o chupasangres, y necesito el permiso del director para poner un encantamiento alrededor del gallinero. Miró a Harry más de cerca por debajo de sus cejas espesas, cubiertas de nieve.
-¿Estás seguro de que te encuentras bien? Pareces preocupado y alterado.
Harry no pudo repetir lo que decían de él Ernie y el resto de los de Hufflepuff.
-No es nada -repuso- mejor será que me vaya, Hagrid, después tengo Transformaciones y debo recoger los libros.

Se fue con la mente cargada con todo lo que había dicho Ernie sobre él:
«Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle...»
Harry subió las escaleras y volvió por otro corredor. Estaba mucho más oscuro, porque el viento fuerte y helado que penetraba por el cristal roto de una ventana había apagado las antorchas. Iba por la mitad del corredor cuando tropezó y cayó de cabeza contra algo que había en el suelo. Se volvió y afinó la vista para ver qué era aquello sobre lo que había caído, y sintió que el mundo le venía encima.
Sobre el suelo, rígido y frío, con una mirada de horror en el rostro y los ojos en blanco vueltos hacia el techo, yacía Justin Finch-Fletchley. Y eso no era todo. A su lado había otra figura, componiendo la visión más extraña que Harry hubiera contemplado nunca.
Se trataba de Nick Casi Decapitado, que no era ya transparente ni de color blanco perlado, sino negro y neblinoso, y flotaba inmóvil, en posición horizontal, a un palmo del suelo. La cabeza estaba medio colgando, y en la cara tenía una expresión de horror idéntica a la de Justin.
Harry se puso de pie, con la respiración acelerada y el corazón ejecutando contra sus costillas lo que parecía un redoble de tambor. Miró enloquecido arriba y abajo del corredor desierto y vio una hilera de arañas huyendo de los cuerpos a todo correr. Lo único que se oía eran las voces amortiguadas de los profesores que daban clase a ambos lados.
Podía salir corriendo, y nadie se enteraría de que había estado allí. Pero no podía dejarlos de aquella manera..., tenía que hacer algo por ellos. ¿Habría alguien que creyera que él no había tenido nada que ver?
Aún estaba allí, aterrorizado, cuando se abrió de golpe la puerta que tenía a su derecha. Peeves el poltergeist surgió de ella a toda velocidad.
-¡Vaya, si es Potter pipí en el pote! -cacareó Peeves, ladeándole las gafas de un golpe al pasar a su lado dando saltos- ¿Qué trama Potter? ¿Por qué acecha?
Peeves se detuvo a media voltereta. Boca abajo, vio a Justin y Nick Casi Decapitado. Cayó de pie, llenó los pulmones y, antes de que Harry pudiera impedirlo, gritó:
-¡AGRESIÓN! ¡AGRESIÓN! ¡OTRA AGRESIÓN! ¡NINGÚN MORTAL NI FANTASMA ESTÁ A SALVO! ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! ¡AGREESIÓÓÓÓN!
Pataplún, patapán, pataplún: una puerta tras otra, se fueron abriendo todas las que había en el corredor, y la gente empezó a salir. Durante varios minutos, hubo tal jaleo que por poco no aplastan a Justin y atraviesan el cuerpo de Nick Casi Decapitado.
Los alumnos acorralaron a Harry contra la pared hasta que los profesores pidieron calma. La profesora McGonagall llegó corriendo, seguida por sus alumnos, uno de los cuales aún tenía el pelo a rayas blancas y negras. La profesora utilizó la varita mágica para provocar una sonora explosión que restaurase el silencio y ordenó a todos que volvieran a las aulas. Cuando el lugar se hubo despejado un poco, llegó corriendo Ernie, el de Hufflepuff.
-Te han cogido con las manos en la masa! -gritó Ernie, con la cara completamente blanca, señalando con el dedo a Harry.
-¡Ya vale, Macmillan! -dijo con severidad la profesora McGonagall.
Peeves se meneaba por encima del grupo con una malvada sonrisa, escrutando la escena; le encantaba el follón. Mientras los profesores se inclinaban sobre Justin y Nick Casi Decapitado, examinándolos, Peeves rompió a cantar:
-¡Oh, Potter, eres un zote, estás podrido, te cargas a los estudiantes, y te parece divertido! -¡Ya basta, Peeves! -gritó la profesora McGonagall, y Peeves escapó por el corredor, sacándole la lengua a Harry.
Los profesores Flitwick y Sinistra, del departamento de Astronomía, fueron los encargados de llevar a Justin a la enfermería, pero nadie parecía saber qué hacer con Nick Casi Decapitado. Al final, la profesora McGonagall hizo aparecer de la nada un gran abanico, y se lo dio a Ernie con instrucciones de subir a Nick Casi Decapitado por las escaleras. Ernie obedeció, abanicando a Nick por el corredor para llevárselo por el aire como si se tratara de un aerodeslizador silencioso y negro.
De esa forma, Harry y la profesora McGonagall se quedaron a solas.
-Por aquí, Potter -indicó ella.
-Profesora -le dijo Harry enseguida-, le juro que yo no...
-Eso se escapa de mi competencia, Potter -dijo de manera cortante la profesora McGonagall.

Caminaron en silencio, doblaron una esquina, y ella se detuvo ante la escultura a tamaño real de un grifo, estaba sentado sobre sus cuartos traseros y con las alas entreabiertas, su color dorado y el estar esculpida al más mínimo detalle, le daba un aspecto de majestuosidad. La estatua no estaba en un pasillo que los alumnos acostumbraran a utilizar para ir a clase, entonces supo adónde lo llevaba. Aquello debía de ser la vivienda de Dumbledore.

-¡Sorbete de limón! -dijo la profesora, y la estatua empezó a moverse, dejando libre una escalera de piedra que ascendía.