Tom Riddle
Hubo un momento de silencio cuando Harry, Areagon, Ron, Ginny y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre. Luego alguien gritó:
-¡Ginny!
Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea. Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija.
Harry, sin embargo, miraba detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y se llevaba una mano al pecho, y junto a ellos, un hombre joven, de barba y cabellos de color castaño, vestido con ropa medieval, y que sonreía con orgullo. Fawkes pasó zumbando cerca de Harry para posarse en el hombro de Dumbledore.
Sin apenas darse cuenta, Harry y Ron se encontraron atrapados en el abrazo de la señora Weasley.
-¡La habéis salvado! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo hicisteis?
-Creo que a todos nos encantaría enterarnos -dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.
La señora Weasley soltó a Harry, que dudó un instante, luego se acercó a la mesa y depositó encima el Sombrero Seleccionador, la espada con rubíes incrustados y lo que quedaba del diario de Riddle.
Harry empezó a contarlo todo. Habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio; que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías; que él, Areagon y Ron siguieron a las arañas por el bosque; que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco; que había adivinado que Myrtle la Llorona había sido la víctima, y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos…
-Muy bien -señaló la profesora McGonagall, cuando Harry hizo una pausa-, así que averiguasteis dónde estaba la entrada, quebrantando un centenar de normas, añadiría yo. Pero ¿cómo demonios conseguisteis salir con vida, Potter?
Así que Harry, con la voz ronca de tanto hablar, les relató la oportuna llegada de Fawkes y del Sombrero Seleccionador, que le proporcionó la espada, y del cuerno de caza que distrajo a Riddle y al basilisco. Pero luego titubeó. Había evitado hablar sobre la relación entre el diario de Riddle y Ginny. Ella apoyaba la cabeza en el hombro de su madre, y seguía derramando silenciosas lágrimas por las mejillas. ¿Y si la expulsaban?, pensó Harry aterrorizado. El diario de Riddle no serviría ya como prueba, pues había quedado inservible… ¿cómo podrían demostrar que era el causante de todo?
Instintivamente, Harry miró a Dumbledore, y éste esbozó una leve sonrisa. La hoguera de la chimenea hacía brillar sus lentes de media luna.
-Lo que más me intriga -dijo Dumbledore amablemente-, es cómo se las arregló lord Voldemort para embrujar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.
Harry se sintió maravillosamente aliviado.
-¿Qué… qué? -preguntó el señor Weasley con voz atónita- ¿Sabe qui-quién? ¿Ginny embrujada? Pero Ginny no ha… Ginny no ha sido… ¿verdad?
-Fue el diario -dijo inmediatamente Harry, cogiéndolo y enseñándoselo a Dumbledore-
Riddle lo escribió cuando tenía dieciséis años.
Dumbledore cogió el diario que sostenía Harry y examinó minuciosamente sus páginas quemadas y mojadas.
-Soberbio -dijo con suavidad- Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha tenido nunca Hogwarts. -Se volvió hacia los Weasley, que lo miraban perplejos - Muy pocos saben que lord Voldemort se llamó antes Tom Riddle. -Halbarad y Areagon se miraron, Areagon ya conocía el nombre de su enemigo- Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. Desapareció tras abandonar el colegio… Recorrió el mundo…, profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort resultaba irreconocible. Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que fue delegado.
-Pero Ginny -dijo la señora Weasley- ¿Qué tiene que ver nuestra Ginny con él?
-¡Su… su diario! -dijo Ginny entre sollozos- He estado escribiendo en él, y me ha estado contestando durante todo el curso…
-¡Ginny! -exclamó su padre, atónito- ¿No te he enseñado una cosa? ¿Qué te he dicho siempre? No confíes en nada que piense si no sabes dónde tiene el cerebro. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a tu madre? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia oscura!
-No…, no lo sabía -sollozó Ginny- Lo encontré dentro de uno de los libros que me había comprado mamá. Pensé que alguien lo había dejado allí y se le había olvidado…
-La señorita Weasley debería ir directamente a la enfermería -terció Dumbledore con voz firme- Para ella ha sido una experiencia terrible. No habrá castigo. Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios. -Fue a abrir la puerta- Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente. A mí siempre me anima -añadió, guiñándole un ojo bondadosamente- La señora Pomfrey estará todavía despierta. Debe de estar dando zumo de mandrágora a las víctimas del basilisco. Seguramente despertarán de un momento a otro.
-¡Así que Hermione está bien! -exclamaron Harry, Areagon y Ron con alegría.
-No les han causado un daño irreversible -dijo Dumbledore.
La señora Weasley salió con Ginny, y el padre iba detrás, todavía muy impresionado.
-¿Sabes, Minerva? -dijo pensativamente el profesor Dumbledore a la profesora McGonagall -, creo que esto se merece un buen banquete. ¿Te puedo pedir que vayas a avisar a los de la cocina?
-Bien -dijo resueltamente la profesora McGonagall, encaminándose también hacia la puerta-, te dejaré para que ajustes cuentas con Potter, Telcontar y Weasley.
-Eso es -dijo Dumbledore.
Salió, y Areagon, Harry y Ron miraron a Dumbledore dubitativos. ¿Qué había querido decir exactamente la profesora McGonagall con aquello de «ajustar cuentas»? ¿Acaso los iban a castigar?
-Creo recordar que os dije a vosotros dos que tendría que expulsaros si volvíais a quebrantar alguna norma del colegio -dijo Dumbledore. Ron abrió la boca horrorizado.
-Lo cual demuestra que todos tenemos que tragarnos nuestras palabras alguna vez -prosiguió Dumbledore, sonriendo- Los tres recibiréis el Premio por Servicios Especiales al Colegio y… veamos…, sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor por cada uno.
Ron se puso tan sonrosado como las flores de San Valentín de Lockhart, y volvió a cerrar la boca.
-Pero hay alguien que parece que no dice nada sobre su participación en la peligrosa aventura -añadió Dumbledore- ¿Por qué esa modestia, Gilderoy?
Harry dio un respingo. Se había olvidado por completo de Lockhart. Se volvió y vio que estaba en un rincón del despacho, con una vaga sonrisa en el rostro. Cuando Dumbledore se dirigió a él, Lockhart miró con indiferencia para ver quién le hablaba.
-Profesor Dumbledore -dijo Ron enseguida-, hubo un accidente en la Cámara de los Secretos. El profesor Lockhart…
-¿Soy profesor? -preguntó sorprendido- ¡Dios mío! Supongo que seré un inútil, ¿no?- … intentó hacer un embrujo desmemorizante y el tiro le salió por la culata -explicó Ron a Dumbledore tranquilamente.
-Hay que ver -dijo Dumbledore, moviendo la cabeza de forma que le temblaba el largo bigote plateado-, ¡herido con su propia espada, Gilderoy!
-¿Espada? -dijo Lockhart con voz tenue- No, no tengo espada. Pero este chico sí tiene una.
-Señaló a Harry- Él se la podrá prestar.
-¿Te importaría llevar también al profesor Lockhart a la enfermería? -dijo Dumbledore a Ron
- Quisiera tener unas palabras con Harry y con Areagon.
Lockhart salió. Ron miró con curiosidad a Areagon, Harry y Dumbledore mientras cerraba la puerta.
-Harry, permíteme tomarme la libertad de presentarte a Halbarad Telcontar, el primo de Areagon -dijo Dumbledore a modo de presentación, ya que además, Areagon miraba a Halbarad de forma inquisidora; mientras que el aludido hizo una reverencia a modo de saludo.
-Sé que mi primo se está preguntando qué hago yo aquí -dijo Halbarad con seriedad- cuando la profesora McGonagall hizo el recuento de sus alumnos, y vio que faltabais vosotros tres, se puso en contacto con el profesor Holcombsson y él avisó a la Guardia de la Noche para ir a rescataros… Fawkes apareció para llevarnos, pero nos dejó en una antesala en la que había una puerta con serpientes, así que lo único que se nos ocurrió para ayudaros a ganar tiempo, fue tocar el cuerno de guerra que llevábamos con nosotros, y luego Fawkes por algún motivo que desconozco, nos sacó de allí… Ahora hay una patrulla de la Guardia de la Noche aguardando en el Bosque Prohibido, a la espera de que les lleve noticias...
-¿Quiénes habéis venido? -preguntó Areagon.
Halbarad dirigió a Areagon una mirada severa para que no le interrumpiera.
-Supongo que eres consciente de que has sido temerario, Areagon, y de que habéis actuado de forma irresponsable, una cosa es un troll adolescente, pero enfrentaros a un basilisco centenario… Creo que no sois conscientes del peligro que habéis corrido esta noche, en especial Harry -el aludido se volvió hacia Halbarad- te has enfrentado al recuerdo de Lord Voldemort y a un basilisco de varios centenares de años… Tuviste mucha suerte de no terminar muerto, espero que seas muy consciente de ello, en cuanto a Areagon… Si nos disculpa, profesor.
Dumbledore asintió con la cabeza, Halbarad abrió la puerta del despacho y ambos montaraces salieron escaleras abajo.
-Imiea mana sanwe? (¿En qué estabais pensando?) -preguntó Halbarad.
-No había tiempo, no sabía cuánto ibais a tardar, si no llegamos a intervenir, Ginny Weasley estaría muerta… -explicó Areagon.
-Eso lo entiendo Areagon, fuiste imprudente, pero no te estoy juzgando por ir a rescatar a Ginny Weasley… Te estoy preguntando, ¿por qué permitiste que Harry Potter corriera peligro?
-Ya nos viste, estábamos tras una pared de roca y…
-Se trataba de una amenaza directa a la vida, tenías todas las de la ley para invocar a tus dragones y matar al basilisco…
-Ya, poniéndolos en peligro a ellos también…
Halbarad lo miró extrañado y lo detuvo.
-¿Por qué creías que ibas a ponerles en peligro?
-Bueno, el basilisco mata por la mirada…
-¿No has tocado ese tema todavía con Brom, ¿verdad? -preguntó Halbarad con una mirada extraña.
-¿Qué tema? -preguntó Areagon.
-Dime, ¿Fawkes sufrió algún daño al enfrentarse a ese basilisco?
Areagon lo miró con sorpresa y articuló un "no" prácticamente inaudible.
-Una lección tardía que deberías aprender… Los dragones, los guivernos y los fénix, son todos inmunes a la mirada asesina del basilisco, y algunos de ellos, pueden resistir los efectos de su mordedura, aunque escupiendo su aliento estarían a salvo, ya que los basiliscos son vulnerables al aliento de los dragones, excepto tal vez el de veneno… Tenedlo muy presente si tenéis que enfrentaros a otro.
Siguieron andando hasta llegar a los límites de los jardines del castillo, justo en el inicio del Bosque Prohibido, donde incidían los primeros rayos del amanecer, cinco figuras montadas a caballo aparecieron.
-¿Estás bien, Areagon? -preguntó el más alejado a ellos, que seguía prácticamente en las sombras.
-Si, estoy bien -respondió Areagon, reconociendo al Capitán Morna, y preguntándose hasta qué punto habían corrido tanto peligro, como para que su padre lo hubiera enviado hasta allí.
-Areagon, no sé cómo lo hacéis, pero dejad ya de meteros en líos -dijo otro de los miembros de la Guardia de la Noche, con la barba espesa y negra, ojos azules y el pelo recogido, no había duda, se trataba de Erunion Tharn, uno de los mejores amigos de Halbarad, y a quien Areagon consideraba parte de su familia.
-Jovencito, la próxima vez que vayas a cometer una locura como esta, avisa antes… -le reprendió otra de las figuras con tono paternal, era mucho más corpulento que cualquiera de los allí presentes, pero tenía los mismos ojos que Erunion, y en lugar de una espada al costado, portaba un intimidante mandoble que colgaba de su espalda, era el Comandante Herendil Tharn, padre de Erunion y uno de los mejores amigos de sus padres.
La última figura, mucho más delgada, dió unos pasos hacia Areagon, le golpeó, y con un movimiento fluido, lo tiró de espaldas al suelo, para ponerle la espada en el cuello y descubrirse el rostro… No había duda, era su madre, y en ese momento entendió por qué incluso su propio padre evitaba a toda costa discutir con ella.
-¡AREAGON TELCONTAR! ¿¡ERES CONSCIENTE DEL PELIGRO QUE HABÉIS CORRIDO!?
-Fue un placer conocerte Areagon -susurró Erunion, que se ganó una mirada helada por parte de Arya- ¿por qué no llamaste a tus hermanos? La ley te amparaba…
-Tía… -dijo tranquilamente Halbarad, que decidió interceder por él- sufrieron una avalancha por culpa de un profesor incompetente, Areagon y Jock quedaron apartados con ese inútil y con Ronal Weasley, Harry Potter se quedó sólo, lo único que pudieron hacer fue intentar abrir un pasadizo para que Harry Potter pudiera volver con Ginebra Weasley, además, la puerta de esa Cámara Secreta, tenía algún tipo de magia negra como protección, cuando Fawkes intentó introducirnos a Khug, Erunion y a mi, el fénix pudo pasar, pero nosotros no… Además, aunque Areagon hubiese podido pasar, no los habría invocado…
-¿Por qué no? -preguntó Arya, escudriñando a su hijo con la mirada.
-No sabía que los dragones, los guivernos y los fénix eran inmunes a la mirada del basilisco.
-Habríamos ido aunque no nos hubieras invocado, -todos dieron un respingo, Vlad se había acercado hasta ellos en completo silencio- pero para eso deberíamos haber percibido que tú corrías peligro… Lástima que no haya nada para que podamos percibir también si Harry corre peligro -miró a Areagon y le tocó con el morro- ¿estás bien?
Areagon asintió, tener a cualquiera de sus dragones cerca, le hacía sentirse seguro.
-Además… -prosiguió Vlad- aunque no nos lo hubieras pedido, habríamos acudido a rescatarte aun siendo vulnerables, Hrom tiene la habilidad de sentir los pulsos eléctricos que emiten todas las criaturas vivas, por eso es tan bueno cuando vuela de noche o con poca visibilidad, literalmente puede luchar con los ojos cerrados; tampoco te olvides de Jock, puede generar una armadura lo suficientemente resistente como para resistir las mordeduras de basilisco, y la gente tiende a menospreciar a Kestrel y a su especie, pero te aseguro, que tienen habilidades muy interesantes para el combate… Y en referencia a Vulcan y a mí, los basiliscos huyen del fuego, nunca se acercaría a Vulcan cuando se auto-incendia, y yo podría usarlo de protección para…
-Muy bonito eso de usarme de parapeto, Vlad -protestó Vulcan a través de la conexión mental que compartían.
Areagon se cerró mentalmente para no tener que soportar las pullas y el cachondeo que se iba a liar por culpa de ellos dos, y al hacerlo, su madre y Khug debieron de notar lo terriblemente cansado que debía estar, así que Halbarad y Erunion le escoltaron de vuelta al castillo.
El cuarteto había estado presente en varios banquetes de Hogwarts, pero en ninguno como aquél. Todos iban en pijama, y la celebración duró toda la noche. Harry no sabía si lo mejor había sido cuando Hermione corrió hacia él gritando: «¡Lo has conseguido! ¡Lo has conseguido!»; o cuando Justin se levantó de la mesa de Hufflepuff y se le acercó veloz para estrecharle la mano y disculparse infinitamente por haber sospechado de él; o cuando Hagrid llegó, a las tres y media, y dio a Harry, Areagon y a Ron unas palmadas tan fuertes en los hombros que los tiró contra el postre; o cuando dieron a Gryffindor los seiscientos puntos ganados por él, Areagon y Ron, con lo que se aseguraron la Copa de las Casas por segundo año consecutivo; o cuando la profesora McGonagall se levantó para anunciar que el colegio, como obsequio a los alumnos, había decidido prescindir de los exámenes («¡Oh, no!», exclamó Hermione); o cuando Dumbledore anunció que, por desgracia, el profesor Lockhart no podría volver el curso siguiente, debido a que tenía que ingresar en un sanatorio para recuperar la memoria. Algunos de los profesores se unieron al grito de júbilo con el que los alumnos recibieron estas noticias.
-¡Qué pena! -dijo Ron, cogiendo una rosquilla rellena de mermelada- Estaba empezando a caerme bien.
El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras se habían suspendido («pero hemos hecho muchas prácticas», dijo Ron a una contrariada Hermione) y Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo escolar. Draco ya no se pavoneaba por el colegio como si fuera el dueño. Por el contrario, parecía resentido y enfurruñado. Y Ginny Weasley volvía a ser completamente feliz.
