Bueno, siento la tardanza en volver a subir este capítulo, sin más retraso, os dejo con él.

¡DISFRUTAD!


La Sombra, el Fuego, y el Rayo

Apenas habían pasado algunas semanas desde que terminara el curso en Hogwarts, y Areagon ni siquiera había tenido un momento de descanso. El incidente de Harry con el basilisco, y que Areagon no conociera esos puntos débiles y fuertes, habían obligado a acelerar parte de su currículum académico.
En las semanas que llevaba en Endor, sólo había dormido dos noches en su cama, el resto, se lo había pasado acampando en los Campos del Pelennor, cazando para poder comer, mientras Brom, Khug, Halbarad y Herendil, lo acribillaban con preguntas aleatorias sobre diferentes tipos de criaturas tenebrosas; además de seguir practicando con la lanza, el arco y la espada. Por suerte para él, sus amigos se habían apiadado, y no le habían dejado solo ante aquel suplicio, así que compartía sus desventuras con Tauriel, Eragon, y los inseparables Fili y Kili.
Una noche, mientras ya estaban bien cenados y acostados al raso, hablaban formando un círculo, apoyados en alguno de sus dragones.
-¿Creeís que Areagon tendrá algún año tranquilo en Hogwarts? -preguntó Eragon, mientras miraba las estrellas apoyado en Illuin, su wyvern de tormenta.
-¿Con Harry Potter como amigo? -preguntó Tauriel mientras reía- Creo que será extraño si tienen un año aburrido…
-Capitán Morgan -llamó Kili- ¿sabe usted si el Consejo piensa dejarnos visitar Hogwarts alguna vez? Estaría bien conocer a nuestros aliados y formar esto…
-¿Relaciones diplomáticas? -terminó Fili por él.
-¡Eso!
Khug les miró ceñudo, pero fue Eragon el que respondió.
-Mi padre no me ha permitido acompañarle a Hogwarts, ¿de verdad creéis que os dejarían ir a vosotros dos?
-¿Qué intentas decir, patas largas? -preguntaron Fili y Kili, mirándole con los ojos entrecerrados.
-Que lleváis más castigos vosotros cuatro que cualquier otro jinete o amazona, o dragón, de nuestra promoción -dijo Tauriel, intentando contener la risa- incluso Areagon y Eragon no llegan ni a la mitad…
-¡No es para tanto! -protestó Karaad, el wyvern de fuego de Fili- lo que pasa es que en el Consejo no hay ningún vejestorio con sentido del humor, ¡incluso Arathorn lo ha perdido!
-Karaad… -dijo Alwaid, el dragón camaleónico de Khug- creeme, Khug y yo somos de los que más sentido del humor tenemos, y algunas de vuestras bromas, dan ganas de dejaros en tierra de forma permanente…
-Aburridos… -protestó Embrumm.
-¡A DORMIR! -ordenaron Halbarad y Khug, dando por finalizada la velada y les obligaron a acostarse.

A la mañana siguiente, Areagon sintió cómo le despertaban zarandeándolo, aturdido, tuvo que sacudir la cabeza para despejarse, y abrió los ojos para encontrarse con la mirada preocupada de Halbarad.
-Areagon, recoged las cosas y marchaos a Minas Tirith -le dijo, antes de soltarlo e ir a despertar a Fili.
Aquel tono de preocupación, hizo que Areagon se levantara de un salto y que fuera a ceñirse la espada al cinto, mientras escudriñaba el horizonte.
-¿Qué ocurre? -preguntó, mientras acababa de recoger sus cosas.
-Ha llegado un cuervo de Osgiliath -le respondió Halbarad- ayer deberían haber llegado unos exploradores…
-Sólo ha pasado un día -observó Eragon- no es la primera vez que un grupo se retrasa al llegar.
Brom, Halbarad y Khug se miraron, provocando que los jóvenes se miraran también entre ellos.
-¿Qué ocurre? -preguntó Tauriel.
-Han encontrado a los exploradores -les informó Khug- todos muertos, y los dos dragones que les acompañaban, también…
Fili dió un silbido prolongado.
-¿Arpones orcos? -preguntó Kili.
Khug negó con la cabeza.
-No han sido orcos -les respondió Khug- han sido lethrblakas.
Areagon, Tauriel y Eragon se miraron.
-Pero… Los lethbrakas adultos viven dentro o al sureste de Mordor, casi nunca se aventuran al noreste -observó Tauriel.
-Pues ahora sí -dijo Brom- vosotros vais a ir a Minas Tirith, volando, mientras nosotros nos unimos a una batida para buscarlos.
-¿Quiénes eran los jinetes? -preguntó Eragon.
-Los dos hermanos mayores de Elya Varnalondë -dijo Halbarad.
Tauriel y Eragon se miraron, Elya iba a su clase, y se llevaba bien con ambos, aquel era un mazazo, ya que solían visitarla en su casa en la ciudad portuaria de Pelargir, y ambos conocían a su familia, o al menos, lo que quedaba de ella, que en aquel momento se había reducido a Elya y a su madre.
-No vamos a Minas Tirith -dijo Tauriel, muy seria y cruzada de brazos.
-No vais a venir con nosotros -dijo Khug- no es negociable.
-No iba a decir de ir con vosotros, sabemos que no lo aceptaríais -respondió Eragon, que había entendido a Tauriel sólo por la expresión de su rostro- vamos al Puerto.
-¿Y para qué queréis ir al puerto? -preguntó Brom- si es para dar el pésame, eso puede esperar…
-No es para darle el pésame -dijo Tauriel mirando a Brom- Elya y Eärrámë, son unas impulsivas de cuidado, si les han dicho dónde han caído sus hermanos, irán a rastrear la zona.
Brom, Khug y Halbarad se miraron.
-Cambio de planes -dijo Brom- vais a casa de Elya y las escoltáis a Minas Tirith, sin desviaros.
-¿Y si no están ya en su casa? -preguntó Kili.
-¡Encontradlas! -les ladró Khug, haciendo que se sobresaltaran.

Aquel grito les espoleó a montar en sus respectivos dragones, Areagon montó sobre Vlad, Tauriel sobre Laegwing, Eragon montó a Illuin, y Fili y Kili, a Embrumm y a Karaad. Y despegaron tomando carrerilla para ascender lo más rápido posible.
-¡Hrom! -llamó Areagon- tú eres el más rápido, ¡ve a Minas Tirith y avisa a mi padre! ¡Rápido! Vulcan… Tú quédate con nosotros…
Hrom ladeó sus alas y puso rumbo a Minas Tirith, mientras ellos se abrían en una formación para poder buscar a Elya y a su dragona, cubriendo el mayor espacio disponible, pero sin perderse de vista los unos a los otros.

-¿Crees que hemos hecho bien en cambiar los planes? -preguntó Halbarad a Brom, mientras surcaban los cielos.
-No lo sé… Si hubiesen sido otras circunstancias, me hubiese negado -dijo el maestro- pero confío en el criterio de Tauriel, aparte, si Elya es la mitad de impulsiva y cabezota que cualquiera de sus hermanos…
-Pues espero que ese grupo de críos le hagan entrar en razón y la lleven a casa… -dijo Halbarad- tal vez deberíamos haber enviado a Fili y a Kili directamente a Minas Tirith…
-¿Te preocupa que ellos dos hagan presión para acompañar a Elya? -preguntó Brom.
-No lo se… -dijo Halbarad- por un lado, son unos inconscientes, y espero que maduren pronto, por otro…
-Por otro lado, tener a todo el grupo junto -dijo Khug- podría ser decisivo en un enfrentamiento… -dió una risotada- Tal vez deberíamos haber mandado a Areagon a Minas Tirith…
-¿Y ahora por qué querrías mandar a Areagon a casa? -preguntó Halbarad, ceñudo- es el único que uniendo fuerzas con Tauriel, pueden tener a raya a Fili y a Kili…
-Ese no es el problema… -respondió Khug- como Areagon vuelva a casa con un rasguño por ir a buscar a una alumna suicida, ¿quién le va a decir a Arya que dejamos que Areagon se metiera en más líos?
Los tres se miraron y se señalaron los unos a los otros, mientras al unísono exclamaban ¡TÚ!.

Llevaban un rato largo buscando, cuando vieron a un dragón volando bajo, con una chica de melena castaña, montada a su espalda.
-¡Es ella! -exclamó Tauriel.
Los dragones pegaron sus alas a los cuerpos, e hicieron un picado para acercarse a ella.
-¡Elya! -bramó Eragon- ¡para!
La joven se dió la vuelta, para ver como los otros jinetes formaban en torno a ella, dejándola en el centro.
-¡Elya! ¿Dónde crees que vas? -le preguntó Tauriel.
-¡A vengar a mis hermanos! -respondió ella mientras acariciaba el pomo de la espada que llevaba en el cinto.
-¡No seas inconsciente Elya! -exclamó Eragon- ¡Eärrámë y tú no podéis enfrentaros solas a un lethrblaka adulto!
-¡No os metais! ¡Nadie os obliga! -protestó ella.
-¡Vamos Elya! ¡No puedes dejar sola a tu madre! -exclamó Areagon- ven con nosotros a Minas Tirith, la Orden del Dragón les vengará.
Había dado de lleno en la sensibilidad de Elya, que se giró hacia él con los ojos llorosos y suplicantes.
-Vamos Elya -dijo Eragon- ¿cómo crees que se sentirían tus hermanos si murieras en vano? ¡Ven con nosotros!
-Yo… -iba a decir Elya, pero un chirrido les ensordeció.
Dos lethrblakas les habían dado alcance, y ya habían iniciado su ataque.
-¡Dispersaos! -exclamó Areagon, mientras se aferraba con fuerza a la silla de Vlad, mientras este movía sus alas bruscamente para cambiar de dirección.
Areagon, Elya y Eragon rompieron la formación hacia la izquierda, mientras que Tauriel, Fili, Kili y Vulcan, rompieron a la derecha, obligando a los dos lethrblakas a separarse.
¡Hrom, date prisa! apremió Areagon mentalmente.
-Mala idea, mala idea… -gimió Elya, mientras realizaban maniobras evasivas.
La única ventaja de los dragones y guivernos jóvenes contra un lethrblaka adulto, era precisamente su tamaño y maniobrabilidad, pero sus escamas aún no habían formado totalmente su coraza natural, y sus alientos no habían alcanzado todavía todo su potencial.
-¡Areagon! ¡Es el momento de tener una idea inteligente! -gritó Eragon.
-¿¡Y por qué me lo preguntas a mi!? ¡El cerebrito eres tú! ¡Dime algo de maniobra aérea!
-¿¡A vosotros dos os parece el momento apropiado!? -gritó Elya.
-¡SÍ! -gritaron ambos.
-Necesitamos una tormenta… -dijo de pronto Illuin, el wyvern de tormenta de Eragon.
-¡Habla claro! -gritó Vlad- ¡nos está recortando distancia!.
-Las lanzas que lleváis en las monturas -dijo Eärrámë- podéis usarlas como picas en tierra, pero están pensadas para ser lanzadas desde el aire, por eso son de acero…
-¡No tenemos tanta fuerza! -gritó Elya.
-¡Lo tengo, la cola! -exclamó Eragon.
-¿¡Qué!? -gritaron a la vez Areagon y Elya- ¿¡te has vuelto loco!?
-Si os sujetáis a la cola y hacemos un movimiento brusco -dijo Illuin- debería ser suficiente para que se clavaran en su piel…
-¡Estáis locos! -gritó Elya- ¡eso se enseña cuando ya se es escudero!
Areagon miró hacia atrás, para ver la cola de Vlad, y estudiar dónde colocarse para poder lanzar.
-Vamos allá… -tomó una de las lanzas, y aprovechando que Vlad ascendía, se deslizó hasta su cola.
-¡Maniobras de distracción adelante! -gritó Elya. En cuanto dió la órden, Eärrámë, hizo un picado, y abrió súbitamente sus alas, frenando bruscamente, y pasó a escasos metros del lethrblaka, aquella maniobra le pilló por sorpresa, y por su instinto de caza, también abrió las enormes alas, para poder perseguirlas; mientras Areagon y Vlad ganaban toda la altitud que podían, junto a Eragon y a Illuin.
-¡AREAGON! ¡VLAD! ¡AHORA! -gritó Eragon.
Vlad frenó en seco su ascenso, encogió su cuerpo, y realizó un tonel invertido, cuando estuvo casi a punto de realizar la vuelta completa, relajó la cola para que actuara como si fuera un látigo, instante en el que Areagon gritó ¡BRISINGR! y aprovechando la inercia del impulso, lanzó la pica, que tenía la punta al rojo vivo.

La pica al rojo, acelerada por la fuerza del movimiento de la cola y la fuerza de la gravedad, ganó una velocidad tremenda, cruzó el aire como una exhalación roja y humeante, y con un sonido sordo, se clavó en la espalda del lethrblaka, que soltó un alarido de dolor, distrayéndose y permitiendo que Elya y Eärrámë pudieran escapar.
-Nuestro turno -dijeron al unísono Illuin y Eragon.
Illuin abrió sus fauces, sus escamas resplandecieron por un instante, y un chorro eléctrico salió de ellas e impactó contra la lanza, provocando que el lethrblaka profiriera más alaridos, pero pese al dolor, cambió de rumbo hacia donde se encontraban Areagon, Eragon, Illuin y Vlad.
-¡Viene hacia nosotros! -exclamó Areagon- ¡Illuin!
-Mi aliento no es suficiente -dijo Illuin- no podemos derribarlo, tendremos que volver a maniobrar, y estoy casi agotado...
-Mierda… -Areagon sacó su arco de la alforja y preparó varias flechas- Vlad, ¿crees que puedes pelear?
-Puedo pelear… -dijo Vlad- ¿Qué piensas?
-¿Areagon? ¿Qué crees que estás haciendo? -preguntó Eragon.
-Ganar tiempo, ¡VETE! -ordenó Areagon.
-Ni hablar, si tú te quedas, nosotros también, no seas estúpido… -replicó Eragon.
-Eragon ¡marchaos de aquí! ¡YA!
-¡ERAGON! ¡NO TE LO PIDO COMO AMIGO! ¡TE LO ORDENO COMO PRÍNCIPE DE ANNÚMINAS! ¡LARGO! -gritó Areagon.
El lethrblaka gritó al abalanzarse sobre ellos, habían perdido demasiado tiempo discutiendo, Vlad e Illuin se lanzaron en un brusco picado para evadirlo, cuando notaron un fogonazo a su espalda, que hizo que ambos jinetes se volvieran. Una enorme bola de fuego había aparecido en el aire, y de ella surgió un dragón camaleónico rojo y dorado, que se abalanzó sobre el lethrblaka y le arrancó la cabeza de un solo mordisco.
Aquel dragón camaleónico era enorme, incluso más que Alwaid, el dragón camaleónico del Capitán Morna, pero no llevaba ni jinete, ni montura, aunque tenía marcas de haberla llevado, y su cuerpo estaba además cubierto de cicatrices, era un veterano de varias batallas.
-Vamos a ayudar a vuestros amigos -dijo el dragón, y se puso frente a la formación, a la que Elya no tardó en unirse.
-Uhm… Disculpe, pero… ¿Quién es usted? -preguntó Eragon.
-Oh… Hace años que nadie me llama por mi verdadero nombre, podéis llamarme Ohtar, así me llamaba mi último jinete…
-Disculpad, pero… ¿Quién es vuestro jinete? -preguntó Eärrámë.
-Disculpa, jovencita, pero aunque hayan pasado años, todavía me duele hablar de mi pérdida -dijo Ohtar apesadumbrado- le fallé… Fallé a mi jinete, y eso es algo que me atormentará para toda la eternidad…

Los jóvenes se miraron, sabían por todo lo que habían aprendido que los dragones entendían la muerte en la batalla como algo honorable y aunque les doliera, podían seguir adelante, unos no dudaban en volver a establecer un vínculo con otro jinete cuando acababan el duelo (que podía incluso durar siglos), otros, como era el caso de Balerion, se negaban a establecer otro vínculo dragón-jinete. También existía la pequeña posibilidad de que un jinete pudiera invocar a un dragón y tratar de establecer un vínculo con él, pero el principal requisito para ello, era que ambos jinetes tuvieran la misma sangre, aunque aquello no garantizaba nada, de hecho, uno de los nietos de Aegon I, el primer jinete de Balerion, había intentado forzar tanto establecer el vínculo, que Balerion lo había aplastado con la cola, ya que consideró que lo estaba intentando esclavizar. Otros dragones que perdían a sus jinetes por alguna enfermedad, o por ser asesinados a sangre fría, tardaban mucho más en recuperarse, incluso, si era por el segundo caso, no se sentían dignos de volver a tener un jinete, de hecho, muchos se quitaban la vida al entender que aquello era una deshonra.

No tardaron en llegar donde estaban sus compañeros, donde se había desatado una batalla por la supervivencia, a Fili, Kili, Tauriel y Vulcan, a los que se les había unido Balerion, motivado por proteger a sus propios hijos del ataque. Ya no solo del lethrblaka que habían visto, a aquel lethrblaka se le habían unido dos que le doblaban en tamaño, y una compañía de orcos les acosaban lanzándoles flechas desde el suelo.
El grupo de Ohtar, Elya, Eragon y Areagon se detuvo momentáneamente en el aire para poder estudiar su plan de ataque, no había ningún refuerzo en la zona que pudieran ver, así que les tocaba a ellos actuar como tales.
En aquel momento, Balerion se enfrentaba sólo a los dos lethrblakas más grandes, mientras que Fili, Kili y Vulcan, trataban de tener a raya al lethrblaka que les había atacado inicialmente y Tauriel y Laegwing, intentaban atacar a los orcos que había en tierra.
-Bien, polluelos -dijo Ohtar- esto es lo que vamos a hacer… Illuin, tú te separarás para ayudar a los wyvern de fuego; Eärrámë, ayuda al dragón de bosque; Vlad, tú… ¡INSENSATOS, VOLVED AQUÍ!
Pero Vlad no pudo oírlo.

Areagon vió cómo Vulcan intentaba desesperadamente ayudar a su padre a librarse de uno de los lethrblaka, y cómo este había empezado a perseguir a su wyvern de fuego. Así que sin haber pensado en ello, espoleó mentalmente a Vlad para que se lanzara a ayudar a Vulcan, que al ver a su amigo; a su hermano; con el que había compartido momentos de competitividad y de camaradería; al que se prendió fuego y que fue el primero en plantarse frente a Galbatorix y que no le permitió ejecutarlo. Tenía las emociones tan a flor de piel, que no se dió cuenta de que en el picado, no sólo había roto su récord de velocidad, lo acababa de pulverizar, de hecho, Areagon tuvo que acostarse sobre la montura para no salir despedido, mientras veía la escena únicamente a través de la vista que compartía con el propio Vlad, y a tientas, tomó otra de las picas y se preparó para lanzarla, mientras volvía a ponerla al rojo vivo. Cuando Vlad se puso a la altura del lethrblaka, aminoró para ir a su misma velocidad, y ambos, dragón y jinete, lanzaron su ataque. Vlad abrió sus fauces y lanzó sus llamas rojas y negras, a la vez que Areagon lanzaba la pica, que impulsada por las llamas de Vlad, se clavó en un lateral del cuello, y aunque no llegó a tocar la carne, fue suficiente para distraerlo.
-¡VULCAN, VETE! -ordenó Vlad, sabiendo que a su compañero le estaba costando mantenerse en vuelo debido al cansancio.
-¡Eh, apestoso! ¡Síguenos a nosotros! -se burló Areagon, y funcionó, el lethrblaka empezó a seguirles, y que con su batir de alas, empezó a recortarles distancia.
-Areagon… -dijo Vlad- deberías saltar, este es mucho más grande que el otro, Vulcan te cogerá… Yo…
-Ni hablar… -dijo Areagon con firmeza- me quedo contigo, te vendrá bien tener ojos en la nuca.
-Cabezota… -dijo Vlad, mientras maniobraba para esquivar las acometidas.
Vlad hizo otro picado para volver a lanzar su aliento contra el lethrblaka, no quería que intentara volver a por Vulcan, y estaban ganando el tiempo suficiente para que en cuanto Balerion o Ohtar terminaran con el otro lethrblaka, les ayudaran. Pero el lethrblaka consiguió engañarlos con una maniobra y golpeó a Vlad con su poderosa cola de serpiente y estuvo a punto de descabalgar a Areagon, y en vez de ir a por ellos, volvió a por Vulcan.
-¡VULCAN CUIDADO! -gritaron ambos. Pero a Vulcan apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando vio al lethrblaka abalanzándose sobre él con las fauces abiertas.

Entonces, un chorro de aliento eléctrico, golpeó la pica y dió una poderosa descarga a la bestia alada, era Hrom, que en aquel momento tenía tanta carga eléctrica, que con su batir de alas podían verse pequeños rayos recubrir su cuerpo.
-Vuelve a intentar atacar a mi hermano y te haré trizas -dijo Hrom con desprecio, que ya estaba a la altura de Vlad, y a los que Vulcan no tardó en unirse. Sus ojos, azules como el zafiro, brillaban con una intensidad peligrosa.
El lethrblaka graznó con algo que parecía una sonrisa socarrona, y pudieron escuchar su fría voz en sus mentes.
-¿De verdad creéis que unos polluelos de guiverno y dragón vais a poder hacer algo contra mí?
Tenía razón, pero ninguno de ellos estaba dispuesto a retirarse, pues sus compañeros dependían de que ellos contuvieran a aquel lethrblaka el tiempo suficiente para reagruparse y contraatacar.
-Voy a devorarte, Areagon Telcontar -a Areagon le dió un vuelco el corazón, ¿cómo, en el nombre de Ilúvatar, sabía su maldito nombre?
-¡Ni lo sueñes! -rugieron a la vez Vulcan, Hrom y Vlad.
Vulcan, motivado por el luchar junto a sus hermanos, se prendió fuego a sí mismo, listo para pelear a pesar de lo cansado que estaba; mientras que las alas de Hrom resplandecían, mientras unos rayos surgían de ellas y provocaban una tormenta eléctrica; Vlad, en cambio, no dió aspecto alguno de que se preparara para luchar, sino que por un instante, cerró su mente… ¿Era así cómo iban a terminar? Peleando contra un lethrblaka apestoso, luchando ala con ala con Vulcan y Hrom, y con Areagon… El jinete cuyo nacimiento propició que él saliera del huevo antes de lo debido… Si a Vulcan, Hrom, Jock y Kestrel los consideraba sus hermanos… Areagon era su hermano gemelo, con quién tenía una unión más fuerte que el mithril. Iba a preguntarse dónde estaban Jock y Kestrel, cuando los vio a lo lejos, detrás de su enemigo, y no volaban solos, junto a ellos había tres dragones blancos de tamaño imponente, Lovag, montado por Halbarad; Král, montado por Aragorn, y Melmë, montada por Arya. Y entonces recordó algo, justo después de que Galbatorix se quedara solo en su idea de sacrificarlo, algo que le habían repetido varias veces aquellos tres dragones blancos, y que formaba parte de los lemas de la familia… "En esta familia, nadie lucha solo". Vlad no conocía a su familia biológica, era el único Dragón Negro de Arnor del que se tenía constancia en todo Endor, pero él era el dracónido más mayor de la pequeña familia que formaban ellos, con Areagon como punto de unión, y su deber era protegerlos, él debía defenderlos a todos.
-Lennana in vanda! (¡Vete al infierno!) -le espetó Vlad, sus sentimientos estaban tan a flor de piel que sin pensarlo, se estaban manifestando externamente, sus ojos, rojos como el fuego, brillaban con intensidad, y en su pecho había empezado a brillar una luz blanca.
Areagon se agarró con fuerza a la silla, a la vez que preparaba la última pica.
-¡DRACARYS! -ordenó en el idioma antiguo, y los tres dracónidos exhalaron sus alientos, Hrom liberó el chorro eléctrico más potente que había provocado en su vida; el aliento de Vulcan, se unió al fuego de sus alas y provocó una verdadera tormenta de fuego, ayudada por la propia que había generado Hrom; y Vlad exhaló su aliento, pero sus llamas no eran rojas y negras como de costumbre, sinó que una llama de la luz más pura y blanca, con un aura azulada salió de sus fauces, las mismas llamas con las que había atacado a Shruikan y a Galbatorix.

La fuerza de los tres alientos combinados golpeó al lethrblaka con una fuerza tremenda, y su gruesa piel no sirvió para protegerle, y un olor a carne quemada impregnó el aire junto a sus graznidos de dolor.
-Acabemos con él -dijo Areagon, y se preparó para lanzar la pica, pero Král y Melmë ya habían agarrado al lethrblaka con sus garras, y de un tirón, lo partieron en dos, dejando que sus restos cayeran sobre los orcos.
-Volvamos a casa… -ordenó Arya, en cuanto Melmë se puso cerca de Vlad.
Todo el grupo, a excepción de Ohtar, Halbarad, Brom y Khug, que se quedaron para capturar algunos orcos (y matar a la mayoría), volvieron todos a Minas Tirith, excepto Vulcan, que estaba tan agotado que su propio padre tuvo que cargarlo todo el vuelo de vuelta.
En cuanto llegaron, los adultos no dijeron nada, sabían por las expresiones de aquellos jóvenes que entendían toda la gravedad, así que se centraron más en comprobar el estado de salud de todos, en especial el de Vulcan, que estaba agotado, y el de Vlad, que además de estar cansado, había recibido un golpe con la gruesa cola del lethrblaka, y que había empezado a sentir el dolor, una vez que la adrenalina empezó a abandonar su cuerpo.
-Id a descansar -les habían dicho los adultos, mientras ellos se reunían con parte del Consejo.

Areagon fue a su habitación, escoltado por Kestrel y por Stormwings, ya que Jock se había quedado algo atrás para ayudar a entrar en la dragonera a Vulcan y a Vlad, y se tumbó en su cama, estaba tremendamente agotado, pero la llama de la curiosidad se había encendido en él, y sabía que hasta que no revisara en su libro la duda que había surgido en su mente, no iba a poder dormir, así que a regañadientes, sacó un pesado libro de la estantería y lo depositó en su escritorio, y empezó a escudriñar sus páginas un rato largo, hasta que finalmente encontró lo que buscaba, en quenya estaba escrito:
Nombre: Ohtar
Raza: Dragón camaleónico
Nacimiento: Mediados de la 5ª Edad del Sol, fecha exacta no registrada.
Apodo: Llama dorada / Nármalh
Aliento: Fuego de llamas doradas con reflejos rojizos
Jinete: Godric Gryffindor

Areagon tuvo que releer varias veces aquel nombre, ¿Godric Gryffindor había sido Jinete de Dragón? ¿Desde cuándo? ¿Acaso Ohtar le había reconocido como un miembro de la Casa Gryffindor, y por eso le había ayudado? Ahora tenía más preguntas que antes, pero estaba tan cansado que con solo tocar la cama, se quedó dormido.

Al día siguiente, fue despertado por Halbarad y antes de que se enterara por otros, le comentó que tanto Vulcan como Vlad se estaban recuperando, pero que les iban a dar un par de días de descanso para que terminaran de recuperarse. También le contó que los orcos que habían capturado, ahora temían a Vulcan, Hrom y a Vlad; de hecho, a Vulcan lo llamaban Alagnar "Alas de Fuego", a Hrom le llamaban Aithorn "El Rayo", y a Vlad, le llamaban Avathael Gurth "La Sombra de la Muerte".