Hola hermosas, buen ombligo de semana. Espero no tener inconvenientes el día de hoy.

Les recuerdo que los personajes no son míos, pero la historia sí y NO es para menores de edad.

Gracias por comprender.

LÍNEAS DEL TIEMPO

17

LÍNEA 1

El joven Stear se había levantado primero que su contraparte mayor, ya que estaba ansioso por regresar a Chicago, tenía ganas de descansar en una cama aunque fuera una cama de hotel a pasar otra noche en el laboratorio, que si bien ahora le pertenecía no lo había sentido tan cómodo al tener que compartir su lugar con su doble.

-Buenos días Stear. – Le dijo al mayor una vez que vio que comenzaba a moverse.

-Buenos días. – Respondió el mayor con pereza.

-Creo que debemos irnos. – Dijo el menor para avisar al mayor que ya estaba listo para salir.

-Primero vamos a desayunar, además hay que cargar las cosas. – Dijo el mayor estirándose para poder espabilarse.

- Ya subí todas las maletas al auto. – Dijo Stear menor con orgullo. – Pero tienes razón hay que desayunar antes de irnos. – Dijo sin moverse de su lugar, mientras el mayor lo veía como animándolo a salir del laboratorio y ordenar tan ansiado alimento.

-¿Qué sucede? – Preguntó Stear mayor al ver que su contraparte no iba a pedir el desayuno.

-Te toca a ti pedir el desayuno. – Le dijo el menor mientras se sentaba cómodamente en el sofá en donde habían dormido.

Se habían pasado toda la noche viajando a la línea del inventor más joven para recoger las maletas que habían dejado en su línea del tiempo, porque no cabían en su primer viaje. Y a pesar de que sabían que era contraproducente el menor se dejó convencer por el mayor que iban a necesitar más capital del que se habían podido llevar la primera vez. El mayor lo miró con queja porque no quería ir por el desayuno.

-Pero es a ti a quien han visto, además les dijiste que viniste solo. – Le decía el mayor para no ir por el desayuno. – Además se les hará extraño que te haya crecido la panza de un día para otro y que ahora parezcas tu padre. – Dijo esto último con molestia.

-No te preocupes, el tener tanta actividad ha hecho que bajes de peso. – Le dijo el menor para sorpresa del mayor, quien de inmediato se fijó en su vientre que efectivamente había desaparecido.

-¡Es verdad! ¡No lo había notado! - Dijo emocionado al darse cuenta que tenía mucho tiempo que no podía verse la punta de los zapatos. – Está bien esta vez iré yo, pero te aseguro que será la única vez que lo haga. – Dijo el mayor para salir del laboratorio y dirigirse hasta la mansión y pedir desayuno para dos personas, cosa que no les extrañó al servicio de la mansión ya que siempre había sido muy glotón, aunque desde que había "regresado" de la guerra había regresado con el doble de apetito, pensando que había pasado mucha hambre en el frente.

Stear menor se quedó complacido de que el mayor hubiera accedido a ir por el desayuno ya que él se sentía muy cansado de haber arreglado todo para partir y no quería caminar hasta la mansión por la comida a pesar de estar hambriento.

Emprendieron el camino hacia Chicago una vez que habían terminado de desayunar y con la alegría que los caracterizaba iban contando anécdotas de su vida, uno y otro hablaba como si de competencias se tratara disfrutando ambos el viaje, les parecía imposible que pudieran llevarse tan bien entre los dos a pesar de ser completamente iguales.

-Es divertido hablar contigo mismo sin que piensen que estás loco. – Dijo Stear menor con diversión al llegar al hotel.

-No entiendo lo que dices, en mi tiempo la gente habla por teléfono todo el tiempo y aunque estén solos de pronto ves a alguien hablando, no te das cuenta que en la oreja tienen puestos audífonos y están hablando con alguien más. – Decía el inventor hablando con fluidez una vez más, sin pensar que aquella palabra calaría en el oído del inventor más joven.

-¿Audífonos? ¿Qué son audífonos? – Preguntó con curiosidad a su contraparte, quien ya se estaba acostumbrando a explicar las maravillas de la época moderna.

-Es verdad, aún no los inventan. – Dijo Alistear pensando en cómo describirle aquel invento. –Bueno sí, pero solo para uso militar. – Le dijo nuevamente y el más joven se veía interesado por saber más. – Antes. – Dijo hablando como si estuviera en su época. – Los audífonos eran bastante grandes, eran como dos ruedas grandes sobre tus orejas comunicadas por una especie de diadema, por ahí podías escuchar el sonido amplificado. – Decía Stear mayor hablando emocionado. – Después los conocerás como "Blady phones" y te acuerdas de mí. – Le decía el inventor emocionado. – En mi tiempo son tan pequeños que los puedes poner en tus orejas y pasar desapercibidos, por eso las personas parecen estar locas… - De pronto Stear calló a lo que decía. – Será mejor que te lo muestre… - Dijo recordando que entre sus pertenencias tenía unos audífonos.

-¿A dónde vas? – Preguntó Stear menor al ver que el mayor se bajaba del auto y entraba sin detenerse.

El menor se bajó del vehículo y entró detrás de su contraparte, pero para su mala fortuna al entrar al hotel venía saliendo una joven que no advirtió y chocó con ella de frente, logrando que sus anteojos salieran volando de su rostro.

-Lo siento señorita. – Decía mientras buscaba a tientas sus anteojos.

-Parece que no puedo dejar de chocar con usted. – Dijo la joven buscando también sus anteojos que al igual que los de Stear habían caído de su rostro.

Ambos jóvenes encontraron cada uno un par de anteojos, sin embargo eran los del contrario. La joven se imaginaba que había chocado con el mismo joven atractivo y distraído de la noche anterior y por ello evitaba verlo de frente, le apenaba haber tenido de vuelta un incidente como ese, pensando que la creería una boba.

-Creo que estos son de usted. – Dijo Stear con más calma, mirando con impaciencia a la joven que sostenía su mirada en el suelo. Patty sintió que su corazón dio un vuelco al escuchar más detenidamente la voz de la persona con la que había chocado.

Patty levantó su rostro extendiendo los anteojos del descuidado inventor y descubrió el rostro de su amado Stear, quien le sonreía apenado por haber chocado contra ella mientras tomaba sus anteojos y entregaba los de ella.

-¿Stear? – Preguntó Patty confundida, sin poder creer lo que veían sus ojos. El inventor sintió algo extraño en su pecho al ver a la hermosa señorita que lo llamaba por su nombre y de quien él no tenía idea de quien era.

-¿Me conoce usted? – Preguntó el joven inventor por un momento contrariado, intentando traer a su mente el hermoso rostro de aquella dama que lo veía sorprendida. De pronto el recuerdo llegó a su cabeza, aquella hermosa mujer era la dama que acompañaba a Annie Britter la última tarde que… Sus ojos se abrieron de pronto al comprender que aquella joven lo conocía de esta línea del tiempo y no de su línea del tiempo.

-¿Eres tú Stear? – Le preguntó Patty acercándose a él con nerviosismo, mirando su rostro y acariciándolo como si estuviera en un sueño. – No puede ser posible… - Decía Patty ignorando la actitud del inventor, quien sentía en su corazón una punzada muy fuerte que reaccionaba a la cercanía de aquella dama que en su tiempo había visto tan solo una vez. - ¿En verdad eres tú? – Preguntaba Patty mirando el rostro amado. Stear no sabía qué decir, ni cómo actuar ante la joven, no sabía quién era, lo único que sabía era que conocía al desaparecido Stear y que le provocaba una sensación muy agradable en su corazón. De pronto los ojos de Patty se dirigieron hacía la espalda de Stear y ahí fue cuando todo perdió más sentido.

-¡Señorita! – Dijo Stear consternado al ver como la joven que estaba frente a él se desvanecía sin fuerzas en sus brazos.

-¡Patricia! - Gritó de pronto el inventor mayor cuando al salir a buscar a su contraparte veía como la que representaba a su prometida joven se desvanecía en los brazos de su otro yo. – ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? – Preguntaba el mayor mientras la tomaba entre sus brazos y la llevaba hasta su habitación.

-¡Nada! Simplemente se desmayó al verme. – Decía el menor caminando detrás de Stear, aún sin comprender lo que estaba sucediendo, lo único que había entendido es que aquella joven lo conocía y que al parecer era la novia del difunto inventor.

-¡Santo Dios! – Decía Stear preocupado por la joven Patricia, era como si fuese su propia prometida la que traía en brazos y su corazón se aceleraba impaciente al no saber lo que podría sentir por la impresión que se había llevado. – Hay que ir por Archie para que me ayude a explicarle la verdad. – Dijo el mayor convencido que con él presente no podían decirle que Stear había perdido la memoria debido al accidente aéreo.

-Le hablaré para que venga. – Dijo Stear joven impaciente al ver que el mayor se llevaba a aquella señorita a su habitación. Corrió hasta el mostrador y pidió una llamada hasta la mansión Andrew, la cual tardó unos minutos en estar lista, minutos que para Stear eran interminables, por alguna razón extraña a él sentía un temor terrible por la salud de la joven que estaba desmayada en su habitación.

-¿Bueno? – Preguntó Archie confundido por la hora en la que le hablaban, pensó por un momento que era Anthony quien tal vez tenía dudas sobre si ir a buscar o no a Candy, sin embargo luego la había desechado al saber que Anthony no era de los que dudara tan fácilmente.

-¡Archie, tienes que venir de inmediato! – Dijo Stear desde el otro lado de la línea.

-¿Stear? – Preguntó Archie con la voz poco audible para no ser escuchado por alguien del personal de servicio o peor por la tía abuela. - ¿Qué pasa? – Preguntó impaciente el gatito.

-Tienes que venir de inmediato, la señorita Patty está aquí y se ha desmayado. – Le dijo de manera apresurada.

-¿Patty? ¡Pero es no es posible! – Dijo Archie sorprendido por lo que le había dicho Stear. – Voy para allá. – Dijo colgando el auricular sin esperar respuesta de su hermano, para salir corriendo hacia uno de los coches.

-¿Va a algún lado señor? – Preguntó el chofer con amabilidad a su patrón.

-No Miles, quiero decir sí Miles, pero yo me llevaré el automóvil. – Dijo Archie solicitando las llaves al joven de uniforme. Este extendió las llaves sin discutir con el señorito de la familia.

Archie corrió hasta el vehículo y subió enseguida accionando la marcha para salir lo más rápido que podía manejar sin ser sospechoso en su comportamiento.

Anthony había salido del hotel antes de que Stear y Stear menor llegaran, había decidido ir por Candy muy temprano y no quería llegar tarde por ella. Estacionó el vehículo frente al Magnolia y se recargó en el guardafangos a esperar pacientemente la salida de la pecosa. Miró su reloj de pulsera al llegar para saber la hora en la que la rubia saldría habitualmente para irse a trabajar. Le dio cuerda antes de volver a relajarse para continuar esperando. No tenía mucho tiempo de haber llegado cuando el Sr. Lewis salió como era su costumbre a limpiar el frente del edificio.

-Muy buenos días joven. – Saludó amablemente al rubio que esperaba aún paciente por la rubia.

-Muy buenos días caballero. – Respondió Anthony con amabilidad.

-¿Espera a la señorita Candy? – Preguntó con curiosidad el buen hombre. Anthony sonrió asintiendo que era verdad lo que preguntaba. – No tarda en asomarse por la ventana para darme los buenos días. – Dijo para darle un poco más de paciencia. Al parecer ya lo había visto esperando desde muy temprano. Anthony agradeció con una sonrisa la información proporcionada.

-¡Buenos días Sr. Lewis! – Dijo de pronto la rubia, quien abría la ventana de su habitación con mayor emoción que los días anteriores, cosa que el buen casero notó sin ser ignorante del motivo por el cual la rubia se levantaba de tan buen ánimo ese día.

-Muy buenos días señorita Candy. – Respondió el casero con la misma emoción que mostraba la rubia, mirando al caballero que tenía frente a él, quien miraba maravillado a la hermosa rubia que se asomaba desde su ventana.

Candy no había reparado en la presencia de Anthony, sino hasta que se fijó que la mirada del señor Lewis no estaba sobre ella sino en algún punto diferente a su dirección. La mirada de Candy se iluminó sorpresiva al ver la hermosa sonrisa que Anthony le dirigía desde su lugar.

-Muy buenos días Candy. – La saludó con esa sonrisa tan espectacular que poseía y que hacía que el sentido y la razón de Candy comenzaran a distorsionarse de su mente.

-Buenos días Anthony. – Le dijo Candy correspondiendo su saludo con una linda sonrisa cargada de ilusión, ilusión que atrapaba también a Anthony, y que le hacía de nuevo nacer en su pecho la emoción que había sentido la noche anterior, antes de que Archie le confesara que había existido alguien más en la vida de la enfermera. - ¿Hace mucho que llegaste? – Preguntó Candy con pena, ya que sabía bien que el rubio no sabía su hora de entrada.

-Hace un momento nada más. – Respondió Anthony como un total caballero, sin revelar el tiempo que tenía esperándola afuera.

-Hace poco más de media hora que estacionó su auto aquí. – Dijo el Sr. Lewis para informar a Candy que aquel joven tenía tiempo esperándola pacientemente. Ambos rubios se sorprendieron, uno por ser descubierto y otra por la pena de ser esperada.

-En un momento bajo. – Dijo Candy cerrando con prisa la ventana de su habitación para cambiarse de inmediato, ahora agradecía haber tomado un baño al llegar de la cena. Anthony miró al caballero quien con una mirada de excusa explicó.

-Es mejor así, de lo contrario la señorita Candy tardará mucho en bajar. – Dijo seguro de que le había hecho un favor al rubio.

-No me molestaría esperarla más tiempo. – Dijo Anthony seguro de que así lo haría. El Sr. Lewis le sonrió una vez más para continuar con su labor. "Jóvenes enamorados" pensaba el casero mientras limpiaba con esmero la entrada del Magnolia.

Minutos después una sonriente Candy, vestida con su blanco y brillante uniforme de enfermera salía del edificio apresurada.

-Hola. – Le dijo con una sonrisa nerviosa mientras se posaba frente a él con las manos entrelazadas.

-Hola. – Le respondió Anthony con una sonrisa sin saber cómo saludarla frente a aquel caballero que no perdía ni un momento de vista a la pareja. - ¿Tienes tiempo de desayunar? – Preguntó Anthony al saber que no había desayunado por la prisa de salir hasta él.

-Falta una hora para llegar a mi turno. – Respondió Candy con una tierna sonrisa. Anthony volvió a observar su reloj el cual advertía que eran las 6:05 de la mañana, lo que le hacía suponer que Candy entraba a las 7 de la mañana al hospital.

-Tenemos tiempo de pasar a algún lugar. – Le dijo Anthony ofreciendo su brazo para que subiera al coche. Candy asintió tomándolo del brazo para dejarse guiar al interior del vehículo.

El Sr. Lewis observaba la escena con una sonrisa, le causaba gracia ver cómo la joven enfermera que siempre salía a las seis de la mañana en punto para saludar, por primera vez no salía corriendo del edificio porque se le hacía tarde para llegar a trabajar.

-No tenías que venir tan temprano por mí. – Dijo Candy ya dentro del auto. Anthony le sonrió mirándola fijamente.

-Es lo menos que podía hacer si por mi culpa te has desvelado. – Dijo Anthony refiriéndose a que la había dejado pasadas las diez de la noche, sin embargo la rubia se sonrojó de manera repentina al creer que tal vez Anthony se había dado cuenta que se había dormido mucho más tarde pensando en él.

-¿Se me nota mucho? – Preguntó buscando entre sus cosas un espejo que le avisara si sus ojeras eran muy evidentes, temiendo verse fea para él.

-Te ves hermosa. – Le dijo Anthony al ver que se veía al espejo de bolsillo que siempre portaba. El rubor volvió al rostro de la rubia. – Siempre te ves hermosa… - Volvió a decir el rubio para sorpresa de la rubia quien se volvió hacia él sonriendo tímidamente. - ¿A dónde vamos? – Preguntó Anthony en un intento de evitar que ella se sintiera acosada por sus palabras. Sabía que a pesar de que era muy evidente en su sonrojo no podía lanzarse con todo a la conquista, quería ir lento, poco a poco, quería ganarse su confianza como sabía un día Anthony se la había ganado, como un día él mismo se había ganado la confianza de Candy. No podía olvidar que al ser ya unos jóvenes adultos la confianza se ganaba ahora de diferente manera. Candy lo miró extrañada por su pregunta. – Recuerda que yo no conozco un lugar adecuado para desayunar. – Le dijo con una sonrisa.

-¡Es verdad! ¡Lo siento! – Dijo Candy haciendo un gesto muy similar al que hacía de niña cuando cometía una travesura, gesto que hizo que Anthony quedara sin aliento al evocar en su mente a su dulce niña de coletas. – Vamos a mi restaurante favorito que está cerca del hospital. – Dijo Candy sin darse cuenta de la profunda mirada que le dirigía el rubio. Anthony asintió con una sonrisa emprendiendo su camino hasta el hospital. Sus pensamientos se fueron de nuevo a Lakewood y al día en el que había visto por última vez a su Candy, después miro a la hermosa rubia que tenía su lado y no pudo evitar suspirar con fuerza por ella.

Entraron a un lugar pequeño sin embargo era muy limpio y acogedor, un lugar sencillo que Candy podía costear con su sueldo de enfermera. Anthony observó el lugar detenidamente, como empapándose de los lugares que la rubia frecuentaba, era exactamente un lugar cómo el que ella frecuentaría, limpio, sencillo, acogedor.

-Buenos días Candy. – La saludó la mesera con familiaridad.

-Buenos días Emilie. – Respondió Candy con amabilidad.

-¿La mesa de siempre? – Le pregunto de nuevo.

-Hoy vengo acompañada. – Dijo Candy con un intenso sonrojo al ver al atractivo joven que estaba detrás de ella. La mesera miró a Anthony con sorpresa al ver que era un caballero muy fino para frecuentar aquel lugar tan modesto y humilde para una persona de su categoría.

-Sí, adelante. – Dijo la mujer rápidamente para llevar a la pareja a una mesa para dos.

-¿Vienes seguido a este lugar? – Preguntó Anthony al ver la familiaridad con la que la atendían. Hasta ese momento Candy se dio cuenta que aquel lugar tan cómodo y familiar para ella no estaba a la altura de Anthony, y a decir verdad no sabía si él sería realmente tan sencillo como su antiguo Anthony.

-Vengo todos los días a comer cuando estoy en este turno. – Confesó Candy con cierta pena al no saber qué pensaría Anthony de ello. El lugar aunque limpio y acogedor, era demasiado sencillo para lo que él estaría acostumbrado a visitar.

-Es bastante acogedor. – Dijo Anthony con una sonrisa, demostrándole a Candy que no le importaba en absoluto comer en un lugar tan sencillo como ese. Ordenaron el desayuno del día y ambos comenzaron a desayunar.

-No tenías que venir tan temprano por mí. – Dijo Candy una vez más, indicando que le daba pena que él se hubiese tomado la molestia de pasar por ella.

-No es ninguna molestia para mí Candy. – Le dijo con su voz tan varonil, justo como ella la recordaba. – Al contrario, siempre es lindo pasar un tiempo contigo. – Le dijo nuevamente, algo que sorprendió a Candy gratamente.

-A mí también me gusta pasar tiempo a tú lado. – Le dijo Candy sincera, ella deseaba pasar más tiempo con él y le agradaba que a él le sucediera lo mismo. Anthony tomó su mano con discreción y besó su dorso.

-¿Entonces no te molestará que pase por ti esta tarde? – Preguntó Anthony mirándola a los ojos fijamente. Aquella mirada hizo que Candy dejara de pensar por unos segundos, perdiéndose en ella, mirando su reflejo en los azules del rubio quien también estaba perdido en su mirada.

-No. – Respondió Candy en automático, aceptando que Anthony viniera a recogerla al terminar su jornada laboral. Una sonrisa apareció en el rostro de Anthony, feliz por la respuesta de la joven enfermera.

-Entonces creo que ya es hora de irnos. – Dijo Anthony ante el desconcierto de Candy, quien estaba muy a gusto platicando con él. – Falta poco para tu hora de entrada. – Dijo Anthony ante el desconcierto de Candy.

-¡Es verdad! – Dijo Candy totalmente avergonzada por haberse dejado llevar por el momento. Anthony sonrió y se levantó de la mesa para ir hasta la caja.

-Yo invito. – Dijo antes de que Candy impidiera que lo hiciera. La rubia asintió con timidez al ver que no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta. – Disculpe ¿Podría darme la cuenta? – Preguntó Anthony a la joven señora que atendía el lugar.

-No hacía falta que se levantara joven. – Decía la amable mujer apenada con el caballero que tenía frente a ella. – Yo podría haberla llevado hasta la mesa. – Agregó informando que podía evitarle esa molestia. Anthony sonrió agradecido y pagó la comida de ambos.

-Se lo agradezco. – Le dijo Anthony a la mujer. – ¿Puedo hacerle una pregunta? – Preguntó Anthony de nuevo. La mujer asintió para permitirle que lo hiciera. - ¿Podría decirme a qué hora viene a comer la señorita Candy? – Preguntó intentando que la rubia no escuchara sus intenciones. La joven mujer sonrió al ver las intenciones de aquel joven que claramente se veía cortejaba a la afortunada enfermera.

-A la una de la tarde en punto joven. – Dijo de manera cómplice, asegurando con ello un cómplice más en aquella relación.

-Es usted muy amable. - Anthony agradeció con una sencilla reverencia y se dirigió hacia donde Candy lo esperaba. - ¿Nos vamos princesa? – Le dijo a Candy ofreciendo su brazo para que ella lo tomara y después colocó un billete del alta denominación a manera de propina en la mesa. Candy se sorprendió por la cantidad, sin embargo Anthony caminó con ella hasta la salida para acompañarla hasta el hospital que quedaba justo frente a ellos.

-Muchas gracias por la invitación. – Dijo Candy una vez que estaban frente a la puerta del hospital.

-Al contrario gracias por permitirme estar contigo. – Le dijo Anthony con una sonrisa. Candy correspondió a su sonrisa y antes de que se diera la vuelta para irse Anthony tomó su mano y la besó de nuevo. – Te veo más tarde. – Le dijo Anthony guiñando su ojo hacia ella en señal de despedida. Candy se quedó con el corazón azorado por la emoción que le provocaba aquella presencia que tanto había añorado en su vida.

-¡Vamos Candy! – Le dijo una de las compañeras que la esperaba en el interior del hospital. - ¿Quién es ese joven tan guapo? – Le preguntaba mientras Candy a lo lejos observaba la atlética figura del rubio que se dirigía a la salida del hospital. Anthony se detuvo al sentir la mirada de la rubia sobre él y se volteó para hacer una reverencia nuevamente. Candy se quedó sin aliento al saberse descubierta. - ¡Candy! ¿Es tu novio? – Le preguntaban para sacarla de su trance.

-¿Novio? – Preguntaba Candy sintiendo una gran emoción en su corazón al escuchar aquella pregunta, sin embargo no podía decir que si lo era ya que a pesar de jamás haber escuchado aquella pregunta de alguien más, Terry se había adjudicado ese título sin siquiera preguntárselo, pero no estaba segura de que Anthony hiciera lo mismo.

-Porque si no es tu novio deberías presentármelo. – Dijo de nuevo la joven que jalaba a Candy emocionada por tener información del guapo rubio.

-Si… - Dijo Candy de pronto. – Si... es mi novio… - Dijo con pena por decir una mentira, sin embargo no le gustó la idea de que ella o alguna de sus compañeras intentaran conquistarlo.

Anthony por su lado comenzó a caminar por el centro de Chicago, le quedaban muchas horas todavía para volver a ver a la hermosa rubia que lo mantenía ilusionado. Pasó por una florería y las rosas fueron lo primero que aparecía en el escaparate. Una idea llegó a su mente, sin embargo su reloj le informaba que aún faltaba casi una hora para abrir el local. Suspiró decidido a esperar un poco más mientras seguía recorriendo los alrededores, observando cada detalle de esa ciudad que él conocía de manera diferente, no distaba mucho de la realidad que antes vivía, sin embargo si podía encontrar algunas diferencias y otras similitudes. Observó que en algunos postes estaban pegados carteles viejos de una obra de teatro.

-Romeo y Julieta. – Leyó observando de cerca aquel desteñido cartel, apenas si se apreciaba el rostro del protagonista, sin embargo la joven que llevaba el rol principal era un joven diminuta y delicada. – Terry Grandchester y Susana Marlowe. – Leyó incómodo los nombres de los protagonistas, observó la fecha del estreno y esta tenía más de un año de haberse estrenado. Suspiró profundamente al recordar lo que Archie le había dicho. - "Lo único que puedo decirte es que todo terminó muy mal entre ellos". – Había pensado toda la noche acerca de ello, no se imaginaba qué hubiera salido mal entre ellos para que estuvieran separados, se imaginaba que Candy era una joven que entregaba su corazón y era incapaz de traicionar a alguien, y también pensaba que era imposible que alguien se pudiera olvidar de ella, sin embargo al observar aquel viejo cartel una presentimiento surcó su pecho. Caminó un poco más y se encontró con otro viejo cartel pegado sobre un espectacular, pero esta vez la joven que acompañaba al actor era una mujer más alta y de cabellos oscuros. – Terry Grandchester y Karen Klaiss. – Podía leerse debajo del titular, la fecha del estreno era la misma, sin embargo habían cambiado a los protagonistas por alguna razón.

-¿Le gusta el teatro? – Preguntó una persona que pasaba por ahí.

-Efectivamente. – Respondió Anthony amable al caballero. – Disculpe, acabo de encontrarme un afiche que mostraba a otra joven como la protagonista de esta obra. – Agregó Anthony para informarse del motivo por el cual había cambiado todo.

-¿No eres de por aquí verdad? – Preguntó el mayor con tranquilidad, al ver que Anthony no conocía el escándalo que había acontecido un año atrás.

-Vengo llegando a la ciudad. – Respondió Anthony con una sonrisa amable. El caballero le sonrió aceptando su respuesta, complacido por haber acertado.

- Hubo un accidente hace un año con la primera protagonista de la obra. – Comenzó a relatar el caballero deteniéndose un poco en su paso. – Al parecer salvó la vida de su compañero que tengo entendido es su prometido también. – Dijo de nuevo el hombre.

-¿Prometido? – Preguntó Anthony queriendo confirmar haber escuchado bien, ya que sin duda hablaba de Terry y Susana. El hombre asintió corroborando lo que había preguntado Anthony.

-La joven no pudo trabajar en la obra y fue sustituida por otra, que a decir verdad fue un gran acierto hacerlo. – Dijo de nuevo afirmando que la sustitución de Susana por Karen había sido lo mejor que le había pasado a aquella obra, de lo contrario no hubiera tenido el éxito que había tenido. – Yo viajé personalmente al estreno de la misma y puedo decirte que si tienes oportunidad de ir a Broadway a verla, no desaproveches la oportunidad de ver tal despliegue de talento. – Le dijo de nuevo despidiéndose amablemente de Anthony mientras continuaba con su camino.

-Fue usted muy amable. – Le dijo Anthony agradecido por su información, información que si bien no le había servido de mucho, si había podido conocer que aquel Terry estaba prometido a Susana Marlowe, sin embargo eso no le avisaba que tanto había estado involucrada con Candy ya que no sabía el tiempo en el que se habían enamorado.

Observó nuevamente su reloj y por costumbre le dio nuevamente cuerda, era una costumbre que tenía cada que estaba ansioso. Regresó sus pasos hasta la florería que había visto cerca del hospital y se alegró de encontrar abierto.

-Buenos días, estoy buscando rosas blancas. – Dijo a la dependiente del lugar.

-Lo siento la temporada de rosas apenas comienza y las rosas blancas son las más difíciles de conseguir. – Dijo la mujer con una sonrisa apenada por no tener lo que deseaba su primer cliente del día. – Pero tengo rosas rojas y rosas para la dama que tiene en su corazón. – Dijo intentado animarlo para que comprara un arreglo. Anthony sonrió al escuchar lo último "la dama que tiene en su corazón" ¡Vaya! Si la tenía en su corazón.

Ordenó un ramo pequeño de rosas, un bouquet de rosas rosas fue el elegido para la rubia, un bouquet que permitiría que la pecosa no tuviera problemas para desplazarse con él entre sus manos, porque sabía bien que al terminar de comer tendría que regresar a trabajar. Una vez hecha la compra salió del lugar con una sonrisa en su rostro, dirigiéndose hasta el pequeño restaurante en el que había desayunado junto a la rubia.

La hora de comer apenas llegaba y para Candy se le hacía interminable una vez más su turno, estaba impaciente por salir pero también se moría de hambre, así que como era su costumbre se dirigió hasta el pequeño restaurante, entrando con una sonrisa en su rostro dispuesta a saludar a la dueña del lugar.

-Buenas tardes Emilie, la mesa de siempre por favor. – Dijo Candy mirando el lugar una vez más, posando su mirada en la mesa que había ocupado junto a Anthony aquella mañana.

Caminó hasta la mesa que siempre estaba lista para ella, pero en esa ocasión pensó que alguien más la estaba ocupado al ver en el centro de aquella pequeña mesita un lindo bouquet de rosas rosas adornándola. Miró a su alrededor para ver si era un detalle de todas las mesas, sin embargo solo pudo observar a una que otra enfermera que también acostumbraba comer ahí.

-Son para ti Candy. – Dijo Emilie con una sonrisa a la rubia al verla desconcertada.

-¿Para mí? – Preguntó Candy con una linda sonrisa, emocionada por ver aquel hermoso y delicado ramo esperándola. Emilie asintió con una sonrisa cómplice en sus labios.

-Todas son para ti Candy. – Dijo Anthony quien sostenía una rosa roja entre sus manos.

-¡Anthony! – Dijo Candy sorprendida de ver al rubio ahí en el restaurante ya que ella lo esperaba impaciente hasta su hora de salida por la tarde.

-Me tomé la libertad de venir a acompañarte a la hora de la comida. – Le dijo ofreciendo la rosa a la rubia. – Quería comprar rosas blancas, pero no pude conseguirlas. – Le decía mientras veía el rostro emocionado de la rubia, quien tenía sus ojos acuosos por la emoción de verlo frente a ella una vez más.

Continuará…

Llegamos al final el día de hoy, espero que les haya gustado.

TeamColombia:

Hola hermosas! ¿Cómo están? Espero que muy bien . Muchas gracias por su paciencia y por los comentarios de mis dos últimos capítulos, les aseguro que como siempre los leo y se los agraden el alma. Me alegra saber que les gustaron, espero que este no sea la excepción. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Cla1968:

Ciao bella, pensó che I'dentità della guivane sia stata rivelata ed è Patricia che voleva sorprendere i suoi amici e si è scoperto che è stata lei a sorprendere. Grazie millie per la lettura. Ti mando un grande abbraccio, spero che questo capitolo sia stato di tuo gradimento. Saluti e bendizioni.

Rose1404:

Hola hermosa, que alegría volver a leer un comentario de tu parte, gracias por la paciencia, me alegra saber que tanto tú como tu pequeño compañero de lectura están bien. Me encanta la pareja de Anthony y Candy y la verdad que es un placer escribir sobre ellos y su amor, me alegra que te guste y los disfrutes. Se reveló la identidad de la distraída chica, más adelante se verá qué sucede con ella. Gracias por leer hermosa, te mando un fuerte abrazo doble, para ti y el pequeño Anthony.

lemh2001:

Hola hermosa, siento haber causado tanto revuelo en mi semana de "descanso" recibí todos tus mensajes jijijiji, pero hasta este fin de semana, de hecho acabo de ver el P.M. que me enviaste, me desconecté de todo dispositivo, debía atender otras prioridades antes de continuar y pues con el problema del cloudflare me afecta mucho en la lectura y actualizaciones a ver cómo sigue. Gracias por leer y por estar al pendiente de mi amiga, te mando un fuerte abrazo.

Guest:

creo que no fue otra loca jijiji.

Mayely León:

Hola hermosa, cómo estás? Creo que más tranquila después de haber leído el capítulo jajajaja, ahora respira 1,2,3... respira jajaja. Gracias por leer amiga, te mando un fuerte abrazo.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa, cómo estás? Espero que no muy decepcionada por que no fue Eliza la que regresó Jajajaja, era na más ni nada menos que Patty, quien encontró el parecido que comparten los Andrew y no solo es el cambio de color de cabello jajaja. Gracias por comentar amiga, te mando un fuerte abrazo.

Silandrew:

Hola hermosa, espero estés muy bien. Te mando un fuerte abrazo y esperaré que continúes con la lectura. Saludos amiga hermosa.

Muchas gracias a todas y cada una de las lectoras que continúan al pendiente de las actualizaciones, gracias por leer y mantenerse en contacto.

GeoMtzR

06/09/2023.