Muy buenos días a todas hermosas, espero que estén muy bien y listas para la lectura. Les recuerdo que todas mis historias son completamente de mi autoría, no están basadas en ninguna otra historia salvo la original Candy Candy, lo hago sin fines de lucro, solo por diversión. No es para menores de edad.

COMENZAMOS

LÍNEAS DEL TIEMPO

34

LÍNEA 1

El repiqueteo de las campanas anunciaba la salida de los recién casados, una radiante Annie y un elegante y sonriente Archie salían tomados de la mano convertidos en marido y mujer. Habían jurado ante el altar la promesa eterna de amor, una promesa que día a día alimentarían con el amor y la convivencia diaria, él había prometido amarla y respetarla todos los días de su vida y ella le juraba amor y fidelidad hasta que la muerte los separase.

-¡Que vivan los novios! – Gritó Stear con esmero, con la plena seguridad que su hermano había encontrado a la mujer de su vida.

Los pétalos de rosa anunciaron los buenos deseos y el buen augurio que les deseaban los invitados, entre gritos de felicidades y aplausos fueron recibidos fuera de la iglesia. Las lágrimas de felicidad no faltaron en la novia, quien tímidamente observaba cómo los invitados se acercaban a ella para felicitarla, todos amigos de sus padres, todos de gran estatus económico y social, gente importante que era amigo de la familia o simplemente socio de su padre, sin embargo sus ojos azules buscaban entre la multitud al par de sencillas mujeres que le habían salvado la vida aquella tarde de invierno.

-¿Dónde están? – Se preguntaba la joven con un latido incierto en su corazón, a pesar de su felicidad necesitaba saber que aquellas mujeres que tanto quería habían ido a desearle dicha y felicidad.

-¿Sucede algo mi amor? – Preguntó Archie con el corazón latiendo enamorado, seguro de que el rostro amado reflejaba cierta angustia.

-No. – Respondió con una sonrisa de lado. – Solo que buscaba a Candy y a la señorita Ponny y la hermana María. – Dijo con confianza de que él sabía su origen y no la rechazaba.

-Tranquila damita, Candy te prometió que vendrían. – Dijo Archie seguro de que la pecosa había dicho que había podido convencerlas después de mucho diálogo.

A nadie le extrañó que una señora con un gran crucifijo colgado en su cuello y una religiosa estuvieran sentadas al final de la iglesia, ambas en silencio con las manos unidas en oración para agradecer al altísimo la buena fortuna de su pequeña niña, no había nada extraño en esa imagen salvo las lágrimas de alegría que bañaban sus rostros, después de todo no eran las únicas que intentaban pasar desapercibidas del resto de los invitados.

-Annie. – Dijo Candy casi cuando todos la habían felicitado. – Hay alguien que quiere verte. – Le dijo con una sonrisa emocionada una vez más. Annie sintió que su corazón se detuvo por unos segundos y se unificaba por fin con la felicidad que la embargaba aquel día. Candy asintió ante la pregunta hecha con una sola mirada.

-Muchas felicidades Annie. – Le dijo la señorita Ponny con la voz entrecortada y los ojos inflamados por las lágrimas.

-¡Señorita Ponny! – Dijo Annie emocionada cuando identificó a aquella buena mujer.

Los cálidos brazos de la robusta mujer formaban un reconfortante refugio para la joven Britter, quien ni con todos los abrazos que había recibido por parte de su madre o de su padre llegaban a llenar ese hueco que había quedado desde el día que la adoptaron y le habían arrancado de su primer hogar. Llegó el turno de la hermana María y el mismo sentimiento se alojaba en su pecho. Archie, Anthony y Candy miraban conmovidos la escena, podían ver el cariño y el amor con el que había sido criada.

-Muchas felicidades Annie. – Dijo la hermana María intentando ser fuerte.

-Muchas gracias por venir. – Dijo la joven de cabellos negros, quien no podía dejar de llorar por la emoción al sentir que ahora sí su dicha estaba completa. – No podía casarme sin que ustedes estuvieran presentes. – Dijo de nuevo limpiando sus ojos.

-Fue lo que dijo Candy, y fue muy insistente en que debíamos venir. – Dijo la mayor con su sonrisa noble y tierna.

-¿Y los niños? – Preguntó Annie con impaciencia, podía ver la mirada de desaprobación de su madre a lo lejos.

-El señor Cartwright se ofreció a cuidar de ellos en su rancho. – Dijo con angustia la hermana María.

-Annie. – Llamó la señora Britter a su hija, su voz aunque dulce era firme, imperativa y la hermosa joven se tensó al escucharla. Archie sintió aquella reacción de su bella esposa y sintió molestia por la mirada que le dirigía su ahora suegra.

-En un momento estamos con usted señora Britter. – Respondió Archie al llamado de su suegra, quien sorprendida por la respuesta que le daba tan elegante caballero asintió sin salir de su sorpresa.

-Tienes que irte Annie, nosotras también debemos hacerlo. – Dijo la señorita Ponny segura que no asistirían a la elegante recepción que se daría en nombre de los nuevos esposos.

-¿Ya se van? – Preguntó con impaciencia.

-No pude convencerlas de que se quedaran más tiempo. – Dijo Candy con pesar, sabía bien que ellas no querían presentarse frente a tanta suntuosidad. No, ellas no pertenecían a ese mundo y Candy no quería que fueran juzgadas o humilladas por sus sencillas vestimentas, podía soportar todo, había soportado todo, pero jamás permitiría que humillaran a sus madres.

-No importa Candy, gracias por haberlas convencido de venir. – Dijo Annie completamente agradecida con su hermana. Candy sonrió feliz por haber podido dar ese gusto a una de las personas más importantes de su vida.

-Quiero que tengas esto Annie. – Dijo la hermana María colocando entre sus manos un rosario de plata como regalo de bodas. – Sé que ahora lo tienes todo, pero es un regalo que la señorita Ponny y los niños del hogar quisimos obsequiarte. – Dijo con la mirada acuosa. Annie tomó la hermosa pieza y sonrió feliz por tan bello detalle.

-Mucha gracias… - Dijo con los ojos aún más emocionados. Miró a Candy y ella asintió a su petición.

-No te preocupes yo me encargo de llevarlas a descansar. – Dijo la rubia para tranquilidad de Annie, quien había decidido llevarlas a su departamento a descansar, sabía bien que la señorita Ponny no estaba en condiciones de regresar de inmediato al orfanato.

-Vamos princesa. – Dijo Anthony ayudando a la señorita Ponny a caminar hasta el auto, mientras Candy la apoyaba del lado contrario. Candy sonrió observando a su novio, sus ojos reflejaban el amor tan inmenso que sentía por él.

La pareja de rubios caminaban junto a las madres de Candy, quienes aún con la emoción en sus corazones continuaban derramando lágrimas.

-Annie será muy feliz. – Dijo la hermana María consolando a la señorita Ponny.

-Lo sé, el joven Cornwell es una excelente persona y puedo ver el amor en sus ojos. – Dijo la señorita Ponny con plena certeza que así era.

-¿Qué sucede Candy? – Preguntó Anthony de pronto cuando vio llorar a su pecosa.

-No lo sé, creo que las bodas me emocionan demasiado. – Dijo Candy limpiando sus ojos con sumo cuidado, había intentado contenerse lo más posible, pero la felicidad que Annie reflejaba en su rostro había rebasado el temple que quería demostrar. Anthony le sonrió y la abrazó con ternura.

-Ustedes también serán muy felices el día que se casen. – Dijo la señorita Ponny con la imprudencia propia de la edad. El rostro de Candy se coloreó de inmediato mientras las dos mayores y Anthony reían felices por su reacción.

-Tenga por seguro señorita Ponny que el día que Candy y yo nos casemos, haré todo lo posible por que sus lágrimas siempre sean de felicidad. – Dijo Anthony mirando a su novia con ternura, con esa mirada profunda que recitaba una promesa en sus pupilas. El rubor de Candy aún más notorio coloreó únicamente sus mejillas.


-¡Stear! – Dijo de pronto el señor Cornwell, quien veía a su hijo mayor aún como si fuese un sueño. Lo abrazó con fuerza y lo atrajo a él como si fuera un pequeño. – Aún sigo sin creer que estés aquí hijo. – Le dijo besando su mejilla sin importar que los demás lo vieran.

-A mí también me parece un sueño tenerte aquí padre. – Le dijo Stear con la voz entrecortada, aún le parecía también imposible que su padre y su madre se hubieran convencido de lo que había sucedido con su muerte.

-Le doy gracias a la vida que todo haya sido una equivocación y que hayas regresado con bien. – Decía el señor Cornwell con emoción, feliz porque le habían dicho que Stear no había muerto en el accidente de avión, le contaron que había permanecido oculto por un tiempo y que había regresado en la primera oportunidad. – Lo que no sé es cómo le hará Vincent para perdonar a la tía abuela. – Dijo con cierto rencor por lo que le habían confesado que había sucedido con Anthony.

-La tía abuela hizo lo que creyó más conveniente papá. – Dijo Stear defendiendo a la vieja Elroy, quien no había encontrado mejor explicación que decir que ella lo había llevado casi muerto al hospital y ahí había permanecido entre médicos y enfermeras oculto de todos hasta tener una recuperación total.

-Lo entiendo, pero ¿Hacerlo pasar por muerto aún para su padre? – Preguntó incrédulo de lo que la matriarca había explicado había sucedido, sin importarle lo que la familia llegase a pensar de ello.

-Te puedo asegurar que las cosas no son como parecen. – Dijo Stear aun defendiendo a la vieja dama.

-Bueno eso ya se verá cuando Vincent regrese. – Dijo de nuevo el señor Cornwell. – Por lo pronto yo le estoy muy agradecido por no haberse rendido y mandarte buscar. – Dijo abrazando con fuerza de nuevo a su primogénito.

La señora Cornwell se unía a ese abrazo para sorpresa de Stear, quien saltaba de pronto aun temiendo que aquellos padres que lo habían recibido con lágrimas y amor en su mirada, de pronto recordaran algo y lo culparan como lo habían culpado en su línea del tiempo.

-Tantas noches de dolor y sufrimiento. – Dijo la señora Cornwell llenándose del aroma de su hijo, acariciando su bello rostro con la ternura con la que lo había criado de pequeño. – Tantos sueños en los que los papeles se invertían y era Archie el que perdía la vida. – Decía de nuevo la rubia mujer. – Despertaba con el miedo de haber perdido a los dos. – Decía sin dejar de mirar sus negros ojos. Stear sonrió y una lágrima abandonó sus ojos, cuantas veces soñó con ver ese amor reflejado en su madre en su línea del tiempo, cuanto añoró un "perdón", una palabra de aliento recordándole que él no había sido culpable de tan horrible suceso.

-Te amo madre. – Le dijo dejándose envolver por su ternura. – Los amo a los dos. – Dijo de nuevo el inventor abrazando a ambos con sus brazos, uno de cada lado mientras el matrimonio lo abrazaba con fuerza.

-Basta ya, que me voy a poner celoso. – Dijo Archie acercándose a ellos para unirse al abrazo familiar que tanto había deseado sucediera.

-¡Ven acá! – Le dijo Stear jalando a su hermano hacia él para aferrarlo con más fuerza a ellos. - ¿Te has dado cuenta que me has saltado? – Le preguntaba con travesura al menor, el cual reía feliz por la queja de su hermano.

-Eso es verdad. – Dijo el señor Cornwell. – Has saltado a tu hermano, solo espero que aquella señorita que te ve con tanto amor pronto sea parte de la familia. – Dijo de nuevo el caballero de cabellos negros entrecanos, mirando a Patty quien observaba tímidamente la escena que protagonizaba su adorado inventor.

-Les aseguro que pronto les daré las buenas nuevas. – Dijo Stear correspondiendo a la intensa mirada que le dirigía Patricia.

-Vamos, es hora de irnos. – Dijo Archie para informarles que era hora de partir a la celebración de la boda.

-Anda hijo que tu esposa te espera. – Dijo la señora Cornwell animado a Archie a que fuera junto a su esposa. Annie lo miraba con sus ojos azules radiantes admirando la perfección vuelta hombre en su esposo.

-Tú también, ve por tu novia. – Le dijo a Stear el señor Cornwell. Stear sonrió agradecido a su padre y con prisa caminó hasta la hermosa joven de cabellos castaños que lo esperaba con ansias.

El baile comenzaba por todo lo alto, la fotografías de los paparazis no se hacían esperar, todos peleando por una buena nota para el periódico del día siguiente.

Candy y Anthony aún no regresaban y el primer baile como marido y mujer abría paso en el centro de la pista de baile.

-Soy tan feliz Archie. – Le dijo Annie a su esposo, se sentía feliz, se sentía segura entre sus brazos.

-Yo igual Annie, en estos momentos soy el hombre más dichoso del mundo y deseo tanto hacerte muy feliz. – Dijo Archie a su esposa, girando al compás del vals que sonaba en el fondo, vals que pasaba a segundo plano, era como si nadie más existiera en aquel espacio y solo ellos dos disfrutaran sus notas musicales.

-¿Aún no vuelve Anthony? – Preguntó la vieja Elroy, buscando con su mirada alrededor de la pista, sabía que como familia debía continuar el baile junto a su primo.

-No, salió con Candy. – Dijo Albert sintiendo aún una daga en su corazón. A pesar de haber aceptado que Candy estaba enamorada de Anthony y él de ella, no podía dejar de pensar en ella de manera romántica, deseaba volver a perder sus recuerdos y que con ellos se llevara los días vividos a su lado en aquel humilde departamento, aquel en el que había sido tan feliz sin siquiera saberlo.

-El baile ya está por terminar y pronto deberán unirse al cortejo. – Decía la anciana con impaciencia, sin embargo Albert ya no atendía a sus quejas, de pronto vio la imagen de su adorada niña entrar del brazo de su sobrino. Se veía tan hermosa, su lento caminar le parecía a él que flotaba, pero lo que más hermosa le hacía era la sonrisa que irradiaba luz en su rostro, aquella sonrisa que él jamás había visto plasmada permanente en ella y que ahora parecía habitar ahí.

Sus ojos estaban fijos en ella, no podía apartar su mirada de su silueta, tan fina y delicada, tan hermosa y tan añorada, cuantas veces soñó con ser correspondido y hoy la veía perdida, pero a pesar de su dolor estaba complacido de que fuese Anthony el elegido por su corazón.

El baile de acompañamiento comenzó y Anthony se unía con Candy, así como lo había hecho Stear y Patty, varias parejas rodeaban a la pareja de la noche, sin embargo la hermosura de Candy resaltaba por mucho ante las demás jóvenes que bailaban junto a ellos.

-¿Qué sucede? – Preguntó Candy al ver que una sonrisa aparecía en el rostro de su atractivo novio.

-Nada, es solo que no puedo evitar pensar que eres la joven más hermosa de toda la fiesta. – Le dijo acercándose a su oído para evitar ser escuchado por las demás damas y que se sintieran ofendidas. El rostro de Candy se encendió y Anthony la giró con más entusiasmo.

-Archie dirá lo mismo de Annie. – Dijo Candy segura de que Annie se veía bellísima esa noche.

-El día de nuestra boda tú lucirás mucho más hermosa. – Le decía con seguridad, bailando sin perder el ritmo del viejo vals que danzaban. Candy sonrió con ilusión tan solo de pensar que ese día llegara a su vida, tantas veces había pensado en formar un hogar que le parecía imposible que estuviera tan cerca de lograrlo.

El baile terminó y Anthony como buen anfitrión se ofreció a traer una bebida a su hermosa novia, quien decidió esperarlo sentada en un sillón cercano.

-Vuelvo en un momento. – Le dijo para evitar que se cansara caminando hasta donde se veía el mesero. Candy asintió con una sonrisa y cruzó sus piernas con delicadeza para esperar a su amor.

-Te ves especialmente hermosa esta noche. – Una voz cálida y suave se dejó escuchar detrás de ella.

-¡Albert! – Dijo Candy sorprendida al reconocer la voz que escuchaba a sus espaldas. – Perdona, no te escuché llegar. – Le dijo apenada por haber reaccionado asustada.

-No, perdóname tú, no fue mi intención asustarte. – Le dijo Albert acercándose más hasta donde estaba ella.

Candy lo miró con ternura, con la ternura que causaba en ella su actitud tímida e insegura, sabía el motivo de su alejamiento y eso la hacía sentir culpable.

-¿Cómo has estado? – Preguntó Candy para saber de él, quería saber muchas cosas, pero al mismo tiempo comprendía que ya no sería lo mismo de antes, porque a pesar de que extrañara la relación que tenían cuando vivían juntos no era lo mismo después de que habían descubierto su identidad.

-Bien, regresé hace algunas semanas a Chicago. – Respondió Albert imaginando que Candy ya lo sabía, sin embargo no sabía cómo acercarse más a ella.

-Lo sé. – Dijo Candy sin querer hacerlo sentir incómodo. Albert asintió sonriendo apenado.

-Siento haberte asustado. – Dijo el rubio mayor de nuevo al estar seguro que había sido descubierto.

-No importa, lo importante es que regresaste con bien. – Le dijo Candy mirándolo con agradecimiento, porque ella sabía que aquella búsqueda que resultó en un susto para ella era solo para asegurarse que estaba bien.

-Candy…

-Albert… - Dijo Candy con impaciencia al ver en sus ojos que diría aquello que ella había evitado tanto tiempo escucharlo decir. – Siento mucho que te hayas enterado de esa forma. – Dijo la rubia para recordarle de manera sutil que ella estaba con Anthony, le dolía pensar siquiera que Albert se atreviera a confesarle su amor a pesar de saberla enamorada de su sobrino, era algo que no podía concebir sucediera.

-No Candy. – Dijo Albert con una sonrisa de resignación, sabía muy bien que la rubia no apetecía que le revelara sus sentimientos, lo había hecho una vez en el pasado y había sido rechazado, y tontamente había pensado que con darle un poco de tiempo y espacio lograría su objetivo. ¡Qué equivocado estaba! – No es tú culpa lo que ha sucedido, en parte tengo que reconocer que ha sido gran parte la mía por no haber permanecido más tiempo a tu lado. – Dijo Albert seguro de que ese había sido su gran error. – De haber permanecido aquí, me hubiera encargado de cultivar ese amor que pudo haber… - Albert interrumpió su discurso al ver que había comenzado a caer nuevamente en aquello que había jurado no hacer. – Tal vez si no me hubiera ido. – Dijo como buscando un bálsamo para su dolor, un solo tal vez que lo hiciera creer que había tenido una oportunidad con ella.

-Tal vez… - Dijo Candy no muy convencida de ello, ella sabía que el amor y el cariño que tenía por Albert no había pasado de ser amor de amiga y un profundo agradecimiento por todos los años que la había cuidado y protegido. Albert la miró a los ojos y no que solo eran palabras arrojadas al viento, le sonrió agradecido por intentar hacerlo sentir mejor.

Anthony llegaba hasta la mesa de bebidas para pedir una copa de champagne para su novia, tomando una para él y otra para ella, sin embargo al momento de que se giró hacia donde ella lo esperaba observó que su tío llegaba junto a ella y se detuvo un momento.

-¿Estás bien? – Preguntó Stear, quien se había acercado con el mismo propósito que Anthony.

-Estoy bien Stear. – Dijo Anthony sin quitar si mirada de su novia y su tío.

-¿Seguro? – Preguntó Stear de nueva cuenta, sabía muy bien que el recuerdo de su relación con Albert estaba aún en sus memorias. Anthony sonrió agradecido por la preocupación del joven inventor.

-Estoy seguro Stear. – Le respondió para que no se preocupara por él. – Albert es diferente, a pesar del amor que siente por Candy he podido darme cuenta que no es una persona egoísta, por el contrario es una persona noble que busca el bienestar de los que lo rodean. – Dijo Anthony sin dejar de observar la escena frente a ellos. Stear observó también a Albert y sonrió por las palabras de su primo.

-Creí que no podrías notarlo. – Dijo Stear creyendo que los recuerdos del pasado nublarían el juicio del rubio menor. Anthony sonrió por las palabras de su primo.

-¿Qué sucede? – Preguntó Archie, quien llegaba repentinamente junto a ellos. Anthony sostenía sus copas de champagne y Stear sostenía las que había pedido él. - ¿Lo vas a hacer? – Preguntó de pronto a su primo. Anthony lo observó con una gran sonrisa.

-No quiero quitarles la atención de la noche. – Dijo Anthony tranquilamente.

-No lo harán. – Dijo Archie abrazando a su primo y a su hermano teniendo cuidado de no derramar sus copas. – El anuncio puede salir después. – Dijo una vez más con entusiasmo.

-No, nada de anuncios, no queremos que los Leagan se den cuenta de todo y vengan a indagar con el pretexto de querer ver a Anthony. – Dijo Stear con queja, sabía bien que cualquier anuncio en los periódicos podría ser pretexto para que aquella familia regresara a causar problemas.

-Tarde o temprano sucederá Stear. – Dijo Anthony con cierto pesar en su voz, sabía que era imposible que los medios no publicaran una foto de ellos en la boda de Archie, suficiente era con saber que no eran requeridos a tan magno evento como para no buscar los titulares en cuanto fuesen publicados.

-Prefiero que sea tarde. – Dijo Archie seguro que así sería.

-Y yo prefiero que nunca suceda. – Dijo Stear con una sonrisa, animando a Anthony una vez más.

Anthony se dirigió con paso calmo hasta donde estaba su novia platicando junto a Albert, podía sentir a la distancia la incomodidad que ambos reflejaban en su lenguaje corporal, Candy se sentía tímida y Albert buscaba la manera de terminar aquella improvisada charla.

-Hola Anthony, solo estaba platicando un momento con Candy… - Dijo Albert un poco nervioso al ver que Anthony llegaba con dos copas en su mano.

-No te preocupes Albert. – Dijo Anthony evitando que el patriarca diera explicaciones que no debía. Albert sonrió y rechazó la copa que el menor le había ofrecido.

-Gracias, pero debo atender a los demás invitados. – Dijo como excusa para retirarse de ahí lo antes posible, se sentía como mal tercio y quería salir huyendo de ahí.

Albert caminaba con prisa hasta la barra de bebidas, quería tomarse una copa para pasar el trago amargo que había sentido, no podía dejar de pensar en Candy y al mismo tiempo no podía dejar de pensar en la joven que habían mencionado sus "sobrinos-nietos" de la otra línea del tiempo. Tomó una copa de un solo trago y se giró de manera repentina para continuar con sus responsabilidades, sin embargo el encuentro poco fortuito con una dama que pasaba detrás de él lo detuvo de golpe.

-Lo siento mucho señorita… ¿Se encuentra bien? – Preguntó el rubio ayudando a detener a la joven que había perdido el equilibrio con semejante empujón que había recibido.

-No se preocupe estoy bien. – Dijo la joven intentando no hacer el ridículo con una posible caída. – Pero estaría mejor si usted pusiera más atención por dónde camina. – Dijo de nuevo a forma de reclamo, molesta por haber sido expuesta al ridículo de esa forma. Albert la miró apenado y la joven abrió sus ojos verdes sorprendida por el atractivo de aquel al que le reclamaba. Albert pudo notar el rubor de la joven en sus mejillas a la hora de que lo había enfocado y aquello halagó a su oculto ego masculino. – Con su permiso. – Dijo la joven con el rostro realmente enrojecido por el bochorno y por la admiración repentina que había sentido por aquel caballero.

Albert la observó caminar de prisa y pudo observar más detenidamente su figura, era una chica hermosa, su cuerpo era estilizado, era alta y de cabellos rubios y lacios, sus ojos eran verde aceituna y su manera de caminar tan de prisa la hacía mover sus caderas con mayor ritmo y cadencia. El patriarca meneó su cabeza para sacar los pensamientos que surcaron su mente de manera espontánea, sin embargo no pudo apartar la vista de ella hasta ver que se detenía junto al padre de Annie.

-¿Archie, quién es la joven que está platicando con el señor Britter? – Preguntó Albert sin dejar de mirar a la joven que primero lo había regañado y después lo había admirado. Archie giró su rostro para ver a quien se refería su tío.

-Es Isabella. – Dijo Archie de pronto, aquel nombre hizo sonar las alertas de Albert, quien abrió los ojos incrédulo de lo que escuchaba. – Es hija de su hermano mayor, así que vendría siendo la prima de Annie. – Dijo Archie sin caer en cuenta que aquella joven se llamaba justo como la tía de Alexander y Axel.

-¿Isabella Britter? – Preguntó Albert para asegurarse del nombre de la joven. Archie asintió para confirmar que su tío estaba en lo cierto.

-¿No pensarás que…? – Le preguntó Archie al ver la mirada de su tío.

-No… es solo que… - Dijo Albert con desconcierto.

-Tío, hay muchas mujeres que se llaman Isabella. – Dijo Archie para hacerle notar que no era con la primera Isabella que se topara con la que podría entablar una relación, además no era una regla que así lo hiciera. – Está Isabella Brown… - Dijo señalando a otra de las jóvenes que habían llegado por invitación de la familia Britter. Albert alargó su mirada para observar a la joven que Archie mencionaba, una joven igual o más hermosa que la primera, de figura voluptuosa y mirada coqueta. Los ojos de Albert se suavizaron al ver a la joven mencionada, de pronto se sintió un casanova. – También está Isabella Simmons por si te gustan más grandecitas… - Dijo Archie a modo de broma señalando a la vieja amiga de la tía abuela.

-¡No bromees Archie! – Le dijo Albert sorprendido por la cantidad de Isabellas que había en la mansión aquella noche.

-¿¡Qué!? Solo te digo que no tienes que perseguir a todas las Isabellas, además no es seguro que alguna de ellas te haga caso. – Dijo Archie seguro de que si a las tres las invitara todas dirían que sí en el acto.

Archie se fue hacia donde lo esperaba su esposa y Albert se quedó pensativo una vez más, observando a ambas mujeres que compartían el mismo nombre y del cual solo sabía que una de ellas podría ser la que Alexander había mencionado era la madre de sus hijos en su línea del tiempo. Observó a la joven que le había reclamado su descuido y esta mostró al principio una emoción al verlo que la observaba, sin embargo la joven pudo darse cuenta que el rubio observaba también a otra joven de curvas pronunciadas y proporciones generosas y aquel breve escrutinio de su mirada fue suficiente para encender sus ojos verdes y desviarle la mirada sintiéndose realmente ofendida. Albert sonrió por su reacción y se dirigió hasta la señorita Brown quien ajena a que había llamado la atención del patriarca de los Andrew, reía tranquilamente con las personas que la rodeaban.

Los aceitunados ojos de Isabella Britter se opacaron con tristeza al ver que el patriarca había optado por sacar a bailar a la joven que mostraba mejores atributos que ella. Bajó su mirada para ver su figura según ella poco agraciada, era demasiado alta y esbelta, su busto era escaso y sus caderas aunque anchas no llamarían la atención de un hombre tan importante. Lo que Isabella no sabía, era que las miradas de los caballeros estaban puestos en ella desde que cruzó la puerta de la mansión, todos esperando una oportunidad para sacarla a bailar, su belleza no había sido desapercibida para nadie, solo para William Andrew, quien aún caminaba con dolor en su corazón.


Anthony guió a Candy hasta la terraza principal de la mansión de Chicago, caminaba con ella de manera lenta mientras la rubia se pregunta a qué hora le daría la copa de champagne que había ido a buscar.

-Quería estar un momento a solas contigo. – Le dijo Anthony al ver que su novia lo cuestionaba con la mirada por el motivo que la había llevado a tan apartado lugar.

-Creo que todos se darán cuenta que no estamos en el salón principal. – Dijo Candy acercándose a él para sentir su calidez. El aire frío de la noche había golpeado sus hombros desnudos una vez que salieron al aire libre.

-¿Tienes frío? – Preguntó Anthony al ver que la pecosa se acercaba a él buscando su calor.

-Ahora no. – Dijo Candy acurrucándose en su pecho, buscando el latir de su corazón para escucharlo una vez más. Anthony se quedó sin poder moverse al sentir que la pecosa lo abrazaba por la cintura con fuerza y que al mismo tiempo aspiraba su perfume. – Me gusta el olor de tú perfume. – Le confesó con los ojos aún cerrados. Anthony podía sentir el corazón de Candy latir acelerado.

El rubio sostenía sus copas con cuidado de no derramarlas y al mismo tiempo sentía la gran necesidad de abrazarla con fuerza y no dejarla ir jamás de su vida.

-Candy… - Le dijo a un susurro en la coronilla. Candy no respondió, estaba embebida en su aroma y perdida en el palpitar acelerado de su corazón. Él también se llenó de su dulce aroma, se impregnó del perfume de sus cabellos y se sintió mareado del cúmulo de emociones que despertaba en él aquel frágil cuerpo de mujer. – Durante muchos años guardé mis sentimientos dentro de mi corazón. – Dijo sin soltar las copas, sin dejar de embriagarse de su aroma, permaneciendo con los ojos cerrados, abandonándose a sus emociones. – Construí barreras alrededor de él para que nadie lo atravesara, quería huir de todo y de todos, quería cerrar mis ojos para siempre e irme a tu lado. – La voz de Anthony se tornó triste y hasta sombría. – Quería desaparecer del mundo en el que no estabas tú… pero ahora puedo decirte que cada mañana pido más horas del día para estar contigo, cuento los minutos en las noches para estar de nuevo junto a ti, jamás imaginé que esto pudiera pasarme a mí y que estarías de nuevo a mi lado, te amo Candy, te amo y te ruego, te pido que por favor acabes con esta agonía que siento cada noche cuando me despido de ti. – Decía el rubio ante la sorpresa de Candy, quien se alejaba de él para verlo a los ojos y saber qué estaba diciendo.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó Candy un tanto asustada por la forma en la que le hablaba. Anthony sonrió con ternura y se colocó de rodillas ante ella.

-Hace unos días te hice una pregunta de manera arrebatada, tal vez pudiste creer que lo decía de broma, sin embargo jamás había hablado más en serio en toda mi vida. – Decía Anthony cada vez más conmovido al ver la reacción de asombro de su pecosa, quien miraba las copas de vino comprendiendo que aquella era una celebración solo entre ellos. Candy tomó la copa que Anthony le ofrecía mientras el nudo en su garganta se hacía más fuerte.

-Mi respuesta también fue sincera. – Dijo Candy con un hilo de voz, no podía creer que frente a ella estaba un Anthony de rodillas pidiéndole nuevamente matrimonio pero esta vez de una manera más formal que la primera.

-Lo sé princesa, sé que tu respuesta fue real y genuina, pero quiero hacer de este momento algo especial, algo más real que espontáneo. – Dijo Anthony aclarando su garganta para poder preguntar formalmente aquella petición. – Candice White ¿Me haría usted el honor de convertirse en mi esposa? – Preguntó con el corazón aún más acelerado si eso era posible, con la emoción en su rostro al ver que la pecosa lloraba de la emoción para después ver su bello rostro asentir con entusiasmo.

-Acepto. – Dijo Candy con una gran sonrisa. – Acepto… mil veces acepto… Anthony… - Le decía una y otra vez con el nerviosismo a flor de piel, con la mirada radiante de felicidad y con sus bellos ojos derramándose de alegría.

Anthony se levantó de su posición y abrazó a la rubia quien se abalanzó sobre él sin importar que la copa de vino derramara un poco de su contenido. Anthony la soltó una vez más y fijó sus azules en sus verdes, ambos hablándose en silencio, descifrando aquel lenguaje que cada vez dominaban más.

-Salud. – Le dijo Anthony a la rubia, quien no recordaba que sostenía la copa de champagne en sus manos.

-Salud. – Dijo Candy entrelazando sus brazos para beber hasta el fondo el contenido de aquella elegante copa. Candy observó cómo el rubio se bebía todo el contenido y decidió hacer lo mismo, era un momento solo para ellos y a pesar de que ella no toleraba el alcohol sabía que era una noche muy especial.

Candy apuró al igual que Anthony el contenido completo de su copa, sin embargo algo golpeó sus dientes al momento que terminaba de beber todo el champagne. Un presentimiento golpeó su mente y abrió sus ojos para cerciorarse si lo que pensaba era real.

Anthony ya estaba con los ojos abiertos esperando ver la reacción de su ahora prometida, quien con su mano izquierda tomaba la sortija de compromiso que Anthony había puesto ahí para hacer oficial su petición de mano.

-¡Anthony…! - Fue lo único que pudo decir Candy al ver que realmente era un costoso anillo de compromiso el que había golpeado sus labios. Anthony lo tomó con delicadeza de entre los dedos de la pecosa y lo colocó en el anular izquierdo de su amada.

-Quiero que portes este anillo en señal de promesa que pronto te llevaré al altar para convertirte en mi esposa. – Dijo Anthony mientras le colocaba el anillo en una temblorosa Candy, quien por los nervios no podía mantener su mano estable. Anthony besó con ternura su mano, tomó la copa que aún sostenía Candy y las arrojó detrás de ellos sin importar el estruendo que hacían al estrellarse contra el piso. Candy saltó al escuchar el ruido de las copas rompiéndose en mil pedazos, cada uno de ellos esparciéndose por la terraza.

-Te amo Anthony. – Dijo Candy como atraída por un sortilegio, observando sus bellos ojos azules, hechizada por el brillo que desprendían cuando le hablaba de amor. Anthony estaba igual que ella fascinado con su belleza, extasiado de su presencia, cerró sus ojos y la atrajo hacia él para besar sus labios con ternura al principio para ir poco a poco embebiéndose de su néctar.

Candy se abrazó de su cuello y se dejó llevar por las emociones que despertaban los labios de su amado Anthony sobre su boca, su sabor era exquisito y el calor con el que envolvía los de ella la llevaba a sentir un delicioso sofoco en su pecho. La lengua de Anthony se introdujo en sus labios, buscando profundizar aún más aquel beso, un beso que sellaba la promesa hecha momentos atrás. Candy buscó aire por un segundo, pero no quería que él se alejara de ella y ofreció su cuello para que continuara con aquellas caricias. Anthony de inmediato comenzó a besar su cuello mientras frotaba su espalda de manera suave, lenta, sus labios recorrieron todo lo largo de su cuello hasta llegar a sus hombros, aquel atrevimiento provocó que la piel de Candy se estremeciera y se erizara por completo. Anthony regresó su recorrido y llegó una vez más a sus labios, los cuales se encontraban secos por la ausencia de su caricia.

-Te amo Candy… - Le Anthony dijo al oído de manera sensual, aquel dulce sonido que salía de su garganta provocó que Candy se estremeciera como nunca lo había hecho, sus piernas se tensaron y su parte baja se contrajo esperando algo que no sabía qué era.

-Y yo a ti Anthony… - Le respondía Candy con verdadera pasión, la pasión que brotaba de su boca en el despertar de la sensualidad que yacía dormida en su interior, pero que con el paso de los días Anthony se estaba encargando de despertar.

Anthony la atrajo más a él y detuvo sus besos, buscando un pretexto para detener frustrado su recorrido, sus manos se detuvieron justo en su derrier sintiéndose insatisfechas nuevamente.

-Creo que es hora de entrar. – Dijo Anthony para controlar su pasión. Candy comprendió un poco lo que sentía, ya que ella estaba igual, quería que continuara con sus besos, quería que siguiera explorando su cuello y haciéndole sentir ese mariposeo tan intenso que sentía en su vientre, pero también se apoderaba de ella el miedo a lo desconocido.

-Creo que las personas de servicio se van a enojar con nosotros. – Dijo Candy al ver que las dos copas habían estallado en miles de pedazos de vidrio que se habían esparcido por todo el balcón.

-Es de buen augurio. – Dijo Anthony con una sonrisa, observando cómo su prometida lo miraba intrigada con lo que decía. – Mi madre siempre decía que el número de partes en las que se divide la copa, son el número de años en los que vivirá feliz la pareja. – Dijo con total conocimiento de aquella superstición que tenían las personas y de la cual su madre era fiel creyente de ello. Candy sonrió con ternura y se abrazó al rubio de manera melosa.

Anthony se estremeció al sentir el cuerpo de su joven prometida junto a él, aún en su piel estaba al rojo vivo por el momento compartido y sabía muy bien que debía distraerse con algo más, así que con paso lento y calmo se dirigió con su novia abrazados al interior de la mansión para continuar con la celebración de la boda de su primo.

Continuará…

Y llegamos al final por el día de hoy, espero que les haya gustado. Anthony hizo más romántica la petición de mano ya que no quedó conforme con el arrebato que había tenido días atrás jijijijiji, a pesar de que ya le habían dicho que sí.

TeamColombia:

Hola hermosas, ¿Cómo están? Creo que la mayoría de ustedes ha tenido problemas con la página, no sé exactamente que sucede, sin embargo la plataforma tiene tiempo que no deja ver mucha de la información que antes nos proporcionaba y hace como dos días se cayó por completo, pero como les digo no sé exactamente qué es o cuanto durará. Espero que no continúe afectando para que puedan leer y dejarme un comentario jejejeje. Les mando un fuerte abrazo hermosas y muchas gracias por sus lindas palabras.

Rose1404:

Hola hermosa, me alegra saber que están muy bien. Tienes razón la línea 1 es la más linda hasta este momento ya que en la 2 los rubios tienen la vida más resuelta y Archie hizo un desmadre y pues tenía que arreglarlo (aunque te confieso que no pensé que me llevaría tanto lograrlo) pero bueno por eso escribo dos de la línea 1 que es la más importante y uno de la linea 2 (parece trabalenguas jajaja) Muchas gracias por leer hermosa, espero que te haya gustado el capítulo. Te mando un fuerte abrazo.

Mayely León:

Hola hermosa, veo que también tú estás teniendo problemas para acceder, al parecer es en Colombia que no pueden acceder a la página, porque aunque está fallando no tuve queja a parte de ustedes. Me alegra que hayas podido entrar por fin, espero que también puedas accesar a este.

lemh2001:

Hola hermosa! Muchas gracias por tú comentario. Creo que ya era hora que Archie madurara un poquito, se puede notar la diferencia entre las líneas del tiempo, un joven de 16 o 17 años ya se consideraba casi casi un adulto responsable, en cambio hoy en día pueden tener el doble o el triple y creer que todavía son jóvenes, en fin, espero que pueda verse la diferencia de cada línea del tiempo. Te mando un fuerte abrazo amiga, saludos!

Silandrew:

Hola hermosa ¿Cómo vas? Espero que estés mucho mejor. Te mando un fuerte abrazo y mis mejores vibras.

Julie-Andley-00:

Hola amiga, ¿Cómo estás? Espero que estés muy bien, tengo días que no sé de ti, ojalá solo sea el exceso de trabajo lo que te impida leer. Te mando un fuerte abrazo!

María José M:

Hola hermosa, espero estés bien. Nos leemos el sábado!

Muchas gracias a todas y cada una de ustedes por estar al pendiente de la actualización, gracias por leer y si no has dejado un comentario te animo a que lo hagas, te lo agradecería mucho y me harías el día.

GeoMtzR

25/10/2023.