Hola! Espero que tengan un excelente viernes y por supuesto un excelente fin de semana.

Les recuerdo que las historias que he escrito son completamente de mi autoría, ninguna está basada en otra historia salvo la historia original de CANDY CANDY, lo hago sin fines de lucro, solo por diversión. NO es para menores de edad, así que espero comprendan.

COMENZAMOS

LÍNEAS DEL TIEMPO

35

LÍNEA 1

Los rubios llegaban junto a Stear y Patty, quienes observaban como Albert continuaba bailando con la señorita Brown.

-Albert se ve muy divertido. – Dijo Candy con una gran sonrisa al ver que su antiguo protector se divertía de lo lindo junto a aquella joven.

-Ha bailado con ella por un buen rato. – Dijo Stear con picardía, sin embargo en ese momento observaron cómo Albert acompañaba a la joven hasta su lugar y se despedía de ella con una reverencia.

-Pues creo que ya se cansó. – Dijo Anthony dispuesto a salir a bailar con su prometida, quien lucía de su mano la hermosa sortija que Anthony le había obsequiado para sellar su compromiso. Stear observó que ya estaba todo hecho y sonrió cómplice con el rubio, sin embargo no dijo nada.

Albert llegaba justo en el momento que Anthony y Candy salían a bailar. Archie llegaba de la mano de su esposa queriendo enterarse del chisme sin decir una palabra. Stear asintió al ver que su hermano llegaba tarde para cerciorarse por él mismo que Anthony había dado la sortija de compromiso a Candy.

-Tío vengo a pedirte un favor. – Dijo Archie como pretexto al ver que Anthony ya estaba bailando con Candy.

-¿De qué se trata? – Preguntó Albert intentando desviar su mirada de la rubia.

-Quiero que saques a bailar a la prima de Annie. – Dijo Archie a modo de súplica a su tío.

-¿A ella? – Preguntó mirando a la joven con disimulo. Archie asintió con un poco de fastidio ya que sabía perfectamente que su tío sabía a quién se refería.

-Por favor señor William. – Dijo Annie con cierta súplica en su voz. Albert miró a su nueva sobrina preguntándose el motivo de su súplica. – Ella no conoce a nadie, es la primera vez que viene a Chicago y no ha bailado con nadie. – Dijo Annie sintiéndose mal porque su joven prima no había bailado en toda la noche, pero lo que no sabía era que se la había pasado rechazando a cuanto hombre se le había acercado con la intención de invitarla a bailar.

-Está bien, pero solo porque es su noche. – Dijo Albert un tanto indeciso, toda la noche la joven le había hecho gestos, sobre todo cuando había sacado a bailar a la señorita Brown.

-Te lo agradezco tío. – Dijo Archie con una sonrisa al ver que su tío se acercaba a la joven y se inclinaba ante Isabella para invitarla a bailar.

Isabella Britter se había sorprendido porque a pesar de que había estado deseando toda la noche que el joven Andrew la sacara a bailar, dudaba aceptarlo al ver que se había estado resistiendo a invitar a nadie más que no fuera la joven con la que había bailado gran parte de la noche.

-Por supuesto que estaría encantada de bailar contigo William. – Dijo el señor Britter respondiendo por su sobrina al ver que la joven estaba dispuesta a negarse a bailar una vez más. Isabella vio a su tío con queja y este la miró indicándole que bailara.

-Siento mucho que la hayan obligado a bailar conmigo. – Le dijo Albert dándose cuenta que la joven había aceptado por compromiso.

-Y yo siento mucho que a usted le hayan pedido sacarme a bailar. – Dijo la joven mientras caminaba junto a Albert hasta la pista de baile. Albert la escuchó sorprendido porque no se había percatado que la joven se había dado cuenta que Archie y Annie se lo habían suplicado.

-Si gusta podría dejarla en otro lado y hacerles creer que ya bailamos. – Le dijo Albert con indiferencia.

-De ninguna manera, si no bailo no me dejarán en paz. – Dijo Isabella con la voz algo molesta. Albert estaba a punto de regresarla a su lugar, cuando en esos momentos observó que Annie le sonreía agradecida.

Llegaron al centro de la pista y sus ojos se posaron en Candy y Anthony, quienes le sonreían con simpatía al ver que iniciaría otro baile junto a la prima de Annie. Albert se sintió incómodo por la aprobación de Candy. La música comenzó a tocar y las manos de Albert se acomodaron en la cintura y sobre la mano de la joven que esperaba la guiara en sus pasos al compás del vals. Albert sintió como la joven se estremecía a su contacto y eso causó cierto sentimiento indescriptible en su corazón, hizo contacto con sus ojos y pudo notar que la joven tenía el rostro encendido y su respiración estaba un tanto agitada.

-¿Se encuentra bien señorita Britter? – Preguntó Albert preocupado por la joven que parecía estaba a punto de un colapso.

-Vaya, por lo menos sabe mi nombre. - Dijo Isabella con ironía, a pesar de que el color carmín y el bochorno no abandonaba su rostro, intentaba sonar tranquila ante él y continuaba su actitud huraña y desconfiada.

-Me lo dijo Archie. – Dijo Albert sin darle mucha importancia, aquello hizo que Isabella se enfureciera un poco más y en el primer giro que dieron en su baile se las ingenió para pisar el pie del patriarca, quien con toda la paciencia del mundo aguantó el dolor que le provocaron los tacones que llevaba su compañera de baile.

-Disculpe usted. – Dijo con ironía al ver que el rostro de Albert se había puesto rojo por el dolor.

-No se preocupe. – Dijo Albert intentando seguir siendo un caballero ante aquella mujer que lo estaba exasperando. – Cuando uno no es experto en baile suele pasar muy seguido. – Dijo de nuevo el patriarca buscando la manera de insultar sutilmente a la joven, quien ni tarda ni perezosa volvió a pisar al rubio pero esta vez con un giro de pies.

-Tiene razón, cuando uno baila con alguien inexperto suceden estas cosas. – Dijo la joven refiriéndose a él. Albert la observó un tanto molesto y decidido a demostrarle que él era un excelente bailarín y que la que no sabía bailar era ella.

Todos a su alrededor los veían bailar sin notar que en aquel baile había una batalla de egos, batalla que se había desatado desde el momento en el que Albert había chocado con ella y no había notado su belleza, porque la joven Britter era una joven realmente hermosa, tal vez no con el volumen de la señorita Brown, pero si con la sutiliza y la estatura de toda una dama que se daba el lujo de rechazar a uno y otro galán que la había invitado a bailar.

-Hacen una linda pareja. – Dijo la vieja Elroy al ver a la joven que bailaba con su sobrino.

-Sí, lástima que Albert no se da cuenta de ello. – Dijo Archie más para sí mismo que para Elory, seguro que su tío no estaba del todo a gusto con ese baile.

Anthony y Candy eran otra de las parejas que observaban el baile que Albert compartía con Isabella Britter, ambos veían como los otros dos rubios intentaban seguir los pasos de baile sin que pareciera que estaban peleando entre sí.

-¿Crees que los demás se den cuenta de lo que sucede entre ellos? – Preguntó Candy un tanto divertida por ver a su antiguo tutor ser molestado de esa forma por una chica.

-No lo creo. – Dijo Anthony observando con discreción como su tío intentaba soportar el dolor del segundo pisotón. – Estamos muy cerca para notarlo, pero los demás están demasiado lejos para darse cuenta de ello. - Agregó con una sonrisa traviesa.

-Recordé el día que pisé a Archie sin querer en mi primer baile. – Dijo Candy con cierta travesura en su voz, a pesar de haberlo hecho sin querer el pobre Archie no había podido disimular tan bien como lo hacía Albert en ese momento.

-No comprendo como en ese momento a Anthony no le tocó un pisotón. – Dijo Anthony sin dejar de girar con ella en cada indicación de la pieza, observando como el rostro pecoso de su prometida se teńía de rojo en ese momento.

-Anthony siempre fue un gran bailarín. – Dijo Candy mirando a su ahora príncipe de las rosas.

-Archie también es un excelente bailarín. – Dijo Anthony con travesura, quería escuchar de la boca de su amada lo sucedido en aquella ocasión.

-Y creo que yo estaba demasiado concentrada en volver a bailar con Anthony que perdí por un momento la cuenta de mis pasos. – Dijo realmente avergonzada. Una armoniosa carcajada salió de los labios de Anthony mientras la rubia lo acompañaba riendo con discreción y en cierta forma apenada por haberse descubierto.

-Te puedo asegurar que yo estaba igual que tú Candy. - Dijo Anthony seguro de que así había sido. – Ansioso por bailar contigo. – Le dijo acercándola más a él, simulando que le robaría un beso de sus labios, sin embargo aquel anhelado beso no llegó sino que detuvo su rostro muy cerca del suyo mientras continuaba girando al ritmo de la música, concentrado en dirigir aquel baile que tenía con su amada.

-Veo que Anthony también es un excelente bailarín. – Dijo la vieja Elroy a Stear, quien se acercaba a ella con la preocupación de lo que diría el padre de Anthony al enterarse que ella había "mentido" a toda la familia con la muerte de Anthony.

-¡Oh sí! - Aseguró Stear con seguridad. – Anthony siempre fue el mejor bailarín de los tres, tía abuela. – Dijo el inventor con una sonrisa que demostraba que quería decir algo más.

-¿Sucede algo Stear? – Lo miró la tía abuela con cierta interrogante en su mirada.

-Tía abuela, lo que sucede es que aun no comprendo porqué tuviste que decir que tú eras responsable de lo sucedido con Anthony. – Dijo Stear advirtiendo que aún no estaba de acuerdo con su decisión.

-Todo este tiempo deseé con todas mis fuerzas que Anthony no hubiese muerto en aquel accidente. – Dijo la vieja Elroy sin dejar de mirar el baile. – Deseé estar ahí para darle auxilio temprano, para socorrerlo en el momento que más lo había necesitado, sin embargo su muerte fue instantánea, no hubo la oportunidad siquiera de luchar por su vida. – Decía con los ojos acuosos al vencerse en sus deseos. – De pronto me dicen que gracias a un invento que hiciste en otro tiempo… en otro lugar, tengo la oportunidad de recuperar no solo a Anthony, sino a ti mismo… es algo que no me esperaba, es como una segunda oportunidad de enmendar mis errores y si con ello tengo que absorber un poco de culpa… lo haré… - Le dijo volteando a ver al inventor que escuchaba con orgullo y respeto a la mayor del clan, quien estaba dispuesta a ser juzgada con dureza por la misma familia con tal de lograr integrar a los recién llegados a su mundo, lo haría.

-Eres maravillosa tía abuela. – Le dijo Stear con una gran sonrisa, acercándose a ella y regalándole un beso en su frente con el más grande amor que podría mostrar hacia ella.

-No Stear, ustedes son maravillosos, son el más grande regalo que he recibido y que sé no merezco. – Dijo la matriarca con verdadero sentir.

Poco a poco los invitados se fueron despidiendo y por último quedaba la familia Britter, quienes al igual que los Andrew estaban obligados a despedir a sus invitados, entre los últimos en retirarse estaba Isabella, quien se había hospedado en casa de los Birtter.

-Ha sido un placer señorita Britter. – Dijo Albert mirando con ironía a la joven Britter. Isabella lo observó con burla recordando los dos pisotones que le había dado "sin querer".

-¿Está usted mejor de sus pies? – Preguntó la joven con travesura.

-Perfectamente, no ha sido nada. – Dijo Albert con una sonrisa de lado, intentando camuflar que realmente aún sentía sus dedos punzar del dolor.

-Me alegra escuchar eso. – Dijo la joven extendiendo su mano con malicia para que a pesar de todo este le rindiera como el caballero que sabía era.

Las despedidas se hicieron por completo y Anthony había salido a dejar a Candy hasta su departamento, a pesar de que insistía en que se quedara a dormir en la mansión, sabía que la presencia de sus dos madres en el departamento de la rubia no hacía para nada bien visto que lo hiciera.

-Hasta mañana mi amor. – Le dijo Anthony con una sonrisa al estar frente al Magnolia. – Creo que alguien te está esperando. – Dijo el rubio observando cómo la ventana del departamento de Candy lucía con la luz encendida.

-Tal vez se quedaron esperándome. – Dijo Candy con cierto pesar al darse cuenta que efectivamente la luz de la pequeña sala de su departamento estaba encendida.

-Me alegra no haberte convencido de quedarte en la mansión. – Dijo Anthony acercándola a él por la cintura. Candy sonrió con timidez al escuchar las palabras de su amado, ya que a pesar de querer quedarse más cerca de él no lo consideraba propio, mucho menos ahora que ya no formaba parte de la familia Andrew.

Anthony se acercó a su boca y antes de besarla jugueteó un poco con ella, logrando que las ganas de Candy por besarlo aumentaran aún más. Anthony sonrió al ver la frustración en el rostro de Candy.

-Lo siento. – Le dijo con pena, besando su boca con lentitud, con ternura, bebiendo su aliento poco a poco, logrando que el oxígeno pronto los abandonara y tuvieran que halar aire con necesidad. – Te amo tanto Candy… - Le dijo Anthony suspirando enamorado, sintiendo una gran necesidad en su interior por acortar aquel tiempo que tenían para convertirse en marido y mujer. – Te amo tanto, que deseo que el tiempo pase volando para jurar frente a Dios nuestra unión. – Candy lo observó maravillada por sus palabras, ella también estaba deseosa de formar una familia a su lado, deseaba tanto poder convivir con él a toda hora, deseaba tanto atenderlo y cuidarlo, dejarse querer y mimar por él.

-Yo también deseo que el tiempo pase y estemos por fin casados. – Decía la rubia con cierta inocencia en su voz, ya que aún no descubría qué había más allá de los besos castos y las caricias candentes que se daban a hurtadillas y que si bien las disfrutaba, aún no sabía qué más había después de eso. Anthony besó su frente con ternura, él sabía qué había más allá a pesar de no haberlo experimentado y ese mismo conocimiento era lo que lo ponía ansioso, más sabía bien que debía respetar a su amada hasta el último momento.

-Pronto lo será. – Le dijo Anthony besando su coronilla para llenarse una vez más del dulce aroma de su pelo. - Descansa princesa. – Le dijo nuevamente para verla desaparecer detrás de la puerta.

-Descansa mí príncipe. – Le dijo Candy lanzando un beso al aire para después cerrar la puerta del Magnolia e irse caminando hasta su departamento.

Candy caminaba entre nubes, sentía que cada paso que daba era como si pisara el mismo aire, se sentía feliz, se sentía plena, observó su mano y admiró el anillo que le había dado Anthony y hasta ese momento pudo observar que era realmente valioso, la joya que Candy portaba era una joya que había pertenecido a la familia Brower desde tiempos antiguos y su padre se la había obsequiado a su madre así que Anthony la había elegido aún antes de saber si las cosas funcionarían entre ellos.

Candy abrió la puerta de su departamento con la confianza y la vergüenza de que cualquiera de sus dos madres estaría ahí esperándola, sin embargo para su sorpresa tanto la señorita Ponny como la hermana María, yacían sentadas en la pequeña mesa del comedor, recargadas entre sus brazos completamente dormidas.

-Señorita Ponny… hermana María… - Dijo Candy llamando con cuidado a las dos mujeres que lucían realmente cansadas.

-¿Qué pasa Candy? – Preguntó la hermana María despertando por fin de su incómodo sueño.

-Se quedaron dormidas. – Dijo la rubia apenada por haber llegado tan tarde.

-Le dije a la señorita Ponny que se fuera a descansar. – Dijo la hermana María al ver que la mayor estaba completamente dormida. – Vamos señorita Ponny. – Dijo de nuevo la del hábito para llevarla a descansar hasta la cama de Candy. Candy le ayudó a llevarla al ver que el sueño que tenía la pobre mujer era más grande.

-Hermana María, usted puede dormir en la otra habitación. – Dijo Candy segura de ceder la cama que había usado Albert un día.

-¿Estás segura Candy? – Preguntó la religiosa realmente cansada.

-Yo dormiré en el sofá. – Dijo la pecosa colocando una cobija y una almohada para dormir más cómoda.

-No discutiré contigo porque estoy muy cansada. – Dijo la mayor, dirigiéndose hasta la habitación para dormir plácidamente.

Candy sonrió al ver que aquella mujer era tan noble y buena, pero que los años le estaban ganando, su corazón se encogió de pronto al pensar en que llegaría el día que no las vería con la misma fuerza que las había visto cuando era pequeña. El sueño pronto atrapó a la rubia en sus pensamientos, mientras recordaba una y otra vez el momento en el que su príncipe le había propuesto una vez más ser su esposa.

Anthony llegó a la mansión con una gran sonrisa reflejada en su rostro, se sentía tan feliz por Archie, por Stear, pero no podía negar que lo que lo había hecho más feliz fue su compromiso con Candy, ahora debía pensar en el momento apropiado para anunciar al resto de la familia que se había comprometido con la mujer de su vida.

-Te estaba esperando. – Dijo Stear al ver que Anthony llegaba al corredor de las habitaciones.

-¿Qué sucede? – Preguntaba Anthony al ver la seriedad en el rostro de Stear.

-Mis padres están dispuestos a llamar a tu padre y acusar a la tía abuela por haberte hecho pasar por muerto. – Dijo el inventor con preocupación, se sentía responsable por no haber podido detener tal acusación en contra de la matriarca.

-¿Qué dices? – Preguntó Anthony con la misma angustia que tenía Stear. - Pero eso no es justo. – Dijo Anthony de nuevo al ver que su primo le decía lo que había escuchado por boca del señor Cornwell. - ¿Ya hablaste con Albert? – Preguntó de nuevo para saber qué podían hacer para evitar que la matriarca fuera acusada por un delito que ella misma había inventado.

-No, quería hablarlo primero contigo. - Dijo Stear para ver qué pensaba Anthony.

-¿Y Archie? – Preguntó el rubio por su primo.

-Archie está en su luna de miel Anthony. – Le dijo Stear con ironía. Anthony asintió apenado por olvidar por un momento que acababa de casarse.

-Hablaré con Albert para ver si él puede detener esta injusticia. – Dijo Anthony caminando decidido hacia la habitación de Albert.

-¿Quién? – Preguntó Albert colocándose su bata de noche al escuchar el llamado de la puerta.

-Somos nosotros Albert. – Se anunció Anthony, aún no tenía la costumbre de llamarlo tío.

-¿Está todo bien? – Preguntó Albert cuando abrió la puerta para permitirles el paso.

-No lo creo, ¿Podemos pasar? – Preguntó Anthony, Albert se hizo a un lado para permitir que entraran a su habitación.

-¿Qué sucede? – Preguntó el mayor colocándose con cierto trabajo en la orilla de su cama para volver a introducir sus pies en una infusión de hierbas calientes que había pedido.

-¿Estás bien? – Preguntó Anthony con cierta preocupación al ver que su tío cojeaba un poco al caminar.

-Estoy bien, solo desinflamo mis pies para poder caminar sin molestia por la mañana. – Dijo invitándolos a sentar frente a él.

-¿Qué te sucedió? – Preguntó Stear, quien no estaba enterado de lo que había sucedido en la pista de baile.

-Un accidente mientras bailaba con cierta señorita. – Dijo Anthony con ironía al mencionar que había sido un accidente.

-Dirás que fue a propósito. – Dijo Albert con cierta molestia en su voz al recordar a la joven que con toda la ventaja del mundo había bailado literalmente sobre los dedos gordos de sus pies.

-¡Wow! Pues parece que realmente tenía algo contra ti Albert. – Dijo Stear al ver que los pies de Albert estaban rojos como tomate.

-Ya deja eso que no tiene importancia, mejor díganme qué está sucediendo. – Preguntó Albert con impaciencia al ver que sus dos sobrinos estaban ahí a altas horas de la madrugada, casi para amanecer en lugar de esperar a que se hiciera de día y tratar el asunto.

-Lo que pasa es que Stear acaba de informarme que sus padres están dispuestos a actuar en contra de la tía abuela por haber mantenido en "secreto" que yo estaba con vida. – Dijo Anthony angustiado por lo que planeaban hacer los Cornwell.

-¿Qué es lo que dices? – Preguntó Albert extrañado por el comportamiento de su prima y su esposo.

-Fue lo que dijo mi padre. – Dijo Stear seguro de lo que había escuchado.

-¿Qué fue exactamente lo que te dijo? – Preguntó Albert atento al inventor.

-Dijo que esperaría la llegada del tío Vincent porque estaba seguro que no se quedaría con los brazos cruzados y en pocas palabras que sabía que él demandaría a la tía abuela. – Dijo Stear sin dejar de lado su preocupación.

-¿Tú qué opinas Anthony? – Preguntó Albert al ver que Anthony se había quedado en silencio.

-No me parece justo que la tía abuela tenga problemas por intentar ayudarme. – Dijo Anthony seguro que no permitiría que algo así sucediera. Albert le sonrió seguro que así era. – Primero revelaría todo a mi padre, no me importa que no me acepte. – Dijo de nuevo el rubio, ya que al igual que Stear temía que su padre no lo aceptara por no ser el Anthony de esa línea del tiempo.

-No nos adelantemos, Anthony. – Dijo Albert seguro de que Vincent era un hombre juicioso. – Creo que si tú hablas directamente con Vincent podrás convencerlo que no haga ningún problema en contra de la tía abuela. – Dijo de nuevo buscando que Anthony ayudara con ello.

-Por supuesto que hablaré con él, pero la verdad no sé cómo reaccionará, hace tanto tiempo que no lo veo. – Dijo Anthony emocionado por volverse a encontrar con su padre.

-Te entiendo Anthony. – Dijo Stear seguro de comprender el miedo que sentía su primo de ser rechazado por aquel que representaba a su padre en esa línea del tiempo. – Pero no podrás saber su reacción hasta que esté aquí. – Le dijo nuevamente para que no se preocupara antes de tiempo.

-Albert, hay más que quiero decirte. – Dijo Anthony mirando fijamente al rubio, quien lo miró con cierto temor al presentir lo que le diría. – Prefiero decírtelo personalmente. – Dijo de nuevo el menor sintiendo un remordimiento profundo en su corazón.

-No te preocupes Anthony, es algo normal. – Le dijo Albert con una sonrisa de lado, intentando no concentrarse en ese dolor sino en el dolor que sentía en sus pies. – Créeme que soy yo el primero en desearles la mayor felicidad del mundo. – Le dijo con una sonrisa sincera, demostrándole que a pesar de todo el amor que tenía por él era más grande que todo. – Te agradezco tu sinceridad. – Le dijo nuevamente. Anthony le sonrió y extendió sus brazos para darle un abrazo sincero.

Stear y Anthony se despidieron de Albert para dejarlo descansar y una vez a solas el mayor se dejó caer sobre la cama cerrando sus ojos intentando controlar el dolor que sentía, de pronto la imagen de la señorita Britter pasó por su mente y lo hizo sonreír con nostalgia, pero el recuerdo de la otra joven que llevaba el mismo nombre que la mujer de su contraparte lo hizo suspirar frustrado.

Anthony caminaba junto a Stear quien lo miraba con empatía, sabía que para él había sido duro confesarle a Albert que había pedido matrimonio a Candy.

-¿Crees que lo superará? – Preguntaba con el temor de que no fuera así.

-No te preocupes, estará bien. – Dijo Stear seguro de ello. – Archie y yo mismo olvidamos a Candy cuando conocimos a nuestras almas gemelas y te puedo asegurar que Albert acaba de conocer a su alma gemela. – Dijo el inventor seguro de que así había sido.

-¿A quién de las dos te refieres? – Preguntó Anthony con la confusión que había generado el nombre de la que llevaba el cargo de matriarca del clan en la línea dos. – Sabemos el nombre, pero no tenemos ni idea de cuál es el apellido que portaba de soltera. – Dijo de nuevo el rubio con la duda en el aire.

-Creo que la señorita pisotón tiene más madera de soportar a la tía abuela. – Dijo Stear seguro de que la prima de Annie no tenía nada que ver con la timidez de la pelinegra.

-Tal vez tengas razón, aunque si te soy sincero lo vi más entusiasmado con la primera joven. – Dijo Anthony recordando la manera en la que había bailado con la señorita Brown.

-Pues con esa pechonalidad cualquiera. – Dijo Stear de manera cómica.

-¡Stear! Eso no es de caballeros. – Lo retó Anthony al escuchar la barbaridad salida de la boca de su primo.

-No será de caballeros pero es verdad. – Dijo de nuevo el inventor mientras sacaba una risa en el rubio. Ambos caminaron hasta sus habitaciones y ahí se despidieron para retirarse a descansar.

Anthony continuaba pensativo, recordando lo que había sucedido aquel día tan lleno de emociones y noticias, una sonrisa apareció en su rostro al recordar la propuesta que había hecho a Candy.

- Candy, no sabes cuánto deseo que ya seas mi esposa. – Decía con el deseo a flor de piel, sintiendo como los recuerdos de los besos compartidos con su prometida lograban subir la temperatura de su cuerpo. - ¡Te amo tanto pecosa! – Dijo Anthony reprimiendo sus deseos, diciéndose a sí mismo que no era correcto ni de caballeros el dejarse llevar por sus instintos de hombre.

La madrugada pasó lenta para el rubio y entre que se dormía y no, su cabeza no dejaba de darle vueltas, entre la presencia de su padre y la manera en la que avisaría a la tía abuela que se había comprometido con Candy, lo único que tenía claro era que no permitiría que nada lo separara de su pequeña pecosa una vez más.


Archie había llegado con Annie a la habitación, entre los dos se respiraba un ambiente lleno de impaciencia y nerviosismo.

-¿Estás cansada? – Preguntó Archie con cierta timidez en su voz. Annie lo miró con pena asintiendo a su pregunta. – Si prefieres podemos dormir. – Dijo de nuevo con paciencia, él estaba seguro que no quería dormir, mucho menos en su noche de bodas, sin embargo tampoco quería apresurar las cosas con la joven, sabía de su inocencia y su pureza y no quería manchar la imagen del caballero perfecto que era para ella. – Annie volvió a asentir con la mirada cristalizada por la pena que sentía por estar por primera vez junto a su amado a solas en una habitación, y más específicamente en su habitación, un espacio que como toda joven de buena familia tenía prohibido pisar hasta estar casada, y ese día había llegado, se había convertido por fin en la esposa de Archivald Cornwell, algo que por mucho tiempo creyó que no iba a suceder jamás.

-Déjame ayudarte. – Le dijo una vez que observó que no podría deshacerse sola de su suntuoso vestido. Annie agradeció con una sonrisa y un intenso color rojo en sus mejillas

-Gracias… - Respondió con timidez.

Archie comenzó a zafar uno a uno los ojillos que ajustaban la parte trasera del vestido de novia de su ahora esposa. Sus movimientos eran torpes y nerviosos, era la primera vez que estaba con una mujer a solas de esa manera y era la primera vez que ayudaba a alguien a desvestirse. Su aliento se contuvo al terminar su objetivo, sintiendo como la calidez de la piel de su esposa emanaba de su cuerpo.

La tentación lo venció y al terminar desajustar la costosa prenda ayudó a bajarlo sobre sus hombros, permitiéndose a sí mismo tocar su hombro desnudo.

-Tú piel es tan suave. – Le dijo como hipnotizado por la tersura de su piel. Annie se estremeció al sentir aquel cálido contacto que parecía quemarle su delicada piel. - ¿Te incomoda? - Preguntó Archie al ver que había sorprendido a la ojiazul.

-No… - Respondió Annie con un murmullo, incapaz de decir abiertamente si le molestaba o no ese contacto.

Archie se sintió motivado con la respuesta de su esposa y se atrevió a besar aquel pedazo de su cuerpo que había quedado al total descubierto. Annie se removió con cuidado de no alterar a su marido y el joven impaciente por amarla se deshizo de la otra manga del vestido, logrando deshacerse de la parte superior, dejándola simplemente con el corsé que cubría sus atributos femeninos.

-Eres muy hermosa Annie… - Le dijo deslizando el vestido por sus brazos para después colocarlo en el suelo y esperar a que ella misma saliera de él. Annie sacó sus pies del ruedo del vestido y quedó expuesta ante él con solo su corsé, el fondo y la faldilla que daba vuelo al vestido de novia.

Archie continuó con su "ayuda" ofrecida, arrojando el vestido hacia la silla más cercana y poder así admirar con más detenimiento la figura de su esposa. Annie se sentía desnuda ante él, era la primera vez que alguien aparte de su doncella la veía en ese estado.

-Te amo Annie… - Le dijo con sensualidad, una sensualidad que no sabía que podría brotar de él, pero la cual nacía como una invitación del paisaje que admiraba frente a él.

-Y yo a ti Archie… - Respondió Annie con temor, no sabía qué le esperaba de aquella noche, su madre se la describió como dolorosa y espantosa y era lo que a ella le detenía para continuar. Continuaba en la misma posición desde que había entrado a la masculina habitación, temerosa de moverse, se sentía totalmente expuesta y eso la avergonzaba bastante, si tan solo la joven tuviera la certeza de su belleza se mostraría plena ante la mirada ardiente y apasionada que su marido mostraba por ella.

-Annie… - Dijo Archie en un susurro sensorial que parecía lo haría explotar en ese momento. Su cuerpo se había erguido gracias a lo que veía ante él, la temperatura en él había aumentado y su cabeza se sentía punzante por no saber cómo actuar en ese momento. Se acercó a ella y la tomó por los hombros, uniendo su cuerpo al de ella, obligándola a que sus caderas se acomodaran bajo su pelvis, sintiendo aquel objeto de deseo acomodarse en su derrier.

Archie era un chico alto y la joven Britter era bajita de estatura, sin embargo sus cuerpos se amoldaban a la perfección. Apretó sus hombros y se llenó del aroma de su cabello, aspirando con fuerza aquel delicado aroma que lo embriagaba de amor. El perfume de Annie emanó de su cuerpo al encontrarse en una situación tan comprometedora, sus feromonas invadieron la habitación y los llenó de un ávido deseo por continuar reconociéndose en ese plano.

-¿Te molesta si te beso? – Preguntó Archie deseoso que ella no se lo impidiera. Annie negó sin voltearse para encontrarse de frente con él. Archie la rodeó por la cintura y la atrajo más hacía su cuerpo, permitiéndose sentir su calor y permitiéndole sentir a ella su firmeza. Besó sus cabellos, acarició su cintura mientras sus labios se deslizaban hacia su cuello, besando su nuca mientras sus manos inquietas buscaban un lugar para acomodarse.

-Archie… - Gimió Annie su nombre al sentir cómo su piel se erizaba repentinamente ante el cálido contacto de sus labios con su cuello. Archie se entusiasmó e hizo más firme el contacto, utilizando su lengua para abarcar más de lo que podía con solo sus labios. Annie sintió que su cuerpo estaba envuelto en llamas, de pronto el calor aumentaba y por alguna razón su ropa interior comenzaba a humedecerse. Lo mismo sucedía con Archie, quien sentía que su pantalón de pronto le estorbaba y su miembro se erguía de manera firme buscando liberarse de su encierro.

-Dime Annie… - Decía Archie buscando escuchar la petición de su amada, sin embargo Annie no respondía, simplemente se removía ansiosa entre sus brazos provocando un movimiento delicioso para el cuerpo del joven esposo.

Sus manos se movieron con libertad y continuaron con la faldilla que daba volumen a su vestido, para después quitar la falda que usaba de fondo y lograr dejarla en su ropa interior, un calzón de satín que cubría su cuerpo de manera tierna y elegante. La giró para tenerla de frente y Annie lo miró nerviosa.

-¿Ya nos vamos a dormir? – Preguntó con temor. Archie le sonrió de lado asintiendo a su pregunta.

-Ya falta poco damita. – Le dijo para después besarla apasionadamente. Annie correspondió al beso sin saber dónde colocar sus manos, las sentía pesadas, pero al mismo tiempo sentía que debía colocarlas en algún lugar de su cuerpo, decidiéndose por ponerlas en sus hombros, atrayéndolo más hacia ella como queriendo impedir que se detuviera.

Archie continuó con el beso, recordando la noche que se había pasado de caricias, comenzando a besar una vez más su cuello mientras sus manos se alojaban en uno de sus senos, ya no era prohibido, ella era su mujer y nadie lo juzgaría por tomar lo que ahora le pertenecía. Lo único que impediría que continuara con aquellas candentes caricias era la misma Annie, quien estaba en su derecho de avanzar o detener su noche de bodas.

-Dime si te incomoda Annie… - Decía Archie con sensualidad y deseo, besando con cautela su cuello mientras sus manos jugueteaban con sus senos.

-No… - Decía Annie con temor, esperando el momento en el que todo se tornaría doloroso, sin embargo hasta ese momento todo era fascinante para ella, se sentía hasta cierto punto culpable por disfrutar aquello que hasta hace unas horas le decían prohibido. – Me gusta… - Dijo aceptando con timidez que los besos y las caricias aún recatadas de su esposo le causaban placer.

Archie sintió como la adrenalina de su ego se incrementaba y la besó con mayor ímpetu y necesidad, colocó su rostro entre sus senos y acarició aquella unión que solo había apreciado de reojo, sintiendo que su corazón se volvía loco de gozo al sentir la suavidad directa sobre sus labios, ya no la imaginaba, ahora la tenía ahí frente a él, dispuesta a entregarse y él estaba dispuesto a tomarla si ella se lo permitía.

Primero se deshizo de su saco para después arrojar su corbata y su chaleco, dejó su camisa a medio abrochar y ante la mirada dilatada de Annie se deshizo de su corsé, dejando por completo al descubierto aquel par de senos firmes y juveniles que ella poseía. Su respiración dejó de fluir, el ritmo cardíaco de su pecho se detuvo por unos segundos al tener ante él aquella belleza. Annie sentía que su cabeza le iba a estallar de la vergüenza al ver que los ojos de Archie estaban fijos en su pecho, una parte de su cuerpo que ni ella había durado más de un segundo observando.

-¡Dios! – Dijo Archie totalmente enajenado por la vista que le regalaba su esposa. - ¡Eres perfecta Annie! - Decía deseoso de observar más, quería ver más, quería tocar directamente su piel y saber qué se sentía, era su primera vez, la primera vez que observaba a una mujer desnuda y ningún libro de arte que había visto antes se acercaba a la belleza en vivo que tenía frente a él.

-Archie por favor… - Le decía Annie con timidez, buscando cerca de ella algo que le ayudara a cubrir su parcial desnudez, su rostro estaba encendido, su mirada estaba dilatada, pero a pesar de ello en el fondo de su pecho se sentía admirada y eso comenzaba a gustarle, le gustaba tener a Archie tan maravillado de su cuerpo, la veía como jamás la había visto, la trataba como jamás la había tratado y para ella eso era la mayor dicha que podría tener en la vida.

-No temas… no te haré daño… - Le dijo acercándose con cuidado, extendiendo su mano para tocar con lentitud la punta de su seno, la reacción de su areola fue en el acto, endureciéndose a aquel delicado contacto. Archie se maravilló con la reacción de su pecho, pasó su lengua con sutileza, rozando sus rosados y virginales pezones, sabía que jamás nadie los había visto mucho menos tocado. - ¿Te gusta? – Preguntó sin dejar de observar aquella obra de arte. Annie asintió con la cabeza, sintiendo cada vez más húmeda su parte baja, comenzando a sentir que le incomodaba llevarla puesta.

Después de haber saboreado con lentitud cada uno de sus senos se decidió a colocar su boca sobre ellos, succionando con mucho cuidado aquella área tan sensible que ella poseía. Un alarido de placer salió por fin de los labios de joven, quien se había esforzado por contener sus gemidos al considerar que era algo vulgar y prosaico.

Archie la atrajo hacia él y la obligó a abrazarlo con sus piernas para que él pudiera continuar con su deleite por sus senos. Annie se aferró a él y con sus manos apretó su espalda víctima ya de la pasión incontrolada de su marido, quien cada vez quería más y más de ella. Annie estaba ya dispuesta a continuar su noche bodas, olvidando por completo su cansancio y las palabras de advertencia de su madre, quien llevada por su propia experiencia y su falta de amor hacia su padre le había llenado la mente de temor e inseguridades, sin embargo Annie aún no comprendía cómo algo tan hermoso y placentero podría llegar a convertirse en algo doloroso e insufrible como le habían dicho.

Cerró sus ojos y se dejó llevar por lo que su cuerpo sentía, necesitaba más, quería más pero le era imposible pedirlo, sus labios parecían sellados a las palabras, solo podía gemir y moverse ansiosa como respuesta a los besos de su marido.

-¿Quieres ser mía esta noche Annie? – Dijo Archie con el rostro encendido, con la respiración entrecortada y su erección tornándose dolorosa.

-Sí Archie… - Respondió Annie cegada por la pasión y el deseo del momento. – Quiero ser tuya siempre… - Dijo de nuevo sin comprender muy bien las palabras de su esposo. Archie sonrió feliz por la autorización otorgada.

La bajó de su cintura, la tomó entre sus brazos y la acomodó al centro de la cama, quitó sus zapatos y los arrojó detrás de él. Annie sonreía feliz por verlo tan ansioso de ella. Archie se deshizo de su camisa y Annie se quedó sin aliento al observar por primera vez el torso desnudo de un hombre. Su cuerpo era delgado, sin embargo la equitación, la esgrima y los artes nobles que practicaba lo mantenían en forma. Su pantalón viajó junto con sus zapatos y calcetines quedando únicamente en ropa interior, la pena que Annie sentía se esfumó al recordar que estaban en las mismas condiciones.

Archie se deshizo de la ropa interior de Annie dejándola completamente desnuda, por fin a merced de él.

-Jamás soñé con tenerte así para mí. – Dijo Archie al ver el delicado y casi transparente cuerpo de su esposa. Annie sentía que se iba a consumir de la vergüenza, cubriendo su rostro con las manos al no tener nada que la ayudara a cubrir su desnudez. Archie sintió ternura por su pena, se acercó a ella para cubrir con su propio cuerpo el de ella. – No temas damita, eres mi esposa y quiero conocerte. – Le dijo en su oído, Annie se relajó un poco por las palabras de su amado Archie, le sonrió aceptando su discurso.

-Te amo tanto Archie. – Le dijo únicamente, dándole a entender que solo por el amor que sentía por él estaba dispuesta a tragarse la pena que le daba estar expuesta ante él. Archie sonrió complacido y besó sus labios una vez más, poco a poco el beso se hizo más demandable, sus manos acariciaban hasta donde podían alcanzar para volver a estimularla y ponerla a punto de ebullición, quería amarla, necesitaba amarla, su cuerpo pedía desesperadamente acción y su entrepierna comenzaba a doler una vez más.

-Y yo te amo a ti Annie… - Le dijo mirándola a los ojos, mientras con su mano libre eliminaba la última prenda que le prohibía tomarla.

Annie se estremeció al sentir el contacto directo con su piel, por fin sus pelvis se tocaban y Annie sentía directamente aquella arma del deseo que su marido poseía entre sus piernas. Sintió de nuevo temor al no saber qué seguía después de besarse y desnudarse. Había llegado la hora de ser uno, de unirse y aún no comprendía cómo se llevaría a cabo aquella unión.

Archie comenzó a frotarse en contra de la intimidad de Annie, buscando poco a poco la manera de abrirse paso dentro de ella, buscando minimizar el dolor punzante que él sabía ella recibiría. Sus ojos se fijaron en los de ella, sus miradas se conectaron, él pidió permiso para desflorarla y ella aceptaba con duda de lo que hacía. Poco a poco entraba en ella Annie separaba las piernas para darle mayor acceso, se sentía tan bien que aquel pedazo tan duro de su cuerpo jugueteara con su parte íntima, Archie sentía ganas de terminar todo de una vez, la pasión lo consumía y las ganas de terminar aquella gloriosa experiencia lo llamaba a precipitarse.

-Perdón mi amor… - Le dijo cuando supo que ya no podía más, cuando su firmeza creció aún más en el interior de su amada y pronto alcanzó el límite que le anunciaba su virginidad, la tomó en un segundo, sintiendo como su interior se desgarraba para permitirle paso al final del recorrido. Annie sintió un dolor punzante en su interior y con un grito ahogado dejó que Archie por fin la convirtiera en mujer.

-¡Archie…! – Gimió una vez más Annie, pero esta vez su gemido no era de placer, no era de deseo, esta vez su gemido era de dolor, un dolor que la cortaba por dentro sintiendo de pronto la necesidad de que saliera de ella.

-Tranquila damita. – Le decía Archie abrazándola con ternura, besando su rostro para intentar calmar aquel dolor que le había provocado. – Lo siento mi amor, lo siento, te juro que no quería lastimarte. – Le decía con sinceridad, besándola con cortos besos sobre su rostro, enjuagando sus lágrimas con cierta culpa, para él tampoco había sido muy agradable abrirse paso en un camino no explorado, pero debía comprender que para ella había sido más doloroso, lo había sentido, había sentido que su himen se había desprendido de su piel desgarrándola en vivo.

-Duele Archie. – Le decía Annie aún con el ardor en su interior.

-Lo siento mi amor… - Le decía con pena, evitando que se moviera para no continuar con el martirio inicial. – No me moveré hasta que estés lista. – Decía Archie comprensivo, sin embargo corría el riesgo de que su erección comenzara a debilitarse. Annie asintió dando permiso para que él continuara.

Los movimientos de Archie ahora eran más cuidadosos, temía volver a lastimar a su esposa, su cuerpo le pedía que aumentara su ritmo y su cabeza que los frenara, se sentía cada vez más ansioso por continuar, poco a poco los gestos de Annie lo fueron convenciendo que ya no estaba sufriendo, sino que al igual que él comenzaba a disfrutarlo, sus manos acariciaron de nuevo sus senos y con sus labios selló la boca de su amada que comenzaba a gemir nuevamente de placer, pronto se vieron envueltos en un río de lava, sus cuerpos ardían y sucumbían ante la pasión, podían sentir como la llama de la pasión fluía por sus venas, de pronto sintieron que sus cuerpos alcanzaban el ritmo máximo de su sinfonía, envolviéndolos entre el fuego que los consumía, liberándose al mismo tiempo al no poder soportar con tanto estímulo de placer que se proporcionaban.

Archie sintió cómo una descarga eléctrica se apoderó de cuerpo, fluyendo a través de él hasta alojarse en su parte baja, fue cuestión de segundos cuando sintió que el espacio interior de su esposa se reducía a la mínima expresión y lo sofocaba en sus movimientos, segundos después ella comenzó a convulsionar sin poder controlar sus movimientos, arrastrándolo por completo hacía ella como cuando un río arrastra a su cauce. Sus respiraciones estaban agitadas como jamás lo habían estado, sus corazones latían desbocados mientras los dos jóvenes intentaban discernir lo que había sucedido.

Sus mirada se encontraron dilatadas, él encima de ella, ella debajo de él intentando respirar con tranquilidad, una sonrisa tímida apareció en el rostro de Archie, quien buscaba alguna queja en el rostro de su damita.

-¿Estás bien? – Preguntó antes de expresar la sonrisa que tenía ganas de mostrar ante la maravillosa experiencia. Los ojos de Annie se encendieron de una manera jamás vista, ya no tenía la mirada inocente y tierna de una niña, ahora su mirada reflejaba el fuego mismo de la pasión, era la mirada de una mujer satisfecha con el desempeño de su hombre.

-Estoy bien… ¿Y tú? – Preguntó Annie al sentir que su esposo apretaba sus ojos al momento que ella lo prensó en su interior.

-Estoy muy bien Annie… - Le dijo sin poder controlar más aquella sonrisa que intentaba controlar. La sonrisa de Annie apareció también en su rostro, reflejando el momento de felicidad que habían compartido. – Eso fue… - Decía Archie sin tener palabras para describir el momento.

-Maravilloso… - Dijo Annie sin dejar de mirarlo a los ojos. Archie la miró con emoción asintiendo a sus palabras.

-Fue maravilloso Annie. – Le decía sin bajarse de ella, sintiendo como poco a poco el calor que los había encendido emanaba de su cuerpo y de su interior. – Jamás pensé que este momento llegaría a ser tan maravilloso. – Le dijo besando sus labios con total amor y ternura, hasta ese momento Archie se dio cuenta que el amor que sentía por Annie no era nada comparado con el sentimiento que comenzaba a reforzarse con su unión física, sus almas estaban unidas y a partir de ese momento eran sus cuerpos los que se habían vuelto un solo ser.

Continuará…

Y llegamos al final por el día de hoy, espero les haya gustado. Muchas gracias por estar al pendiente de cada actualización, de verdad no saben cuánto lo valoro.

TeamColombia:

Hola hermosas cómo están? Espero que preparándose para un gran fin de semana. Muchas gracias como siempre por sus comentarios y sus buenos deseos, espero que cada uno de ellos se les retribuya con creces. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Cla1969:

Ciao meraviglia! Come stai? Sono molto felice che ti siano piaciuti i capitoli precedenti. Tutto sembra andare liscio con Archie e Annie della seconda linea e tutto sembra andare bene. Anche io ero entusiasta della proposta! Non puoi immaginare la mia testa alla ricerca di qualcosa di diverso dalle altre mie storie ahh! ahahah ma spero che sia venuta bene, grazie per avermi detto che ti è piaciuto. Penso che Miss Pony e Suor María nonostante tutto abbiano tutto il diritto di condividere con loro e ho pensato che fosse carino che potessero accompagnarle almeno in chiesa. Grazie mille per il commento amico, lo apprezzo molto. Ti mando un grande abbraccio e benedizioni, buon fine settimana.

Rose1404:

Hola hermosa, como siempre un placer saber que estás bien, me alegr de verdad. Me alegra que te haya encantado el capítulo anterior, espero este también, aquí también le di una participación especial a Archie y Annie, creo que se lo merecían era su boda jijijijiji. Tengo entendido que en el pasado la "alta" sociedad repudiaba a las personas que no tenían padres y para ellos era una vergüenza. No te preocupes los Leagan no aparecerán, sería alargar la historia porque no pueden solo aparecer sin un contexto (bueno eso creo). Me alegra que te haya gustado la propuesta de matrimonio. Muchas gracias por comentar hermosa, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.

lemh2001:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? Sí! lo de las copas era algo extraño al principio pero pues Anthony no pensó en dejarlas en la terraza antes, ya que Stear y Archie lo animaron a último momento a hacer la propuesta, así que les tocó cargarlas jajaja. Como dato te aviso que Anthony se fue a la terraza a limpiar el desastre después jijijjiji. Muchas gracias por leer hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Mayley León:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? muchas gracias por leer y como siempre comentar, sé que tienes muy poco tiempo para ti, créeme te comprendo. Me alegra que te haya gustado el capítulo espero este también te guste. Te mando un fuerte abrazo.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa, espero que estés muy bien, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones!

Silandrew:

Hola hermosa ¿Cómo vas? Espero que estés mucho mejor. Te mando un fuerte abrazo y mis mejores deseos.

Muchas gracias a todas las demás lectoras que se toman un tiempo para leer mis historias, gracias por hacerme un espacio en su vida, les mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.

GeoMtzR

27/10/2023.