Muy buenos días para cada una de ustedes, espero que estén preparándose para tener un excelente fin de semana. Muchas gracias por estar al pendiente de la continuación de esta historia que espero les esté gustando.

Les recuerdo que todas mis historias son completamente mías, están basadas únicamente en la historia original de Candy Candy, por lo cual los personajes principales no son de mi propiedad, lo hago sin fines de lucro, solo por diversión y entretenimiento. NO es para menores de edad o para personas sensibles al tema adulto, gracias por comprender.

COMENZAMOS

LÍNEAS DEL TIEMPO

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LÍNEA 1

El día de la boda había llegado y al mismo tiempo era la víspera del cumpleaños de Anthony, y la mansión de las rosas se vestía de gala después de tantos años de haber permanecido cerrada a cualquier evento de la gran sociedad a la que pertenecían sus dueños.

El día de la cacería se había programado la última celebración, sin embargo aquella ocasión se vivió una gran tragedia y el baile a celebrar ese día había sido cancelado y con ello las puertas habían quedado cerradas para futuras celebraciones. Por primera vez en muchos años, el personal de Lakewood se levantaba con verdadero ánimo para preparar todo para el gran acontecimiento, la última semana había sido todo un espectáculo de ver, ya que la servidumbre estaba limpiando detalladamente cada rincón de la mansión, esmerándose por complacer a los futuros contrayentes.

-¿Dónde están los floreros? – Preguntaba una de las doncellas encargadas de la decoración.

-¿Cómo colocaremos las mesas? – Preguntaba el ayudante del mayordomo, quien movía el mobiliario de las bodegas.

-Ve por los utensilios de plata. – Ordenaba el ama de llaves, quien también estaba al pendiente de toda la organización.

Candy y Anthony se habían mantenido cada uno en sus habitaciones, ambos con los nervios a flor de piel, esperando que llegara la hora para realizar la boda. Habían decidido que se efectuaría un poco más temprano que los bailes nocturnos para que los invitados que quisieran regresar rumbo a Chicago pudieran hacerlo sin ningún contratiempo.

-¿Está usted lista señorita Ponny? – Preguntó la hermana María, quien al igual que todos los pequeños había levantado más temprano de lo habitual para estar a tiempo en la celebración de la eucaristía.

-Lista Hermana María, ya estoy lista. – Decía la buena mujer con su habitual paciencia. - ¿Y los niños? – Preguntaba con tranquilidad.

-Ellos están con Tom. – Decía la religiosa con cierta impaciencia por ver que la mayor parecía no tener apuro alguno.

-Bien, es hora de irnos. – Dijo por fin con una sonrisa llena de bondad.


-¿Está todo listo? – Preguntó Anthony a Stear, quien entraba junto con Archie a su habitación.

-Tranquilo Anthony todo está listo. – Respondió Stear con una sonrisa traviesa a su primo.

-¿Llegó el sacerdote? ¿El juez? – Preguntaba impaciente una vez más.

-Ya… también… - Respondía con paciencia el inventor, quien observaba a su primo sin perder la inquietud en su mirada.

-Tranquilo Anthony, no es cosa del otro mundo. – Decía Archie como un experto en la materia, intentando dar la tranquilidad que él no había mostrado días previos a su boda.

-Mira quien lo dice. – Dijo Stear con burla a su hermano.

-¡Por eso mismo lo digo! – Decía Archie intentando sonar como un hombre con experiencia. – Son más los nervios por saber que todo saldrá bien que por el temor de decir "Si acepto". – Decía mirando a su primo quien lo veía comprendiendo que tal vez tenía razón.

-En eso tienes razón. – Dijo Anthony aceptando que realmente esa era su preocupación, quería que todo saliera a la perfección por ella, porque el "sí acepto" lo tenía ensayado desde el momento mismo que sintió el amor por la pequeña pecosa.

– No puedo creer que ya estás a punto de casarte Anthony. – Le dijo Stear con un fuerte suspiro. – Aún puedo recordar que no hace mucho tiempo le gritabas a Eliza que no te casarías jamás, ni con ella ni con nadie. – Decía recordando las veces que había visto a su primo sufrir por la presión que le hacía la joven Leagan.

-Pero es Candy… - Dijo Anthony con una sonrisa que provocaba que sus ojos se iluminaran más de lo habitual.

-Es Candy… - Dijo Stear acercándose a él para abrazarlo una vez más. – Te deseo toda la felicidad que mereces Anthony. – Dijo de nuevo sin soltar al rubio.

-Es verdad Anthony, también quiero felicitarte, quiero desearte muchos años de amor y felicidad al lado de Candy, cuídala mucho, quiérela y sobre todo respétala. – Dijo Archie realmente conmovido por la boda.

-Sabes que ella es lo más importante que tengo, Archie. – Dijo Anthony a su primo. Archie asintió a sus palabras, él lo sabía, sin embargo quería decírselo porque tal vez nadie más lo haría.

-Lo sé Anthony, sé que ella es la mujer de tú vida, sin embargo quiero que sepas que tanto para Annie, como para mí Candy representa mucho más que una amiga. – Dijo Archie mirándolo a los ojos.

- Yo lo sé Archie, y créeme que valoro mucho que ustedes la quieran tanto y se preocupen por ella. – Le dijo con una gran sonrisa, agradeciendo que su pecosa no solo contaba con él para protegerla, sino que además de ello sabía que podía contar con Archie, Stear, Annie y también con Patty, además de Albert, quien siempre se había mantenido al pendiente de ella.


-¿Ya está todo listo? – Preguntó la tía abuela con impaciencia, observando que los invitados comenzaban a llegar a la capilla que se encontraba en la parte posterior de la mansión.

-Ya tía abuela. – Le respondió Albert con una sonrisa de lado.

-¿Te encuentras bien William? – Preguntó Elroy mirando a su sobrino de soslayo.

-¿Yo? Me encuentro perfectamente bien tía. – Le respondió intentando ser lo más convincente que podía ser.

-William, no tienes que negar tus sentimientos por Candy. – Le dijo la vieja Elroy a su sobrino, quien abrió los ojos con sorpresa por haber sido "descubierto".

-¿Qué estás diciendo? – Preguntó Albert haciéndose el ofendido. Elroy lo miró de frente y sonrió de lado.

-Ninguno puede engañarme William. – Le dijo una vez más, mientras el rubio se mostraba apenado por haber sido descubierto. – Sé muy bien lo que sucede entre tú y Anthony, pero también quiero decirte que me enorgullece bastante la manera en la que lo estás manejando. – Dijo Elroy una vez más. Albert sonrió de lado y guardó silencio ante las palabras de la matriarca. – Sé que pronto encontrarás una joven que corresponda a tus sentimientos y sé muy bien que la amarás tanto o más de lo que amaste a Candy. – Dijo con la ternura impresa en sus palabras, decidida a animarlo a que buscara en otro lado lo que no había encontrado al lado de Candy, él también merecía ser feliz y sabía perfectamente que algún día lo conseguiría.

-Gracias tía. – Dijo Albert con la mirada dilatada por la emoción por escuchar que la vieja Elroy no le reprochaba haber puesto los ojos en la prometida de su sobrino, sino que lo alentaba a buscar en otra joven el amor que había perdido y no lo forzaba u lo obligaba a mantener un compromiso solamente por conveniencia. Elroy le sonrió con ternura y fijó sus ojos en el hermoso salón de la mansión. - ¿Vamos? – Preguntó el patriarca a la mayor, ofreciendo su brazo para que ella lo tomara y caminaran ambos hasta la capilla donde realizarían la ceremonia.


-¡Te ves hermosa Candy! – Dijo Annie con la mirada cristalizada por la emoción.

-¡Es verdad Candy, estás muy bonita! – Decía Patricia igual de emocionada que la ojiazul, ambas estaban frente a la rubia admirando el resultado obtenido después de su preparación.

-¿De verdad? – Preguntó Candy con emoción, temía voltearse y mirar su imagen reflejada en el espejo. Annie y Patty asintieron sin perder la emoción de su rostro.

-De verdad Candy. – Dijo Dorothy con una gran sonrisa, observando a la rubia vestida de novia.

Candy lucía un vestido blanco corte princesa, con mangas tres cuartos y escote alto, entre la falda había pequeñas incrustaciones de cristales que hacían brillar con delicadeza la fina tela que lo conformaba. La cola del vestido era prominente, pero el velo que llevaba sujeto a su cabello lo era aún más. Sus rubios cabellos estaban recogidos en su totalidad permitiendo la libertad de su cuello, el maquillaje que llevaba era sutil y discreto, sin embargo le daba un toque de elegancia y distinción que era natural en ella.

-No puedo creerlo. – Dijo Candy una vez que se admiró ante el espejo. Sus ojos se abrieron sorprendidos por su propia belleza, no podía negar que se había sorprendido con el resultado obtenido.

-Anthony se irá de espaldas en cuanto te vea. – Le dijo Annie con travesura. Candy la observó avergonzada, sabía bien que su hermana se refería a la noche de bodas.

-Ya lo creo que sí. – Dijo Patty con la misma emoción. Candy volvió a sonrojarse y de inmediato cambió el tema de conversación.

-¿La señorita Ponny y la hermana María llegaron? – Preguntó a su hermana intentando desviar su atención de ella.

-Hace rato que llegaron Candy. – Respondió Annie con una sonrisa. – Sabes que para ellas es muy importante este día. – Dijo de nuevo la joven, sonriendo sincera a su hermana. Candy asintió, ella también sabía que era muy importante para sus dos madres. El sonido de la puerta las sacó de su plática.

-¿Quién? – Preguntó Candy inquieta por creer que tal vez era Anthony quien la buscaba.

-Soy yo Candy, ya es hora de bajar. – Dijo Tom esperando obtener el permiso para entrar a la habitación de la pecosa.

-Pasa Tom. – Respondió la rubia sintiendo un vuelco en su corazón al escuchar que ya era hora de que comenzara la celebración.

-¿Estás lista? – Preguntó Tom asomando únicamente su cabeza por la puerta.

-Lista. – Dijo la rubia con una sonrisa, sin embargo pronto se borró de su rostro cuando vio la reacción de su hermano mayor. - ¿Sucede algo Tom? – Preguntó al ver que su hermano no reaccionaba a su pregunta.

-¡Vaya! – Dijo sin decir nada más por unos momentos. – Jamás pensé que detrás de aquella niña revoltosa y llena de lodo estuviera escondida una mujer tan hermosa y elegante. – Dijo entrando por fin a la habitación para hacer una reverencia ante la joven enfermera.

-¡Tom! – Le dijo Candy con reclamo al escuchar que a pesar del halago le había dicho que era una revoltosa.

-Vamos Candy, por lo menos compórtate como toda una dama por lo menos el día de tú boda. – Le dijo Tom una vez más a su hermana. Candy abrió los ojos sorprendida por sus palabras.

-Tranquila Candy, Tom como siempre solo quiere hacerte enojar. – Le dijo Annie intentando calmar a su hermana y mirando al mayor con reproche.

-Tienes razón Annie. – Dijo Candy sacando la legua a su hermano, quien al ver la reacción de la rubia estalló en una sonora carcajada.

-No te molestes Candy, en verdad quiero decirte que estás muy hermosa. – Le dijo acercándose a ella para tomar sus manos. – Y también que Anthony es el hombre más afortunado de este mundo. – Le dijo una vez más. Candy lo miró fijamente, encontrándose con la mirada de su hermano quien le sonrió sincero. – Deseo que seas muy feliz revoltosa. – Le dijo nuevamente mostrando su brazo para escoltarla hasta el altar. Candy sonrió agradecida, sabía que su hermano siempre la molestaba, pero también había descubierto en aquella mirada que el amor que sentía por ella era un amor limpio y fraterno y que sus deseos no podían ser más sinceros.

Anthony bajaba junto a sus primos para después encontrarse con su padre, Stear y Archie se habían ido por sus respectivas parejas y el rubio se quedaba con el capitán quien con gran emoción cruzaba su brazo con el de su hijo para acompañarlo hasta el altar.

Anthony comenzó a caminar junto a su padre, su rostro reflejaba la felicidad que lo embargaba, sus pasos eran los pasos de un caballero, pasos largos y firmes que lo llevaban al encuentro con su destino.

-Me siento muy orgulloso de ti hijo. – Le dijo su padre mientras caminaban hasta la capilla.

-¿Orgulloso? – Preguntó Anthony con un poco de confusión. Vincent asintió.

-Has encontrado a la mujer perfecta hijo. – Le dijo con una gran sonrisa. Vincent no podía ocultar la felicidad en su rostro, era evidente que para él también era un día especial.

-Candy es perfecta para mí padre. – Le dijo Anthony con una sonrisa de enamorado.

-A eso me refiero. – Dijo Vincent sin dejar de ver el frente del camino. – Candy es la mujer perfecta y no me refiero a que no tenga ningún defecto. – Dijo con una sonrisa. – Sino que ella es la mujer perfecta para ti, así como tú madre fue la mujer perfecta para mí. – Dijo el capitán con la emoción acumularse en su corazón.

-¿Aún la extrañas? – Preguntó Anthony al ver la reacción de su padre al mencionar a su madre, era evidente en su mirada el dolor que aún llevaba a cuestas.

-La extrañaré todos y cada uno de los días de mi vida. – Le respondió con la voz llena de emoción, una emoción que evidenciaba su recuerdo.

-Me hubiera gustado que ella estuviera aquí. – Dijo Anthony con un gran suspiro, evocando el bello y dulce rostro de su madre.

-Ella siempre estará con nosotros Anthony… y te puedo asegurar que también está muy orgullosa de que hayas encontrado el verdadero amor. – Dijo el capitán una vez más, deteniéndose en la entrada de la capilla, donde los invitados ya estaban listos para presenciar el enlace de la hermosa pareja.

Vincent acompañó a Anthony hasta el frente del altar y después de hacerlo se dirigió hasta donde estaban las dos madres de Candy, quienes estaban hasta el frente de la pequeña iglesia representando a la familia de la novia. El sacerdote que oficiaría la misa era el mismo que oficiaba las misas en el orfanato cada fin de mes y que había visto crecer a Candy desde que había llegado al hogar de Ponny. Albert observó a Anthony con una sonrisa melancólica y ambos con educación y cariño se saludaron con un gesto que ambos correspondieron tranquilamente.

Tom bajaba con Candy quien nerviosa se dejaba guiar por su hermano, sentía que en ese momento sus piernas no le respondían y se le hacía interminable el camino hasta la capilla Andrew. Cada paso que daba la acercaba más a su futuro, futuro que un día había llegado a pensar le sería negado al haberse sentido no una sino varias veces no merecedora de obtenerlo.

Candy detuvo sus pasos de pronto y sus ojos se nublaron de lágrimas, Tom le sonrió enternecido por su reacción.

-Quisieron venir a acompañarte y Anthony estuvo de acuerdo. – Dijo Tom al ver que Candy miraba con sorpresa a los niños del hogar, quienes formados en línea escoltaban el camino que la llevaría hasta el interior de la iglesia.

-Se ven hermosos. – Les dijo Candy, observándolos a cada uno de ellos para dedicarles una sonrisa.

Cada niño estaba vestido con una túnica blanca y entre sus manos sostenían una vela encendida que iluminaba el camino de la joven enfermera. Candy no pudo evitar que las lágrimas cayeran de sus ojos cuando pasó entre los pequeños vestidos de ángeles quienes comenzaban a cantar el Ave María hasta que llegara al altar.

Anthony miraba ansioso a la entrada de la capilla, sus ojos azules se esforzaban por advertir la hermosa figura de su prometida quien caminaba con sutil gracia entre los pequeños del hogar, su caminado era al ritmo del canto ensayado por los pequeños. Sus ojos pronto se posaron en los de su amada, quien con emoción lo observaba esperarla frente al altar. El silencio se hizo presente y solo las voces infantiles de los niños del hogar se escuchaban haciendo eco en el sagrado recinto con su canto infantil.

Candy llegó por fin hasta los brazos de su prometido quien extendía sus manos para alcanzarla, sintiendo que aquel agarre sería el último que harían solteros, porque a partir de ese momento permanecerían unidos ante el sagrado matrimonio. Ninguno de los dos hablaba, tan solo estaban perdidos en sus miradas, Anthony había admirado a detalle la belleza de su novia y Candy se había llenado de su majestuosa presencia, el smoking gris Oxford que llevaba el rubio con elegancia hacía resaltar sus ojos azules, esos ojos que un día habían dejado de brillar y le habían augurado un oscuro camino, más sin embargo hoy podía dar gracias por tener la oportunidad de volver a ver su brillo perderse en su mirada.

El sacerdote comenzó la homilía y con atención y respeto los rubios escuchaban cada una de las palabras que eran dirigidas hacia ellos. Sus manos permanecían unidas y a pesar del clima frío de aquella tarde se hacía presente el sudor entre sus manos por los nervios que los invadían.

-Candy. – Dijo el sacerdote con total confianza hacia la rubia. - ¿Aceptas al joven Anthony Brower Andrew como tú legítimo esposo? – Preguntó de nuevo con una gran sonrisa, observando el rostro de la pecosa quien lo miraba fijamente, atenta a las palabras que repetía.

-Acepto… - Dijo Candy con una gran sonrisa en su rostro, sus ojos estaban fijos en Anthony y su estómago parecía una fiesta de mariposas en su interior. – Te acepto a ti Anthony como mí esposo. – Dijo con la mirada acuosa por la felicidad que sentía en su interior. Anthony tenía una sonrisa radiante en su rostro, no podía dejar de admirarla.

-Joven Anthony. – Dijo nuevamente el sacerdote, mirando al jovencito frente a él, aquel que apenas ayer había dejado de ser un adolescente y que hoy en día era considerado un hombre listo para comenzar su propia familia. - ¿Acepta usted a Candy como su esposa? – Preguntó una vez más sin desviar su mirada del rubio, quien con la misma emoción que Candy respondió seguro a lo que se le cuestionaba.

-Acepto… - Dijo Anthony con el corazón latiendo en su garganta, se sentía tan emocionado por haber dado ese paso con su pecosa, que no podía creer que estaba por fin sucediendo. Tantas veces había tenido la pesadilla una y otra vez que se casaba con Eliza, que su tío Albert lo obligaba y por fin se salía con la suya y la odiosa pelirroja se convertía en su esposa, sin embargo ahí frente a él estaba la viva imagen del amor, una hermosa rubia con graciosas pecas y rizos de oro le sonreía feliz de que hubiese respondido de inmediato y con orgullo que aceptaba desposarla.

-Te acepto a ti Candy White, como mi única esposa ante los ojos de Dios. – Dijo el rubio fijando sus ojos en los de su amada.

Los ojos de Candy nuevamente brillaron emocionados al escuchar la respuesta otorgada al religioso quien con calma y una gran sonrisa escuchaba sus palabras. La misa continuó para escuchar las promesas de amor entre los novios, Stear y Patty entregaron las argollas y Annie y Archie les colocaron el lazo una vez que los habían proclamado marido y mujer.

-Lo que Dios hoy ha unido, no lo separe el hombre. – Dijo por último el sacerdote dando la bendición final a la feliz pareja, quienes en su interior estallaban de júbilo a escuchar tan sagradas palabras.

Albert escuchó aquellas palabras con tristeza, sintiendo totalmente a Candy perdida hasta ese momento, pasó saliva con dificultad pero sus ojos se posaron en la joven que estaba del otro lado de la capilla, donde una Isabella Britter lucía sorprendida por haber sido atrapada observándolo. Albert le sonrió con tranquilidad y la joven se ruborizó por completo correspondiendo a su saludo.

Los novios comenzaron a salir tomados de la mano entre aplausos y sonrisas por parte de los invitados, quienes celebraban con emoción el importante acontecimiento. El canto de los pequeños del hogar se escuchó religioso en el interior de la capilla, mientras las campanas repiqueteaban anunciando con verdadero júbilo la nueva unión.

-¡Vivan los novios! – Fue el grito que se escuchó una vez fuera de la capilla, para después escucharse un coro por parte de los invitados quienes emocionados repetían la misma frase una y otra vez.

Los abrazos y las felicitaciones no se hicieron esperar y Albert fue uno de los primeros que se acercaron a la feliz pareja.

-Muchas felicidades Anthony… Candy… - Dijo con una sonrisa a ambos rubios, quienes lo miraban felices y sonrientes, ninguno era consciente de la felicidad que reflejaban ante aquel hombre que seguía adolorido.

-Muchas gracias Albert. – Le dijo Anthony a su tío extendiendo sus brazos para recibir su abrazo. Albert lo abrazó con la misma fuerza con la que era abrazado, deseando con ese abrazo toda la felicidad que él hubiera deseado al lado de la rubia.

-Candy… - Le dijo a la joven pecosa, quien aceptó con timidez el abrazo de su amigo. Albert la retuvo menos tiempo de lo que había retenido a Anthony y después se alejó de ellos para permitir que los demás invitados les dieran sus parabienes.

Stear y Patty estaban entre aquellos que deseaban darles las buenas vibras a la joven pareja, lo mismo que Annie y Archie, quienes esperaban pacientes llegar ante ellos para abrazarlos. La señorita Ponny estaba junto a Vincent, quien la acompañaba caballerosamente hasta los recién casados. A la hermana María Tom había sido el encargado de escoltarla.

-Candy… - Dijo la señorita Ponny con los ojos llenos de lágrimas, por su expresión podía advertir que había llorado bastante.

-Señorita Ponny... – Dijo Candy realmente conmovida por la buena mujer, intentando mantener su entereza y no dejarse llevar por la emoción reflejada en el tierno rostro de la anciana.

-Estoy tan feliz por ti Candy… - Le decía entre frases cortas que le eran imposible terminar en una sola oración. – Te mereces todo este amor que el joven Anthony tiene para ti. – Le decía mirando a ambos con amor. – Son una pareja hermosa y muy joven con un camino largo por delante, un camino que no les aseguro estará despejado, sin embargo sé que con el amor y el respeto que se tienen sabrán atravesar sin problemas. – Les dijo una vez más. – Cuídela joven Anthony. – Le dijo a Anthony acercándose a él para darle como obsequio un crucifijo muy parecido al que Candy tenía. – Nuestra niña vale mucho. – Dijo mirando ahora a la rubia, quien soltaba una lágrima más.

-No tiene que preocuparse señorita Ponny, le aseguro que haré todo lo posible y hasta lo imposible por hacer de Candy la mujer más feliz de este mundo. – Dijo Anthony con una sonrisa, mientras agradecía con la mirada el gesto tan dulce de la mayor con aquel obsequio.

-Muchas felicidades. – Dijo antes de permitir que la hermana María se acercara a ellos para felicitarlos también.

La hermana María se acercó con la misma emoción a la joven pareja, quienes la miraban con el rostro igual de conmovido que ella, era innegable el amor que aquella religiosa sentía por Candy, un amor muy diferente al que sentía por Annie, no podían negarlo ninguna de las dos, amaban a sus niños, a todos y cada uno de ellos, pero Candy… Candy era la pequeña que siempre había vuelto buscando el abrigo bajo sus alas y eso, eso era algo que no podían olvidar jamás.

-Candy… - Dijo ahogada por la emoción. – Quiero decirte que estoy muy feliz de que hayas encontrado por fin a tú príncipe. – Decía apretando sus manos con fuerza. Candy la escuchaba atenta a sus palabras, ya que la hermana María fue muchas veces testigo de los sueños que como toda niña de la época expresaba con emoción. – Sé que serán muy felices, nadie más que ustedes merece serlo Candy. – Le dijo sin dejar de llorar. – Hoy puedo decir confiada que no fue un error dejarte con los Leagan, hoy puedo ver que nuestro señor tiene un propósito para cada uno de ustedes, y el tuyo… el tuyo era permanecer ahí para encontrar tú felicidad. – Dijo abrazándola con fuerza. Candy se dejó abrazar con la misma emoción que la había abrazado infinidad de veces mientras Anthony las miraba emocionado. – Muchas felicidades a los dos. – Les dijo por último para permitir que el señor Brower los felicitara.

-¿Qué más puedo decir que no les hayan dicho ya? – Preguntó Vincent al ver a los dos jóvenes que irradiaban una felicidad genuina. – Solo que estoy aquí para lo que necesiten. – Decía con ternura. – Siempre seré su guía si así lo piden o un espectador si solo eso requieren, pero jamás seré una persona ausente... ya no más… - Dijo abrazando a ambos con fuerza descargando en aquel abrazo toda la emoción y la alegría que sentía por estar celebrando con ellos aquel día tan importante para los dos.

-Gracias padre… - Dijo Anthony con emoción mientras la rubia sentía el calor del abrazo de aquel paternal hombre quien la había acogido como a una verdadera hija.

-Muchas felicidades Anthony. – Le dijo Tom al rubio, quien abrió sus brazos con una gran sonrisa para recibir su abrazo. El elegante vaquero se acercó más al oído de Anthony procurando que Candy lo escuchara. – Te deseo mucha suerte, ya que no cualquiera puede domar a esta yegua… - Le dijo a tono de broma, broma que sorprendió a Candy haciendo que lo mirara con reproche.

-¡Tom! – Dijo Candy ofendida porque había escuchado perfectamente lo que había dicho su hermano. Tom comenzó a reír para después acercarse a Candy.

-Creo que he sido una persona con mucha suerte en esta vida Tom. – Dijo Anthony observando a la hermosa rubia que lo miraba enamorada al escuchar sus palabras. – Y te aseguro que no es cuestión de domar, sino de amar… - Dijo sin dejar de mirar a su esposa. Candy cambió la mirada de reproche que había dirigido a su hermano por una de total amor para su ahora esposo. Tom se sintió apenado por haber bromeado en ese momento.

-Muchas felicidades revoltosa. – Le dijo Tom con cariño a la rubia, quien lo abrazó más tranquila al ver que el muchacho no lo había hecho con ninguna mala intención, sabía bien que era su naturaleza tosca y torpe la que lo hacía actuar de ese manera por impulso y a pesar que a veces sonaba fuera de lugar, sabía perfectamente que el cariño hacia ella era sincero y muy profundo. – Deseo que seas muy feliz y también que cuides mucho de Anthony, no sé por qué pero él te ama verdaderamente. – Le dijo una vez más con una sonrisa, aún bromeaba pero no lo hacía por incomodarla.

-No te preocupes Tom. – Le dijo mirándolo con agradecimiento, correspondiendo ese cariño fraterno que Tom le regalaba. – Sé que Anthony me ama… y yo lo amo a él… - Dijo Candy mirando a su príncipe quien la miraba igual de enamorado.

Después de recibir el abrazo de la familia y amigos, Stear y Archie se acercaron a ellos para abrazarlos en conjunto querían expresarles sus buenos deseos y compartir con ellos la dicha que sentían en sus corazones.

-Les tenemos una sorpresa. – Dijo Stear con una gran sonrisa, observando cómo los recién casados lo observaban intrigados por aquella "sorpresa" que les habían preparado.

-¿Les? - Preguntó Archie revelando que él nada tenía que ver con aquella "sorpresa" cantada por su hermano.

-Bueno pues, YO les preparé una sorpresa. – Dijo Stear no teniendo otra opción más que atribuirse el gesto para él mismo ya que Archie por costumbre prefería no participar para no ser retado junto con su hermano. – Espero que les guste. – Dijo haciendo una señal que uno de los empleados de la mansión siguió para encender los fuegos artificiales que esperaban ser explotados como señal de celebración por aquel importante acontecimiento.

El rostro de Candy y Anthony se iluminó sorprendido al ver que cientos de fuegos artificiales comenzaron a iluminar el cielo con sus destellos de colores, mientras los invitados veían maravillados aquel espectáculo tan maravilloso que les tenían preparados. La sonrisa de los recién casados no podía borrarse de sus rostros, más sin embargo el temor de que todo terminara mal estaba aún latente en sus cabezas.

La última serie de luces llegó y con ello el término del show de iluminación, Candy, Anthony y Archie respiraban aliviados al ver que no había sucedido ningún percance. Los invitados aplaudían maravillados mirando a la joven pareja que comenzaba su vida juntos de una manera muy celebrada.

El camino hacia la mansión de las rosas comenzó seguida por los invitados, a quienes se les pedían que se adelantaran para que tomaran su lugar en el gran salón de la mansión de las rosas. Anthony y Candy fueron los últimos en abandonar la entrada de la capilla en donde un último juego de luces se iluminaba y los disparos de las cámaras hicieron su trabajo, capturando a la joven pareja a la salida del altar iluminados por la pirotecnia que Stear había preparado.

Caminaron entre los pequeños que seguían iluminando su camino, quienes les dedicaban una gran sonrisa en cada paso que daban, Stear y Archie se quedaban detrás observando como los recién casados se dirigían hacia la celebración de su boda civil.

-¿Qué haces Stear? Debemos entrar ya. – Decía Archie buscando apurar a su hermano, quien se asomaba hasta donde había colocado los fuegos artificiales.

-Espera un poco, lo que pasa es que no se accionaron todos. – Dijo Stear buscando encontrar el problema.

-Todo salió bien Stear, ¿Cuál es el problema? – Preguntaba Archie impaciente porque sabía que su esposa estaría esperándolo.

-Tienes razón, no tentemos a la suerte. – Dijo Stear decidido a no averiguar el por qué no se accionaron los fuegos artificiales de la parte trasera de la capilla, ya que eran lo que le darían ese impacto final al evento.

Ambos hermanos caminaron para dirigirse hasta sus puestos, porque tanto Patty como Annie los estaban esperando. Cuando llegaron al último escalón se escuchó un estruendo que venía precisamente de donde no había explotado la pirotecnia haciendo que Stear abriera los ojos asustado por lo que hubiera podido suceder, sin embargo al ver que no era nada de importancia continúo su camino junto a su hermano, quien negaba con una sonrisa de lado a lado, divertido porque una vez más el persistente inventor no había fallado con su mala suerte.

-Salimos justo a tiempo. – Dijo el inventor con una sonrisa de alivio a poder haber arruinado su vestimenta como tantas veces le hacía sucedido en el pasado.

-Tengo que decirte que de haber sido Stear no te hubiera podido sacar a tiempo y ambos hubiésemos terminados completamente carbonizados. – Dijo Archie con una ligera carcajada, agradecido porque este Stear no era tan necio.

-No te creas, por un momento pensé quedarme más tiempo para no quedarme con la duda, pero después recordé que era mi especialidad incendiar las cosas y decidí que no era buen momento para hacerlo. – Dijo Stear igualmente aliviado que Archie. Ambos hermanos comenzaron a reír por la travesura de la cual se habían librado y con ese aire de complicidad que habían desarrollado desde pequeños entraron al gran salón justo a tiempo para la celebración de la boda civil.

Anthony y Candy estaban frente al juez escuchando la epístola matrimonial que sellaba el contrato entre una de las familias más poderosas de América y una sencilla jovencita nacida en la orfandad, que si bien había sido adoptada por esa misma familia en esos momentos ella había pasado ser ahora la señora Brower.

-Acepto. – Dijo Candy con una sonrisa para después imprimir su firma en el gran libro del matrimonio que el juez llevaba consigo, para después entregar una copia original a los contrayentes. Anthony la observaba enamorado hacer legal su unión para después ver cómo los testigos que habían llegado un poco tarde, testificaban con su firma que todo era legal.

Archie y Annie habían sido los testigos de Candy y Stear y Patty los de Anthony, ambos hermanos habían sido elegidos por la joven pareja para reafirmar la unión de su amor.

Albert por su lado se mantenía un tanto al margen de la situación observando desde una posición discreta la firma legal de aquel matrimonio, mientras los demás invitados aplaudían nuevamente al terminar la ceremonia.

-No pareces muy contento por la boda de tú sobrino. – Dijo la voz de Isabella repentinamente, sorprendiendo a Albert quien seguía con sus memorias puestas lejos de ahí.

-Señorita Britter. – Dijo Albert con una sonrisa cortés al ver a la joven que lo saludaba. Isabella sonrió con elegancia al ver la respuesta del joven patriarca.

-Pensé que ya habíamos pasado la formalidad entre nosotros señor Andrew. – Dijo Isabella un tanto decepcionada al sentir que la brecha que se había presentado al principio de su relación volvía a presentarse.

-Es verdad, Isabella. – Dijo Albert con una sonrisa, apenado por haber roto aquella promesa la última vez que se habían visto. – Creí que ya no te volvería a ver. – Le dijo hablándole ahora con mayor confianza.

-No era mi intención regresar. – Confesó la joven con una sonrisa tímida. Albert la observó interesado en saber el motivo que había tenido por cambiar sus planes iniciales.

-Siento mucho que Chicago no te haya traído el menor interés para quedarte. – Dijo sin percatarse que la joven lo veía de una manera muy particular.

-Da lo mismo una ciudad a otra. – Dijo la joven con seriedad. – Lo que hace que las ciudades sean importantes para mí son las personas que están ahí para ti. – Dijo desviando su mirada al ver que la atención de Albert estaba de nuevo en ella. Albert sonrió por haberla descubierto observándolo tan detenidamente.

-¿Y has encontrado a alguien interesante para decidir quedarte? – Preguntó Albert con cierta travesura en su voz, no era tonto, sabía bien que la manera de observarlo era porque se escondía un interés de ella hacia él y por alguna razón le divertía y le agradaba darse cuenta de su especial interés por él.

-La verdad es que no. – Dijo Isabella para sorpresa del rubio, quien frunció un poco el ceño al escucharla hablar. – Pero debo decir que la compañía hacía mi tía es lo que me hizo regresar. – Agregó como justificación, sin embargo en su rostro había un gesto de travesura que si Albert la hubiese conocido mejor lo hubiera descifrado.

-¿Sucede algo con la señora Britter? – Preguntó Albert un tanto inquieto por la salud de la madre de Annie.

-Nada de cuidado. – Dijo Isabella con tranquilidad. – Pero mi tío dice que desde la boda de Annie se siente muy abandonada. – Dijo nuevamente observando que los invitados comenzaban a acumularse alrededor del salón. – Hablando de… nos vemos después... - Dijo alejándose con un sutil contoneo, para dejar a Albert observándola con detenimiento, el joven patriarca no fue consciente de que sus ojos se posaron en la grácil figura de la señorita Britter, quien caminaba con delicadeza y sensualidad para acompañar a una señora Britter que no tenía ni la más mínima idea de haber sido utilizada como pretexto para un retorno.

Albert sonrió de lado con travesura al percatarse de que sus ojos se habían posado en la figura de Isabella y pronto observó a todos lados para ver si alguien se había percatado de su imprudencia. Simplemente Archie fue el único que levantó su copa en señal de que lo había observado, no le quedó más que hacerse el desentendido ante la evidente burla del elegante Cornwell. La mirada del patriarca se posó en los recién casados, quienes iniciaban en esos momentos su primer baile como marido y mujer.

Al centro de la pista de baile estaban Anthony y Candy colocados uno frente al otro, sus ojos se fijaban en los contrarios formando un efecto muy especial y cómplice entre ellos, sus sonrisas delataban la felicidad dibujada en su rostro y la música de fondo era lo único que escuchaban los dos enamorados. El inicio del vals los transportaba a un tiempo no muy lejano, un tiempo en el cual habían vivido y compartido en diferentes situaciones, un enamoramiento inocente e infantil se había dado entre ellos y en esos momentos cobraba sus primeros frutos.

-Estoy tan feliz Anthony. – Dijo Candy mientras su flamante esposo la giraba al compás de la música, mientras los invitados observaban complacidos la hermosa pareja que formaban.

-Me alegra saber eso pecosa, porque puedo asegurarte que en estos momentos yo soy el hombre más feliz y afortunado del universo. – Le dijo Anthony sin dejar de guiar sus pasos, girando una y otra vez alrededor del gran salón.

Candy miraba a su esposo totalmente enamorada, dejando que él la llevara por cada espacio del salón, permitiendo que con su danza la transportara una vez más al pasado donde sus corazones se unieron por primera vez. Los recuerdos llegaron pronto a la mente de ambos, llenando de alegría y nostalgia su enamorado corazón, recordando a detalle ambos bailes, ambos tiempos, reconociendo que en los dos eran un solo ser.

Todo quedó desierto para ellos, ninguna persona existía en esos momentos en su mundo, solo eran él y ella, Candy y Anthony, un par de jóvenes enamorados que retomaban su vida juntos, un par de jóvenes que se amaban tanto que habían sabido vencer las barreras del tiempo, reconociendo que sus vidas estaban destinadas a estar juntas gracias a un fortuito invento realizado por Stear. La música se detuvo en sus oídos, las risas y los aplausos cesaron en su mundo, no había ruido ni distracción alguna que los obligara a mirar a los demás, su almas estaban unificadas y mientras los demás los observaban bailar, ellos disfrutaban de la única presencia que importaba en esos momentos en su vida.

Continuará…

Y llegamos al final de este capítulo tan esperado por muchas, por fin son marido y mujer, por fin celebraron su unión y pronto llegará la noche de bodas, que yo sé esperan todas ¡Golosas! jajajaja. Muchas gracias por leer hermosas, les agradezco infinitamente regalarme un poco de su valioso tiempo.

TeamColombia:

Hermosas amigas mías, sé que me ausenté dos días de actualización de la historia, lo que hace que se haya perdido una semana de avance, no fue mi intención, pero la verdad se me complica mucho cuando tengo a mis hijos aquí en casa y el fin de semana pasado descansaron viernes y lunes y hoy de nuevo los tengo en casa, sin embargo no podía atrasarme más, no quiero que piensen que abandoné la historia. Muchas gracias por leer y sobre todo muchas gracias por dejarme un comentario, saben que eso es lo que ayuda a que continúe escribiendo. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Cla1969:

Ciao meraviglia! Piacere di sentire la tua opinione, caro amico, pensavo che avessi abbandonato la lettura, ma sono felice di sapere che ci presti ancora attenzione.

Sono felice che ti sia piaciuto il capitolo precedente, spero che ti piaccia anche questo. Ti mando un grande abbraccio, amico.

Rose1404:

Hola hermosa! Me alegro que estén muy bien los dos. Te comprendo perfectamente, los hijos crecen demasiado rápido cuando menos lo esperas ya estás llevándolos a la universidad y uno cree que los años no pasan por uno (gran error) jajaja pero tú todavía estás joven y te faltan muchas emociones más por vivir con tu pequeño. Efectivamente Albert vino a acompañar a su sobrino a la boda, creo que pensó que jamás se iba a casar jajaja. Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, espero que este también haya sido de tú agrado hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! Me alegra que te hayas puesto al corriente! Me imagino que tenías muchas historias por leer, muchas gracias por comentar y por mover tus tiempos para leer las ocurrencias de esta servidora. La propuesta de Archie fue muy tierna, lo bueno que los pequeños le ayudaron a realizarla. Te mando un fuerte abrazo hermosa y bienvenida de nuevo!

lemh2001:

Hola hermosa! Sí! Axel tiene la familia que todo niño merece y el pequeño en camino nacerá rodeado del amor de ambos padres. Me alegra que estés muy bien, sé que tus tiempos son limitados, te agradezco enormemente que me dediques un poco de tú tiempo. Te mando un fuerte abrazo.

Mayely León:

Hola hermosa! Ya te iba a reclamar si me respondías que estabas preocupada por la historia jajajaja, pero me relajé al ver que tú preocupación si era yo jejejeje. Me alegra que te haya gustado el capítulo de la boda anterior, ¿Qué te pareció esta? Espero que también te haya gustado. Te mando un fuerte abrazo amiga, sé que también siempre andas ocupada pero valoro mucho que me des unos momentos de tu valioso tiempo para leer y comentar. Bendiciones!

Silandrew:

Hola hermosa, espero que ya estés mucho mejor. Te mando un fuerte abrazo!

Muchas gracias a todas y cada una de las personas que están al pendiente de la historia, gracias por leer y esperar cada semana los capítulos, espero estén disfrutando la historia. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

GeoMtzR

24/11/2023.