Hola hermosas cómo están? Espero que muy bien, espero que este fin de semana haya sido para todas excelente.
Les recuerdo que la historia NO es para menores de edad, ni para personas sensibles al tema adulto. Los personajes no son míos, la historia está basada únicamente en la historia original, es completamente de mí autoría y lo hago sin fines de lucro, simplemente todo es por diverción. Gracias.
COMENZAMOS
LÍNEAS DEL TIEMPO
48
LÍNEA 1
Los días pasaban rápidamente para Candy y para Annie, lo mismo que para Patty y Stear, quienes estaban a punto de contraer matrimonio.
Candy y Anthony estaban en la veranda de la mansión aprovechando el sol que se reflejaba en el interior para asolear a su pequeño Alexander, el médico les había recomendado darle baños de sol, y por la mañana era cuando era menos intenso.
-No quiero irme a trabajar. – Dijo Anthony quien estaba muy a gusto con su esposa y su crío.
-Tampoco quiero que te vayas. – Decía Candy acercándose más a él en busca de refugio. Desde el nacimiento de Alexander habían aprendido a esperar para volver a estar juntos, sin embargo los días de abstinencia los tenían cada vez más ansiosos, sobre todo cuando ya faltaba muy poco para que les fuese removida la prohibición.
-Lo sé. - Le dijo meloso, besando sus labios cuidando no aplastar a su bebé. – Pero tengo que ir a resolver unos asuntos antes de que llegue Albert. – Dijo Anthony recordando a su esposa que Albert pronto llegaría de su viaje y que todo debía estar listo como lo había pedido. Candy suspiró resignada, sabía bien que su esposo era un hombre muy responsable y jamás se permitía dejar algo inconcluso, mucho menos cuando involucraba a Albert.
-¿Vendrás a comer? – Preguntó Candy con súplica, le gustaba que se diera sus escapadas para acompañarlos a comer, algo que se había hecho costumbre desde antes de que naciera Alexander. Anthony sonrió seguro que lo haría.
-Te prometo que aquí estaré. – Le dijo entregándole a Alexander para después besar sus labios con un largo beso para poder así irse más tranquilo al consorcio.
Candy suspiró enamorada al terminar aquel dulce beso, para después observar como su amado y guapo esposo se dirigía al interior de la mansión para poder irse a trabajar. Alexander se removía ansioso al sentir el cambio de brazos, porque a pesar de que se sentía seguro con su mamá había una conexión muy especial entre él y su padre.
El día de la boda llegó y Stear por fin esperaba frente al altar la entrada de su amada Patricia, los nervios lo estaban dominando y la burla de su hermano y su primo que estaban en primera fila no se hacía esperar, sobre todo la de Archie quien con una sonrisa traviesa le advertía que le estaba recordando de la plática que habían tenido con él para instruirlo para su luna de miel. Los ojos de Stear se pusieron en blanco como reprochando a su hermano que ya era demasiado de lo mismo, sonriendo dentro de sí porque lo creían realmente ignorante en el tema.
El órgano comenzó a tocar la marcha nupcial, haciendo que todos los presentes se pusieran de pie para esperar la entrada de la novia, quien con paso calmo y a ritmo de la música entraba del brazo de su padre. Los ojos de Stear se abrieron con sorpresa al ver la belleza que poseía su futura esposa, sus ojos se posaban en su estilizada figura que caminaba junto a su padre, un hombre bueno y noble que lo apreciaba de verdad.
Sus miradas se encontraron nuevamente, en ellas se decían todo el amor que se tenían y la impaciencia que habían contenido para llegar a ese momento. La mirada del Sr. O´Brian se fijó en su yerno, quien le sonrió con agradecimiento por tan alto honor concedido. Stear hizo una reverencia al recibir la mano de la persona amada e hizo una reverencia a su aún prometida. Patty sonrió con timidez, fijando sus ojos en el guapo muchacho que tenía frente a ella, no pudiendo evitar tampoco recordar la plática que había tenido con sus dos amigas.
-Comencemos. – Dijo el sacerdote frente a la joven pareja, quienes con nerviosismo y ansiedad giraron sus rostros para poner atención a las palabras que serían recitadas para llevar a cabo la eucaristía.
Las palabras llenas de emoción de los recién casados habían resonado en el recinto, sus miradas estaban fijas en el contrario y una sonrisa de felicidad surcaba sus rostros mientras caminaban con sus brazos entrelazados hacia la puerta de entrada ya como marido y mujer, la música continuaba a ritmo de la marcha nupcial que tocaba sus últimas notas para indicar el término de la celebración.
-¡Qué vivan los novios! – Gritó ahora Archie, quien había sido el encargado de hacer todo el jolgorio que Stear había hecho en su boda, mientras las demás personas comenzaban a aplaudir para celebrar su unión.
Patricia estaba realmente emocionada con su boda, su sonrisa se extendía en todo su rostro mientras las jóvenes solteras que habían sido invitadas esperaban bajo las escaleras que la joven lanzara su ramo.
-¿Tú no vas a ir por el ramo, Isabella? – Preguntó Candy a la joven que estaba junto a ella. Annie la miró como animándola a que lo hiciera, sin embargo la muchacha dudaba en hacerlo.
-No, no tiene caso, no me gustan ese tipo de cosas. – Dijo la joven mintiendo para no ahuyentar más a Albert, quien no se decidía a dar un paso más hacia adelante.
-¿Aún no te dice nada? – Preguntó Annie a su prima. Isabella abrió los ojos sorprendida porque Candy estaba junto a ellas. – No te preocupes, Candy es de confianza. – Decía Annie con una sonrisa sincera. Candy le sonrió de la misma manera, ella también sabía que Isabella estaba enamorada de Albert, todos lo sabían incluso el mismo Albert estaba enterado de los sentimientos de la joven.
-No entiendo a qué está jugando. – Dijo Isabella con frustración, Candy y Annie la observaron con tristeza, les dolía ver que aquella joven estaba impaciente por tener algo más real con Albert y no solo un cortejo que no pasaba de solo eso, un simple cortejo sin una promesa de compromiso de por medio, para mucha gente Albert la pretendía, pero para la mayoría era bien sabido que la joven seguía soltera y sin ningún compromiso.
-Tal vez no está interesado… - Dijo Annie con pena, le dolía ver a su prima en la misma posición que ella había estado mucho tiempo atrás. – Tal vez sería mejor que pusieras tus ojos en alguien más. – Dijo Annie con sabiduría, algo que tal vez ella hubiese agradecido si le hubieran dicho en el pasado, porque a pesar de que había conquistado a Archie y ahora formaban una feliz familia, los años que había sufrido esperándolo eran años que no recuperaría, años en los que había sufrido porque su madre le había aconsejado esperar, cuando ella podía haber puesto los ojos en alguien más que la valorara verdaderamente.
-Tú no quitaste el dedo del renglón con Archie. – Le dijo Isabella sin intentar ofenderla. Annie asintió con pena, mientras a lo lejos alguien celebraba haber atrapado el ramo de la feliz novia.
-Por eso mismo te lo digo. – Dijo Annie con seguridad. – Si alguien me hubiera dicho que pusiera mis ojos en alguien más, si alguien me hubiera apoyado para sentirme segura tal vez lo hubiera hecho. – Decía Annie mirando a los ojos a su prima, la quería mucho y le dolía ver que tenía cerca de un año esperando a que Albert se le declarara sin conseguirlo.
-Pero Archie recapacitó a tiempo. – Dijo Candy intentando hacer sentir mejor a su hermana. Se sentía culpable porque sabía bien que ella sabía que Archie había estado enamorado de ella y que ese había sido el motivo por el cual no la había tomado en cuenta desde un principio, lo peor del caso era que Isabella también tenía la sospecha que Albert estaba enamorado de ella.
-Lo sé, pero esos años de sufrimiento fueron muchos, y créeme Candy cuando te digo que ahora sé que nada vale la pena para sufrir de ese modo. – Dijo Annie mirando a lo lejos a su flamante esposo, quien reía junto a Albert y Anthony, todos platicando felices.
Isabella se quedó por unos momentos en silencio, sabía que Annie tenía razón y que a pesar de que a ella nadie le había dado ese consejo, ella misma lo había pensado infinidad de veces, pero jamás se había animado a decírselo de frente.
-¿Tienes problemas con Archie? – Preguntó Candy a Annie con preocupación.
-¿Problemas? ¡No! – Dijo Annie con una sonrisa. Candy suspiró aliviada. – Solo que me duele ver a Isabella esperar una y otra vez y no recibir mucho a cambio, no pude evitar recordarme a mí misma. – Dijo una vez más con melancolía. – Archie es un maravilloso esposo, lo amo y sé que me ama, y a pesar de que ahora soy feliz, nadie me había asegurado que las cosas iban a funcionar, él pudo haberme dejado. – Candy sonrió escuchando el argumento de su hermana, sabía que tenía razón y le enorgullecía que hubiese madurado y que ya no fuese la jovencita nerviosa e insegura que siempre había sido.
-Tienes razón, pero nosotras sabemos que Albert se casa con Isabella en la otra línea del tiempo. – Decía Candy en voz baja para que la escuchara solo Annie. Annie sonrió con incertidumbre.
-Puede que sea Isabella o también puede que sea Isabella Brown. – Dijo Annie con el volumen bajo de voz, señalando hacia donde estaba Albert, quien ya no platicaba con sus sobrinos sino que se había dedicado a atender a la joven de llamativo escote y caminar desinhibido. Candy se quedó muda al ver que no solo Annie se había dado cuenta de lo que sucedía, comprendiendo el motivo por el cual Isabella Britter se había quedado en total silencio.
Los invitados pronto comenzaron a retirarse hacia la mansión Andrew, lugar donde se celebraría la fiesta, Isabella en esta ocasión no buscó a Albert, sintiéndose humillada por la atención que había puesto a la otra joven.
-¿No te vas a ir con Albert? – Preguntó Archie al ver que su prima estaba sentada en el auto en el cual se iría con su esposa a la mansión.
-No. – Respondió con pena, sabía que tal vez estaba importunando a su prima y su esposo. - ¿Puedo irme con ustedes? – Preguntó con súplica a Archie.
-Por supuesto que sí. – Respondió Annie segura de que no habría problema con llevarla hasta la recepción. Archie asintió con una sonrisa amable, no podía negarse, pero tampoco pudo evitar ver la mirada de desconcierto de su tío quien lo miraba desde lo alto de las escaleras que llevaban a la entra de la iglesia, disculpándose con su mirada para cerrar la puerta del automóvil e indicar al chofer que ya podía irse.
-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony a Candy, quien al igual que Albert se había dado cuenta de que Isabella había abandonado a su tío.
-Creo que Isabella ya se cansó de esperar a Albert. – Dijo Candy con decepción, ella creía que Isabella era la indicada para su amigo, sin embargo debía admitir que la otra Isabella también tenía mucho interés en el patriarca de los Andrew, al igual que muchas, la diferencia era que ellos sabían que la esposa de Albert se llamaba Isabella, el detalle que no sabían quién de las dos era la que representaba la esposa del patriarca.
-Parece que al tío no le ha caído mucho en gracia que lo hayan dejado. – Dijo Anthony seguro de lo que decía por la expresión que tenía Albert, su atención ya no estaba en la plática que sostenía con la señorita Brown.
-Albert tiene la culpa. – Dijo Candy defendiendo a su gremio. Anthony la miró con diversión al ver que estaba molesta igual que Isabella. – No debió ponerse a platicar con esa señorita. – Dijo la rubia deteniéndose a hacer referencia a las dos grandes razones que tenía para detener a todo caballero al que se le ponía de frente.
-Albert es un caballero amor. – Le dijo Anthony con tranquilidad, seguro de que Albert solo se había puesto a platicar con la joven por educación.
-Pero también los caballeros miran. – Dijo Candy indicándole a su esposo que había visto la manera en la que la joven se había acercado a Albert.
-Algunas veces es imposible no hacerlo. – Dijo Anthony mirando a Candy quien estaba sorprendida por su respuesta. – Como yo… soy todo un caballero y no me canso de mirarte. – Le dijo al oído logrando que la piel de su esposa se erizara por completo.
-Anthony… - Le dijo Candy cerrando sus ojos mientras se acercaba con discreción a él. Anthony sonrió por la reacción de su esposa, le gustaba provocarla con pequeños detalles que sabía se acumularían hasta derramarse a solas en su habitación.
-Me gusta como reaccionas a mis provocaciones. – Le dijo una vez más con la mirada fija en sus ojos, con el calor emanar de sus cuerpos, controlando sus emociones por saberse en público. Candy se sonrojó por lo dicho por Anthony, sabía que era así que él la provocaba y a ella le gustaba que lo hiciera.
-Y a mí me gusta que lo hagas. – Le dijo Candy acariciando sutilmente su pecho. – Pero ahora es hora de irnos a la mansión, Alexander debe tener hambre. – Dijo recordando a su esposo que ya era hora de irse, todos los invitados y los novios se habían ido, solo Albert continuaba platicando con la señorita Brown, solo que ahora no mostraba una sonrisa sino que mostraba cierta incomodidad.
-Disculpa tío. – Dijo Anthony acercándose a ellos. - ¿Te vas a ir con nosotros? – Preguntó de nuevo. – Ya todos se han ido y nosotros tenemos que ir con Alexander. – Dijo mirando a la joven con disculpa.
-¡Qué barbaridad! ¡Se han ido todos! – Dijo la joven como si no se hubiese dado cuenta que la habían dejado a propósito con Albert. -¿Puedo irme también con ustedes? –Preguntó antes de que Albert pudiera responder. Anthony miró a Albert indicándole que a Candy no le parecería buena idea.
-Por supuesto. – Dijo Albert con una sonrisa, sabía que a Candy no le parecería, pero no podía hacerle la grosería de dejarla sola frente a la iglesia cuando era una invitada. Anthony sonrió incómodo, pero parecía que a la joven no le importaba en absoluto, mucho menos cuando Candy abrió los ojos molesta por que tendrían que llevarla. - ¿Vamos? – Preguntó Albert ofreciendo su brazo como el caballero que era.
Anthony bajó las escaleras y llegó hasta el auto donde Candy lo esperaba, pero para sorpresa de todos Albert acomodó por el lado contrario a la joven, junto a Candy y Anthony subió al otro lado de su esposa, quedando Candy en medio de ellos. Albert se subió junto al chofer y dio instrucciones para que iniciara su marcha.
Candy a pesar de que estaba incómoda por ir junto a la joven Brown se sentía feliz porque Albert había preferido ir al frente que venir junto a ella.
Cuando llegaron a la mansión, Albert entró del brazo de la joven Brown, sin embargo sus ojos estaban en busca de la joven Britter, aún no quitaba de su cabeza la molestia que sintió al haber sido abandonado en la iglesia cuando ella había llegado junto a él.
-¿Sucede algo tío? – Preguntó Anthony a Albert, quien tenía la mirada fija en Isabella Britter.
-¿Quién es ese joven? – Preguntó Albert sin responder a la pregunta de su sobrino.
-No tengo idea. – Respondió Anthony al ver que Isabella platicaba muy risueña con un joven de cabellos negros.
-Es el doctor Jackson. – Dijo Candy respondiendo a la pregunta de Albert. Anthony y Albert se extrañaron de la presencia de ese doctor en la boda de Stear.
-¿Y qué está haciendo aquí? – Preguntó Albert con cierta incomodidad en su vientre.
– Debe de haber venido con el doctor Stuart. – Dijo Candy segura que había sido ese el motivo porque era la única explicación que estuviera en la mansión.
-Nosotros nos despedimos un momento tío, debemos ir con Alexander. – Dijo Anthony con una sonrisa traviesa, había adivinado la súplica en los ojos de su tío porque no lo abandonaran, sin embargo debían ir con su bebé.
Candy y Anthony se despidieron de Albert, dejándolo junto a Isabella Brown, mientras Isabella Britter continuaba con una gran sonrisa conversando con el doctor Jackson.
-¿Vamos a bailar? – Preguntó la joven Brown al patriarca, quien se sorprendió por la osadía de la joven.
-Primero tienen que iniciar los novios y yo tengo el primer baile otorgado a la señorita Britter. – Dijo Albert con cierto alivio, pero la mirada de la joven Brown fue de decepción.
-Entonces yo bailaré contigo el siguiente. – Dijo Isabella recomponiéndose de inmediato anunciando que ella era la siguiente en la lista. Albert sonrió sin decir nada, sentía cada vez que se había metido en un lío, en uno muy grande, pensaba cada vez que veía que Isabella Britter parecía cada vez más divertida con aquel médico.
Isabella por su parte se había decidido a escuchar los consejos de Annie, ella misma no estaba dispuesta a estar como ella lo había estado con Archie en el pasado, porque a pesar de que las cosas habían funcionado para ellos, nadie le podía asegurar que sería lo mismo para ella.
-¿Bailas usted señorita Britter? – Le preguntó el Dr. Jackson a Isabella con cortesía, quien lo miró con una sonrisa amable.
-Voy a ser sincera con usted. – Le dijo sin dejar de sonreír, observando como Albert se acercaba hasta ellos en esos momentos. – Había prometido mi baile al señor William Andrew. – Dijo llamándolo formalmente por su nombre, Albert escuchó el comentario y frunció el ceño al escuchar la formalidad con la que se dirigía a él. ¿Dónde había quedado la amistad y la confianza? ¿Dónde había quedado la complicidad que habían desarrollado en todo ese año que se habían tratado? Albert no lo sabía y estaba molesto por ello. – Pero le prometo que los demás podré bailar con usted. – Le dijo con una hermosa sonrisa, sonrisa que lastimó a Albert porque no era dirigida para él y eso no le gustaba en lo absoluto.
-Buenas noches. – Dijo Albert al médico que acompañaba a la señorita Britter. – Disculpen la interrupción, pero va a iniciar el baile y…
-Lo sé. – Dijo Isabella sin dejarlo continuar, la voz de la joven era dura y sin ánimo. Albert la observó sorprendido porque había vuelto a ser la misma joven que conoció en la boda de Archie más de un año atrás. - ¿Me disculpa un momento Dr. Jackson? – Preguntó Isabella con verdadera amabilidad al joven y atractivo médico.
-Ya le dije señorita Britter que me puede llamar Thomas. – Dijo el doctor con una gran sonrisa. Isabella respondió con una hermosa sonrisa para después negarse a sujetarse del brazo de Albert, el rubio se sintió más molesto que nunca por ser rechazado.
-¿Qué es lo que sucede? – Preguntó Albert por fin a la joven quien caminaba a un lado de él pero sin tomarlo en cuenta.
-¿Perdón? – Preguntó Isabella como si estuviera totalmente distraída. Albert suspiró con enfado.
-Tenemos que hablar. – Le dijo tomándola del brazo para después llevarla hasta el despacho para poder hablar sin interrupciones.
-¡Suéltame! ¡Me lastimas! – Le dijo Isabella una vez que estuvieron a solas. Albert la soltó apenado por haberla llevado en contra de su voluntad hasta ahí.
-Lo siento. – Dijo apenado soltándola avergonzado. – No fue mi intención lastimarte, yo solo quería hablar contigo. – Dijo explicando el motivo por el cual la había llevado hasta ahí.
-¿No te pareció más fácil pedírmelo? – Le dijo Isabella con molestia, a la defensiva, sabía que si actuaba de otra forma no se iba a contener y volvería a aceptar continuar con aquella amistad que ya le lastimaba.
-¿Hubieras aceptado? – Preguntó Albert irónico, seguro que no lo habría hecho.
-¡Por supuesto que no! – Dijo Isabella con molestia, no quería hablar con él, no después de haberlo visto hablar tan encantadoramente feliz con su tocaya.
-Pues no tuve más opción. – Dijo Albert cruzando sus brazos frente a ella. Isabella lo miró con más enfado que antes.
-¡Pero cómo te atreves! – Le dijo acercándose a él en forma amenazante, con sus brazos sobre sus caderas y sus hermosos ojos encendidos en furia. Albert la miró de cerca, jamás la había visto tan de cerca, jamás la había visto tan hermosa como en esos momentos. No hubo palabras por parte de él, simplemente tomó acción y la tomó por la cintura para besarla apasionadamente.
Isabella se sorprendió por la reacción de Albert abriendo sus ojos con total sorpresa, mientras el rubio continuaba besándola con desesperación, poco a poco fue cediendo ante el anhelado beso, cerrando sus ojos para después aferrarse a su cuello con la misma pasión con la que le era arrebatado el primer beso. Albert continuaba con aquella caricia, sintiendo que su estómago comenzaba a desprender un millar de mariposas volar en su interior, mientras Isabella sentía que sus piernas se perdían entre el piso. El arrojo de Albert hizo que su lengua se introdujera en la boca de la joven, buscando incrementar la pasión de aquel beso, aquella pasión que tenía contenida en su interior y que se estaba desbordando en un momento. Isabella sintió que la lengua de Albert invadió su boca, algo que la tomó una vez más con sorpresa.
-¿¡Pero qué te has creído!? – Dijo Isabella empujando a Albert sorpresivamente, cubriendo sus labios como si hubiese sido algo malo lo que había pasado. Albert la miró con sorpresa cuando intempestivamente su mano se movió hacia su mejilla y le asestó un buen golpe.
-¿¡Qué pasa contigo!? – Preguntó Albert confundido al sentir su mejilla arder por la bofetada. - ¿¡No era eso lo que querías!? – Preguntó Albert sin salir de su confusión. Isabella lo miró con sus ojos muy abiertos inundados de lágrimas. Albert hasta ese momento se arrepintió de haberla besado de esa forma.
-¡No de esa forma! – Dijo Isabella intentando recomponerse, sin embargo las lágrimas comenzaron a correr sus mejillas, pero su cuerpo seguía firme mirando de frente a Albert con las manos apuñadas. – Creí que eras un caballero. – Le dijo limpiando con dureza una de sus lágrimas. Albert la miró arrepentido.
-Lo siento, fui un torpe. – Le dijo avergonzado, sintiendo culpa por haber creído que ella quería besarlo, pensaba que lo estaba rechazando por el doctor que acaba de conocer. – Creí que tú sentías algo por mí… - Dijo una vez más. Isabella lo observó sorprendida.
-Yo te amo… - Le dijo molesta, con el coraje en su interior saliendo a flote, más cuando recordaba su indiferencia horas antes. – Pero ya me cansé de ser simplemente una amiga, me cansé de estar esperando una palabra de amor, yo no estoy para jugar al pretendiente que no sabe lo que quiere ni cuando lo quiere. – Le dijo sin dejar de mirarlo de frente. Albert se sintió herido con sus palabras, sabía que tenía razón, por primera vez se sentía indeciso en el amor, temía enamorarse, temía entregarse a alguien una vez más y no ser correspondido, pero ese mismo miedo lo estaba llevando a construir barreras que eran muy difíciles de penetrar.
-Isabella yo…
-No… yo tengo la culpa por hacerme ilusiones contigo. – Le dijo intentando sonar convincente, logrando que su cuerpo se enderezara con orgullo. – Pero yo no estaré esperando por más tiempo como lo hizo Annie con Archie. – Dijo una vez más mencionando a su prima. Albert abrió los ojos sorprendido, se sabía descubierto.
-Pero yo…
-¡No! – Le dijo interrumpiéndolo por tercera vez en la noche. – No quiero escucharte, no quiero saber que aún la amas, no quiero que me lo digas, suficiente es con saberlo ya… - Le dijo de nuevo girando su cuerpo para salir del despacho, tenía que salir de inmediato de ahí, su corazón dolía bastante y su actuación no era tan buena como la de Terry, así que salió de ahí dejando a Albert con la palabra en la boca y la preocupación incrementándose en su interior.
Candy y Anthony venían bajando las escaleras cuando vieron como Isabella salía del despacho, pudieron ver que la actitud de la joven Britter no era normal.
-¿Qué habrá sucedido? – Preguntó Candy con preocupación.
-No lo sé amor. – Dijo Anthony tomando de la mano a su esposa para ir hacia el despacho. – Pero creo que no ha de ser nada bueno, porque no veo a Albert por ningún lado. – Dijo seguro que algo malo había sucedido con Isabella y su tío.
-Iré con ella. – Le dijo Candy a su esposo una vez que llegaron al despacho y que vieron que Albert estaba solo. Anthony asintió, sabía que era mejor que él hablara con su tío y que Candy intentara hablar con Isabella.
-¿Qué es lo que le dijo ese médico? – Preguntó Albert a Anthony una vez que lo vio entrar. - ¿Quién lo invitó? ¿Por qué tenía que venir hoy? – Preguntó una vez más a su sobrino. Anthony suspiró antes de contestar, sabía que algo malo había sucedido entre ellos.
-Stear decidió invitar a Stuart y él invitó al Dr. Jackson para que lo acompañara. – Dijo Anthony por respuesta. Albert lo miró como si hasta ese momento se hubiera dado cuenta de él. - ¿Qué sucedió Albert? – Preguntó a su tío mirándolo fijamente.
-Ella me ama. – Dijo Albert con una sonrisa de lado, una sonrisa que mostraba que le causaba cierta alegría lo que decía.
-Lo sé. – Le dijo Anthony cruzando sus brazos para escucharlo mientras se sentaba en el sillón frente a él. Albert lo miró confundido. – Todos sabemos que ella te ama. – Dijo de nuevo el menor. – La pregunta es ¿Tú la amas? – Preguntó Anthony directamente. Albert lo miró sorprendido por su pregunta, él más que nadie sabía que él estaba enamorado de Candy, aunque si lo pensaba bien cuando estaba con Isabella no pensaba en la rubia, mucho menos había pensado en ella cuando la besó por primera vez momentos antes.
-No lo sé. – Respondió Albert incómodo, no quería revelar sus sentimientos frente a Anthony, no frente a él. Anthony suspiró imaginándose el motivo por el cual le respondía con evasivas.
-Tío es normal la reacción de Isabella, ella te ama y te ha visto con otra mujer conversando muy atentamente, creo que ella había aceptado el amor que sientes por Candy porque ella ya está casada conmigo. – Le dijo Anthony intentando analizar la situación.
-No he hecho nada malo con la señorita Brown. – Dijo Albert omitiendo lo que había dicho de Candy.
-Pero ella está muy entusiasmada contigo, todos lo vimos y puedo decirte que no está dispuesta a dejarte escapar. – Dijo Anthony sin dejar de ver la reacción de su tío, no le gustaba pensar que aún tenía sentimientos por Candy cuando ya había creído que los había superado.
-Pero a mí no me interesa. – Dijo Albert seguro de que solo había sido atento con ella.
-Pues será mejor que lo digas, porque ella también te estaba buscando hace rato. – Dijo Anthony para advertir a su tío. Albert rodó los ojos con fastidio, tenía que admitir que la admiración que pudiera tener sobre ella por sus dos atributos físicos que saltaban a la vista llegaban a aburrir en cuanto ella comenzaba a hablar tan atropelladamente. – Tío ¿De verdad no sientes nada por Isabella? – Preguntó Anthony con cierto temor en su voz, temía la respuesta y no por miedo que le quitaran a su esposa, sino por miedo a verlo sufrir nuevamente por su amor por ella.
-No estoy seguro. – Dijo Albert pensativo. – Sé que me gusta y ¡vaya que me gusta! – Dijo recordando lo hermoso de sus ojos y lo bello de sus formas. - Es hermosa, es culta, es inteligente, ¡Me reta como jamás lo había hecho nadie! ¡Me hace enojar más que la tía abuela! Me desespera cuando tiene la razón y me enternece cuando no la tiene. – Decía con sinceridad. Anthony sonrió aliviado al darse cuenta que su tío estaba enamorado, solo que estaba tan acostumbrado a sufrir por el amor no correspondido que se negaba a alejarse de ese sentimiento. – Me gusta conversar con ella por horas y me hace desear que el día comience de nuevo para ir a verla otra vez. – Decía ahora más sorprendido por sus palabras.
-Ahí tienes tú respuesta. – Le dijo Anthony con una gran sonrisa, nadie más que él para comprender lo que se sentía estar junto a la mujer que amaba.
-Y cuando la besé mi cuerpo experimento algo que jamás había sentido. – Dijo Albert apenado por revelar sus sentimientos ante Anthony.
-Eso se llama amor tío. – Le dijo Anthony seguro que así era. Albert sonrió como bobo al recordar de nuevo el beso compartido.
-Tengo que hablar con ella una vez más. – Dijo Albert dejando a Anthony en el interior del despacho para ir en busca de Isabella.
-Albert, te he estado buscando. – Dijo la señorita Brown en cuanto Albert salió del despacho. – Ha terminado el baile principal y va a iniciar…
-Lo siento mucho señorita Brown, ha surgido un inconveniente y necesito resolverlo. – Dijo Albert negándose a la petición que le hacía la joven, pero de pronto sus ojos se fijaron en la pista de baile y ahí frente a él estaba Isabella Britter bailando muy sonriente con el Dr. Jackson. – Pensándolo bien. – Dijo con molestia en su voz, ofreciendo su brazo para que la joven Brown lo tomara y llevarla a la pista de baile. Isabella Brown sonrió emocionada y se agarró del brazo de Albert con fuerza para bailar con él.
Anthony salía del despacho y se daba cuenta de todo, negando con la cabeza al ver que todo seguía mal. Candy se acercó hasta él y lo miró con decepción.
-¿Qué sucedió amor? – Preguntó Anthony a su esposa.
-Isabella no quiso hablar conmigo, me culpa de que Albert no la ame. – Dijo Candy con angustia, creyendo que su esposo tal vez se molestaría por la situación. Anthony le sonrió al ver su rostro lleno de preocupación. La abrazó por los hombros y la acercó hacia él mientras observaban lo que sucedía en la pista de baile. – Quise intentarlo de nuevo, pero llegó el Dr. Jackson a interrumpirnos e Isabella aceptó bailar con él. – Dijo de nuevo sin poder quitarse la frustración por no haber expresado sus pensamientos. Anthony besó su coronilla.
-No te preocupes, Albert se acaba de dar cuenta que está enamorado de Isabella. – Le dijo Anthony para que no sintiera que realmente ella tenía culpa de lo que estaba sucediendo.
-¿De verdad? – Preguntó Candy con emoción, sus ojos brillaban de nuevo al escuchar las palabras de su esposo. Anthony asintió con una gran sonrisa.
-De verdad, solo que no ha tenido tiempo de decírselo. – Decía Anthony mientras le indicaba a Candy con la mirada que observara lo que sucedía en la pista.
-¿Qué está pasando? – Preguntó Archie a Anthony, ellos también venían de ver a Axel.
-Parece que Albert quiere intercambiar de pareja. – Dijo Anthony imaginándose lo que sucedía en el centro de la pista.
-¿Por qué quiere cambiar de pareja? Isabella está bailando con el Dr. Jackson y Albert ha estado muy ocupado con la señorita pechugona. – Dijo Annie verdaderamente molesta con la situación. Archie, Candy y Anthony se sorprendieron con las palabras de la ojiazul, quien jamás se expresaba de manera inapropiada, mucho menos para dirigirse a una persona. - ¡Lo siento! – Dijo Annie cuando cayó en cuenta lo que había dicho. Los demás comenzaron a reír con ganas por su comentario.
-¿Qué está pasando? – Preguntó Stear quien tenía de la mano a Patty.
-Parece que el tío está buscando bailar con Isabella. – Dijo Archie sin perder de vista lo que sucedía. Stear frunció el ceño, era su boda y no quería problemas en ella, mucho menos con su tío.
-Vamos ayúdenme. – Dijo Stear a su hermano y su primo. Archie lo miró sin comprender.
Stear se dirigió a la orquesta pidiendo un cambio de música, indicando que tocara algo que pudiera ayudarlo a arreglar la situación. Un vals comenzó a sonar en el salón, un vals que obligaba a las parejas a cambiar de acompañante.
Stear comenzó a bailar con Patty, Archie con Annie y Anthony con Candy, todos los demás en la pista de baile comenzaron a bailar con su respectiva pareja. Las primeras parejas se pusieron cerca de Albert y la señorita Brown y de Isabella y el Dr. Jackson, para después iniciar el cambio de parejas hasta que se formara la que ellos deseaban.
Stear tomó a Candy, Archie a Patty y Anthony a Annie, después el novio pasó a Candy con el Dr. Jackson y tomó a Isabella, Archie tomó a la señorita Brown y Albert tomó a Patty, después Archie pasó a la señorita Brown al Dr. Jackson y tomó a Patty, Stear bailó hasta donde estaba Albert e hizo el cambio de pareja tomando a su esposa y dejando a Isabella Britter con Albert, una vez que estos y los novios estuvieron con sus parejas Anthony regresó a Annie con Archie y fue por Candy.
-Aprovecha el tiempo y habla con ella. – Le dijo Stear a Albert cuando hacía el intercambio. Albert sonrió agradecido a su sobrino y a los demás, observando que toda la confusión que habían creado entre todas las parejas era solo para regresarlo con Isabella y que la señorita Brown se quedara junto al Dr. Jackson, quien no se quejó por la compañía que le habían dejado a cambio.
Albert tomó de la mano a Isabella y se la llevó del salón de baile hasta la terraza trasera. Isabella se negaba a ir con él, sin embargo le había parecido divertida la travesura que todos habían orquestado para quitarla de los brazos del médico. Stear lo había ideado porque notó la tensión que se formaba al centro de la pista entre Albert e Isabella.
El Dr. Jackson e Isabela Brown se miraron confundidos, ninguno de los dos supo qué estaba sucediendo, sobre todo el doctor quien no se imaginaba que el patriarca de los Andrew estaba enamorado de la joven que había llamado su atención en cuanto entró al salón.
-Así se hacen las cosas. – Dijo Stear con orgullo. – Ahora espero que puedan hablar sin problema, porque yo no quiero irme de luna de miel con la preocupación de esos dos. – Dijo de nuevo el inventor, provocando la risa de su hermano y su primo, quienes se habían salido casi para terminar el baile para evitar seguir el cambio de parejas.
-También espero que hablen y se arreglen pronto. – Dijo Archie suspirando, sabía que si Isabella regresaba una vez más sin haber hablado con Albert, su suegra no lo dejaría en paz de nuevo.
El baile continuó sin ningún contratiempo más, los únicos que faltaban en esos momentos eran Albert e Isabella, quienes estaban hablando en la parte trasera de la mansión, no querían la interrupción de nadie.
-¿Qué es lo que quieres ahora Albert? – Preguntó Isabella un tanto frustrada. Estaba cansada de hablar de lo mismo y no llegar a un punto.
-Quiero hablar contigo, no me dejaste hablar hace rato en el despacho. – Dijo Albert seguro de que quería hablar.
-No tiene caso Albert, por favor, deja que te olvide por favor, deja que siga mi vida, mañana me regreso a Nueva York y te aseguro que no tengo la intención de volver a Chicago. – Dijo Isabella con el corazón hecho añicos por el dolor.
Albert se acercó a ella, la sintió temblar con su cercanía. Isabella lo miró a los ojos y pasó saliva con dificultad, ella era alta, pero definitivamente él lo era más. Albert acarició su nariz con la punta de su nariz, ella contuvo su respiración, sintió su aliento embriagarla y cerró sus ojos liberando una lágrima de tristeza.
-Por favor Albert. –Le dijo con súplica, pidiendo la dejara ir, rogando que se alejara de ella porque ella misma no tenía el valor para hacerlo. Albert sonrió con melancolía al ver su sufrimiento.
-Te amo. – Le dijo en un susurro, un susurro que acarició sus labios con su aliento. Isabella abrió los labios sorprendida por sus palabras. Albert asintió cuando sus miradas conectaron, diciéndole con sus ojos azules que era verdad lo que decía. – He sido un tonto por no darme cuenta antes, debí haberlo sabido, perdóname por no haber puesto atención a las emociones que generabas en mi interior. – Le decía con emoción. Isabella lo escuchaba feliz, creyendo por un momento que era una mentira de su mente. Su corazón latía emocionado no queriendo escuchar más de discursos, solo el te amo dicho segundos antes era lo importante para ella y que continuaba resonando en su mente.
Isabella lo tomó por el cuello con ambos brazos y ofreció su boca para que la tomara, Albert se inclinó un poco sujetándola por la cintura para volver a besar sus labios con ternura, no cometería el mismo error dos veces. Isabella intensificó el beso, queriendo volver a recrear el que habían protagonizado en el despacho, necesitaba sentirlo suyo, quería sentir que realmente la amaba, que realmente la deseaba y que ese beso significaba el verdadero amor para él.
Albert acarició su espalda y la apegó a su cuerpo, sentir el calor del bello cuerpo de la joven lo hizo estremecer, su cuerpo pedía más de ella y sus manos se movían impacientes por su espalda hasta aferrarse a sus caderas para detener su inquieto movimiento.
-Te amo… -Dijo Isabella en una pausa. – Te amo… te amo… - Le decía repitiendo una y otra vez que lo amaba. Albert se sintió dichoso, cada que escuchaba que lo amaba su confianza en el amor iba aumentando, reconociendo que él también la amaba como jamás había creído podría volver a amar a alguien.
-Te amo… - Le decía en respuesta. – Te amo… - Agregaba una y otra vez, repitiendo junto con ella esas dos dulces palabras que tanto hubiera deseado escuchar en labios de alguien más, pero que para esos momentos escucharlos de Isabella era lo mejor que le había pasado en años.
-No puedo creer que esto esté pasando. – Le decía Isabella con la frente puesta en su frente, sin despegar sus rostros, mezclando sus alientos, sintiendo como sus bocas necesitaban corroborar una vez más que era verdad ese momento.
-Está pasando, no lo dudes ni por un momento, te amo, te amo tanto… y también te necesito. – Le dijo volviendo a besarla con mayor intensidad. Isabella se aferró más a él fundiendo sus formas con las de él, sentía la necesidad de demostrarle cuanto la amaba y sentía la necesidad de que él se lo demostrara. Una mano viajó hasta uno de sus glúteos y un gemido escapó por sus labios. Albert se volvió loco de placer al sentir como su cuerpo se removía en sus brazos, podía sentir la vibración de su cuerpo, el calor que emanaba de ella al sentir sus caricias.
-También te necesito. – Dijo Isabella para sorpresa de Albert, quien no tardo en acariciar con sus manos ambos glúteos. Isabella abrió sus labios presa del deseo, Albert la exploró con su lengua, intercambiando su saliva de manera demandante.
-¿Quieres casarte conmigo? – Preguntó Albert de pronto. Isabella dejó de besarlo y abrió sus ojos confundida por su pregunta, pareciéndole demasiado rápido aquella propuesta.
-¿No te parece que es demasiado pronto? – Preguntó ella confundida. – Acabas de darte cuenta de tus sentimientos. – Dijo de nuevo preocupada porque tal vez fuese solo una confusión de su parte. Albert negó a su pregunta.
-Llevo más de un año cortejándote. – Le dijo reconociendo que todo ese tiempo lo había hecho sin pretender hacerlo. – Llevo un año viajando a Nueva York para verte, para estar contigo, para escuchar tus pláticas y hoy me he dado cuenta que estoy enamorado perdidamente de ti, no lo tomes como un escape o un arrebato. – Le decía mirándola a los ojos. – Te amo y te necesito, necesito tenerte a mi lado, necesito que seas mía, que seas mi compañera, mi mujer, la madre de mis hijos, cuando regreso de Nueva York extraño las noches cuando no te veo, extraño tú compañía, nuestras charlas por las tardes, eso es lo que deseo para mí todos los días y tú eres la única que puede remediarlo. – Le dijo una vez más. Isabella tenía sus ojos inundados de lágrimas, le parecía imposible que hubiese dejado una huella tan profunda en él y que apenas se hubiera dado cuenta.
-¿Apenas te das cuenta de ello? – Preguntó Isabella con travesura, ella ya se daba cuenta que la extrañaba cuando regresaba a Chicago, solo que también creía que le gustaba discutir con ella cuando tenían un desacuerdo, porque era el pretexto preferido de él para continuar con su charla por teléfono.
-He sido un tonto. – Le dijo Albert sincero.
-Lo has sido. – Le dijo Isabella sin arrepentimiento. Albert sonrió y la miró con travesura, le gustaba que fuera capaz de decirle sus verdades sin tener consideración de ello. – Pero aun así, acepto. – Le dijo de pronto, causando sorpresa en el rostro de Albert, quien se acercó a ella y la levantó para acercarla una vez más a sus labios.
Por la ventana de la mansión, los tres sobrinos y sus parejas observaban con una gran sonrisa que por fin aquella pareja se había entendido y que al juzgar por la manera en la que se estaban besando eran ya una pareja.
-Bueno, creo que ahora sí nos iremos más tranquilos. – Dijo Stear con una sonrisa, mientras los otros reían y palmeaban su espalda festejando su broma.
-Creo que si hermano. – Dijo Archie más tranquilo. – Y qué bueno que haya sido así. – Dijo una vez más suspirando.
-¿A qué te refieres? – Preguntó Anthony sin comprender las palabras de su primo.
-A que la mamá de Annie todos los días me pregunta porqué Albert no se ha declarado a su sobrina. – Respondió Archie con cara de alivio. Annie sonrió traviesa, ella también agradecía que Albert no hubiera resultado tan lento como había sido a Archie con ella, más porque sabía que Isabella no era tan paciente como ella lo había sido.
-Bien entonces tú también podrás descansar y Anthony igual. – Dijo Stear cerrando un ojo a su primo, aprovechando que las jóvenes se distraían un poco. Anthony sonrió comprendiendo el motivo de su comentario.
-Bien, creo que es hora de que tú inicies tú luna de miel. – Dijo Anthony a Stear, quien sonrió travieso por escuchar aquello.
-Creo que tienes razón. – Dijo Stear decidido a tomar a su esposa de la mano y llevársela de ahí. – De lo contrario el tío nos ganará también en eso. – Dijo con una sonrisa traviesa al ver que Albert continuaba muy entusiasmado con los besos a su novia.
Anthony y Archie sonrieron tímidos por lo dicho por Stear, girando discretos su rostro para evitar ver lo que sucedía en el balcón.
Stear y Patty se despedían de los invitados dispuestos a irse de una vez a su luna de miel, la boda había sido bastante entretenida para ellos, pero ahora deseaban estar solos por fin, sobre todo Stear quien era el más impaciente por llegar hasta su destino para comenzar a convivir con su ahora esposa, el grito de viva los novios se volvió a escuchar entre los invitados y el automóvil de Stear se echó en marcha para después escuchar con susto cómo los fuegos artificiales puestos por Archie y Anthony explotaban al pasar por el camino rumbo a la salida.
Las carcajadas de Anthony y Archie por el susto que se había llevado Stear no se dejaron de esperar, mientras el joven inventor se reía por haber sido tomado por sorpresa por haber probado su misma sopa, el meneo de sus manos indicaba que se despedía con una gran sonrisa llena de felicidad. Lo esperaba una vida llena de sorpresas y eso era lo que quería descubrir aquella noche.
Continuará…
Buen día hermosas, buen inicio de semana, espero que estén muy bien y espero que les haya gustado este capítulo, por fin Stear se casó y Albert se decidió por una de las Chavelas (Así se les dice en México a las Isabel) Se preguntarán por qué las dos se apellidan con B, lo que sucede es que iba a haber una confusión con las iniciales también no solo con el nombre, I.B. sin embargo todo quedó en la nada al momento de escribir y pues espero que no les haya causado mucha incomodidad o confusión a la hora de leer.
TeamColombia:
Hola hermosas, ¿Cómo están? Espero que estén muy bien y sobre todo que hayan pasado un excelente fin de semana. Me alegro que les haya gustado el capítulo anterior, muchas gracias por sus lindos comentarios y por sus bendiciones, gracias por ser tan fieles y lindas a cada una de mis historias. Espero regresar pronto con otra. Les mando un fuerte abrazo y por supuesto bendiciones para cada una de ustedes.
Rose1404:
Hola hermosa! Me alegro que estés bien e igual tu bebito hermoso, que bueno que te preparaste con tiempo para que no te tomaran las prisas, siempre es bueno prevenir. También me emocioné con el nacimiento de los pequeños siempre me conmueven las escenas así. Creo que el señor Cornwell a la otra tendra su nieta jijijijiji, me lo dijeron en la línea dos jiijiji. Albert por fin se decididió después de un año de trato con la joven Britter, ya tiene a su futura esposa por fin!. Muchas gracias como siempre por comentar, gracias por tus lindas palabras y por estar siempre atenta a cada actualización. Te mando un fuerte abrazo amiga y un beso virtual para tu bebé.
Mayely León:
Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que con más tiempo, aunque por las fechas sé que es muy difícil tenerlos, yo ando muy ocupada, sin embargo quiero darme el tiempo de terminar de publicar, es la última semana de clases y es de exámenes también, ya te imaginarás, pero aquí seguimos intentando terminar el año en tiempo. Te mando un fuerte abrazo hermosa.
Julie-Andley-00:
Hola hermosa, ¿Cómo estás? Me has sonrojado con tú comentario, muchas gracias por esas palabras, agradezco mucho tú sinceridad y tu tiempo para leer, gracias por no perderte ningún capítulo, la verdad que lo aprecio mucho y me alegra que te haya gustado. Te mando un fuerte abrazo amiga.
Luna Andry:
Hola hermosa! Un gusto leerte por aquí! Me alegra que te hayas puesto al corriente y me honra que leas mi historia. Te cuento que esta historia la comencé mucho antes que otras y si confieso que me tomó más tiempo armarlas que otras precisamente por la continuidad entre las líneas del tiempo, fue más difícil que las demás por eso la había postergado, pero por fin está aquí a punto de culminar. Cuando leí tú comentario me reí con lo último que pusiste sobre Albert y como escritora que eres tienes una visión distinta a las demás, por lo pronto aquí él es feliz ya con su pareja Isabella Britter. Te mando un fuerte abrazo hermosa, muchas gracias por leer y comentar.
María José M:
Hola hermosa! cómo estás? Espero que bien, cómo ves dos capítulos con Candy pariendo diferentes chamacos, que dolor para la pobre rubia no? pero lo bueno que sus hijos nacieron bien. Creo que la preocupación de Anthony por Candy y el amor que le tiene lo hace actuar con naturalidad, algo que se ve solo en las parejas que se aman de verdad. Y llegó la boda de Stear y la revelación de los sentimientos de Albert, espero que te haya gustado el capítulo, me alegra que te gustara el anterior. Te prometo que haré el esfuerzo de tener los tres capítulos para esta semana, así que prepárate para comentar los tres jijijiji. Te mnco un fuerte abrazo.
lemh2001:
Hola hermosa, ¿Cómo estás? Espero que muy bien. Es un dolor muy grande, no me dejarán mentir las madres y más las que ya hemos tenido alguna complicación en la hora del parto, aunque no como la pobre Candy, o alguna de las que han parido en mis historias, no me puedo quejar tanto jajaja. Y Stear se casó por fin y a pesar de disfrutar la fiesta no dejó de lado darle una ayudadota al patriarca, quien por inseguro por poco echa todo a perder. Candy ya no regresará a trabajar, decidió quedarse a cuidar a sus hijos y al guapo de su marido jejejejeje. Aguas cuando una mamá está en labor de parto, mejor ni decir nada jajajaja. Muchas gracias por leer amiga y sobre todo por comentar. Te mando un fuerte abrazo.
Muchas gracias a todas y cada una de las personas que leen en forma anónima, gracias por estar al pendiente de cada actualización, me alegra que estén pendientes de la lectura y de permitirme entrar a su vida por este medio, les mando un fuerte abrazo, bendiciones y mi más profundo agradecimiento.
GeoMtzR
11/12/2023.
