Red Velvet
Capítulo 2: Desahogo
…
Nuevamente estaba viéndose sumergida en los recuerdos, en los fantasmas de su pasado, luego de años sin escuchar palabra alguna de su mente autodestructiva.
No quería darle a su ex prometido ningún mérito, pero realmente le había afectado lo que había sucedido. Al final de día, se había acostumbrado a su nueva normalidad de una mujer comprometida y trabajadora. Ahora debía volver al agujero de donde salió e intentar armar los trozos destruidos de su existencia. Sola de nuevo.
"¿Weiss?"
Cuando Ruby la miró con curiosidad, se dio cuenta que había permanecido callada durante mucho tiempo, incluso puede que se hubiese perdido parte del monólogo al verse envuelta en los recuerdos. Esta le sonrió cuando sus miradas se juntaron, rascando su nuca, desordenando su cabello en el proceso.
"Lo siento, hablé demasiado."
Negó, agradeciendo su preocupación. No le molestaba. De hecho, prefería que esta estuviese hablando, así no se vería en la obligación de ser ella quien intentase destruir ese silencio. No estaba lista para hablar de lo que la acongojaba.
"Está bien."
Ruby negó, y pudo ver una mueca muy infantil en su rostro. Esta se levantó de la cama de un salto, y la tomó de las muñecas, con la intención de ayudarla a pararse. Las manos eran grandes y hacían lucir sus muñecas delgadas y débiles, pero le llamó más la atención lo cálido contra su piel gélida. No recordaba la última vez que un desconocido la tocó, y no habría permitido esa acción en lo absoluto, sin embargo, nuevamente culpaba a su letargo ante la falta de sueño.
"Oh no, no lo está. Dime lo que sea que quieras hacer y lo haremos. Tienes que relajarte, no has dejado de tener esa arruga durante todo este rato."
Se vio soltándose del agarre solamente para llevarse las manos al rostro.
"¿Arruga?"
La chica rio sonoramente, llevando uno de sus dedos al punto exacto donde estaba la supuesta arruga, la cual se formaba justo entre sus cejas.
"Sip."
Soltó un suspiro.
Si, estaba tensa, ni siquiera por la situación en particular, si no por todo lo que había ocurrido en el último tiempo. Había cosas que ni siquiera podía contarle a su prometido- ex prometido, porque podía generar cierto malestar en su relación. No le gustaba juntar su trabajo con las relaciones amorosas, pero ahora que lo pensaba, tal vez fue él el que hizo aquello. Ni siquiera quería saber que clases de conversaciones tenía con su padre a solas en su oficina, que planeaban a sus espaldas.
Ahora le causaba repulsión el simple hecho de haberse comprometido, el haber dejado que este la tocase, que la mostrase como un trofeo. Realmente estuvo ciega, y el trabajo como directora de la compañía no hizo la tarea de percatarse más fácil, consumiéndose en su deber.
Miró a la chica, la cual le sonreía tranquila. Esperando pacientemente.
No sabía porque era tan cómodo el estar ahí, porque a parte de su nerviosismo, si, se sentía cómoda. Tal vez era porque la chica se dedicaba a eso o porque no se conocían en lo absoluto. No tenía idea.
¿Qué tenía que perder?
No, en ese momento lo único que temía perder era a si misma, y por Dios que se perdió durante años.
"Solo quiero hablar un poco, desahogarme. Espero no te moleste."
Le dijo, y esta asintió, sus ojos brillantes cuando al fin tuvieron una respuesta.
"Yo no tengo problema alguno. Ya te dije, soy buena escuchando."
Sus ojos plateados miraron su propio atuendo, fijándose en la bata de seda que llevaba puesta. Luego parecía un poco incomoda, una sonrisa nerviosa en sus labios, una de sus manos fue a su nuca, desordenando sus cabellos una vez más. De por su ya tenía unos mechones cortos desordenados, y ahora aumentaron.
"Nunca deja de sentirse extraño el solo conversar y estar vestida así."
La observó, notando como la piel desnuda llegaba hasta el borde de la bata. No era difícil unir los cables y darse cuenta que debajo de la tela no había nada.
OH.
Negó con el rostro, intentando no enrojecer.
Fue a ese lugar con la excusa de tener sexo salvaje y así dejar de sentirse una perdedora recatada y al fin liberar un poco de tensión, pero se avergonzaba con el simple hecho de que su acompañante vestía nada más que una delgada capa de seda roja.
"No tenía claro que iba a hacer cuando llegase aquí. O al menos lo fui olvidando cuando perdí la convicción. Solo vine aquí por un impulso."
Ruby la miró, atenta. Luego de unos momentos soltó una risa.
"No te preocupes, Weiss. A muchos les ocurre. A veces solo quieren olvidarse de sus problemas y creen que este es el lugar perfecto para eso. Pero al contrario de lo que piensa mi hermana, hay otras formas de soltar tensión, no tiene que ser solo sexo."
Sintió una de las manos ajenas en las suyas. Las yemas de los dedos de la chica pasaban por sus nudillos, lentamente, como dibujando patrones en su piel. Se vio temblando ante el tacto, escalofríos subiendo por sus antebrazos. Realmente no sabía lo que era que un desconocido la tocase, era extraño, y aún más extraño era el no quejarse al respecto.
"Ya te dije, aquí es un lugar seguro, confidencial, así que siéntete libre de hablar. Luego si vienes de nuevo y sabes que quieres, solo tienes que pedirlo en la lista de atuendos."
Dejó de lado la calma que la caricia le daba, cuando escuchó lo último.
"¿Lista de atuendos? ¿Qué es eso?"
Esta solo rio de nuevo.
"Es como un menú al que puedes acceder con la recepcionista. Hay variedad de trajes y de disfraces que puedes elegir para tu acompañante. Hay un cliente de mi hermana que la hace vestir como vaquera siempre que viene. Cuando le llega el aviso de que tiene que vestirse así antes de ir a la habitación, ella de inmediato sabe quién es. Así que ahí tienes otra opción si es que no te acomoda esto."
Ruby terminó de hablar mientras tiraba de su bata. En realidad, no le molestaba. Tampoco era tan claro el que no tuviese nada, y era lo suficientemente ancha para dar espacio a la imaginación. Pero ciertamente lo iba a tener en cuenta, solamente por curiosidad. Probablemente tuviese un cargo extra al momento de pagar, pero no debía ser demasiado. Ella podía costearlo con facilidad.
Oh.
Se sintió extraña al suponer que vendría una segunda vez.
Tal vez debería. No se sentía asqueada como imaginó. De hecho, imaginó cosas horrendas.
Se acomodó en la cama, quedado sentada de mejor forma, aunque aún se sentía muy tensa, muy recta. Cerró los ojos, y se dedicó a concentrarse en las caricias que la chica seguía dándole en la mano. Era gracioso, como que se acercaba a su espacio personal, pero mantenía la distancia lo suficiente para tocarla y que no resultase ser incómodo. No entendía porque, pero era así. Tal vez era simplemente alguien confiable, honesta, natural. Se dedicaba a eso, se convencía, debía ser la razón de lo agradable del tacto.
Tal vez debía dejar de rodearse de gente falsa.
No, era imposible, su trabajo y su familia solamente atraían ese tipo de personas.
Soltó otro suspiro, y Ruby cambio el ritmo de sus caricias, ahora más bien parecía un masaje, sus dedos pasando por los propios, masajeando sus largos dedos, sus yemas, sus falanges. Abrió los ojos, con la excusa de mirar a la chica, y esta no la miraba, solo miraba sus dedos, concentrada en lo que hacía.
Era extraño, pero no le desagradaba.
Incluso con algunas masajistas tenía cierta incomodidad a que le tocasen el cuerpo, y ellas también se dedicaban a eso. Simplemente no había lógica tras lo que sentía.
"Acabo de enterarme que mi prometido se ha estado viendo con otra mujer."
Los plateados la miraron con asombro, había una expresión de duda en todo su rostro, pero se mantuvo silente para no interrumpirla.
"Si no se le hubiese quedado el teléfono en casa, tal vez me habría demorado aún más en averiguarlo. ¿Cómo puedes pedirle matrimonio a alguien y elegir el acostarte con una cualquiera? Y ni siquiera acostarte solamente, tener una relación fuera del compromiso. Solo faltaban dos meses para que nos casáramos."
Ruby abrió la boca, su ceño fruncido, pero se calló a sí misma. Le dio la palabra, si quería decir algo podía hacerlo, pero le pareció adorable que esta no quisiese decir nada para no meter la pata.
"¿Estas bromeando? Eres demasiado bonita, y pareces inteligente y agradable, ¿Cómo te deja por alguien más y de esa forma tan horrenda? ¡No puede haber comparación entre ella y tú!"
Sintió su ego inflarse, lo que se sintió muy agradable. Esta no la conocía, pero agradecía sus palabras.
"Lo sé ¡Eso mismo pienso yo! ¿Cuál es su maldito problema?"
Era Weiss Schnee, por el amor de dios.
Luego de un momento, solo sintió ese ego inflado en su pecho, desinflarse.
Era Weiss Schnee. Ese era el problema. Siempre fue el problema.
Ruby la vio decaer, y sujetó su mano, apoyándola en silencio.
"Tal vez solo quería tener una relación con alguien que no fuese tensa y recatada como yo. Alguien menos estricta, menos controladora, más libre de obligaciones, incluso libre de mente y cuerpo. Supongo que hasta puedo comprender porque lo hizo."
Sintió la migraña volviendo, y se sujetó de las sienes con su mano libre, intentando que su mano fría calmara un poco el golpeteo en su cabeza. En serio no podía creer que tuviese un destino así. ¿Qué iban a decir los medios cuando se enterasen? Iba a ser la cornuda de Atlas, su rostro iba a aparecer en todos los periódicos y quien sabe cuántas barbaridades dirían de ella en internet.
Ruby la distrajo al soltar un bufido.
"Pero eso no es excusa. Lo correcto hubiese sido el haber cancelado el compromiso si es que no sentía cosas por ti. Lo que sigo pensando que es una estupidez de su parte."
Soltó una leve risa ante sus palabras, y ni siquiera creía que era capaz de reír a esa altura.
Él era un imbécil sin duda.
Negó.
"Él no haría eso. Nuestra unión le haría ganar muchas cosas, dinero, riquezas, reconocimiento. Tal vez la chica sucia esa era muy buena en todo, pero debía de ser una pobre diabla, o si no me habría dejado apenas tuvo la oportunidad de huir con ella."
Ruby frunció los labios, y luego le dio un apretón a su mano, que aún tenía firmemente agarrada.
"Al menos te enteraste ahora, y no luego de haber consumado el matrimonio. Si dices que solo le interesaba tu dinero, tal vez habría hecho algo antes de que pudieses echarlo o algo así. No lo sé. Cosas de villanos."
Asintió. Ruby tenía razón. Tal vez habría hecho lo mismo que su padre. Poner su nombre en todo, domicilios, inversiones, empresas, acciones. Luego no podría perder nada, aunque dejaran la relación. Y yendo aún más lejos, tal vez le daría hijos bajo el nombre del amor, de la familia, pero que luego se daría cuenta que era solamente para tener más estabilidad aún. Para tener peones a su alcance. No quería tener hijos bajo un matrimonio falso, con amor falso. No quería que ellos pasaran por lo que ella misma pasó cuando niña, cuando se enteró que solo eran un acto de la manipulación y no un acto de amor.
Se quedó mirando la nada, sus ojos pesados.
La situación era desagradable, y el imaginar en lo que habría ocurrido, la dejaba nauseabunda.
Se sentía perdida en la nada.
Tal vez se había acostumbrado a su presencia, y se odiaba por eso.
Salió de su trance cuando la mano de Ruby tocó su hombro, suavemente, como con miedo a molestarla.
"Hey, no quiero sonar mal, pero, ¿Por qué querer conversar conmigo y no con algún amigo tuyo?"
Le llamó la atención la pregunta, y no, no lo tomó personal. Ya había superado eso, años atrás.
"Honestamente, no soy muy buena para hacer amigos. Y la única persona en la que confió probablemente mandaría sicarios a buscar la cabeza de mi prometido."
Ruby soltó una risa.
"Bueno, entonces somos parecidas en no ser buenas en eso de hacer amigos. E imitando tu honestidad, también mandaría a sicarios por él si tuviese el dinero, incluso iría yo misma a golpearlo."
Eso le sorprendió, ambas cosas. Algo no le hacía sentido, era una mujer agradable, lucía como alguien carismática que tenía muchos amigos.
"¿Lo somos? No te conozco, pero suenas muy confiable y agradable. No pareces tener problemas para hacer amigos."
"Bueno, siempre tuve a Yang, así que cuando entré a la escuela, no quería hacer amigos, y ella insistió en que debía hacerlo ya que ella no estaría siempre para mí. Sentí mucha presión de hacer amigos, así que fui muy extraña al momento de lidiar con personas. Luego simplemente dejé de intentarlo y ahora que trabajo aquí, he ido mejorando de a poco, aunque aún me pongo nerviosa a pesar de los años. Supongo que no se me da tan mal el hablar con las personas, pero si pienso en hacer amigos, simplemente no puedo, soy un caos y sucumbo ante la presión."
La chica sonrió, nerviosa, con vergüenza de su pasado, y no la culpaba por eso. Se la imaginaba un poco más joven, ya que de por si lucía infantil, escondiéndose detrás de su hermana. Ella misma también estuvo en esa posición, protegiéndose detrás de Winter, o al menos intentándolo.
Ruby ladeó el rostro, una sonrisa curiosa en sus labios.
"¿Y cuál es tu excusa?"
Su excusa para ser mala haciendo amigos, si, tenía una muy grande.
"Mi familia es rica y estricta, así que por muchos años tuve educación en casa, y cuando logré estudiar fuera, todos sabían quién era yo, así que era incomodo hablar con cualquiera. O me odiaban, o me trataban como una princesa, no había punto medio. Finalmente me di cuenta que tal vez estar con personas no era lo mío. Tal vez estaba destinada al aislamiento."
Soltó un suspiro, sintiéndose mal. Sintiendo lastima de sí misma.
No era la primera vez.
Culpar a su familia de todos sus problemas siempre parecía la solución, pero, tal vez, era su propia culpa. Tal vez, era solo su personalidad. Su irritante y molesta personalidad de la que todos hablaban, tanto cuando era una niña, como una adolescente, y luego una adulta. Las mismas palabras tras su espalda.
Incluso su prometido era así. El solo pensar en cómo este hablaba de ella con sus amigos o con la sucia mujer aquella, le daba nauseas. La migraña comenzó a volver. Se sentía fatal, ya no quería tener que hablar de nada que le trajese recuerdos, se sentía ya demasiado mal para recordar su pasado de mierda.
"Te ves muy cansada, Weiss. Deberías descansar."
"Uhm."
Era tanto una afirmación como una negación. Estaba cansada, sí, pero no quería tener pesadillas, como las que tenía sobre su padre, ahora con el otro hombre en primera escena, simplemente no estaba preparada para lo que sea que cerrar los ojos le trajese. Pero si, estaba agotada. No durmió absolutamente nada, pensando en todo lo que estaba ocurriendo. Temía que su ojo dejase de funcionar debido al cansancio y no tenía sus medicamentos a la mano, salió demasiado deprisa para siquiera asegurarse que los llevaba en su bolso.
Sintió movimiento a su lado, y cuando tuvo la energía de mirar a su acompañante, la vio acomodándose en medio de la cama con sus piernas cruzadas, su espalda apoyada en los cojines, mientras dejaba otro cojín sobre sus piernas, y lo golpeó levemente.
"Ven aquí, aun tienes tiempo de sobra para dormir. Te despertaré cuando estemos a tiempo."
En cualquier otra instancia, habría dicho que no.
¿Dormir sobre una desconocida?
Oh, pero el solo pensar en dormir era suficiente para que sus ojos se sintiesen aún más pesados, así que la invitación era más que bienvenida.
Estaba loca, y adormilada, no podía pensar claramente. Y el alcohol, también culpaba al alcohol.
Se sacó los tacones y se acomodó en la cama, dejando caer su cabeza en el lugar. Y se sentía tan cómodo, tan agradable. Había un aroma a rosas que la calmaba por completo.
"Nunca he dormido con un desconocido."
Dijo, soñolienta. Las manos de Ruby comenzaron a moverse, inquietas. Pasaban por su cabello, por sus mechones, acariciando su frente. Realmente no entendía como permitía todo eso, pero si había ido ahí, era para ser alguien diferente, o al menos darse el lujo de serlo por al menos unas horas. Aun así, estaba segura que se iba a arrepentir cuando despertase. Siempre se arrepentía.
"Ya te dije mi nombre, no soy desconocida. Espero ayudarte a descansar."
Ruby dijo, antes de empezar a entonar una canción. Su voz, normalmente aguda, bajó bastante de tono, sonando grave y tranquilizadora.
Dicha canción, le trajo recuerdos de su infancia. Buenos recuerdos. Tal vez primera vez en esas horas que tenía un pensamiento que no fuese doloroso. Un recuerdo que no fuese causante de una cicatriz en su alma.
Sin darse cuenta, terminó siguiendo la canción, entonando la letra tal y como la recordaba. Era una canción de cuna, y no la oía hace mucho, aun así, tenía la voz de su madre aun en su cabeza, incluso fue de las primeras canciones que aprendió a tocar en el piano. Le tenía cariño a esa melodía.
Ruby se detuvo, y le dio una mirada de reojo. Esta parecía sorprendida.
"Cantas muy bonito."
Soltó una leve risa, sus ojos cerrándose.
"Cantaba cuando niña…"
Ruby dijo algo en ese momento, pero no fue capaz de escucharlo, su cabeza adormeciéndose. Los buenos recuerdos de sus recitales, cuando no eran planeados, llenaron su mente. Esa sensación tan agradable la inundó, así como el aroma que venía de la chica.
Se vio dormida tan rápido que no creyó que fuese posible.
No había pesadillas.
No había situaciones incomodas.
No había nada. Ni su padre, ni su hermana, ni su prometido.
Solo paz.
Creyó que su mente le haría daño, como cuando estaba despierta, pero no fue el caso. No había ni bruma ni penumbra, nada, solo la silenciosa imagen del teatro a sus pies, de las teclas en sus dedos, de las luces claras cegándola, impidiendo ver nada más que a si misma. Sin caras, sin obligaciones, sin maltratos, solo ella y su música. Era un pasado que enterró, ya sin ser capaz de volver a posar sus dedos en las teclas o entonar la más mínima melodía. Por un momento, aquella imagen fue un alivio y no la tortuosa realidad que la mantenía alejada de ese mundo como si se tratase de un asunto de vida o muerte.
Esa Weiss ya no existía.
Weiss.
Weiss.
Weiss.
Weiss...essuu...neeuh...
Ni siquiera abrió los ojos, solo se quedó ahí, su cuerpo volviendo a la vida, su cabeza desperezándose. ¿Que estaba escuchando? Le costaba hallarle sentido. Oh, si, era una malísima pronunciación de su apellido. ¿Y decía conocer a Blanca Nieves? Has fallado, Ruby.
"Schnee."
"¡Eso! Weiss Schnee, es hora de despertarse."
Se levantó un poco, sentándose en la cama, mientras abría los ojos para mirar a la chica, la cual le sonreía. Supo con claridad en ese momento que Ruby no conocía para nada su apellido para no poder pronunciarlo. Todos lo conocían, por ende, sabían pronunciarlo ya que llevaba siendo un tema de boca en boca desde que tenía memoria, así que era claro que el que esta no la reconociera no era de adrede, está realmente no la conocía.
Eso la dejó tranquila.
Notó finalmente como esta también parecía más descansada.
"¿Dormiste? ¿En esa posición?"
Ruby la miró con sorpresa, y luego rio con esa mueca nerviosa.
"No iba a dormirme, pero no sé, estabas tan tranquila durmiendo que me dio sueño. Y vaya, tienes el sueño muy pesado."
Pestañeó un par de veces.
"¿Qué te hace decir eso?"
Esta solo se levantó de hombros.
"Desperté hace unas horas por un calambre. Así que me cambie de posición. Levanté tu cabeza con cojín y todo para no despertarte y vaya ni te inmutaste. Tal vez estabas muy cansada."
Bueno si, probablemente era eso.
Le hizo sonreír la preocupación de la chica al impedir que despertase. No esperaba tanta preocupación, sin duda.
"¿Cómo dormiste?"
Esta le preguntó, y ya se estaba acostumbrando a la sonrisa de la chica, así que no se sentía tan extraña al verla dándole esa mueca que era tan desconocida en su vida cotidiana. Las sonrisas no existían, y podía contar con una malo los que le sonreían con buenas intenciones, como Coco y Klein, su mayordomo que prácticamente la crio.
"Bastante bien, gracias."
Los ojos plateados brillaron, se notaba feliz.
"Me alegro."
Sus palabras eran honestas.
Se levantó de la cama, poniéndose sus zapatos y se estiró, arreglando su ropa. La chica se mantuvo ahí, sentada mirándola, luego la vio saltar de la cama, acercándose. Dio un salto al verla moverse tan rápido. Esta se detuvo a unos centímetros de ella y estiró sus manos para arreglar el borde de su camisa, la cual estaba doblada. Esta rio y se alejó, luego de cumplir su cometido.
"No pareces del tipo de gente que se permite el andar desordenado por la calle."
Se vio enrojeciendo.
Asintió.
Era verdad. Siempre era muy perfeccionista, y no se iba a permitir el que pareciera que anduvo de parranda toda la noche, o mañana. Obviamente tenía que entrar al tocador y se arreglaría ahí cualquier desperfecto, pero aun así aceptaba la intención.
Esta vez fue ella quien se acercó a la chica, y aplastó un par de cabellos que parecían desafiar la gravedad, no entendió a que vino ese movimiento tan repentino y tan fuera de sí misma, pero culpaba a que estuviese aun media dormida. Debía de ser eso.
Ruby soltó una risa nerviosa ante el tacto, pero al mismo tiempo parecía acercarse a su mano, como si se tratase de un cachorro. Fue adorable, para una prostituta. Realmente se le olvidaba lo que era la chica, ya que no se parecía para nada a lo que sus prejuicios le definían a alguien que tenía aquella profesión.
"Y tu no pareces ser de la gente que se preocupa por su apariencia."
Esta sonrió ampliamente, sus dientes blancos.
"Acertaste."
Se acercó a la pantalla que ahí brillaba, mencionando los pocos minutos que tenía a su disposición. Y veía las sombras de las estrellas.
"¿Y esto?"
Ruby se acercó, mirando la pantalla junto a ella.
"Ahí puedes calificar el servicio."
Miró a la chica, sus ojos observándose mutuamente. Acercó su dedo a la pantalla, y puso cuatro estrellas.
Ruby la miró con sorpresa, no supo si sorpresa por darle más de una estrella o por no darle las cinco.
"Te pondría cinco, pero dormí la mayor parte del tiempo."
Esta parecía emocionada.
"A la próxima me ganaré las cinco. Cuando quieras hablar conmigo, solo dile 'Ruby Rose' a la recepcionista y prometo que daré todo de mí."
No pudo evitar sonreír ante su emoción.
Ahora parecía más un cachorro.
Fue al baño y su tiempo ya se había acabado, así que era el momento de partir. La pelinegra estuvo despidiéndose de ella con sus manos y una sonrisa grabada en su rostro. Mientras más se alejaba, esta parecía más joven.
Pensó que saldría bien de ahí, liberada, pero no imaginó que tanto. Ni siquiera la voz en su cabeza la molestó durante gran parte de la estadía, y eso podía considerarse un milagro con lo molesta que se había vuelto en las últimas horas.
Entró a su auto, estacionado a unos metros del lugar, y apenas se acomodó, soltó un suspiro. Se sentía diferente. Se sentía tranquila, e incluso sentía que su aroma era diferente. Tenía que ir a su casa, ducharse, cambiarse de ropa, y seguir con su vida. No quería, sabía lo que eso significaba, y sabía que todo iba a tornarse más y más abrumador.
Una parte de ella solo quería quedarse ahí, con esa sensación de tranquilidad, con su cuerpo descansado y su cabeza silente. Lamentablemente, no podía darse ese lujo.
Disfrutó un par de segundos, y siguió su camino.
Capitulo siguiente: Escape.
Weiss ahora ha de volver a su realidad, lo que ya sabemos es algo malo, pero aquella salida fue solo cosa de un día, ¿No? Vamos a ver que hace Weiss cuando le caiga el peso encima, de nuevo, porque ya sabemos que ahí estará Ruby si es que ella la necesita.
Nos leemos pronto.
