Red Velvet
Capítulo 4: Mimada
…
Todo seguía resultándole extraño.
Parecía claro que le agradaba a la mujer, y a ella también le agradaba Ruby. Eso no era algo que ocurriese seguido en su vida. La primera persona a la que le agradó su personalidad fue a Coco, y era porque ambas habían tenido una vida similar en esos aspectos, ambas siendo reconocidas por sus apellidos, así que eso las unió, aunque fuesen personas muy diferentes. Y eso fue cuando estaban estudiando, hace unos diez años.
Eso era nuevo.
Agradecía haber pasado por ahí. Se sentía calmada, su ira desvaneciéndose, porque vaya que sentía mucha ira últimamente.
"Gracias por escucharme, me sirvió."
Ruby la miró, curiosidad en su rostro, y mil preguntas formándose en su cabeza rápidamente. Había algo desesperante en esas muecas, que la hacían ver demasiado joven, y eso se sentía extraño al saber dónde estaban. Era en cierta parte perturbador, era difícil de describir. Tal vez la idea de hablar con una prostituta jamás dejaría de tener el tabú que tanto le enseñaron.
"Viniste aquí con la intención de celebrar, pero en realidad pareces muy molesta y estresada. ¿Hay algo más que quieras decirme?"
De acuerdo, la voz madura de la chica la tomó por sorpresa, y también como la leyó con facilidad, ¿Tan obvia era dentro de esas cuatro paredes? Tal vez si, tal vez esa era toda la razón de estar ahí. Ahí no era Weiss Schnee, la hija de Jacques Schnee, de la compañía Schnee, la cual ahora le pertenecía. No era heredera ahí dentro, y disfrutaba tanto que la pelinegra no tuviese ningún tipo de idea de la carga que tenía aquel apellido. Aquella familia. Su existencia.
Eso era un alivio.
El que esta le hablase como si fuese una más del montón era tranquilizante.
Si bien Ruby era solo una empleada, no la juzgaba en lo absoluto, de hecho, la trataba con más cuidado y preocupación que muchas otras personas, mucho más cercanas de lo que esa desconocida era. Debía ser solo su deber, su trabajo, pero aun así debía darle mérito.
Soltó un suspiro pesado, llevándose las manos a las sienes.
Nuevamente la migraña.
El solo pensar en el teatro de hace unas horas hacía del dolor más punzante aún. No era agradable despertar así.
"Aun escucho los gritos de mi padre fuera de la habitación. Al menos parecía más decepcionado con él que conmigo. Quizás estaba frustrado, porque las cosas no salieron como él quería. Tenía la esperanza de que yo fuese más manipulable si el amor me tenía ciega, que mi esposo me mantendría a raya, pero no fue así. Por suerte no tengo las de perder, ya que no dejé que él metiese las narices en mi herencia. Solo tendré que lidiar con mi padre más adelante, y en realidad, eso es lo que más me desespera."
"Suena desagradable."
Asintió a las palabras compasivas de la chica. Esa era una de las palabras con las que podía definir la relación con su padre, pero había unas mucho peores y aún más certeras que ni siquiera era capaz de decir en voz alta.
"Él es de lo peor."
"Pero puedes quedarte y descansar, mantener tu cabeza ocupada-"
La chica comenzó a hablar, y se detuvo solamente para mirar la pantalla en la esquina de la habitación, en la puerta del armario, y se sorprendió al ver el poco tiempo que quedaba.
"Oh, no tienes tanto tiempo como la primera vez."
Tomó la copa alejada, solamente para ponerla sobre su frente y dejar que lo helado calmara un poco su dolor.
"Si, tengo una reunión con los miembros de la junta para discutir problemas tediosos. Pero no iba a lograr nada si iba allá sintiendo esto, recordando a esos dos imbéciles discutiendo fuera de mi habitación. Siento tanto enojo y frustración que no quiero pensar en que le haría a alguno de los miembros si siquiera se dignan a discutir en mi contra."
Ruby la miró con asombro, pero luego soltó una risa, una mueca malévola en su rostro.
"Tendrían un destino doloroso."
"Y créeme que asesinar a alguien no es bueno para mi reputación."
Ruby rio a carcajadas, luego su ánimo fue bajando al no ver ese mismo ánimo en su contraparte. La vio como esta se movió, desapareciendo en su periferia. Sus instintos la hicieron saltar al no ver a la mujer, pero sintiéndose en peligro al sentirla cerca, demasiado cerca para su confort.
"Tal vez no tienes mucho tiempo, pero déjame ayudarte, te haré un masaje."
Tuvo que admitir que se estremeció. Estaba bien el tacto casual de su mano, pero algo así se sintió fuera de lugar, violando su intimidad y su espacio. La miró con duda, tomando un poco de distancia con la chica que movía sus dedos de una manera extraña y algo perturbadora.
"¿Estás calificada para hacer algo así?"
Ruby solo le quitó importancia al asunto, se veía demasiado despreocupada para que esa fuese una decisión inteligente.
"Tengo manos fuertes, confía en mí. Yang siempre ha tenido problemas musculares, así que tuve que aprender para hacerle masajes y evitar que sus músculos entumecieran. Había días que no podía mover la extremidad por completo, pero ahí estaba yo para ayudarla. Soy una profesional."
La miró, creyendo su historia de cierta forma, pero sin confiarse en lo absoluto. Seguía teniendo ciertos márgenes. ¿Los seguía teniendo? El día de mierda que tuvo desde un comienzo sirvió para arruinar todo el avance, todo lo que dijo que no haría. Quería creer, obligarse incluso, a ser diferente ahí dentro donde nadie iba a juzgarla, donde podía ser ella misma sin presión alguna, sin embargo, la parte Schnee de su ser la hacía dudar y rápidamente volvía a retroceder, convirtiéndose en esa mujer que detestaba. Al fin había encontrado un lugar, por casualidad o no, donde podía crear su propia persona, moldearla, alejarse de aquello que la hacía sentir tanto repudio, alejarse de la mujer que veía en el espejo desde que decidió permanecer al lado de su familia.
Sintió sus mejillas arder cuando Ruby apoyó sus manos en su espalda, con la pura y simple intención de darle más poder a la mueca suplicante que le estaba dando.
Ahí estaba, el cachorro escondido.
Se soltó del agarre, sorprendiendo a la chica, haciéndola retroceder unos pasos. Se sintió algo mal por asustarla, pero esta cambió de actitud al notar que sus movimientos no eran con la intención de rechazarla. Se sacó la chaqueta y se fue a sentar en la orilla de la cama, dejando su espalda recta. Así mismo movió su cabello para darle a la más joven mejor acceso a sus hombros.
Se sintió avergonzada al notar la emoción en el rostro de la chica, y se sintió bien de cierta forma. Tal vez eran sus genes de nuevo afectándola, pero el que sus acciones afectaran tanto a la mujer, la dejaba en cierta parte satisfecha. Eso debía de sonar extraño, incluso para sí misma, egocéntrico incluso.
Esta se subió a la cama de un salto y se acomodó tras ella.
La escuchó estirar sus dedos, haciendo que estos sonasen, y luego parecía preparase para hacer el mayor acto en la historia humana.
Tocar a Weiss Schnee.
Como dijo antes, a veces ni siquiera quería que profesionales la tocasen. Vivía en tensión, dudaba que fuese de ayuda alguna si al día siguiente tendría los mismos nudos. El mismo estrés, volviendo más fuerte que antes. Era una pérdida de dinero ir a un masajista, además que a veces al estar más delgada la solían lastimar. Realmente debió lastimarse el cerebro para dejar que una trabajadora sexual la tocase, pero como se dijo antes, no tenía nada que perder. Siempre podía reclamarle y tenía claro que esta se detendría.
Oh.
Intentó controlar el sonido gratificante que sus labios soltaron.
¿Tan bien se sentía?
Los dedos pasaron con maestría por sus hombros, los pulgares presionando en las zonas correctas. Se sentía dura, tensa, y eso fue lo que Ruby le hizo notar. Su tacto era firme, pero suave, sin lastimarla. Sus manos realmente eran grandes, cálidas, casi quemaban en su piel helada. Se sentía avergonzada de disfrutar aquello.
"¿Qué pasa contigo, Weiss? Eres como una fuente inagotable de tensión."
"Gracias."
Iba a decir alguna otra cosa, otro sarcasmo, pero no dijo nada, nublándose ante las sensaciones.
Cerró los ojos, dejando la resistencia.
Había sentido esas manos ajenas en las suyas, pero ahora en su espalda, en sus hombros, se sentían diferentes. Eran más toscas que las propias, pero suaves y cuidadosas, justo lo que necesitaba al sentir su cuerpo tan delgado y debil. Parecían capaces de hacer de todo.
El pensamiento la hizo sonrojar, pensando en cual era uno de los deberes en aquel trabajo.
Intentó ignorar el pensamiento para no avergonzarse, aun más. No necesitaba otro episodio de rojez en su cara.
Los movimientos circulares eran intensos, dolían de cierta forma, pero cuando terminaba su labor, le dejaba una sensación de alivio. Realmente debía de estar llena de nudos. Tenía los músculos tensos incluso en los estudios cuando era joven, no quería siquiera pensar en lo desastroso que debía tener sus músculos luego de todo lo que había ocurrido en el último año.
Ruby hizo un último movimiento, luego de una sesión bastante larga de masajes. Los pulgares subieron por su columna, avanzando, aplastando, y finalmente llegaron a su cuello, moviéndose ahí unos momentos.
Sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo cuando los dedos se acercaron a su mandíbula, pasando la zona de masaje a algo un poco diferente. O al menos para ella, eso ya no era un masaje, al menos no uno normal. Las alarmas sonaron en su cabeza.
No, no, no.
Sintió su cuerpo hervir en anticipación, aunque había una parte de su cabeza que confiaba en la chica y sabía que ella no se propasaría de esa forma, sin preguntarle, sin pedir consentimiento. Pero ¿Qué pasa si lo hiciera con la excusa de desestresarla?
Entonces lo sintió.
Fue un movimiento rápido, casi imperceptible.
Ruby la tomó firme de la mandíbula y movió su cabeza rápidamente. Escuchó claramente como su cuello tronó. Se quedó inerte, sorprendida, intentando procesar lo que acababa de ocurrir. La pelinegra se asomó por su periferia, preocupación en su rostro, disculpándose con la mirada.
"¿Estás bien? ¿Te asusté?"
La miró con la intención de reprocharle, de decirle lo descuidada que fue al hacer algo así con su cuerpo sin preguntar, pero al girarse, sintió tanta libertad en su cuello que creía que este iba a ceder. No como que se hubiese vuelto de mantequilla y se derretiría, pero algo en ese nivel de extraño. Recordó una época algo desgraciada en su vida, cuando enfermó mientras practicaba canto, su padre insistiéndole en su mejoría, pero obviamente al esforzarse tanto, sin descanso, su garganta no podía recuperarse. Recordó el extraño brebaje que su mayordomo Klein le había preparado, que a penas lo tomó, se sintió como si su garganta no fuese la suya.
Era lo mismo.
Estuvo tanto tiempo mal que poder sentir la mejoría parecía incluso surreal.
"Estoy tan enfadada por tu actitud imprudente, pero estoy tan agradecida al mismo tiempo, que no sé qué decirte."
Vociferó sus pensamientos, como se había dictado a hacer, recibiendo una sonrisa aliviada en la chica.
Movió su rostro de un lado a otro, sintiendo todo tan liviano.
"¿Cómo se siente?"
Ruby le preguntó, sentándose a su lado, notó como esta miró de reojo el tiempo en la pantalla, preocupada de que no se le pasara la hora.
"Como si me hubiesen implantado una prótesis de cuello de última tecnología."
Intentó mantener el rostro impávido, pero la risa descontrolada de la más joven la hizo reír de todas formas.
Era agradable.
Le preocupaba lo que estaba haciendo. Sintiéndose cómoda con una acompañante. Con una trabajadora sexual. Teniendo en cuenta lo horrible que sería eso para su reputación si alguien la veía ahí. No es que los otros ricos no lo hicieran, pero ella misma no se lo permitiría. ¿Pero que tenía de malo a parte del tabú social?
Nada.
Tenía ahí a alguien con quien hablar.
Alguien con quien reír.
Alguien que hacía unos masajes fantásticos.
¿Qué más necesitaba?
Muchas cosas que no tenía, claramente, pero esto era un comienzo, una salida de su zona de confort, a una zona que era mucho más confortable de lo que usualmente creía que era la zona de confort. Era extraño analizarlo de esa forma, pero era verdad. Ahí era diferente a lo que solía ser, salía de su caja, pero a pesar de la obligación del acto de ser incomodo, de ser molesto, de ser irritante, era todo lo contrario.
Afuera de la caja era mucho mejor que dentro de esta.
Se estiró, dejando que sus músculos volviesen a la acción, y que su cuerpo entrase en calor. Ya se había tomado el tiempo de relajarse, ahora era momento de volver.
Volver a la realidad.
No supo en qué momento Ruby se levantó de la cama, pero ya estaba frente a ella con su chaqueta en sus manos, ofreciéndosela caballerosamente. Soltó un suspiro, notando como esta parecía feliz con poder ser de ayuda, así que aceptó el gesto. Se dio la vuelta para que esta la ayudase a ponerse la prenda.
Eso si se sentía bien.
A pesar de ser una chica rica mimada, siempre les mandaba una mirada filosa a las personas que la subestimaban, que la trataban como la doncella inútil, así que ellos la dejaban en paz con su ataque silencioso.
Sin embargo, le gustaba ser mimada de esa forma.
Ruby arregló su ropa, y le pasó su bolso.
Ya era hora de partir.
"Te iba a poner tres estrellas por el poco tiempo, pero debo admitir que te has superado."
Le dijo, recibiendo una mirada llena de emoción, que solo cayó cuando apretó nuevamente las cuatro estrellas. Esta lloriqueó con sus hombros caídos.
"¡Pero si te hice mi masaje especial!"
Soltó una risa al verla hacer un berrinche.
Era fácil apretar las cinco estrellas, pero le gustaba ver como la chica realmente se esforzaba. De manera natural, no sobre exagerada.
"Dejaré la máxima puntuación para un momento especial."
Las palabras salieron como una promesa, y se dio cuenta que no podría zafarse de esta tan fácil, ya que la chica ya tenía sus ojos brillando en determinación, y ella misma había firmado una promesa de que volvería una vez más.
Realmente estaba loca como la voz en su cabeza le repetía.
Soltó un suspiro, ya tenía que dejar de pelear contra eso. Claramente había servido ir la primera vez, y ahora podía reiterarlo. Solo estuvo un breve rato ahí, pero se sentía liviana, limpia de todo lo que sucedió hace unas horas. Valía la pena el tener esa crisis existencial si iba a borrar a su padre y a su ex prometido de su cabeza por el resto del día.
Ni siquiera su terapeuta pudo conseguir eso años atrás. Había cosas que realmente no tenían arreglo alguno, así que aceptaba su destino, a vivir con el estigma de su pasado en sus hombros por la eternidad, pero al menos, ahí, sentía que ese peso no era tan pesado. Era ridículo, estúpido incluso, lo sabía, pero tampoco podía negar lo evidente.
"Ojalá pronto podamos beber algo juntas. En plan, que divertido pasemos un buen rato, y no en el plan de, me siento mal quiero ahogar mis penas en alcohol."
Ruby le dio una sonrisa madura luego de soltar una risa poco elegante ante sus palabras. Sus ojos fueron endureciéndose, madurando, observándola intensamente. Se estaba acostumbrando a esos ojos. Como si de un día a otro fuesen importantes en su existencia. Estaba segura, con esas horas que llevaba conociéndola, que podría reconocer ese rostro en cualquier lugar. Era definitivamente alguien particular.
Le iba a costar olvidar unos ojos tan brillantes como esos.
Sonaba nuevamente estúpido, pero todos los pensamientos en su cabeza parecían ir por el mismo camino cada momento que estaba ahí. Al menos eran pensamientos estúpidos y no autodestructivos, lo que un profesional daría por un claro progreso.
"Claro, sería divertido. Pero prométeme que si no me gustan los tragos me darás algo que me guste a mí."
Ladeó su rostro, pensando en la frase que iba a decir, sintiendo esa sonrisa maliciosa formándose.
"Si, descuida, te daré un vaso de leche."
Ruby frunció el ceño, entendiendo su pesada broma, y abrió la boca para decir algo en contra, para reclamarle, enojo claro en su mirada, pero luego solo cerró los labios, dándose cuenta de que era la verdad y que no podía contra argumentar.
La vio negar, desordenando su cabello, sin mirarla a los ojos. Cuando la miró de nuevo, luego de unos momentos, estaba aquel dejo infantil en su expresión, ya de mejor humor. Volvía a aparecer esa personalidad tan curiosa.
"Que conste que no acepto un vaso de leche sin galletas, o galletas sin un vaso de leche. Tengo altos estándares."
Ahora fue su momento de reír, la expresión de la más joven siendo igual de adorable y tonta.
"No lo olvidaré."
Y así, caminó a la salida.
Salir de ahí, viendo a la mujer ahí dentro, despidiéndose con esa sonrisa amigable, era tan relajante como desolador.
Recordó a Alicia en el país de las maravillas.
La lectura como esa, tal como cuentos, fabulas o simplemente libros de entretenimiento, no le apetecían en lo absoluto, pero esa vez tuvo que leerla por obligación. Era un libro tonto y fantástico y encontraba estúpido que le hicieran un examen para evaluar lo que había aprendido de un libro de niños.
Pero lo recordó en ese instante.
Era como entrar en la madriguera. Era como encontrarse en un mundo diferente, y en este mundo, ser alguien diferente. Un mundo que tenía novedades que ofrecerle, sentimientos que ofrecerle, compañía que ofrecerle, cosas que no podía hallar en su mundo sin sentirse ajena consigo misma. Ese lugar incluso le podía ofrecer un futuro, o al menos una imagen de si misma completamente contraria a la aburrida y asquerosa persona que era.
Era intrigante y a la vez liberador.
Lamentablemente tenía que despertar una vez más. Salir de ahí y volver a su realidad con sus responsabilidades, con sus problemas y con sus traumas.
Sin más, salió del lugar.
Capitulo siguiente: Descanso.
Diría que casi olvido subir capitulo por completo, pero logré subirlo el día elegido, y eso habla bien de mí, no quería fallar tan pronto.
La analogía con Alicia fue completamente aleatoria mientras escribía, y ahora, editando, me di cuenta que tenía sentido de que fuese un conejo que la llevase a ese mundo, ahora también de cierta forma, fue gracioso. ¿Quién sería Ruby? Recuerdo que hace unos años leí un Whiterose donde eran reina roja y blanca, pero no tenían nada que ver con Alicia, pero esa idea me agrada. Recuerdo la canción de Painting the roses red.
Como sea, espero hayan disfrutado el capítulo.
Nos leemos pronto.
