Red Velvet

Capítulo 8: Conversación

Que tonta.

Se sintió una estúpida al llegar a Red Velvet, escuchando la voz de Ruby en su cabeza, diciéndole "Aquí estaré si quieres hablar" y resultó que no estaba.

Justo había tenido tiempo un día donde esta no trabajaba.

En realidad, ya le empezaba a preocupar. Su suerte había sido muy precisa las ultimas veces. O esta justo iba a empezar su turno o justo acababa de terminar con otra clienta. Se había acabado su racha ganadora.

Simplemente salió de ahí.

No era un día normal, si no que tenía una cita, así que entendía que las cosas se salieran de las manos. Ver a Coco no era estresante, o al menos no recordaba que lo fuese, pero por una parte quería soltar tensiones, y hacerlo con ella era recibir una oferta extraña en vez de simple confort. La última vez que se sintió mal, y esos días fueron antes de que tuviese que firmar todo el tema con su padre y su prometido, así que necesitaba consejos. Cuando sintió que iba a dejar pasar a Coco, dejarla entrar en su mundo privado, soltarse, esta huyó despavorida diciéndose que fueran a destruir unos autos con bates y su obvio pensamiento al respecto es 'vamos a salir heridas de eso', así que logró zafarse.

No le quedó más opción que esperar un tiempo antes de ir al lugar donde quedó de encontrarse con la castaña, y, de hecho, llegó temprano a su cita. No sabía dónde más perder tiempo.

El hombre de recepción le indicó la mesa que habían reservado, y se sentó. Esperar ahí, tomar algo, era mejor que vagar sin rumbo. Se comprometió a hacer durar la copa de vino que había pedido. Hubiese pedido la botella, pero Coco era más de tomar tragos preparados tan bohemios como la misma mujer.

Miró hacia afuera, observando las calles desde la altura. Le agradaba ese lugar, y ambas podían permitírselo. Era reducido en personas, lo que se agradecía.

Soltó un suspiro pesado.

Esa era su primera cita agendada del mes, y la segunda, no iba a ser agradable.

Tal vez tenía la costumbre de ver a Coco cada vez que algo iba a cambiar en su vida, y odiaba eso. Por una parte, se alegraba consigo misma de tener a alguien con quien hablar, que fuese a parte de la pelinegra de mechones rojizos que apenas conocía y había ansiado ver ese mismo día. Probablemente si le hablase de aquellos problemas, esta no entendería demasiado y no la quería abrumar con detalles legales.

"¿Y esa cara tan larga, cariño?"

Dio un salto, saliendo de sus pensamientos.

Coco había llegado. Lucía tan a la moda como siempre. Muchos accesorios, aretes, collares, pulseras, pañuelo, gorro, y sus clásicas gafas. Para Coco la frase 'menos es más' era obsoleta.

Más, es más.

Se sacó las gafas un momento, dejando ver el guiño que le dio como saludo, antes de sentarse frente a ella. No pasaron ni dos segundos y está ya estaba levantando la mano para que alguien le tomase la orden. El mesero corrió donde ella, fascinado. Era Coco Adel. Se consideraba a sí misma una mujer conocida, lamentablemente no eran fans los que tenía, más bien críticos y paparazis sedientos de sangre y polémica. Había demasiado en su vida, en su familia, para tener la clase de cabida en el mundo de Atlas como tenía Coco.

Se tapó el rostro con las manos, en absoluta vergüenza, cuando Coco pidió su bebida y golpeó el trasero del mesero cuando este se iba yendo. Su sonrisa era de absoluta diversión. A veces no la entendía, y 'a veces' era prácticamente todo el tiempo.

"Espero que cuando te cases algún día detengas esas actitudes."

Le dijo, aun sin poder levantar la mirada, simplemente huyó tomando un poco de vino.

Coco la miró, sonriendo, su rostro apoyado en sus manos enlazadas.

"Soy una mujer libre, y pretendo estarlo por un largo tiempo. Además, sé que no harías esto, aunque te hubieses casado, Weiss. Opino que deberías empezar a hacerlo, es terapéutico."

"Tengo un terapeuta para que haga ese trabajo, gracias."

Coco dejó de lado su sonrisa, y solo ahí pudo mirarla a los ojos, estos aun ocultos en el material oscuro. Su rostro se vio serio, como siempre tan cambiante. Estaba mostrándole esa expresión que pocas veces había visto en su larga amistad juntas.

"Sé que no has ido donde tu terapeuta."

Frunció el ceño. No sabía que esta se daría cuenta. Solía olvidar lo preocupada que era la mujer. Dejó caer sus hombros, masajeándose el puente de la nariz. No quería hablar de su irresponsabilidad. Era claro que Coco iba a asumir que luego de su separación, y con lo frágil que era su salud mental, volvería donde su terapeuta.

De hecho, era gracioso, porque fue Coco quien la mandó a un medico para que la ayudase con sus problemas, era practica para esas cosas, no iba a apoyarla de otra forma ni tomar responsabilidad de su salud mental. Cuando se conocieron ya tenía obvios problemas.

"La única ayuda que necesito es que ese idiota deje se aparecerse cada vez que puede. Mi vida en casa ya es horrible, la empresa ya me deja sin energías, y que él aparezca buscando nuevas oportunidades, me tiene enferma. Ir al terapeuta solo hará que mi cabello se termine de caer."

Coco al fin soltó una risa, pudo notar la mueca de tristeza sobre exagerada, o tal vez no tanto.

"No podemos permitir eso, tu cabello es demasiado precioso como para que algo le pase. Perderías todo tu estilo."

Rodó los ojos, y negó. Su tono podía ser tan serio como de broma, y no podía saber cuál era el tono deseado. Esa era una de las cosas que desesperaba a los grandes de Atlas, esa actitud tan misteriosa como extrovertida, tan real como falsa. Era parte de los encantos esta. Nadie entendía si hablaba en código, en sarcasmo o en broma. Al menos ambas solían comunicarse a base de sarcasmo cuando eran jóvenes y debían enfrentarse a algunos idiotas en la universidad cuando estudiaban para manejar sus negocios.

"Pensé que estarías más intranquila conmigo no yendo a mis terapias."

Coco soltó una risa, y abrió la boca para decir algo, pero se calló repentinamente. El mesero llegó unos momentos después, dejando el vaso frente a la modelo. El líquido de colores se movía lentamente, unas burbujas guiando el contenido de un lado a otro. Era una fiesta en un vaso. Esta le dio un sorbo, disfrutándolo, y solo ahí hizo el siguiente movimiento, apoyando los codos en la mesa, y acercándose, y se vio haciendo lo mismo, esperando que esta le contase algo importante que solo la otra debía oír. No es que hubiese muchas personas ahí, y las que había, estaban bastante lejos, pero si algo tenían en común era el dramatismo.

"Un pequeño roedor rojo me contó que cambiaste de terapeuta."

¿Roedor rojo?

Entrecerró los ojos, intentando ver más allá de los anteojos de Coco. Intentando entenderla. ¿A qué se refería?

Notó el movimiento de cejas de la chica, y la sonrisa de esta, sugestiva.

Entonces se dio cuenta.

Rojo, Red. Roedor, fauno conejo.

Tenía que referirse al Red Velvet.

Dio un salto, alejándose de la chica, su rostro enrojeciendo.

"¿Como-?"

Esta solo sonrió complacida, sentándose nuevamente en su asiento, su espalda recta en la silla.

"Por favor, sabes que no hay información que se escape de mis manos. Yo te dije que fueras, que te haría bien, pero no creí que irías tan seguido."

Abrió la boca para decir algo, pero no pudo, las palabras sin lograr tomar forma alguna. Frunció los labios, avergonzada. Soló soltó un bufido, cruzándose de brazos, sus mejillas hirviendo.

"Solo he ido tres veces, no es la gran cosa."

Coco puso una mano en sus labios, no supo si era un gesto de burla o uno de sorpresa, pero ambos la fastidiaron.

"¿Con la misma chica? Sospechoso. Jamás lo habría imaginado de ti."

Oh, también sabía esa información.

Intentó respirar profundo, intentando lucir como que el tema no tenía importancia alguna o que no le afectaba en lo más mínimo. Una clara mentira.

"Solo me pareció agradable la chica. Nada más."

Aunque intentó no mirar a la morena a los ojos, pudo notar el cambio en su expresión. Parecía divertida, claramente estaba disfrutando todo eso.

"Probablemente fueron sus manos mágicas las que te cautivaron. Sé honesta."

Menos mal no estaba bebiendo.

Ya no lo soportaba.

Tapó su rostro con sus manos, intentando que estas tapasen todo el color en sus mejillas.

Si, hace unos masajes extraordinarios, pero obviamente Coco no se refería a algo semejante. Y no estaba en la posición de hablar de cosas sucias, sobre todo cuando ni siquiera era capaz de llegar a eso con la chica. O con nadie. Se sentía decepcionada de sí misma.

E iba a decepcionar a Coco.

Cuando levantó la mirada, y se topó con la de la chica, negó con el rostro.

Esta entendió de inmediato, como si tuviese una habilidad, o la conociese muy bien, o bien podían ser ambas opciones. Siempre la molestaba con esas cosas, así que sabía de primera mano cómo era con esa clase de temas. Evidentemente recatada.

"¿Nada de nada?"

Coco le preguntó, con su rostro sorprendido a más no poder. Si, iba a decepcionarse.

"Me conoces, Coco. Solo quería hablar con alguien, y la chica ni siquiera reconoció mi apellido. Fue la primera vez que alguien me hablaba como si fuese una cualquiera."

Una cualquiera en el buen sentido de la palabra, si es que había un buen sentido para esa palabra.

Pensó que Coco se burlaría de ella, pero le sorprendió el verla sonriéndole, no con orgullo, pero con algo similar.

"Me alegro entonces. Si te hace mejor que el terapeuta, entonces apruebo a la chica."

Sintió sus mejillas sonrojarse, pero ahora no en vergüenza, si no…

No lo tenía claro.

Tal vez hablar con una desconocida era algo que no haría en otra situación, pero ahora que lo había hecho, y era consciente de lo bien que le había hecho, se sentía bien. No sentía culpa ni nada, y sentir la aprobación de Coco, era un pequeño empujón más.

Coco era extraña, sí, pero también tenía limites, y al menos no los había sobrepasado.

Y eso, le daba cierta paz mental.

La comida llegó a la mesa, y disfrutaron en silencio.

Quería disfrutar esa paz mientras duraba. Y así fue, tal y como lo predijo. A penas terminaron de comer, pudo sentir la mirada de la mujer en ella.

"Por favor, no."

Coco soltó una risa. Se puso el parche antes de la herida, claramente, pero a esta no le importó, su mirada seguía igual de insistente al igual que su expresión lucia igual de divertida.

Miró de reojo a su alrededor, agradeciendo una vez más que las mesas estuviesen alejadas y que no hubiese mucha gente a esa hora, siendo el establecimiento más deseado para cenar que para almorzar.

"Entonces, ¿Que tal es tu nueva conquista? ¿Te cambiaste a mi bando?"

Rodó los ojos, mirando para afuera, a ver si había algo en algún edificio que la distrajese.

"No, y no es una conquista, es una acompañante."

Coco hizo un puchero, susurrando un 'Que fría'.

"¿Y cómo es? ¿Agradable? ¿Sexy? ¿Alta? ¿Curvilínea?"

Dios, sabía que iba a preguntar esas cosas. Si, que divertido hablar con su amiga, si, que divertido estar avergonzada. Negó con el rostro, soltando un suspiro pesado, rindiéndose. Mientras más la ignoraba, más interés tenía esta por los detalles escabrosos.

"Es una chica normal, muy natural, parece una niña pequeña-"

Levantó la mano, callando a la modista, ya que podía saber con exactitud lo que iba a decir y no iba a ser capaz de escucharlo sin asesinarla con la mirada. Nada de desubicarse en público.

Coco la miró con sorpresa, y soltó una carcajada, haciendo el gesto de cerrar su boca, permitiéndole seguir.

"Al principio no creí que podría haber una chica así en un lugar como ese, y me sorprendió también la forma en la que actuaba. Muy cálida. Nunca he conocido a alguien así en mi vida."

Coco apoyó sus codos en la mesa, haciendo un puchero.

"¿Acaso soy una persona fría para ti, querida Weiss? Me lastimas."

La miró, soltando un bufido.

"No eres fría, Coco, pero claramente tampoco te consideraría alguien cálida. Estas en el borde."

Esta parecía querer ofenderse, pero asintió, orgullo en su postura.

"Me gusta estar en el borde."

Rodó los ojos, soltando una leve risa. Coco vivía en el borde.

"Encontraste a tu opuesto en un lugar así, me siento orgullosa de ti. Tu media naranja."

Se quedó unos momentos quieta, reflexionando aquellas palabras.

¿Era así? ¿Un opuesto?

Negó.

"Creo que somos bastante similares a pesar de lo diferentes que son nuestras vidas. Al menos en ciertos temas. Cuando hablé con ella, esta fue empática por completo, pero más que solo generosa empatía, más bien una real, una que ella misma podía entender porque lo vivió en su propia carne. Uno podría verla como una niña que parece un cachorro pequeño, pero luego te das cuenta que es muy madura porque lo ha tenido difícil."

Se quedó en silencio, ambas se quedaron en silencio.

Ese silencio duró algunos momentos, hasta que Coco soltó una gran carcajada, lo suficiente para hacerla saltar a ella y a más de alguien dentro del local. Esta se limpió dramáticamente unas lágrimas falsas mientras tomaba el ultimo trago de su vaso.

"Por dios, ni siquiera cuando estabas con ese tipo hablabas así. ¿Qué te hizo esa chiquilla? ¿Derritió tu corazón de reina del hielo o qué?"

Se sonrojó de sobremanera. ¿Era así?

Ni ella misma lo sabía.

¿Qué le estaba pasando?

Se sentía tan diferente.

Culpaba su separación del abrupto cambio, pero tal vez, no era eso. ¿Podría ser esa chica la que la había cambiado? Tal vez no solo ella, tal vez la sensación que la llena al verla, al estar ahí dentro. Esa sensación de querer cambiar, de una vez por todas. Esa sensación melancólica de todos sus intentos por cambiar que tuvo en el pasado. Veía a Ruby, y recordaba su pasado, lo mucho que odiaba su familia, a esa gente, la compañía, lo mucho que lamentaba el haber nacido con esa familia y el haber sido criada de esa forma.

¿Porque no podía sentirse bien?

¿Porque no podía reír con normalidad?

¿Hablar con normalidad?

¿Vivir con normalidad?

Odiaba esas reglas, odiaba las reglas, entonces, ¿Porque las seguía?

Si, porque era lo único que sabía hacer, y tenía claro cuáles eran los riesgos de no seguir las reglas.

Pasó el dedo por su cicatriz, la cual pasaba desapercibida ante la capa de maquillaje.

Ahí se sentía libre, sentía que había alguien más, algo más dentro de sí misma, una mujer libre que estaba luchando por abrirse paso por su piel, apareciendo en la superficie, destruyendo a esa marioneta que veía cada día en el espejo.

Tal vez si se derritió. Tal vez si cambió. Tal vez si había una persona dentro de su coraza.

Tal vez si había una Weiss dentro del Schnee.

Quería volver ahí, las veces que fuese necesario, hasta que esa sensación desapareciese. Que dejase de sentirse una persona ahí dentro y afuera otra. Que hubiese un equilibrio. Pero no. Cada vez que estaba en el mundo, lo asociaba a su realidad, a lo que tenía que hacer, a sus deberes y responsabilidades, a pretender ser aquella chica que se esforzó tanto en ser y que jamás sintió reales deseos de convertirse.

Podía ser la mejor en todo, pero al final, nunca era autentica.

Jamás sería la mejor siendo autentica.

Soltó un quejido dolorido.

Sintió los pasos acercarse, y la mano enguantada de Coco en su espalda, dándole leves golpecitos.

"Tú puedes con esto, Weiss."

Coco le dijo, pero no se sintió bien.

No puedes.

Si, probablemente podría con todo, pero... ¿Eso significaba que al final estaría bien? No, nada se lo garantizaba.

Sin embargo, asintió.

No había más opción en aquel momento.

Coco la jaló del brazo para levantarla, y le dio una sonrisa. La miró, levantando una ceja. Odiaba que esta enlazara su brazo con el de ella, porque con la cercanía, se notaba aún más la diferencia de tamaños entre ambas, y esta no era lo suficientemente caritativa para dejar sus botas de tacón de lado, porque no iba a permitírselo. Primero debía lucir bien, y segundo venía la preocupación por sus seres queridos, o por la enana de su amiga. Era una modelo después de todo, su altura le daba beneficios.

"¿Qué te parece si vamos para allá a saludar y compartimos una habitación?"

"Asco."

Su respuesta fue precisa, que combinaba a la perfección con su expresión. Coco solo se levantó de hombros, siendo consciente de la respuesta que iba a recibir, pero invitándola de todas formas.

Ya compartir habitación con un desconocido era demasiado, estando ahí con Coco y otro desconocido, pues no, gracias, nunca jamás. Además, si, conocía mucho a Coco, pero también mantenía ciertas distancias, porque esta, cuando agarraba confianza, podía ser un poco...mucho. Muy…

No tenía palabras para definirlo.

Contrarrestaba con su forma de ser, de pensar, ética y moralmente, así que prefería mantener ciertas distancias para que no le diese un aneurisma.

Salieron del local luego de pagar la cuenta, y se subieron al ascensor que las llevaría al subterráneo. Eran muchos pisos, así que tomaría un tiempo. Coco la abrazaba por los hombros, más para molestarla que para acompañarla. No lo consideraba un abrazo en lo absoluto.

"¿Tienes una cita con él?"

Coco dijo de la nada, sus ojos observando los números descendiendo en la pantalla. Nuevamente se volvía esa mujer misteriosa.

"Si, si bien no firmamos nada, hubo papeleos que si se hicieron y deben ser anulados al no haber llegado a consumar el matrimonio."

"¿Tu padre también estará?"

"Por suerte, no. Tiene un viaje fuera de la ciudad, y lo agradezco. Con ambos ahí, creo que tomaría la salida fácil."

Normalmente Coco se ponía a la defensiva cuando decía cosas así. Tomando la vida un poco a la ligera, mandándola con su terapeuta o que se tomara un calmante o algo así, pero ahora, como nunca, simplemente soltó una risa. La miró, estupefacta sin entender porque se reía, siendo ese un tema algo intenso para la morena. Esos pensamientos autodestructivos le molestaban y lo entendía, escuchar a su amiga decir algo así debía de ser doloroso, sobre todo conociéndola en aquella época cuando esos pensamientos eran prácticamente lo único que estaba en su cabeza.

Esta la miró de vuelta, sonriendo en una mueca.

"No digas eso, Weiss. No ves que tienes a un pequeño cachorro esperando por ti. No puedes abandonarla de esa forma. Te necesita."

Se soltó del agarre de Coco, tanto por histeria como por vergüenza.

No se lo esperó.

No creía que Ruby fuese a sufrir por su muerte, ni siquiera la conocía. Y cuando iba a decirle eso, recordó las caras de preocupación que la chica le daba. Tan honestas, tan naturales, tan auténticas. Preocupación que rara vez recibía. Tal vez si, tal vez Ruby si lloraría su muerte. Tal vez Ruby era esa clase de persona que lloraría cualquier muerte.

Era una chica pura.

Sonrió para sí misma.

"Tienes razón."

Coco parecía querer molestarla, pero se calló por completo.

Ambas se quedaron en silencio, mirando los números disminuyendo en la pantalla.

No consideraba que tuviese algo porque vivir.

Pero... ¿Podría tener ese algo?

Eso esperaba.


Capitulo siguiente: Estrés.


Miren quien llegó, Coco al fin hace su aparición estelar. Ahora ya saben más o menos como es la relación de ambas.

Espero hayan disfrutado el capitulo doble, que hoy estamos de cumplemes con mi waifu, así que tener lectura doble es un regalo para ella, que al parecer le está gustando esta historia a pesar de ser tan Weiss para sus cosas y que estos temas no le agraden del todo. Weissys, nada más que decir.

Love you, bae.

Nos leemos pronto.