Red Velvet

Capítulo 12: Accidente

Luego de lo que ocurrió con Ruby, luego de todo aquel momento, se sentía aún más ansiosa de verla, sin embargo, como siempre, su tiempo no era del todo libre. Había pasado un tiempo desde ese día, y honestamente no podía esperar más. Necesitaba verla, sentirla a su lado, librarse de su mascara por unas horas.

Eso necesitaba, liberación, así que se sentía ansiosa.

Cuando estaba en la oficina, trabajando, cerraba los ojos y podía trasportarse a ese momento, a ese preciso instante donde esta acunada en los brazos fuertes de Ruby, arropada en su pecho, sintiendo su aroma y su calor. Era una sensación única que jamás había experimentado. Ni siquiera en sus más inocentes años de vida, donde su madre aún vivía en la mentira, y quería a sus hijos como cualquier otra madre, y sus brazos nunca le brindaron algo remotamente similar.

Al salir de su estupor, simplemente se maldecía por dentro, la voz en su cabeza riéndose de ella, de su vida, de lo fría de su existencia.

Sentirse así por Ruby era la clara falta de amor en su vida. Quizás si hubiese sido alguien más quien entrase en su vida brindándole todo lo que la mujer le daba, habría provocado algo similar. Bueno, eran puras especulaciones.

Al final del día, esta era su realidad, y si bien tenía mil razones para no volver al Red Velvet, terminaba despertando con esa urgencia.

Apenas abrió los ojos supo que debía de aprovechar e ir a ver a la mujer, no, más bien era como que debía ir. Fue una sensación extraña en su ser que no había sentido hace mucho. Solía ser muy impulsiva cuando joven, y con los años esa parte de ella comenzó a calmarse, así que había pasado bastante tiempo desde que sintió el impulso de hacer algo.

Que inmadura.

Si, a veces lo era, pero el que la obligasen a madurar tan joven era la razón.

Se alistó para salir, sin importarle nada, ni su familia ni la voz en su cabeza que parecían querer destrozar lo único que la hacía sentir viva en ese momento, y a cada momento esa sensación extraña aumentaba, haciendo que su estomago diese vueltas en anticipación.

Se sentía una tonta, si, pero cuando llegó al Red Velvet se alegró de haber prestado atención a esa sensación en su cuerpo.

No, no era ansiedad.

No, no era anticipación.

No, no eran nervios.

Era una corazonada.

Una corazonada que se alegraba de haberle prestado atención, o si no se arrepentiría. ¿Era el destino? ¿El universo conspirando a su favor? No había una respuesta coherente en lo absoluto, pero lo agradecía.

"¿A qué se refiere con que no estará disponible?"

Pudo notar el pánico en la chica del mesón, no por su rostro, siempre oculto de las miradas curiosas, si no por sus orejas, moviéndose temblorosamente.

Era claro que esta la reconocía por las veces que había venido, y porque su voz en particular no era confundible con la de otra persona, y la mujer tras el mostrador podía verla mejor de lo que ella podía verla a esta.

Sentía sus puños apretados, y el sudor frio recorrerle la espalda.

Algo no estaba bien, lo sentía.

"Uh, ella está indispuesta, por decirlo de una forma."

Frunció el ceño.

Claramente había algo no le estaba diciendo. Esa corazonada no era en vano, no podía ser coincidencia. Algo malo había pasado, y no se iba a quedar de brazos cruzados sin saber el estado de la mujer.

"¿Qué le pasó a Ruby?"

La mujer negó, sus orejas meneándose.

"No puedo revelar información sobre mis empleados, lo siento señorita."

Le preguntó de nuevo, siendo más inquisitiva. Trabajaba con muchas personas, sobre todo con diplomáticos, políticos y empresarios que solían hacer lo que fuese necesario para ocultar información. Así que hacer escupir la verdad no era tarea difícil. Iba a ser lo que sea para lograr su objetivo.

Por un momento recordó a su padre, y su cuerpo se tensó aún más.

Odiaba que llegase la revelación de que eran más parecidos de lo que quería admitir.

Pero no, no iba a sufrir por eso en ese instante, Ruby la necesitaba y si ser como su padre iba a ayudarla, pues iba a hacer todo lo que estuviese a su alcance.

Finalmente, la mujer soltó un suspiro, como si pudiese sentir la intensidad de su mirada en la oscuridad. Su rostro debió ser suficiente.

"Está en el hospital, accidente laboral."

¿Accidente laboral?

Le llegaron recuerdos de la primera vez que llegó al Red Velvet. El mencionado botón de pánico. Se preocupaban por los clientes y por el personal, pero si, sobre todo por el personal. Pero Ruby no acompañaba a hombres. Negó. Una mujer podía ser perfectamente capaz de abusar de ella, sobre todo teniendo en cuenta lo buena persona e ingenua que era Ruby.

"¿En qué hospital?"

Esta negó, manteniéndose firme.

"Entonces deme el número de Ruby, yo misma le preguntaré."

La mujer volvió a negar, poniendo sus manos frente a su cuerpo. Parecía estar más tensa a cada momento, incluso sus orejas siempre erectas empezaban a decaer.

Puso sus manos en el mesón, acercándose lo más posible a la mujer, observándola a los ojos, estos ocultos bajo el velo. Pero ahí estaban, y se iba a asegurar que la fauno entendiese lo importante de la situación. No iba a perder, no ahí, no sabiendo que Ruby estaba mal. Se iba a arrepentir toda su vida si no iba y se aseguraba por sí misma que la mujer estaba bien.

"Ella es importante para mí, así que exijo que me des su número. Si quiere después puede emitir alguna denuncia en mi contra, no me interesa, ni tampoco huiré. Pero necesito saber si ella está bien, necesito verla con mis propios ojos."

La mujer solo bajó las orejas por completo, así como sus hombros, completamente derrotada. Asintió. No le dijo nada más, ni siquiera exigió su propio número, con la intención de tener a que acudir, o su nombre o algo. Nada. Solo le pasó un papel con un número anotado. Nada más, no dijo ni una sola palabra.

Le agradeció silenciosamente, sin poder contener las ganas de salir corriendo de ahí, tener una luz real y así poder finalmente llamar a la pelinegra.

Así que eso hizo.

Avanzó rápidamente por la calle hasta llegar a su vehículo. Se encerró ahí, sacando su teléfono para así poder llamar a la susodicha. Sus dedos temblaban en el teclado digital, cometiendo errores. Tuvo respirar profundamente. Entrar en pánico no iba a ser de ayuda, menos ayudaría a Ruby. Respiró profundamente una segunda vez, antes de presionar el botón de llamar.

Dejó el teléfono en su oído, escuchando el tono sonar. Fue eterno. Se vio acostando la frente en el manubrio, como si el cuero pudiese calmar la migraña que parecía estar teniendo. Se sentía temblar, su cabeza pensando lo peor.

Contesta.

Contesta.

Contesta.

"… ¿Hola?"

"¡Ruby!"

Oh dios. Era un alivio escuchar su voz. Fue como si un peso gigante dejase de caer sobre su cuerpo. Sentía que podía respirar normalmente. Había accidentes horribles que le podían pasar a las personas, ella lo sabía bien, y que estuviese incapacitada para siquiera recibir la llamada podía ser algo realmente grave, y saber que no era así le daba cierta paz.

"¿Eh? ¿Sí? ¿Soy yo? Espera, ¿Quién-…?"

Se quedó en silencio, demasiado agradecida para decir nada. Ahora empezaba a sentir vergüenza de todo lo que hizo.

"¿Weiss?"

Sonrió al ser reconocida. Acomodó su cabeza en el manubrio, como si se tratase del lugar más cómodo del mundo. Cerró los ojos, respirando.

"Me dijeron que estabas en el hospital. ¿Estás bien?"

"Uhm…Yo… ¿Quién te dio mi número?"

Estaba esquivando la pregunta, claramente. Ahora podía saber que Ruby no era del tipo de personas que se victimizaban, por el contrario, que mantenían su dolor en silencio, probablemente para no agobiar a nadie con sus problemas. Se sintió agradecida de aprender aquello, pero eso no iba a detenerla.

Ruby se preocupó mucho por ella, e iba a hacer exactamente lo mismo por esta.

"La recepcionista. ¿En qué hospital estás?"

"¿Velvet? Oh. Estoy bien, Weiss. No te preocupes."

No sonaba bien.

Había algo en su voz que no sonaba nada bien. Tal vez solo era la costumbre, el tener el recuerdo vivido de la voz de la chica como un chillido despreocupado.

Esta vez no era así.

Tal vez lo ocultaba bien, pero no caería.

Se notaba agotada.

"Ruby, dime en que hospital estás."

Ahora escuchó un chillido.

"¿Para qué quieres-…? Pero si estoy bien. Todo está bien."

Se levantó del manubrio, y se puso seria, observando al frente, como si la chica estuviese ahí. Como si estuviese frente a ella, observándola. Esto era importante, al menos para ella lo era. Y había decidido hacer lo que quería con su maldita vida, y si eso era darle una visita a Ruby Rose, lo iba a hacer.

"Me vas a decir en este instante el nombre del hospital y el lugar exacto donde estás. No vas a querer verme enojada. Puedes hacer esto de la manera fácil o la difícil. Soy capaz de llamar y visitar todos los hospitales de la ciudad hasta hallarte."

La escuchó tragar sonoramente, y soltando un suspiro pesado le dijo todo lo que necesitaba saber.

Colgó el teléfono, se puso el cinturón, encendió el motor, y comenzó a manejar a la mayor velocidad que las calles le permitían. Fueron pocos minutos de viaje y llegó a un hospital que jamás había visto. Tan perdido entre las calles como el mismo Red Velvet. Tenía que anotarse mentalmente el nunca dejar que la llevaran ahí, o que la internaran. Por suerte su terapeuta trabajaba en un hospital cerca de la compañía y era algo completamente opuesto a lo que tenía frente a sus ojos.

¿Cómo siquiera que ese lugar se mantenía en pie?

No quería saberlo.

Le preocupaba la poca seguridad, o la poca insistencia de las mujeres del mesón al rehusarse a dejarla entrar a la habitación de una chica a la que apenas y conocía. No les importaba demasiado. Si la situación de Ruby era preocupante, no la dejaría quedarse así en lo más remoto. No iba a dudar en brindarle una habitación en algún otro hospital más decente que ese.

Corrió por los pasillos, sintiendo su pecho y su respiración flaquear. Estaba agotada, y aun así corría. No recordaba la última vez que corrió, y su resistencia siempre fue mala, incluso en sus años cuando se ejercitaba a menudo, era de imaginarse su estado deplorable actual.

Cuando al fin llegó, cuando al fin abrió la puerta, pudo descansar.

Ahí estaba Ruby.

La vio sentada en la camilla, en una habitación sin nada en particular. Esta yacía envuelta en una bata de hospital, gris, su cabello lucía despeinado y ante lo brillante de la luz natural que entraba por la pequeña ventana, podía notar con claridad los mechones rojizos. Sus ojos lucían sorprendidos ante la abrupta entrada.

Bueno, su ojo.

Se afirmó de sus rodillas, intentando recuperar el aliento, sin poder dejar de mirar el rostro de la chica frente a ella.

Su ojo izquierdo permanecía cerrado, la zona de alrededor se veía considerablemente hinchada, e incluso se notaba como el color morado empezaba a asomarse. Debió de recibir un golpe muy fuerte para dejarle así la cara.

"Weiss, viniste."

"Obvio que vine, idiota."

Dijo, con clara irritación, mientras se paraba erguida y se acercaba a la chica. Estaba enojada por no haber sabido antes, por no haber podido hacer algo al respecto, por saber que alguien le había hecho daño a Ruby y si no hubiese ido a verla, tal vez jamás se habría enterado.

"Necesitaba saber cómo estabas."

"Pues ya ves, no es la gran cosa."

"Para mí lo es, ¿Qué pasó?"

Le preguntó finalmente, sentándose en una silla maltrecha al lado de la camilla. La pelinegra estuvo en silencio por un buen rato.

"A una chica se le fue de las manos, no es nada grave."

No, eso no era la verdad.

¿Por qué ocultaba cosas?

Bueno, era Ruby.

"Sé que ocultas las cosas para que los demás no se preocupen, ya me sé la táctica. Pero si no me cuentas no hay nada que pueda hacer para ayudarte."

Usar sus palabras en su contra era una técnica muy efectiva sin duda.

El ojo plateado la observó, su mirada cayendo hacía sus manos entrelazadas sobre su regazo. Su rostro parecía tan lleno de emociones y a la vez sin ninguna.

Su pecho se hinchó, y fue como si respirase todo el aire que en esa pequeña habitación había.

La puerta se abrió, interrumpiendo lo que sea que esta iba a decir.

"Hermanita bebé, te traje una bolsa de hielo, ¿Como te sientes?"

Giró su cuerpo para ver a la persona que había ingresado a la habitación.

Se quedó boquiabierta al ver a la enorme mujer rubia que ahí estaba.

Esta vestía ropa ceñida, que dejaba poco a la imaginación ante la mínima cantidad de tela. Su cuerpo era esbelto y muy muscular. Parecía una amazona. Podía notar un gran tatuaje en su brazo derecho, al menos ahí sabía que ambas tenían el mismo gusto por la tinta. Era la hermana de Ruby, y no podía saber qué era lo que las conectaba como hermanas porque parecían dos polos opuestos.

Una noche de primavera, un día de verano.

Se quedó en silencio, mientras la mujer la observaba, sus ojos lilas analizándola sin escrúpulo alguno. Parecía molesta, o más bien parecía como si se hubiese metido en su territorio sin aviso, lo que era una posibilidad.

"¿Quién es esta, Ruby? Me parece conocida."

Escuchó a la menor divagar, sin saber que decir. Estaban en una situación complicada.

Respiró profundo y habló, manteniendo el tono conciliador que solía usar en algunas reuniones.

"Soy su amiga."

Escuchó un sonido extraño, así que miró a Ruby, la cual se había golpeado con la palma de su mano en la frente. Al parecer su respuesta no fue la correcta. Y por la cara que tenía la rubia, podía darlo por hecho. Luego de unos momentos esta soltó una carcajada, poniendo sus manos en su cadera. Su torso parecía inflarse aún más con cada risa.

Fue perturbador.

"Por favor, Ruby no tiene amigas."

Oh.

Ahora entendía su error.

Fue cosa de segundos, un par de escaneos más, y la mujer parecía sorprendida, para luego poner una sonrisa extraña, casi malévola.

"Ahora lo entiendo. Tu debes ser una de las clientas de Ruby."

Rayos.

La mujer parecía tener demasiado musculo en su cabeza, pero aun así pudo unir los cables necesarios. Podía notar de reojo como Ruby tenía el rostro rojo, el cual intentaba ocultar con desesperación con sus manos. Lucía menor en ese momento. Normalmente era ella quien se avergonzaba, pero la presencia de esa mujer robusta era suficiente para cohibir a Ruby.

Debía hacer algo, decir algo.

"Eso no quita el hecho de que estaba preocupada por ella, así que vine de inmediato a penas me enteré."

La mujer solo la miró con una sonrisa engreída en sus labios, sus brazos cruzados frente a su prominente delantera. Era como si estuviese buscando lo más mínimo para recriminarle. Debían tener la misma edad, pero esa mujer daba miedo, y podía admitir que daba miedo de una manera completamente diferente a la que ella misma causaba miedo.

Invierno contra verano.

"No pensé que creabas este tipo de lazos íntimos con las personas con las que tienes sexo, Ruby."

Soltó de pronto, aun sonriendo.

Oh no.

Eso no era así en lo absoluto.

"¡No hemos tenido sexo!"

"Aún no hemos tenido sexo."

Ruby le leyó la mente, aunque sus propias palabras dejaron entrever algo que podría ocurrir en el futuro, se sintió avergonzada ante su propia sinvergüenzura. No era el momento para decir algo así, aunque fuese una opción. Miró a Ruby, con la intención de disculparse, y sintió su rostro enrojecer aún más cuando el rostro ajeno brillaba con color, su expresión llena de sorpresa.

"¿Aun?"

Esta le preguntó, y se vio sin saber que contestar. Si decía cualquier cosa, podría agrandar el embrollo aquel. Tal vez si era poco ético salir con tu clienta, salir al mundo real como personas normales y convivir, pero la ética poco le importaba, solo quería evitar poner a la chica en una mala situación con su propia hermana.

La rubia comenzó a reír. A reír normalmente y despreocupadamente.

Ambas la miraron, mientras esta parecía relajada, riendo con normalidad.

"Tan lindas e inocentes ustedes. Siento haberlas molestado, pero no pude contenerme."

"¡Yang!"

Ruby miró a su hermana mayor, con reproche, sus cejas mostrando su evidente enfado. Yang solo se sacudió de hombros, quitándole importancia al asunto, y se acercó a la menor, lo suficiente para dejar un beso en su cabello oscuro y pasarle la bolsa con hielo. Luego se sentó a los pies de la camilla. Había mucho cariño en el gesto, y sintió sus mejillas arder sabiendo que Ruby había hecho lo mismo con ella, mientras estaba 'dormida'. Debía ser algo íntimo y cariñoso para ellas.

Yang se acomodó, sus ojos cálidos, pero pasaron dos segundos, y sus ojos se vieron diferentes.

Duros.

Abrasadores.

Llenos de ira reprimida.

Sintió algo de miedo al ver la expresión aquella en esa mujer que parecía doblarla en tamaño. Parecía capaz de hacer lo que sea, pero de la forma más brutal y violenta que existía.

"¿Vas a al fin decirme que ocurrió?"

Antes se sentía sofocada por el poco aire que había en la diminuta habitación, pero ahora era mucho peor, porque parecía que se encontraba dentro de un horno. Y dios, era malísima para lidiar con climas extremos, sentía que empezaba a sudar.

Ruby se mantuvo en silencio, su rostro decía claramente que estaba debatiéndose consigo misma.

La observó, no queriendo presionarla, pero sabiendo que presionándola era la única forma en la que podía soltar la verdad.

El ojo bueno de Ruby la observó, se miraron unos momentos, y luego fue donde los lilas de su hermana. Entonces ahí soltó un suspiro pesado. Sus manos estaban inquietas, sus dedos moviéndose en la bolsa de hielo, sin parecer importarle mucho el frio de este.

"No lo sé con claridad, estaba oscuro cuando entré, me tomó por sorpresa."

Ruby cerró los ojos, su ceño fruncido, luego entrelazó sus dedos, haciendo presión, para luego soltar otro largo suspiro. Se quedó en silencio, así como Yang, esperándola, dándole espacio.

"Apenas di unos pasos dentro de la habitación, me vi encerrada. No pude hacer nada. Ya había ocurrido cuando logre encontrar el botón a oscuras, y esta solo huyó. Nadie pudo verla a tiempo."

"Voy a encontrar a esa perra cobarde y le voy a romper la cara."

Escuchó decir a Yang, ira en su voz, y su tono fue duro y alto, lo que la hizo saltar. Notó de reojo como la chica se veía aún más pequeña con la dominancia de su hermana en el asunto. Le recordó a si misma cuando estaba con su hermana, donde se sentía débil y impotente a su lado.

Se veía frágil, diferente a como cuando estaban ellas dos solas.

Había algo más, pero ahora no quería presionarla, no en ese instante donde se veía así. Parecía que quería envolverse en sí misma y hacerse pequeña.

Desaparecer.

Iba a acercar su mano, iba a tocarla, pero otro grito enfadado de Yang la hizo volver a saltar, saltar a ambas, quejándose para sí misma. Quizás no era lo mejor acercarse, no ahora.

"Debe de haber cámaras por la zona, de alguna forma la encontraremos."

Fue su turno hablar, intentando calmar un poco el ambiente, intentando calmar a Ruby, y también intentando ser la voz de la razón.

Yang se quedó callada por un momento, solamente porque Ruby abrió la boca.

"Ella…"

La abrió, y la cerró. Se quedó en silencio.

No hubo palabra alguna, y su mirada seguía mirando las sábanas.

Le dio una mirada a la rubia, se miraron, preocupación en los ojos de ambas. No se conocían en lo absoluto, pero tenían en común aquel sentimiento. Aquel sentimiento hacía Ruby.

Ruby se abrazó de sus rodillas, haciéndose diminuta. Su cabello tapando sus ojos. Era una persona completamente diferente a la Ruby con la que estuvo la última vez, que se sentía grande a su lado, ahora era diferente. Ahora era una niña asustada. Y no la culpaba. Ella misma pasó por algo así, y el miedo te hace olvidar quien eres, simplemente te consume por completo.

"Ella me conocía. Pidió verse conmigo, la recepcionista que estaba asumió que era una de mis clientas asiduas. No logré verla, pero estoy segura que era alguien de nuestro pasado que se enteró donde trabajábamos. Me revisaron por si había ADN en mis uñas y cuerpo, o algún cabello en la habitación, pero dudo que encuentren algo útil. Fue muy breve. Siento que fue ahí simplemente para hacerme daño e irse lo antes posible."

Se vio frunciendo el ceño.

Debieron de haber forcejeado o algo similar.

Yang fue la primera en hablar, ambas pensando exactamente lo mismo.

"¿No te golpeó solamente, cierto?"

Abrió los ojos de golpe, y su sorpresa fue mayor al ver a la menor estática en la cama, temblando ligeramente. ¿Ruby estaba…? La vio abrir los labios una vez más, pero estos solo temblaron, sin poder decir nada coherente. Las lágrimas parecían correr por sus mejillas. Algo horrible debió pasar ahí dentro, ella estando vulnerable al haber entrado a un lugar oscuro, y la asaltante teniendo la ventaja de ver a Ruby cuando entró.

"...Ella me violó."

Se vio inerte.

Sin saber que hacer o que decir.

Yang se acercó rápidamente, abrazándola, dejando que esta lanzase su cuerpo contra el suyo, llorando desesperadamente en su pecho. Los brazos fuertes la abrazaron, sujetándola apropiadamente, pero siendo suave. Consolándola.

Por su parte, se quedó ahí, mirando, como un espectador más.

¿Qué podía hacer?

Nunca había conocido a alguien con una personalidad como la de Ruby, cálida, buena, gentil, la cual sonreía sin importar lo que ocurriese a su alrededor. Ruby siempre se levantaba sin importar que, y seguía adelante, seguía haciendo lo correcto.

Y ahí estaba.

Derrumbada.

No era para menos, lo que le había ocurrido fue algo que ella no hubiese imaginado, porque la ingenua Ruby siempre veía lo mejor de las personas, y que alguien la lastimase así sin ningún tipo de razón, era completamente inaceptable. Todo lo que ahí dentro, en el red Velvet, se hacía era consensuado y ahora lo entendía luego de conocer el lugar por si misma, entonces algo así debía ser imposible de imaginar, mucho menos de estar años en el rubro. ¿Y alguien de su pasado? Sabía que Ruby y su hermana debieron hacer cosas aun peores que vender su cuerpo, así que ni siquiera quería pensar en lo que estas debieron pasar, sobre todo los enemigos que pudieron hacer en el camino.

Ver a Ruby romperse fue algo que no creyó que vería jamás en su vida, y no saber qué hacer ante la escena, la hacía sentir aún más perdida.

Ruby consolaba, por su parte no tenía idea de cómo eso se llevaba a cabo.

Por suerte Yang estaba ahí.

No podía evitar sentir algo de envidia, hubiese deseado que su hermana al menos le diese un cumplido a lo largo de su infancia. Eran tan parecidas, pero tan lejanas, y estas hermanas frente a ella eran tan diferentes, pero tan cercanas. Se tenían la una a la otra, y agradecía profundamente de que Ruby la tuviese para poder convertirse en la mujer que era ahora. Ambas habían luchado para ser quienes eran, y merecían mejores cosas de las que les ocurrían. Como odiaba lo injusta que era la vida.

"¿Algo más que recuerdes de ella?"

Yang dijo, en un tono suave, tanto que parecía ser otra persona.

Ruby asintió, limpiándose el rostro y haciendo sonar su nariz. Ahora su mano se movió a su bolso y sacó unos pañuelos desechables que siempre tenía a mano, y se los pasó a la menor. Esta le dio una leve sonrisa, su rostro parecía un poco más hinchado con el llanto. La escuchó sonarse, sonoramente, y luego pareció tener su mirada en algún punto de la habitación.

"Sus manos eran muy toscas, incluso creí que era un chico. No pude ver nada de esta, incluso podría decir que estaba completamente cubierta, ni siquiera sentí su cabello o algo así. La recepcionista que la atendió no es un Fauno como Velvet, así que dudo que haya podido verla, además pagó en efectivo."

"¿Crees que era de nuestros conocidos de antes?"

Ruby asintió ante la pregunta de su hermana, su rostro ahora cambiando, lucía dolida, pero también notaba cierto rencor en su mirada, como si aquellos recuerdos fuesen no solo dolorosos, si no que molestos. Realmente esas dos mujeres tuvieron una vida complicada.

"Supongo que conseguí muchos enemigos."

No entendía porque, pero esta parecía tranquila al decir eso, así como Yang soltó una risa. No entendía la razón, pero parecía que aquello había sido superado o era la reacción de las hermanas al pensar en cosas similares. No lo entendía del todo. Estaba confundida.

"No eres la única."

Yang puso una de sus manos en la cabeza de Ruby y comenzó a desordenarle el cabello. Esta se removió incomoda.

"Ten cuidado, puedes hacerle doler."

Habló sin dudarlo. Estuvo a punto de sacar la mano ajena del cabello de la menor, pero se contuvo. La rubia solo frunció los labios, pero no le dijo nada. Parecía enojada, pero había una mueca que no podía entender del todo en su expresión. Ruby le dio una sonrisa, como disculpando a su hermana o algo similar.

Poco a poco la expresión de Ruby ya parecía más calma, como si el llanto le hubiese quitado un peso de encima.

"No sé qué pasaba por la cabeza de ella para venir y atacarme, pero espero que se haya conformado con eso y no vuelva. Si nos quedamos en el Red Velvet era para no tener más problemas con nadie."

De hecho, no iba a permitir que esa mujer volviese, aunque tuviese que usar sus propios medios y poder para hacer algo al respecto. Iba a darle cierta seguridad a Ruby, no iba a dejar que esta la lastimase de nuevo.

No quería ver a Ruby así de herida, nunca más. Le dolía demasiado verla así. Era terrible. Que una persona que la había ayudado tanto sufriese era imperdonable. La quería, era innegable, y con esto se daba cuenta aún más. Le importaba todo lo que a esta le pasase, bueno o malo. Y por su parte no iba a permitir que le pasaran más cosas malas, nunca más.

Se prometió eso a sí misma.


Capitulo siguiente: Trauma.


LO SIENTO MUCHO. ¿Pero que es una historia mía sin un poco de drama, dolor físico y psicológico?

He cambiado mucho este capítulo, de hecho, debería decir que es uno de los pocos que he editado varias veces desde que lo escribí por primera vez, pero no podía eliminarlo, porque es un pilar para muchas otras cosas que pasaran en el futuro, porque como yo suelo decir, no hay mal que por bien no venga, así que esperen cosas buenas de todo esto.

Nos leemos pronto.