Red Velvet
Capítulo 14: Servicio
…
Se acomodó en la cama, mirando a la chica, la cual la observaba hace un buen rato, impaciente, atenta, receptiva. Esperaba una respuesta con toda la tranquilidad que podía, la cual no era mucha, pero agradecía la intención. Al menos esa expresión de miedo había desaparecido por completo, cambiando por una mirada infantil y expectante. Parecía la misma Ruby de siempre en ese instante, y se sintió aliviada, sin embargo, seguía aterrándole el romper aquella paz.
La miró a los ojos, los plateados brillando.
Tomó aire, intentando mantener la calma.
Solo eran unas palabras. Unas simples palabras.
"Tengamos sexo."
Se enfocó en la chica, en cada uno de sus gestos, y así tal vez olvidaría su propia vergüenza. Estaba lista para varios escenarios diferentes. Esperaba ver rechazo, esperaba ver miedo, esperaba ver tantas cosas, pero lo que vio, no estaba en ninguna de sus imaginaciones.
Rojo.
Ruby estaba roja como un tomate.
Sus grandes ojos estaban muy abiertos, al igual que su boca, la que parecía haber perdido el control sobre su mandíbula. Su cuerpo se había tensado, no en miedo, si no en sorpresa. Pura sorpresa.
No se lo esperó.
La menor intentó hablar, le dijo un par de palabras, pero ninguna tenía sentido y no se hilaba en lo absoluto con la que le seguía. Cerró su boca, sus manos haciendo gestos frente a su cuerpo para finalmente posarse en su cabeza. Su mirada se movía de un lugar a otro, confundidos, como quien busca una respuesta escondida en lo más recóndito de su cabeza.
Su actitud, le hizo olvidar por completo la vergüenza que le generó su proposición. Cuantas veces creyó que a Ruby le iba a dar un ataque, y en ese instante parecía que lo que sea que estaba pasando era grave. Ya le preocupaba que le viniera algún recuerdo de la violación que sufrió, pero verla en un estado tan…ni siquiera podía describirlo. Estaba a punto de llamar a una ambulancia.
"¿Ruby?"
La llamó, intentando sacarle de su estupor, lo que, por una parte, funcionó. Al menos lucia capaz de hilar una frase.
"¿E-estas segura? Digo, no creí que tú, o sea, todo lo del tabú, y bueno, también lo dijiste en el hospital, pero no pensé que de verdad querrías- uh, conmigo."
Ruby realmente intentaba entenderlo, y sus gestos tan infantiles y nerviosos le hicieron soltar una risa, a lo que esta solo hizo un puchero, su cuello enrojeciendo. No debía disfrutar de la frustración de la chica, pero era inevitable.
"Vine aquí en primera instancia para hacerlo con una desconocida, no es la gran cosa. Además, me aseguraste que aquí podía hacer lo que quisiera y que podía confiar en ti. ¿Es acaso una mala proposición?"
No terminó de hablar siquiera y Ruby ya estaba negando rápidamente con su rostro.
Entendió, en ese instante, que tal vez no era el sexo lo que le provocaba temor, ¿Que era? Desechaba esa teoría, y empezó a levantar otra. Empezaba a creer que era el pasado lo que la martirizaba, como este la perseguía, la encontraba. Saber que alguien de su pasado volvía debía de recordarle todo lo horrible que le ocurrió, y saber que estas personas sabían donde trabajaba debía de tenerla más alerta. No quería asumir más, esperaba que algún día Ruby le contase que fue lo que le ocurrió años atrás, y por otra parte, no quería que eso jamás ocurriese. No sabía cual iba a ser su propia reacción al saber aquello que probablemente escapaba su imaginación. Si a Ruby le dolía tanto aquello, lo mejor era que se quedase en el pasado, así como ella misma mantenía su dolor fuera de su presente, o al menos eso intentaba.
"¡Te voy a hacer sentir muy bien!"
Salió de sus pensamientos de golpe al ver a la mujer frente a ella. Ruby parecía emocionada y determinada. Sintió su propio rostro encenderse cuando esta se subió a la cama, acercándose.
Oh.
Tal vez una parte de su cerebro, la mayor parte de este, creyó que Ruby se asustaría y negaría, evitando cualquier tipo de acercamiento, así que se había preparado mentalmente para una negación y para una búsqueda de una segunda opción, tal vez tener una oportunidad de consolarla, pero eso hizo que no estuviese preparada para oficialmente hacerlo con ella.
No es que no quisiera, claramente su cuerpo ansiaba algo semejante, pero se sentía inquieta. Una cosa era encenderse con la chica, pero en algo así, no sabía realmente cual era el camino a tomar. Nunca lo había hecho con una mujer, ¿Que se supone que tenía que hacer? Debió planteárselo mucho antes, pero jamás llegó la idea a su mente tan clara como en aquel instante, y ya era demasiado tarde para hacer una búsqueda en internet.
Las manos de Ruby llegaron a su camisa, desabrochándola. Sus ojos parecían concentrados, pero había una sonrisa nerviosa en sus labios. Por su parte, se sentía petrificada ahí. De piedra.
No estaba lista, no lo estaba.
Estaba entrando en pánico.
"Sé que no soy tan buena como otras aquí, pero daré mi máximo esfuerzo. Si algo te molesta, dímelo."
Esa debía ser su frase.
Se suponía que esa chica estaba teniendo problemas, no ella, sin embargo, asintió lo más que pudo en su petrificada condición. Las cosas debían ser diferentes. Quizás incluso creyó que tocar a Ruby iba a ayudarla a acostumbrarse a lo ajeno, pero no pensó que iba a ser ella la que sería atacada. No estaba en sus planes, y aunque lo estuviese, no estaba lista.
No, no, no.
Podría solo arrepentirse, podía decirle algo estúpido como que fue una broma o día de los inocentes, pero no pudo.
Su cuerpo tembló.
El primer beso, fue directo en su yugular.
Ya en ese instante, con el primer toque, su cuerpo dejó de responderle como creyó que lo haría. Fue inmediato. Su raciocinio desapareció a penas Ruby se acercó a su piel. La había tocado con sus manos, pero sentir sus labios, eso fue algo impensable. Ni siquiera sabía si eso se solía hacer.
Pero no podía negar que la sensación fue agradable, lo suficiente para dejar a su corazón latiendo a velocidades insospechables.
Los labios húmedos pasaron por la zona, estremeciéndola cuando el aire chocó con su piel ahora húmeda. Esta siguió su camino hasta su clavícula, sin dejar de besarla. Las manos habían abierto su camisa por completo, pero no se dio cuenta de eso. Cerró los ojos, sintiéndose llena de nervios, llena de tensión, pero al hacerlo, fue aún más consciente de lo que estaba ocurriendo. Las sensaciones fueron aún mayores que aquel masaje, no eran relajantes, si no que la hacían temblar en expectación, esperando cada nuevo movimiento con más agonía.
Podía sentir con precisión donde pasaban los labios ajenos, así como cuando se abrían levemente, la lengua pasando por su piel, y luego los dientes, raspando con cuidado la zona.
Los escalofríos aumentaron cuando las manos pasaron por sus hombros, terminando de sacar la prenda de lino. Ruby realmente tenía manos fuertes, y si bien ya las había sentido en su piel, ahora se sentían diferentes, pero igual de agradable. Antes eran toques más inocentes, ahora no, ahora tenía claro cuál era la intención de la menor. Le daba pequeños apretones, en sus muñecas, en sus antebrazos, en sus hombros. No entendía el fin del movimiento, pero era bastante estimulante, así como el leve roce de sus uñas en su piel. Sin hacerle daño, sin dejarle marcas, parecía simplemente estar tanteando su cuerpo y sus reacciones.
Se estaba tomando su tiempo.
La prenda restante en su torso seguía inerte, hasta que sintió los labios deslizándose por la zona. Luego sintió liberación. Logró soltarla fácilmente, estando el broche en la parte delantera. No recordaba siquiera que se había puesto, pero no era capaz de abrir los ojos y observar, mucho menos sintiendo el aliento hirviendo de la chica en sus pechos descubiertos.
Se sentía demasiado avergonzada para mirar.
El sexo era terreno conocido, pero parecía que Ruby realmente sabía cómo estimularla, como avergonzarla, como hacerla sentir ansiosa. Nunca nadie se había tomado ese tiempo con ella.
El primer movimiento fue intenso.
Los labios atraparon uno de sus pezones, la sensación haciéndola soltar un fuerte gemido que no pudo contener. La tomó por sorpresa, y se vio arqueando la espalda. Una de las manos de Ruby estaba ahí, sujetándola, con tanto cuidado como con firmeza. La lengua pasó por zona, girando, así como los dientes volvían a sentirse cada tanto en tanto. No con la intención de morder, pero si para lograr que se sobresaltase, lo cual funcionaba.
Tan intrigante era la sensación que realmente quería que esta la mordiese, no le importaba donde. Era capaz de aguantar algo así, pero no tenía la capacidad para decirle que hacer, para entrometerse en su trabajo, y aunque quisiera decirle, su garganta probablemente no sería capaz de decir nada.
Creyó que tendría más control sobre sí misma, pero el ambiente y las caricias le quitaban cualquier tipo de concentración. No recordaba que se sintiese así en el pasado, y no encontraba lógica más grande que el que sus parejas sexuales no habían sido decentes en ese aspecto. Aun así, jamás sintió aquella necesidad, aquella excitación, aquella sensación de querer más, de anhelar más.
¿En qué se había convertido? ¿Ruby en que la había convertido?
Cada movimiento que Ruby hacía, era con la exclusiva intención de hacerla sentir bien. La volvía loca con cada roce.
Sentía sus piernas temblar, el aire helado causando estragos en su pecho húmedo, escalofríos recorriendo toda su espalda. Ruby siguió su camino, la sintió detenerse en su ombligo, sus manos moviéndose alrededor de su prenda inferior.
Abrió los ojos, solamente porque la escuchó hablar, así que la miró.
Weiss. Voy a hacerte sentir bien.
La misma frase que le dijo antes, pero suave, como un susurro.
Se arrepintió, sintiéndose un desastre frente a la chica. Sentía su corazón latir con fuerza, su rostro debía estar enrojecido, e incluso podía sentir el sudor en su cuerpo mezclándose con la saliva de la chica. Y su cabello, sus movimientos inquietos debieron de dejarla claramente despeinada.
Pero todas esas preocupaciones se detuvieron en su mente, siendo esta capaz de hacer una sola cosa, y era observar la sonrisa que la chica le daba.
Los ojos plateados se veían tan cálidos, como nunca los había visto. Su expresión era calma, aunque sus mejillas siguiesen tan rojas como cuando le dijo que lo hicieran. Podía notar su pecho descubierto asomándose por la seda, las rosas siendo más visibles de lo usual. Había algo en ella que no reconocía, pero no era algo malo, para nada. Era cómodo, natural incluso. Creía haber visto una mueca similar en esos coqueteos que hacía usualmente. Simplemente estaba esa Ruby madura y capaz frente a ella, y no creía que pudiese olvidar esa expresión.
"Eres hermosa, Weiss."
Sus palabras salieron igual de suaves, como en un suspiro.
Sintió su pecho apretarse, sus latidos aumentando, casi arrebatándole la audición, golpeteando en sus tímpanos con insistencia. Ya la había halagado, cuantos lo habían hecho, pero algo había en ella. Cada vez que le decía algo así, era tan orgánico que parecía surreal. Se consideraba bonita, sí, pero podía notar en los ojos plateados que no solo halagaba su belleza física, si no también más allá. Recordó cuando le habló acerca de las apariencias, de que lo exterior es lo que menos nos define como persona. Esa frase quedó grabada en su cabeza, y ahora volvía. Ruby veía más allá, porque así era ella, especial.
Eso era algo que nadie había hecho con su persona, absolutamente nadie.
En ese instante se dio cuenta de algo.
Sentía mucho más de lo que creía. Las señales eran claras, por más que las reprimió. Le gustó Ruby desde el primer minuto que la vio. Ella misma también vio más allá de la apariencia, se fijó en Ruby, no en la trabajadora sexual que tenía en frente. Día a día reprimió aquello, negando cualquier participación de sentimientos ante sus ganas de ver a la chica, pero día tras día, se daba cuenta que Ruby era perfecta para ella, sin importar lo que la voz en su cabeza le dijese para mermar aquellos pensamientos.
Le gustaba demasiado.
Quería besarla.
Dios, quería besarla tanto.
Su espalda volvió a encorvarse, se vio tan ensimismada, que la última prenda fue retirada con experticia y con delicadeza, la suficiente para que ni siquiera sintiera la tela deslizarse por sus piernas. Las uñas pasaron por sus muslos al ir subiendo, dándole la razón en su desnudez.
Y si bien quería besarla, esos labios fueron a otra zona de su cuerpo.
Su cuerpo se removió, estremeciéndose.
Llevaba tiempo sin hacerlo, y se sentía más sensible que nunca. Mas sensible de lo que creyó que podría sentirse.
Los labios pasaron precavidos, esperando, alertas, pero al no escuchar queja, solo sus gemidos contenidos, le dieron luz verde para continuar. Como siempre, preocupada de su comodidad. Su lengua siguió el camino de sus labios, paseándose libremente por toda su zona intima. Sus piernas se movían y temblaban con el más mínimo tacto, tanto así que la misma pelinegra tuvo que usar sus manos para controlar las inquietas extremidades. Su agarre fue lo suficientemente firme para evitar que su trabajo fuese perturbado.
Ya no podía hacer nada para controlar su voz, ni siquiera una de sus manos en su boca era suficiente.
La lengua ingresando levemente, tanteando, los labios agarrando partes de su piel, tirando ligeramente. Todo era suave, todo era con cuidado, pero con ímpetu.
Abrió los ojos, solo un segundo.
Su estremecimiento aumento al verla ahí, entre sus piernas, haciendo algo que no recordaba que alguien hubiese hecho, y a pesar de la vergüenza, y lo mucho que le molestaba el ser vista de esa forma, el que fuese con Ruby le seguía pareciendo agradable. Era realmente diferente.
Ya no podía aguantar más.
Siguió mirando a la chica, sin poder quitar sus ojos de encima. El solo mirarla, ahí, devorándola, era suficiente para estimularla.
Iba a venirse.
Le avergonzó el que los plateados la observasen en dicho instante, cuando sus labios succionaban sin misericordia su lugar más sensible. Y ahí, sintiendo la mirada penetrante en ella, terminó.
Intentó tapar su rostro, o su boca, o tal vez todo, mientras un gran gemido se escapase de sus labios, y tenía claro que no había logrado ninguno de los cometidos. Simplemente miró el techo del lugar, mientras sentía su cuerpo liviano, mientras los escalofríos recorrían su espalda. Sus piernas se tensaron, temblando, también sus brazos, su pelvis. Sintió temblores recorrer su cuerpo por momentos incontables, hasta que al fin sintió paz. Nunca había sentido algo así de intenso.
Su respiración estaba desbordante, indomable, e intentó corregirla. Su cabeza se sentía nublada ante la falta de oxígeno, y sus piernas entumecidas ante las sensaciones. Se dejó caer en las almohadas, sintiendo su piel húmeda en las sábanas, una sensación desagradable, pero en ese momento era la menor de sus preocupaciones. Intentó respirar, calmarse, volver en sí. Sus labios se sentían resecos, y solo quería que Ruby la besara para así sentirlos normales, más tuvo que conformarse con su propia lengua.
No podía pedir demasiado.
Sintió una leve caricia en su rostro, y sus ojos se esforzaron por enfocar.
Ruby había escalado, su rostro estaba calmo, una sonrisa en sus labios. Los dedos estaban corriendo los mechones de cabello de su rostro, probablemente pegados a su piel con el sudor que provocó el encuentro. Se sentía avergonzada, pero su cansancio era superior a cualquier reacción que pudiese tener.
"¿Lo hice bien?"
Ruby habló, luego de unos minutos, cuando pareció notar más control en su persona. Sus ojos parecían tan emocionados como preocupados, su rostro levemente ladeado, y una vez más parecía un cachorro, esperando aprobación.
Se acomodó un poco en la cama, intentando no lucir tan...afectada por lo ocurrido. Incluso intentó arreglar su cabello, lo que no era posible del todo.
"Si, mejor de lo que imaginé. Si tú eres así de buena, no quiero imaginar cómo será tu hermana a la que llamaste experta."
Ruby parecía feliz con sus palabras, pero luego de unos momentos hizo un puchero, mirándola con ojos preocupados, si, cien por ciento preocupados.
"¿Me dejarás por ella?"
Su tono fue una preocupación exagerada y suplicante, y lo encontró una de las cosas más tiernas que pudo haber dicho, considerando que estuvo hace solo unos minutos con su rostro enterrado en su entre pierna. No era la misma persona, claramente. No podía ser que Ruby fuese tan atractiva en esos momentos y tan adorable en otros momentos. Le iba a provocar un infarto.
"¿Con esa bruta? No es por ofender a tu hermana, pero preferiría volver con mi ex antes de acostarme con ella."
Ruby parecía anonadada, pero luego soltó una gran carcajada. Al parecer cuestionó su decisión, pero entendió que estaba siendo honesta en su respuesta.
Además, que era la hermana de Ruby, se sentiría mal haciendo algo así. Sobre todo, si sentía tanto con la pelinegra. Tal vez era imposible para sí misma el hacerlo con un completo desconocido por el que no sentía nada. Quizás como persona no podía ser así, no podía sentirse así.
Llevó su mano al rostro de Ruby, acariciando su mejilla. Esta vez esta no tembló ni se inmutó siquiera, solo se apegó más a su mano, en busca de más contacto. Se sentía bien el tocarla así. Quizás desde ese día se le haría costumbre hacerlo.
Tocarle las mejillas…no hacerlo hacerlo…
Bueno, tal vez también.
Dios.
"Te traje un chocolate para animarte, pero parece que ya estás lo suficientemente animada."
Casi da un salto hacia atrás cuando la chica se removió bruscamente, sus ojos grandes mirándola, en ese momento ya no era un cachorro, si no una bestia lista para devorar a su presa.
"¿Chocolate? ¿Donde?"
Se quedó mirándola unos momentos, intentando procesar lo mucho que la chica cambiaba. Debía tener cuidado con los dulces que realmente parecía un lobo hambriento.
"La mesa."
Ruby movió su rostro hacía el lugar indicado, con una brusquedad y rapidez que creyó que su cuello iba a romperse. De un salto se levantó de la cama y con un segundo salto llegó frente a la mesa. Sus ojos brillando como los de un cazador. No se demoró ni un segundo en abrir la caja y sacar uno de los bombones de su lugar y llevárselo a la boca.
De acuerdo, su mente debía dejar de pensar en donde estuvo esa boca, ya no era una adolescente.
Ruby soltó un gemido de deleite, mientras disfrutaba lo dulce en su boca.
Se acercó de nuevo, trayendo la caja consigo, dejándola en el velador al lado de la cama, y volvió a sacar otro, llevándoselo a la boca. Emprendió camino hacia el armario, aun masticando el chocolate. Sacó una bata del lugar, similar a la suya, solo que en blanco. Se acercó una vez más, tendiendo la prenda, ofreciéndosela.
Se sintió avergonzada de tener la mirada de Ruby en su cuerpo desnudo, pero al menos esta evitaba mirarla descaradamente para no avergonzarla, y agradecía el gesto. ¿Podía ser Ruby menos buena?
Se sentó en la cama y ofreció uno de sus brazos para que la chica pasase la prenda. Era suave en su piel aun sensible, y se sentía infinitamente mejor que las sábanas en su espalda. Se vio vestida nuevamente, ahora ambas combinando.
Ruby sacó uno de los chocolates de la caja y se lo ofreció, el cual negó.
"Que los haya traído yo no significa que estos me gusten."
Ruby frunció el ceño, indignada, tragándose el chocolate menospreciado.
"Realmente no te gustan los dulces."
Le dijo, más como reproche que otra cosa. Ya habían hablado de eso cuando comieron ahí y ella rechazó el postre. Pero si, no le gustaban los dulces en general, unos menos que otros. Había unos sin azúcar que podía pasar, pero eran pocos los que hacían dulces sin la gracia de los dulces, y no iba a buscar con desesperación por uno.
Ruby se acostó a su lado, cómoda en la cama, disfrutando de los chocolates.
Aun se sentía avergonzada con lo que acababa de pasar, pero la chica lo hacía lucir tan cómodo que se vio disfrutándolo también. No había tenido sexo hace mucho, y sus piernas aun seguían temblando. Había perdido la costumbre, y nuevamente, esto era diferente.
Recordó una vez que Coco mencionó que prefería hacerlo con mujeres porque era más didáctico y estimulante, pero aquella vez lo dijo solo para avergonzarla, y evitó escuchar más al respecto. Realmente no sabía nada de esas cosas, en lo absoluto, y si no se hubiese arruinado su matrimonio, tal vez jamás lo habría averiguado.
Se quedó meditándolo.
Si una mujer podía admitir que era mejor hacerlo con una mujer, ¿Cuál era la razón de un hombre para irse con otra mujer? ¿Una más joven? Dudaba que fuese el caso, no era realmente mayor como para considerarse vieja. ¿Una más bonita? A veces pensaba en eso. Que era lo que le faltaba a ella para que su prometido se fuese con otra, no lograba entenderlo.
Sintió la mirada plateada en ella, y la expresión preocupada en el rostro de la menor.
"¿Qué pasa? ¿No te agradó?"
Negó y miró a Ruby. A ella solo le gustaban las mujeres, ella podría descifrarlo.
"¿Encuentras que mi cuerpo es feo? ¿Hago algún sonido desagradable?"
Los ojos de Ruby estaban como platos, sorpresa en cada poro de su rostro, se veía estupefacta. Luego la vio fruncir el ceño.
"¿Me estás preguntando eso en serio?"
Asintió, avergonzándose. Lo preguntó sintiéndose aun algo depresiva al respecto, pero ahora empezaba a perder ese ínfimo valor. Los ojos de Ruby se pusieron serios, y notó esa mueca madura plasmada en su rostro.
"De acuerdo, seré honesta. No he salido con muchas chicas, románticamente, pero si he visto muchas por estar en este trabajo, y creo que eres la chica más guapa que ha estado conmigo en una habitación. Tu piel es muy pálida y bonita, su cabello también es precioso, y tus piernas, joder, tus piernas."
Ruby comenzó madura, pero luego notó una expresión algo perversa en su rostro. Muy humana y natural, y su rostro estaba claramente rojo, sus ojos cerrados, pensativos. Se vio avergonzada, una vez más. Ruby lo decía con mucha honestidad tanto que su vergüenza aumentó, sus mejillas hirviendo.
"Los sonidos que haces también son agradables, como un canto. No creo que haya nada que se pueda considerar malo de ti. ¿Pero porque preguntas?"
Esta volvió a poner su expresión preocupada cuando terminó de hablar, por su parte se abrazó a sus piernas, sintiéndose feliz de que Ruby pensase eso de ella, y a la vez angustiada por la clase de parejas que tuvo en el pasado.
"A veces pienso en que me faltaba a mi para que mi prometido se fuese con otra."
Ruby soltó un bufido molesto, y la vio cruzarse de brazos, su escote pronunciándose. Intentó no mirar directamente. Aun se sentía acalorada.
"Bueno, ahí él es el problema. Quizás solo le gustaban más como Yang, gigantes o algo así. No es por insultar a Yang, la quiero, pero gustos hay para todos. A algunos les gustan prominentes, y a otros no. Y no, no quiero que pienses que lo digo exclusivamente en tema de busto, me refiero a en plan enorme, de todos lados."
Pestañeo un par de veces, si, pensó en busto.
Ruby soltó una risa nerviosa, intentando empezar de nuevo.
"Tú eres muy hermosa, Weiss, tienes muchos puntos a tu favor, pero quizás él realmente nunca te quiso por quién eres. Quizás no era tu cuerpo, quizás eras simplemente tu. Es imposible que no le gustases físicamente, o sea, sería estúpido, pero quizás tu personalidad no era lo que él esperaba. Tal vez quería a una novia loca que le hiciese caso en todo y fueran de fiesta y esas cosas, un hombre simple si me lo preguntas."
Ella tenía razón. Odiaba cuando empezaba a juzgarse a sí misma por los errores de otros, por los pensamientos de otros, por las preferencias de otros, pero tampoco debía llevarse toda la culpa, fue criada así, siendo obligada a recibir culpas ajenas.
Era mejor que eso. Se merecía más que eso. Él quería un juguete, y ella no era el juguete de nadie, no más.
Miró a la chica, y le dio una sonrisa que se sintió muy natural en su rostro.
"Gracias, Ruby."
Esta acomodó su rostro en una de sus manos y le sonrió de vuelta. Se sintió sonrojar cuando la mano sobrante llegó a su rostro, pasando por su cicatriz una vez más.
"No agradezcas, me preguntaste algo y voy a ser honesta contigo. No debes pensar menos de ti, porque eres maravillosa tal cual eres, y no dejes que un idiota te haga flaquear tu convicción."
Realmente le gustaba Ruby, no tenía duda alguna.
"Me has dicho muchas cosas bonitas hoy, realmente te esmeraste por las cinco estrellas."
Ruby se sorprendió, y notó en ese instante que parecía que esta había olvidado aquello, tanto así que volvió a mirar a la pantalla, en busca de la prueba. Al parecer se distrajo lo suficiente, lo que era bueno. No quería volver a verla así de triste. Así de rota. Una persona como Ruby, tan buena, no merecía algo así.
Sintió su rostro ponerse tenso, y decidió decir lo que tenía en el pecho.
"Ruby, quiero que sepas que puedes contar conmigo, tienes mi número, así que lo que sea que necesites, solo llámame. Me ayudaste mucho, y planeo hacer lo mismo por ti."
Los ojos de la chica brillaron en sorpresa, jóvenes. Podía notarla incluso avergonzada con sus palabras, pero luego esta soltó una risa, y segundos después, vino una sonrisa pícara. Su corazón latió rápidamente con cada cambio de expresión.
"Parece que de verdad te gustó como lo hice."
"¡Ruby!"
Esta solo rio protegiéndose con sus brazos como una niña malcriada.
Le gustaba.
Dios, le gustaba mucho.
Capitulo siguiente: Invitación.
SIIII SIIII EL DELICIOSOOOOO! De acuerdo, todo lindo, todo hermoso, pero situaciones así se harán comunes y espero feedback al respecto, que es mi primera vez haciendo una historia donde lo coqueto es primordial, aunque bien me demoré catorce capítulos, pero bueno, lo bueno se demora en llegar.
Como sea, Weiss no se habrá dado cuenta, pero esto ha ayudado más a Ruby de lo que ella imagina. Guiño guiño.
Nos leemos pronto.
