Red Velvet
Capítulo 16: Visita
…
Hablar con Ruby, era vergonzoso.
Se sintió en ese ciclo sin fin tan típico de una conversación, pasar del 'hola, ¿Cómo estás?' a el 'bien, ¿Y tú?' y luego nada.
Sintió que caería en la desesperación.
Era mala para hacer amigos, eso era obvio, y Ruby también lo era, pero esta última fue lo suficientemente arriesgada para decir más de tres palabras. Solo bastaron unas cuantas frases llenas de incomodidad para que comenzaran a hablar con normalidad, casi como si estuviesen frente a frente, lo que agradecía.
Aprendió mucho de Red Velvet en esa semana. El horario de Ruby era bastante diverso. Era un trabajo demasiado impredecible, estaba segura que eso no sería bueno para su salud mental, así que por una parte se alegraba de su propio trabajo, aunque tuviese que despertar temprano, lo cual odiaba.
Ruby tenía una semana de trabajo nocturno y la semana siguiente trabajo diurno. Tenía sábado y domingo libre semana por medio, y algunos días de la semana, dependiendo de diferentes factores, como las épocas de alta afluencia de clientes o la disponibilidad de los que trabajaban. A veces los mismos acompañantes debían asumir otras responsabilidades en el lugar, como limpiar las habitaciones luego de los usos o ayudar en la cocina. Esas obligaciones extras hacían que su sueldo fuese variando, así mismo como variaba gracias a la calidad del servicio que prestaban, los productos o comestibles que lograban vender en sus turnos, también las horas extras que debían hacer si es que una de sus citas se alargaba de su horario de salida.
Ruby no tenía ningún problema con eso, no estudiaba ni hacía algo extra, así que podía lidiar con la falta de estructura en su día a día, y encontraba que era divertido. Ningún día era igual al anterior. Aunque podía notar algo de molestia al trabajar algunos fines de semana, y apoyaba aquello. Debía de ser difícil incluso ver a su propia hermana, aunque viviesen en la misma casa y trabajasen en lo mismo.
Sus conversaciones, en general, no eran muy fluidas. A veces pasaban horas hasta que la otra contestase, ambas ocupadas. Ella con sus obligaciones y la menor con sus clientes.
No podía evitar sentir ciertos celos de vez en cuando, y seguía sin entender el fundamento de estos. Al menos Ruby era relajada en ese aspecto, muy abierta incluso. Uno de los días le contó que la señora del poker volvió. Ruby estaba feliz de haberle ganado, y tenía un dinero extra que usó para apostarle. La segunda ronda no le fue tan bien, pero disfrutó de la ocasión.
Ruby se divertía, sin duda.
Se alegraba tanto de que pudiese seguir con su vida normalmente. Tal vez hasta habría tenido problemas con la mujer del poker, y si era así, su ánimo decaería aún más. Al menos no era el caso. No sabía si aquel trauma había desaparecido por completo, pero al menos ya no era un problema que le impedía seguir con su vida, así que no tendría que preocuparse más. Si Ruby necesitaba ayuda, o necesitaba desahogarse, sabía que podía contar con ella.
Podían contar con la otra.
En ese aspecto, si, era diferente al resto de clientes.
Y Ruby la había invitado a su casa. Eso también era diferente.
O quería creer que así era.
Todo en la semana fue tranquilo, sus conversaciones, su trabajo, todo. Así que cuando llegó el sábado, sintió algo extraño en el estómago. Sintió nervios. Sintió vergüenza.
Ya se había acostumbrado a ir a aquel lugar, se había acostumbrado a la vergüenza de ir ahí, de superar el tabú y su propio prejuicio acerca de ese tipo de lugares. Pero ahora era algo diferente. Iba a ir a la casa de alguien, que, si bien la conocía más de lo que podía aceptar, le causaba nervios. No eran los mismos nervios, en lo absoluto, pero jamás había estado en casa de amigas, ni siquiera con Coco que se conocían desde jóvenes. No eran tan intimas, como había logrado ser con Ruby, pero eso lo hacía aún peor.
No tenía experiencia en esas cosas.
En el Red Velvet podía hacer lo que quería, podía controlar lo que ocurría a su alrededor, pero ahora no era una cliente, ni Ruby una empleada, ahora eran dos conocidas que se habían hecho intimas con el tiempo.
Sintió sus manos sudar en el manubrio. Esa palabra, 'intimas', la hacía sentir nerviosa.
Eres una decepción.
Por favor, no ahora.
Logró deshacerse de su padre, que como nunca estaba en casa ese fin de semana, e inventó la excusa de que iba a salir con Coco, por unas copas, y no sabía cuándo volvería. Decía aquello, a las dos de la tarde era bastante poco creíble, pero bueno, su padre siempre había sido muy indulgente con la elite de Atlas, así que, si se trataba de Coco, lo aceptaría con los ojos cerrados. De todas formas, le avisó a la susodicha de su mentira blanca, porque conociendo a su padre, se le ocurriría contactarla si es que algo pasaba, y no quería que su mentira fuese descubierta de inmediato.
Se sintió enrojecer cuando la mujer se burló de su situación.
'Disfruta de tu cita.'
Fueron las últimas palabras que esta le dio, y sintió su rostro arder. Ya le había comentado acerca de sus escapadas regulares donde Red Velvet, y de su latente interés por una de las acompañantes. No la juzgaba, para nada, incluso esta le dijo que estuvo en una situación similar, y luego su interés cambió de ruta. Nunca le comentaba nada más, y odiaba ese aire misterioso que tenía, pero no iba a rogarle por información, tenía aun dignidad y decoro. Además, si le pedía detalles, tal vez recibiría detalles que no quería escuchar, y conociéndola, era así.
¿Era una cita entonces?
¿Como amigas?
Amigas que se conocieron en un lugar que ofrece compañía y servicios sexuales.
Genial, ahora estaba más nerviosa, y se sentía ridícula.
Lo eres.
Se aseguró que hubiese llegado a la dirección correcta, corroborando con su GPS, y respiró profundamente, mirando alrededor, observando su entorno con la excusa de calmar sus nervios.
Con lo que Ruby le había contado de su infancia, la imaginaba viviendo en un piso de un edificio mal trecho, compartiendo el baño y la cocina con desconocidos. Tal vez viviendo en lo más bajo de Atlas, aún más bajo de lo que estaba Red Velvet. Calles tenebrosas, llenas de indigentes, malhechores, vecinos gritándose entre ellos, y, sobre todo, sin calefacción para sufrir lo más duro del invierno. El continente vivía en constante frio, y lo más bajo vivía en constante pobreza, así que podía imaginarse que algo así ocurriese.
Por suerte, no era así. Se sintió un poco mal por asumir, sus prejuicios nuevamente atacando.
El lugar era diferente a la zona donde ella vivía, en lo más alto, con la elite, y si bien Ruby no vivía en el extremo, vivía en un amigable punto medio. Eran en su mayoría casas, muy apegadas para su gusto, pero casas al fin. Sin mucho espacio, y pequeñas, pero no era lo que pasó por su mente. Era mucho más acogedor. Las calles se veían tranquilas, e incluso había gente paseando a sus mascotas con relajo. Era una buena zona. No viviría ahí, pero no era un lugar donde probablemente sería asaltada en el más mínimo descuido. Ni siquiera en Red Velvet era así, pero había lugares así de peligrosos a solo a unas calles. Lugares donde una Schnee no tenía permitido ir.
Ya había tenido problemas en el pasado por eso, y si bien a su rebelde ser no le importó, a su padre sí.
Se armó de valor y bajó del auto, alisándose el vestido claro y acomodándose la chaqueta azul oscuro.
No alcanzó siquiera a acercarse a la casa, subir las escaleras y golpear la puerta, porque la pelinegra ya estaba ahí, apoyada del marco de la puerta, en una postura relajada.
No quería pensar en cuanto rato estuvo ahí esperando a que bajara del auto, pero se alegraba de que sus vidrios fuesen oscuros, o la habría visto tomar aire un par de miles de veces.
Se acercó, sintiendo su estómago retorcerse y se felicitó por haber comido algo ligero al almuerzo.
"Lindo auto."
Ruby no la miraba, sus ojos pendientes del vehículo.
Aprovechó su distracción para observarla.
No la había visto nunca con ropa, y lo más cercano era esa bata de hospital.
Estaba casualmente vestida con unos shorts, unas botas negras y toscas, una sudadera roja como su bata usual, al parecer era su color, y una camiseta color malva, ligeramente traslucida que debió usar su fuerza de voluntad para no comprobar el nivel de translucidez.
"Solo es un auto."
Le dijo, intentando ignorar su nerviosismo. Ruby la miró, sonriéndole, como siempre lo hacía. Nada había cambiado, solo el lugar de encuentro.
Mentira, se estaba mintiendo a sí misma, muchas cosas habían cambiado, y aquello empezaba a volverla loca. Incluso la sonrisa que esta le daba, mientras la miraba de arriba a abajo, sin ningún tipo de vergüenza.
"Te ves mucho más guapa con la luz natural."
Dio un salto, y creyó que iba a tropezar. Se impresionó. Ruby le sonreía. No tenía idea si esta era consciente de lo mucho que sus palabras le afectaban. Afectaban de una buena forma.
Ruby la dejó pasar, y se sintió extraño ser ella quien normalmente hacía aquel gesto.
La casa era pequeña, sí, pero no agobiante como pudo haberse sentido. Simplemente estaba acostumbrada a su enorme mansión.
La sala de estar fue la primera habitación en recibirla. Se veía espaciosa ante la poca cantidad de muebles. Las hermanas habían empezado de cero, así que era de esperarse que no hubiera muebles antiguos traspasados de generación en generación. Había un sofá amplio y uno pequeño, un televisor y una mesa de centro. Las cortinas eran modernas y alegres, así como la pintura de las paredes que era en un tono anaranjado. Era acogedor.
Se quedó un rato inerte, sin saber si debía avanzar o no.
Ruby se le acercó, posicionándose a su lado. Podía notar su rostro divertido. Notando su nerviosismo.
"Si quieres mirar, hazlo, mi casa es tu casa. Y si quieres puedes sacarte los zapatos si te sientes más cómoda."
"¿Y dejar que me ganes mientras usas esas botas? No gracias."
Ruby soltó una risa ante sus palabras, y, de hecho, no acostumbraba a sacarse los zapatos, mucho menos en su helada casa. Si su padre la veía en ropa de dormir y sin zapatos, probablemente la desheredaría. Y honestamente, tampoco quería tener dicha intimidad con su familia. En el Red Velvet se sentía más cómodas de hacerlo, porque ambas estarían iguales, así que ahora, si Ruby usaba sus botas, también usaría sus plataformas.
Decidió avanzar, abriendo la primera puerta que vio, que era el baño. Era pequeño, pero tenía todo lo necesario, y una bañera de buen tamaño, eso se apreciaba.
A su derecha estaba la escalera que guiaba al segundo piso, y al ver la cocina en frente, asumió que las habitaciones debían de estar arriba. Avanzó y miró alrededor. La cocina tenía lo necesario, y al notar los alrededores, se notaba que al menos las hermanas cocinaban. Sabía que Ruby era más de ser pastelera que cocinera, pero tenía fe que la hermana fuese diferente. No veía trastes de comida rápida, así que tenía esperanzas de que estas se cuidasen como correspondía de vez en cuando.
"¿Comiste algo saludable?"
Le preguntó a la menor, la cual estaba fuera de la cocina, mirándola, sus manos dentro de los bolsillos de su sudadera. Esta asintió, y avanzó hasta la nevera, abriendo la puerta. Notó variedad de comida, así como algunos contenedores plásticos con platos preparados.
"Mi hermana cocinó ayer, así que podremos sobrevivir."
Soltó una risa.
"Me alegro, no me gustaría que murieses de indigestión por algo que cocinaste."
Ruby hizo un puchero, cerrando la puerta de la nevera. Su postura cambio, y la vio indignada. Pudo notar esa faceta infantil de esta aparecer.
"No debí decirte que soy mala cocinera. Vas a burlarte de mí para siempre."
Soltó otra risa, pasando por el lado de la chica, poniendo su mano en el hombro ajeno. No pensó mucho el acto, debido a su buen humor, pero a la menor pareció sorprenderle, al menos por un momento. Realmente era mala para iniciar contacto físico.
"Relájate, al menos morirías por lo que cocinaste, por mi parte, incendiaría la cocina intentando hervir agua."
Ruby soltó una carcajada.
Siguió de largo, aun escuchando a la chica reír tras ella. Y si bien en su cabeza debía verse graciosa la situación, era dolorosamente real. Necesitaba aprender a cocinar si es que algún día viviría su vejez fuera de la mansión, en su propia casa aislada de todo y todos. Y lamentablemente Klein no viviría para siempre, por mucho que así lo quisiera.
Volvió a la sala de estar, y se sentó en el sofá, cruzando sus piernas.
Ruby llegó a su lado, sentándose sin cuidado alguno. No parecía tener intención de prender el televisor, porque se acomodó, mirándola. Tuvo que enfrentar dicha mirada, ya que no podía quedarse mirando al frente de por vida. Se acomodó ligeramente para que sus miradas chocasen.
Se vio un poco intimidada, siendo Ruby la que una vez más parecía no importarle el espacio personal. Esta la observaba, cómoda, uno de sus brazos estaba sobre el respaldo del sofá, a solo unos centímetros de su cuerpo. Se sentía invadida e intimidada, su cuerpo tenso, inmóvil. Ruby solo le sonreía, notoriamente emocionada.
"Me alegra que pudieses venir, Weiss."
Sintió sus mejillas arder, así como sus labios se curvaron naturalmente.
También estaba feliz.
"Por suerte no tuve mucho trabajo acumulado esta semana."
Ruby hizo un puchero, y dios no quería desviar la mirada porque sería muy obvio, pero mantenerla en la chica la hacía poner nerviosa a más no poder.
"Me hubiese puesto triste si no venías."
Las palabras resonaron en su cabeza una y otra vez.
Se sentía feliz, se sentía realmente emocionada de escuchar eso. Y Ruby, verla sonrojarse levemente mientras ponía esa sonrisa incomoda, masajeándose la nuca, era invaluable. Era adorable.
Asintió, masajeándose las manos.
"Yo también."
Dijo, sonrojándose.
Se sentía como una adolescente que tiene una cita por primera vez con su amor platónico. ¿Era Ruby algo así? No tenía idea, pero ignorar que sentía algo era estúpido. Nunca actuaría de esa forma con cualquiera, y eso de buscarla por cielo, mar y tierra cuando supo de su accidente, eso realmente era una alerta.
Honestamente no le importaba.
En ese segundo, le daba igual. Lo que fuese, iba a disfrutarlo, no importa lo etéreo que fuese.
"¿Qué quieres hacer hoy, Weiss?"
Miró a la chica, la cual se acomodaba en el sofá más recatadamente. Al parecer aquello parecía una pregunta más de costumbre que algo natural de ella, debía estar acostumbrada a que la otra persona tomase la iniciativa o le dijese lo que quería para que esta obedientemente hiciese caso. No le amargaba pensar eso, ya que sabía que Ruby tenía tan poca costumbre con amistades como ella, así que era normal. Ella misma hizo aquello con la menor, lo de tratarla como una empleada o alguien bajo su cuidado.
Honestamente, hacer algo no era necesariamente su intención, solo con estar con la chica era suficiente. Pero...
¿Qué quería hacer?
Recordó algo que había olvidado. Algo que había decidido olvidar.
Fue la noche anterior, en sus más remotos sueños. El nerviosismo de ver a la pelinegra la tomó desprevenida, y su inconsciente le jugó una mala pasada, haciéndola tener imaginaciones que no eran para nada recatadas.
Ruby no tenía ningún problema con hacerlo.
Y por su parte, tampoco. De hecho, sentía que era lo que más necesitaba. No podía dejar de pensar en eso. Estaba loca, no tenía duda. Tal vez si sucedía de nuevo, sería más normal, no se sentiría tan afectada por una simple mirada, o el tacto de la mano de la mujer en su mano. Tenía esperanzas en eso.
"No me tomes a mal, pero, dijiste que no te molestaba hacerlo, ¿No?"
Ruby la miró, perpleja, notó nerviosismo en su mirada, leve, un atisbo, y luego le dio una sonrisa pícara. Sintió sus mejillas arder, rogando para que Ruby no dijese nada.
"Entonces realmente te gustó mi servicio."
Dio un salto, sonrojada, sin saber que decir, tenía las manos tan sujetas la una de la otra que ni siquiera era capaz de ocultarse. Ruby reía cómodamente, pero aun podía notar el atisbo de sonrojo en su rostro. Esta después de unos segundos se calmó. Sintió la mano ajena en su rostro, acariciándola levemente, el pulgar de esta pasando nuevamente por su cicatriz, la cual no se molestó en ocultar con maquillaje.
"Lo siento, no me aguanté."
Ruby pareció más madura en ese instante, y su voz se tornó calma.
"Entonces, ¿Estás segura?"
Asintió, recuperando su compostura, en parte alegrándose que para Ruby eso no fuese raro en lo absoluto. Temía que Ruby la encontrase una mujer extraña, como ella misma se veía.
"Si no tienes problema con eso, claro."
Esta negó rápidamente, una leve sonrisa y un ligero rubor en sus mejillas.
"Nup, suena bien para mí, por algo te lo mencioné. Me gusta la idea."
Ruby fue la primera en moverse, su mano pasando por su rodilla descubierta, subiendo por su muslo, levantando ligeramente su vestido. Sabía que a esta le gustaban mucho sus piernas, pero ahora pudo corroborarlo, sus ojos devorándola. Sintió su corazón latir fuertemente en sus oídos. La mano de la chica se tomó su tiempo hasta que llegó a su cintura, sujetándola, y la vio hacer un movimiento, acercándose, llevando ambas de sus manos a su cintura, moviéndose ligeramente, diseñando el camino a tomar.
Si le decía que quería tener sexo, iba a ser esta quien tomase dicha posición.
Algo no cuadraba, pero quería asegurarse de no estar malinterpretándolo.
Logró captar la mirada de Ruby con la suya, interceptándola. Esta parecía seria, enfocada, demasiado profesional para su gusto. Sus plateados cambiaron de inmediato, un dejo de curiosidad en el brillo de estos. Como un cachorro preocupado.
"¿Weiss?"
"¿Es un problema si quiero tocarte también?"
Ruby pareció espantada con la pregunta. No espantada de miedo, más bien de sorpresa. Estaba atónita. La vio pestañear un par de veces, y no pudo evitar reír ante la mueca tan graciosa que hacía. Su cabeza fue capaz de ignorar el nerviosismo que causaban las manos ajenas sujetando su cintura con esa intensidad.
Comenzó a preocuparse luego de unos segundos sin respuesta, pensando que a lo mejor Ruby seguía afectada por los sucesos que le ocurrieron. Y en realidad, era una opción. Lo supo desde aquel día. Tal vez tocar a alguien no era gran cosa, pero si la tocaban de vuelta, debía de recordar lo que le sucedió, como esa delincuente la tocó.
Sin control alguno, llevó su mano a la mejilla ajena y agradeció que esta no saltase asustada.
"¿Estas bien? Si no quieres lo entenderé. No quiero espantarte, o hacerte daño de alguna forma. De hecho, no se mucho de esas cosas después de todo, no es como que sepa que hacer."
Sintió que habló muy rápido, y se sintió avergonzada de su voz llena de pánico.
Ruby ladeó el rostro, apegándose a su mano, pero aun manteniendo el estupor en su expresión. Salió de su trance luego de un momento. Pudo notar sus cejas fruncidas. Ambas sabían a lo que se refería, o a que venía su vacilación. Ambas sabían lo que había pasado.
"Si, estoy bien, solo me tomaste por sorpresa."
Ruby se calmó luego de decir eso, su mejilla acariciándose con la palma de su mano como si fuese un cachorro.
"Creo que te juzgué mal. Pensé que eras del tipo de mujer que no hacía esas cosas, ¿Me entiendes? Creo que hay un término así, algo como princesa de algo."
La miró, con una ceja levantada. Todos tenían esa impresión de ella, siempre. Pero no pensó que Ruby sería una más del montón.
Como si la pelinegra hubiese leído sus pensamientos, negó rápidamente.
"No suelo juzgar a la gente, no soy ese tipo de persona. Debo culpar a mi hermana que solo habla de esas cosas, que honestamente poco entiendo. Pero en temas de sexo, debo hacerlo, para así saber cómo actuar con los clientes, y tuve esa sensación esa vez, cuando tu estabas ahí-"
Fue rápida en usar la mano en la mejilla de la chica para taparle los labios. Parecía que iba a seguir hablando de lo que había ocurrido y sinceramente seguía muy fresco en su memoria para recordarlo. Demasiado fresco.
"Solo estaba nerviosa, ¿De acuerdo? Llevaba tiempo sin hacerlo, con nadie, mucho menos con una mujer. Ni siquiera sabía qué hacer, incluso ahora estoy perdida."
Pudo sentir la sonrisa de la chica bajo su palma, y no sabía si era una buena idea liberarla, sentía que tendría una mueca burlona o lo que fuese y no estaba preparada. La liberó luego de unos momentos, asegurándose que esta iba a cambiar de tema o iba a abstenerse de hablar de la última vez.
Ruby solo le sonrió, de esas sonrisas cálidas que incluso eran trasmitidas por sus ojos.
"No te preocupes, Weiss, el sexo no es tan complicado, pero si te la pasas pensando, estarás aún más nerviosa. Quiero que estés cómoda, así que vamos paso a paso. ¿De acuerdo?"
Asintió, sintiéndose nerviosa, pero no de nervios, si no nerviosa de que su corazón estuviese latiendo tan fuerte. Realmente agradecía cuando la mujer actuaba así, cuando hacía todo para hacerla sentir cómoda, y eso le robaba el corazón.
Ruby se levantó del sofá, ofreciéndole sus manos para que las tomase, y rápidamente aceptó la ayuda para pararse del lugar. Ruby avanzó por el pequeño pasillo hasta la escalera.
Hacía la habitación.
Dios.
Eso ya era dar otro paso.
¿Qué sorpresa le esperaría ahí arriba? No tenía idea.
¿Estaba lista para algo así? No tenía idea.
No sabía nada, pero el corazón no paraba de latirle en el cuello.
Capitulo siguiente: Comunicación.
Pobre Weiss, nunca ha ido a la casa de una amiga y apenas lo hace bang sexo, pero ella misma se metió en el embrollo, podrían haber jugado a las cartas, pero no, su mente sucia atacando. Vamos a ver si en el capítulo siguiente Ruby le da unas clases a Weiss, you know what I mean.
Espero hayan disfrutado del capítulo, y quiero decirles que ayer terminé el capitulo 56 de esta historia, así que tenemos muchas aventuras aún, así que espero que la mayoría se quede a ver que sucede. Hay muchas cosas divertidas, y tensas, y dramáticas, que quiero agregar, así que, como dice mi waifu, vamos por los 100.
Nos leemos pronto.
