Red Velvet

Capítulo 18: Insomnio

Se sentía débil, se sentía estúpida, se sentía pecadora, sucia, asqueada de sí misma.

Lo eres, eres una desgracia.

Su padre siempre le inculcó de niña que cosas estaban bien para él, para la sociedad, para el mundo donde vivían, siempre en lo alto, superiores a todo, así como también le dijo las cosas que estaban mal, las cosas que iban a hacer que cayese en lo más profundo del abismo. Le dijo cuáles eran las actitudes y las decisiones que significarían su ruina. Incluso a corta edad sabía, debido a esas instrucciones, que tenía que hacer para tener el comportamiento perfecto e ideal que era correspondiente a la heredera de la compañía Schnee, a la hija de Jacques Schnee, el comportamiento de una mujer de alta alcurnia, superior a los demás.

Siempre debía estar perfecta, vestir ropa de diseñador, mantener la compostura, estar presentable en todo momento, no alzar la voz, mantener las más altas calificaciones, no fallar notas en ninguna de sus presentaciones, todo en ella debía de ser impecable. Debía ser digna de la hija del señor Schnee, de la familia Schnee.

Siguió esas reglas al pie de la letra, sin fallar, sin bajar el nivel que tenía, siendo la hija perfecta.

¿Cuándo cambió?

Tal vez nunca cambió, ser perfecta, seguir las enseñanzas que le dieron estaba demasiado arraigado en su cabeza. Era un mantra que escuchaba a cada momento, al principio era la voz de su padre revoloteando en su cabeza, su voz tosca y severa repitiéndole una y otra vez el comportamiento que una señorita como ella debía de tener, y luego, sin darse cuenta, era su propia voz la que repetía aquellas palabras para sí misma.

Uno de sus terapeutas le dijo, años atrás, que le habían lavado el cerebro de niña, y cuando este lo comparó con hijos de sectas, no pudo hacer nada más que sentirse irritada con la comparación. En ese instante le sonó estúpido, le sonó a algo completamente diferente, como dos cosas que no debían ser comparadas, pero ahora, ya adulta, podía dar por hecho que era así. Esa gente creía en un dios, o en algo superior, algo inexistente y les enseñaban tantas cosas que al final del día creían fervientemente en aquello, en lo que sea, sin siquiera cuestionárselo.

Pero, ella era diferente, ella no se lo creyó del todo. ¿Por qué?

Honestamente, tenía dieciséis años en ese tiempo, y era poco lo que recordaba, quizás era porque los recuerdos eran omitidos por lo que sucedió después.

Había algo claro en todos esos momentos, y era que se volvió una rebelde.

Probablemente todo ese fallo en su comportamiento perfecto fue a causa de que su padre, al perder a Winter, se enfrascó en ella aún más, siendo cada vez más agresivo, cada vez forzando más y más su posición como heredera. Empezó a ver colores en su padre que no había visto antes, y ese miedo que le tuvo en ese entonces, era superior a las creencias que este mismo le dio desde niña. Fue capaz de darse cuenta que ese era un enemigo, fue capaz de darse cuenta que esa no era la vida que quería. No, en realidad, disfrutaba la idea de convertirse en aquello por lo que tanto trabajó, pero ¿Ser un peón de su padre? No, eso no lo iba a aceptar.

Su hermana no la entendió en ese entonces, ni la entendió en la actualidad, pero iba a seguir su propio camino, y lo estaba logrando.

¿Pero ahora? ¿Porque estaba escuchando esa voz en su cabeza con aquella intensidad? ¿Su propia voz? Creyó que la había olvidado, o quizás se había acostumbrado a su presencia, o a el simple hecho de darle en el gusto para forzar su silencio, pero luego de que se enterase la verdad de su ex prometido, su mundo cayó abajo, volvió a tocar fondo como cuando joven. Nuevamente hacía cosas que la hacían dudar de lo que le fue impuesto. Otra vez le fallaba a aquello que tenía tan arraigado en la cabeza.

Sus pecados, su suciedad.

Pecadora asquerosa.

Abrió los ojos, encontrándose con la oscuridad de su habitación, tan amplia, tan vacía.

Cerró los ojos de nuevo, olvidando donde estaba, apareciendo ahora en un lugar diferente. Ya no era amplio, era estrecho, pero era tan confortable que no era un problema. Podía ver la luz anaranjada entrar por la ventana del lugar, podía sentir su cuerpo cómodo en aquella pequeña cama, así como podía sentir su cuerpo cálido, diferente que hace solo unos segundos. El cuerpo y el aroma que estaba a su lado era en parte la razón por la que todo lucía tan bien, tan calmo. Podía ver el rostro conocido frente al de ella, los ojos plateados brillando, observándola a ella, solo a ella. La sonrisa que esta le daba era tranquilizadora, y a pesar de lo que había pasado entre ambas, era algo agradable. Amaba sin duda el estar en esos brazos que la abrazaban con cuidado, pero con fuerza, protegiéndola de todo mal, protegiéndola de sí misma.

Acallando esa voz que la martirizaba cada día. Silenciándola de una vez por todas, aunque el mismo hecho de huir de la voz la hacía volver con aun más fuerza.

Inaceptable.

Eres una sucia.

Es aborrecible lo que hiciste.

Eres una desgracia para el apellido Schnee.

Ardor.

El ardor la atacó con fuerza, y se vio obligada a despertar de ese agradable sueño.

Quedó sentada en su cama, sudando frio, sujetando su ojo izquierdo con ambas manos. Se sentía casi como esa vez. Esa vez hace años.

Jadeó, luchando por aire.

Respiró profundo, calmándose, el ardor disminuyendo. Alejó sus manos y miró al frente, a algún lugar entre su armario y su mesa de té. Se sentía mareada. Tapó su ojo derecho, enfocando la mirada con el izquierdo. Veía todo borroso. Su ojo rara vez le daba problemas, y ahora, con ese sueño, parecía molestarla de adrede. Lastimándola físicamente.

Iba a colapsar con esa voz y además con esos ataques.

Prácticamente había olvidado esa sensación desagradable.

El ardor volvió de nuevo, y se movió deprisa hacia su velador, buscando sus medicamentos. Los necesitaba. No había tomado hace tiempo. De hecho, si, tuvo que tomar uno luego del incidente con su ex. No sabía con seguridad que era su ojo el que veía borroso, o simplemente era el cansancio de quedarse en vela, y el claro estrés, ya que se había asegurado que aquello podía hacer de su condición algo peor.

Se tomó una de las pastillas y se forzó a recostarse de nuevo, respirando profundo, ignorando el dolor.

Pero apenas cerró los ojos para intentar dormir, vio el rostro de su padre. El rostro de su padre hace años atrás cuando su cabello seguía parcialmente oscuro y su rostro parcialmente arrugado.

Se sintió temblando ante sus gritos indescifrables.

Ella solo pedía espacio, pedía cierta libertad, pero su padre no quería eso, no quería darle la más mínima libertad o si no acabaría como su hermana. Este tenía miedo, miedo de que su torre de naipes cayese, miedo de que no tuviese a nadie para seguir su legado, legado podrido.

Quería huir de ahí, en ese instante, no le importó su herencia, su futuro, solo quería salir de esa casa y estar lo más lejos posible de ese monstruo al que llamaba padre. No quería estar más en su sombra, quería ser Weiss, no solo la heredera. No quería ser lo que él quería que ella fuese.

El mundo se le cayó encima, teniendo la libertad tan cerca. Al final, una Schnee siempre tendría enemigos.

Al final, este se iba a desquitar con ella por no hacerle caso.

¿Qué pasó?

No recordaba, por más que intentó todo, los recuerdos parecían nublados, y si se dignaba a forzar sus memorias, el dolor volvía a atacarla, justo como en ese instante.

Lo que si recordaba eran el escuchar sus propios quejidos omitiendo las palabras de su padre, y su vista pegada en la alfombra, gotas de sangre cayendo en ella, una tras otra.

El resto, tampoco lo recordaba con claridad.

Despertó en el hospital, mareada, débil, con su ojo quemando en su rostro, la zona vendada. No sabía que hablaban a su alrededor, estaba demasiado cansada para notarlo. Su padre debió inventarse algo, estaba segura, no iba a decirles que la atacó en un momento de descontrol, oh no, el señor Schnee no sería capaz de una barbaridad así. Lo que sucedió, quedó entre ellos. Su padre aceptó su propuesta de ingresar a estudiar donde quisiera, a salir de casa, al ser de cierta forma, libre. Solo iba a aceptar aquello si es que ella no decía nada acerca de lo sucedido. Este la manipuló, pero por su parte, se sentía bien. Fue lo suficientemente valiente de enfrentar a su padre, aunque eso casi le costó la vista, fue capaz de conseguir lo que quería, así que aquella batalla fue una victoria.

Tuvieron que operarla ya que su ojo había recibido parte del daño, pero su padre no dudó en poner el dinero para que todo saliese bien. Aun así, a regañadientes de él, la cicatriz quedó ahí en su rostro.

Su cicatriz era su victoria, aunque todos creyesen estupideces en cuanto a esa 'desgracia'.

Pensar en eso, en su victoria, siempre se sentía relajante. Casi podía sentir el dolor desvanecerse, o tal vez eran solo los medicamentos haciendo efecto, calmando su dolor y su ansiedad. Calmó su respiración por completo, y ahora abrió los ojos, comprobando su visión. No parecía haber mejorado del todo, pero ya veía un poco más nítido que antes. Tomó su celular y revisó la hora, eran las dos de la madrugada. Si hubiese sido más tarde se habría dado una ducha y hubiese decidido empezar el día, pero era demasiado temprano para eso, pero no se sentía capaz de seguir durmiendo.

No después de ese agobiante momento.

Notó que tenía una notificación sin leer que no había visto así que aprovechó de apretarlo, no sin antes bajar el brillo al mínimo del aparato, no quería dañar más su ojo de lo que estaba.

Era un mensaje de Ruby.

Prácticamente había olvidado por completo que era la mujer la que había ocasionado todo ese episodio, pero no podía culparla a ella. Ruby solo era una buena persona que se esforzaba al máximo en su vida, en su trabajo, en todos aspectos. Sin malas intenciones, sin dobles intenciones. Era ella la que se aprovechaba de aquello y la mantenía a su lado a pesar de que la voz en su cabeza le decía lo errada que eran sus decisiones. Si, estaba sucia, si, había ido a la casa de una mujer, de una trabajadora sexual y había tenido sexo con ella. ¿Y qué? Había sido el mejor sexo que había tenido nunca, y Ruby había sido lo más atenta y agradable con ella, como nadie lo había sido nunca. Si, estaba sucia, ¿Pero a quien mierda le importaba? Mientras nadie se enterase, estaba bien, ¿No? Estaba feliz, estaba extasiada, estaba cómoda. Había pasado un maravilloso día con esa mujer que sus prejuicios marginaban, pero era mucho mejor que cualquier otra persona que conoció en toda su vida, así que no se arrepentía.

Antes tuvo una rebelión, y ahora, diez años después, iba a tener otra, y esa era el ocupar su maldito tiempo libre como se le diera la gana y acostarse con quien quería.

Al menos esa asquerosa voz se acallaba con Ruby, y ahí se sentía en paz, solo siendo ella misma.

Debía seriamente pensar en algo para que su padre no sospechara, para que no se metiese en su vida, una excusa o lo que fuese. No iba a permitir que él arruinara esto. Él ya había arruinado mucho.

Dejó de obsesionarse con sus pensamientos y leyó el mensaje que le había llegado de una vez por todas.

Le causó curiosidad porque el primer mensaje que le llegó había sido eliminado por la misma Ruby. Pero el siguiente le hizo soltar una risa.

"Lo siento, te di un mensaje de buenos días, pero son noches para ti, el horario nocturno me tiene un poco perdida en el tiempo."

"Lo borré para que no te rieras de mi porque escribí buenos días y te lo dije de todas formas, realmente soy una tonta."

"Debería borrar ya todo, ¿No?"

Realmente Ruby era una tonta. Sonrió y decidió contestar el mensaje.

"Son las 2 AM, prácticamente es día, así que buenos días, Ruby."

Sintió su corazón latir en su garganta cuando notó que Ruby estaba conectada en ese mismo instante y había leído su respuesta.

"¿Estas despierta? ¿Qué haces despierta? ¿Tienes insomnio?"

Pestañeó, sintiéndose un poco tonta. Ruby estaba trabajando y probablemente estaba en su tiempo libre, y conociéndola, era claro que se iba a preocupar.

¿Debía de ser honesta con ella? ¿Decirle? No, no, no la quería preocupar. ¿No estaba siendo igual que Ruby cuando le trató de ocultar sobre su trauma?

"¿Te pasó algo? ¿Estás bien?"

Ruby volvió a escribir, casi como si sintiese que algo andaba mal de forma instintiva. Soltó un suspiro, tal vez debía. Tal vez no indagar, pero al menos ser algo honesta, ya que, conociendo a Ruby, iba a insistirse hasta que le dijese la verdad. No le gustaba esa insistencia, pero no podía evitar encontrarlo algo adorable.

"Tuve una pesadilla y desperté con un poco de dolor en mi ojo izquierdo, pero no te preocupes, ya estoy mejor, solo que ya no creo ser capaz de volver a dormir."

Ruby leyó el mensaje, pero no respondió por un largo tiempo, y creyó que esta había vuelto al trabajo, pero seguía saliendo que estaba conectada. Aquel momento le causó cierta ansiedad, sentía que eran horas y no solo minutos. Por eso no le gustaba tomar los medicamentos, se sentía más alterada de lo usual.

Finalmente, Ruby respondió.

"¿Quieres hablar de eso?"

Oh.

Tenía la sensación de que Ruby había pensado en muchas cosas para decirle, y decidió esta. Podía notar la rigidez en la seriedad de su mensaje.

Realmente estaba flechada por esa mujer.

"Son cosas del pasado, que es mejor que se queden en el pasado."

Mandó el mensaje, y luego lo leyó y lo sintió algo duro, y honestamente no quería ser así con Ruby, no más. Así que decidió añadir algo más.

"Me serviría más una distracción, ¿Como va el trabajo?"

Notó como Ruby iba a escribir algo, pero al ver el segundo mensaje lo borró y comenzó a escribir nuevamente.

"Pues, no mucho realmente. El horario nocturno es muy flojo, y eso que somos la mitad del personal. Estoy sentada esperando a que las lavadoras paren de dar vueltas, probablemente terminen hipnotizándome y haciéndome dormir."

Ruby ya le había comentado que a veces debían ayudar con el aseo o en la cocina, y sabía que a Ruby no le gustaba para nada estar en la cocina, al parecer el cocinero, aunque fuese su amigo, la regañaba bastante y ella prefería huir de ahí si podía.

"Creo que tus ganas de dormir serían bien apreciadas en mi persona en este instante."

"Oh, y tu insomnio me sería útil a mí. No tengo nada más para hacer, creo que me haré un café o algo, si me ven durmiendo me van a regañar."

"Si trabajases para mí, un regaño no sería lo único que te llevarías de mi parte."

Y era así. Una vez bajó a uno de los pisos inferiores a una reunión y vio a uno de sus trabajadores durmiendo, recordó haber ido hasta su puesto y haber arrojado una carpeta llena de documentos hacía el escritorio de este. El chico dio un salto, y estuvo aterrado. Lo amenazó con quitarle de su sueldo cada uno de los minutos que estuvo durmiendo, incluso que pondría una cámara frente a él para descontar la cantidad exacta.

Probablemente fue su cara lo que más asustó al hombre que la amenaza.

"¿Ah sí? ¿Que más me haría, señorita Schnee?"

El mensaje que le llegó no era lo que esperaba, y ni siquiera era en el tono que esperaba. Había un emoji al final de la frase que insinuaba el doble sentido de sus palabras. Sintió su rostro arder de inmediato, recordándole lo que había pasado la última vez. No creyó que sería capaz de avergonzarse luego de esa pesadilla.

¿Debía seguirle el juego?

Se mordió el labio, y comenzó a escribir.

"Castigarte."

Lo mandó, y sintió sus orejas ardiendo. Si, si Ruby fuese su trabajadora haría lo que haría con cualquier otro empleado, castigarlo por su incompetencia, pero en ese instante, el castigo que le daría a Ruby sería ligeramente diferente. ¿Ligeramente? Oh no, completamente opuesto.

"Estoy curiosa de saber a qué tipo de castigo se refiere."

Las palabras de Ruby salieron muy formales para lo que acostumbraba, y casi podía imaginarse esa sonrisa pícara en sus labios. Tal vez no estaría pensando nada subido de tono, pero era claro que Ruby quería que ella pensase de esa forma, y lo estaba consiguiendo. Sujetó el celular con firmeza al sentir sus manos sudando ligeramente. No había tenido tal calor en su habitación nunca.

Meditó por unos momentos, sintiendo su cabeza nublada.

¿Qué hacer para castigar a alguien? ¿En ese sentido? No lo tenía muy claro, no se manejaba mucho en el tema. Sin embargo, recordó aquel momento hace solo unos días donde Ruby estuvo arrodillada frente a ella, mientras le sacaba las botas, y honestamente, esa imagen no se le quitó de la cabeza. Realmente le gustaba ver a Ruby así, mirándola desde abajo con sus plateados brillando, lista para complacerla.

Quizás…

Comenzó a escribir, sus manos sudando cada vez más.

"Haría que meditases acerca de tu incompetencia laboral, por ejemplo, arrodillándote frente a mí y suplicando perdón."

Lo mandó, y sintió nervios en su estómago. Sentía que estaba haciendo algo prohibido ahí en su casa, en el territorio enemigo. Coquetear así con Ruby era algo que no se imaginaba capaz de hacer en vivo, pero ahí, se sentía algo más empoderada, valiente. No tan avergonzada, era una ventaja el no tener a la mujer mirándola, esos ojos plateados haciéndola hervir.

Ruby tardó en responderle, tal vez esta dudo que le contestase, que le siguiese el juego, y le habría agradado ver el rostro de Ruby con cierto sonrojo.

"...Pero solo con pedir perdón no sería suficiente, ¿No? ¿Acaso podría hacer algo más para remediar mi mal comportamiento?"

Su cuerpo se calentó más de lo que pretendía.

Estaba disfrutando esa conversación, olvidando todo el sufrimiento que sintió hace unos momentos.

Sentía que estaba pisando un terreno que no estaba preparada para pisar. Pero, ya estaba ahí, caliente, pensando en Ruby, arrodillada frente a ella, en su oficina, sus ojos plateados brillando cual cachorro. ¿Qué le gustaría? ¿Que sería perfecto para una situación así? Dios, se sentía completamente sucia, pero se sentía tan humano que no le molestaba. Natural.

Oh, ya sabía.

"Si haces un buen trabajo ahí abajo, tal vez podía perdonar tus faltas."

Lo mandó, sintiendo picor en el lugar que había mencionado. No iba a escribir detalladamente donde, pero ella lo sabía y era claro que Ruby también.

Por dios. ¿Que estaba escribiendo?

¿Ruby, que me has hecho?

"¿Debería de hacerlo con mi boca o con mis dedos, señorita Schnee?"

Dios.

No.

Ya no podía siquiera controlar su respiración. Esto se estaba escapando de sus manos, y el picor en su entrepierna estaba creciendo. Era demasiado. Se mordió el labio, intentando silenciar el leve jadeo que se le estaba escapando con el simple hecho de imaginar a Ruby ahí abajo, una vez más. Apretó sus muslos sin controlar sus movimientos.

Sus dedos temblaron mientras escribía.

"Con tu boca, Ruby Rose."

Por Dios. Veía sus propios mensajes y no se reconocía. Era una persona diferente con Ruby, la volvía loca, sin duda. Sentía la humedad en la parte más baja de su cuerpo, y así como el sudor bajando por su mandíbula. ¿Como unos simples mensajes podían hacerle eso?

Había probado del fruto prohibido, no tenía duda.

Se sentía envenenada en esa nueva realidad.

Y le encantaba.

"Sería un honor complacerla de esa forma, no tenga duda que usaré toda mi experticia para hacerla sentir bien y que pueda perdonarme."

Soltó otro jadeo.

Ruby.

No podía creerlo.

Se quedó unos momentos ahí, casi siendo capaz de sentir el calor de Ruby entre sus piernas. Un segundo mensaje apareció, y si no estaba nerviosa antes, pues ahora lo estaba.

"¿Weiss...Estas..."

Se quedó mirando el mensaje inconcluso, y sabía a lo qué Ruby se refería, al menos la parte más caliente de su cabeza lo tenía claro. Al parecer esta estaba nerviosa para haber escrito de esa forma, y nuevamente deseó el poder verla, el poder ver su rostro.

"¿Mojada?"

Por supuesto que lo estaba.

Tembló un poco antes de poder dar una respuesta simple. Le daba vergüenza admitirlo, era vergonzoso que fuese algo tan simple como unos mensajes y la dejasen así, hecha un desastre. Pero, por otra parte, ya habían hablado de tener comunicación, sobre todo en temas así de íntimos, así que debía de comportarse acorde.

Estaba aprendiendo poco a poco.

Dios, que ilusa fue al creer que si tenía sexo con Ruby todas esas ansias se acabarían finalmente y podría volver a su vida casta normal. Era todo lo contrario.

"Si."

"Muy bien, me calma no ser la única."

¿Que?

Oh.

Aquello que estaban haciendo no solo le estaba afectando a ella, y eso la hacía sentir bien. Al menos el cuerpo de Ruby era tan receptivo a los coqueteos que ella, así que era justo. Le encantaba eso.

"Es una lástima estar en el trabajo. ¡Ay! Ahora estoy ansiosa por verte."

Pensó que si, en su caso, si quisiese aliviarse, podría hacerlo, aunque no lo había hecho nunca y no empezaría ahora estando en su casa, pero Ruby estaba en el trabajo, no podía tentarla.

Pero, Ruby era una trabajadora sexual, aunque le dejase claro que no fuese siempre ese el tono de sus citas. Sin embargo, estaba segura que hasta que se viesen al menos tendría un encuentro sexual, entonces, ¿Porque estaba ansiosa de verla?

Era esa parte tan insegura de su cabeza que la lastimaba de esa forma, era evidente. Era claro que para Ruby ella no era una clienta normal, nunca lo fue, y ahora eran amigas, o como se llamase lo que tenían donde hablaban de su vida y tenían sexo también. Si tuviese algo de tiempo libre en la semana, no dudaría en ir, pero considerando que era de noche, no podía, tendría que esperar, tendrían que esperar.

Quizás debía generar más ansias en ella, si, eso quería. Hacer del encuentro algo que añorase.

"Estoy segura que podremos seguir con esta conversación cuando nos veamos, y así podré disciplinarte como corresponde."

Sintió su pecho inflarse. No es que hubiese nada porque tener que disciplinarla, pero la palabra se veía tan imponente en la frase que le agradaba. Esperaba que generase la reacción que esperaba de la mujer.

"Oh."

Ruby escribió eso nada más, y un emoji sonrojado. Le causó cierta gracia, al igual que creyó que Ruby era adorable. Quería verla, y ver esa expresión en ella. Toda la situación entre ambas le agradaba y las ganas que tenía de tener un encuentro intimo con la mujer eran reciprocas, así que se sentía aún mejor. Así no era solamente ella quien necesitaba experimentar lo que nunca vivió en el pasado.

"Se que es un castigo, pero no puedo esperar."

Ruby dijo luego de unos minutos, y podía estar segura que esa frase, así como todas las otras, eran escritas con sinceridad. Conocía a esa mujer, después de todo.

Ya quería verla.


Capitulo siguiente: Castigo.


De acuerdo, espero ahora quitarle dudas a cierta personita que ya estaba sacando sus conclusiones y me mordí la lengua para no hacer spoilers. Sé que fue algo triste el principio, pero era algo que debía decirse, y creo que lo solucioné un poco al final, así que no me odien.

Eso significa, dos capítulos sucios que se vienen.

Nos leemos pronto.