Red Velvet
Capítulo 19: Castigo
…
N/a: Hoy veremos otro lado de nuestra protagonista…
"¡Weiss!"
Ruby abrió la puerta y de inmediato sintió los brazos de esta rodeándole el cuello. La tomó por desprevenida, incluso creyó que iba a caer hacia atrás, rodando por los escalones, pero se mantuvo en su lugar, más por los mismos brazos de la chica que por su buen equilibrio.
Se quedó ahí sin saber cómo responder, realmente había sido tomada por sorpresa. Podía sentir los cabellos rojizos rozar en su mejilla, y el aroma de su acondicionador y de las rosas inundó sus pulmones. Se sentía en casa, no tenía duda. No se había dado cuenta cuanto la relajaba esa sensación.
Le costó moverse, rodear a la mujer tal y como quería, y se mordió el labio por la intención de obligarse a actuar antes de que fuese demasiado tarde.
Finalmente, la rodeo, sus brazos enrollándose en el cuerpo ajeno. Podía sentir la figura de Ruby aun con esa sudadera tallas más grande de lo que debería ser. Se sentía cómodo, y claramente conocido. No había abrazado tanto a Ruby para llamarlo aquello una posición conocida y cómoda como se sentía, pero sin duda la había abrazado más de lo que recordaba abrazar a alguien más, ni siquiera a su ex prometido. Era una confianza diferente, algo que Ruby se ganó con mucha perseverancia, y no solo eso, si no con mucha honestidad y cariño.
Sentía que llevaba horas ahí, pero no le importaba.
La sintió removerse, y creyó que era el momento de soltarla, pero Ruby no parecía hacer ningún gesto para librarse de su cuello.
"Cuando hablamos aquella noche de madrugada, realmente quise abrazarte, así que te lo debía."
Sintió su corazón golpear en su pecho.
Su ojo…
Ruby no olvidó esa conversación que tuvieron, o más bien, la razón de su insomnio, incluso luego de la conversación candente que tuvieron, esta mantuvo aquello en su cabeza e incluso se contuvo de mencionar el tema los días siguientes, respetando su silencio y su reticencia a contarle lo que sea que ocurría con su vista. Y bueno, considerando la cicatriz que tenía en la cara, era fácil de deducir lo que sucedía.
No creyó que Ruby se preocuparía tanto por aquello como para abrazarla con la intención de consolarla o lo que sea, pero se había equivocado. Ruby se preocupaba por ella, era una buena persona, demasiado buena. Era tranquilizador, y se sentía cada vez más flechada, y no se culpaba por sentirse como se sentía. Ya no podía culparse. Simplemente esta le hacía fácil el tener sentimientos por ella.
Aprovechó la cercanía y la intención de la mujer, para intensificar su agarre en el cuerpo ajeno, inundándose en el hombro de la menor, respirando su aroma y llenándose de calidez.
"Pude dormir luego de hablar contigo, así que ya hiciste suficiente."
Y así fue.
Pudo descansar, las pesadillas no volvieron, así como tampoco el dolor en su ojo. Sintió el cuerpo de la menor alejarse de ella, y se vio en la obligación de separar un poco sus cuerpos, y ahí notó los plateados brillando, podía ver la emoción en su rostro y la vio tan joven y brillante a pesar de que solo eran dos años las que las separaban. Parecía genuinamente feliz, nuevamente esa faceta clásica de un cachorro pequeño y alegre.
"¿En serio?"
No notaba duda en la expresión de Ruby, pero si sabía que esta quería una confirmación, y claro, le iba a dar en el gusto.
"Si, gracias, Ruby."
La sintió dar unos leves saltos antes de volver a abrazarla. Se sentía avergonzada por la reacción de esta, y ya se sentía tonta por avergonzarse luego de todo lo que habían hecho.
"¡Me alegro! Realmente quería ayudarte, no quería que estuvieses mal."
Ruby nunca quería que estuviese mal, y lo agradecía.
Llevó una mano al cabello de Ruby, prácticamente por inercia, o por esa idea de verla tal y como un cachorro feliz. Acarició la cabeza de esta, y pudo notar de inmediato como Ruby se acercó a su mano y disfrutó de ese momento. Los visos rojizos se sentían suaves al tacto, y a veces olvidaba lo difícil para sí misma el iniciar el tacto, pero cuando lo hacía, se alegraba de haber tenido el valor. Ojalá pudiese ser así de directa todo el tiempo, pero estaba avanzando y se sentía orgullosa. Iba paso a paso.
Ruby alejó sus brazos de ella, pero se mantuvo cerca, y podía notar en la relajación en su rostro que no quería que dejara de acariciarla, y encontró aquello demasiado adorable, en realidad, no entendía como alguien podía ser tan adorable.
"¿Que eres? ¿Un perro?"
Le dijo, soltando una leve risa ante las muecas de la chica. Recién ahí se dio cuenta que la puerta estaba cerrada, Ruby la debió cerrar en algún momento de su abrazo. Siempre era cuidadosa en cuanto a mantener su privacidad.
Ruby también soltó una risa, su rostro llenándose de color. Los plateados no la miraron a los ojos, pero no le importó. Estaba disfrutando de esa imagen avergonzada de la mujer.
"Me dejé llevar, tus manos se sienten muy bien."
A penas habló, sus ojos plateados chocaron con los propios, una sonrisa pícara en sus labios. Esa expresión, más el sonrojo en sus mejillas, fue suficiente para sobrentender sus palabras, y verse también avergonzada. Su mano se dejó de mover, y se sintió una tonta por creer que iba a poder ver a Ruby así sin pagar con la misma moneda. Esta soltó otra risa, mientras le guiñaba un ojo, y a pesar de que lo hiciera para bajar su vergüenza, fue el caso contrario.
"Es broma."
Oh no, no era broma. Al menos no sus palabras.
Le habían dicho de niña que tenía buenas manos, que eran manos hábiles, que tenía un don, pero eso Ruby no lo sabía, así que solo hablaba por experiencia. Esa conversación candente volvió a pasar por su cabeza, recordó el calor que sintió, y la sed de tener a Ruby a su lado. Eso fue suficiente para empujarla más allá, para darle un golpe de valentía, o lo que sea que fuese lo que sintió cuando decidió llevar las manos al rostro de Ruby.
No era la primera vez, pero las intenciones de antes y las de ahora eran completamente diferentes. Antes era para consolarla, y ahora era para demostrarle lo buena que era con las manos.
Notó sorpresa en la expresión ajena y disfrutó de esa imagen.
Pasó los pulgares por las mejillas ajenas, por la mandíbula, mientras que el resto de sus dedos iba hacía la nuca de la mujer, rozando los cabellos, rozando la piel, las uñas raspando ligeramente. Podía sentir la piel erizándose con sus movimientos, y agradeció tener esa respuesta inmediata y natural. Los plateados simplemente la miraban, atentos, ya no había sorpresa, solo había cierta calma en su rostro, oh, y cierto calor, podía notarlo.
Era peligroso.
Eso, era muy peligroso.
Teniendo sus pulgares tan cerca de su rostro, bailando por su mentón, recordó aquello que deseaba en la parte más oscura de su cabeza.
Un beso.
Pero eso no era algo realmente malo, pero significaba un paso que no estaba segura si podía dar, no sabía si aquello iba a dañar la relación que tenían. No quería que las cosas cambiaran, o más bien, no podía permitírselo. Tener a una amiga con quien podía tener relaciones no era en si una gran cosa, pero tener una pareja del mismo sexo, eso es algo para lo que no estaba preparada, ni ella, ni su familia, ni el mundo.
Así que aquello debía seguir oculto.
Notó como Ruby sonrió, una sonrisa de aquellas que le calentaba la sangre, una sonrisa pícara y atrayente. Pero no era como otras, si no que parecía incitarla, parecía rivalizarla. Recordó en ese instante que Ruby era mucho más experimentada, y que podía hacer cosas que ella no ante diferentes situaciones. Por ende, iba a poder contrarrestarla.
Estaba jugando con fuego.
"Si, tus manos se sienten bien, pero creo que se sentirían mejor en otros lugares."
Luego fue ese movimiento de cejas y ahí ya no pudo más. Llevó sus manos al rostro intentando huir o esconderse o lo que fuese, esperando que sus mejillas no estuviesen tan rojas como las sentía. Pudo escuchar la risa de Ruby, y la espió desde entre dos de sus dedos, y la vio con las manos en la nuca, su rostro rojo, pero había buen humor en su expresión.
"Lo siento, Weiss, creo que me pasé un poco, te veías tan concentrada que no pude resistirme."
Soltó un gruñido de frustración, el sonido siendo acallado por sus manos, mientras miraba a esa mujer que le robaba el aliento.
No podía perder de esa forma, ni aceptar ese comportamiento.
Oh, no.
De nuevo esa sensación afloró en ella.
¿Qué le estaba pasando?
¿Sería gracias a esa conversación, o a su pequeña búsqueda en internet a cerca de lo que empezaron esa noche?
No tenía idea, pero iba a aprovechar cada segundo de esa valentía.
"Pedir perdón no es suficiente."
Dijo, sin mirarla, su voz saliendo dura. Ruby dejó de reír de inmediato, sintiendo el cambio en su voz, en su postura, en su humanidad. Alejó un poco sus manos, mirando a la mujer. Esta parecía sorprendida, o más bien incrédula. No le había hablado de esa forma, ni tampoco quería asustarla, así que mantuvo su mirada durante un tiempo, hasta que tuvo la fuerza de seguir hablando.
Quería sentirse como aquella noche, quería sentir esa fuerza y poder que se imaginó que sentiría. No iba a dejar que Ruby hiciese lo que quisiera, iba a hacerla perder.
"Arrodíllate y demuéstrame que estás realmente arrepentida."
Notó los ojos de Ruby brillar, así como sus mejillas enrojecer. Temió que su actuación se fuese de control, que la hiciera dudar y huir, así como muchos de sus empleados huyeron de la empresa al ver ese lado de ella, pero no, para nada, Ruby parecía más emocionada que asustada, incluso podía ver una mueca similar a una sonrisa que parecía esforzarse por ocultar.
Esta de inmediato se dejó caer al suelo, sin dudar ni un solo momento más. Sus rodillas tronaron en el suelo, pero esta no parecía importarle. Era una mujer fuerte después de todo, eso no era nada.
Retrocedió un poco, meros centímetros, y sintió la pared en su espalda. Se apoyó, y se cruzó de brazos.
Quería ganar esa batalla, e iba a hacerlo. Era egoísta, sí, pero sentía ese calor subir por su cuerpo, y quería llegar al final. Ver a Ruby ahí, arrodillada frente a ella, la hizo sentir tan poderosa, tal y como se sintió en su imaginación aquella madrugada. No, se sentía incluso mejor.
"Lo siento, Señorita Schnee."
Oh, había días donde llegaba a la oficina y odiaba su maldito apellido, todos diciéndolo todo el maldito día, dirigiéndose a ella con ese nombre que le había causado tanto daño, tanto trauma…
Pero su apellido sonaba tan bien cuando Ruby lo decía. El sonido rodaba por su lengua de una forma magnifica. Ruby no conocía mucho a cerca de eso, a cerca del poder que el apellido aquel tenía, y ni siquiera le importaba, pero si sabía del poder que ella, Weiss Schnee, tenía, y por eso aquellas palabras se sentían tan intensas. No era un apellido, era su apellido, por eso era especial.
Sonrió para sí misma, pero intentó mantener la máscara un poco más, porque lo estaba disfrutando, y por la ligera capa de sudor que aparecía en el rostro ajeno, podía afirmar que ambas se sentían bien.
"No parecías sentirlo cuando decidiste burlarte de mí hace solo unos momentos."
Ruby dio un salto en su lugar, y la vio sonreír, sonreír genuinamente, como una niña, ese lado infantil saliendo a la luz, escapándosele.
"Es que te veías tan linda."
La escuchó hablar, con su tono usual, y luego dio otro salto, carraspeando ligeramente, bajando la mirada con cierta intención de mostrar respeto. También estaba intentando mantener la máscara, seguirle el juego. Si no quisiera, si estuviese incomoda con aquello, rápidamente habría cambiado la ruta de la conversación. Y bueno, también recordó que Ruby estuvo entusiasmada con eso, esa noche, que le encendió tanto como a ella, así que se animó a seguir.
"Digo, fue un error de mi parte el faltarle el respeto de esa forma. En serio estoy arrepentida."
Se quedó en silencio, escuchándola, esperando a que dijese algo más, y decidió hacer ella algo más. Algo que ya había ocurrido y quería ver de nuevo. Levantó uno de sus pies, y apoyó la punta de su tacón en el hombro de Ruby, y notó algo que hizo que su corazón se acelerase, y fue el hecho de el jadeo que escuchó. El jadeo ajeno, el jadeo de Ruby.
Ruby tenía experiencia, pero eso no significaba que fuese de piedra, y eso la encendió mucho. Poder excitar a alguien con esa experiencia sexual se sentía bien. La hacía sentir poderosa y sexy.
Ruby no miró el objeto en su hombro, pero si vio como los ojos plateados la miraron por una fracción de segundo, tímidamente, como intentando no molestarla o no arruinar el juego. Por su parte, movió su pie, hasta el mentón de esta, obligándola a levantar la mirada, a mirarla. Ruby por inercia sujetó su tacón, manteniéndolo en su lugar. No era necesario, podía mantener el equilibrio lo suficiente, fue una gran bailarina hace años, y aún tenía algo de habilidad y equilibrio en sus músculos, pero de todas formas apreció el hecho, ese peldaño que la ayudaba, y la hacía sentir aún más empoderada.
"Tienes que convencerme de aquello, las palabras no son más que palabras."
Ruby mantuvo su mirada, su expresión inerte, pensativa, los ojos bajaron hacía el tacón que estaba aún sobre sus manos, y luego la miraron de nuevo. No sintió el movimiento, pero pudo verlo, como Ruby dejaba un beso sobre el material de su tacón calipso, los plateados no dejaron de mirarla, y el siguiente beso llegó en su empeine, ese si lo sintió directo en su piel y se vio temblando. Eso se sintió bien.
Se vio entrecerrando los ojos, sintiendo el calor en sus mejillas, en sus orejas y en su cuello. Ruby no estaba diferente en ese aspecto. Incluso empezaba a creer que su sudadera estaba haciéndole un gran mal, se notaba abrigada, y por lo que veía, el calor empezaba a aumentar cada vez más. No podía decir nada sobre eso, también empezaba a sentir calor y no había alcanzado a sacarse la chaqueta, aunque no fuese tan abrigada. Aprovechó de mover sus brazos y sacársela, esperando hacer el gesto suficiente para que fuese una escena agradable para los ojos de Ruby, y bueno, pudo sentir los ojos plateados de un cazador observándola, sobre todo devorando su cuello ahora visible por completo. Dejó caer lentamente la prenda al suelo, mientras Ruby seguía mirándola, siguiendo cada uno de sus movimientos, sin embargo, no dejó de darle besos en su pie, en cualquier fracción piel expuesta cerca del alcance de sus labios. Oh, esos labios, los quería más arriba.
Escuchó a Ruby tragar pesado, sus besos deteniéndose, podía notar deseo en su rostro, y no la había visto así nunca de desesperada.
"¿Hay algo más que pueda hacer para remediar mi mal comportamiento?"
Oh, recordaba una frase similar.
Y sabía que respuesta esperaba Ruby, lo sabía, y también sabía cuáles eran sus propios deseos.
Abrió la boca, pero no pudo decir nada.
Estaba nerviosa, muy nerviosa. Decirlo en voz alta era imposible, lo sabía. No estaba preparada para eso, si bien pudo escribirlo. Era más complicado. Respiró profundo, Ruby manteniendo su expresión, esperándola, siendo paciente con ella, con su vergüenza, y agradeció en ese instante como los dedos de Ruby pasaban por su tobillo, y el mero tacto era capaz de tranquilizarla, de calmar su corazón lleno de nervios.
Ya cuando se calmó, movió su pie y volvió a dejarlo en el suelo, entonces bajó sus manos hacia sus piernas, abajo de su rodilla, y tocando su piel, comenzó a subir las manos, subiendo su falda en el proceso. Los ojos plateados brillaron, siguiendo sus movimientos, como poco a poco más piel de sus piernas era visible, sus rodillas, sus muslos. Estaba exponiéndose frente a la mujer, pero ese no era su objetivo. Sus manos llegaron al lugar de destino, su ropa interior, afirmando la tela con sus dedos, la falda se quedó inerte, cayendo lo suficiente para ocultar su centro, siendo una especie de censura. Con su objetivo sujeto entre sus dedos, comenzó a bajar la seda, está resbalando por sus piernas, hasta caer en el suelo.
No dejó de mirar a Ruby a los ojos, pero los plateados no la miraban, sus ojos fijos en la tela blanca que había caído al suelo. Parecía incrédula, una vez más, pero podía notar sus manos en sus rodillas, prácticamente destrozando la tela de sus jeans con sus dedos, los nudillos blancos. Podía notar por su postura como estaba intentando con todas sus fuerzas el mantenerse inerte, mantener su lugar, su mascara, y no lanzarse hacía ella como un animal salvaje listo para marcarla como suya.
Esa idea también se le hacía apetitosa, pero debía de aprovechar del control que estaba teniendo en ese instante.
"Sabes lo que debes hacer, Ruby Rose."
Ruby trago pesado de nuevo, su rostro visiblemente acalorado, al igual que sus manos. Esta se iba a mover, iba a acercarse a su cuerpo, a su centro, pero la detuvo con un movimiento de su pie, de nuevo en su hombro. Esta pareció sacada de lugar, confundida y claramente desesperada. Oh Dios, le estaba agradando demasiado aquello. Ver la desesperación instintiva en ella, verla ansiosa por acercarse. No creyó que ver a alguien así podría encenderla tanto.
"Pero primero, déjame ver ese cuerpo tuyo."
Lo dijo. No pudo creer que lo dijo, y se sintió fuerte al decirlo, capaz.
Ruby jadeó de nuevo, e hizo una especie de sonido que salió rasposo por su garganta. La vio asentir, y la liberó del firme agarre de su tacón en su hombro, para que esta tuviese la libertad de desnudarse. Esta lo hizo, de inmediato, con desesperación. Sacó su gran sudadera roja de un tirón, llevándose también con ella una camiseta negra que al parecer llevaba debajo. Su brasier era burdeo, y combinaba bien con el color de las rosas. Podía notar una marca rojiza en su hombro, que era claramente de la presión de su zapato. Le preocupó, pero la mujer no parecía ni siquiera el haberse percatado.
Ruby al parecer había dado por terminado su labor e iba a seguir con lo suyo, pero no, no había terminado.
Se sacó el tacón y liberó su pie, llevándolo directo al pecho de la mujer, justo en el nacimiento de sus pechos, el nacimiento de sus rosas. No quería herirla, así que decidió que hacerlo con su pie desnudo era mejor, y también sentía curiosidad de su piel contra la de esta. Ruby volvió a jadear, nuevamente tomada desprevenida. Podía sentir su centro ahora descubierto mojándose más y más, el líquido queriendo bajar por sus muslos, y a pesar de eso, era Ruby la que la miraba con frustración, con deseo. Su cuerpo estaba ya tembloroso, sus manos rojas pero sus nudillos blancos, sus hombros y pechos llenos de color. Pasó su pie hasta uno de los arciales de la prenda que seguía en el torso ajeno, y lo corrió con sus dedos. Ruby entendió de inmediato y se deshizo de la prenda como si ni siquiera le importase. Temía que esta perdiese la paciencia, pero le parecía divertida la situación. No era algo que podía ver siempre, Ruby siempre tan compuesta en todo el tema sexual, este era su momento e iba a aprovecharlo y grabarse la imagen en su cabeza.
Aprovechó de ver el torso descubierto de Ruby, ahora en todo su esplendor. Sus pechos eran más grandes que los propios, y estaban decorados de rojo gracias al calor, y brillosos gracias al sudor, sus pezones se notaban hinchados y erguidos, y a pesar de darse cuenta que no había visto nunca los pechos de otra mujer, la diferencia entre ambos cuerpos seguía notándose. Era diferente, pero a la vez se sentía mucho más natural de lo que imaginó que sería el ver a otra mujer. Su cuerpo era más atlético que el propio, fuerte, pero seguía siendo femenino.
Realmente le parecía atractiva.
Y aun no se convencía que eso podía suceder.
Pasó su pie por el pecho de la mujer, bajando hasta su estómago, y se vio tentada a apoyarlo en la entrepierna de esta, pero tal vez sería demasiada tortura. Observó las rosas sin color, grabándolas en la memoria y volvió a subir su pie, rozando inocentemente uno de sus pechos, hasta llegar nuevamente al hombro de Ruby.
Ya no podía más, necesitaba a Ruby cerca, y sabía que Ruby también.
Alguna de las dos perdería el control o la paciencia o ambas, pero su centro palpitante la deseaba.
Era hora.
Capitulo siguiente: Descontrol.
¿Me pasé un poco? Na, nuestra reina necesitaba su momento de brillar. Dicen que si buscas sobre los juegos de rol en internet adquieres un conocimiento y habilidad innatos que te permiten ejercer el papel que quieras…(¿?) Bueno no, pero ser THE BOSS a Weiss no le cuesta nada pos porque lo es.
Espero esperen con impaciencia el siguiente, porque esto no se puede quedar así… ¿O si?
Nos leemos pronto.
