n/a: Les recomiendo leer el capitulo anterior antes de iniciar este ;)
Red Velvet
Capítulo 20: Descontrol
…
Se sentía llena de poder, pero el deseo en los plateados la volvía cada vez más débil. No sabía cuanto más podía aguantar sin perder su compostura, y en ese instante no quería perder absolutamente nada.
Levantó su falda una vez más, lo suficiente para dejar ver lo mojada que estaba su piel, y aprovechando la posición de su pie, lo usó para empujar a Ruby hacía su cuerpo.
Lo necesitaba.
"Compláceme y así te perdonaré."
Dijo, pero tal vez Ruby no alcanzó a escucharla, ya que se lanzó a su cuerpo con una rapidez que la dejó absorta.
Se sintió mucho mejor de lo que imaginó esa noche, de lo que creyó que era posible. El rostro de Ruby estaba en su centro, devorándola, mientras su pierna la abrazaba por la espalda, apegándola aún más, manteniéndola en esa posición. Podía sentir una mano ajena en su muslo levantado, en el nacimiento de su trasero, afirmándola, evitando que pudiese bajar la pierna.
Se sentía bien, firme, aun en control.
La boca de Ruby se sentía mucho mejor que aquella vez. Mucho mejor. Tal vez debía ser el juego previo, lo que la hacía sentir mejor, y probablemente tenía razón. No había hecho juegos previos en su vida, así que era algo nuevo, algo calurosamente agradable. Podía sentir la lengua pasar por su piel, entre sus pliegues, navegar por su entrada, tanteando, entrando y saliendo, luego volviendo al inicio, repitiendo el proceso. La tercera vez que la lengua ajena entró dentro de ella, sus piernas temblaron notoriamente, y Ruby lo sintió tanto como ella, ahí fue cuando esta puso su mano libre en su cadera, sujetándola. Se vio a sí misma buscando esa mano salvavidas, y se sorprendió cuando los dedos se movieron para entrelazarse con los propios, aun cumpliendo con el deber de sujetarla, haciendo que su corazón latiese aún más estrepitosamente. Ahora se sentía segura, se sentía mejor, se sentía con más ganas de seguir.
Un simple movimiento podía hacer una gran diferencia.
Dio un salto cuando sintió algo dentro de ella, algo que claramente no era la lengua de Ruby, si no que podía imaginar que era uno de sus dedos. Al parecer ya no sujetaba su muslo, y se hubiese quejado de no ser porque se sentía grandioso el sentirse llena por dentro y a la vez sentir la boca de Ruby devorándola desde afuera. Se vio sujetando los cabellos rojizos con su mano libre, sin brusquedad, más bien alentándola, pasando las uñas en un masaje, sin embargo, conforme pasaban los segundos empezó a perder su control para ejercer el agarre de la forma que quería. Su orgasmo se sentía más próximo, y mientras más cercano se hacía, su agarre se volvía más y más descontrolado, instintivo, prácticamente empujando el rostro de Ruby hacía su centro. Sus gemidos también se hicieron más fuertes, retumbando. Aún estaban en la entrada de la casa, y el eco de sus sonidos rebotaba en las paredes, pero no le importaba. Se sentía demasiado extasiada para avergonzarse por ese hecho.
Ruby sintió su orgasmo aproximarse, y metió otro dedo dentro. No sabía cuántos, pero los sentía moverse por sus paredes, jugando en su interior.
Sintió un movimiento más que los otros.
"¡Ahí! ¡Sigue así!"
Ruby captó de inmediato a que se refería, repitiendo el movimiento. Los labios no dejaban de recorrer su centro, tirando de su clítoris, mojando su entrada, sus pliegues. Sentía el líquido llegar a sus rodillas, probablemente cayendo al suelo, e incluso podía imaginarlo bajando por el mentón de la mujer. Se sentía tan bien. Demasiado bien.
Apenas y podía mantenerse de pie, y el simple esfuerzo la hacía sentir sudada y agotada, temblando exhausta, pero se obligaba a seguir, no podía parar ahí, no cuando estaba tan cerca. Sus caderas se movían de forma automática, intentando seguir los movimientos de Ruby, aunque esta intentaba mantenerla inerte, pero era algo fuera de su control. En ese segundo no tenía control alguno.
Soltó un gemido grave, temblando, su cuerpo encorvándose, y los dedos de Ruby aumentaron la velocidad de sus movimientos, moviéndose más rápido y avanzando más profundo.
Ahora, fue un grito lo que se escapó de sus labios, llegando al límite.
Ruby mantuvo sus movimientos, intensificando la duración de su orgasmo, pero cuando ya su cuerpo cedió, esta se apresuró en sujetarla, antes de que la única pierna que la mantenía firme en el suelo se desvaneciera. No cayó, Ruby la sujetaba con la suficiente intensidad. No podía verla, su respiración aun abrupta, luchando por tener más aire en los pulmones. Estaba extasiada, pero exhausta. El sudor caía por su cuerpo, al igual que sus líquidos habían caído por sus piernas, su propia lubricación mezclada con la saliva de la mujer. Su cabello caía hacia adelante, como una cortina.
De sentía deshecha.
Poco a poco empezó a recuperar el aliento, luego de largos segundos luchando por respirar con normalidad. Sintió como Ruby la ayudaba con su pierna, dejando ambos pies en el suelo, mientras que las manos grandes y fuertes la sujetaban por la cadera, evitando que cayese. Agradecía aquello. La idea de caer estrepitosamente al suelo sin elegancia alguna se le hacía amargo, y dañaría su ego luego de haberlo tenido por las nubes.
"Guau, dijiste que no sabías nada de juegos de rol ¿Y luego vienes con esto? Me dejaste sorprendida."
Ruby se levantó del suelo, y aun sentía las manos ajenas en su cadera. Decidió mirarla, esta parecía contenta. Le sonreía como una chiquilla despreocupada, su cabello alborotado. Notó ahora como había liquido en su mentón, que claramente era el propio, y se avergonzó, luego vio como esta parecía estar tan tranquila mostrando su busto que sintió vergüenza ella misma, por ende, sintió su rostro hervir.
Instintivamente se tapó el rostro, de nuevo. ¿Que acababa de hacer? Actuó de esa forma, obligo a Ruby a desnudarse y la hizo hacer…
No podía. Sentía tanta vergüenza, e irónicamente sabía que había sido una sinvergüenza, y era hipócrita sentirse avergonzada y así un ciclo sin fin.
"Que acabo de hacer..."
Dijo en un suspiro, gruñido o lo que fuese, mientras escuchaba a Ruby reír.
Las manos la dejaron, y se vio mirando a Ruby, para saber a donde habían ido aquellas manos que quería tener cerca.
Pero no debió mirar.
Los plateados la miraban, insinuantes, una de sus manos había ido a su rostro, y se limpiaba el líquido que corría por su mentón con dos de sus dedos, y luego les pasaba la lengua de una forma demasiado erótica, devorando una vez más su lubricación.
No podía.
"Lo que sea que hiciste, lo hiciste de maravilla."
Ruby la estaba pasando bien, no tenía duda, pero por su parte sentía que iba a tener un infarto. Sentía que había tirado a la basura todos los años de aprendizaje en cuanto a compostura y decencia.
Se sentía sucia.
Si alguien se enteraba iba a ser su fin.
Se movió robóticamente hasta el cuarto de baño, intentando no mirar a la mujer, pero se imaginaba su rostro. A penas ahí dentro decidió limpiarse, se sentía muy mojada, y se dio cuenta en ese instante que su ropa interior no estaba, y era obvio, pero su cabeza aun no captaba todo lo que ocurría. Se mojó el rostro, el cual estaba rojísimo, y se limpió lo suficiente, ahora debía recuperar lo que había dejado abandonado. Cuando asomó la cabeza por la puerta y miró hasta la entrada, vio a Ruby girando su ropa interior con uno de sus dedos, mientras la miraba. Claramente esta notó que se había ido sin aquello tan importante, y solo la miró, frunciendo los labios.
Iba a morir, sin duda.
"¿Puedes devolvérmelo?"
Ruby caminó hasta ella, aun con su torso descubierto. Su chaqueta, sus tacones y la sudadera de Ruby aun abandonadas en el piso. Su ropa interior aún estaba girando en el dedo de la menor, mientras esta se acercaba, y cuando ya la tuvo a su alcance, está la agarró con toda su mano, evitando que pudiese arrebatársela.
La sonrisa triunfante de la mujer casi no le cabía en el rostro, lucía tan fuerte, tan en su territorio que no podía desafiarla. Todo su poderío de hace unos momentos se había ido por el desagüe, junto con su maquillaje.
"Aun no termino contigo, Weiss. ¿Quieres esto? Pues ven a buscarlo."
Ruby pasó de largo, dirigiéndose a las escaleras, una sonrisa capaz en su rostro.
Se quedó ahí, unos momentos, perpleja, y sin ropa interior. Era clara la intención de la mujer, el seguirla, pero ¿Para conseguir que? Iba a perder nuevamente, estaba claro que la mujer se había sentido energizada con el encuentro y no iba a quedarse de brazos cruzados, iba a querer más.
Respiró profundo, ya había ganado una batalla, eso ya la dejaba en paz.
Salió del baño y subió las escaleras rápidamente. Llegó al cuarto de Ruby, pero no la vio. No era una habitación grande, para nada, por eso le desencajó el no verla, sin embargo, en el velador vio su prenda faltante, estirada en todo su esplendor sobre la madera. Se enfocó en eso y se acercó.
Era una trampa, pero tardó demasiado en darse cuenta.
Ruby era una cazadora, y ahora ella era su presa.
Sintió las manos de esta rodearla por el estómago, las manos grandes y fuertes atacándola sin previo aviso. Admitió que soltó un grito sorprendido.
Lo siguiente que sintió fueron los dientes de esta en su cuello, en su espalda, en toda su piel visible. Ruby nunca dejaba marcas, o eso le dijo alguna vez en esas largas conversaciones por mensajería, pero ahora esta no parecía realmente interesada en seguir esa regla. Sentía su piel arder bajo cada uno de los mordiscos, sin lastimarla, pero sintiéndose intenso, por eso creía que tal vez dejaría una marca. Estaba en desacuerdo con esas cosas, tal vez también se lo dijo, pero no estaba pensando con claridad.
Recordó la primera vez que tuvo sexo con Ruby y quiso sentir como se sentían los dientes de esta en su piel, y ahora se hacía realidad, aunque eso significase tirar a la basura sus principios, de nuevo.
Al parecer desde esa vez que perdió la cordura, y ahora más luego de su reciente orgasmo.
Las manos ajenas pasaron sin permiso por debajo de su prenda superior, tocando su piel. Ruby estaba hirviendo, y ella también. Parecía estarse controlando, sus movimientos eran confusos, no como la última vez. Escuchó un jadeo, proveniente de su espalda, y ahí logró darse cuenta que la razón era simple. Ruby había perdido el control y estaba claramente sucumbiendo a sus instintos, por algo las mordidas y el agarre intenso. Se notaba que había desencadenado un comportamiento errático luego de molestarla con su juego.
En ese instante, Ruby no le estaba prestando un servicio, ni la estaba complaciendo, más bien parecía estar haciendo todo por instinto carnal propio, por gusto.
Lo aceptaba. Aceptaba aquello. Ella fue egoísta ahí abajo, y ahora Ruby tenía el derecho de serlo también.
Soltó un fuerte gemido cuando los dedos de Ruby le sujetaron los pezones. El agarre fue intenso, hirviendo, desesperado, animalesco, pero no le causó daño, o tal vez un poco...honestamente, no podía definirlo del todo. Se sentía consumida por la energía que Ruby estaba irradiando, y poco a poco ella también comenzaba a sentirse errática.
Esta tiraba de su piel, la moldeaba sin problema alguno, mientras aun sentía los dientes en su nuca, ya no sabía si estaba mordiendo o solamente raspado la zona. El cuerpo cálido en su espalda la empujaba, poco a poco se veía avanzando en la habitación, su propio cuerpo sin la fuerza para contrarrestar el movimiento. Al final se vio apoyándose en aquel velador, sus brazos temblorosos manteniendo la posición de su cuerpo, para no desvanecerse. Se vio frente a la ventana, el visillo evitaba que alguien pudiese verla con claridad, pero tal vez podrían distinguir su figura. Era extraño, sabía que debía de sentirse mal al respecto, debía detener a Ruby y exigir su anonimato, quejarse y hacerle notar a su compañera que estaba mal, pero... el sentirse ahí tan expuesta frente a los vecinos la hizo temblar, humedecerse más de lo que consideraba correcto.
Era una sinvergüenza.
Demostrar vulnerabilidad frente a otros estaba prohibido, fue algo que le fue inculcado desde siempre, y ahora ignorar esas reglas, estando ahí a plena luz del día, se sentía como otro paso más en su camino como una rebelde. En esa nueva rebelión propia para zafarse de una vez por todas de sus ataduras. Sobre todo, las de su propia cabeza.
Estaba corrompiéndose, y se sentía maravilloso.
Dio un salto cuando la mano de Ruby se lanzó a la cortina, y la cerró de golpe, bruscamente, tanto así que gritó sorprendida. Eso no se lo esperó, mucho menos cuando esta pasó esa mano por su muslo, subiendo la tela, luego posándose en su trasero. Soltó un gemido apenas sintió su piel ser apretada.
Fue casi como si Ruby le hubiese leído la mente cuando estaban ahí abajo y pensó en esta actuando de esta forma. Como un animal en celo, instintivo, desesperado. Ya no era ese cachorro en lo absoluto.
Dios.
Ruby soltó un gruñido que le calentó la sangre.
"Se que es egoísta, pero quiero ser solo yo la única que puede verte así."
No imaginó a Ruby siendo posesiva, no sabía si era otro acto más, otro juego de rol, pero se sentía aún más encendida, así como su corazón latió con fuerza. Se sentía bien verse así de deseada por otra persona, y no solo una persona cualquiera, si no alguien que de verdad le gustaba, como era Ruby. No le importaba si todo eso era para complacerla o para complacerse a sí misma, lo disfrutaba.
Los dientes de Ruby llegaron a su oreja, tirando de su piel. Podía sentir el aliento cálido de la mujer en su oído, en su cuello, en su cuerpo, su calor emanando con fuerza. Los pechos de esta pegados en su espalda, ardiendo.
Sintió su cuerpo reaccionar cuando la mano que masajeaba su trasero comenzó a moverse, llegando una vez más a su centro. Recién se había limpiado de la humedad, y ya podía asegurar que estaba nuevamente lubricada.
Pero el tacto, esta vez, no era igual a los anteriores.
La mano pasaba con intensidad entre sus pliegues, bañándose de su humedad, pero sin entrar, dudando, o tal vez solo molestándola. Ruby jadeaba incesantemente, su otra mano estancada en uno de sus pechos, apretándolo, pero inerte.
Luego escuchó…
"No puedo, Weiss, no soy tan fuerte."
Su voz sonó ronca, dura, irreal. No lo entendió, y a pesar de sus claros temblores ante los movimientos de Ruby en su intimidad, se vio en la obligación de mantener cierta compostura, de luchar contra el cuerpo abrasador de la mujer y girar lo suficiente su rostro para mirarla a los ojos, para comprender la actitud de esta.
Se sorprendió ver una expresión jamás antes vista. Ruby era provocativa, o era cálida, pero ese rostro jamás lo había visto en un momento así. Era realmente un animal. Su rostro estaba rojo, sus ojos bien abiertos miraban la nada, pero absolutamente concentrados, incluso sus pupilas parecían diminutas en ese instante. Esta los cerró por un momento, y cuando los abrió ya parecía un poco más calmada, o más humana. Sus labios estaban entreabiertos, forzándose a respirar por la boca, hiperventilada.
Realmente no entendía esa actitud para alguien con esa experiencia.
Se sentía algo culpable de haber sido capaz de empujar a Ruby hasta tal borde.
"Estoy tan encendida que quiero hacértelo con todo lo que tengo, pero no creo ser capaz de controlarme, y no quiero lastimarte."
Oh.
Debía detenerla. Si, eso debía ser. Ser la voz de la razón. Si Ruby estaba preocupada es porque realmente había perdido su centro. No le gustaría que alguien la tocara sin cuidado.
Entonces... ¿Por qué?
¿Porque demonios lo único que podía pensar era en Ruby embistiéndola con intensidad, mordiéndola y tocándola sin pedir permiso?
Realmente estaba loca.
Ella también estaba por completo perdida en el calor del momento.
Se sacó su ropa superior. No dudó, y se sintió una completa estúpida. Estaba claramente cavando su propia tumba. Ruby había perdido su cordura, y no había hecho nada más que tentarla.
Ahora con su torso descubierto, se acercó a ella, volviendo a apegar su espalda al cuerpo hirviendo, cuerpos de ambas una vez más unidos, y ahora podía sentir el calor de Ruby en su piel, así como podía sentir los duros pezones chocando con su espalda, y la simple sensación la hizo perder aún más su calma. Llevó una mano a tientas hasta el rostro ajeno, el cual estaba ardiendo aún más que su torso. La sujetó de los cabellos de su nuca, atrayéndola a su cuello descubierto. Incitándola.
No necesitó decir palabras. Ruby lo había entendido, así como también entendió el movimiento de sus caderas, deseando el tacto.
Ruby la mordió, fuerte, entre su cuello y su hombro. No la culpó, ella la tentó. Honestamente, estaba acostumbrada a usar ropas con cuello largo cuando era más joven, y nadie pensaría raro de ella por volver a hacerlo. Quería que Ruby dejase marcas en ella, poder sentir esos dientes atravesando su piel, y luego poder ver su piel herida en el espejo y recordar ese momento tan íntimo.
"Si te hago daño, solo di 'Red Velvet' y me detendré."
¿Que?
Su pregunta quedó en la punta de su lengua, sin poder decir nada, solamente soltó un gemido estrepitoso.
Ruby la abrazó con su brazo libre, rodeando su cuerpo, sujetándola, mientras que la mano en su parte posterior hacía de las suyas, dos dedos entrando con fuerza en su interior. Le sorprendió, pero no le dolió. Se vio apoyándose en la mesita con sus antebrazos, el cuerpo de Ruby aun pegado al suyo, siguiéndola. Los movimientos de sus dedos no eran tan específicos como con anterioridad, si no que entraban y salían, sin ritmo ni constancia, y ahí se dio cuenta que era nada más y nada menos que puro instinto.
Con cada embestida, podía escuchar a Ruby jadear en su cuello, prácticamente gimiendo en su oído, su aliento hirviendo. No había control, no había nada. Solo deseo, y aquel deseo la hizo sentir más excitada de lo que su conciencia creía correcto.
Podía escuchar el líquido salpicar cada vez que Ruby metía los dedos dentro.
Pero...lo sentía…
No era suficiente, ni para ella ni para Ruby.
Ruby la levantó de la mesita, y se vio tirada en la cama, aun en esa posición, todo su pecho estampado sobre las sábanas. Lo prefería antes que la mesita, aunque se sentía avergonzada de tener todo su trasero levantado, aunque era claro que eso era lo que Ruby quería. ¿Como pasaron de tener sexo tan en paz la última vez, y ahora esto?
Sentía que se había saltado más pasos de los que debería.
¿Le importaba siquiera? No mucho en realidad. Le gustaba aprender nuevas cosas, y en este tema, con Ruby, lo disfrutaba aun más.
Giró su rostro, para mirar a la mujer, notando como su propio cabello se había desatado y estaba desparramado en la cama, al igual que ella misma.
Ruby estaba de pie, detrás de ella, sus manos estaban en su cadera, manteniéndola en esa posición tan vergonzosa, dejando a la vista sus zonas más privadas. No es que fuese la primera vez que Ruby veía esa parte de ella, pero seguía causándole cierta incertidumbre, o tal vez eran los plateados que miraban la zona sin siquiera pestañear. Su torso se veía ardiendo, pero tenso, parecía intentar calmarse, pero sin resultado.
Esos momentos mirándola, se le hicieron eternos, tal vez su impaciencia le dio aquella sensación, pero en realidad, fue casi instantáneo. Cayó a la cama, la miró, y luego sintió una mano en su espalda, presionando su torso, enorme y cálida. Entendió de inmediato que esta quería su torso bien abajo pero su trasero bien levantado. Luego, Ruby la penetró con igual de rapidez que antes, gruñendo. Soltó un grito ahogado contra las sábanas. Una y otra vez, entrando y saliendo, como antes, pero ahora, había más brusquedad, más locura.
Ahora entendía la advertencia.
Estaba viendo un lado de Ruby que no se asemejaba a la que conocía, sin embargo, aún seguía teniendo esa preocupación tan característica. Entendía ahora que Ruby deseaba hacer aquello, tocarla de esa forma, lograr satisfacerse a su costa, y aunque fuese algo tan egoísta, seguía asegurándose de no lastimarla, de no herirla. Honestamente, esos dedos entraban con fuerza, se sentía abierta como nunca antes, expuesta, incluso vulnerable, pero no diría que se sentía mal. No hubiese imaginado que aquello se sentiría tan bien, y se había dado cuenta que cada vez que lo hacía con Ruby desbloqueaba algo nuevo, y quería seguir de esa forma, descubriendo lo que le gustaba y lo que no.
Corrompiéndose más y más.
"Me arrepiento."
Ruby dijo, en un gruñido. Se forzó a mirarla una vez más, los gemidos ahogándose con la cercanía de su rostro en la cama. La mujer lucía jadeante, agotada. Sentía el picor de los jeans de esta y hubiese deseado que no los tuviese puestos, pero aun así podía sentir el calor emanando a través de ellos.
Los plateados la observaron directamente a los ojos, cosa que no había ocurrido en ese encuentro. Se veía tan fuera de sí, tanto que le impresionaba, parecía otra persona, y aun así confiaba plenamente en ella. No dejó de embestirla, por el contrario, mientras se miraban parecía hacerlo con más fuerza, tal vez para ver su reacción, y al verla, pudo notar como sonreía. No era su sonrisa de siempre, ni tampoco su sonrisa pícara, si no una diferente, una que le causó escalofríos e incluso sintió sus paredes apretando los dedos de esta.
Satisfacción.
No imaginaba esa expresión en la mujer, pero le encendía el saber que era ella quien provocaba que esta se pusiese así.
"Me arrepiento de decirte que quiero ser la única viéndote... siento el deseo de que todos te vean..."
Ruby se acercó, nuevamente presionando su torso en su espalda, su aliento cálido una vez más en su nuca. La lengua de esta pasó por el centro de su espalda, dejando un rastro frio que la hizo temblar.
"Quiero que todos te vean y sepan que soy yo quien te hace gemir así, que sepan que soy capaz de hacer que Weiss Schnee se vea así, se sienta así."
Oh no.
"Quiero que todos sepan que soy yo quien hace venir a Weiss Schnee."
Las palabras salieron y chocaron con su oído, casi echando humo de lo abrasadoras que eran, de lo intensas que sonaban.
De lo que conocía a Ruby, podía decir que no era la clase de personas que era honesta con cosas tan personales como sus sentimientos para no abrumar a nadie pero que de igual manera siempre se mantenía honesta con sus pensamientos, Ruby era naturalmente agradable, carismática y simplemente era adorable. Eso que escuchó en ese segundo, pudo haber sido parte de su acto, de su juego, pero sonó tan honesto, tan genuino, que perdió el aliento. No se imaginó algo así saliendo de ella, ni tampoco imaginó que algo así le iba a gustar tanto como le gustó.
Se vino de inmediato.
Se aferró a las sábanas, su orgasmo siendo más fuerte que los anteriores. Era como si esas palabras tan ardientes hubiesen hecho todo el trabajo. Le impactó, sin duda.
Se quedó ahí, temblando, sus piernas esforzándose al máximo por mantener su posición, pero luego de unos momentos solo cayó. La mitad de su cuerpo estaba en el suelo, y la otra sobre la cama. Podía sentir lágrimas en sus ojos, y no sabía si eran por la vergüenza o por lo intenso de su orgasmo. Como sea que fuere, intentó calmarse, recuperar el aliento que había perdido, y en ese momento, notó como había jadeos que no eran propios. Ruby también estaba esforzándose en controlar su respiración. Podía sentir el rostro de esta aun en su espalda, la sensación de sus pieles humedecidas causándole escalofríos.
Ruby cayó a su lado cuando ya parecía calmada, ambas ahora calmadas.
Su rostro quedó frente del propio, pero sus ojos plateados seguían ocultos bajo sus parpados. Se veía roja y sudada, pero su expresión estaba en calma. Cuando esta abrió los ojos, estos brillaban con preocupación.
"¿Estás bien? No quise ser ruda contigo."
En ese momento, sintió toda la vergüenza del encuentro subirle al rostro, se vio enterrándolo en las sábanas, y escuchó un chillido de sorpresa por parte de su compañera.
"¿¡Que acabas de hacerme!?"
Escuchó un gruñido, sonido que no esperó de Ruby, así que volvió a mirarla, tragándose un poco de su vergüenza. La notó aún más roja que antes, mientras mantenía presionada una mano en su frente. Parecía incluso más avergonzada que ella.
"¡No lo sé! ¡Acabo de actuar como un imbécil! ¡No soy así, lo juro!"
Pudo ver el arrepentimiento en el rostro de esa mujer, así como la clara vergüenza, y esa combinación en su expresión la hacía lucir graciosa, así que se vio riendo.
Realmente esa mujer era una idiota, pero en el más dulce significado.
Ruby parecía al borde de las lágrimas, pero sorprendida por verla reír, y honestamente, ya no sabía porque reía. Se sentía idiota también. Lo que había pasado ahí era surreal, todo lo que estaba pasando en su vida empezaba a verse cada vez más surreal, pero se sentía bien, se sentía viva, libre e independiente.
Llevó una mano al rostro de Ruby apenas calmó su risa.
"Eres una idiota tan adorable que voy a perdonarte por esto."
Ruby asintió luego de unos momentos, un leve puchero formándose en sus labios.
"Perdí los estribos, ¿Lo hice muy mal?"
¿Mal?
Ni siquiera tuvo tiempo para quejarse, o para avergonzarse, simplemente puso una mueca de incredulidad, levantando una ceja.
Ruby la había escuchado llegar al orgasmo ya varias veces, así que era imposible que no se diese cuenta de lo que había conseguido.
Esta frunció los labios, captando su molestia, y le dio una de esas sonrisas adorables, y simplemente no podía molestarse con ella. Al menos parecía haber entendido y no tenía que decir aquello con palabras, no podía con tanta vergüenza por un día.
Se quedaron ahí, inertes, mirándose en esas posiciones tan incomodas en la que estaban, pero ninguna se movió.
Finalmente, Ruby hizo el primer movimiento, pero solo ladeó un poco el rostro, sonriéndole. Nuevamente volvió esa expresión tan madura y adulta.
"Eres demasiado linda, Weiss, me estás volviendo loca. Ya no me reconozco."
Pestañeó, dudando un poco de lo que estaba escuchando, sin embargo, su corazón comenzó a latir fuertemente en su pecho. No se esperó esas palabras, ni esa honestidad. Ruby debía de ver muchas mujeres en su trabajo, y era claro que no era la primera, pero que esta le dijese eso, fue suficiente para inflar su ego. Tal vez lo hubiese notado como algo cordial, si hubiesen estado en su trabajo, si hubiese sido su cliente, ¿Pero ahora? No tenía por qué decirlo si no lo sentía, y ahora más que nunca podía notar con claridad la veracidad de sus palabras.
Sonrió de vuelta.
No soy la única, pensó.
Capitulo siguiente: Foto.
¿Qué es el sexo sin un poco de salvajismo? Pues nada.
Espero que hayan disfrutado del nuevo lado de Weiss y también del nuevo lado de Ruby. Ahora van a seguir subiendo de nivel if you know what I mean. Me sigue pareciendo extraño el escribir estas escenas de manera más explícita, ya que antes lo evitaba para no ahuyentar a nadie, pero bueno, si siguen leyendo es porque son como yo.
Nos leemos pronto.
